Siempre entre las nubes hay esos huequitos de Sol que te dan valor.
Un Blues
Del material conque están hechos los sueños
27 oct 2018
Y el rey del cachopo desapareció
En año y
medio, Cesar Román Virueta pareció revolucionar la hostelería madrileña:
abrió cinco locales, alquiló naves para producir en cadena, impulsó una
franquicia, ganó fama en los medios, creó concursos... hasta que un día
desapareció del mapa dejando un reguero de deudas.
La fotografía se tomó a principios de este año en un estand de la
Feria Internacional de Turismo (Fitur). En ella aparecen tres personas
que, por el brillo de sus ojos, se nota que en ese momento concreto de
sus vidas viven el sueño dorado. De derecha a izquierda, abrazados y
sonrientes, Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad; Mariano
Rajoy Brey, presidente del Gobierno; y el tercero, el más anónimo de los
tres, César Román Virueta, El rey del cachopo. Diez meses después dos han caído en desgracia y el otro ha desaparecido. El reinado de Román, un personaje confuso que revolucionó en tiempo
récord la restauración madrileña, ha sido efímero pero muy ruidoso. Su
forma de hacer, estrambótica y un tanto alucinada, maravilló y asustó a
la vez a todo el que coincidió con él. Con una agresiva campaña de marketing,
que le hizo aparecer constantemente en los medios, Román convirtió un
filete de ternera con jamón, queso, huevo y pan rallado en un plato de
moda en Madrid que le hizo la competencia al sushi y al ramen. En apenas año y medio, entre 2016 y principios de este año, El rey
del cachopo abrió cinco locales, alquiló naves para producir en cadena,
compró seis motos repartidoras, impulsó una franquicia con el respaldo
de un banco y autoproclamó su plato como el mejor elaborado de España. Desde Asturias, la patria del cachopo, observaban con asombro la
trayectoria vertiginosa de un chef tan inusual. Nada de lo que levantó
entonces sigue ahora en pie, como le ocurrió a los otros dos
protagonistas del retrato. La burbuja que César Román, de 45 años, creó a su alrededor acabó
pinchando hace unos meses. Los cinco restaurantes que había abierto por
toda la ciudad con la pomposa marca A Cañada Delic Experience han bajado
la persiana. Los proveedores, socios y trabajadores le reclaman
importantes cantidades de dinero pero no logran dar con él. Su paradero
es un misterio, según adelantó El cierre digital. Su familia denunció en julio su desaparición ante la Guardia Civil, sin
que desde entonces las autoridades hayan logrado localizarlo.
Planes megalómanos
"Facturábamos cinco y seis mil euros al día durante los fines de
semana. Mucho dinero para un local de 100 metros cuadrados. Era una
locura", recuerda un trabajador de esa etapa. La calle que hasta
entonces había sido un rincón que mucha gente del barrio evitaba cruzar
se llenó de gente, sobre todo de jóvenes atraídos por grandes cantidades
de comida a buen precio.
La huida hacia adelante de Román comienza tras el divorcio de Nati. Ella se queda con un local abierto en Lavapiés, él con el de Alonso del
Barco. Ella aparecerá en el programa de La Sexta de Chicote, el chef que
supuestamente ayuda a levantar negocios en ruinas. Él, en un gesto para
ennoblecer el suyo, le añade la coletilla Delic Experience al nombre. Vende el restaurante como "alta cocina del norte", pero no llega a
serlo, según los expertos del sector.
Relanzó la sidrería en marzo de 2016. Con el boom que se
había generado alrededor del cachopo y un avispado experto en
comunicación logró darle una difusión espectacular. En la inauguración
hubo 100 periodistas, como en la presentación de un fichaje del Real
Madrid. El responsable de estas campañas, Manuel Díaz, calcula que el
impacto de esta campaña tuvo un valor de dos millones de euros.
César Román, junto a la flotilla de motos de uno de sus restaurantes.CM-MG
Román encandiló a todo el mundo. Pero ahora nadie sabe nada de él (en su cartel de SOS Desaparecidos
se detalla que mide 1,52, pesa 70 kilos y tiene los ojos marrones
claros y el pelo castaño) pero en su día su presencia era ubicua. Un
domingo participó en un duelo de cachopos que organizó el programa de radio A vivir Madrid,
de la cadena SER. Se enfrentó a los dueños del restaurante Con dos
fogones, que poco después lamentarían habérselo cruzado en el camino. Román se presentó en los estudios de la Gran Vía repeinado como un niño
el día de su comunión. Lo primero que dijo al micrófono, mientras
enseñaba tres cachopos, es que regentaba una de las sidrerías que más
sidra consumía de la región, lo que le había obligado a crear su propia
marca para autoabastecerse. Los proveedores no podían seguirle el ritmo. Al salir de la radio, uno de los socios del otro restaurante, David
Noval, sugirió que fueran a tomarse algo a su local. Bebieron cerveza,
intimaron. Román miró a su alrededor y le gustó lo que vio. Decidió
quedarse ese restaurante, continuar así su ambiciosa expansión. Pocas
semanas después firmaron un traspaso de 70.000 euros. Román le dio un
adelanto mediante un cheque. El problema es que no tenía fondos. Noval
nunca cobró un euro y tuvo durante meses paralizado el negocio en el
centro de la ciudad, donde el alquiler está por las nubes. "Fue una
ruina", explica.
Las deudas se acumulaban. Comenzaron a aparecer pintadas en las
persianas de sus locales. Estuvo desaparecido unos días hasta que sus
amigos lo encontraron golpeado en un hospital de Madrid. Román dijo que
habían intentando robarle y en otra conversación que se inmiscuyó en una
pelea de discoteca. Lo que es seguro es que a partir de varios
episodios de este tipo contrató a un guardaespaldas al que veía
comúnmente acodado en la barra de las sidrerías. El rey del cachopo creó un estilo. Tomás Gutiérrez, presidente de La Viña,
la asociación mayoritaria de hosteleros, reconoce que Román "hizo mucho
ruido". "El cachopo no se conocía demasiado antes", añade.
El restaurante A Cañada Delic Experience, en la calle Alonso del Barco, en Embajadores
"Tiene una mentalidad infantil. Es como un villano de James Bond con
planes grandilocuentes que nunca llegan a nada", lo retrata uno de sus
colaboradores cercanos. El problema es que, al contrario de esos
personajes bizarros, no tiene gracia. Este año fue detenido por maltrato
animal ("dos palazos en la cabeza a un perro", retrata el parte) y
sobre él pesa una orden de alejamiento de su expareja.
Nada le detuvo. Román impulsó, junto a otros cuatro socios, un
sistema de franquicia que recibió el apoyo del banco Sabadell. El 28 de
junio de 2016 presentó el plan en el centro de negocios Melior,
en Diego de León, donde anunció que se iban a abrir los primeros
locales en Móstoles y Leganés. El coste rondada los 180.000 euros pero
eso no era problema, el dinero fluye, hay crédito para una idea tan
buena. "Financiamos el cien por cien de la operación, desde el canon de
entrada hasta las mercaderías, los seguros, el alquiler y la inversión
inicial en obra, maquinaria e instalación", explicó ese día el director
de la entidad bancaria de Madrid. El misterio de su desaparición se ha visto agrandado por la aparición
del trozo de un cadáver. En agosto los bomberos acudieran a sofocar un
pequeño incendio en una nave en Usera vinculada con Román y al llegar
encontraron el torso calcinado de una mujer guardado en el interior de
una maleta. Las pruebas de ADN descartaron que el tronco perteneciera a
la última pareja de Román, una joven hondureña.
Un premio amañado para ser el mejor
La plataforma de vídeos Sin Filtro y después el periodista Carlos G.
Cano, de la SER, desmontaron en junio de 2017 el concurso en el que
Román ganó el premio al mejor cachopo del país. El reconocimiento
amañado tuvo una gran difusión en medios. "Ese ránking era falso. Es un
personaje que hace daño a la hostelería", concede Nacho Gancedo, el
creador de la Guía del cachopo y rival de Román. Gancedo
organiza otro certamen y cuenta que Román le preguntó cuánto costaba que
le nombrara ganador. "Quería ganar a toda costa. Le dije que no tenía
precio. En este mundo es muy importante tener credibilidad", abunda
Gancedo.
La policía, en principio, no está segura de que el hallazgo tenga que
ver con su desaparición. Sea como sea, el episodio ha enturbiado
todavía más su última andadura a lomos de un cachopo.
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