Todos los caminos conducen al libro. Sin embargo, cuando un escritor escribe un libro no puede hacerse cocinero ni deportista ni actor ni político.
Todos los caminos conducen al libro
. Sin embargo, cuando un escritor escribe un libro no puede hacerse cocinero ni deportista ni actor ni político.
Cuando un escritor escribe un libro, se pone a pensar en el siguiente, que quizá le salga o quizá no.
A lo mejor le sale, y lo publica y la editorial le invita a firmar ejemplares en una feria del libro a la que el escritor acude ingenuamente para comprobar que quienes de verdad firman son los alpinistas, los expresidarios, los actores, los youtubers…
Viene a ser, piensa, como si en un congreso sobre la salud tuvieran más éxito los curanderos que los médicos.
Claro que todo el mundo tiene derecho a escribir libros, y a establecerse como curandero, incluso a escribir libros sobre la curandería.
Pero un congreso de oncólogos debería ser un congreso de oncólogos
. El escritor decide no acudir en el futuro a ninguna feria.
Pero el miedo a ser tachado de envidioso le conducirá a la siguiente.
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