Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

13 abr 2020

El secreto del Dúo Dinámico para resistir juntos 62 años

Manuel de la Calva y Ramón Arcusa mantienen una relación personal y profesional intacta pese a vivir en dos continentes, y planean su próxima gira.

Manuel de la Calva (izquierda) y Ramón Arcusa, el Dúo Dinámico, en Madrid en julio de 2016.
Manuel de la Calva (izquierda) y Ramón Arcusa, el Dúo Dinámico, en Madrid en julio de 2016.LUIS SEVILLANO ARRIBAS

 María Porcel

En esta época en la que apuñala la nostalgia, amenaza la locura y en la moneda sale cruz, el mundo necesita de cánticos que levanten los ánimos y las gargantas. 
Y, bendecida por el destino, le ha tocado a Resistiré, la canción del Dúo Dinámico que Manuel de la Calva y Ramón Arcusa llevan cantando desde 1988.
 El tema lo compusieron De la Calva (la música) y el letrista Carlos Toro, autor de más de 1.300 temas. 
Ninguno de los tres termina de creerse el dulce momento del que era un himno y ahora es, casi, himno nacional.
Resistiré ha vuelto a poner de relieve al Dúo Dinámico.
 Nadie les había olvidado, no, estaban en ese magma de clásicos que subyace bajo la música de la radio, del día a día.
 Pero ellos siguen ahí, haciendo giras año tras año, cantando sus temas ante un público que les es fiel desde hace más de seis décadas.
 Aquellos dos jovencitos sonrientes que ya han cumplido 83 años fueron los primeros en generar un fenómeno fan en España y América Latina.
 “En los sesenta, vendían más discos que tocadiscos había en España”, anota Toro.

Ellos saben que de aquello sembrado, esto recogido. 
Son arduos trabajadores, artistas, que no estrellas. 
“Lo teníamos muy claro al principio, aunque suene pretencioso. 
Veníamos de trabajar en una empresa de motores de aviación, en la que habíamos entrado de aprendices y recogido las virutas de tornos y fresadoras.
 Cuando decidimos emprender algo nuevo y desconocido, tuvimos que renunciar a todo y comenzar otra vida”, explica a EL PAÍS Manuel de la Calva, recordando cómo fueron pioneros. “Incorporamos estilos novedosos en 1959: portadas en color y con fotos con calidad (parece mentira, ¿no?); pasar de grabar con cuatro músicos a grandes orquestas; inventar el merchandising vendiendo más de un millón de postales del Dúo en todos los quioscos de España…
 Y rodamos cuatro películas”.
Una familia de Logroño posa disfrazada en su balcón. En vídeo, 'Resistiré', la canción de la cuarentena. RAQUEL MANZANARES (EFE | VÍDEO: EPV)

Estos días gestionaban la gira que les iba a llevar, como cada verano, por fiestas y teatros de toda España. El coronavirus, obviamente, lo ha frenado. 

“No sabemos qué va a pasar”, reconoce la otra pata del dueto, Ramón Arcusa.

 “Yo desde Miami y Manolo en Madrid estamos en total comunicación, y nuestro WhatsApp echa humo.

 Pasamos la mayor parte del tiempo haciendo entrevistas y atendiendo a todos los que se interesan en estos momentos por lo que representa Resistiré”

 Y representa mucho.

 Explican desde Spotify que “el tema ha aumentado sus escuchas en más de un 435% desde el 15 de marzo y, en España, la canción permanece en el Top 50 más virales”.

Manuel de la Calva y Ramón Arcusa, el Duo Dinámico, durante un descanso en la grabación de un programa de RTVE, 1992.
Manuel de la Calva y Ramón Arcusa, el Duo Dinámico, durante un descanso en la grabación de un programa de RTVE, 1992.Domingo J. Casas
Cuenta Arcusa que son del todo conscientes del poder de la canción, que ya usó Pedro Almodóvar en ¡Átame! 
“Hemos cedido su uso a infinidad de grupos sociales: asociaciones de alzhéimer, de párkinson, de albergues juveniles, campañas de niños con cáncer, ahora a la Comunidad de Madrid, también nos lo han pedido para la patrulla Aspa del Ejército del Aire… 
Y si sirve de alivio y de esperanza para la solución de los problemas y males que nos asolan estos días, estaremos muy satisfechos y más que orgullosos de contribuir.
 Escuchar a millones de gargantas que cada día entonan nuestra canción nos impresiona y emociona”

 

Hablar de un grupo de 1958 en 2020 parece casi una reliquia, o un milagro. 
Más cuando el dúo se separó allá por 1973.
 Pero no son un grupo cualquiera. “Decidieron regresar a cantar en la fiesta de presentación de El Periódico de Catalunya.
 Era 1978. Su dueño, Antonio Asensio, se empeñó. 
La oferta fue tan irresistible que tuvieron que aceptar”, recuerda Carlos Toro, que además de letrista es periodista y editó una biografía oficial del grupo en 2001. 
Ramón de la Calva lanzará una nueva en junio.
“Cuando a principios de 1973 dejamos de cantar, no por necesidad sino porque estábamos demasiado bien acostumbrados y pensamos que ese era el momento de retirarnos, llamamos a José María Íñigo y le pedimos que nos dejara despedirnos en su programa Estudio abierto.
 Y empezamos a trabajar para otros cantantes", recuerda Manuel de la Calva. 
“Sería una lista interminable de títulos y artistas a los que produjimos, les compusimos canciones o hicimos los arreglos. Como productores, desde Los Chunguitos, José Vélez, Paloma San Basilio, Manolo Otero, Ángela Carrasco, ¡los Pitufos!, Massiel…, decenas de artistas, hasta trabajar más de 20 años con Julio Iglesias”, explica Arcusa.

Tras su parón en 1973, vuelven cinco años después.
 “Julio Iglesias les prestó todo, su equipo, a sus músicos", recuerda Toro. 
Con él escribieron, a seis manos, Soy un truhán, soy un señor.
 Tras una temporada en Miami, De la Calva regresó a España, pero Arcusa, que colaboró con Iglesias hasta bien entrados los noventa, se asentó allí.
 Aún así, la comunicación intercontinental es fluida. “Somos ante todo pragmáticos y el respeto ha sido la base de nuestra relación”, defiende Arcusa.
 “También porque el éxito une y el fracaso separa
. Casi nadie sabe que las canciones que cantamos, aunque la mayor parte las hayamos firmado juntos, son de uno o del otro, y aunque hemos sugerido mejoras a las del otro, siempre ha primado la idea del original.
 Una vez sí que estuvimos distanciados por culpa de una chica, que primero eligió a uno y después al otro.
 Pero solo duró un mes. Y si no estamos de acuerdo en algo y nos hemos de decir palabras gruesas, lo hacemos por e-mail y santas pascuas.
 Y nunca más hablamos de ello en persona. Así 60 años… ¡Qué cruz…!”, dice, en tono de broma, a lo que De la Calva salta con un cariñoso. “¡Oye…!”
Manuel de la Calva y Ramón Arcusa, el Dúo Dinámico, durante un concierto en Sitges en 2019. Foto: DANIEL PORTES
Manuel de la Calva y Ramón Arcusa, el Dúo Dinámico, durante un concierto en Sitges en 2019. Foto: DANIEL PORTES
Todo el que ha trabajado con el Dúo Dinámico destaca de ambos su sencillez, su humildad. "Son de una naturalidad total. Eso les define. 
En su vida, con sus familias. Entras en sus casas y no sabes que estás en casa de un artista, de un creador. 
Tienen una total ausencia de divismo. Y por añadidura son grandes profesionales”, explica Toro.
 Hoy, son profesionales del confinamiento: “A rajatabla”, confiesan.
En Miami, Ramón no pierde las buenas costumbres.
 “Toca cocinar. Es de los pocos momentos del día que alegra el confinamiento.
 Es tiempo de probar cosas, de inventar, ya que queda mucho tiempo después de lavarte las manos 100 veces. 
Mi esposa Shura y yo compramos pan el otro día, que estamos dejando secar para hacer unas torrijas, que es tiempo. Y esperaremos cada mañana las noticias, que las cifras y los gráficos dejen de ser tan negativos y empecemos a ver la luz, y que más pronto que tarde recuperemos la normalidad.
 De esta, todos saldremos mejores y más fuertes, estamos seguros”. Manolo, igual: 
"Aprovecho para leer muchos libros que no había terminado; hago un poco de ejercicio, hablo mucho con mi esposa, que es una buena conversadora y cuando llegan las ocho, cinco minutos de aplausos con todos los vecinos…”. Y, de fondo, siempre Resistiré.
 

Miriam y Cari Lapique, dos estilos diferentes de vivir en la ‘jet set’ española

La vida discreta de la hermana menor, viuda de Alfonso Cortina, contrasta con la más mediática de la mayor relaciones públicas y casada con Carlos Goyanes.

Cari Lapique y Miriam Lapique durante un acto del grupo Nuba en Madrid, en 2017.
Cari Lapique y Miriam Lapique durante un acto del grupo Nuba en Madrid, en 2017.GJB / GTRES

 Maite Nieto

En España, como en muchos otros países, la llamada alta sociedad lo es por cuna, por fama o por economía. 

En el caso de la familia Lapique todos esos mundos se han cruzado en dos de sus miembros más conocidos, las hermanas Miriam y Cari Lapique, la primera de ellas de actualidad reciente por haber perdido a causa del coronavirus a su marido, el empresario Alfonso Cortina. 

 La madre de ambas era Caritina Fernández de Liencres y Liniers, presencia frecuente de la alta sociedad madrileña de los años sesenta y setenta, casada con el abogado Manuel Lapique, un pareja que igual se dejaba ver en los tablaos madrileños donde se reunían artistas, empresarios y nobleza, como en las fiestas de esa Marbella que ya empezaba a florecer de la mano de Alfonso de Hohenlohe

Se la conocía como vizcondesa de Villamiranda, y así incluso figuró cuando la revista ¡Hola! informó sobre su fallecimiento, ocurrido el 10 de septiembre de 2015. 

Pero tal título nunca llegó a ser suyo por esas idas y venidas familiares que dejan por el camino algunos honores menores, en este caso el vizcondado de Villa de Miranda, que para todos los efectos dejó de existir en el año 1991, según publicó ABC tras consultar a la Diputación de la Grandeza de España.

Con o sin título, de los hermanos Lapique, Manuel, Pedro, Miriam y Cari, han sido las féminas las que, de distintas maneras y con diferentes estilos de vida, más se han asomado a los medios de comunicación. Cari Lapique, 67 años, en estos tiempos sería una influencer, aunque ese término ni se había inventado cuando ella brillaba en las fiestas marbellíes. Comenzó trabajando como vendedora en una de las boutiques de El Corte Inglés del Paseo de la Castellana y, después, durante casi 15 años, tuvo su propia tienda de la exclusiva marca Cèline en Madrid. 

Pero su notoriedad pública llegó de la mano del empresario Carlos Goyanes, con quien se casó en Marbella en 1975, después de que él lo estuviera durante tres años con la actriz y cantante Pepa Flores, Marisol, a quién descubrió su padre, el productor Manuel Goyanes.

Cari Lapique y Calos Goyanes con sus hijas Carla y Caritina y sus yernos Jorge Benguría y Antonio Matos, en 2013.
Cari Lapique y Calos Goyanes con sus hijas Carla y Caritina y sus yernos Jorge Benguría y Antonio Matos, en 2013.GDG / GTRES
Cari Lapique y Calos Goyanes con sus hijas Carla y Caritina y sus yernos Jorge Benguría y Antonio Matos, en 2013.
Cari Lapique y Calos Goyanes con sus hijas Carla y Caritina y sus yernos Jorge Benguría y Antonio Matos, en 2013.GDG / GTRES
Una primera boda que paralizó España porque la fama de Marisol estaba en pleno apogeo, y un segundo bodón, con Cari Lapique, en el que firmó como testigo Carmen Franco, la hija del dictador, y al que acudió todo el que pintaba algo en la jet set patria de la época. Después llegaron dos hijas, Caritina y Carla, un escándalo que llevó a Carlos Goyanes a pasar cinco meses en la cárcel como presunto implicado en la Operación Mago contra el narcotráfico, y muchas portadas en las revistas del corazón.
 El oscuro episodio quedó en el pasado después de ser absuelto y la familia se recompuso y reanudó una vida más centrada y tranquila en la que sus hijas tomaron el relevo en las revistas durante los años en los que algunos noviazgos sonados las convirtieron en noticia rosa.
Miriam Lapique, que el próximo 21 de abril cumplirá 63 años, ha llevado una trayectoria mucho más discreta que su hermana pero está aún mejor relacionada.
 Casada con el empresario Alfonso Cortina que falleció el 6 de abril a los 76 años a causa del coronavirus, siempre ha ocupado un discreto segundo plano en ese círculo social exclusivo que reúne a empresarios y socialités en actos y eventos de lo más diverso.
 A muchos de ellos asistía acompañada por su hermana, también con su marido, nieto del que fuera alcalde de Madrid Alberto Alcocer y Ribacoba, hijo de Pedro Cortina, ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Carlos Arias Navarro y hermano del polémico empresario Alberto Cortina. 

Miriam Lapique con su esposo, Alfonso Cortina, en Madrid en octubre de 2019.
Miriam Lapique con su esposo, Alfonso Cortina, en Madrid en octubre de 2019. / Europa Press
El matrimonio siempre ha dado la imagen de una pareja unida desde que se casaron en octubre de 1979 en la parroquia marbellí de Nuestra Señora de la Encarnación, y su presencia en la vida social ha sido más moderada que la de su hermana, aunque por la profesión de Alfonso Cortina y las amistades de ambos sí se les ha podido fotografiar en alguna reunión feliz o luctuosa de ese grupo exclusivo en el que las relaciones fluctúan al mismo ritmo que los negocios y la diversión. 
El éxito de su unión ha sido, a juicio de observadores cercanos, que Miriam Lapique primó siempre ser el apoyo y la compañía de su esposo en los numerosos viajes y compromisos a los que le obligó su profesión a lo largo de los años.
Alfonso Cortina llegó a ser presidente de Repsol y Portland Valderribas pero desde que se jubiló se volcó en la finca que tenía en Ciudad Real, en Retuerta del Bullaque, que pasó de ser un lugar de recreo al lugar donde comenzó a plantar viñas como entretenimiento, a crear un vino como diversión, Pago de Vallegarcía, y a convertirlo en un negocio que producía 200.000 botellas anuales que llegaban a distintos países de Europa, China y Japón. 
Un negocio en el que le sirvieron de mucho los consejos de su gran amigo Carlos Falcó, marqués de Griñón, que también falleció el 20 de marzo a causa de la Covid-19. 
En esta finca se encontraba con su esposa cuando se empezó a encontrar mal y tuvo que ser ingresado en un hospital de Toledo y la vida descargó su golpe más duro sobre Miriam Lapique.

 

12 abr 2020

Observó las miserias de Elizabeth Taylor y nunca habló con ella

Observó las miserias de Elizabeth Taylor y nunca habló con ella: Catherine Opie, la fotógrafa de la intimidad de la actriz.

La artista visual tuvo un acceso inusual y exclusivo todos los recuerdos y objetos valiosos de la mansión de la actriz, quien hace nueve años falleció, en ‘700 Nimes Road’.

Observó las miserias de Elizabeth Taylor y nunca habló con ella: Catherine Opie, la fotógrafa de la intimidad de la actriz
La mesilla de noche de la actriz. Foto: © Catherine Opie, Courtesy Regen Projects, Los Angeles and Lehmann Maupin, New York, Hong Kong, and Seoul 
 
La fotógrafa Catherine Opie nunca habló ni vio en persona a Elizabeth Taylor, pero a pesar de ello es una de las personas que en mayor profundidad conoce todos los secretos de la estrella de Hollywood.
 En el otoño de 2010 un contable que casualmente gestionaba las cuentas de ambas, Derek Lee, le preguntó a Opie si podría estar interesada en hacer algo con la actriz. 
En un principio ella, cuyo trabajo es mundialmente reconocido por sus retratos queer y los paisajes estadounidenses con una fuerte carga simbólica, se extrañó cuando oyó la propuesta.
No obstante, después de meditarlo y de que le viniera a la cabeza el proyecto que en 1984 William Eggleston realizó en Graceland, donde retrató la mansión del mismo nombre propiedad de Elvis Presley siete años después de su fallecimiento, accedió a hacer algo parecido. 
 Es decir, a documentar con su cámara y con una precisión casi quirúrgica todos y cada uno de los objetos y recuerdos que habitaban en 700 Nimes Road, el caserón en el que la protagonista de Cleopatra vivió desde 1981 hasta sus últimos días en el exclusivo barrio de Bel-Air, en Los Ángeles.
Su colección de zapatos de Chanel y su gato, Fang. Foto: © Catherine Opie, Courtesy Regen Projects, Los Angeles and Lehmann Maupin, New York, Hong Kong, and Seoul 

¿Nunca se le pasó por la cabeza pedirle que, aunque solo fuera por un día, posara para ella? “No, esa nunca fue realmente mi intención. 
Pensé que eso probablemente sería mucho pedir. 
Sabía que no estaba en su mejor momento de salud y, realmente, quise lidiar con la idea de cómo representar a alguien a través de sus pertenencias en lugar de fotografiar a una figura tan icónica. De ese modo pude hacer un trabajo más humanista y un retrato más veraz observando y tomando solamente imágenes del hogar”, dijo la propia Opie en 2016 en una entrevista radiofónica que concedió a la emisora californiana KPCC.
Contra todo pronóstico, al séquito de Taylor no le desagradó la idea. 
Tim Mendelson, quien fuera su asistente personal y confidente, charló con la fotógrafa sobre sus verdaderas intenciones y, tal como explicó a la revista LAmag, le convenció fácilmente porque no iba a ser el típico reportaje de casas de celebridades propio de Architectural Digest
 “Iba a darle un toque diferente.
 Ella (refiriéndose a Opie) no es una chica femenina, mientras que Elizabeth sí lo es.
 Pensé que podría ser interesante”, agregó al respecto.
 Así fue como desde noviembre de 2010 y durante seis meses, entre dos y tres veces por semana, tuvo total acceso a esta vivienda con seis habitaciones y seis baños que pretéritamente perteneció a Nancy Sinatra, la hija del irrepetible Frank Sinatra

El célebre collage que Andy Warhol hizo con su rostro.
A pesar de que tomó nada más y nada menos que 3.000 instantáneas, en el libro 700 Nimes Road la artista hizo una criba de 129
. En él aparecen armarios llenos de ropa de Chanel (sobre todo zapatos de la maison francesa); el vestido amarillo de gasa diseñado por Irene Sharaff con el que se casó en 1964 con Richard Burton (en su primera boda con el actor, ya que volvieron a darse el sí quiero en 1975 por segunda vez); muchas fotografías perfectamente enmarcadas en las que pueden verse al propio Burton o a su amigo Michael Jackson; sus tres Óscar o su curiosa colección de perfumes, ya que únicamente usaba los diseños de su propia marca.
En los primeros meses Opie iba y venía de la casa con total normalidad, pero el 23 de marzo de 2011 ocurrió algo inesperado. En aquella fecha Elizabeth Taylor, a la edad de 79 años, murió tras sufrir una insuficiencia cardíaca.
 La fotógrafa todavía no había acabado de retratar todas las pertenencias acumuladas durante décadas en aquel santuario, así que temió que los más próximos a la actriz le prohibiesen el acceso. Aquello no ocurrió, todo lo contrario. 
“Me enteré de su muerte el día que falleció. 
Fue un momento difícil a pesar de que no mantuve una relación personal con ella, aunque sí que me involucré muy emocionalmente con las personas que estaban a diario en su vida. 
Los administradores y su familia me dieron su permiso para continuar con el trabajo, lo cual fue un gran regalo para mí”, afirmó en 2016 a Business Insider.

Su tocador, lleno de labios de Dior, entre otros cosméticos.  
Foto: © Catherine Opie, Courtesy Regen Projects, Los Angeles and Lehmann Maupin, New York, Hong Kong, and Seoul 

Teniendo en cuenta las circunstancias, tuvo que darse prisa porque era consciente de que la vivienda iba a tener un nuevo propietario millonario más pronto que tarde y, además, se hizo público que Christie’s iba a vender en varios lotes todos aquellos valiosos objetos.
 Obviamente, las estrellas de aquella subasta que finalmente aconteció en diciembre de 2011, en la que se recaudaron 156,7 millones de dólares, fueron su colección de 300 joyas.
 Entre ellas se encontraba el diamante Krupp de 33,19 quilates que Richard Burton le compró en 1968 y que sus más allegados dicen que se ponía cada noche para
 dormir, vendido por 8.8 millones de dólares, o un anillo de diamantes amarillos de Bvlgari que alcanzó los 962.500.
 Sea como fuere, lo que aquí importa es que Opie pudo terminar su misión a tiempo y que, gracias a ella, los recuerdos de Taylor sobrevivirán eternamente a través de unas imágenes que nos ayudan a comprender cómo era la actriz en la más estricta intimidad.

 

 

 

Cuarentena con Andy y Jerry González, por Fernando Trueba

El director de cine y productor musical propone escuchar a los hermanos nacidos en el Bronx, abanderados del jazz latino.

 
El músico de jazz latino Jerry González.
El músico de jazz latino Jerry González.
Esta semana murió Andy González, tenía 63 años y tres meses, los mismos que su hermano Jerry González, muerto hace año y medio en su madrileño barrio de Lavapiés.
 

El músico de jazz latino Jerry González.
El músico de jazz latino Jerry González.
Esta semana murió Andy González, tenía 63 años y tres meses, los mismos que su hermano Jerry González, muerto hace año y medio en su madrileño barrio de Lavapiés.
Andy fue el bajista del jazz latino.
 Debió de tocar en varios centenares de discos. Jerry era un maestro en la trompeta y las cogas y un líder carismático.
 Eran dos niños del Bronx, que vivieron en primera línea el renacer cultural puertorriqueño en Nueva York y los conflictos sociales que lo acompañaron.
La selección se cierra con el único tema que conozco escrito por Andy, y lo toca en trío con Arturo O’Farrill en piano y el gran Dafnis Prieto en batería.

Lideraron el Grupo Folklórico y Experimental Nuevayorkino en los setenta, donde ya se veía lo más profundo de su personalidad, su respeto a la tradición y su vanguardismo experimentador, lo que en ellos no era en absoluto contradictorio. 
Como tampoco su latinidad y su americanidad. 
Esto último quedaría patente en su trabajo al frente de la Fort Apache Band, que si bien nunca conoció el éxito, fue un grupo de culto, los músicos “sabían”, eran jazzistas puros.
 Su Rumba para Monk explica como tal vez ningún otro disco lo que es el jazz latino.