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Del material conque están hechos los sueños
7 sept 2019
“Que Ricardo Corazón de León se acostara con el rey de Francia no significa que fuera gay”
El
historiador británico Thomas Asbridge, asesor desoído de ‘El reino de
los cielos’, de Ridley Scott, publica una emocionante y clarificadora
nueva síntesis de las cruzadas.
Carga de la caballería cruzada, en un momento de de 'El reino de los cielos'.
Están todos los episodios famosos de la historia de las cruzadas,
de 1099 a 1291, la sanguinaria conquista de Jerusalén en la primera, la
batalla de los cuernos de Hattin, donde los musulmanes destrozaron al
ejército cristiano y se perdió la Vera Cruz, la toma de Acre en la
Tercera Cruzada, el audaz asalto anfibio de Luis IX de Francia en
Damieta, la retirada de los templarios de la última fortaleza del
Château Pèlerin... Y todas las grandes figuras: Godofredo de Bouillon,
del que se decía que lo había parido un cisne, aunque parecía más una
rapaz; el devastado Rey Leproso (que nunca llevó máscara) y su hermana
Sibila, el violento (y tan denostado por el cine) Reinaldo de Châtillon,
Nur al Din, Saladino, Ricardo Corazón de León, claro.
En Las cruzadas, una nueva historia de las guerras por Tierra Santa
(Ático de los libros, 2019), del historiador británico especialista en
la Edad Media Thomas Asbridge y asesor en la película de Ridley Scott El
reino de los cielos (2005), en la que dice que no escucharon sus
criterios y no le tuvieron en cuenta. En el libro aparece la nómina
completa de hechos y personajes, pero presentados de una manera mucho
más equilibrada de lo habitual al contextualizarse unos y otros con
fuentes de ambos bandos, cristiano y musulmán. También encontramos cosas
poco conocidas o ignoradas: la práctica del canibalismo por los
hambrientos cruzados de Raimundo de Tolosa, que, dicen las fuentes, se
comían asadas las nalgas de los sarracenos muertos; la última carga de
los templarios literalmente en llamas surgiendo del castillo del Vado de
Jacob devastado por el fuego, o la captura por Ricardo de un barco de
aprovisionamiento musulmán que portaba siete emires, 700 soldados de
élite y 200 serpientes extremadamente venenosas que planeaban soltar en
medio del ejército cristiano.
George Sanders en 'El Rey Ricardo y las cruzadas' (1954).
En las intensas y apasionantes páginas de Asbridge veremos
como un ballestero le mete un virote en la ingle a un soldado musulmán
que está ultrajando una cruz, orinándole encima, en los muros de Acre; a
Godofredo de Lusignan liquidando a 10 musulmanes con su hacha de
guerra, a los francos llenando de cadáveres el foso de la ciudad
mientras los enemigos tratan de sacarlos. Aprenderemos que la catapulta
mayor de los cruzados en Acre se llamaba Mal Voisin y una de
sus piedras había aplastado a 12 defensores de la ciudad a la vez, que
Ricardo adoraba los melocotones y las peras y que cuando asaltas una
muralla siempre hay que mirar atrás a ver si te siguen, para no quedar
aislado arriba, como le sucedió al valeroso Aubery Clements, mariscal de
Francia, despedazado por los alfanjes al quedarse solo en la Torre
Maldita (las fuentes francas elogian su coraje mientras que testigos
musulmanes afirman que suplicó lastimeramente por su vida). ¿Fueron las cruzadas más brutales y sangrientas que otros
enfrentamientos de la Edad Media? De visita en Barcelona Asbridge, que
no lleva armadura ni peto sino una camisa azul, responde: “Obviamente
las cruzadas no fueron un ejercicio pacífico, pero en general se
respetaron las convenciones bélicas de la época, quizá si hubo algo
especial fue la práctica de la decapitación post mortem, que no
era habitual en las guerras en occidente”. De las duras descripciones
de su libro (el caballero al que le queda la nariz cortada colgando
sobre los labios tras un sablazo con cimitarra) recuerda que el combate
medieval “era brutal, se mataba cara a cara, con armas blancas, no había
distancia sino un contacto muy íntimo entre adversarios. Era una
realidad muy violenta. Yo no he hecho más que reflejar lo que era
aquello”. Sin embargo, matiza que no debe verse la época de las cruzadas
como un tiempo de “guerra total”, con incesantes batallas y campañas, y
recuerda que hubo una realidad pragmática y política y unos intereses
comerciales que hicieron que se creara un entorno fronterizo en el que
los europeos interactuaron con la cultura oriental y la asimilaron.
El historiador Thomas Asbridge, en Barcelona.Albert Garcia
El historiador destaca la capacidad de supervivencia de los cruzados
en un ambiente tan hostil y la sorpresa que fue el éxito de la Primera
Cruzada.
Recalca que a él –como a la mayoría- le fascina sobre todo la
Tercera, con sus grandes personajes y excelentes fuentes que permiten
analizarla desde distintas perspectivas.
De Ricardo Corazón de León,
señala que presenta múltiples rasgo de carácter, podía ser brutal pero
también magnánimo y generoso. Fue un buen comandante militar, pero a la
vez (como Saladino) un muy hábil negociador.
Muy valiente, en su papel
de rey soldado, lanzándose impetuosamente a la cabeza de sus tropas y
poniéndose en peligro (recibió una herida de ballesta en el costado en
una refriega cerca del Mar Muerto) o ¿no recuerda a Alejandro Magno?
“No
tenía su genio militar, aprendía sobre la marcha, algunas de sus
victorias, como la de Arsuf no fue planeada sino un accidente, al
arrancarse impetuosamente parte de su ejército.
No, no era un Alejandro,
ni un Aquiles.
No es uno de los más hábiles y carismáticos comandantes de la
historia”.
Al revés de Alejandro, al que sus hombres, amotinándose,
hicieron abandonar su marcha de conquistas, Ricardo fue el que hizo
retroceder a los suyos, dos veces, cuando marchaban hacia Jerusalén,
para gran descontento de estos.
En cambio a los dos se les podía ir la
mano, como probó Ricardo al ejecutar a sangre fría a la guarnición de
Acre.
Asbridge duda de que fuera homosexual, pese a que ha estado de
moda convertir al Corazón de León en icono gay.
“Se ha sugerido, yo no
lo veo en las fuentes de la época. No podemos saberlo a ciencia cierta,
pero tuvo un hijo ilegítimo y lo de que compartían lecho él y el rey de
Francia, Felipe Augusto, no tiene el mismo significado que para
nosotros; es una convención para explicar una alianza política y no
significa necesariamente un encuentro sexual.
No podemos interpretar lo
que se hacía hace 800 años con nuestro criterio de hoy".
El ejército cruzado camino de Hattin en 'El Reino de los Cielos'.
Asbridge ha dedicado seis años a escribir su libro cuidando
especialmente de no ser prisionero de un enfoque único y de no caer en
los estereotipos. “Es muy difícil distanciarse en la historia de las
cruzadas de todo lo que damos por sabido, pero las fuentes distintas
incluso dan vencedores diferentes en algunas batallas; es fundamental
combinar perspectivas. Por supuesto, en casos como el de Hattin, lo que
para los cristianos es una espantosa catástrofe para los musulmanes es
una maravillosa victoria; siempre hay dos verdades, dos realidades”. A
propósito de esa batalla que provocó un inmediato estado de shock
en la cristiandad y ha sido comparada con el 11-S, Asbridge advierte
que es un error (y “malinterpretar y manipular la historia”) buscar una
continuidad de enfrentamiento del mundo occidental y el musulmán desde
las cruzadas. “La resonancia es artificial, en realidad, no existe
ningún lazo ininterrumpido de odio y discordia que una la pugna medieval
por el control de Tierra Santa con las contiendas contemporáneas del
Próximo y Medio Oriente”. Asbridge opina que el fracaso último de las cruzadas y la pérdida de
Tierra Santa tuvieron que ver con la imposibilidad de encauzar el ímpetu
irracional que inspiraba a los cruzados, que era la promesa de
salvación individual, la garantía de que culminar una peregrinación
armada podía redimir los pecados y dar acceso a la salvación. Ese anhelo
pasional y piadoso, y los intereses personales de los diferentes jefes
de las cruzadas, impedía conducirlas de una manera lógica y coherente, y
garantizar la conquista y defensa de Tierra Santa.
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