Un Blues

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28 sept. 2015

Justicia para la niña Asunta, dos años después de su muerte

Mañana empieza en Santiago uno de los juicios más mediáticos, con 100 informadores acreditados, 134 testigos y peritos y dos únicos acusados, los padres de la pequeña.

Mausoleo improvisado por personas que todavía se acercan a rendir homenaje a Asunta Basterra en el lugar donde apareció su cadáver. / ÓSCAR CORRAL

La conocida como Sala de Bodas de los juzgados de Compostela, el mismo espacio que acogió hace pocos meses el también mediático proceso contra el ladrón del Códice Calixtino, está ya lista y a punto para servir de escenario, entre mañana y los últimos días de octubre, al juicio por la muerte de Asunta Basterra Porto, la niña de 12 años que apareció muerta cerca de Santiago en la madrugada del 22 de septiembre de 2013.
 Hay dos únicos acusados: el padre, el periodista Alfonso Basterra; y la madre, la abogada Rosario Porto 
. El juez instructor, José Antonio Vázquez Taín, los identificó desde el principio con los hechos que reveló la autopsia del cuerpo de la menor, que inmediatamente fue incinerado. 
La cría había muerto por asfixia mecánica con algún objeto blando después de haberle sido suministrada una fuerte dosis de lorazepam para anular su voluntad y su capacidad de lucha.
La expectación es máxima
. Están acreditados un centenar de informadores, entre ellos también medios extranjeros, para seguir durante todas estas jornadas las declaraciones de los acusados (previsiblemente, entre el jueves y el viernes de esta semana), y los testimonios de 80 testigos y más de 50 peritos, entre ellos los propios agentes del equipo la Guardia Civil en los que se apoyó el magistrado para desentrañar el caso.
El juicio arranca con la constitución del jurado, la elección a puerta cerrada entre unos 25 nombres de personas de la provincia preseleccionados por sorteo.
 Los padres de Asunta, encarcelados desde su detención a los pocos días de la muerte, en la prisión coruñesa de Teixeiro, han elegido no asistir a este trámite inicial.
 Cada parte personada podrá recusar a dos miembros del jurado (en total cuatro: dos por parte de la abogada y el abogado del padre y la madre, y otros dos por la acusación popular, ejercida por la Asociación Clara Campoamor).
 Si se alcanza la cifra máxima y hay cuatro recusados, entre las personas que queden, se elegirán 11 por sorteo, nueve titulares y dos suplentes.
 La sala donde se celebrará el juicio ha sido reformada para dar cabida a estos jurados, que en principio, si no surgen inconvenientes, tendrían que quedar fijados al término de la sesión
. Una vez constituido el jurado, el día siguiente se dedicará a las alegaciones previas y la proposición de pruebas, y tras ello llegará la declaración de los acusados, que siempre negaron haber matado a su hija.
La acusación popular pide 20 años de cárcel por un delito de asesinato, dos más que la fiscalía.
 Las defensas, en cambio, reclaman la libre absolución y apuntan a la existencia de una tercera vía (y por tanto una tercera persona, en libertad) que el juez no exploró debidamente.
 Desde el principio, el caso Asunta, la niña adoptada en China por un matrimonio socialmente acomodado de Santiago y supuestamente muerta una década después por estos padres adoptivos, hizo correr ríos de tinta (publicaciones periódicas e incluso libros) y dio materia para infinidad de programas televisivos.
 La investigación sacó a la luz abundantes aspectos sórdidos de la vida familiar; secretos, problemas, y extraños hábitos de los cónyuges; y la triste historia de una estudiante aplicada e hija ejemplar cuyo riesgo de muerte nadie supo adivinar.
 Los últimos episodios delirantes los protagonizó la madre, cuando trascendió un supuesto intento de suicidio en prisión y cuando, hace una semana, pagó una esquela en memoria de su hija en varios medios de comunicación gallegos. 
La instrucción acumula numerosos indicios contra Basterra y Porto (el lorazepam, las contradicciones en los interrogatorios, las grabaciones de cámaras urbanas, las cuerdas con las que apareció atado el cadáver, iguales a otras halladas en el chalé familiar), pero ninguna prueba irrefutable.
 Ahora, el jurado tiene la palabra.

 

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