Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

6 feb 2011

LA MIRADA DE BORIS IZAGUIRRE LA PARADOJA Y EL ESTILO

Quo vadis, Silvio?
El escritor y showman inicia hoy una colaboración semanal con el diario EL PAÍS. En la sección de gente de los sábados trazará su incisiva radiografía de personajes de la sociedad nacional e internacional







Hasta que las manifestaciones por la caída de su régimen acorralaran a Hosni Mubarak, el único líder político en peligro era Silvio Berlusconi.
Aunque compartan predilección por el pelo teñido y liftings no oficiales, Mubarak está en aprietos, Silvio con más votantes.
En Egipto, criticar el aspecto de su líder era tabú. En Berlusconi, la estética no ha sido una ideología. Es su máximo legado.






El 'sexy' en las 'velinas', no está tanto en el traje como en el triángulo pelo, busto, pie


Históricamente, Roma ha utilizado el talento y la expresión artística de sus colonias o vecinos y les ha dado ese plus de elegancia y estilo que a partir de los ochenta del siglo pasado se denomina made in Italy.
En la antigüedad y antes de la II Guerra Mundial, Italia cogía el cuero cartaginés, lo teñía y curaba de una forma distinta, volviéndolo italiano y mundialmente reconocible.
Si Armani y Valentino consiguieron unificar ese poderío a favor de la industria de la moda, igual que Agnelli y la Fiat con los coches, Berlusconi lo ha hecho con el gusto de finales del siglo XX hasta nuestros días, periodo que coincide con su poder absoluto.






¿Cómo es ese estilo? Vulgar para unos, atractivo e inclasificable para muchísimos.
 Sin duda fascinante, porque aun criticado, consigue reforzarse en sus contradictorios valores: machista, nuevo rico, más excesivo que Versace. Funciona a la perfección para esconder los alcances de sus acciones y propulsar a Silvio como ídolo señalado pero jamás penalizado de una era.






Berlusconi ostenta sus teñidos capilares desde los años noventa y el mérito de abrir camino con los injertos recién cambiado el siglo.
Su apuesta por la vanguardia cosmética masculina es una extensión de su arrojo como hombre de empresa.
Si bien polémico, su aspecto final se ha establecido como la única opción para el maduro moderno y termina por congraciarle con una parte de su electorado, de su misma edad o, ineludiblemente, con los mismos problemas de idealización por la juventud eterna.






Con esa base sólida, Berlusconi apuesta siempre a más.
El elenco de mujeres en torno a los escándalos Berlusconi es invariable.
Jóvenes, divertidas, con algún estudio profesional que en realidad solo sirve para camuflar las ancianas y nunca vencidas estructuras machistas en las cuales la mujer no vale por sí misma sino por lo que un varón puede hacer por ella.
Por encima de sus estudios y ambiciones, su belleza física y la exaltación de la misma resultan sus únicas y mejores armas.
En una oscura película de Max Ophüls, Atrapada, Barbara Bel Geddes (la célebre matriarca de la serie Dallas) interpreta a una agraciada señorita de sincera pobreza que enamora a un excéntrico millonario que la encierra en una impresionante mansión impidiéndole cualquier otra ambición personal o profesional.






Las damiselas Berlusconi no quedan tan atrapadas como la ficción, pero acceden a través de su amistad a castillos modernos como la televisión, específicamente su apartado berlusconiano: la llamada telerrealidad.
La otra opción, escaños en un Parlamento para exhibir su particular criterio en el maquillaje y el vestir, que mezcla a la perfección sedas de un harén en Constantinopla con maletines de cuero para el Capitolio estadounidense.
Es la forma de vestir de la más interesante de las velinas, la ex higienista dental, Nicole Minetti, hoy consejera regional del partido de Berlusconi.
 Minetti no quita protagonismo a una de sus armas de estilo Berlusconi: el pelo. Lo toca y lo mueve ante las cámaras aprobando leyes.
A falta de una corona, el peinado ofrece majestuosidad a las chicas de clase media criadas en la Italia de la exageración.






El triunfo del estilo Berlusconi es demostrar que la corrupción cuando se expone, maravilla. Fascina la capacidad de saltarse todos los controles y esquivar la justicia hasta el final. El que fracasa, el que es finalmente atrapado y juzgado, viene a significar el prototipo actual del perdedor.
Berlusconi es el triunfador, sus harenes particulares en sus casas de Cerdeña o Roma, cada día dejan de ser oprobiosos para difundir una complicidad escapista con el hombre común.
 Las revelaciones sobre este harén, las cenas copiosas de sustancias y sexo, según algunos o de "conversaciones cultas y educadas", de acuerdo con sus defensoras, terminan por suscitar un cosquilleo de querer verlas por dentro.
Observar estas nuevas diosas del sexo, labios intervenidos imitando los morros de Monica Bellucci, melenas atiborradas de productos químicos para lucir mas "naturales". Todas paseándose delante de hombres que no han tenido ni la suerte ni el dinero de Berlusconi para frenar el paso del tiempo.
 En ese cuadro decadente y actual, resalta otro ingrediente del glamour berlusconiano: la importancia del calzado.
El sexy actual, al menos en las velinas, no está tanto en el traje sino que se mueve serpentino en el triángulo pelo, busto, pie. Más busto, más poder.
 Y el zapato de la velina, perturba por su tacón, su sádico diseño.
 La comodidad queda para los que no están en la fiesta, el electorado que aplaude.






Hollywood, ese gran demiurgo de las ideologías modernas, adivinó todo esto. En Quo vadis, (Mervyn LeRoy, 1951), filme bíblico en lascivo tecnicolor, Deborah Kerr interpreta una esclava en la Roma de Nerón enamorada del cristianismo, equivalente a ser feminista cincuentona, virgen de cirugías estéticas en la Roma de Berlusconi.
La esclava gusta mucho al emperador y a su entorno.
Logran escabullirla en una de esas fiestas de Nerón, por la que toda Roma mata por ser invitado.
Llega al evento y la visten y maquillan otras ya adiestradas.
Asustada pero a la última moda del mundo antiguo, la esclava se adentra en los salones del palacio imperial.






Y lo que allí sucede, recuerda lo que Berlusconi debe ofrecer a sus velinas sean o no sobrinas de Mubarak. Un despliegue de comidas copiosas en sabores y colores; bailarines multirraciales de poca ropa. Hombres con mini y maxitogas arremolinándose en torno a las esclavas e invitadas con sandalias de aprovechables diseños. Se muerden piernas de mujeres, se desgarran patas de animales. El final de Kerr en Quo vadis es salir a la arena del Coliseo a ser devorada por unos leones hambrientos. El de las mujeres de estilo Berlusconi lo podemos ver en cualquiera de sus televisiones o hemiciclos: consigan lo que consigan como seres humanos, estarán siempre sometidas a la esclavitud de la belleza y una feminidad servil. Y él, Silvio emperador, vitoreado, hinchado de machismo e impunidad.

Venecia se tambalea y pide auxilio

Un estudio alerta del grave deterioro de los palacios y puentes por la ausencia de políticas de restauración -
No solo la subida de las mareas es la causante del desastre .
El Puente de los Suspiros precipitándose a trozos (hasta 160) sobre las oscuras aguas del canal, bloques enteros de piedra desintegrándose lenta pero inexorablemente como castillos de arena entre las umbrías de los viejos palacios de la ciudad de los Dogos, el Palacio Ducal vergonzosamente cubierto, primero, de colosales anuncios y, finalmente, ni eso, porque no hay dinero y las inmensas telas blancas han venido a sustituir a la publicidad de relojes o joyas.
Venecia se desmorona y, a la vez, enseña sus vergüenzas.
Es sin duda el peso de los símbolos el pretexto de esta historia: también la tardanza, cuando no la desidia, de tantos y tantos políticos cuya única solución fue y es cortoplacista y absurda: limpiar fachadas y dejarlo todo bonito para la cámara del turista... aunque por dentro, las estructuras de Venecia se desmoronen, víctimas de una ausencia de planes reales de rehabilitación más allá del empeño esteticista.





Las compañías de turismo deben invertir en las obras, según los expertos

Las fachadas de los tesoros venecianos, el Palacio Ducal, la plaza de San Marcos, la Biblioteca Marciana, el Museo Correr, el Ala Napoleónica, la Procuraduría Nueva y la Procuradería Antigua están a punto de entrar en la unidad de cuidados intensivos, y esta vez no son los devastadores efectos de la subida de las mareas lo que propicia el desastre. El problema es que, durante medio siglo, Venecia ha sido dejada de la mano.
Ni un mal proyecto de reforma en profundidad, tan solo parches limpios y bonitos, inútiles.
 Y lo peor es que, cualquier día, al problema patrimonial habrá que sumarle otro sanitario: el mal estado de conservación constituye un peligro para 20 millones de viajeros que al año invaden la urbe.



El campanazo de alerta viene de Renata Codello, directora de los Bienes Arquitectónicos y Paisajísticos de Venecia. "La zona no presenta un estado de conservación bueno, en algunos puntos hay graves fisuras. No se corre un riesgo inmediato, pero algunas partes están en crisis", dice.
 El problema es "serio", zanja de entrada la arquitecta Codello, una profesional poco simpática para los políticos de turno.
Venecia es como un paciente con una enfermedad crónica, que en decenios no visitó al médico. "Desde la primera década del siglo pasado hasta finales de los ochenta, no ha habido ningún mantenimiento en un aparato arquitectónico tan complejo", comenta.
Hoy se pagan las consecuencias.



Examinemos uno a uno los problemas. La plaza de San Marcos ha recibido diversos retoques, por lo general, de emergencia y de vieja fecha.
 Son famosos los cambios del pavimento de la plaza, edificada en el siglo IX. En 1793 fueron cambiados los ladrillos originales por unas piedras volcánicas.
Al ser el punto más bajo de la ciudad, la ocasión sirvió para elevarla un metro el suelo.
 Casi un siglo más tarde, en 1890, otro cambio del desgastado pavimento.
Sin embargo, no fue hasta 1989 cuando arrancó la primera "intervención sustancial del complejo arquitectónico", asevera Codello.
La Biblioteca Marciana es la primera pieza del rompecabezas, "que por las noches no me deja dormir tranquila", confiesa.
Se llevó a cabo en el edificio un intensivo proceso de restauración y se instaló un sofisticado sistema antiincendios, con el cual no contaba.
En este sector las obras finalizaron en 2003, cuando en realidad ya hubiera tocado comenzar de nuevo, "porque los trabajos de restauración son de no acabar".



Hasta la fecha han sido restauradas 4.000 metros cuadrados de las fachadas de la gran plaza veneciana.
Pero aún quedan muchas tareas pendientes. La fachada de las procuradorías nuevas, en la orilla del Gran Canal, requiere de una completa rehabilitación. "En cuanto a la parte central de la fachada del Museo Correr, la situación es alarmante pues presenta fisuras muy amplias. De ahí se han desprendido piedras, pero afortunadamente todo había sido protegido para garantizar la seguridad de los viajeros y facilitar el trabajo de los restauradores", continúa Codello.



El desprendimiento de la famosa piedra del Palacio Ducal, la antigua residencia de los dogos gobernantes en la ciudad serenísima, fue la gota que derramó el vaso.
Sucedió en el otoño de 2007, justo cuando habían concluido con la restauración de la fachada gótica, diagonal a la columna que sostiene el león alado.
El accidente sirvió para realizar una radiografía que dictaminó el mal estado del patrimonio arquitectónico.
 Inmediatamente comenzó la carrera contra el tiempo para salvar el Puente de los Suspiros, simplemente el lugar más fotografiado de Venecia. Construido en el siglo XVIII para conectar las prisiones nuevas con el Palacio Ducal.
 Se espera que para finales de 2011 concluyan los trabajos de restauración, indica el director de las obras, el arquitecto Alberto Torsello. "Podemos decir que el paciente, en este momento sigue enfermo, pero el mal no avanza".



¿Por qué caen pedazos de un edificio recién restaurado? "La pieza del accidente se encontraba en un ángulo donde, probablemente, se formó un microclima particular con infiltraciones de agua.
Estas, con el pasar del tiempo, hicieron caer la piedra". La explicación es de Elissabeta Zendri, docente de Química de la Universidad Ca Foscari de Venecia.
La profesora agrega un elemento que parece obvio: "Se ha visto la conservación como la limpieza de los edificios, pero hay que concentrar la atención en la parte estructural".



A pocos pasos de las aulas universitarias, la profesora Zandri comenta un fenómeno que ha llevado a la espectacular caída de las 160 piedras del Puente de los Suspiros. "La piedra de Istria es muy particular y muy resistente.
Por ello fue utilizada durante siglos, pero tiene un problema: en el interior sedimenta arcilla. La arcilla tiende a dilatarse, para luego regresar a la dimensión original, aunque absorbe agua. Cuando esta acción se repite, es peligroso porque no se puede saber exactamente cuándo ocurrirá el desprendimiento de una piedra".



La conservación requiere recursos.
 Sin embargo, el dinero brilla por su ausencia. La receta será la misma de años atrás: cartelones publicitarios en las fachadas.
 Una empresa paga entre 10.000 y 40.000 euros al mes por un anuncio en la plaza de San Marcos.
En enero, los cartelones aparecieron en blanco. ¿Una provocación? "No" dice Codello. "La publicidad se mueve con las leyes de mercado, que no siempre se cruzan con el interés por preservar. Las grandes compañías, que ganan con el turismo deberían invertir en el mantenimiento de la ciudad".

El único tango de María Schneider

El único tango de María Schneider




Para María Schneider, El último tango en París fue también su único tango, porque aquella película la marcó para bien y para mal.
Para bien, porque sin un gran talento entró para siempre en la gran historia del cine; para mal, porque su papel fue tan controvertido que cuando volvió a aparecer en pantalla siempre se evocaba a aquella chica que fue manipulada hasta el disparate por un Brando colosal y que se redimió pegándole dos tiros en el corazón a su bestia negra.
 Está claro que se confunde actriz con personaje, como le ha ocurrido a otras figuras, que hicieron una película y quedaron marcadas para siempre, como Sue Lyon que fue la Lolita de Stanley Kubrick y nada más.
 Es curioso cómo esto sucede casi siempre con mujeres que interpretan un papel con una carga erótica más allá de lo permitido; es como si la sociedad las castigase a vagar siempre por la historia del cine con su personaje-pecado a cuestas.
El último tango en París fue una película que cayó como un tartazo en la cara de una sociedad que no era tan libre como se decía. María Schneider le puso rostro a una bofetada intelectual de Bertolluci y lo pagó caro.
Ahora se ha muerto de un cáncer dicen que terrible, pero siempre quedará como el símbolo de la iconoclastia burguesa.
En cierto modo, como artista fue afortunada.

Sacado de Bardinia de Emilio González Déniz

El Discurso del Rey

Inglaterra, 1939. Tras la muerte de Jorge V, el heredero a la corona Eduardo VII parece más preocupado en celebrar fiestas y pasar tiempo con sus conquistas amorosas. Su hermano Bertie (Colin Firth), aquejado desde siempre de un angustioso tartamudeo, se ve en la obligación de hacer abdicar a su hermano y heredar el trono debido al acuciante ascenso del nazismo y el comunismo.
 Pero Bertie se ve incapaz de poner voz a su nación, ya que debido a su tartamudeo no puede dar la imagen de líderazgo que su país necesita.
Lionel Logue (Geoffrey Rush), un logopeda muy poco ortodoxo, le sumergirá en una terapia muy particular. Y pese a sus roces y diferencias, ambos están destinados a establecer un vínculo inquebrantable... y a definir el futuro de su país.




El discurso del Rey destaca por infinidad de cosas. En primer lugar, por ser un drama épico elaborado a partir de la superación de un tartamudeo. En segundo, porque debería reportarle a Colin Firth el Oscar que no pudo llevarse el año pasado por la inferior Un hombre soltero. Y finalmente y más importante, porque nos recuerda que la confección de un guión sólido, capaz de aunar comedia, drama e historia con viveza y eficacia, todavía da lugar a películas perfectas.



El discurso del Rey hace gala de la característica sobriedad del mejor cine inglés, pero Tom Hooper ha rehusado hacer una película meramente académica o televisiva.
Conserva el gusto por las fenomenales actuaciones (de todo su elenco, sin excepción), el afilado y juguetón sentido del humor típicamente británico, así como una estructura sencillamente perfecta, capaz de profundizar a la vez en los recodos más íntimos y en los más épicos del relato.
Pero la agilidad y dinamismo de su puesta en escena y la mencionada facilidad con la que el guión y la dirección matizan apuntes sociales, históricos y emotivos, y en definitiva, la pasión que desprende el relato, asemejan más la película a un conmovedor drama épico y de acción norteamericano.
 El discurso del Rey es una película que encuentra su gancho en la química entre dos personajes antagónicos destinados a forjar la mayor de las amistades.



Hooper, que ya destacó en la injustamente desconocida The Damned United, ha realizado un filme profundamente conmovedor, divertido y terrible a la vez, sobre el enorme valor del trabajo y la dignidad humana, y sobre cómo las cosas más sencillas acaban teniendo el valor más extraordinario.
Pero fundamentalmente, una película acerca del valor la amistad.



El discurso del Rey, que se estrena hoy, es la mejor película de este año.