La presentadora habla de su proceso vital y su vida profesional de altibajos a Jesús Calleja.
Sandra Barneda, en 'Planeta Calleja'.CUATROSandra Barneda,
la presentadora de Mediaset, fue la invitada del último programa de
Jesús Calleja. La periodista y el aventurero se marcharon a Borneo, en
Malasia para escalar la vía ferrata más alta del mundo —ahí, sus 4.095
metros de altura—, así como han visitado algunos de los espacios de
mayor biodiversidad del continente asiático. Como es habitual en este
programa, su protagonista se confesó con Calleja. En este caso Barneda
habló desde la leucemia que sufrió uno de sus hermanos siendo ella
pequeña hasta la hermana que se murió al nacer en los brazos de su padre
hasta de su homosexualidad- "Yo
creo que fue en la universidad. Ni me lo planteaba. No sabía lo que
era, me enamoré de una profesora de radio. Le escribí una carta y no la
volví a ver. Sabía que tenía que descubrir, no podía seguir así", contó
la periodista sobre su proceso vital en el que descubrió su
homosexualidad. "Fue mi exnovio quien me presentó a una amiga suya. Yo no lo aceptaba, me costó mucho.
Fuimos amigas, me llevó a una fiesta; fue la primera vez que vi a dos mujeres besándose. Ser diferente cuesta". También contó Sandra Barneda con lágrimas en los ojos en Planeta Calleja
cómo habló de ello con su familia. "Fue a los 27 ó 28 años cuando se lo
dije. Les costó asimilarlo. Costó mucho. Mi madre me dijo que era una
fase. Y yo le dije que si era una fase, que mientras que durase se
estaba perdiendo a una hija. Es injusto, ¡lo único que cambia es a quién
quieres!". Los padres de Barneda son pintores y padres de cuatro hijos -
perdieron a un quinto-: "Tus padres solo quieren verte feliz. Que tu
madre te llame y que no le cojas el teléfono.. quien no lo encajaba era yo, los demás te sirven de espejo".
"La única que sabía dónde estaba yo era mi hermana", añadió quien
precisamente le acompañó a Malasia. Un día, la periodista, de 43 años,
acudió hacia su familia: "Dije, soy yo, Sandra. Vi a mi madre en primer
lugar, descolocada. Y a mi padre sentado; no se pudo levantar de la
emoción. He venido a desearos feliz Navidad, pero no me quedo. Fue la
conversación más bonita que he tenido. Mi padre me dijo que no me
preocupase. Les dije que necesito tiempo. ¡Todo fue una parida!". Luego, mirando a la cámara, Sandra Barneda añadió: "Para padres que
me estén viendo; que se piensen decir cualquier burrada. Escúchalo,
infórmate. ¡Esa persona está abierta en canal!". Con el tiempo, sus
padres llegaron a confesarle: "Muchas gracias por la mejor lección que
nos ha dado. Eso es evolucionar". Jesús Calleja le preguntó cómo ha
vivido su homosexualidad a nivel público. "En lo laboral, a mí me
sacaron del armario en el día del Orgullo Gay. Toda la profesión lo
sabía. Que no hable de mi vida privada, no significa que me esconda". Su relación con la presentadora Nagore Robles ha sido la más conocida. "Es lo más fuerte que me ha pasado en la vida. Ella me sacó,
me descorchó. No me importaba nada ya. Nagore me hizo cambiar. No sabes
la tensión que sentía en un programa en directo de cinco horas. Tu
cuerpo tiembla y yo me decía que qué me pasaba". Y añade: "Se tiene que
seguir reivindicando. Hay que salir a la calle y todavía más ahora". A nivel profesional, se define como una mujer completa. Comenzó
trabajando en televisión en Teledeporte, luego se fue a Antena 3,
también pasó por Telemadrid —"estaban demasiado politizados y yo di
noticias que no quería"—. Luego, estuvo dos años sin trabajar en
Barcelona: No me cogían por exceso de currículo". Luego fichó por Mediaset donde
modera los debates de los realities de éxito. "Me pone que todo ocurra
en directo. Se trabaja con las bajas emociones"
Tras unos días de
descanso, el pasado fin de semana arrancó en Lisboa el tramo europeo de
la misma, un espectáculo íntimo en teatros pequeños que le está trayendo
más de un disgusto a la cantante.
Tuvo que cancelar todos los
conciertos de Boston a finales de noviembre por culpa de una lesión en
su rodilla.
Ella misma se disculpó ante sus fans en Instagram,
confesando que se encontraba mal, con un dolor “insoportable”.
A ese
mensaje le acompañó un vídeo en el que se la veía subiendo unas
escaleras para acceder al escenario.
Una imagen tan impactante como
inédita en la reina del pop, que siempre ha gozado de una forma física
envidiable.
Apenas podía subir los escalones, y en su rostro se
reflejaba el miedo, la impotencia y el sufrimiento ante una dolencia que
por primera vez podría obligarla a parar y retirarse de los escenarios
antes de lo previsto.
Mientras el físico le está mostrando la realidad
de su edad, ella insiste en seguir rompiendo barreras y en no
comportarse como cabría esperar de sus 61 años.
Debi Mazar, una de sus mejores amigas desde hace 40 años, no pudo
contenerse y comentó el vídeo.
A la vista de todos le puso el siguiente
mensaje: “¿Te has planteado que tus fans serían felices si simplemente
te sentaras en una silla y cantaras?”.
En la noche del estreno de su
espectáculo en Lisboa la cola daba la vuelta a la manzana del teatro
Coliseo dos Recreos.
No quedaba una entrada a la venta y, aunque el
público era heterogéneo, la mayoría de los asistentes rondaba una edad
entre los 40 y los 50.
Una legión de fans fiel que no busca en la
Madonna actual a la estrella pop de moda que fue durante tres décadas,
sino a una artista icónica en su madurez que, además, ha arriesgado con
su último disco.
Una fusión de sonidos portugueses, africanos y latinos
con un potente mensaje político que, sin embargo, ha vuelto a
promocionar con los temas más comerciales y alejados de ese concepto, en
los que se ha acompañado de los ídolos juveniles del momento como
Maluma.
Madonna, con su nueva pareja, Ahlamalik Williams.GTRES
Al público joven no le interesa Madonna, pero ella insiste en
dirigirse a él pese a los fracasos recientes. Aunque concibió su nueva
gira como un show íntimo para tener una experiencia cercana a
sus fans, ha vuelto a embarcarse en un espectáculo con un alto nivel de
exigencia física por el número de coreografías. Por si fuera poco, el
Madame X Tour es la gira con más conciertos de toda su carrera. Más de
cien recitales en seis meses. La combinación de todos estos factores ha
hecho que su cuerpo diga basta, por mucho que ella se resista a
aceptarlo. Su imagen también ha sido muy cuestionada los últimos años. Los comentarios sobre si su rostro parece el de otra persona por la
cantidad de cirugía plástica, o sobre si sus looks, propios de una Ariana Grande o una Lady Gaga, rayan lo ridículo, han sido habituales últimamente.
Así se vio tras su criticada actuación en Eurovisión en mayo del año
pasado.
En su vida personal, no ha vuelto a tener una relación seria con
alguien cercano a su edad desde que se separó de Guy Ritchie en 2008.
Madonna nunca ha dado explicaciones a nadie y siempre ha
hecho lo que ha querido, pero es inevitable que los comentarios en los
medios y en las redes sociales hablen de hombre objeto, entretenimiento
pasajero e incluso de chico de compañía para señora mayor
multimillonaria.
Con su nuevo amigo ha pasado las vacaciones de Navidad en Maldivas.
Unas
vacaciones familiares con los hijos menores de la cantante, que estaban
pensadas para que se recuperara definitivamente de la rodilla
descansando.
Mientras sus fans en Europa esperaban con el corazón en un
puño, ella subía vídeos bailando con una copa en la mano en una fiesta
nocturna en la playa.
Volvía a dejar claro que siempre será incorregible
de espíritu, aunque el físico la intente doblegar. En su regreso a los
escenarios ha tenido que retocar el espectáculo.
Ha quitado pasos
arriesgados, se queda quieta en muchos momentos, y cuando baila se
aprecia claramente que está muy lejos de lo que podía ofrecer hace unos
años.
Sin embargo, los fans salían del teatro encantados con lo bien que
había cantado, en riguroso directo y durante más de dos horas con la
voz perfecta.
Precisamente la canción más ovacionada fue Frozen, en la que no se mueve del sitio.
Aunque los propósitos de año nuevo suelen formularse en futuro —iré
(al gimnasio, a clases de inglés), dejaré (de fumar, de usar plásticos),
mejoraré (en la vida en general)—, siempre conviene echar un vistazo al
pasado. 2019 fue un año donde la recuperación de textos griegos y
latinos tuvo buenos frutos, de la pura filosofía a la divulgación
pasando, claro, por los propios mitos: no en vano el poeta Wallace
Stevens decía que la mitología griega era el mayor logro de la ficción
universal. De novelas a cómics, de libros de estudio a nuevas
traducciones, repasamos los mejores libros clásicos o sobre el mundo
clásico que llegaron a las librerías el pasado año, y que nos pueden
ayudar a coger fuerzas para este que comienza.
“La
divulgación del mundo clásico tiene mucho músculo”, explica el
helenista Óscar Martínez, que traza una panorámica completa del panorama
editorial y que en primer lugar señala tres libros con ventas
excelentes durante 2019 que además “transmiten la pasión por el
conocimiento antiguo y abren la puerta a futuras lecturas clásicas”. Habla Martínez de El infinito en un junco (Siruela), de Irene Vallejo, “que tiene una vibración especial: es una gran contadora de historias que no se queda en la superficie”. De Latin Lovers (Espasa), de Emilio del Río, que lejos del tópico demuestra que el latín tiene una presencia constante en nuestras vidas; y de Grecia para todos (Espasa), de Carlos García Gual, que cuenta cómo nació la civilización griega, de la rivalidad entre Atenas y Esparta al desarrollo de la democracia y la filosofía.
Estatua de Aristóteles en Atenas.GETTY IMAGES
Aunque los propósitos de año nuevo suelen formularse en futuro —iré
(al gimnasio, a clases de inglés), dejaré (de fumar, de usar plásticos),
mejoraré (en la vida en general)—, siempre conviene echar un vistazo al
pasado. 2019 fue un año donde la recuperación de textos griegos y
latinos tuvo buenos frutos, de la pura filosofía a la divulgación
pasando, claro, por los propios mitos: no en vano el poeta Wallace
Stevens decía que la mitología griega era el mayor logro de la ficción
universal. De novelas a cómics, de libros de estudio a nuevas
traducciones, repasamos los mejores libros clásicos o sobre el mundo
clásico que llegaron a las librerías el pasado año, y que nos pueden
ayudar a coger fuerzas para este que comienza.
“La
divulgación del mundo clásico tiene mucho músculo”, explica el
helenista Óscar Martínez, que traza una panorámica completa del panorama
editorial y que en primer lugar señala tres libros con ventas
excelentes durante 2019 que además “transmiten la pasión por el
conocimiento antiguo y abren la puerta a futuras lecturas clásicas”. Habla Martínez de El infinito en un junco (Siruela), de Irene Vallejo, “que tiene una vibración especial: es una gran contadora de historias que no se queda en la superficie”. De Latin Lovers (Espasa), de Emilio del Río, que lejos del tópico demuestra que el latín tiene una presencia constante en nuestras vidas; y de Grecia para todos (Espasa), de Carlos García Gual, que cuenta cómo nació la civilización griega, de la rivalidad entre Atenas y Esparta al desarrollo de la democracia y la filosofía. El propio García Gual, filólogo y crítico, señala por su parte dos tendencias que se impusieron el pasado año. La primera es la recuperación de la filosofía estoica. “Primero estuvo de moda el epicureísmo, y ahora lo está este
pensamiento, con varios libros sobre el tema central: la búsqueda de la
felicidad estoica”. Habla García Gual de libros como Mi cuaderno estoico, de Massimo Pigliucci (Ariel); Marco Aurelio, de Birley Anthony (Gredos); o El arte de la buena vida. Un camino hacia la alegría estoica,
de William B. Irvine (Paidós). Todos ellos defienden el pensamiento
estoico —recordemos, el dominio de los hechos y pasiones que perturban
la vida—, como clave para lograr el bienestar en un mundo mutable y
cambiante como el que nos ha tocado vivir.
La segunda tendencia que detecta el académico, y remitiéndonos a la
vigencia de la frase de Wallace Stevens, sería todo lo articulado en
torno a los mitos griegos. García Gual señala especialmente Mythos,de Stephen Fry
(Anagrama), que narra las historias clásicas como si fueran una novela
fantástica de Tolkien o de J. R. R. Martin, pero advierte que solo hace
falta darse una vuelta por los quioscos para ver la cantidad de
colecciones relacionadas con la mitología helena que podemos encontrar.
Además de los mayores éxitos, Óscar Martínez señala que “hay otros
libros por debajo, que no tienen tanta presencia, pero que son altamente
recomendables”, y apunta a la Editorial Síntesis y a títulos como El deporte en la Grecia antigua, de Fernando García Romero (Síntesis), muy actual en un año como este de Juegos Olímpicos.
“Piero Boitani sacó Diez lecciones sobre los clásicos en Alianza, editorial que ya comenzó el año con El mundo clásico:
¿Por qué importa?,
de Neville Morley, un libro revisionista, que habla de la actualidad
del mundo clásico y que generó bastante controversia al tratar temas
como el uso político del mundo clásico, por ejemplo, en la Italia de
Mussolini, o del recurrente arrinconamiento de su estudio en círculos
elitistas”, detalla Martínez
Sobre la actualidad del mundo clásico también llegó A Ítaca desde el Guaviare, del colombiano Rodrigo Verano (Uniandes), que traza, partiendo de la Odisea y la Ilíada, una mirada al posconflicto de Colombia. Pero si hay un libro que Óscar Martínez ha celebrado particularmente, ese es La amistad en el mundo clásico,
de David Konstan (Avarigani). “Un primer abordaje a un tema muy
importante, el de la amistad”, sostiene. El libro, publicado por el
clasicista estadounidense David Konstan, fue publicado originalmente en
1996 pero, a pesar de su éxito (y de su influencia), la de 2019 es la
primera traducción al español que se ha publicado.
En lo que son publicaciones netamente clásicas, traducciones de
griego o latín, además de las colecciones (valga la redundancia)
clásicas de clásicos, como las de las editoriales Gredos o Alianza (que
han renovado algunas obras con prólogos actualizados), Martínez destaca
la colección Los secretos de Diotima, de la editorial Escolar y Mayo,
con ediciones de nombres como Cicerón (Sobre la amistad), Séneca o Platón (El banquete).
“Clásicos de siempre en ediciones accesibles”, remata
. El propio Martínez es director de otra colección,El hilo de lana, de Mármara Ediciones, donde ha apostado por dar voz a
autores “que no son centrales en el canon, pero importantes y muy
interesantes”. Ha publicado, por ejemplo, Fisiognómica —de ese miasma de autores que conocemos como Pseudo Aristóteles—, que trata de la importancia del físico; o La excelencia de las mujeres, de Plutarco. Temas, ambos, de rabiosa actualidad.
También en 2019 llegaron novelas ambientadas en el mundo clásico. Del éxito de Circe, de Madeline Miller —la vara del éxito es hoy una adaptación como serie de la HBO— que, centrándose en la Odisea, ponía una óptica feminista a la mitología clásica, pasamos a la propia Odisea, narrada por Javier Negrete (Espasa). La editorial Malpaso, por su parte, publicó otra Odisea, adaptada e ilustrada.
Jorge Cano Cuenca, filólogo y traductor que ha traducido desde la novela Circe a la ya mencionada Fisiognomica de Pseudo Aristóteles, recomienda, en el terreno internacional, el libro Si no, el invierno. Fragmentos de Safo (Vaso Roto), de la poeta canadiense Anne Carson, “que hace una lectura actualizada y contemporánea del mundo clásico,
sin caer en la pose posmoderna; sin caer en el ejercicio de estilo
vacío”. En lo profesional, de todos los trabajos en los que ha
participado, Cano recomienda, como Martínez, La amistad en el mundo antiguo. “No hace falta un conocimiento profundo, cualquiera interesado en la
antigüedad puede acceder a él”. Por cierto, Cano denuncia la pátina con
la que durante mucho tiempo se ha querido cubrir el mundo clásico, “como
si solo pudieran con ellos gente capaz de tolerar cierta austeridad”. Y
recuerda que en el libro de Konstan se recorren 15 siglos de historia
de la amistad y se tratan conceptos tan sugerentes (y actuales) como la
adulación: “¿Puede el poderoso tener amigos? ¿Cómo distingue a los
amigos de los aduladores?”, se pregunta. La respuesta, como tantas
veces, es la parresía, esa bendita libertad griega de decirlo todo,
cueste lo que cueste. Está claro que el mundo clásico es una fuente inagotable de iluminación. Pero claro, como si de un pozo se tratara, de las enseñanzas griegas y
latinas solo se puede sacar agua si se tiene un cubo. Hablando en plata:
“Para que se mantenga el nivel de nuestros autores a la altura del
interés de los lectores”, señala Óscar Martínez, “es indispensable que
se defiendan las asignaturas de clásicas en la secundaria desde las
instancias educativas”. Que conste que no es una pataleta; es solo un
aviso a navegantes (del Mediterráneo).
Deadline —que publicó en Twitter que solo dos
actores “de color” habían sido nominados, refiriéndose a Banderas y a la
actriz afroamericana Cynthia Erivo—, eliminó el mensaje tras el alud de
críticas. Vanity Fair —que mencionaba a los dos artistas como
miembros de una misma comunidad, aclarando que “los españoles no son
técnicamente considerados personas de color”— eliminó la frase unas
horas después. En septiembre Rosalía, calificada como latina, hispana y
europea, protagonizó una polémica similar en los premios MTV.
En Estados Unidos, las etiquetas étnicas tienen desde hace décadas un
peso político, ya que han sido utilizadas para luchar contra la
discriminación y a favor de la visibilidad de distintas comunidades. En
los setenta el censo incluyó la clasificación “hispano” para agrupar a
todas las personas que procedían de países hispanohablantes: México,
Puerto Rico, Cuba... Anteriormente los mexicano-americanos por ejemplo,
debían marcar que eran blancos, pero estaban en desacuerdo porque
querían reivindicar sus orígenes y aparecieron grupos de activistas que
lucharon para tener una categoría propia. El término hispano tampoco
contentó a quienes no se sentían identificados con la herencia colonial
española con la que resonaba el término. Entonces surgió “latino”, que
además incluía a indígenas y brasileños.La socióloga Clara Rodríguez, especialista en temas de
clasificaciones raciales y étnicas, lo primero que le pregunta a sus
alumnos de la Universidad de Fordham (Nueva York) es “¿Qué son?”. A
veces un dominicano con la piel muy oscura no dice que es negro y otras
veces una afroamericana se define como mestiza. “La raza es una
construcción social que varía según dónde crece la persona y el país en
el que vive. Yo en Puerto Rico soy blanca y en EE UU no”, comenta. Sobre
si Antonio Banderas es una persona de color su respuesta es simple:
“Hay que preguntarle a él”.“Ricky Martin no es moreno y se identifica
como persona de color por su origen puertorriqueño”, concluye. El escritor Ed Morales, autor de Latinx: la nueva fuerza en política y cultura,
aclara que el lenguaje también es un determinante racial muy importante
en EE UU. “Si te detiene un policía y tienes un acento español muy
marcado, su percepción sobre tu raza, independiente de cómo te veas,
puede cambiar”, comenta por teléfono. Añade que antes de la Segunda
Guerra Mundial ningún estadounidense hubiese considerado blanco a
Antonio Banderas, ni a ningún europeo del sur: “Cuando lucharon con
nosotros, la definición de blanco cambió”. Una herramienta clave para entender cómo ha evolucionado la relación
de EE UU con la raza o la etnia es el censo. La encuesta arrancó en
torno a 1800 con solo tres opciones: blanco libre, otras personas libres
o esclavos. La última versión, de 2010 permite distinguir entre
hispanos, latinos o de origen español, y después especifica mexicanos,
puertorriqueños, cubanos, de un origen distinto... “Hace 30 años la
mayoría pensaba que era obvio de qué raza era cada uno y que era algo
genético y biológico; ahora mucha más gente piensa que es una
construcción social. Y eso es progreso. Ahora se entiende mejor la idea
compleja de que la raza depende de la percepción que tiene cada uno de
sí mismo”, explica Morales, colaborador de The New York Times y The Washington Post.
A Ramón A. Gutiérrez, profesor de Historia de la Universidad de Chicago,
le hace gracia la polémica.
“Algunos medios usaron la foto de Banderas
como ejemplo de que Hollywood no es racista, pero el resultado fue
racismo y exclusión”.
Como la mayoría de los especialistas en el tema,
defiende que la raza es subjetiva y cita al activista afroamericano
Malcolm X: “La idea de raza en Estados Unidos es como la marca Cadillac,
hay un nuevo modelo cada año, pero la discriminación continúa”.