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Un Blues
Del material conque están hechos los sueños
17 sept 2018
La gran escritora que borró su nombre.......................... Eva Díaz Pérez
La
editorial Renacimiento rescata la obra de María Lejárraga, la mujer que
escribió las obras con las que su esposo, Gregorio Martínez Sierra,
conoció el éxito.
Novelista y dramaturga, murió pobre y exiliada.
Retrato de María Lejárraga en su juventud en una imagen del archivo familiar.
Escribió en silencio, en soledad entre cuatro paredes, lejos de los
aplausos por las obras de teatro que salían de su pluma. Su nombre es
una ausencia, una sombra, un vacío y una historia dolorosa. María de la O Lejárraga
(San Millán de la Cogolla, 1874-Buenos Aires, 1974) atravesó todo un
siglo y fue una de esas mujeres brillantes y pioneras de la Edad de
Plata de la literatura española, que abarcó desde 1900 hasta la Guerra
Civil. Novelista, dramaturga, ensayista, traductora, feminista y, sin
embargo, ausente de las portadas de sus libros. El nombre que leemos es
el de su marido: Gregorio Martínez Sierra, quien recibía elogios en los estrenos de Canción de Cuna o El amor brujo y El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla, mientras la autora y libretista esperaba en casa. En estos tiempos en los que la historia de la creación
parece estar curando olvidos y variando la brújula del canon oficial, la
figura de María Lejárraga regresa con sed de justicia poética. La
recuperación de su nombre en la portada de su obra supone el
reconocimiento a una de las más destacadas autoras de su época. Ahora la editorial Renacimiento rescata Viajes de una gota de agua,
una colección de cuentos infantiles que la autora publicó en Argentina
en 1954, cuando ya vivía en el exilio. Juan Aguilera Sastre e Isabel
Lizarraga Vizcarra, expertos de la Edad de Plata, son los responsables
del estudio introductorio y de otros dos rescates editoriales: Cómo sueñan los hombres a las mujeres y Tragedia de la perra vida y otras diversiones. Teatro del exilio (1939-1974).
El reconocimiento, para el marido
Esta edición tiene un valor especial porque aparece con su nombre
auténtico: María Lejárraga, tal como hizo la autora, por primera y única
vez en su vida, con su debut, Cuentos breves, publicado en
1899. Precisamente, el enfado que provocó en su familia que su nombre
apareciera en esta primera obra fue la razón por la que decidió
borrarse.
Al casarse con Gregorio Martínez Sierra, ella decidió esconderse tras
su nombre. Ambos formaron una de las más fructíferas parejas artísticas
de la época. Gregorio era el responsable de la dirección de las obras y
quien se llevaba la gloria en los estrenos. María aceptó ese papel de
sombra, como tituló oportunamente Antonina Rodrigo su biografía de la
autora: María Lejárraja, una mujer en la sombra. Gregorio llevaba la parte visible de la sociedad, pero ella era quien
escribía. A veces, los ensayos se paraban porque María estaba
escribiendo el último acto de la obra firmada por Gregorio Martínez
Sierra. Todo el mundo sabía que Lejárraga era la "negra" de su exitoso
marido. Hasta tal extremo llegó esta situación que Gregorio pronunciaba
discursos feministas que escribía su mujer. Ahí está el libro Cartas a las mujeres de España
donde ella anima a la libertad e independencia femenina, aunque su
nombre no aparece por ninguna parte. A pesar de este silencio, Lejárraga
llegó a ser diputada socialista en la Segunda República, experiencia
que relató en su libro Una mujer por los caminos de España, escrito en el destierro.
María Lejárraga y su marido en su casa de Madrid.ARCHIVO MANUEL DE FALLA
La historia de Lejárraga tiene un momento especialmente doloroso. Su
marido se enamoró de la famosa actriz Catalina Bárcena con quien tuvo
una hija. El matrimonio se rompió, pero Lejárraga siguió colaborando con
su marido y escribiendo los libros que él continuaba firmando.
El gran desengaño de Lejárraga llegará en 1947 con la muerte de
Gregorio Martínez Sierra, cuando la hija de Catalina Bárcena exigió los
derechos de autor de su padre. María vivía con escasos recursos en el
exilio y fue entonces cuando reaccionó y comenzó a publicar con su
nombre, pero aún refugiada en los apellidos de su marido: María Martínez
Sierra. Y decidió escribir sus memorias — Gregorio y yo— donde desvela en qué consistió la colaboración. Una obra en la que por fin sale del silencio, aunque de forma muy tibia. Viajes de una gota de agua es un libro de melancolías, el
recuerdo dolorido de la exiliada: "Es un ejercicio de nostalgia alentada
por la desazón de sentir que sus libros se prohibían en España y que
tampoco hallaba modo de acceder a los escenarios españoles, donde solo
de manera ocasional se reponía su producción anterior", explican Juan
Aguilera e Isabel Lizarraga.
Con uno de estos cuentos, Lejárraga sufrió otra decepción. La autora,
a través de su traductora Collice Portnoff, envió en 1951 a Walt Disney
el manuscrito de Merlín y Viviana, donde contaba la historia
de un perro que se enamora de una gata coqueta, por si le interesaba
para alguna película. Sin embargo, a los dos meses Disney se lo
devolvió. En 1955 se estrenó La dama y el vagabundo
con la que se podrían encontrar ciertas similitudes. En una carta a su
traductora habla del supuesto plagio: "La enviamos a Walt Disney, la
tuvo un par de meses y la devolvió diciendo que no admitían más que las
obras que habían encargado. Después, hizo una película, La dama y el vagabundo,
que era la misma historia, sin más cambio que haber convertido la gata
en perra elegante. Esta vez no quise protestar, ¿para qué?". A pesar de que se ha hablado de plagio, "los parecidos son escasos
aparte de que el proyecto de Disney comenzó a gestarse mucho antes de
que María le enviase su original", según los autores del estudio. Sería
así, pero para María Lejárraga fue otro nuevo episodio de apropiación de
su obra. Ahora, por fin, aquellas historias escritas en soledad no
olvidan quién fue la verdadera autora.
La venganza contra los adúlteros
A pesar de que durante años silenció su nombre, hay una secreta
proyección autobiográfica en sus obras. En ocasiones, Lejárraga
introducía trasuntos de la relación entre su marido y la actriz. Era una
forma de venganza porque esas obras las interpretaba Catalina Bárcena y
el marido infiel era quien dirigía. Juan Aguilera e Isabel Lizarraga
señalan que en uno de los cuentos se descubre esta intención: Merlín, el perro atontado,
es un personaje de buen corazón que podría ser Gregorio, sometido a las
veleidades de un amor caprichoso; mientras que Viviana, la gata
egoísta, engreída, cínica, cruel, podría representar los rasgos
negativos que veía en Catalina".
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