6 jun 2010
La Mujer y el Arte
http://www.youtube.com/watch?v=nUDIoN-_Hxs
Como la Mujer va Cambiando según la Obra y Estilo.
Como la Mujer va Cambiando según la Obra y Estilo.
Este instante.

Este instante. Que este instante fuera para siempre, ¿qué nos daría? Porque tratando de fijar las cosas ansiamos -a veces en secreto y otras sin saberlo-, volver a verlas al cabo del tiempo, cuando lo menos seguro es que seamos nosotros quienes estemos después.
Y así sucederá que esta hora amarilla de la tarde dará vueltas preguntando por nosotros cuando ya no estemos, y el planeo de los pájaros callados irá rastreando toda huella de nuestro latido por tierra cuando llevemos tiempo siendo desaparición. Y a la noche le seguirá el alba, y a la orilla cansada la ola nueva, y el sol sobre sí se mermará y crecerá, y seguirá rondando como hacía al continuar aquí.
Qué habrá de hacerse, además de vivir el instante, ese imposible de la nostalgia que se nos coloca por delante. ¿Desear la eternidad de lo otro? ¿La de uno mismo con lo otro?
No sólo fue en la mitología donde los seres desaparecían y retornaban transfigurados.
A lo mejor también nosotros volveremos al cabo de la desaparición, sólo que seremos distintos a lo que éramos la última vez que nos vimos; sólo que nos encontraremos con las cosas que también serán diferentes y que ya no nos dicen nada.
Luego no es el afán de inmortalidad lo que nos lleva a desear que este instante de luz amarilla -que de todas maneras ya pasó-sea para siempre. Ni siquiera que sigamos subsistiendo de alguna forma después del fin.
Es que ansiamos, ahí también, no estar solos y que nos acompañe lo que nosotros conocimos.
Qué imposible, para los que nacimos del desamparo.
JOSE CARLOS CATAÑO
Se Deja Caer lenta.....
Se deja caer lenta la golondrina con el fulgor de poniente en el pecho. Y no se queda en eso: se da la vuelta, busca otro suspiro de aire. Los mirlos, mientras tanto, inician su conversa en los matorrales.
Los chicos tontean con las chicas que abren las pipas de girasol con los dientes sin perderse un detalle.
Porque olvidamos, decimos "tontean". Está la fea y está el grandullón, como siempre.
Está la dama de honor, y su reina, y el chico casi espabilado. De todo lo que hablan quedan las cáscaras de las pipas de girasol.
Yo creo que ahí lo que cuenta es el sonido de cada palabra, el timbre de la risa, como en el recuerdo del otro, la sensación que puede desprender un pliegue o destello de tela o de la mirada. No se ven, exactamente. No se comunican, exactamente.
Exhiben sus atributos y luego los recuerdan y ya son distintos, y ya tal vez al día siguiente uno se sienta prendido del otro.
Como las golondrinas, por los cielos de esta tarde en la Colina. Que a veces se acercan y se asustan y enseguida siguen su rumbo a por los insectos en la espesura.
En el Okay han puesto una mesa de billar, y dos retratos chinos. Sólo por este insignificante detalle, hoy al mediodía aquello no parecía el Lejano Oeste, unos hombretones tatuados hasta el pulmón retándose y convidándose a cubalibres a voz en grito, unos coros de mirones, unas pantallas de televisor a todo volumen, y afuera todo el esplendor de un día de canícula, de pleno agosto en blanco.
Jose Carlos Cataño
Los chicos tontean con las chicas que abren las pipas de girasol con los dientes sin perderse un detalle.
Porque olvidamos, decimos "tontean". Está la fea y está el grandullón, como siempre.
Está la dama de honor, y su reina, y el chico casi espabilado. De todo lo que hablan quedan las cáscaras de las pipas de girasol.
Yo creo que ahí lo que cuenta es el sonido de cada palabra, el timbre de la risa, como en el recuerdo del otro, la sensación que puede desprender un pliegue o destello de tela o de la mirada. No se ven, exactamente. No se comunican, exactamente.
Exhiben sus atributos y luego los recuerdan y ya son distintos, y ya tal vez al día siguiente uno se sienta prendido del otro.
Como las golondrinas, por los cielos de esta tarde en la Colina. Que a veces se acercan y se asustan y enseguida siguen su rumbo a por los insectos en la espesura.
En el Okay han puesto una mesa de billar, y dos retratos chinos. Sólo por este insignificante detalle, hoy al mediodía aquello no parecía el Lejano Oeste, unos hombretones tatuados hasta el pulmón retándose y convidándose a cubalibres a voz en grito, unos coros de mirones, unas pantallas de televisor a todo volumen, y afuera todo el esplendor de un día de canícula, de pleno agosto en blanco.
Jose Carlos Cataño
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