Siempre entre las nubes hay esos huequitos de Sol que te dan valor.
Un Blues
Del material conque están hechos los sueños
14 jun 2016
Podemos de las mil caras....................................................... Antonio Elorza
Ya
conocíamos el peso de Lenin en las ideas del líder de la nueva
formación.
Solo que ahora conviene taparlo a toda prisa para adoptar la
máscara de la moderación de cara a las elecciones.
Hasta Marx y Engels
habrían sido socialdemócratas
EVA VÁZQUEZ
Cuando se cumple medio siglo de la Revolución Cultural china, nacida
en la primavera de 1966, conviene volver la vista hacia tantas variantes
de izquierdismo que produjeron una catástrofe tras otra a lo largo del
pasado siglo.
Lo peor es que se presentaban como proyectos de
emancipación de la humanidad.
El maoísmo fue una de ellas, deslumbrando
de paso a buen número de intelectuales, desconocedores del idioma y de
cuanto ocurría en China
. En La chinoise, Jean-Luc Godard nos
dejó una esclarecedora crónica de esa ceremonia de la confusión en los
preliminares del 68 francés.
Nuestro país no resultó inmune, y, entre
otras cosas, los llamados “juicios críticos” made in China nos
privaron de un gran profesor, Luis Díez del Corral, discípulo de Ortega,
en el único logro revolucionario del líder maoísta Intxausti, luego brillante colaborador de José Bono.
Desde los años setenta los datos históricos han disipado el aura de
romanticismo que entonces rodeó a las experiencias revolucionarias
pos-soviéticas.
Es algo que resulta imprescindible tener en cuenta para
evaluar al izquierdismo de hoy. Charlando con Jruschov, Mao confesó que
solo con el Gran Salto Adelante “sintió una alegría completa”.
La
alegría de Mao costó a China una hambruna con 45 millones de muertos.
También sabemos hoy que Lenin puso en marcha desde el principio un
terror luego culminado por Stalin, y que de Stalin vía PC francés, más
Mao, sale el genocidio de los jemeres rojos.
Olvidarlo es política y
moralmente inaceptable. Descalifica a quien se proclame hoy sin más
comunista.
Tales constataciones no excluyen que en Europa partidos comunistas,
como el italiano o el español, realizaran contribuciones decisivas al
progreso y a la democracia de sus respectivos países.
Pero de la línea
Lenin-Stalin-Mao y su prolongación, nada se salva. Y nuestros
izquierdistas, de Monedero a Monereo, valoran la aportación democrática
del PCE a la Transición como un abandono de los principios de la
izquierda
. Así que “fuera el régimen de 1978” (Garzón).
EVA VÁZQUEZ
Cuando se cumple medio siglo de la Revolución Cultural china, nacida
en la primavera de 1966, conviene volver la vista hacia tantas variantes
de izquierdismo que produjeron una catástrofe tras otra a lo largo del
pasado siglo. Lo peor es que se presentaban como proyectos de
emancipación de la humanidad. El maoísmo fue una de ellas, deslumbrando
de paso a buen número de intelectuales, desconocedores del idioma y de
cuanto ocurría en China. En La chinoise, Jean-Luc Godard nos
dejó una esclarecedora crónica de esa ceremonia de la confusión en los
preliminares del 68 francés. Nuestro país no resultó inmune, y, entre
otras cosas, los llamados “juicios críticos” made in China nos
privaron de un gran profesor, Luis Díez del Corral, discípulo de Ortega,
en el único logro revolucionario del líder maoísta Intxausti, luego brillante colaborador de José Bono.
Desde los años setenta los datos históricos han disipado el aura de
romanticismo que entonces rodeó a las experiencias revolucionarias
pos-soviéticas. Es algo que resulta imprescindible tener en cuenta para
evaluar al izquierdismo de hoy. Charlando con Jruschov, Mao confesó que
solo con el Gran Salto Adelante “sintió una alegría completa”. La
alegría de Mao costó a China una hambruna con 45 millones de muertos.
También sabemos hoy que Lenin puso en marcha desde el principio un
terror luego culminado por Stalin, y que de Stalin vía PC francés, más
Mao, sale el genocidio de los jemeres rojos. Olvidarlo es política y
moralmente inaceptable. Descalifica a quien se proclame hoy sin más
comunista.
Tales constataciones no excluyen que en Europa partidos comunistas,
como el italiano o el español, realizaran contribuciones decisivas al
progreso y a la democracia de sus respectivos países. Pero de la línea
Lenin-Stalin-Mao y su prolongación, nada se salva. Y nuestros
izquierdistas, de Monedero a Monereo, valoran la aportación democrática
del PCE a la Transición como un abandono de los principios de la
izquierda. Así que “fuera el régimen de 1978” (Garzón).
La incorporación de IU a Podemos ha agudizado esta ceremonia del
absurdo, consistente en cerrar los ojos ante lo que fue el comunismo
“realmente existente” y reivindicar en cambio una ortodoxia
anticapitalista.
Huyen de la historia real del comunismo, que les
desautorizaría, para refugiarse en un discurso de satanización del otro
.
Con el auge de Podemos, vemos publicistas dispuestos ya a ejercer aquí
la labor depuradora de intelectuales que acompañara al establecimiento
de las democracias populares.
El regreso de Anguita al pedestal equivalía a suscribir su anticapitalismo primario
Los horrores del mundo capitalista, Corea del Norte no existe, les
bastan para justificar una propuesta que nos llevó por unas semanas de Juego de tronos a La noche de los muertos vivientes.
Así, el regreso de Anguita al pedestal equivalía a suscribir su
anticapitalismo primario. El de Monereo encarnaba una larga fidelidad al
leninismo que destila revolución sobre la realidad, en vez de
analizarla.
Pablo Iglesias ha proclamado a ambos sus mentores, y al hoy
candidato por Córdoba, el guía que formó su pensamiento
. Ya conocíamos
el peso de Lenin en las ideas y en la visión orgánica del líder de
Podemos, pero esto va más allá.
Solo que ahora conviene taparlo a toda prisa, para adoptar la máscara
de la moderación de cara a las elecciones
. Hasta Marx y Engels habrían
sido socialdemócratas, y ¿por qué no decir otro tanto de Lenin,
comunista hasta la Revolución en un partido denominado socialdemócrata?
Las furias se visten de hadas sonrientes. Total, un disfraz se quita
sin más al día siguiente de llegar al Gobierno. Iglesias es marxista,
pero variante Groucho.
¿A qué jugamos entonces? ¿Llamaremos “nueva socialdemocracia” a lo
que de hecho implicaría una toma del poder dirigida a la subordinación
radical de ese “adversario” omnipresente en boca de Errejón ? Mal puede
resultar beneficiosa para “la gente” una política populista que ignora
la racionalidad económica y en un caso notorio está hoy practicando el
golpe de Estado permanente contra los elegidos del pueblo.
Pocos dudan de que Rajoy personifica una derecha profunda,
reaccionaria.
Pero también es reaccionaria, para la imprescindible
acción contra la desigualdad, una política de gasto público y fiscalidad
destructora del sistema productivo, que podría venir de una adopción
abrupta de las políticas fiscales y sociales escandinavas, en términos
cuantitativos.
¿Y Europa? En el limbo.
A la vista de los sondeos, nada de esto parece importar a buena parte
de la población española y singularmente a estratos urbanos, mejor
preparados y más jóvenes.
Con el Gran Rechazo al sistema basta, siendo
las palabras convincentes.
Lo recordó Errejón en la UNED: un discurso
imperativo, el de Hitler, se impuso por su claridad expositiva —de la
“confabulación” antialemana y de “la usura de los banqueros judíos” (sic)—
en Alemania en 1930.
El ejemplo es útil. España atraviesa lo que
Gramsci llamó una crisis orgánica, donde los sectores y partidos
dominantes han perdido la hegemonía, la dirección de la sociedad, sin
que despunte lonuevo, una alternativa clara, y por eso cabe temer “un porvenir oscuro de promesas demagógicas” (Gramsci dixit).
Por lo que toca al manejo de ese discurso demagógico, integrado por una
cascada de falsas evidencias, resulta incuestionable la ventaja de
Pablo Iglesias.
Todo al servicio de ganar, ganar, ganar, único fin.
Aunque sea desde un permanente transformismo.
Así que ante el cinismo exhibido por Iglesias al encubrir la
dictadura actuante en Caracas, problema ya maldito, solo cabe augurar
aquí un futuro de riesgos, tanto para la democracia en “la nueva
transición”, como de cara a una recuperación económica correctora de la
desigualdad..........
No sé por qué pero este artículo parece sacado desde una óptica Troskista, al fin y al cabo Lenin siempre consideró a Trosky su sucesor y no Stalin. Tiempos pasados que ya no nos hace llorar sobre la leche derramada.
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