Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

10 abr 2020

50 años sin The Beatles: por qué la banda más grande tuvo un final tan mezquino

Un tabloide que fuerza unas palabras de Paul McCartney y dos amigos que acaban accionando el ventilador de los odios.

 Un ocaso sombrío para un grupo que llenó de felicidad al mundo.

George Harrison, Ringo Starr, Paul McCartney y John Lennon: The Beatles en 1967. En vídeo, así fue la separación de los Beatles. VÍDEO: EPV

Carlos Marcos

Utilizaron a Ringo. 
Era el procedimiento habitual. 
El batería ejercía el papel de correveidile perfecto, el mensajero de las noticias malas para Paul McCartney, un tipo simpático y bondadoso que podía suavizar el mensaje.
 Los que lo enviaban eran, claro, John Lennon y George Harrison. Así que una vez más el bueno de Ringo Starr se presentó en casa de McCartney. 
 “Eee, hmmm, que hemos decidido John, George y yo que no puedes sacar tu disco en solitario en abril.
 Aquí tienes el escrito”. McCartney vociferó, insultó, señaló a Ringo con el dedo erguido, le lanzó su abrigo y lo empujó hacían la salida.
 Era marzo de 1970. Un mes después el grupo más grande de la historia del rock se había separado. 
Fue un final chusco. ¿Final? No se celebró una rueda de prensa para anunciarlo. 
 Solo mensajes entrelíneas, una manipulación periodística y el ventilador de los odios esparciendo munición.
 Un episodio enmarañado que echó un cierre amargo a diez años que hicieron felices al mundo.
 Ocurrió hace justo medio siglo.
“Ellos oficialmente nunca se disolvieron. No hubo ningún comunicado.
 Es por eso que mucha gente durante los setenta estaba esperando a que volviesen a grabar”, cuenta por teléfono desde su encierro en su casa londinense el escritor Philip Norman (Londres, 76 años), una de las personas que más sabe de los de Liverpool, con media docena de libros publicados: 
Shout!: The True Story of the Beatles, Days in the life: John Lennon Remembered o Paul McCartney: La biografía (Malpaso, 2017).
El conflicto aquel marzo de 1970 era el siguiente. 
Paul McCartney se proponía editar su primer disco en solitario, McCartney, en abril, con el sello del cuarteto, Apple Records. 
El escollo: Let It Be estaba programado para salir a la calle en mayo, también con Apple Records. 
Alguien reparó, no sin razón, que aquella competencia era absurda. Solución: que Paul posponga su álbum.
“Había algo de mezquino en la relación entre Paul y John. Pero esa competitividad era parte de lo que les hizo ser tan brillantes juntos: retándose para conseguir logros artísticos mayores.

El amor les mantuvo unidos, pero la presión les hizo comportarse de manera lamentable, sobre todo al final”, dice el escritor Peter Ames Carlin, autor de ‘Paul McCartney. La biografía’
La relación entre los cuatro era demasiado tóxica en aquellos tiempos. 
La elaboración de Abbey Road (último grabado por la banda; aunque Let It Be se publicó después, se registró con anterioridad) puso al límite la capacidad psicológica de los cuatro. Todos se desahogaron en las canciones.
 Harrison aprovechó la guerra entre Lennon y McCartney para colocar en Abbey Road dos de sus mejores obras, Something y Here Comes the Sun
Ringo Starr coló Octopus’s Garden, una metáfora acuática que revelaba lo que sentía con los Beatles: 
“Me gustaría estar debajo del agua”, y Paul McCartney dedicaba You Never Gime Me Your Money (Nunca me das tu dinero) a su bestia negra, Allen Klein.
Hay que dedicar un espacio en esta historia a Klein, un tipo turbio que saneaba empresas cortando las cabezas necesarias.
 Fue recomendado a los Beatles por Mick Jagger (otro cerebro de la contabilidad) cuando los agujeros de la tesorería de Apple eran profundos.
 McCartney se negó a aceptarle: sabía de su falta de escrúpulos y de su exigencia para trabajar con los de Liverpool, el 20% de las ganancias.
 McCartney prefería que se ocupase del papeleo de la banda su suegro, el abogado Lee Eastman, padre de su pareja, Linda
. Lennon fue el máximo defensor de Klein y Harrison y Starr también dieron el “sí, vale”.
 La película se podía llamar Todos contra Paul.
La furia de McCartney lo llenó todo.
 Llamó a los principales despachos de Apple, a mánagers, a periodistas, a gente influyente… Hasta que Ringo, otra vez el bonachón batería, convenció al resto para que le dejaran publicar su primer disco en solitario antes que Let It Be.
 Y llegó la venganza de Paul. Los primeros ejemplares de McCartney adjuntaban una extraña entrevista (o autoentrevista) donde el artista explicaba las motivaciones para grabar fuera de la banda.
 Escudriñada entrelíneas y conociendo el ecosistema contaminado estaba claro, pero no existía un mensaje concreto sobre el gran tema.
 La entrevista consta de una veintena de preguntas, pero las claves son estas tres:


Pregunta. ¿Este álbum es una separación de los Beatles o el inicio de una carrera en solitario?
Respuesta. El tiempo lo dirá. Que sea un disco en solitario significa que es el inicio de una carrera en solitario y que no lo haya hecho con los Beatles significa que es un descanso.
Pregunta. ¿Esta separación de los Beatles es temporal o permanente, y se debe a diferencias personales o musicales?
Respuesta. A diferencias personales, empresariales y musicales, pero más que nada a que me lo paso mejor con mi familia [Linda Eastman, pareja de Paul, era la única persona que participaba en el disco: lo tocó todo McCartney]. ¿Temporal o permanente? En realidad, no lo sé.
Pregunta. ¿Prevés en algún momento en el futuro que Lennon y McCartney compongan juntos?
Respuesta. No.

No parecen opiniones que diesen esperanzas a los seguidores del cuarteto, pero ¿se dice en algún momento que los Beatles se han disuelto? No claramente.
 “En realidad, no lo sé”, desliza McCartney. Los primeros ejemplares del disco, con la parodia de entrevista, se distribuirían a los medios el 10 de abril. 
Y aquí entra el tabloide Daily Mirror.
 Un periodista de ese diario se hizo con un ejemplar de la entrevista el día anterior, 9 de abril.
 La mañana del 10 de abril una tirada espectacular de ejemplares inundaba los kioscos con un titular a página entera: “Paul McCartney abandona los Beatles”.
 ¿Se deduce eso de la famosa entrevista? Sí, pero no. 
Dio igual. El silencio del resto del grupo, de Allen Klein y de los demás implicados daba oficialidad a ese titular. 
Al final, un periódico sensacionalista anunció el adiós del grupo.

La artillería más dañina estaba aún por aparecer. John Lennon encolerizó.

 Él fue el que el 20 de septiembre de 1969, en una reunión en las oficinas de Apple, había expresado su deseo de dejar los Beatles. 

Pero decidieron que no se hiciera público, ya que había proyectos en marcha, como Let It Be.

 “John fue el que antes se cansó de ser un beatle. Y buscó una salida. 

Pero no encontró el camino hasta que conoció a Yoko Ono. Ella fue la persona que le dijo: 

‘No tienes que estar en la banda si no te apetece’. Eso ocurrió en 1967. Así que fue una despedida muy lenta”, cuenta Philip Norman. 

Lennon era ya el tercer beatle que había amagado con marcharse. El primero fue Ringo Starr (que de hecho se marchó), luego Harrison y en el ocaso del grupo, Lennon.
 Paul no había abierto la boca. “Al final de su carrera los Beatles se sentían como en una prisión. 
 Decidieron no hacer conciertos en directo porque no se escuchaban los instrumentos, apagados por los gritos de la gente.
 Se apartaron del foco público ya que no soportaban la presión. 
Y crearon su propio mundo. Siempre estaban los cuatro juntos. Cuando se llevaban bien no había problema, pero cuando arreciaron las tensiones era una tragedia.
 El que intentó mantener al grupo con vida siempre fue Paul. Él era consciente de que si no tiraba del carro era el final”, cuenta Norman.
Aquella autoentrevista de McCartney provocó la ira de su compañero.
 Lennon llamó a su periodista de cabecera, Ray Connelly, para ofrecerle unas declaraciones: 
“Está adjudicándose el mérito de romper el grupo cuando yo lo dije en septiembre”, espetó. 
“Había algo de mezquino en la relación entre Paul y John. 
Pero esa competitividad era parte de lo que les hizo ser tan brillantes juntos: retándose para conseguir logros artísticos mayores. 
El amor les mantuvo unidos mucho tiempo, pero la presión de la fama llegó a un punto que les hizo comportarse de manera lamentable, sobre todo al final”, dice desde su confinamiento en Nueva York el escritor Peter Ames Carlin (Nueva York, 56 años), autor de Paul McCartney. La biografía (Viceversa, 2010).

La policía intenta impedir que fotógrafos y seguidores se acerquen a Paul McCartney y Linda Eastman el día de su boda civil. Fue en marzo de 1969. Pocos meses después, John Lennon anunciaría a sus compañeros que quería dejar la banda.
La policía intenta impedir que fotógrafos y seguidores se acerquen a Paul McCartney y Linda Eastman el día de su boda civil. Fue en marzo de 1969. Pocos meses después, John Lennon anunciaría a sus compañeros que quería dejar la banda.Bettmann / Bettmann Archive
En la guerra Paul/John, la prensa y la mayoría de los seguidores se posicionaron por el segundo. 
Mientras McCartney se deprimía por las malas críticas a su disco de debut, Lennon quedaba con periodistas influyentes, los trataba con inusitada amabilidad para ser una estrella arrogante y les contaba que el judas se llamaba Paul.
 Le creyeron. Los dos amigos ponían fin a su relación.
 John se enamoró de Yoko y Paul de Linda, ambos usaron a sus parejas como reemplazo del otro.
El siguiente movimiento de McCartney deterioró aún más su imagen.
 McCartney no podía admitir que el 20% de sus ganancias fueran a los bolsillos de Allen Klein.
 Y puso una demanda contra los Beatles. Paul se defendió, aunque removiera porquería íntima. 
“Paul llegó a decir que Klein había intentado congraciarse con él poniendo a parir a John, y sobre todo a Yoko, cuando la pareja no estaba delante”, dice Ames Carlin.
 Años más tarde la justicia dio la razón a McCartney y los Beatles (los cuatro, no solo Paul) recuperaron el porcentaje de Klein.

 

Durante los meses siguientes se recrudeció la guerra. 
Paul dedicó a John algunos mensajes nada elogiosos en su siguiente disco, Ram (1971). Lo hizo de forma sutil. 
Lennon, sin embargo, escribió temas como How Do You Sleep (de Imagine, 1971) desde el odio y sin careta, con frases como estas: “Lo único que hiciste fue Yerterday” o “el error que cometiste está en tu cabeza”. 
“Es triste que una banda tan alegre tuviese un final tan doloroso. Proyectaron tanta luz en el mundo que se pasa por alto la oscuridad que les rodeaba al final. 
La ola de amor que dieron tuvo una resaca: las presiones de la fama y el lado oscuro de la adoración que sentían por ellos sus admiradores”, reflexiona Ames Carlin.
El año 1970 vio seis discos de miembros de los Beatles: los mencionados Let It Be y McCartney, dos en solitario de Ringo Starr (Sentimental Journey y Beaucoups of Blues), uno de John Lennon (John Lennon/Plastic Ono Band) y uno (triple) de George Harrison (All Things Must Pass). 
 En ellos hay material suficientemente bueno como para tumbar la discografía entera de bandas ahora muy consideradas.
Mientras el mundo lloraba el final de la banda más grande de la historia del rock, en España, ese mismo 1970, nacía una estrella. Julio Iglesias, un joven de 26 años, representaba a España en Eurovisión con Gwendolyne.
 Quedó el cuarto, pero no hay nadie como él para sacar provecho de la derrota.
 Iglesias comenzó la conquista del mundo también justo hace 50 años.
 Y todavía sigue en la cima.

 

La calle tendrá que esperar: la lenta salida del confinamiento

Expertos en salud pública vaticinan que la vuelta a la normalidad solo llegará con la vacuna o cuando el 60% de la población haya pasado la enfermedad.

Larguísimas colas de ciudadanos para comprar en un hipermercado de un centro comercial. KIKE PARA / VÍDEO: ATLAS

Pablo Linde

|Jessica Mouzo

La prórroga del estado de alarma que aprobó este jueves el Congreso vino acompañada de dos advertencias del presidente del Gobierno.

 La primera es que no volveremos a la normalidad hasta que haya una vacuna en el mercado, lo que puede tardar al menos un año.

 La segunda, que con toda seguridad tendrá que volver al Parlamento a solicitar la ampliación del plazo de este periodo excepcional, lo que sitúa el horizonte en, al menos, el 10 de mayo. 


Pero estado de alarma y confinamiento no son sinónimos. Permanecer encerrados en casa hasta mediados de mayo es una posibilidad, pero el propio Pedro Sánchez advirtió hace una semana de que las restricciones no serán siempre las mismas. 
Igual que en esta nueva prórroga han vuelto al trabajo personas de sectores no esenciales, en la siguiente se podrían tomar medidas que abran la mano también para el resto de los ciudadanos.
 La ministra portavoz, María Jesús Montero, ya adelantó este miércoles que probablemente a partir del 26 de abril se podría empezar a regresar a la normalidad. 
El titular de Sanidad, Salvador Illa, es más prudente. 
 Su departamento, insiste, está trabajando en un plan de desescalada de medidas, pero se tienen que tomar con prudencia y si se dan las condiciones necesarias.
 También será necesario, en su opinión, que para entonces los sistemas de salud sean capaces de detectar de forma temprana los casos, para trazarlos y aislarlos.
¿Qué tendría que suceder para que en dos semanas comenzara a haber alguna relajación de las medidas entre la ciudadanía?
 La mayoría de epidemiólogos especula con que sería posible empezar las primeras salidas a la calle, siempre en solitario, respetando las distancias con otras personas, o con niños, cerca del domicilio.
 Pero para ello, explica Pedro Gullón, vocal de la Sociedad Española de Epidemiología, será necesaria una caída sostenida de los casos y los ingresos en las UCI.
 “Están empezando a bajar, pero tendríamos que ver que sucede mucho más rápido”, asegura. 

También será necesario, en su opinión, que para entonces los sistemas de salud sean capaces de detectar de forma temprana los casos, para trazarlos y aislarlos.
La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas) publicó el miércoles un documento en el que abordaba cómo se debería llegar a esta fase de desconfinamiento.
 Aunque no pone fechas, asegura que, en una segunda fase de control de la epidemia, es deseable ir relajando algunos aspectos de la cuarentena para mitigar su impacto social y económico. “Seguramente los eventos de masas habrán de esperar, pero podrían retomarse actividades productivas que permitan minimizar la probabilidad de infección, además de aliviar el confinamiento extremo de diversos grupos, como los niños”, asegura el documento.

Pero para llegar a esa segunda fase, la Sespas también pone unas condiciones. 
Propone una segmentación territorial, ya que no en todas las regiones la pandemia está en la misma fase. 
También considera necesaria una reducción de la transmisión, que pasa por mejorar los esfuerzos en la detección precoz, generalizar el uso de mascarillas en lugares públicos y de trabajo, y establecer una monitorización social para comprobar la aceptación y el cumplimiento de las medidas.
“El escenario que nos va a permitir tomar medidas de desconfinamiento es la reducción de los casos.
 Sabemos que el infradiagnóstico es enorme. Ahora estamos en una meseta, pero no vemos que las cifras bajen. 
 Y mientras eso no ocurra, es imprudente rebajar las medidas. No hay base para decir eso, ninguna certeza”, advierte Francisco Bolúmar, catedrático de Epidemiología en la Universidad de Alcalá.

Medidas progresivas

La Sespas también señala que será necesario conocer el estado inmunológico de la población. 
Según sea mayor o menor, la reversión de las medidas de forma progresiva podrá ir más o menos rápido. 
María José Sierra, portavoz de Sanidad, recordó el jueves que el ministerio, a través del Centro Nacional de Epidemiología y del Instituto Nacional de Estadística, está preparando una encuesta serológica para comprobar cuántas personas han pasado la enfermedad y están, supuestamente, inmunizadas. 
Según la Sespas, para poder hablar de inmunidad de rebaño, es decir, para que haya una cantidad suficiente de población como para hacer de barrera frente al virus, será necesario que pase la Covid-19 un 60% de la ciudadanía. 
En este momento, los cálculos que apuntan más lejos cifran el contagio en alrededor de un 15%, si bien será necesario esperar cuatro semanas para que se conozca el resultado del estudio de Sanidad.
“Hasta que no alcancemos un nivel de inmunidad alto, tendremos subidas y bajadas y deberemos ir abriendo y cerrando la mano, afinando más los sectores en los que incidir. 
Se está frenando mucho la transmisión ahora y eso nos permitirá hacer una vigilancia epidemiológica extrema, mirar más caso a caso y sus contactos”, apostilla Joan Ramon Villalbí, expresidente de la Sespas.
En Alemania se presentaron el viernes los resultados preliminares del estudio realizado en Heinsberg, la zona conocida como el Wuhan alemán, al oeste del país, donde el virus se propagó con especial virulencia.
 Allí, donde la curva ya se está aplanando, los científicos llevan a cabo un exhaustivo estudio desde hace dos semanas y han hallado que el 15% de las personas analizadas están o estuvieron infectadas, buena parte de ellas asintomáticas o con síntomas leves, y ahora están inmunizadas. 
De ellas, solo el 2% está actualmente infectado.
 La tasa de mortalidad entre la población estudiada es de 0,37%, cinco veces menor de la que actualmente se registra en Alemania, lo que corrobora las sospechas de que la cifra de infectados es mucho mayor que la diagnosticada. 
El estudio, en el que participan mil habitantes del distrito debe aún completarse y publicar sus resultados definitivos.
 En esta primera fase han participado 500 vecinos, informa Ana Carbajosa.
Con todo, el impacto del factor inmunitario cojea por la falta de información sobre los anticuerpos que genera el organismo contra el coronavirus. 
“Creemos que la persona que ha pasado la enfermedad puede ser inmune durante un tiempo, pero no sabemos cuánto ni si este virus mutará”, apunta Villalbí. Coincide Bolúmar:
 “Estos virus tienen una inmunidad imperfecta, no es permanente. Si nos basamos en la que dio el SARS o la gripe, la inmunidad es de algunos meses”.
La vuelta a la vida anterior a la epidemia tendrá que adaptarse a todas estas variantes, pero como dijo Sánchez, puede que sin una vacuna no sea completamente normal.
 

9 abr 2020

Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles, 15 años casados y muchos más de oculto amor

La esposa del príncipe heredero ha conseguido revertir las encuestas de popularidad en las que era penalizada por su rivalidad con Diana de Gales.

Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles, en Gales, en 2018.
Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles, en Gales, en 2018.Chris Jackson / Getty Images

Patricia Tubella

 

Se conocieron cuando eran dos veinteañeros y la atracción fue instantánea, según el relato que a lo largo de los años han venido desgranando allegados de Carlos de Inglaterra y de la que hoy es su segunda mujer, Camilla, duquesa de Cornualles
La pareja de septuagenarios festeja este 9 de abril sus tres lustros de casados
 Y, quizás en privado, también las casi cinco décadas de una relación con intermitencias, pero muy sólida, que sobrevivió a sus respectivos e insatisfactorios matrimonios con otros cónyuges hasta convertirlos en los amantes-protagonistas de una de los grandes culebrones de la monarquía inglesa contemporánea. 
El grueso del público británico mira hoy por encima del lejano Dianagate y, aún más en tiempos del Covid-19, celebra benévolo que el heredero de la corona haya superado el periodo de aislamiento al que le obligó el leve contagio del virus para reunirse de nuevo con la mujer de su vida.

Por aquel entonces solo un 7% de los británicos sondeados por YouGov aceptaban la idea de una Camilla reina, ante el supuesto de la muerte de Isabel II y la consiguiente ascensión al trono de Carlos
Hace pocos meses, en cambio, un 55% de los consultados por la misma empresa ya aceptaban la idea de Camilla como reina “consorte”, y solo un 32% exigía relegarle a un título inferior, aunque siempre subrayando su papel de compañera del ocupante del trono.
Foto oficial de la boda del príncipe Carlos de Inglaterra y Camilla (en el centro). A la izquierda de él, sus hijos Enrique y Guillermo. A la derecha de ella, sus hijos Tom y Laura. Sentados, de izquierda a derecha, el duque de Edimburgo y su mujer, la reina Isabel II; y el padre de la novia, Bruce Shand.Foto oficial de la boda del príncipe Carlos de Inglaterra y Camilla (en el centro). A la izquierda de él, sus hijos Enrique y Guillermo. A la derecha de ella, sus hijos Tom y Laura. Sentados, de izquierda a derecha, el duque de Edimburgo y su mujer, la reina Isabel II; y el padre de la novia, Bruce Shand
Por razones de prevención médica la pareja permanece recluida en su querido rincón escocés de Birkhall, el mismo donde pasaron su luna de miel tras una boda consagrada por la Iglesia de Inglaterra, todo un hito al ser ambos divorciados por causa de adulterio.
 Aquel 9 de abril de 2005, la mujer a la que en su día Diana de Gales denunció como “la tercera persona” en su matrimonio con Carlos desembarcaba en la familia real para quedarse.
 El heredero de la corona se puso al mundo y a su madre monarca por montera al desposar a Camilla en una modesta ceremonia en un juzgado de Windsor. 
Hasta Isabel II, tan opuesta inicialmente al enlace, acabó brindando por el futuro de la pareja en el ágape posterior en el castillo de Windsor ante ochocientos invitados.
Se dice que el tiempo lo cura casi todo, pero ese cambio obedece sobre todo a una cuidadosa coreografía diseñada desde palacio para reemplazar la imagen de “rottweiler” (acuñada por Lady Di sobre su rival) por la de una dama que ejerce de soporte del príncipe y es casi tan trabajadora como él. Camilla preside hoy nueve decenas de organizaciones benéficas y cada año suma centenares de actos públicos.
 Y aunque la duquesa de Cornualles solo ocupa el undécimo lugar entre los royals más queridos por los británicos —según el último sondeo de hace un año— ha sido finalmente aceptada por la opinión pública.
 Ante todo porque Carlos aparece hoy a su lado como un hombre feliz y mucho más afable y relajado.
La fijación del príncipe por Camilla Shand —su apellido de soltera— data de 1972, cuando ambos se conocieron en un torneo de polo.
 El flechazo fue inmediato, pero ella estaba entonces comprometida con el oficial del Ejército Andrew Parker Bowles y solo entabló una breve relación con Carlos para vengarse de las reiteradas infidelidades de su novio.
 Acabó casándose con este militar, muy amigo de la reina madre, y se dedicó a la crianza de sus dos hijos.
 La amistad con el heredero se mantuvo a lo largo de los años, y acabó deviniendo de nuevo en affaire amoroso al constatar Camilla que su marido no había abandonado sus prácticas de mujeriego.
El heredero, sin embargo, cortó en seco en 1981, a raíz de la “boda del siglo” que protagonizó con la jovencísima Diana Spencer en la catedral de San Pablo.
 Pero regresó a los brazos de Camilla cuando tuvo claro que no tenía nada en común con Lady Di y que aquel matrimonio estaba roto de facto.
 En 1993, un año después de que se oficializara la separación de los príncipes de Gales, salieron a la luz unas cintas que recogían las conversaciones íntimas del hijo mayor de Isabel II con su amante. Camilla.
—que a su vez acabó también divorciándose— se convertía a ojos del público en la “mala” de la historia, la gran culpable de las desventuras de Diana, cuya muerte en el verano de 1997 todavía ensalzó más la figura de la princesa triste en los altares de los círculos monárquicos más nostálgicos.
Ni cuando hace tres lustros se casó con el futuro rey, ni ahora a sus 72 años (es un año mayor que su marido), Camilla ha intentado competir con el fantasma de “la princesa del pueblo”.  
 Le basta con ser tolerada y, sobre todo, con seguir al lado de Carlos.


Jorge Javier Vázquez se rebela contra la manipulación de un vídeo suyo de 2017

En las imágenes, el presentador se defiende irónicamente de los ataques que recibe de personas mayores, y ahora un montaje relaciona sus palabras con burlas hacia la población más afectada por el coronavirus.

Jorge Javier Vázquez durante una de las galas de 'Supervivientes' el pasado febrero.
Jorge Javier Vázquez durante una de las galas de 'Supervivientes' el pasado febrero.ANTONIO QUILEZ / / Cordon Press

 Maite Nieto

Jorge Javier Vázquez estaba llevando bien la cuarentena.
 Sus rutinas han variado poco: de lunes a sábado acude a Telecinco a continuar presentando los programas habituales, Sálvame y la gala de Supervivientes que se emite los jueves.
 Como ocurría antes de que se decretara el estado de alarma a causa del coronavirus, sale lo justo de casa y allí tiene a sus cuatro perros galgos para hacerle compañía y al matrimonio que se encarga del cuidado de su casa, con quienes tiene una gran complicidad. 
 En definitiva, pocos cambios más allá de que los programas nocturnos se han acortado una hora y que él se rapó el pelo en directo en uno de los programas que presenta para que todo sea más sencillo ahora que en la televisión no se puede contar con el personal de peluquería y maquillaje.

La obra de teatro que iba a estrenar en Córdoba, precisamente el pasado 14 de marzo, se ha pospuesto cuando ya estaba todo preparado, pero ni eso se lo ha tomado mal porque la cancelación no ha ocurrido por causas que se deban a él, como pasó cuando tuvo que anular las funciones de su anterior obra, Grandes éxitos, debido al ictus que sufrió en marzo de 2019.  
Además, como contó a este periódico el pasado mes de noviembre, Vázquez no necesita ver mucho a la gente, "con hablar por teléfono me basta. 
También he descubierto a varias personas muy interesantes por las redes sociales, nos contamos cosas muy íntimas, pero no nos conocemos en persona”, afirmó entonces.
Sin embargo, ha sido precisamente a través de las redes sociales por donde se ha quebrado la paz de espíritu con la que estaba llevando la caótica situación que vive el país a causa de la Covid-19. 
El 28 de marzo, en plena crisis del coronavirus, con servicios mínimos en las televisiones y con Jorge Javier conduciendo un Sálvame donde algunos de los contenidos habituales se han sustituido por información más cercana y didáctica sobre la pandemia, estalla la bomba: un montaje que mezcla imágenes de un vídeo de 2017 en el que el presentador realiza, en este mismo programa vespertino, unos comentarios poco afortunados sobre algunas personas mayores que le insultan en las redes sociales, con otras actuales de Vázquez con el pelo rapado tal y como se le puede ver ahora en televisión y que dan a entender que sus afirmaciones sobre los ancianos se refieren al momento actual, cuando se trata de la población en la que hay mayor número de muertes a causa del virus.
Se desata la polémica y la lluvia de críticas que ya le llegaron en 2017 se intensifican y comienza a recibir amenazas en mensajes privados que van desde “maricón de mierda”, a “te voy a matar” o “cuando acabe esto te voy a ir a buscar”.
 Así lo cuenta César Brizuela, community manager del presentador desde hace seis años:
 “Nos pusimos en contacto con la policía”, explica Brizuela, “y comencé a realizar un estudio del origen del montaje”, que ha tenido una repercusión tal que ha convertido al presentador en tendencia en las redes sociales durante varios días seguidos de esta semana.

En el vídeo completo de 2017, el presentador dice lo siguiente: “Hay mensajes por Instagram de gente maravillosa, cariñosísima, pero estoy alarmado y asustado por la cantidad de gente anciana, señoras y señores muy viejos que me escriben insultándome.
 Y yo pienso: estos señores que están a punto de palmarla, de encontrarse con Dios o con San Pedro, no se podrían dedicar a sembrar la paz y el amor antes de que les lleven al camposanto”.
 En el montaje, que según el estudio realizado por Brizuela se lanza por primera vez en Periodista digital, se omite el contexto y la primera parte, en un momento en que rebuscar esas declaraciones resulta “de poca buena fe”, como señala el community manager.
Según el estudio que ha realizado, el primer tuit que se lanza con este montaje parte de la cuenta de un usuario que se identifica en Twitter como Mon Bosch. 
“Se trata de Josep Ramon Bosch Codina, un historiador y activista político que en septiembre de 2015 fue acusado de mantener un canal de YouTube donde colgaba vídeos de contenido ideológico de extrema derecha, que se cerró”, explica César Brizuela.
 Este único tuit tiene más de 1.800 retuits, que se multiplican a través de cuentas que se esconden bajo pseudónimos con muy pocos seguidores, que Brizuela cree que en muchos casos relacionaría directamente con bots (sistemas que se usan para generar mensajes automáticamente en las redes sociales) y que llegan a compartir hasta 15 veces el mismo vídeo con el mismo o parecido texto. 

Brizuela afirma que ha comprobado que todos estos generadores comparten contenidos de extrema derecha, informaciones sobre que el Gobierno miente en la crisis del coronavirus y, este mismo miércoles, la convocatoria a la manifestación virtual pidiendo la dimisión del Gobierno. 
“El montaje da a entender que Jorge Javier desea la muerte de ancianos”, dice su community manager, quien también asegura que elegir este momento para rescatar un vídeo polémico de 2017 no es ajeno a la actitud de Jorge Javier Vázquez que “es un referente de izquierdas”.

El presentador y su community manager están recabando información sobre todo este asunto para decidir, tal y como les ha recomendado la policía, qué hacer cuando acabe el confinamiento. Medidas que pueden ir desde una denuncia por amenazas a una demanda por injurias y calumnias cuando la investigación policial determine quién hay detrás de los perfiles que han difundido el montaje.