Un Blues

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21 ene 2017

Carolina de Mónaco, la princesa más mediática cumple 60 años


La hija de Raniero y Grace ha regresado a Montecarlo donde ejerce un poder en la sombra enfrentada a su cuñada Charlene.

Carolina de Mónaco. GTRES
Cuando Carolina de Mónaco nació se puso de moda el color amarillo para los bebés. 
Fue la primera señal de que acababa de llegar al mundo una princesa diferente que iba a marcar tendencias y a revolucionar los cimientos de las viejas monarquías europeas. 
Su nacimiento supuso, además, todo un revulsivo para el Principado que buscaba afianzarse como Estado tras la boda en 1956 de Raniero con la estrella de Hollywood Grace Kelly.

Los Grimaldi no son lo que se entiende como una familia real al uso, son unos aristócratas de segunda fila que mantienen su posición por su enorme poder mediático y habilidad para hacer negocios.
  La estrella de la familia es desde hace 60 años Carolina.
 El próximo lunes 23 de enero celebra su aniversario y lo hace de manera tranquila lejos de los vaivenes que han protagonizado su existencia. 
Ha regresado a Montecarlo donde vive con su hija menor Alexandra y presume de su papel de abuela de tres nietos y otro que está en camino.
 A diferencia de otras famosas, ha hecho de sus arrugas una declaración de intenciones aunque no ha renunciado a seguir estando en la lista de las mujeres más elegantes y a ser la eterna musa de Karl Lagerfeld.
 Ni su hija Carlota Casiraghi ha conseguido arrebatarle el puesto, y, menos aún, su cuñada Charlene.
Es guapa Carolina muy guapa, su madre era muy bella.
Carolina no le preocupan sus arrugas porque ella, pasando momentos malos, como la marcó la muerte de su madre y la del padre de sus hijos, un chico muy guapo que se dedicaba a practicar deportes de riesgo y un dia la muerte se lo llevó, carolina se refugió en sus hijos fuera de la capital, era una joven con vestidos de campesina y sin quererlo los tranformó en moda.
Luego se casó con Hannover, y un dia quiso quedarse sola, ya eran tres maridos, un playboy que nunca supo lo que se jugaba, otro que el mar se lo llevó y otro alcolizado. No sé si tendrá alguno más por ahí muy guardado. Pero ella sigue siendo la más bella del Baile.
Carolina con sus hijos Alexandra y Pierre, su nuera Beatrice, su sobrino Luis y su hermana Estefanía. GTRES
Es un secreto a voces que Carolina y la esposa de su hermano Alberto no se soportan.
  No lo disimulan, y en cuanto pueden se evitan.
 Son sonadas las ausencias de una y otra en acontecimientos importantes como el Baile de la Cruz Roja o las bodas familiares.
 Y cuando salen al balcón de palacio en los acontecimientos importantes ni se cruzan una mirada.
Carolina es elegante, simpática, educada pero también, dicen los de su entorno, ambiciosa, cabezota, altiva y conspiradora.
 No cree que Charlene esté a la altura del papel que ocupa. 
Y si al principio la acogió fue porque pensó que podía tutelarla, pero la exnadadora sudafricana no se ha dejado.
 Reafirmada en su puesto de primera dama de Mónaco tras ser madre por partida doble no admite ingerencias de Carolina.
 En medio de las tensiones familiares, Alberto ejerce el papel de mediador.
Carolina fue una princesa rebelde que se casó con un playboy ante el disgusto de sus padres, que enviudó prematuramente del padre de sus tres hijos mayores, que vivió un sonado romance con el actor Vincent Lindon y que se lio con Ernesto de Hannover, el marido de una de sus mejores amigas.
 Desde que se separó de Hannover, su tercer marido, no se le ha conocido ninguna relación. 
De hecho, no está divorciada por lo que sigue manteniendo su título de alteza real, que es más importante que el que tiene por ser una Grimaldi.
 Dicen que esa fue una de las condiciones que le impuso al conflictivo aristócrata, que batalla con poco éxito contra sus adicciones.

Alberto y Carolina con sus hijos y el diseñador Karl Lagerfeld. GTRES
La princesa rebelde es ahora una mujer madura que disfruta de una intensa vida cultural y apoya a sus hijos en los negocios y en los proyectos solidarios que emprenden. 
Ella fue la precursora de una generación de príncipes hippie chic que han entendido la realeza como una manera de vivir más que como una tarea de representación.

 

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