Un jurado de 84 expertos ha escogido para Babelia los títulos más relevantes de las dos primeras décadas del milenio.
SETANTA
"Hacer listas", escribe Alberto Manguel en su Diario de lecturas,
“da lugar a cierta arbitrariedad mágica, como si la simple asociación
pudiera crear sentido”. Pues bien, ¿qué sentido se puede encontrar en
una lista que trata de hacer balance de las dos primeras décadas del
siglo XXI? Empecemos por el principio. El martes 11 de septiembre de 2001,
dos aviones de pasajeros secuestrados por terroristas suicidas
derribaron las Torres Gemelas de Nueva York, mataron a casi 3.000
personas y cambiaron el mundo para siempre. De paso, mandaron al
trastero de las hipótesis la teoría hegeliana del fin de la historia reciclada por Francis Fukuyama tras la caída del muro de Berlín y zanjaron la discusión sobre si el siglo XXI empezaba en el año 2000 o en 2001. La guerra de las galaxias se quedó en choque de civilizaciones. Los
ordenadores pasaron la prueba del efecto 2000, pero sus usuarios —la
nueva gran palabra— entraron en la era del miedo, la inseguridad, la
precariedad, la intimidad (pública) y la realidad (virtual).
El futuro había llegado tan pronto en forma de metralla que los cines se llenaron de remakes;
las librerías, de cánones, recuentos y resúmenes y listas de lo muy muy
y lo más más (que había que ver, leer y escuchar… antes de morir) .
También de relatos con un fondo de historia universal y libros de no
ficción o de autoficción que dan tanto valor a la trama como a su making-of. Incapaz de imitar a una realidad presente que parecía de novela, la
literatura se volcó en el pasado, en la memoria (histórica y a secas),
en las investigaciones periodísticas, en la primera persona y en la
propia literatura, que se volvió metatodo.
De ahí el triunfo absoluto de 2666,
un libro total compuesto de cinco partes y publicado en otoño de 2004,
al año siguiente de la muerte de su autor. Desde Borges —retratado
minuciosamente por Adolfo Bioy Casares en un diario ya ineludible—,
ningún escritor ha influido tanto como Roberto Bolaño en las nuevas
generaciones. Que sus libros empezasen a publicarse en Anagrama y
actualmente lo hagan en Alfaguara —las dos editoriales más presentes en
la lista de Babelia— es otro síntoma del peso de algunos sellos en la
creación del gusto contemporáneo.
El escritor chileno Roberto Bolaño, en 1997.MANOLO S. URBANO
Acaso por una mera cuestión generacional, la literatura canónica de
las dos primeras décadas del siglo XXI se ha ocupado de hurgar en las
heridas del XX. Las guerras mundiales, la guerra civil española, la
posguerra, la descolonización, las migraciones, el apartheid, las
dictaduras latinoamericanas, la caída del imperio soviético, los
feminicios en Ciudad Juárez o las turbulencias en Oriente Próximo pueden
rastrearse en la obra del propio Bolaño, Ian McEwan, W. G. Sebald,
Javier Marías, Javier Cercas, Tony Judt, Mario Vargas Llosa, J. M.
Coetzee, Zadie Smith, Svetlana Aleksiévich, Emmanuel Carrère, Marjane
Satrapi o Edmund de Waal.
Pero si esos autores empiezan a ser canónicos no es solo por los
temas que abordan, sino por el modo en que lo hacen: mezclando realidad y
ficción, narración y reflexión, dinamitando los géneros tradicionales o
dejando que su intimidad sin filtros discuta con la historia universal. Ese yo con voluntad de nosotros es el que ha producido además títulos
como los de Joan Didion, Lucia Berlin, Anne Carson y Raúl Zurita —que
tituló su obra magna con su propio apellido—, pero sobre todo los seis
volúmenes de Karl Ove Knausgård. También la gran historia y la intimidad cruda están presentes en títulos del siglo XXI tan exitosos como El Código Da Vinci, El niño con el pijama de rayas o Cincuenta sombras de Grey.
¿Por qué no están en esta lista? Tal vez porque no cuadran con la
definición que el crítico Northrop Frye acuñó para la “gran
literatura”: aquella que es “dueña de una visión siempre más vasta que
la de sus mejores lectores”. El poeta Wystan Hugh Auden lo matizó así:
“Hay libros que han sido injustamente olvidados; ninguno es injustamente
recordado”. La crisis económica de 2008 sumó la indignación a la inseguridad y dio la razón a una novela premonitoria publicada en España un año antes: Crematorio,
de Rafael Chirbes. De paso, empoderó —el verbo del siglo— a un género y
a una generación. El feminismo y el ecologismo son por ahora la
respuesta más contundente a una deriva insostenible que va camino de
convertir en realismo puro una novela de, digamos, ciencia-ficción como La carretera,
de Cormac McCarthy. Protagonizada por dos hombres solos —un padre y un
hijo— que vagan por un planeta devastado, la distopía del autor
estadounidense incluye en sus páginas algo que se parece a una
definición de la literatura de hoy: “Dios no existe y nosotros somos sus
profetas”.
"2666 es lo mejor de una producción literaria prematuramente interrumpida", escribió Ana María Moix en Babelia en 2004, "Amalfitano, uno de los protagonistas de la segunda de las cinco partes o novelas que componen 2666,
obra póstuma de Roberto Bolaño (1953-2003), rememora desde México una
conversación sostenida, hacía años en Barcelona, con un joven
farmacéutico que pasaba sus noches de guardia leyendo. Al joven le
gustaba leer novelas breves como La metamorfosis, de Kafka; Bartleby, el escribiente, de Melville; Un corazón simple, de Flaubert, o Un cuento de Navidad, de Dickens, títulos que escogía en lugar de El proceso, Moby Dick, Bouvard y Pécuchet o El Club Pickwick,
novelas largas de los citados autores. 'Qué triste paradoja, pensó
Amalfitano', escribe Bolaño. 'Ya ni los farmacéuticos ilustrados se
atreven con las grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren
caminos en lo desconocido. Escogen los ejercicios perfectos de los
grandes maestros (...)'. Y, de hecho, eso es 2666: una gran
obra torrencial, que abre caminos en lo desconocido". Moix apunta que
las cinco partes de esta gran obra pueden leerse por separado, pero se
perdería la grandeza que alcanzan juntas.
La novela del alemán W. G. Sebald (1944-2001) narra la
odisea vital de un hombre sin historia llamado Jacques Austerlitz en
busca de ese tejido perdido en el tiempo que son sus padres. El
protagonista camina sobre los restos de una devastación insoportable
después de dos guerras. “Austerlitz es una formidable representación del
destino del hombre moderno llevado a un extremo: el del desarraigo
extremo; también lo es de la capacidad de supervivencia del ser humano”,
escribió en estas páginas José María Guelbenzu en 2002. Traducción de Miguel Sáenz. Traducción de Miguel Sáenz.
Anne Carson (1950) abordó en La belleza del marido el
conflicto desencadenado por su separación. “Hay en este poemario”,
escribió el crítico Ángel Rupérez en 2003, “una tensión entre la
idealización inicial del marido (…) y el derrumbe de ese ídolo que
consigue sobrepasar con creces el anecdotario más estrictamente
autobiográfico y confesional, constantemente convertido en materia
poética contaminada por un continuo y soterrado —no explícito— aliento
lírico hecho de elegía comedida y de creencia incondicional en la
belleza”. Traducción de Ana Becciu.
La Fiesta del Chivo es un relato sobre el dictador
dominicano Rafael Leónidas Trujillo Molina y, a la vez, un impresionante
fresco de la corrupción destructiva de las dictaduras. En su crítica de
2000, el argentino Tomás Eloy Martínez definió la novela del premio
Nobel Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) como “un retrato implacable
del poder absoluto en una novela que se lee sin respiro de principio a
fin”.
Emmanuel Carrère (París, 1957) ha construido un género propio en el
que mezcla la autobiografía con el retrato de personajes insólitos. Así
definió el autor a su protagonista en 2013: “Ha sido granuja en Ucrania,
ídolo del underground soviético, mendigo y después mayordomo
de un millonario en Manhattan; escritor en París, soldado en los
Balcanes, y, ahora, en el inmenso burdel del poscomunismo en Rusia,
viejo jefe carismático de un partido de jóvenes desesperados. Él se ve
como un héroe, pero también se le puede considerar un cabrón: yo no me
atrevo a juzgarlo”. Traducción de Jaime Zulaika.
Javier Marías cerró su trilogía Tu rostro mañana en 2007 con Veneno y sombra y adiós,
en la que reflexiona sobre el egoísmo, la verdad y la culpa.
José-Carlos Mainer calificó la obra de ejemplo del género de la
autoficción: “Marías ha logrado la construcción más sostenida, compleja e
importante que tal voluntad (de estilo y de género) ha producido en las
nuevas letras españolas”. Mainer describe la obsesión por “la
naturaleza de la verdad” y cree que “el punto de partida de la
existencia es el egoísmo”.
“De las 20.000 páginas de cuadernos íntimos que Bioy (1914-1999)
escribió a lo largo de su vida, su relación con Borges ocupa 1.700”,
explicó en una información de 2006 Javier Rodríguez Marcos. Son las que
preparó para este volumen antes de morir: “Aunque el libro se extiende
entre 1931 y 1989, Bioy resume los 15 primeros años en una decena de
páginas. Eso sí, brillantes. Los diarios borgianos de Bioy están llenos
de literatura”. Borges dijo que su relación era una profunda amistad
“sin intimidad” cuya piedra angular eran los libros.
Verano, la tercera entrega de las memorias del sudafricano
J. M. Coetzee (1940), “revela una audacia literaria que no por
consecuente con la última parte de su obra deja de ser un reto
original”, escribió José María Guelbenzu en 2010. En este libro, cinco
entrevistados crean con su testimonio un Coetzee personal e íntimo, en
un documento que manifiesta la viveza de espíritu del escritor y su
apuesta irreductible por la verdad literaria. Traducción de Jordi Fibla.
“La obra de no ficción de Joan Didion (1934) ejemplifica bien el
género conocido como ensayo personal, una forma de escritura cuyo
objetivo es someter a examen circunstancias de orden histórico o
sociológico desde una perspectiva radicalmente subjetiva”, escribió en
2005 en estas páginas Eduardo Lago. Este libro de duelo es, en palabras
del escritor, “el más personal por lo íntimo y doloroso del tema”: la
muerte de su marido. Traducción de Javier Calvo.
El escritor chileno Roberto Bolaño, en 1997.MANOLO S. URBANO
Un padre y su hijo, supervivientes de una hecatombe nuclear, caminan
hacia un sur que, solo quizá, sea su salvación. “Unidos por el amor y el
miedo, son la expresión de una soledad intolerable”, escribió J. M.
Guelbenzu en su crítica de esta novela de Cormac McCarthy (1933). Traducción de Luis Murillo Fort.
Rafael Chirbes (1949-2015) narró en esta novela la corrupción
urbanística en España. “Con una escritura de precisión clínica en la que
a veces recala un medido lirismo, el escritor no cede al olvido de la
grande y pequeña historia de nuestro país. Como si Galdós vigilara”,
escribió sobre el autor y su obra J. E. Ayala-Dip.
“El rasgo más característico de la escritura de Zadie Smith (1975)es su propensión a la sátira. No obstante, Dientes blancos
no es una novela divertida”, escribió Francisco Solano en 2001.
“Retrata el espacio multirracial habitado por hijos de inmigrantes, cuya
asimilación a la metrópoli, junto con la confrontación con los padres,
les aboca a ser víctimas de una mezcolanza ideológica y religiosa que
produce claros efectos de atolondramiento”. Traducción de Ana M. de la Fuente.
La estadounidense Lucia Berlin (1936-2004) empezó a publicar (no a
escribir) muy tarde y solo a finales del pasado siglo se la comenzó a
reconocer como una narradora excepcional. Manual para mujeres de la limpieza
es una antología de relatos basados en la vida itinerante de la autora,
alcohólica, que trabajó en toda clase de oficios para mantener a sus
hijos. “Todo cuanto relata tiene olor a verdad”, aseguró José María
Guelbenzu en 2016. Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino.
“La primera impresión que produce Raúl Zurita (Santiago, 1950) es la
de un poeta perdido en el mundo del misterio y la espiritualidad”,
escribió el cronista Patricio Fernández en 2012. “No lee, canta, se
lamenta, y reza”. Y este poeta publicó aquel año su particular
autobiografía, un poemario de 800 páginas en el que se expone más
crudamente que nunca.
El historiador británico (1948-2010) logró con este libro una hazaña,
mezclando las lavadoras, los Beatles y Margaret Thatcher. Esto es, la
vida cotidiana, la cultura y la política. “La nueva Europa constituye un
éxito notable vitalmente vinculado a un terrible pasado”, escribió
Santos Juliá en su reseña. “Para que los europeos conserven siempre ese
vínculo vital hay que enseñárselo de nuevo a cada generación”. Traducción de Jesús Cuéllar y Gloria E. Gordo del Rey.
J. Ernesto Ayala-Dip habló en su crítica de Soldados de Salamina
en 2001 de la mezcla entre “el relato real” que se plantea en el libro
de Cercas y la “obra de ficción” que realmente es. La historia del
fallido fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas, escritor y fundador de la
Falange, se desarrolla con “esa prosa que se desliza con la naturalidad
que da la madurez”, añadió Ayala-Dip sobre esta novela.
Cuando Svetlana Aleksiévich (Ucrania, 1948) recibió el Premio Nobel
de Literatura, muchos lectores descubrieron la fuerza de una obra, a
medio camino entre el periodismo y la historia. El fin del ‘Homo sovieticus’
ofrece las voces de los que vivieron el fin del comunismo. “Su obra es
también una revancha del periodismo”, escribió Lluís Bassets sobre su
obra, “que busca las fuentes más modestas y las experiencias más
sencillas para explicar lo que fue silenciado durante las siete décadas
soviéticas”. Traducción de Jorge Ferrer.
En Persépolis, el único cómic en la lista, la autora iraní
cuenta la revolución islámica de 1980 vista por una niña, la que Marjane
Satrapi era entonces, con 10 años, cuando tuvo que ponerse pañuelo por
primera vez para ir a la escuela. “Tenía un deber para con mi país”, le
dijo en 2002 a Jaume Vidal en una entrevista. Un cómic en blanco y negro
porque, según Satrapi, “el rojo de la sangre podría ser muy dramático”.
Traducción de Albert Agut.
A través de la historia de 264 miniaturas japonesas llamadas netsukes
—entre ellas, la liebre que da título al libro—, Edmund de Waal
(Nottingham, 1964) construye la historia de su familia, aunque va mucho
más allá en un retrato de la historia reciente de Europa y de sus
profundas heridas y ausencias. Traducción de Marcelo Cohen.
Del 22 al 50
22. La grande, Juan José Saer
23. Nunca me abandones, Kazuo Ishiguro
24. Anatomía de un instante, Javier Cercas
25. Demasiada felicidad, Alice Munro
26. La tabla rasa, Steven Pinker
27. Los años, Annie Ernaux
28. Temporada de huracanes, Fernanda Melchor
29. Sapiens, Yuval Noah Harari
30. Kafka en la orilla, Haruki Murakami
31. El nervio óptico, María Gainza
32. Los diarios de Emilio Renzi, Ricardo Piglia
33. La novela luminosa, Mario Levrero
34. En presencia de la ausencia, Mahmud Darwish
35. Incendios, Wajdi Mouawad
36. Pensar rápido, pensar despacio, Daniel Kahneman
37. Las correcciones, Jonathan Franzen
38. El adversario, Emmanuel Carrère
39. La mancha humana, Philip Roth
40. Canadá, Richard Ford
41. Elizabeth Costello, J. M. Coetzee
42. Terror y utopía, Karl Schlögel
43. Lectura fácil, Cristina Morales
44. Las poetas visitan a Andrea del Sarto, Juana Bignozzi
45. Ordesa, Manuel Vilas
46. Distancia de rescate, Samanta Schweblin
47. La noche de los tiempos, Antonio Muñoz Molina
48. Teoría King Kong, Virginie Despentes
49. El mundo deslumbrante, Siri Husvedt
50. Los testamentos, Margaret Atwood
Infiel. Historias de transgresión, Joyce Carol Oates
El salto del ciervo, Sharon Olds
El capital en el siglo XXI, Thomas Piketty
Abril
Pérez Sagaón había denunciado a su marido por intento de homicidio en
enero pero un juez lo dejó en libertad. Este lunes recibió dos disparos
en un coche en el que viajaban también dos de sus hijos.
Juan Carlos García y Abril Pérez.TwitterCuando el hijo mediano escuchó la pelea, su padre estaba a punto de
degollar a su madre con una navaja en el cuarto de al lado. Era enero de
este año. Abril Pérez Sagaón estuvo a punto de morir asesinada por su
entonces marido, Juan Carlos García, exdirector de la filial mexicana de
Amazon y director de comercio digital de la multinacional de
electrodomésticos Elektra. Y aunque no eran los primeros golpes y
amenazas que recibía, sí fue la primera vez que decidió gritar basta. Una decisión mucho más que valiente en México, donde al menos ocho de
cada 10 casos permanece impune, según los datos de transparencia. Pérez Sagaón hizo lo que podía legalmente.
Y este lunes 25 de noviembre fue asesinada de dos balazos en la
cabeza y en el cuello mientras viajaba en un coche por la capital.
Sus
hijos adolescentes vieron todo desde los asientos de atrás.
Abril
Pérez ya no vivía en la Ciudad de México desde que su exmarido había
intentado asesinarla. Huyó a Monterrey con su familia y desde allí
inició el proceso de divorcio y continuó el proceso penal por intento de
homicidio. García fue detenido y poco después liberado. El testimonio
de Pérez y del hijo mediano de ambos, que presenció todo, no fue
suficiente para que el juez del Tribunal Superior de Justicia de la
capital Federico Mosco González lo considerara como intento de feminicidio
y reclasificó el delito a violencia intrafamiliar y lesiones. Una
modificación que convirtió a un presunto asesino en un hombre que,
mediante fianza, pudo librar la cárcel. El juez es conocido también en
la capital por haber liberado a un médico acusado de violar a una
paciente en 2018, lo exculpó de ese delito pero sí reconoció que hubo
abuso sexual, para el que en ese caso no exigía pena de cárcel. Después
de 11 meses de batallas legales contra su agresor y exmarido, de
divorciarse y lograr la custodia de sus tres hijos, todavía seguía
peleando por demostrar que ese hombre había intentado asesinarla. Esta
semana había acudido a la capital para realizarse una prueba psicológica
que formaba parte del proceso de apelación contra García. La defensa de
su exmarido había sido informada de esto, "y es muy posible que él
también supiera que ella estaba en la ciudad", cuenta por teléfono un
miembro de la familia, que prefiere no dar su nombre. El que fuera el elegido de Amazon para inaugurar en México su filial en 2015,
tenía una orden de alejamiento. Pero la familia de Pérez está
convencida de que él mandó matarla. "Tiene suficiente dinero como para
contratar a un sicario. A nosotros no nos cabe duda de que fue él. Por
cómo sucedieron las cosas, porque ya lo había intentado antes y porque
sabemos cómo es", cuenta el familiar. La fiscalía de la capital maneja
estos días esta línea de investigación. Pero García se encuentra en
paradero desconocido. "Probablemente esté desde hace tiempo fuera de
México", apunta la familia. García se convirtió en el director de Amazon en su división de México
y ocupó el puesto durante dos años y medio, según su perfil de
Linkedin. Unos años antes, había fundado las startups de ventas
en Internet Decompras.com y PlazaVIP.com que después vendió a Terra
Networks y Grupo Carso. También fue, durante dos años, vicepresidente de
comercio electrónico para Walmart México. Y durante el presunto
homicidio de su esposa ocupaba el puesto ejecutivo como director de
ventas web de Elektra. El día que la asesinaron iba con sus dos hijos menores y su abogado
en un coche rumbo al aeropuerto de la capital. Había terminado los
trámites que requería en ese momento el proceso judicial e iba a
regresar a Monterrey. Estaba sentada en el lugar del copiloto. Y
alrededor de las 17.30 horas, un hombre en una moto alcanzó su
ventanilla y disparó directamente a su cabeza, otro balazo alcanzó su
clavícula. Ni el conductor, que era su abogado, ni sus hijos recibieron
un disparo. "El ataque fue totalmente dirigido hacia ella. Y el único
enemigo que tenía en su vida era él", señala el familiar. Después de más
de seis horas, los médicos no pudieron salvarla. Y falleció cerca de la
media noche. El caso de Abril ha indignado a un país donde mueren asesinadas 10 mujeres al día,
unas cifras que no han dejado de crecer desde que se tienen registros y
que no se pueden relacionar con la violencia del narco y la
generalizada del país, que también ha alcanzado cifras históricas este
año. Mientras en 2012 los homicidios descendían, los feminicidios se
mantenían como un drama estructural que no le ha dado tregua a la mitad
de la población. El día que la asesinaron, en la calle principal de la
capital, unas 3.000 mujeres protestaban contra la violencia de género. Con motivo del día mundial contra este tipo de violencia,
miles de manifestantes enfurecidas pintaban estatuas y destrozaban a
martillazos marquesinas y mobiliario urbano ante la estupefacción y
críticas de muchos otros por sus "métodos violentos" de hacer justicia. Al mismo tiempo, en otra calle no muy lejos de ahí, a una madre le
pegaron un tiro en la cabeza y otro en la clavícula mientras viajaba con
sus hijos en un coche hacia el aeropuerto. Una mujer que había
denunciado a su exmarido por intento de homicidio en enero y que
continuaba con la batalla legal para demostrar que ese hombre podía
intentar matarla de nuevo. "Temo por mi vida", le había dicho al juez. Ahora el exesposo de Abril Pérez Sagaón es el principal sospechoso del
feminicidio de su exmujer. Y para que la justicia de este país lo
busque, han hecho falta esos dos balazos. El que fuera el elegido de Amazon para inaugurar en México su filial en 2015,
tenía una orden de alejamiento. Pero la familia de Pérez está
convencida de que él mandó matarla. "Tiene suficiente dinero como para
contratar a un sicario. A nosotros no nos cabe duda de que fue él. Por
cómo sucedieron las cosas, porque ya lo había intentado antes y porque
sabemos cómo es", cuenta el familiar. La fiscalía de la capital maneja
estos días esta línea de investigación. Pero García se encuentra en
paradero desconocido. "Probablemente esté desde hace tiempo fuera de
México", apunta la familia. García se convirtió en el director de Amazon en su división de México
y ocupó el puesto durante dos años y medio, según su perfil de
Linkedin. Unos años antes, había fundado las startups de ventas
en Internet Decompras.com y PlazaVIP.com que después vendió a Terra
Networks y Grupo Carso. También fue, durante dos años, vicepresidente de
comercio electrónico para Walmart México. Y durante el presunto
homicidio de su esposa ocupaba el puesto ejecutivo como director de
ventas web de Elektra. El día que la asesinaron iba con sus dos hijos menores y su abogado
en un coche rumbo al aeropuerto de la capital. Había terminado los
trámites que requería en ese momento el proceso judicial e iba a
regresar a Monterrey. Estaba sentada en el lugar del copiloto. Y
alrededor de las 17.30 horas, un hombre en una moto alcanzó su
ventanilla y disparó directamente a su cabeza, otro balazo alcanzó su
clavícula. Ni el conductor, que era su abogado, ni sus hijos recibieron
un disparo. "El ataque fue totalmente dirigido hacia ella. Y el único
enemigo que tenía en su vida era él", señala el familiar. Después de más
de seis horas, los médicos no pudieron salvarla. Y falleció cerca de la
media noche.
El caso de Abril ha indignado a un país donde mueren asesinadas 10 mujeres al día,
unas cifras que no han dejado de crecer desde que se tienen registros y
que no se pueden relacionar con la violencia del narco y la
generalizada del país, que también ha alcanzado cifras históricas este
año. Mientras en 2012 los homicidios descendían, los feminicidios se
mantenían como un drama estructural que no le ha dado tregua a la mitad
de la población. El día que la asesinaron, en la calle principal de la
capital, unas 3.000 mujeres protestaban contra la violencia de género. Con motivo del día mundial contra este tipo de violencia,
miles de manifestantes enfurecidas pintaban estatuas y destrozaban a
martillazos marquesinas y mobiliario urbano ante la estupefacción y
críticas de muchos otros por sus "métodos violentos" de hacer justicia. Al mismo tiempo, en otra calle no muy lejos de ahí, a una madre le
pegaron un tiro en la cabeza y otro en la clavícula mientras viajaba con
sus hijos en un coche hacia el aeropuerto. Una mujer que había
denunciado a su exmarido por intento de homicidio en enero y que
continuaba con la batalla legal para demostrar que ese hombre podía
intentar matarla de nuevo. "Temo por mi vida", le había dicho al juez. Ahora el exesposo de Abril Pérez Sagaón es el principal sospechoso del
feminicidio de su exmujer. Y para que la justicia de este país lo
busque, han hecho falta esos dos balazos.
Hablamos con la estilista Kristin Rankin, responsable del
proyecto DressCode para la diversidad e inclusión de género en las
peluquerías, sobre la brecha de la industria del cabello con las
diferentes sensibilidades, su experiencia personal y las posibles
soluciones.
En una sociedad que lleva siglos adoctrinándonos en el culto a
la imagen, resulta revelador que el único aspecto excluido del
autocuidado femenino sea el aparato genital. Iniciada la conquista del
placer sexual, toca hacer lo propio con la higiene íntima de las
mujeres.
La protagonista de la película ‘Madre’, nos desvela de la mano
de For Her, el perfume que homenajea al universo femenino de Narciso
Rodriguez, el significado de ser mujer y su feminidad en cada uno de sus
papeles.
Combatiendo el fotoenvejecimiento mientras hay luz y regenerando cuando cae el sol.
Más allá de su función de marketing,
las etiquetas de ‘noche’ y ‘día’ responden específicamente a las
diferentes fases y necesidades que la piel atraviesa cada jornada.
Para los cabellos normales, cualquier champú funciona. Incluso
los de supermercado. Seleccionamos los que cuentan con las críticas más
apasionadas en línea.
La cultura del positivismo ofrece soluciones al malestar de los
individuos en forma de mensajes superficiales, cargados de optimismo y
de estética aniñada, en los que el cambio se entiende como una
responsabilidad única que recae en la persona y sus actitudes. Sus
efectos son en realidad desempoderantes: aumentan la frustración y la
ansiedad a largo plazo.
Si la limpieza facial es el paso básico y clave para una piel saludable y
bonita, vale la pena esforzarse por encontrar el producto que mejor
cuide tu rostro.
Encuéntralo entre los cinco más exitosos que ofrecen
resultados reales.
De la mano de For Her, el perfume de Narciso Rodriguez que
homenajea a la mujer, la intérprete de ‘Madre’, premiada en la Mostra de
Venecia y en el reciente Festival de Cine Europeo de Sevilla, nos
desvelará en las próximas semanas las diferentes facetas que acompañan a
uno de los mejores momentos de su carrera. Un acercamiento único a una
personalidad cargada de magnetismo y luz
La única hija de Isabel II se ha convertido en la
gran revelación de la tercera temporada de la serie de ‘The Crown’ por
su carácter indómito y su convulso historial de romances.
Erin Doherty da vida a la princesa Ana en 'The Crown'. Foto: Netflix
“La princesa Ana, honestamente, no significaba nada
para mí. Cuando me documenté sobre ella, me di cuenta de que era una
mujer increíble. Me enamoré por completo”. La actriz Erin Doherty
admitió el pasado octubre en The Telegraph ser la primera sorprendida con la riqueza del personaje que interpreta en la tercera temporada de la serie de Netflix, The Crown. A pesar de haber nacido y crecido en Gran Bretaña, como para muchos otros jóvenes de su
generación, la casa real es ese dinosaurio que
siempre estuvo ahí y que más allá de sus bodas y escándalos periódicos,
poco o nada le preocupa en su día a día. Y la princesa Ana,
quizá la más discreta y alérgica a los focos de todos los habituales de
Buckingham, siempre ha sido la mayor desconocida de los Windsor. No extraña por tanto la fascinación que el indómito carácter e
increíble vida de la hija de Isabel II y Felipe de Edimburgo, la que se
negó a vivir en un cuento de hadas, ha despertado entre la crítica y el
público de la serie. El premio a la gran revelación de la temporada
seriéfila ya tiene dueña. A pesar de que su historial amoroso no es tan conocido y mediático como
los de sus otros dos hermanos varones, este no puede calificarse como
menos rocambolesco. Recién cumplida la mayoría de edad, en una fiesta
que reunía a lo más granado del mundo británico de la hípica (su gran
pasión), Ana conoció al jinete y capitán del ejército Mark Phillips. Se
casarían cinco años después, en una enlace multitudinario con 2000 invitados y que, según publicó entonces The New York Times, contó con hasta 500 millones de espectadores siguiéndolo por televisión. Varios
expertos en la familia real sostienen que Ana se casó como respuesta a
un despecho provocado por su primer y gran amor, Andrew Parker Bowles,
compañero del equipo de polo del príncipe Carlos. Aunque mantuvieron un
breve pero pasional romance, Parker Bowles salía con Camilla Shand,
futura duquesa de Cornualles y que en aquel tiempo también presumía ya
de su estrecha relación con el príncipe de Gales. Como no podía ser de
otra manera, este infructuoso cuadrado amoroso es una de las tramas
principales de la tercera temporada de The Crown. Según la biógrafa de Carlos de Inglaterra, Sally Bedell Smith, la
razón por la que Ana y Andrew no pudieron cimentar su amor se debe a la
confesión religiosa de este, el catolicismo, que le hacía un candidato
improbable a formar parte de los Windsor. Pese a todo, Parker Bowles
continúa hoy siendo uno de los amigos más cercanos de Ana.
Un año después de contraer matrimonio con el que sería el padre de
sus dos hijos, Peter y Zara, la princesa protagonizaró uno de los
momentos más dramáticos de la década de los setenta en las islas. Un
hombre llamado Ian Ball, enfermo de esquizofrenia, paró el coche en el
que viajaba junto a Phillips y el resto de su equipo. Ball, que había
trazado un plan para secuestrar a la hija de Isabel II y pedir dos
millones de libras por su liberación, abrió fuego contra su chófer, su
guardaespaldas y otros dos viandantes que trataron de impedir el
secuestro. El criminal llegó a encañonar a Ana, que con solo 23 años y una pasmosa tranquilidad se negó en firme a salir del coche. “Estuve cerca de perder los nervios pero sabía que si lo hacía, le pegaría y entonces él me dispararía”, confesó después en The Telegraph .
Finalmente, Ron Russell, un exboxeador que paseaba cerca de la escena,
neutralizó al pistolero a base de puñetazos, acción por la cual la reina
le concedió la medalla de Jorge al heroísmo.
La boda de la princesa y Mark Phillips reunió a cientos de millones de espectadores frente al televisor. Foto: GETTY
La relación entre la princesa y Mark Phillips no tardó demasiado en fracturarse.
La revista Peoplepublicó
que, con motivo del nacimiento de su hija Zara en 1981, el capitán
había comenzado a pasar largos periodos fuera del hogar familiar y
apenas acompañaba a su mujer en actos oficiales.
El príncipe Carlos
nunca fue demasiado amable con Phillips, a quien le puso el sobrenombre
de 'foggy' (nublado) por ser un tipo “espeso y húmedo”.
La
pareja se hospedaba en hoteles diferentes durante los viajes oficiales y
la prensa les adjudicó distintos affaires a lo largo del tiempo.
En el lado de la princesa, el del escolta personal Peter Cross o el del actor de Retorno a Brideshead, Anthony Andrews. Pero la mascarada fue destapada en 1989.
En uno de los mayores escándalos públicos al que se ha enfrentado el reinado de Isabel II, el diario The Sun publicó unas cartas románticas robadas del despacho de la princesa.
El remitente era Timothy Laurence, capitán de fragata de 34 años que
por entonces ejercía como caballerizo de la reina. Su matrimonio con
Phillips se disolvió a los pocos meses, pero la polémica creció cuando
Heather Tonkin, una profesora de arte de Nueva Zelanda, atribuyó a este
de ser el padre de su hija. A pesar de los desmentidos del marido de la
princesa, una prueba de ADN demostró que era el progenitor de la niña,
nacida en 1985, cuatro años antes de su separación.
Ana se casó con Tim Lawrence en 1992 en Escocia, donde se permite el matrimonio religioso a las personas divorciadas. Foto: GETTY
Ana y Laurence cumplen este 2019 veintisiete años de un feliz y discreto matrimonio.
La princesa es la figura más activa de la corona británica, con más de 500 eventos atendidos durante el pasado 2018
y dedica la mayor parte de su tiempo libre a su pasión por los
caballos.
"Si algo no se tira pedos ni come heno, a Ana no le interesa",
declaró en una ocasión el príncipe Felipe, como recoge The Independent.
Su espíritu independiente y discurso directo ha sido comparado con el de su hija en múltiples ocasiones.
Con apenas 26 años, en Montreal 76, Ana se convirtió en el primer
miembro de la historia de la familia real británica en competir en unos
Juegos Olímpicos y, pese a que no consiguió una medalla, sí logró tocar
el metal unas décadas después: su hija Zara se hizo con una plata
olímpica en hípica por equipos en Londres 2012.
La princesa Ana enunció la mejor y más concisa descripción de sí misma posible en una entrevista televisiva de 1980: “No soy esa idea de princesa de cuento de hadas que la gente tiene en la cabeza”. No lo es, ni jamás quiso serlo. Desde su juventud hizo gala de una
personalidad y una honestidad a la hora de expresar sus opiniones
impropia de la rigidez y diplomacia que requiere la corona. En esa misma
conversación con el periodista Michael Parkinson, a sus 30 años, se
adelantó a su tiempo al denunciar el sexismo que sufrían las mujeres de
la época. “Los hombres pueden parecer más serios, se les permite serlo. Además, a las mujeres tampoco nos dejan ser divertidas”,
respondía al ser preguntada acerca de las críticas de la prensa por su
seco temperamento ante los micrófonos. Erin Doherty no puede estar más satisfecha
con el personaje que le acompañará de ahora en adelante en su perfil en
el resto de su carrera y en la mente de los espectadores. Así lo
confesaba hace unos días a Vulture: “Ella es una estrella del rock en el sentido de que estaba decidida a
decirle a la gente lo que piensa. (…) Es brillante, segura de sí misma. También es muy divertida –tiene un ingenio muy afilado que dice mucho de
ella. Es un soplo de aire fresco y ha sido un placer interpretarla”.
La hípica ha sido la gran pasión de la única hija de la reina Isabel II. Foto: Getty