Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

7 ene 2016

El éxito de la antipatía.........................................................Javier Marías

Hay millones de individuos que no profesan la menor simpatía a la simpatía, ni a los buenos sentimientos, ni a la tolerancia ni a la comprensión.

 

De vez en cuando ocurre
. La mayoría de las personas con una dimensión pública, sobre todo políticos en campaña (pero no sólo), tratan de ser simpáticos y agradables por encima de todo.
 Sonríen forzadamente, procuran tener buenas palabras para todo el mundo, incluidos sus contrincantes y aquellos a quienes detestan; estrechan manos, acarician a los desheredados y a los niños, se prestan a hacer el imbécil en televisión y no osan rechazar un solo gorro o sombrero ridículos que les tienda alguien para vejarlos; intentan parecer “normales” y “buena gente”, uno como los demás, y su idea de eso es jugar al futbolín, berrear en público con una guitarra, tomarse unas cervezas o bailotear.
 Supongo que están en lo cierto, y que a las masas les caen bien esos gestos, o si no no serían una constante desde hace décadas, en casi todos los países conocidos.
Y no veríamos a la pobre Michelle Obama cada dos por tres, canturreando un rap, haciendo flexiones o participando en una carrera de dueños de perros por los jardines de la Casa Blanca.
Pero hay algo que no se compadece con estas manifestaciones de campechanía y “naturalidad”, que las más de las veces resultan todo menos naturales.
 (De hecho la simpatía verdadera no se suele percibir más que en alguna ocasión extraordinaria; en casi todos los personajes públicos se ve impostada, mero fingimiento, artificial.)
 Y la contradicción es esta: un número gigantesco de los tuits y mensajes que se lanzan a diario en las redes son todo lo contrario de esto.
 Comentarios bordes o insolentes, críticas despiadadas a lo que se tercie, denuestos e insultos sin cuento, maldiciones, deseos de que se muera este o aquel, linchamientos verbales de cualquiera –famoso o no– que haya dicho o hecho algo susceptible de irritar a los vigilantes del ciberespacio o como se llame el peligroso limbo.
Millones de individuos no profesan la menor simpatía a la tolerancia y la comprensión
Eso indica que hay millones de individuos que no profesan la menor simpatía a la simpatía, ni a los buenos sentimientos, ni a la tolerancia ni a la comprensión.
Millones con mala uva, iracundos, frustrados, resentidos, en perpetua guerra con el universo. Millones de indignados con causa o sin ella, de sujetos belicosos a los que todo parece abominable y fatal por sistema: lo mismo execrarán a una cantante que a un torero (a éstos sin cesar), a un futbolista que a un escritor, a una estudiante desconocida objeto de su furia que al Presidente de la nación, tanto da.
 Cierto que la inmensa mayoría de estos airados vocacionales sueltan sus venenos o burradas sin dar la cara, anónima o pseudónimanente, lo cual es de una gran comodidad. Su indudable existencia explica tal vez, sin embargo, el “incomprensible” éxito que de vez en cuando tiene la antipatía, cuando alguien se decide a encarnarla.
Puede que al final el fenómeno quede en anécdota, pero ya han transcurrido muchos meses desde que el multimillonario Donald Trump inició su carrera para ser elegido candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, precisamente el país más devoto de la simpatía pública, posiblemente el que la inventó y exigió.
 Si se mira a Trump con un mínimo de desapasionamiento, no hay por dónde cogerlo. Su aspecto es grotesco, con su pelo inverosímil y unos ojos que denotan todo menos inteligencia, ni siquiera capacidad de entender.
 Su sonrisa es inexistente, y si la ensaya le sale una mueca de mala leche caballar (ay, esos incisivos inferiores).
 Sus maneras son displicentes sin más motivo que el de su dinero, pues no resulta ni distinguido ni culto ni “aristocrático”, sino hortera y tosco hasta asustar.
 En el pasado hizo el oso en un programa televisivo en el que su papel principal consistía en escupirles a los concursantes, con desprecio y malos modos: “¡Estás despedido!”, para regocijo de la canalla que lo contemplaba.
 El resto ya lo saben: como precandidato, ha denigrado a los hispanos sin distinción; a los musulmanes les quiere prohibir la entrada en su país, hasta como turistas; se ha mofado de un veterano de Vietnam por haber caído prisionero del enemigo; ha llamado fea a una rival, ha ofendido a la policía británica y ha lanzado groserías a una entrevistadora en televisión, y no cabe duda de que seguirá. Lejos de desinflarse y perder popularidad, ésta le va en aumento.
 Las nominaciones no están tan lejos, y hoy nadie puede jurar que el candidato republicano no será Trump.
 Si así ocurriera, y aunque después fuera barrido por Hillary Clinton o quien sea, la advertencia y el síntoma son para tomárselos en serio.
 Hay épocas en las que se venera lo desagradable, lo antipático, lo faltón y lo farruco, la zafiedad y la brutalidad, el desdén, el desabrimiento, el trazo grueso y la arbitrariedad.
En las que el razonamiento está mal visto, no digamos la complejidad, la sutileza y el matiz. Hemos tenido ya prueba de ello en los duraderos éxitos de Berlusconi y Chávez, y aun del imitamonas Maduro en menor grado.
 También en el de Putin, aunque éste sea más disimulado
. La penúltima vez que alguien no disimuló en el mundo occidental, que se permitió no ser hipócrita y esparcir ponzoña y anatemas contra quienes quería exterminar, bueno, casi los exterminó. El exceso de empalago trae a veces estas reacciones ásperas, y entonces los furibundos –son millones y ahí están, no haciéndose ver pero sí oír, y a diario– aplauden con fervor y votan al que se atreve a prestarles su rostro y a representarlos.
Al energúmeno que por fin da la estulta cara por ellos.
elpaissemanal.com

La policía mata a un hombre armado frente a una comisaría en París.................................. Ana Teruel

El atacante, que llevaba un cuchillo, trataba de entrar en el edificio

El dispositivo de explosivos que portaba era falso.

 

Cadáver del hombre abatido por la policía. / Vídeo: Reuters Live! / Foto: Reuters

La policía ha matado esta mañana a un hombre armado cuando trataba de entrar en una comisaría del popular distrito 18 de París. El hombre habría gritado “Allahu Akbar” (Alá es grande), según varios testigos. El asaltante, que murió tiroteado, estaba armado con un cuchillo y el Ministerio del Interior evocó la posibilidad de que llevara un cinturón explosivo. Sin embargo, fuentes de la policía y del Gobierno han informado de que el dispositivo era falso.

El hombre portaba un cuchillo y, bajo su abrigo, llevaba un bolso alrededor del torso con unos cables colgando de él, pero el "aparato no contenía explosivos", según ha asegurado una fuente judicial a la agencia France Presse.
Un equipo de desactivadores de minas está en el lugar para asegurar el barrio, que está ahora tomado por la policía.
El individuo “trató de agredir a un policía en la entrada de la comisaría y fue luego alcanzado por los disparos de los agentes”, explicó el portavoz del Ministerio del Interior a los medios. Representantes de la fiscalía antiterrorista se han desplazado también a la zona, aunque de momento la investigación está en manos de la brigada criminal.
Hace precisamente un año que dos yihadistas, los hermanos Kouachi, perpetraron una masacre en la sede del semanario Charlie Hebdo.
Esta mañana, en el homenaje a las víctimas, el presidente francés, François Hollande, ha anunciado que ampliará los poderes de la policía y ha llamado a más cooperación entre las fuerzas de seguridad.
Francia ha estado en alerta desde los atentados de hace un año contra Charlie Hebdo y un supermercado judío en los que murieron 17 personas.
La preocupación por la seguridad se ha incrementado desde el pasado 13 de noviembre, cuando 130 personas murieron en París en ataques coordinados contra una sala de conciertos, un estadio de fútbol, bares y restaurantes.
 El autodenominado Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) asumió la autoría de estos ataques.

El PP lanza una ofensiva contra Carmena por la cabalgata de Reyes................................... Beatriz Guillén

El PP critica todo lo que hace su alcaldesa. Normal, no es del PP y es una mujer de izquierdas y luchadora y dió una fiesta en el Palacio de Congresos a "LOs sin techo" y el PP no sabe que son los sin techo porque todos tiene mas de 40 techos y corrompen, blanquean, distorsiona la realidad, el PP siempre demuestra lo "mierda " que es.

Reyes Magos de Madrid
Los Reyes Magos durante la Cabalgata celebrada en Madrid con Manuela Carmena y la concejal de cultura, Celia Mayer. / Jaime Villanueva

El Partido Popular ha lanzado una ofensiva contra la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena (Ahora Madrid), por la cabalgata de Reyes.
 Las críticas de los populares hacían referencia a la ausencia de animales y la presencia de mujeres como Reinas Magas, pero este miércoles se han centrado en el vestuario "poco creíble" de los Magos de Oriente.
 El equipo municipal ha defendido que se trata de una "elección estética" que "en ningún caso pretendía ofender a nadie": "Nada de lo que se ha elegido y colocado en la cabalgata es ofensivo o agresivo".
El ataque hacia el desfile comenzó cuando la exdiputada del PP y directora del área internacional de la fundación FAES, Cayetana Álvarez de Toledo, escribió en Twitter: “Mi hija de 6 años: ‘Mamá, el traje de Gaspar no es de verdad’. No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás”. En pocas horas el mensaje fue compartido más de 10.000 veces.
 A las críticas se unieron numerosos cargos del partido. El concejal del PP Pedro Corral, también en la misma red social, indicó: “La lección de los Reyes Magos vestidos con cortinas de ducha no la olvidaremos jamás”.
Y como se creen que visten los Reyes Magos caminito de Belén, olé ole ole, se creen al Melchor con peluca Blanca? Aquí se visten con todas sus galas del Kilo, los canarios sabemos mucho de disfraces del Kilo.Que hubiera una mujer maga, había muchas pero los peperos de aquella época las llamaban Brujas o magas,
¿A que viene este escándalo pedazo de idiotas?

4 ene 2016

Aviso a navegantes.............................................. Rosa Montero

Ah, si de joven yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, creo que hubiera vivido de otra manera.

Esto es una advertencia: ayer mismo me acosté teniendo 16 años y hoy me he despertado con más de sesenta
. Quiero decir que la vida vuela.
 Ah, si de joven yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, creo que hubiera vivido de otra manera
. Lo que acabo de decir es una boutade, lo sé; pero, al mismo tiempo, es cierto que, con los años, llegas a un territorio, el de la vejez y la Parca merodeante, que antes nunca habías visto con verdadera claridad.
 Y entonces te dices: ah, cuánto tiempo perdido.
 Y no porque mi existencia me desagrade, al contrario, creo que ha sido y es muy intensa y que he hecho todo cuanto he querido hacer.
 Pero con qué nervios, de qué forma tan atormentada o tan aturullada, cuántas veces he vivido con el cuerpo aquí y la cabeza en otra parte.
 Por no hablar de la cantidad de tiempo y de energía perdidos en tonterías, como, por ejemplo, en creerme fea a los 18 años (cuando estaba más guapa que nunca), o en reconcomerme de angustia temiendo no estar a la altura en algún trabajo.
Por eso, repito: si yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, hubiera vivido de otra manera.
Todo esto viene al hilo, claro está, del cambio de año.
 Esto del calendario no es más que una convención, pero cómo remueve y cómo escuece.
 En estas fechas es imposible no dedicar siquiera un minuto a sentir el viento del tiempo contra la cara, a revisar someramente el pasado, a preguntarte sobre tu futuro.
 Acabo de leer un libro extraordinario que viene bien para acompañar estas congojas.
 Se trata de Instrumental: memorias de música, medicina y locura, de James Rhodes (Blackie Books). El británico Rhodes tiene una biografía totalmente improbable.
 Por ejemplo, es pianista, un buen concertista.
 Sin embargo, empezó a estudiar piano mal y tarde, y luego lo dejó por completo durante 10 años hasta retomar la música en sus veintimuchos.
 No creo que haya habido en el mundo un caso así.
 Si abandonas un instrumento de ese modo, simplemente no es posible ser un músico de esa calidad. Pero él lo es.
He aquí su primer milagro.
Nunca seremos tan jóvenes como hoy y la vida se conquista día a día
Tiene varios más, algunos espeluznantes.
El libro de Rhodes cuenta con una crudeza que yo no había visto la experiencia de una víctima de pedofilia.
A los seis años recién cumplidos, James fue violado por su profesor de boxeo del colegio.
Y el tipejo lo siguió haciendo durante cinco años impune y sistemáticamente, hasta que Rhodes cambió de escuela.
 El niño, amenazado por el pedófilo, avergonzado y amedrentado, no dijo nunca nada a nadie; pero otros profesores lo veían llorar, lo veían salir con las piernas sangrando del despacho del monstruo y no hicieron nada.
El libro de Rhodes es un grito indignado a esa pasividad tan común ante los abusos infantiles.
 Como las pequeñas víctimas no se atreven a denunciar, es muy cómodo ignorar un horror que se queda escondido, como los malvados ogros de los cuentos, en los cuartos oscuros y en las pesadillas de los niños.
 Y otra enseñanza más de este tremendo libro: las violaciones dejan secuelas.
 En primer lugar, graves secuelas físicas, porque es una brutalización continuada de un cuerpo muy pequeño (el músico tuvo que ser operado varias veces); y, por supuesto, una catarata de catástrofes psíquicas.
 Prostitución en la adolescencia, un año de internamiento en un psiquiátrico, tres intentos de suicidio, cortes autoinfligidos con una cuchilla, drogas, furia y dolor.
 Y este es el segundo milagro: ha sobrevivido a todo eso.
Tercer milagro: James es la prueba de que el arte y la belleza ayudan
. En el caso de James, es la música lo que amansó su fiera interior. Todos podemos y debemos recurrir a ello: cuanta más belleza en nuestras vidas, más fuera del tiempo y de la pena, más inmortales.
Pero aún queda por contar un cuarto milagro
. Aunque la existencia de Rhodes parece larguísima y convulsa, sólo tiene 40 años. Guau, eso es vivir deprisa.
 Como decía Lou Reed: mi día equivale a tu año.
 Pues bien, al final el autor apuesta por su segunda esposa, Hattie, y se atreve a dar unos consejos para el bien amar.
 Antes, al leer el libro, Rhodes me había parecido un hombre conmovedor y admirable, pero también furioso y herido, demasiado intenso como para tenerlo muy cerca. Pero en estas páginas finales habla de la convivencia con tan modesta, honda sabiduría que me ha dejado admirada. Como, por ejemplo: “Lo que más deteriora una relación es tratar de salir ganando”.
Pequeña gran verdad.
 Hace falta vivir mucho y pensar mucho para llegar a tan poco. O sea, que se puede aprender, aunque vengas con las heridas más crueles.
Se puede recomenzar una y otra vez. Aviso a navegantes para sortear los escollos de este año: recordemos que, como prueba Rhodes, siempre hay futuro.
 Nunca seremos tan jóvenes como hoy y la vida se conquista día a día.
@BrunaHusky
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