¿Tú también tomas café? Se refleja también en tu otoño,
el olor de mi café.
Aire, agua y sol y café.
El café que da vida al espíritu.
El olor del café hace recordar el pasado.
El amor perdido, el dolor que se siente al perderlo.
Olor a café, olor a calor a ternura a vida.
En la mesa del café renace la inquietud.
Emerge del alma el deseo de vivir.
El café calienta el corazón.
Don Felipe
y doña Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía desean unas
buenas fiestas en castellano y en inglés.
Los Reyes eméritos optan por
una imagen juntos en Sanxenxo.
La felicitación de don Felipe y doña Letizia, con Leonor y Sofía, en Asiego, en el concejo de Cabrales.CASA REAL
Los Reyes de España
han escogido para felicitar la Navidad 2019 una imagen tomada el pasado
mes de octubre en Asturias. Concretamente la foto está captada en Asiego, en el concejo de Cabrales,
que fue distinguido este año por los Premios Princesa de Asturias como
pueblo ejemplar. Allí acudió toda la familia el 19 de octubre para
conocer algunas de las labores típicas de la zona y saludar a los
vecinos. En la imagen elegida, aparece el rey Felipe agachado, charlando
con la princesa Leonor, mientras la infanta Sofía y la reina Letizia
sonríen desde un balcón. Allí pronunció unas palabras: "Me hizo mucha
ilusión que mi padre me dijera que podría hablar hoy aquí y que
pasaríamos los cuatro unas horas con vosotros. Asturias es mi casa y
Asiegu tendrá siempre un lugar especial en mi corazón". De
esta manera, los Reyes han querido una vez más resaltar la importancia
de la visita de sus hijas a Asturias, que para la princesa Leonor
supuso, además, su debut en los galardones que llevan su nombre. En
ellos, la heredera al trono pronunció un discurso de cinco minutos en el
que se mostró segura y en el que hubo un guiño a su abuela la reina
Sofía. "Me gustaría dar las gracias también a mi abuela, la reina Sofía.
Ella sabe lo importante que para mí es su presencia en esta ceremonia, que significa tanto para Asturias y para toda España",
dijo la princesa. La heredera reconocía públicamente el apoyo de la
reina emérita a estos premios a los que siempre ha asistido. Pocos días
después, el 31 de octubre, Leonor cumplía 14 años. Una semana después, la princesa leía un discurso en el perfecto catalán en los premios Princesa de Girona, en Barcelona. La felicitación navideña de 2019 está firmada por los cuatro y en ella
se lee la frase: "Con gran afecto y nuestros mejores deseos". Como es
habitual en la familia real se usa el castellano y el inglés, ya que la
tarjeta se envía también al extranjero.
La tarjeta de 2018 ya tuvo como protagonista a Asturias. Entonces, en septiembre de ese año, Leonor y Sofía realizaron su primer viaje oficial y lo hicieron acudiendo a Covadonga
y después a los lagos. Allí, la princesa inauguró un mirador que lleva
su nombre. En 2017, la escena elegida era una de los Reyes y sus hijas
tomada en el Palacio Real de Madrid durante la fiesta del 12 de
Octubre. La Casa del Rey también ha distribuido este viernes la felicitación
elegida por don Juan Carlos y doña Sofía. Por segundo año consecutivo
han recurrido a una foto de ambos, dejando a un lado las imágenes de
escenas navideñas que usaron durante muchos años. Los Reyes eméritos han
optado por una imagen captada este verano en Sanxenxo, que evidencia
que sus relaciones se han normalizado en los últimos meses.
El director pasó unos días en Madrid en 1981 y a pesar de sus marcapasos trasegaba vasos de whisky.
¿Es necesario buscar pretextos para recordar a Sam Peckinpah,
uno de los creadores más singulares, violentos y poéticos que ha dado
la historia del cine? En mi caso, no. Muchas de sus historias, imágenes,
personajes, diálogos están incrustados a perpetuidad en mi memoria
cinéfila y sentimental; me han provocado una emoción perdurable, ocupan
un lugar privilegiado en las sensaciones más fuertes que me han regalado
las películas. Hace tiempo que no retorno a ellas, pero dudo que
apareciera el desencanto. Y si lamentablemente ocurriera eso pensaría
que ellas no han cambiado, sino yo. No sé si estas abundan en el
catálogo de las plataformas digitales o si encuentran un hueco en las
televisiones en abierto. Yo las conservo con mimo en DVD y en Blu-Ray,
formatos casi desaparecidos e imagino que las filmotecas que se respeten
a sí mismas programarán su obra. Pero, vale, el pretexto. Esta semana
se cumplen 35 años de la muerte de Peckinpah. Y 50 del estreno de Gruposalvaje.
Sam Peckinpah, en el rodaje de 'Junior Booner (Rey del rodeo)' en 1972. En vídeo, Carlos Boyero habla sobre Sam Peckinpah.Bill AveryLo primero fue una noticia dolorosa. De lo segundo salí conmocionado. Aunque me la supiera de memoria y al igual que con Duelo en la alta sierra, Mayor Dundee, La balada de Cable Hogue, Pat Garrett y Billy el Niño, Perros de paja y Quiero la cabeza de AlfredoGarcía,
cada vez que volvía a ellas me golpeaban en fibras íntimas, sentía la
cercanía de la lágrima en algunos momentos, sentía muy viva a esa gente
fronteriza, bronca, desesperada, supervivientes feroces hasta que
deciden su inmolación, practicantes de códigos, con causa o sin ella,
repitiendo muchos de ellos ante decisiones en las que se jugarán la
vida: “¿Y por qué no?”, jerga sobria, contundente y ritual de los
acostumbrados a perder.
Sus películas me impresionaban y me conmovían. Hasta el extremo de ir
con Fernando Trueba, acompañados de un magnetofón, al muy turbio cine
Carretas, para grabar los diálogos, la música y las canciones de La balada de CableHogue. Allí Hogue le contaba al reverendo Sloane: “Por muchas mujeres que
hayas conocido en tu vida, siempre llega una que te toca en lo más
hondo”. Sloane le respondía: “No es grave, Cable, supongo que se pasa
con la muerte”. Y en Mayor Dundee Teresa María Santiago le
aseguraba al atormentado Amos Dundee: “Para usted, mayor, la guerra no
acabará nunca”. Y Borgnine le gritaba a Holden en Gruposalvaje:
“No importa tu palabra, sino a quién se la das”. Y Billy le aclaraba a
su amigo y futuro asesino Garrett cuando este le prevenía de que los
tiempos habían cambiado: “Pero yo, no”. Mientras que Dylan llamaba a las
puertas del cielo. Gonzalo Suárez nos hizo un regalo impagable en diciembre de 1981 a un grupo de amigos que escribíamos en la revistaCasablanca. Nos citó a comer en la Taberna del Alabardero, en Madrid. Vino
acompañado por Sam Peckinpah. Y alucinamos. De curiosidad, admiración,
mitomanía y placer. Aquel mes habíamos dedicado Casablanca al
cine de Peckinpah. Aquella comida se prolongó felizmente. Peckinpah
tenía clase, pinta de caballero canalla, podía ser uno de los personajes
de su cine. También estaba muy castigado. Los marcapasos que llevaba
implantados no le impedían trasegar whisky (¿o era brandy?) mañanero. Y creo que no era lo único. Tres años después la había palmado.
El
director rechaza en Paris-Match las nuevas acusaciones de violación que
pesan contra él y considera que el #MeToo es “peor que el macartismo”.
El cineasta Roman Polanski el pasado abril. En vídeo, tráiler de J’accuse, su última película.Foto: FOTO: THOMAS SAMSON (AFP) | Vídeo: Caramel Films
Roman Polanski se defiende. Y, a la vez, acusa. No le gusta dar entrevistas. Menos aún desde que otra mujer, la exmodelo y fotógrafa Valentine Monnier, afirmara que el realizador franco-polaco la violó y golpeó en su chalé en Suiza en 1975, cuando tenía 18 años, una acusación pública —el delito ya ha prescrito— que coincidió la salida de su última película, J’accuse, que ha tenido mucho éxito en Francia a pesar del llamamiento al boicot de varios grupos feministas. En la revista Paris-Match,
que le dedica su última portada y las páginas centrales en una larga
entrevista, el director, de 86 años, niega este jueves esta y las
anteriores acusaciones de abuso de mujeres jóvenes, que califica de
“falsas” y “aberrantes”, y arremete a su vez contra quienes, dice,
quieren hacer de él un “monstruo”, un “leproso”. Echa de menos, afirma,
la sociedad previa al #MeToo, que considera “más libre y tolerante” que
los tiempos actuales. Y se siente víctima, “una presa fácil”, como se
describe a sí mismo, de una nueva sociedad, esa surgida del movimiento
feminista que empezó por acusar de agresiones sexuales al productor de cine estadounidense Harvey Weinstein hace dos años y que desde entonces se ha extendido por todo el mundo, cambiando profundamente la percepción en muchos hombres —que no en todos,
visiblemente—sobre lo que es abuso sexual. Una época que para Polanski
es “peor” que el macartismo de los años 50 en Estados Unidos. “Si
se puede condenar a alguien solo con un tuit, eso es peor que el
macartismo, donde al menos había una comisión de investigación”, afirma
Polanski ante la pregunta de si suscribe la definición que su amigo, el
filósofo Pascal Bruckner, hizo al presentar su película de la situación
actual como un “macartismo neofeminista”.
“Se lo llamó una ‘caza de
brujas’, pero incluso las brujas de la Edad Media tenían derecho a un
proceso.
Claro que hay acusaciones justas,
pero no buscamos ya distinguir lo verdadero de lo falso.
Y eso es
aterrador”, agrega en la revista.Polanski no oculta que añora los viejos tiempos. Aquellos años 60, 70
y hasta la década de los 80 en los que no se le juzgaba por salir con
una menor de 15 años —Natassja Kinski— cuando él había rebasado ya los 40. “Todo era sencillo entre hombres y mujeres: nos encontrábamos en un
local, cenábamos, volvíamos juntos, era normal”, afirma. Ahora,
continúa, “las costumbres han cambiado profundamente. Olvidamos hasta
qué punto nuestra sociedad era más libre, más tolerante. Lo que nos
parece hoy inconcebible corresponde a lo que el mundo consideraba justo
en otra época”. Polanksi equipara incluso el #MeToo con movimientos
conspiracionistas. “Tuve la suerte de vivir en una sociedad
infinitamente más libre. En los años 1960, todo se desbloqueaba: la
palabra, la música, las costumbres. Jamás habríamos imaginado ver a
grupos de manifestantes delante de un cine o un museo para prohibir una
proyección o una exposición. Hoy en día, todo se ha vuelto posible. Y
absurdo. Despedimos al jefe de McDonald’s
porque ha mantenido una relación consentida con una empleada, a un
ministro de Defensa porque, hace 15 años, le habría puesto la mano sobre
la rodilla a una periodista”, enumera. Es una época en la que
“cuestionamos la evolución, la existencia de los dos sexos, las vacunas,
el hecho de que la Tierra es redonda. Nos sumergimos en una especie de
neoscurantismo”. El cineasta asegura que no rehúye sus errores del pasado, en
referencia al caso que lo persigue desde hace cuatro décadas: el de Samantha Geimer, que lo acusó en los años 70 de haberla drogado y violado
en la casa del actor Jack Nicholson cuando ella tenía 13 años. Un hecho
por el que la justicia estadounidense lo reclama desde 1977, aunque la
propia víctima ha pedido en los últimos años que se cierre el caso. “Claro que soy responsable (…) Me declaré culpable de una relación
ilícita con una menor. Solo Samantha y yo sabemos qué pasó ese día. De
todos modos, es profundamente lamentable (…) En 1977 cometí una falta y es mi familia la que paga el precio casi medio siglo más tarde”, responde Polanski en Paris-Match. “Los medios se han lanzado contra mí con una violencia insólita. Se
abalanzan sobre cada nueva acusación falsa, incluso absurda y sin fondo,
porque les permite reanimar esa historia. Es como una maldición que
vuelve y contra la que no puedo hacer nada”.