Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

30 sept 2018

Orgulloso de ser un hombre blanco.................... Elvira Lindo

Puede parecer que esta historia incumbe solo a un mundo separado por un océano. Pero esa reacción defensiva ya ha calado entre nosotros.

Brett Kavanaugh durante su declaración ante el Senado.
Brett Kavanaugh durante su declaración ante el Senado. REUTERS


Qué difícil adaptarse a estos tiempos en que las malas artes se han legitimado.
 Me recuerdo a mí misma, hace apenas tres años, comentando los primeros pasos de la campaña de Trump.
 Pensaba que cada vez que escupía alguna barbaridad racista en los mítines, o se desvelaba algo más sobre su proverbial desprecio a las mujeres, los votantes que aún conservaran un atisbo de humanidad le darían de lado.
Cuando ganó creía que lo habían votado a pesar de esa basura, obviándola porque les engatusaba con su retórica del éxito y la patria. 
Y era justo lo contrario. Si le votaron fue en gran parte por ese discurso abyecto. Es así como hay que empezar a comprender esta época que lleva macerándose algunas décadas. En virtud de la retórica misógina, homófoba y racista se ha hecho un hueco entre las clases medias Bolsonaro en Brasil. Y así ocurre con Orbán o Kazinsky. Cada uno de ellos presta su voz al sector de la población proclive al resentimiento.
Conmovía escuchar el testimonio de Christine Blasey Ford en el Senado americano sobre la agresión que sufrió a manos del probable futuro miembro del Tribunal Supremo, Brett Kavanaugh, en sus años de estudiante.
 Contemplamos la declaración de una mujer valiente, que decía no guiarse por la venganza sino por su deber como ciudadana, prestando su traumática experiencia para impedir que la máxima institución de su país se entregue absolutamente al poder reaccionario. 
Esa conmoción que muchos sentimos por un relato entrecortado por sollozos, a otros les provocó el efecto contrario: ¿por qué ha de pagar un hombre por un episodio ocurrido en su primera juventud? ¿cómo llamar violación a un forcejeo que tiene lugar entre miembros de la misma fiesta?
Pues bien, son precisamente las acusaciones de índole sexual las que en principio han llevado a sus pares a cerrar filas en torno a él con furia; desean demostrar que hasta aquí han llegado con semejantes nimiedades. 
Al fin y al cabo, es probable que la historia de muchos de los hombres de esa generación, criada al calor de las fraternidades de niños pijos, instalados en sus privilegios desde la cuna, sea muy similar a la de Kavanaugh.
 La fraternidad del futuro juez del TS se llamaba Delta Kappa Epsylon y tenía por lema: 
“Orgulloso de ser un hombre blanco”. Los muchachos, inspirados en aquella celebrada película de gamberradas estudiantiles, “Desmadre a la americana”, eran populares por ir a saco con las chicas, y cuando el alcohol cumplía su efecto desinhibidor acorralarlas sin miramientos. 
Tenían muy claro que formaban parte de la futura élite política y judicial.
 Su éxito estaba escrito desde la casilla de salida.
 La era Reagan facilitó esa sensación de legitimidad del privilegio y fueron, cuenta un estudiante no blanco de esa época que observaba el fenómeno, buenos tiempos para aquella lírica juvenil supremacista. 

Han pasado treinta años desde aquello.
 Hay un movimiento de dignificación de las víctimas de agresiones sexuales, pero la reacción a ese intento de subvertir el viejo orden de las cosas está siendo ya brutal.
 Nadie desaloja tan fácilmente a un señorito.
 Puede parecer que esta historia incumbe solo a un mundo separado por un océano. 
Pero esa reacción defensiva ya ha calado entre nosotros.
 Cuando escuchamos, por ejemplo, a una fiscal, hace ocho años, contar cómo presenció una fiestecilla de fiscales y jueces en Colombia ligando con menores, entendemos por qué algunos piensan que hoy, más que nunca, hay que defender el fuerte.

 

Julián Contreras, el ‘niño’ herido del clan Ordóñez............... Maite Nieto

El hijo pequeño de Carmina Ordónez vive su mes más contradictorio: estrena sección en TVE, le desahucian de su casa por impago y sigue sin hablarse con sus hermanos, Francisco y Cayetano Rivera.

Julián Contreras en la presentación de su colaboración con el programa 'Corazón' de TVE.  

Julián Contreras en la presentación de su colaboración con el programa 'Corazón' de TVE. GtresOnline
Es alto, grande, de físico rotundo, pero en sus ojos se atisba esa mirada de los animales abandonados, dolidos y ansiosos de caricias pero al mismo tiempo temerosos de volver a ser golpeados por la vida o por la traición.
 Es solo una impresión, pero Julián Contreras transmite por igual la tristeza más profunda y la rabia que se autoimpone en su lucha por sacar de una vez la cabeza para poder reír por fin abiertamente.
Julián nació en 1986 del matrimonio formado por Carmen Ordóñez, en aquel tiempo reina del papel cuché, y de su segundo marido, Julián Contreras.
 Ella era una de las dos hijas de Antonio Ordóñez, rondeño, torero y ganadero, un diestro purista entronizado como uno de los más importantes del siglo XX.
 También era la primera mujer de otro torero grande, Francisco Rivera ‘Paquirri’, convertido en mito por obra y gracia de Avispado, un toro que segó su vida en la plaza de Pozoblanco solo un año y cinco meses después de haberse casado con la cantante Isabel Pantoja y haber tenido con ella a su tercer hijo, Kiko Rivera. Carmen era guapa a rabiar, caprichosa y con un hambre de vida que le hizo estar en todos sitios y quizá demasiado rápido.
Su padre –Julián como él– es hijo de un profesor de Instituto, que estudió para aparejador porque no le dejaron dedicarse a la música y que en cuanto pudo abandonó su trabajo junto a un arquitecto sevillano para probar suerte en su pasión.
 Alto, como el hijo, más abiertamente simpático y atractivo, enseguida se movió con soltura en la noche sevillana y fue en El Rocío donde conoció a Carmen Ordóñez, que hacía cuatro años se había separado de Paquirri
 Cuando el eterno aspirante a cantante se divorció en 1994, diez años después de su boda con ella, resumió en un frase su trayectoria:
 “No me han respetado como persona ni como artista. Para la gente yo solo era el marido de Carmen Ordoñez”.

Esta mezcla explosiva de apellidos, divorcios, sueños, caídas y adicciones ha sido el líquido amniótico que ha alimentado a Julián Contreras desde niño.
 Aderezado con una exposición mediática que ha dado cuenta puntual de cada paso de su variopinta familia para bien y para mal. 
También con momentos de dispendios absolutos, como la época en la que vivió en Marruecos con sus padres, y necesidades perentorias, como la que atraviesa ahora mismo cuando le han desahuciado por segunda vez de la casa donde vive con su padre por no pagar el alquiler.
Carmen Ordónez y Julián Contreras en una imagen de archivo junto a Fran y Cayetano Rivera y Julián, el pequeño de los hermanos.
Carmen Ordónez y Julián Contreras en una imagen de archivo junto a Fran y Cayetano Rivera y Julián, el pequeño de los hermanos. GtresOnline
Julián Contreras es listo, tiene un alto coeficiente intelectual, y desde muy joven ha hablado como un niño viejo, sabio, contenido y correcto. Ha escrito cuatro libros, ha montado mil negocios, todos fracasados, y ha probado suerte en trabajos variopintos, de jardinero, a empleado en un túnel de lavado y coach, profesión a la que se dedica ahora además de su reciente estreno como colaborador en el programa Corazón de TVE con sección propia, Atrévete con Julián.
 A quienes se han cruzado con él en los platós de televisión no se les oye una mala palabra para juzgarle como persona, pero sus propias decisiones y las de su familia siguen siendo su mayor condena.
Él fue quien sujetó a su madre en sus últimos años cuando la adicción se apoderó de la existencia de Carmina. 
 Porque era el pequeño y el que estaba con ella.
 Sus dos hermanos mayores Francisco y Cayetano Rivera tenían su propia vida, adoraban a la madre, ayudaron al hermano, pero vivían lejos y atareados. 
También ha sido Julián el que se ha enfrentado a su propia depresión y a las reiteradas caídas en la misma enfermedad de su padre que nunca ha terminado de encontrar su sitio porque la música le negó un hueco en ella y los negocios fueron un fiasco con los que llegaron las deudas.

La escuela de las exclusivas, aprendida por vía materna, ha hecho el resto.
 Las ideas y venidas de un grupo familiar que mezcla los apellidos, Ordoñez, Rivera y Pantoja, tiene un precio.
 Y cuando la situación económica se vuelve perentoria, sentarse en un plató a contar verdades y miserias puede resultar una idea aceptable aunque sea con intervenciones contenidas.
 Así lo ha hecho Julián Contreras en no muchas, pero sí en suficientes ocasiones.
 Para defender a su madre, para relatar su lucha contra la depresión o para quejarse de ser Cenicienta en el Olimpo de sus hermanos.
En primer plano Cayetano Rivera y detrás, Julián Contreras con su padre y otro familiar en el Rocío el día que depositaron las cenizas de Carmina Ordóñez.
En primer plano Cayetano Rivera y detrás, Julián Contreras con su padre y otro familiar en el Rocío el día que depositaron las cenizas de Carmina Ordóñez. GtresOnline
La muerte de la madre o probablemente cómo cumplieron con ella cada uno durante sus últimos años, los distanció.
 Y la prisa con la que Julián padre e hijo abandonaron la boda de Cayetano Rivera con Eva González para sentarse en un plató a contar que les habían tratado como segundones en una celebración a la que acudieron con ilusión de reconciliación definitiva, terminó por abrir la brecha que ya existía. 
Tampoco ha debido ayudar que los Rivera prestaran dinero a su hermano y éste no se lo haya devuelto, como él mismo ha reconocido.

Algunas frases de Contreras resumen la situación: "No tengo nada que reprochar a mis hermanos". "La ausencia de relación no significa que haya mala relación". 
"Mis hermanos están dolidos conmigo y no quieren retomar el contacto y yo lo tengo que aceptar". "Quiero tener con ellos una conversación para pedirles perdón".
Unos y otros tendrán razones que apoyen sus posturas, pero resulta inevitable que el niño viejo convertido en hombre sin suerte despierte esa empatía que nos acerca a los perdedores que tratan de salir una y otra vez del agujero. 
Julián Contreras Jr. ha pedido ayuda en su cuenta de Instagram para encontrar un piso tras ser desahuciado de la casa en la que vive junto a su padre.
 Y su silencio en los medios puede anunciar una nueva exclusiva que le saque momentáneamente del agujero.
 Pero él está ilusionado porque ha interiorizado sus enseñanzas de coach, porque tiene espacio televisivo en el que se enfrenta a retos semanales que le dan adrenalina y porque dice haber encontrado su camino.
 Queda por ver si los vericuetos que se vaya encontrando no le hacen desviarse de sus buenas intenciones y si es capaz de volver a encontrarse a lo largo de él con sus dos hermanos. 
 




 

Los secretos de El Corte Inglés: el 41% de lo que vende es a plazos

El grupo desvela claves de su negocio en el folleto enviado a los inversores por la emisión de bonos.

 
Entrada de uno de los centros de El Corte Inglés en Madrid.
Entrada de uno de los centros de El Corte Inglés en Madrid. EFE
Tradicionalmente, El Corte Inglés no ha sido una empresa demasiado comunicativa. 
Al no ser cotizada, guardaba con celo sus secretos y apenas publicaba una vez al año sus resultados, sin demasiado desglose. Pero estos días ha tenido que hacer una excepción, una especie de desnudo casi integral con motivo de la emisión en Irlanda de bonos corporativos por 600 millones de euros que cerró el viernes con un cupón del 3% y una demanda dos veces superior a la emisión.
 Para poder hacer este debut en el mercado de valores, ha tenido que hacer un ejercicio de transparencia sin precedentes en sus casi 80 años de historia y mostrar en detalle a los inversores sus debilidades y fortalezas, además de hacer una reflexión en profundidad de los riesgos que acechan o pueden aparecer en el horizonte.
Lo hace en un documento de 560 páginas que constituye una radiografía de una empresa monopolística en grandes almacenes en España, que acapara alrededor del 7% de todas las ventas minoristas en el país y que se lanza al mercado para obtener fondos que usará para hacer frente al vencimiento de pagarés de los empleados.
 Bien es cierto, como señalaron las agencias de calificación y admite la empresa, que los 15.939 millones de euros de facturación (en el ejercicio terminado el último 28 de febrero) se concentran casi exclusivamente en España, con lo que depende en exceso de las condiciones económicas nacionales, pero la firma también afirma que esa concentración reduce la exposición al efecto divisa (el 90% de sus compras y el 99% de sus ventas son en euros y solo un 2% de la facturación viene de fuera de la UE).

Aunque en España no sería necesario recordarlo, a lo largo de todo el documento El Corte Inglés presume de marca ante los inversores:
 “Somos una marca célebre en España, asociada a la calidad, el servicio y la innovación”, con una relevancia sin igual “best in class”, dice, “opción predilecta” o “destino principal de compras para consumidores españoles y turistas” debido a que bajo un mismo techo pueden encontrar una extensa gama de productos que ofrece, desde productos de lujo (presume de un equipo multilingüe en árabe, ruso o chino) moda de hombres, mujeres o niños hasta alimentación, pasando por productos para la cultura y ocio, hogar o viajes.
 Esa amplitud de oferta le diferencia de otros minoristas, afirma, porque le permite “servir a toda la población española de todos los segmentos sociales” y ayuda a “reducir la volatilidad de los ingresos”.
¿En qué se traduce esa relevancia? En 700 millones de visitas a sus grandes almacenes en el año acabado el pasado 28 de febrero.
 Y seis de cada diez de esas esas visitas se convierten en compras, según afirma El Corte Inglés en base a una estudio interno realizado en mayo.
 Esa tasa de conversión, un dato que los minoristas suelen guardar como oro en paño, se eleva al 70,1% entre los titulares de la tarjeta de El Corte Inglés.

Esa tarjeta es, como afirma la empresa, uno de sus tesoros.
 La tienen 11 millones de personas (un 28,7% de la población española mayor de edad) y constituye “una ventaja competitiva ante otros minoristas digitales y físicos” y una puerta de “acceso a una gran cantidad de datos de los clientes, incluyendo información sobre sus preferencias”.
 En suma, “una visión de 360 grados de los hábitos de compra de los clientes” que posibilita campañas de publicidad dirigida y detectar tendencias.
 En 2017, los titulares de la tarjeta financiaron con ella 4.600 millones de euros en compras (un 28,8% de la facturación). 
A ello se suma la venta a plazos, que ascendió a 1.600 millones. 
En ambos casos, la financiación corre a cargo de Financiera El Corte Inglés, de la que la empresa que dirige Jesús Nuño de la Rosa posee el 49% y el Banco Santander el resto. 
En total, el 41% de las ventas del año 2017 fueron de alguna forma aplazadas. 
Otra ventaja frente a otros competidores, entiende la empresa, aunque también un riesgo, si algún acontecimiento o regulación le afecta negativamente.
El Corte Inglés se vende como un gigante mundial del comercio, con más de 600 establecimientos (entre ellos, 94 grandes almacenes, 41 hipermercados, 56 supermercados, 176 Supercor, 157 tiendas Sfera, 64 Bricor, 108 Óptica 2000 y 527 agencias de viaje).
 Muchos de estos puntos de venta –sin contar con los 3.200 que le ofrece el acuerdo con Repsol para surtir sus gasolineras- son propios.
 En total, una cartera inmobiliaria propia tasada en 17.147 millones de euros –según la tasadora Tinsa; El Corte Inglés advierte que esa tasación puede ser “incorrecta”- con 10 millones de metros cuadrados, el 40% de superficie comercial. 

Presume de dar entrada en ella a 1.500 marcas de terceros (140 en exclusiva), sin contar las de gran consumo, que aportan el 70% de los casi 5.000 millones de ingresos del área de moda, el más importante para El Corte Inglés.
 La empresa afirma que sus grandes almacenes son “la mejor puerta de entrada al mercado español” para esas marcas, puesto que proporcionan “acceso inmediato a toda la población”, al tiempo que le sirve para reducir riesgos, toda vez que son esas marcas las que gestionan su propio inventario y pagan a 18.500 dependientes de sus corners en los grandes almacenes.
 Revela asimismo que ha puesto en marcha un nuevo contrato para las concesiones a estas marcas, que incluirá a partir de ahora un “mínimo retorno garantizado por metro cuadrado” de esos corners, independientemente de las ventas, además de la habitual comisión por cada venta.
De esas 1.500 marcas de terceros, 290 están presentes en la tienda online de El Corte Inglés, que le proporcionó alrededor de 547,5 millones de euros el último ejercicio (15.000 repartos al día, más de medio millón al año, con un precio medio de más de 100 euros, dice la empresa).
 Esas cifras colocan a El Corte Inglés como el segundo mayor vendedor minorista online de España, con un 9,1% de cuota de mercado, solo por detrás de Amazon, con el 12,7%. 
Frente a la competencia del gigante estadounidense, saca pecho de su red de distribución, tres centros logísticos y los 94 grandes almacenes y demás locales, situados en las mejores zonas de las principales ciudades de España, incluídas las Canarias. 
En total, El Corte Inglés vende online 1,5 millones de referencias, un tercio de ellas en el servicio de entrega en dos horas, presente en 54 ciudades y que pretende extender a más en los próximos meses con una nueva aplicación móvil.


 

 

Historia de una primera vez....................................

Historia de una primera vez
PENSAR EN el contenido de un bolso permite imaginar un móvil, una cartera, unas llaves o una agenda. 
En el de la fotografía cabe también la historia de una primera vez. 
Casi un año después de convertirse en director creativo de la línea femenina de Salvatore Ferragamo, Paul Andrew se ha estrenado como diseñador de bolsos para la marca con base en Florencia.
 El modelo Studio Bag respeta las líneas tradicionales de Ferragamo y recupera la esencia de la casa italiana gracias a un estampado rescatado de sus viejos archivos. 
Fabricado de manera artesanal en piel y rematado con el icónico cierre Gancini brillante, su precio es de 2.415 euros.
 La reinterpretación contemporánea de un fuerte legado, que no descuida la funcionalidad. 
El equilibrio perfecto entre la utilidad y la elegancia.