Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

17 dic 2019

Scorsese............................................ Manuel Vilas

'El irlandés' tiene que ver más con William Shakespeare que con Hollywood.

Scorsese

 

No le sobra ni un minuto de metraje a la última película de Martin Scorsese. 
Tal vez de esa necesidad de todos los minutos de la cinta no te das cuenta hasta la última parte de El irlandés, una de las más grandes películas que he visto en mi vida.
 Por supuesto, la vi en la pantalla de un cine, y no en casa. El irlandés no es una película para ver repantigado frente al televisor. Implora demasiado la vida como para que tú le devuelvas algo tan banal como tu mano unida a un mando a distancia en vez de a una pistola. 
Eso sí, cuesta encontrar un cine donde la pongan.
El irlandés tiene más bien poco que ver con El padrino y mucho con Érase una vez en América de Sergio Leone. 
No solo porque tanto la última de Scorsese como la que acabó siendo, para nuestra desgracia, la última de Leone tengan a Robert de Niro como protagonista sino porque las dos parecen películas de gángsters pero no lo son.
 Leone ya usó al célebre sindicalista Jimmy Hoffa para conseguir un retrato épico de la historia reciente de Estados Unidos, algo que nadie ha recordado al hablar de El irlandés. 
Más escenas que convergen: tanto Scorsese como Leone filman a De Niro en un cementerio, pensando en la muerte.
 Las dos cuentan la misma historia.
 Cuentan el paso del tiempo. 
A Leone le hubiera encantado El irlandés, tal vez incluso le hubiera pedido derechos.


El irlandés tiene que ver más con William Shakespeare que con Hollywood. 
El irlandés tiene que ver más con la desamparada vida de Elvis Presley que con la mafia. 
Es una película sobre la soledad de un octogenario que recuerda. 
 Es un hombre complejo. Se niega a admitir que mató a su mejor amigo sin ninguna razón clara.
 Porque la gente en la vida comete deslealtades sin que haya una razón de peso, de eso habla esta película y por eso es una obra maestra, porque habla de nosotros, los seres humanos.
 Claro que hay muchas escenas que ya habíamos visto antes: el asesinato en la barbería, en el coche, en el restaurante, etc. Pero Scorsese necesitaba volver a filmarlo para llegar a filmar algo que no había filmado nunca: la deslealtad en estado salvaje. 
Y vale la pena. 
Lo comprendes hacia la mitad de la historia, pero una vez que lo comprendes el grado de enamoramiento y emoción es tan grande que esas tres horas y media se han convertido en cinco minutos reveladores.
 Un hombre que se niega incluso delante de la muerte a decir la verdad, eso es abismo y misterio. 
Un hombre que va a ver a su hija, y lo que ve es el odio y el terror de su hija, y sigue vivo, esperando un día más. 
Un hombre que mató a su amigo, pero le sigue queriendo como si no lo hubiera matado.
 Así es la vida, rara y fuerte, rara y luminosa, rara y sin enmienda.

16 dic 2019

Ágatha y Luismi, la extraña pareja

La diseñadora y 'el rey de la chatarra' sorprendieron a todos con una relación sentimental que divertía a ambos y ahora vive sus horas más bajas por una supuesta infidelidad de él.

agatha ruiz de la prada
Luis Miguel Rodríguez y Agatha Ruiz de la Prada, en la fiesta de 'Vanity Fair', en Madrid, el pasado noviembre.

Ágatha y Luismi, así juntos, no necesitan apellidos en ciertos círculos.

 Pero para quienes necesiten algo más de información, sus nombres completos son Ágatha Ruiz de la Prada, diseñadora y exesposa del periodista Pedro J. Ramírez; 

y Luis Miguel Rodríguez, conocido como el rey de la chatarra por ser creador y propietario de Desguaces La Torre, y exnovio de Carmen Martínez-Bordiú.

 Se convirtieron en la pareja sorpresa de 2018 y parecían haber consolidado una relación, inexplicable para muchos, en 2019, hasta que la sombra de una infidelidad por parte de él hizo que ella pusiera tierra de por medio y se marchara a París a pensar si lo suyo merecía la pena.

 Ahora, unas fotografías publicadas por la revista ¡Hola! confirman que, de momento, la ruptura ha quedado aparcada y ambos vuelven a mirarse con ojos de embeleso.

 Al menos así parecen demostrarlo esas imágenes captadas este domingo a la salida de un restaurante en la localidad de Aranjuez (Madrid), donde ambos habían cenado el mismo día que la diseñadora regresó de haber pasado unos días en casa de una amiga en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). 

Se convirtieron en la pareja sorpresa de 2018 y parecían haber consolidado una relación, inexplicable para muchos, en 2019, hasta que la sombra de una infidelidad por parte de él hizo que ella pusiera tierra de por medio y se marchara a París a pensar si lo suyo merecía la pena. 

Ahora, unas fotografías publicadas por la revista ¡Hola! confirman que, de momento, la ruptura ha quedado aparcada y ambos vuelven a mirarse con ojos de embeleso.

 Al menos así parecen demostrarlo esas imágenes captadas este domingo a la salida de un restaurante en la localidad de Aranjuez (Madrid), donde ambos habían cenado el mismo día que la diseñadora regresó de haber pasado unos días en casa de una amiga en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

Pero, ¿por qué resulta tan increíble esta relación para la mayoría y no lo es tanto para quienes conocen a los protagonistas? 
Ella es hija de un arquitecto, Juan Manuel Ruiz de la Prada y Sanchiz, y de una aristócrata catalana, María Isabel de Sentmenat y Urruela; es marquesa de Castelldosrius, Grande de España y baronesa de Santa Pau. 
 Fue durante 30 años la pareja de Pedro J. Ramírez, se movió en los círculos de poder de su mano y cultivó su propia e ilustre agenda gracias al éxito de sus originales diseños de moda, complementos y perfumes.



Luis Miguel Rodríguez proviene de un mundo muy diferente.
 A los 10 años vio una película en la que aparecía un desguace y se obsesionó con crear uno.
 Persiguiendo ese sueño rechazó gestionar una cafetería que su madre le quiso ceder al cumplir 19 años y, en su lugar, comenzó un negocio de chatarra en una hectárea de terreno que le cedió su abuela.
 Un lugar en el que montó una chabola en la que vivió durante varios años para hacer guardia durante las noches y evitar que le robaran la poca chatarra que tenía entonces, porque lo que no podía era pagar a un guardia de seguridad.
 Ese fue el inicio de Desguaces La Torre, un negocio que mueve 50 millones de chatarra al año y 300 coches diariamente.
Estas diferencias no son tales para el entorno de la pareja.
 "Él es un hombre muy divertido, generoso, que hace sentir especiales a las mujeres con las que se relaciona", cuenta una amiga del empresario.
 "Ágatha tiene ganas de vivir, reírse y sentirse halagada y cuidada por mucho que sea una mujer independiente en todos los sentidos que tiene muy claro con quién quiere estar y con quién no", afirman fuentes próximas a la pareja.
 Ambos se conocieron precisamente en una fiesta que organizó Luismi en su casa para celebrar el cumpleaños de la abogada Teresa Bueyes y le pidió que se la presentara precisamente a su anterior pareja más mediática, Carmen Martínez-Bordiú, a quien él llama Bordi y con la que sigue manteniendo una excelente relación.
os días antes de que la revista Lecturas publicara unas imágenes en las que Rodríguez aparecía en actitud cómplice con Marci Di Lele, exactriz brasileña, Ágatha y Luis Miguel posaron para la revista Vanity Fair precisamente en mitad de los coches de desecho que conforman la parte principal de su negocio. 
Ella afirma en la revista que él "es muy simpático y muy cariñoso. Muy particular y muy tío.
 A mí me gustan los hombres así, muy tíos". Él considera que ella es "la pera limonera.
 Divertida, lista, curranta, una crac.
 Una tía impresionante (...) Es la única mujer que he tenido que no me cuesta dinero".
Su fama de conquistador parecía haber quedado aparcada gracias a la personalidad de la diseñadora y ella había encontrado en él la válvula de escape perfecta tras un divorcio que sorprendió a todos, incluso a ella misma. 
"Sigo pensando que Luismi es muy marciano para mí, pero me ayudó que hubiera estado con Carmen Martínez Bordiú. 
Si no a mí ni se me hubiera ocurrido", afirma en Vanity Fair
Después llegaron las polémicas imágenes, el tranquilizante que Ágatha Ruiz de la Prada confiesa a la revista que tuvo que tomarse al verlas y su decisión de marcharse una temporada fuera de España.
 Por lo que otras fotografías han dejado ver, de momento Luis Miguel Rodríguez ha reconquistado a la diseñadora. 
Él sabe cuál es la clave de su éxito: "Tratarlas bien. Que se lo pasen bien en todos los sentidos.
 Cuando una persona se lo está pasando bien y está a gusto, le apetece seguir estándolo", contó en su entrevista a dos. Han vuelto a cogerse de la mano y a perderse mirándose a los ojos. 
Si termina por no funcionar, siempre podrán quedar como amigos, como a él le gusta hacerlo con todas las mujeres que han pasado por su vida, o que los demás les sigan considerando
 "la extraña pareja", un título que ella misma sugirió a la revista que había conseguido su posado después de que se supiera que a lo mejor su relación no continuaba adelante.
 

Whoopi Goldberg: “Soy feliz porque he decidido serlo. Es muy duro estar triste todo el tiempo”

La actriz, de 64 años, ha presentado el calendario Pirelli 2020 en Verona, donde ha reivindicado el derecho de las mujeres a ser y a hacer lo que quieran.

 

Whoopi Goldberg, en la presentación del calendario Pirelli 2020 en Verona, Italia.
Whoopi Goldberg, en la presentación del calendario Pirelli 2020 en Verona, Italia. AFP

Seamos coherentes................................... Elvira Lindo

El activismo está superando con creces la capacidad de movilización de los partidos, sobre todo, de los de izquierda. Y es urgente que se replantee la forma en que los ciudadanos nos sumamos a estos compromisos.

Un manifestante disfrazado de oso polar participa en la marcha para el clima, el pasado 6 de diciembre en Madrid.
Un manifestante disfrazado de oso polar participa en la marcha para el clima, el pasado 6 de diciembre en Madrid. EFE
El compromiso ha cambiado.
 El compromiso que nos exigían los partidos políticos era sencillo de sobrellevar. 
Se trataba de sumarse con una foto, de firmar un manifiesto, de declararse defensor de ciertas causas. 
 Pero una vez que habíamos hecho una declaración pública volvíamos a nuestra intimidad, en la que incluso podíamos ejercer comportamientos que se contradecían con nuestra ideología.
 Se entendía que era lógico un margen de flexibilidad entre lo que se dice y lo que se hace, porque ya se sabe que los seres humanos somos imperfectos y contradictorios. 
La cuestión es que mientras se trató solo de alinearse con una opción partidista, el viejo tipo de compromiso verbal funcionaba a las mil maravillas. 
Los partidos se contentaban con nombres que sumar a su causa, a su campaña.
Pero debiéramos entender que ahora estamos en otro momento de la historia. 
El activismo está superando con creces la capacidad de movilización de los partidos, sobre todo, de los de izquierda. Y es urgente que se replantee la forma en que los ciudadanos nos sumamos a estos compromisos. 
Una de las afirmaciones ineludibles de la cumbre del clima ha sido la constatación de que según aumenta nuestro nivel económico y, por tanto, la capacidad de consumo, se incrementa nuestra aportación al deterioro del medioambiente; por el contrario, son los más desfavorecidos quienes menos contaminan pero más sufren el impacto de las sociedades desarrolladas.
 El movimiento ecologista no debiera entrar en la vieja y manida táctica de los partidos de buscar rostros que les proporcionen visibilidad, porque lo único que consiguen es que el foco de atención sean los personajes célebres y no las causas.
 Ya no es el momento, a mi entender, de corralitos VIP en las manifestaciones, lo urgente es transmitirle a los ciudadanos la idea de que nuestros hábitos de vida han de ir adaptándose a la asunción de la austeridad. 
Y eso precisa de líderes que sepan expresar la urgencia del cambio, que sean convincentes, que transmitan confianza.
 Greta ha cumplido un papel esencial para que el mensaje calara en la población adolescente y juvenil. 
Si su presencia ha acaparado toda la atención no ha sido responsabilidad suya sino de los medios que, de manera irritante, solo advierten su presencia e ignoran la de jóvenes activistas de Angola o de la Amazonia. 

Todos contaminamos. 
Entre otras cosas, porque no sabemos cómo movernos, disfrutar, estar en casa o trabajar sin contaminar, pero hay que disminuir el impacto individual en la medida de lo posible. 
Hay personas que se sienten agredidas cuando se les conmina a no viajar tanto en avión, o se les insinúa que se puede elegir otro tipo de ocio que no sea un crucero, hay personas que compran ropa para tirarla a los dos meses, las hay que presumen de la baratura de un modelito sin tener en cuenta de dónde procede, cuánto contamina su producción, cuántas vidas esclaviza. 
Y hay quien afirma que el compromiso individual no arregla nada, que es pueril, como de ecologista de salón, que la única salida es la presión a los acuerdos internacionales.
 En mi opinión, esa exigencia política a los estados ya no puede estar exenta de un cambio sustancial en nuestro día a día.
 Adoro a Harrison Ford, pero es insostenible que aparezca en unas imágenes informativas calificado (no sé por qué) de valiente por su defensa del planeta y en otras del corazón celebrándosele su colección de jets privados, helicópteros y avionetas. 
Es probable que Nueva York albergue una cantidad notable de detractores de Trump, pero no parecen advertir la contradicción entre esa posición política y las toneladas de basuras que arrojan a las calles, o esa costumbre habitual de encender el aire acondicionado para contrarrestar una calefacción asfixiante.
No es necesario que los líderes ecologistas sean puros o coherentes al extremo, es imposible en este sistema, pero el asunto es tan crucial que necesitamos discursos a la altura de esta causa, que nos animen a sumarnos con palabras y con hechos.