Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

31 jul 2009

EL PAÍS DE LAS HADAS MUERTAS

FRAGMENTO LITERARIO: relatos fundido en negro
EL PAÍS DE LAS HADAS MUERTAS
Nuria Labari 31/07/2009



El se ha quedado dormido en su silla del jardín. La camisa se le abre un poco en la panza. Tu madre recoge la mesa sin hacer ningún ruido. Ella tampoco quiere que despierte. El calor derrite vuestra casa como un helado que nadie quiere comer. A ti te gusta ese calor porque lo deja tieso. Coges la aguja y te vas. Sales corriendo hasta el lugar donde brincan las alas azules y allí te quedas quieta mirando hasta que atrapas la primera.
Muy despacio, arrancas una de sus alas y posas el cuerpo mutilado de la libélula sobre la tierra. Le colocas una piedrecilla encima para que no arrugue las otras con sus estertores.
Coges la aguja y ensartas el ala en tu collar de hada. Cuando empezaste a hacerlo pensabas que sería azul transparente. Ahora algunas alas son verde oscuro y marrones, como pétalos secos. Es el collar de un hada muerta, pero te gusta.


Prefieres las heridas a los moratones. Todos los niños tienen heridas y algunas niñas también. Los moratones, sobre todo los de la espalda, no hay quien los explique.

Las lagartijas las llevas en el bolsillo pequeño de la mochila. Lo mejor es que mueran asfixiadas porque así no se estropea su piel ni les faltan las patas o la cola. Las que matan los chicos se quedan totalmente espachurradas. En tu habitación sacas el cutter y divides al primer animal en dos con una incisión que lo recorre de la cabeza a la cola.
Sacas las tripas con cuidado. Casi no hay sangre. No gotea como una herida humana, pero las vísceras sí son rojas. La vacías hasta que puedes extender su piel como una hoja sobre tu escritorio. Es hermosa y perfecta. Colocas dos tomos de la enciclopedia Larousse sobre la piel escamada y esperas mientras se prensa junto a las demás. Serán alfombras en tu casa de muñecas. Todas durarán siempre.

Él quiere al gato tanto como a sus herramientas. Lo encontró dentro del motor de la camioneta y lo llamó Alicates. Hoy Alicates ha salido de la casa y lo encuentras cerca del río. El animal casi nunca sale porque él nunca olvida cerrar una puerta. Cierra y volverá más tarde, cierra y ya no puedes salir, cierra y ya está en casa. El gato no está alerta.
Lanzas y la piedra lo atiza en la cabeza. Alicates gime como un chiquillo. Y sangra. No huye, sólo chilla y se lame la herida, como si pudiese beber toda la sangre que brota.
Quieres ayudarlo. Coges su cuerpecillo y lo metes en el río para lavar la herida. Pero Alicates se revuelve y lanza gemidos afilados. Sumerges su cabeza y así Alicates se tranquiliza. Inmediatamente deja de chillar y sus movimientos se vuelven lentos debajo del agua. Hasta quedarse completamente quieto. Por fin Alicates no siente nada.

Ha vuelto a olvidar cerrar una puerta. Baja por las escaleras al garaje. Ves su nuca y agarras la misma pala con la que enterraste a Alicates. Sabes que será más fácil que matar al gato.


Nuria Labari es autora de Los borrachos de mi vida (Lengua de Trapo), con el que ganó el VII Premio de Narrativa Caja Madrid.

30 jul 2009

'La noche de los tiempos'

Muñoz Molina narra el drama del exilio en 1.000 páginas
La nueva novela del escritor andaluz, 'La noche de los tiempos', se publicará en noviembre




El soplo de una idea para un novelista viene siempre de improviso. Por ejemplo atravesando un bosque. Así es como a Antonio Muñoz Molina se le ocurrió su última novela, La noche de los tiempos. Contemplando como la extraña flacidez de los árboles podía verse quebrada de repente por algo imprevisto y horrible. "¿Que hace una persona templada y pacífica cuando la normalidad se derrumba y no parece que haya otra alternativa que la matanza?". Tal vez la huída, el exilio, de eso precisamente trata su nueva obra de mil páginas en la que ha invertido un esfuerzo titánico de tres años y que será publicada en noviembre por Seix Barral.

Antonio Muñoz Molina


"Las primeras ideas las tuve viajando en tren por la orilla del río Hudson entre Nueva York y una pequeña estación dos horas al norte. Cuando me dirigía a Bart College, una pequeña universidad en la que el escritor Norman Manea me había invitado a dar unas clases". Las casualidades nunca vienen solas. "Norman es un excelente escritor rumano exiliado en Estados Unidos. Bien podía haber sido un personaje de mi libro Sefarad". Aquella obra poblada de nómadas sin patria en la que se cruzaban exilios y vidas truncadas tiene mucho que ver con la nueva novela del escritor andaluz. Solo que ahora Muñoz Molina ha querido describir el drama del exilio español tras la Guerra Civil.

Al principio pensó centrarse en algún escritor. "Un personaje que siempre me inspiró curiosidad es Pedro Salinas. No es un exiliado del 39 sino del 36 que aprovecho un puesto precario de profesor invitado en Wellesley College para quitarse literalmente del medio". Pero a medida que empezaba a narrar desechó centrarse en un poeta. "No me apetecía escribir sobre literatos en la guerra en parte porque ya lo hice en Beatus ille y porque en general las vidas de los escritores no me parecen interesantes para la ficción". Así que cambio de gremio: "Se me ocurrió que el personaje principal fuese arquitecto con una idea de modernidad comprometida a la manera de la Bauhaus y de sus importantes derivaciones españolas. Artistas como Sert, Lacasa o Sanchez Arcas". Así es como su personaje, Ignacio Abel, se puso a trabajar en el gran proyecto moderno del final de la monarquía y la república: la Universidad Complutense de Madrid. "Pero también lo hice autor de mercados y escuelas públicas. Debía ser un socialista pragmático y alguien que, como Salinas, reforzara su ascenso social a través del matrimonio". Un tipo con su lado oscuro: "debía tener mucho de otro trepador social de la época, siempre dividido entre su origen popular y su ascenso a la clase media". Aquí Muñoz Molina se inspiró en Arturo Barea, uno de sus autores favoritos.

Tres años para una labor titánica

La técnica, el sistema de trabajo le ha llevado a veces a callejones sin salida donde se ha sentido perdido. Sobre todo al principio, escribía borradores al mismo tiempo que leía libros de la época. "Durante mas de un año lo hice bastante a ciegas, todos los días, con una mezcla de esperanza y obstinación, abandonando muchas veces, buscando otras maneras de empezar, inseguro de todo". El material amenazaba con engullirle. Tenía miedo de desplomarse. "Todo crecía monstruosamente. Escribía e investigaba al mismo tiempo. La escritura guiaba la búsqueda documental y la documentación me daba más pistas narrativas". También le preocupaba no estar a la altura a la hora de narrar una época que no había vivido. "Me obsesionaba la dificultad de escribir con naturalidad. Tenía que contar no solo las cosas que les sucedían a mis personajes sino también mi propio deseo de tocar con las manos los objetos cotidianos que pertenecen a una época y desaparecen sin dejar casi rastro".

La historia avanzaba por caminos inesperados. El autor deambulaba por los escenarios como un poseso. "A veces me encontraba yendo un poco alucinado por la calle, buscando los lugares exactos donde habían sucedido episodios reales o inventados". Pero poco a poco el círculo fue cerrándose y al final el autor de El jinete polaco ha construido una novela de amor fou propia de una época de desmoronamientos y huidas. Una narración en la que aparecen exiliados de España que simplemente aspiraban a que se cumpliera la legalidad republicana. "Personas divididas por dentro como Salinas, Moreno Villa, Chaves Nogales o Barea. Los cuatro se negaron a dejarse arrastrar por el sectarismo o apartar los ojos de lo que estaba ocurriendo o a justificar ningún crimen. Los cuatro se marcharon de España y no volvieron nunca".

Verdadero y falso




Verdadero y falso


Cartel de 'Shoah' de Claude Lanzmann.
La 2 vuelve a programar 'Shoah', de Claude Lanzman, troceada y emitida a lo largo de varios domingos de madrugada. Sigue sin haber edición española en dvd. Leo un artículo de Félix Romeo donde se queja de este absurdo. "Veo Shoah y me pregunto por qué se estrena en tantas salas 'Good', película lamentable, y 'Shoah' hay que verla casi clandestinamente". "Lanzmann hace historia sin documentos: sólo palabras. Sobre muertos, sobre dolor, sobre brutalidad, sobre industria de la destrucción, sobre espectadores de todo aquello, sobre el milagro de sobrevivir, sobre lo incomprensible..."

Me acuerdo de 'La cuestión humana' de Nicolas Klotz, donde el protagonista, un psicólogo que trabaja en el departamento de recursos humanos de una empresa petroquímica, recibe una carta en la que unos ingenieros alemanes pormenorizan sobre unas modificaciones técnicas para mejorar el funcionamiento de los camiones en los que se asesinaba por asfixia a los judíos de Ucrania y Bielorrusia.

Me acuerdo de la hija de David Perlov, que trabajó en 'Shoah' como ayudante de montaje, y que sale en los diarios de su padre junto a Claude Lanzmann y su montadora.


Cartel de 'Un héroe muy discreto' de Jacques Audiard.
Un amigo me regala una copia en dvd de 'Un héroe muy discreto', de Jacques Audiard, y decido volver a verla. Me acordaba del impresionate Mathieu Kassovitz en el papel de un tipo que se hace pasar por un judío héroe de la Resistencia francesa tras la Segunda Guerra mundial. Pero no recordaba lo buena que es esta película, lo que tiene de clásico de nuestro tiempo. Audiard es uno de los directores más en forma del cine francés actual, un narrador puro y un heredero del mejor cine americano, capaz de abordar casi cualquier género sin olvidar la psicología de sus personajes y sus contradicciones. Si hubiera vivido en los años cuarenta, habría emigrado a Hollywood y se habría medido con Fritz Lang, Samuel Fuller y Abraham Polonsky. Pero empezó a dirigir en los noventa, y además de 'Un héroe muy discreto', ha rodado otras tres películas impresionantes: 'Regarde les hommes tomber', 'Lee mis labios' y 'De latir mi corazón se ha parado'. En el último festival de Cannes presentó 'Un prophète' y se llevó el Premio Especial del jurado.

'Un héroe muy discreto' cuenta una historia sobre la mentira, sobre la manipulación de la memoria histórica o sobre la falsa memoria. El protagonista es un tipo que ha vivido en la Francia ocupada casi sin despeinarse, de familia acomodada y colaboracionista, pero que sabe aprovechar la confusión que siguió al final de la Segunda Guerra mundial para fabricarse un traje a la medida de los nuevos tiempos. Pero lo más fascinante de la película es cómo nos muestra esa mecha casual que prende en algún lugar y que pone en funcionamiento el mecanismo de toda gran mentira. Una bola de nieve que se va haciendo más y más grande según baja por la montaña, hasta que nadie puede detenerla. En su caso, esa mecha se enciende cuando, para seducir a una mujer, se hace pasar por un escritor y, ante su incapacidad para escribir dos frases seguidas, decide plagiar a otro escritor...


Cartel de 'El empleo del tiempo' de Laurent Cantet.
La película me hizo recordar aquella historia de Enric Marco, el tipo que se hizo pasar por un superviviente de los campos de concentración nazis, y que fue presidente de Amical Mathausen, la principal asociación española de supervivientes de la Segunda Guerra mundial, hasta que fue descubierto en el 2005. Me gustaría saber qué fue lo que propició esa primera mentira que seguramente le llevó a otra mentira y luego a otra, pero aun no he podido ver la película que le han dedicado Santiago Fillol y Lucas Vermal, 'Yo soy Enric Marco'.

El mejor relato que conozco sobre los mecanismos de la mentira y sus consecuencias sigue siendo 'El adversario' de Emmanuel Carrère, una novela basada en el conocido caso de Jean-Claude Romand, que asesinó a sus padres, a su mujer y a sus dos hijos después de hacerles vivir una larga mentira que se le hizo insoportable. Había empezado mintiendo sobre el resultado de un examen en el instituto, había falseado su carrera universitaria y había fingido ser un médico de prestigio. Toda su vida se sustentaba en una gran mentira. `p> Laurent Cantet, el director de 'La clase', hizo una muy buena película inspirada también en el caso Romand, 'El empleo del tiempo', pero aquí pasó más bien desapercibida. La adaptación oficial de la novela de Carrère, dirigida por la Nicole García, no me gustó porque era un mal retrato psicológico y se quedaba sólo en lo escabroso.

Lo que hacía tan fascinante el retrato que Carrère hacia de Romand, era la indagación en esa primera mentira que desancadena todas las demás, esa nota de examen en el instituto, esa mecha que prende, esa bola de nieve que empieza a rodar hacia el precipicio.

Fredo que estás en los cielos


Fredo que estás en los cielos


30 de julio.- En las cintas de aquel tipo famélico, aniquilador de convenciones, latía cine en ebullición. Haz la cuenta. John Cazale rodó cinco largometrajes, cinco, antes de palmar de cáncer a los cuarenta y dos años, en 1978.
Todos fueron nominadas al Oscar a la Mejor Película. La conversación, El Padrino, El Padrino II, Tarde de perros y El cazador. Como explica S. James Snyder, el mejor piropo que puedes echarle consiste en decir que pocos recuerdan su nombre, pero nadie olvida el de sus personajes.
En los créditos destacaban más Pacino o De Niro, que lo adoraban, más a la aventura equinocial de la mafia, el viaje a las entrañas de América le faltaría parte del tuétano sin Fredo, aquel cabroncete adorable que vendía al psicópata de su hermano porque alguien, por vez primera, le ofrecía algo para él solo, lejos de la viscosa sombra familiar.

Como no todo es amnesia y ruido, el director Richard Shepard lo ha honrado con un documental. Lo cautivó el hombrecillo avergonzado durante la comunión de su ahijado en Nevada, el mismo que salía a cazar ciervos con pistolas pero desprovisto de botas, capaz de pasear entre asesinos sin perder la fe en la Virgen que hace picar los peces, borracho de whisky cuando descubre que Vietnam ha triturado a la gente que más amaba.
I knew it was you fue estrenado en Sundance, y según le ha contado a Time Out inspiró el festival que desde ayer miércoles proyecta sus trabajos en Brooklyn. «Siempre he dicho que sería la retrospectiva más sencilla a la hora de escoger: cinco de las mejores películas americanas jamás realizadas». Y tanto. Rediscover John Cazale coloca un ramillete de flores en la tumba de uno de los más grandes, un histrión ajeno a las servidumbres del Método, frágil, torpón, entrañable, sensible y chungo.

En una ciudad que homenajea estos días a Nicholas Ray, donde puedes ver En un lugar solitario en pantalla grande, las joyas en las que Cazale participó no sólo no desmerecen: demuestran por qué la generación de los Coppola y cia. fue la última gran noticia recibida por el cine norteamericano.
Pasó sus últimos días mimado por Meryl Streep. Aunque las avispas del cáncer ya devoraban sus huesos se marcó una actuación memorable a las órdenes de Michael Cimino, un director capaz de embrujarnos (El cazador) y cepillarse a golpe de megalomanía United Artists con su siguiente título.

Qué mejor forma de llorar a Cazale que asistir de nuevo a la boda ortodoxa en la que un puñado de amigos canta y baila sin saber que a la vuelta del calendario late el horror, que la muerte acecha tras las banderas, que de la selva unos regresarán envueltos en plástico y otros tullidos, que a los que quedaron atrás sólo les queda brindar por los caídos y saludar su propia decadencia, telegrafiada en los ojos neutros del oficial que les explica de qué va esto y qué carajo ocurrirá cuando los elegidos visiten el matadero.