Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

27 feb 2019

La juez octogenaria y feminista que revolucionó la justicia estadounidense

 

La película 'Una cuestión de género' debería ser de visionado obligatorio como mínimo en todas las Facultades de Derecho.

Hay películas que han de verse más allá de sus valores cinematográficos.
 Por lo que enseñan, por lo que emocionan, por lo que vuelven visible.
 Una cuestión de género es una de esas películas que, sin ser más que un buen producto norteamericano, academicista y poco innovador, incluso con alguna trampa narrativa, debería ser de visionado obligatorio como mínimo en todas las Facultades de Derecho, además de en Colegios de la Abogacía y demás instancias en las que todavía cuesta tanto reconocer que el Derecho también tiene género.


La historia de la abogada norteamericana Ruth Bader Ginsburg, otro de esos nombres que no suelen aparecer en las referencias construidas por y para los hombres, tiene mucho interés más allá del caso concreto que plantea: la lucha por desmontar un sistema jurídico discriminatorio contra las mujeres a partir de un caso que, paradójicamente, discriminaba a un varón al negarle una exención fiscal como cuidador de su madre.
 Un caso, por cierto, que guarda muchas similitudes con un supuesto que resolvió nuestro Tribunal Constitucional en 2011 y en el que también era un hombre el que reclamaba un cambio de turno en su trabajo para poder cuidar de sus hijos.
 Además de comprobar cómo Ruth tuvo que hacerse hueco en un mundo, el de la Justicia, absolutamente androcéntrico y masculino en los EE UU de los años sesenta, la película nos ofrece una serie de lecciones que no estaría de más recordar en estos tiempos de reacciones machistas y de miedo al feminismo.
La abogada Ruth Bader Ginsburg.
La abogada Ruth Bader Ginsburg.
Lo más interesante de Una cuestión de género, que no creo que sea casual que esté dirigida por una mujer, Mimi Leder, reside en mostrarnos con evidencias, es decir, en probarnos como habitualmente tiene que hacerse ante un tribunal, que nuestro mundo ha sido históricamente construido a partir de un reparto jerárquico de roles entre hombres y mujeres.
Y que eso que el feminismo ha llamado contrato sexual, sobre el que a su vez se negocia el pacto social, ha condicionado, y todavía lo sigue haciendo, la igualdad real y efectiva de los seres humanos en función de su sexo.
 Lo que, desde el Derecho, y otras instancias de poder patriarcales, se ha concebido como un orden natural no ha sido sino una construcción cultural y política que ha mantenido a las mujeres en un lugar subordinado. 
Como ciudadanas de segunda clase. Este reparto desigual de poder ha sido y es confirmado por las estructuras jurídicas y por quienes históricamente las han administrado.
 Esos hombres omnipotentes y dominantes que, como vemos en la película, monopolizaron Harvard, los tribunales y los parlamentos.
Como dice en su alegato fina la abogada, encarnada con entusiasmo y emoción por Felicity Jones, el Derecho no solo no ha de ir por demás de una sociedad que ya entonces, los años 70 (tercera ola feminista), sino que también ha de ser un instrumento que posibilite un avance en derechos y, por tanto, en justicia social y democracia. Un Derecho que, como bien nos revela la pantalla, es una instancia de poder —una de las más firmes y cómplices con las que cuenta el patriarcado— y que por tanto tiene la capacidad no solo de establecer reglas del juego sino también configurar subjetividades. Es decir, de crear y reproducir género, esa palabra que tanto pavor suele provocar en quienes ven tambalear sus púlpitos ante las reclamaciones de más de la mitad de la ciudadanía.
Al mismo tiempo, la historia de la lucha de Ruth, que en la actualidad es jueza del Supremo, nos evidencia que las conquistas de igualdad han sido siempre el resultado de las luchas de mujeres, de muchas mujeres, que han desafiado el orden establecido y que incluso poniendo en riesgo sus propias vidas se han lanzado a la tarea de remover los obstáculos que las convertían en menores de edad permanentes.
 Una lucha que es necesariamente intergeneracional, como lo demuestra en la película la relación de la protagonista con la abogada veterana y con su propia hija, y en la que también es necesario contar con los apoyos de hombres comprometidos.
 El marido que de manera admirable se convierte en cómplice de Ruth, encarnado con la compostura propia de un galán clásico por el atractivo Armie Hammer, y tal vez construido como un personaje excesivamente amable y sin aristas, es también un buen ejemplo de cómo a nosotros nos corresponde la a veces compleja tarea de apoyar sin asumir el protagonismo.
Y, sobre todo, es una historia que me gustaría que todos mis alumnos y todas mis alumnas, tan ensimismadas en sus brillantes carreras de futuros depredadoras, digirieran para que, al fin, asumieran la parte de responsabilidad que tienen en superar un mundo en el que el modelo de correcto comportamiento se sigue identificado con el buen padre de familia.
En fin, Una cuestión de género, que es una de esas películas que hacen que salgas del cine con el ánimo lleno de argumentos para seguir batallando al día siguiente, debería ser vista por todos esos políticos que cuestionan tan alegremente la perspectiva de género y las leyes que en los últimos años han hecho avanzar la democracia, por tantos juristas que siguen atrapados por la formalidad de la igualdad liberal y por una ciudadanía que, con frecuencia, no es consciente de cómo el Derecho nos limita pero también nos refuerza como seres autónomos. 

26 feb 2019

Jude Law se casa con una psicóloga con quien dice ha encontrado la paz

El actor contraerá matrimonio la próxima primavera en un castillo de Francia.

Jude Law
Jude Law, en Londres, el pasado noviembre.
Uno de los eternos galanes dentro y fuera de la pantalla, Jude Law se casa.
 Según The Sun, el actor ha contado sus planes a su familia y a sus amigos más íntimos.
 Law, de 46 años, ha decidido dar el paso de contraer matrimonio la próxima primavera con la psicóloga Phillipa Coan, de 32, con la que lleva casi cuatro años de relación.
 El escenario elegido es un castillo de Francia y el padrino el mayor de los cinco hijos del intérprete, Rafferty, de 22 años
 En sus últimas entrevistas, el actor ha dicho que con Phillipa ha encontrado "el amor y la paz" que no había conseguido antes en otras relaciones de pareja.
Law estuvo casado con Sadie Frost, con la que tuvo tres hijos, Rafferty, Iris, de 15, y Rudy, de 13, e incluso se responsabilizó del cuidado del hijo mayor de Sadie, Finlay, de 24 años.
 Se comprometió con la actriz Siena Miller con quien rompió tras tener un romance con la niñera, pero volvieron a intentarlo una segunda vez, sin éxito. 
Tras su ruptura tuvo una relación con la modelo Samantha Burke, con la que tiene una hija, Sophia, de 9 años. 
Tiempo después empezó su relación con la que ahora será su mujer, Phillipa Coan.
 Durante una pausa en su noviazgo, Jude tuvo otra hija con Catherine Harding.
 En su carrera profesional hay de todo. 
Fue candidato al Oscar en dos ocasiones (Cold Mountain y El talento de Mr. Ripley), pero el sueño frustrado de Law ha sido no protagonizar a James Bond, algo que considera “casi una religión para cualquier británico”. 
Su nombre estuvo entre los que se rumorearon antes de que Daniel Craig fuera elegido.
 Pero Law asegura que nunca existió una audición. “En casos así simplemente te llaman”, advierte.
 Aficionado al fútbol sigue al Tottenham Hotspurs, pero también le gusta y la pintura. “Me gustaría aprender a tocar un instrumento pero siempre digo lo mismo”, apostilla. 
Sobre sus hijos reflexiona:
 “No sé lo que serán de mayor pero una cosa te digo, no veo a los nuevos Laws de astrólogos, científicos o matemáticos.
 Nos atraen las artes”.

 

Viggo Mortensen, el héroe discreto unido a España por Ariadna Gil

 

El actor posó por primera vez junto a la actriz española, su pareja desde hace 12 años, en la alfombra roja de los Oscar y junto a ellos su hijo Henry, responsable de que aceptara el papel en 'El señor de los anillos' que le catapultó a la fama.

Viggo Mortensen
Viggo Mortensen flanqueado por su pareja, la actriz española Ariadna Gil y su hijo Henry, a su llegada este domingo a la ceremonia de los Oscar. GTRES

Viggo Mortensen es una mezcla exótica de los países en los que ha vivido, Estados Unidos, Dinamarca, Venezuela, Argentina y España.

 También el producto de los intereses que conforman su personalidad, un tanto alejada del estándar de estrella de Hollywood al uso

 Con 60 años recién cumplidos, tiene claro lo que quiere y lo que no, y entre las cosas que no le interesan están los personajes sencillos y publicitarse continuamente. 

Que es actor lo lleva en el ADN, aunque en su éxito también jugó la insistencia de terceros. 
Porque Mortensen estaba decidido a rechazar el papel de Aragorn, el heredero del trono de Gondor de la trilogía El señor de los anillos que le catapultó a la fama internacional.
 El responsable de que aceptara el papel fue su hijo Henry Blake, que entonces tenía 11 años y no podía entender que su padre rechazase el personaje de uno de los héroes que llenaban sus fantasías juveniles. 
Precisamente Henry, que ya tiene 31 años, le acompañó en la fotografía de la alfombra roja de la ceremonia de los Oscar que se celebró este domingo
 Mortensen estaba flanqueado por Henry y por la actriz española Ariadna Gil, los dos pilares sentimentales de su discreta vida buscada.

Henry Blake forma parte de su presente, porque padre e hijo están muy unidos, pero también de una época pasada, la que Viggo Mortensen vivió junto a Exene Cervenka, fundadora de la banda X, pionera del punk americano, y con quien estuvo casado hasta 1997. Ariadna Gil es su presente, la mujer con quien comparte vida en Madrid y con quien pasea por el barrio de Chueca con una forma de estar tan normal que hasta los paparazi han dejado de hacer guardia a su puerta.
 Lo dijo él mismo en 2015 en una entrevista con El País Semanal: “No les doy mucho alimento, ya no encuentran interesante lo que hago, salir a comprar el pan, al veterinario… 
Es molesto que se entrometan en tu vida, pero si es obvio que no te importa tanto o no haces una performance para ellos, acaban cansándose y te dejan en paz”.
Establecido en esta tranquilidad pasea como un transeúnte más por Madrid, aunque su físico y su fama sigan provocando dramáticos giros de cuello.
 Desde ahí planifica una carrera que le hace viajar de un lado a otro del mundo persiguiendo los proyectos cinematográficos que le interesan (apuesta más por el cine independiente que por los grandes estudios).
 Y desde ahí vive su historia de amor con Ariadna Gil, la actriz española que se cruzó en su camino en 2006 rodando Alatriste y que provocó un giro en la vida de ambos.
 Ella se separó del director y escritor David Trueba, con quien tiene dos hijos, Violeta y Leo. 
Él estableció su residencia en España. Ambos han mostrado su complicidad y la solidez de su relación durante los casi 13 años que han pasado y este domingo se han dejado ver por primera vez juntos en la alfombra roja de los Oscar. 
Ser candidato a Mejor Actor por su interpretación en Green Book, premiada como Mejor Película, merecía el esfuerzo aunque Mortensen no haya regresado a España con la estatuilla.
Ariadna Gil y Viggo Mortensen paseando por Madrid en 2016. Él con una camiseta de su equipo de fútbol.
Ariadna Gil y Viggo Mortensen paseando por Madrid en 2016. Él con una camiseta de su equipo de fútbol. Cordon Press
Tampoco los premios son una prioridad en la vida de este actor al que si le dieran a elegir probablemente preferiría un triunfo rotundo del club de fútbol de sus amores: el club bonaerense San Lorenzo de Almagro, presente ya como una broma en todas sus entrevistas y citas importantes. 
Tampoco faltó en la ceremonia por excelencia del cine y en cuanto vino a cuento, Mortensen abrió su chaqueta mientras posaba en la alfombra roja del Dolby Theatre y mostró el escudo de su equipo bien visible en el chaleco que llevaba debajo de su look de gala.
A su lado, Ariadna Gil le daba la mano orgullosa, vestida con un elegante diseño de la firma española Cortana. 
Sin artificios, como es la vida de la pareja. Y cuando pase el huracán mediático Gil volverá a sus proyectos de teatro y cine, y Mortensen seguirá volcado en la cultura. 
El cine es solo la parte más visible de sus inquietudes. 
Tras el brillo de las películas está su pasión por la pintura, la fotografía y la poesía, tanto en su faceta de escritor como de editor. Y en 2019 llegará su estreno como director y guionista en Falling, un proyecto muy personal que gira en torno a un hombre que debe cuidar de su padre a pesar del abismo ideológico que les separa.

Ariadna Gil y Viggo Mortensen durante la presentación en Madrid de 'Appaloosa', la segunda película en la que coincidieron, en 2008.
Ariadna Gil y Viggo Mortensen durante la presentación en Madrid de 'Appaloosa', la segunda película en la que coincidieron, en 2008. Cordon Press
Precisamente las ideologías han sido el único tropiezo que se ha encontrado Viggo Mortensen en España, porque el pasado año el actor se hizo socio de Òmnium Cultural, la plataforma cívica que se fundó para preservar la cultura catalana y en la última década se ha unido a los movimientos separatistas catalanes. 
Unos afirman que se trata de un gesto de apoyo a su familia política (el padre y hermanos de Ariadna Gil tienen vínculos históricos con la vida cultural y política catalana). 
Otros se decantan más por resaltar el espíritu libre de Mortensen que en el encuentro que tuvo con El País Semanal hace ya más de tres años dejó clara su postura:
 “Me preocupa la calcificación ideológica que desprende el actual discurso político (…) Tanto los periodistas como la gente con sus ordenadores van a lo fácil, buscan puntos de vista con los que retroalimentarse”.
 . Contra eso él afirmó que se vacuna “leyendo de todo. Escucho y leo y busco lo que necesito, pero también tomo pequeñas dosis de eso que no me gusta para enterarme”. Palabra de Viggo.
 

Encierren a X........................................... Juan Diego Quesada

Una madre suplica que su hijo de 43 años con trastorno de personalidad límite y problemas de alcoholismo sea internado en un centro especializado: "Tengo miedo".

Guadalupe y su hijo, en unas vacaciones en Roquetas de Mar, en los años 80, en una foto del álbum familiar.
Guadalupe y su hijo, en unas vacaciones en Roquetas de Mar, en los años 80, en una foto del álbum familiar.
Son los años ochenta. El escenario, un pueblo con mar. 
Los retratos dan fe de unas vacaciones veraniegas, el vestigio de que alguna vez vivieron un tiempo entrañable.
 Pero todo aquello le resulta borroso a Guadalupe.
 No recuerda con nitidez un instante de gozo, una chispa del calor maternal.
 Los problemas le han arrebatado los recuerdos felices de una madre y su hijo.
En un barrio de casitas bajas, en ese Madrid que todavía esconde el pueblo que fue, Guadalupe, viuda desde hace tres años, se hace cargo en solitario de X, de más de 40 años.
 El muchacho, alto y de más de 100 kilos de peso, sufre un trastorno límite de personalidad, una enfermedad caracterizada por la inestabilidad emocional y sentimiento de vacío interno, lo que sumado a un problema de alcoholismo ha convertido la convivencia entre madre e hijo en un infierno.
La única solución, a ojos de Guadalupe, es que alguna institución se haga cargo de él, incluso en contra de su voluntad.
 Los informes de su psiquiatra, sin embargo, lo desaconsejan. “Está bien comprobado la inutilidad de los tratamientos forzosos o involuntarios en esta patología”, se lee en un diagnóstico fechado en junio de 2018, el más reciente.
X fue incapacitado en septiembre de 2010. 
Desde ese año está tutelado por la Agencia Madrileña para la Tutela de Adultos de la Comunidad de Madrid. “Padece un trastorno límite de personalidad con rasgos histriónicos, narcisistas y asociales que cursa con carácter crónico, persistente e irreversible causando su incapacidad para el autogobierno y la administración de sus bienes (...). Son frecuentes las amenazas, gestos o conductas suicidas, ira, que pueden servir para manipular a los demás”, se explica en la sentencia que confirmó el tutelaje.

Al poco tiempo de nacer su hijo, Guadalupe encontró un empleo. Estuvo dedicada a ese oficio hasta que tuvo que dedicar todas sus energías a X, que entraba en la adolescencia.
 Su marido pasaba poco tiempo en casa y dice Guadalupe que no fue plenamente consciente de los problemas del niño hasta que se jubiló.
 Su muerte repentina de un ataque de corazón la dejó a ella sola a cargo de un hijo que para entonces ya se negaba a ir al psiquiatra.
X nunca pudo llevar una vida al uso. 
No acabó los estudios de secundaria. De adulto encontró un breve empleo. Pronto tuvo problemas. 
 Llamaba decenas de veces a compañeros de trabajo, en un comportamiento que los afectados describieron como acoso.

Son frecuentes las visitas de la policía, a quien ella acude cuando no puede controlar más la situación.
 Los agentes le han recomendado que presente una denuncia por violencia doméstica pero lo último que ella quiere es que su hijo acabe en prisión. 
X tiene condenas en firme por acoso e intimidación que atestiguan su comportamiento errático.
 Una condena más daría con él en la cárcel.

Sin trabajo, dando vueltas por la ciudad se obsesionó con la trabajadora de una tienda en 2004.
 Telefoneaba sin parar al negocio. Se hizo pasar por psicólogo para recabar datos personales de la muchacha. Se sucedieron los mensajes intimidatorios, hacia ella y su familia, según se recoge en una sentencia judicial.
 Un auto de alejamiento le prohibía ir al pueblo en el que vivía la chica pero la Guardia Civil lo atrapó allí montado en un taxi. 
Fue condenado a un año de prisión por un delito de coacciones.
A lo largo de los siguientes años acumuló citaciones judiciales por pequeños altercados. En 2009, el asunto se descontroló. Volvió a acosar a una mujer.
 Le mandó correos electrónicos llenos de insultos y amenazas.
El blanco principal de sus amenazas, la empleada de una gran compañía, sufrió una crisis de angustia que desembocó en un trastorno depresivo. 
La persecución alteró su vida hasta el punto de que renunció a su empleo y se marchó de Madrid.
 X fue condenado a un año y cuatro meses de prisión, con la eximente incompleta de alteración psíquica.
La Comunidad de Madrid tiene tutelados a 3.350 mayores de edad, por lo que es la entidad con más adultos a cargo de toda España. Son casos de personas con enfermedad mental, discapacidad intelectual o deterioro cognitivo, según explica Carolina García, directora de la agencia para la tutela de adultos.
 Cuando se le pregunta por el trastorno límite de personalidad, García resalta que se trata de uno de los casos más complicados.
 En general, señala, se encuentran con casos en los que los psiquiatras no recomiendan el internamiento.
Guadalupe, después de todo este periplo, cree que el mejor lugar en el que puede estar X, por sus problemas mentales y de alcoholismo, es un centro donde reciba un tratamiento global, no episódico. “Si tiene que estar por temporadas ingresado, que lo esté.
 Con medicación y terapia adecuada. No pido más. La verdad es que tengo miedo. Es horrible que tu hijo pueda hacerte daño”.

Continuos juicios

“Lo más común es que estas personas acaben en prisión porque suelen ir acumulando pequeñas condenas y, cuando se suman, acaban cumpliéndolas todas a la vez.
 Los jueces no les aplican eximentes porque no son pacientes psicóticos. No cometen grandes delitos, al menos los que están bajo nuestra supervisión, pero sí suelen tener muchos problemas con la justicia”, explica García.
Hasta hace unos años, el trastorno límite de personalidad no se reconocía como enfermedad mental.
 La investigación en Estados Unidos la dio a conocer. José Luis Carrasco, de la clínica Ruber, impulsó su estudio en Madrid. Por la tasa de incidencia en urgencias se sabe que la sufre entre el 2 y el 4% de los pacientes de salud mental. 
“Va muy en relación con el estilo de vida de las sociedades modernas.
 Estos pacientes presentan en muchas ocasiones carencias emocionales desde la infancia. 
Esos desórdenes van provocando dificultad en la construcción del yo y la identidad”, incide Fernando Sánchez Rodríguez, responsable de investigación y formación en las Asociaciones de Trastorno Límite de España (Amai TLP).
X arrastra aún tres procesos judiciales. Hace menos de una semana, el 20 de febrero, protagonizó un episodio violento.
 Por un incidente similar que protagonizó en el pasado, sus tutores decidieron abrir un proceso judicial para tratar de internarlo en la unidad Padre Celedonio del centro asistencial San Juan de Dios, de Palencia. 
El juzgado lo rechazó.
 Lo volvieron a intentar en el centro Casta Arévalo, de Ávila, con idéntico resultado.
 Sin el informe positivo del psiquiatra resultaba inviable.
El miércoles pasado, X salió de casa a primera hora de la mañana para ir a la consulta del psiquiatra. 
Regresó borracho a media tarde, dando portazos y profiriendo insultos. Llegó la policía, que logró calmarlo. Lo trasladaron a un hospital, donde pasó la noche.
Guadalupe escribió al día siguiente por WhatsApp: “Ya le han dado el alta. Estoy esperando a que me asesoren sobre la orden de alejamiento”.
 Se le preguntó por algún recuerdo feliz juntos. Respondió: “Viendo las fotos supongo que algunos momentos habré tenido pero no los recuerdo. Qué fuerte”.