Un Blues

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27 mar. 2012

París en el siglo XX, una premonición de Julio Verne por Luis Junco (Hmno de Jose Miguel Junco

París en el siglo XX, una premonición de Julio Verne


Llegué a este libro a través de otro, Física de lo imposible, de Michio Kaku, que trata de anticipar una visión del mundo en un futuro próximo a partir de los avances científicos del presente. Como ejemplo de visión profética, se habla de París en el siglo XX, novela de Julio Verne, escrita en 1863, y que fue guardada y olvidada durante más de un siglo hasta que accidentalmente fue descubierta por un biznieto del propio Verne  y publicada en 1994.
De la mano del joven Jacques Dufrénoy, poeta fracasado, se nos lleva al París de 1960, casi un siglo después de que la novela fuera escrita. Y si es verdad que, teniendo eso en cuenta, resulta sorprendente la predicción tecnológica y futurista de Julio Verne al mostrarnos unas calles deslumbrantes de luz eléctrica y atestada de coches a gas, rascacielos de cristal, ascensores, trenes elevados de alta velocidad, equipos de fax y redes de comunicación globales, mayor admiración supone sus vaticinios sobre la deriva del espíritu humano.
Como escenario económico, se dice:
Abundaban los capitales y más aún los capitalistas a la caza de operaciones financieras o de negocios industriales…
Y en ese escenario, la educación se centraliza en una Sociedad de Instrucción, que se presenta como un negocio, como una operación industrial, en la que se busca la rentabilidad y eficiencia:
Debemos confesar que el estudio de las humanidades y de las lenguas muertas  se había sacrificado bastante; el latín y el griego no sólo eran lenguas muertas, sino enterradas; existía aún, por mantener las formas, alguna clase de literatura, con pocos alumnos, de poca envergadura y muy mal considerada… Si bien ya casi nadie leía, por lo menos todo el mundo sabía leer e incluso escribir…
Y hace a continuación una descripción de cómo, a la vez que la gente de letras se convertía en una especie en extinción, los de ciencias se pavonean y multiplican en un sinfín de ramas y saberes cada vez más especializados.
Por fin se pregunta qué dirían los antepasados al ver todo esto, especialmente los avances tecnológicos:
Se habrían sorprendido mucho, sin duda, pero los hombres de 1960 ya no admiraban estas maravillas; las disfrutaban tranquilamente, sin por ello ser más felices, pues su talante apresurado, su marcha ansiosa, su ímpetu americano, ponían de manifiesto que el demonio del dinero los empujaba sin descanso y sin piedad.

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