EL VENDEDOR DE NARANJAS-JUANA DE IBARBOUROU |
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Muchachuelo de brazos cetrinos
que vas con tu cesta, rebosando naranjas pulidas de un caliente color ambarino; Muchachuelo que fuiste a las chacras y a los árboles amplios trepaste como yo me trepaba cuando era una libre chicuela salvaje: Ven acá muchachuelo, yo ansío que me vuelques tu cesta en la falda. Pide el precio mas alto que quieras. ¡ Ah qué bueno el olor a naranjas! A mi pueblo distante y tranquilo, naranjales tan prietos rodean, que en agosto semeja de oro, y en diciembre de azahares blanquea. Me crié respirando ese aroma y aun parece que corre en mi sangre. Naranjitas pequeñas y verdes, siendo niña enhebrada en collares. Después lejos llevóme la vida, me he tornado tristona y pausada. ¡ Qué nostalgia tan honda me oprime cuando siento el olor a naranjas! Si a otros pagos muy lejos del tuyo, indiecito , algún día te llevan, y no eres feliz y suspiras por volver a tu vieja querencia, y una tarde en un soplo de viento el sabor a tus montes te asalta, ¡ ya sabrás indiecito asombrado, lo que es la palabra "nostalgia"!. |
11 nov 2019
EL VENDEDOR DE NARANJAS-JUANA DE IBARBOUROU
Jane Fonda, actriz de puño en alto.................. Antonia Laborde
La octogenaria ha sido detenida cuatro veces en un mes durante sus protestas contra el cambio climático.
Cuando Jane Fonda
(Nueva York, 1937) tenía 33 años había sido nominada al Oscar, pero no
sabía ubicar Vietnam en el mapa.
Dos años después, en 1972, viajó sola a Hanói, la capital comunista del país asiático, en calidad de activista.
Quería acabar con la guerra.
Con todas.
Se volcó por completo en la lucha por los derechos de los nativos americanos, abrazó el movimiento de los Panteras Negras y clamó por el retorno de las tropas estadounidenses.
El primer tropiezo de este repentino despertar no tardó en llegar.
En su viaje al epicentro del conflicto bélico se sentó entre risas sobre un cañón del bando enemigo de EE UU.
A su regreso era “Hanói Jane, la traidora”, declarada persona non grata por el FBI.
Reconoció su ingenuidad y pidió perdón a los veteranos del Ejército.
A sus 81 años sigue disculpándose por el episodio —“Me iré a la tumba lamentándolo”, asegura—. También sigue luchando, sedienta de nuevas causas.
Su madre era una socialite bipolar que se suicidó cuando ella tenía 13 años y su padre, el aclamado actor Henry Fonda, abandonó a Jane y a su hermano cuando eran adolescentes.
De esa familia nace la activista que ha tenido que batallar contra sus propias contradicciones para convertirse en el referente de lucha que es hoy.
Desde hace un mes se la puede ver cada viernes plantada frente al Capitolio acompañada de estrellas de Hollywood como Rosanna Arquette o Ted Danson para exigir a los políticos acciones concretas frente al cambio climático.
El compromiso con la causa es tal que se mudó temporalmente a Washington para que su voz resonara más fuerte en el Congreso. Pero su faceta agitadora data de hace casi medio siglo.
El origen del activismo de Fonda radica en Klute (1971).
Interpretar a una prostituta en la película de Alan Pakula la llevó a un sitio oscuro que no había visitado hasta entonces.
Fue entonces cuando comenzó a entender el feminismo y la urgencia de protestar contra las injusticias sociales.
Meses antes, la actriz ya había dado muestras de estar harta de ser eso en lo que se había convertido: la novia de América.
Dio pistas pasando del cabello rubio ondulado a una melena marrón tiesa.
La culpa de décadas de ignorancia le pesaban.
Dos años después, en 1972, viajó sola a Hanói, la capital comunista del país asiático, en calidad de activista.
Quería acabar con la guerra.
Con todas.
Se volcó por completo en la lucha por los derechos de los nativos americanos, abrazó el movimiento de los Panteras Negras y clamó por el retorno de las tropas estadounidenses.
El primer tropiezo de este repentino despertar no tardó en llegar.
En su viaje al epicentro del conflicto bélico se sentó entre risas sobre un cañón del bando enemigo de EE UU.
A su regreso era “Hanói Jane, la traidora”, declarada persona non grata por el FBI.
Reconoció su ingenuidad y pidió perdón a los veteranos del Ejército.
A sus 81 años sigue disculpándose por el episodio —“Me iré a la tumba lamentándolo”, asegura—. También sigue luchando, sedienta de nuevas causas.
Su madre era una socialite bipolar que se suicidó cuando ella tenía 13 años y su padre, el aclamado actor Henry Fonda, abandonó a Jane y a su hermano cuando eran adolescentes.
De esa familia nace la activista que ha tenido que batallar contra sus propias contradicciones para convertirse en el referente de lucha que es hoy.
Desde hace un mes se la puede ver cada viernes plantada frente al Capitolio acompañada de estrellas de Hollywood como Rosanna Arquette o Ted Danson para exigir a los políticos acciones concretas frente al cambio climático.
El compromiso con la causa es tal que se mudó temporalmente a Washington para que su voz resonara más fuerte en el Congreso. Pero su faceta agitadora data de hace casi medio siglo.
Interpretar a una prostituta en la película de Alan Pakula la llevó a un sitio oscuro que no había visitado hasta entonces.
Fue entonces cuando comenzó a entender el feminismo y la urgencia de protestar contra las injusticias sociales.
Meses antes, la actriz ya había dado muestras de estar harta de ser eso en lo que se había convertido: la novia de América.
Dio pistas pasando del cabello rubio ondulado a una melena marrón tiesa.
La culpa de décadas de ignorancia le pesaban.
La intentó sanar, en su
ímpetu novato, gritando cuantas consignas fuese posible.
El terremoto
le llegó en un momento personal turbulento: se recuperaba de una
depresión posparto tras dar a luz a su primera hija y los desórdenes
alimenticios la tenían comiendo un huevo duro y una porción de espinacas
al día
Se mantenía activa a base de speed, como reconoció en el documental de HBO Jane Fonda in Five Acts
(2018).
Después de su primer divorcio, del director francés Roger Vadim, sintió la necesidad de encontrar un guía.
“Siempre buscaba un hombre para ello”, admite.
Lo encontró en Tom Hayden, un famoso activista autor de varios libros y defensor de la desobediencia civil.
Fonda vivió su época más revolucionaria durante esos años.
La apertura de su mente fue de la mano de la de su casa, parada obligatoria para activistas de la época, hippies y mendigos.
Junto a Hayden creó la Campaña para una Democracia Económica (CDE), una organización para los desfavorecidos.
Para mantenerla a flote publicó el libro En forma con Jane Fonda, que ocupó el primer puesto de la lista de los más vendidos de The New York Times durante dos años y dio pie a un vídeo de ejercicios convertido en el VHS más exitoso de la historia.
Todo el dinero recaudado iba al CDE, pero a Hayden no le gustó el rumbo que adquiría la carrera de su esposa, ni el éxito en las librerías que había logrado, según su relato.
Esa rutina de ejercicios acabó con el segundo matrimonio y con la bulimia y la anorexia de la actriz.
Después de su primer divorcio, del director francés Roger Vadim, sintió la necesidad de encontrar un guía.
“Siempre buscaba un hombre para ello”, admite.
Lo encontró en Tom Hayden, un famoso activista autor de varios libros y defensor de la desobediencia civil.
Fonda vivió su época más revolucionaria durante esos años.
La apertura de su mente fue de la mano de la de su casa, parada obligatoria para activistas de la época, hippies y mendigos.
Junto a Hayden creó la Campaña para una Democracia Económica (CDE), una organización para los desfavorecidos.
Para mantenerla a flote publicó el libro En forma con Jane Fonda, que ocupó el primer puesto de la lista de los más vendidos de The New York Times durante dos años y dio pie a un vídeo de ejercicios convertido en el VHS más exitoso de la historia.
Todo el dinero recaudado iba al CDE, pero a Hayden no le gustó el rumbo que adquiría la carrera de su esposa, ni el éxito en las librerías que había logrado, según su relato.
Esa rutina de ejercicios acabó con el segundo matrimonio y con la bulimia y la anorexia de la actriz.
Acostumbrada a complacer a los hombres que tenía al lado, Fonda dejó Hollywood por un rancho en Montana.
Fundó una organización para reducir los embarazos adolescentes, pero acudir a una conferencia siempre suponía una negociación desgastante con su pareja.
Tras 10 años, lo abandonó. No en busca de un nuevo guía, sino de una coherencia en su activismo.
“No podía decirme feminista cuando estaba en un matrimonio donde mi marido no sabía estar solo”, reconoce ahora, soltera.
La feminista sin complejos apoyó a Hillary Clinton en 2016.
Tras su derrota salió a las calles de Los Ángeles para reclamar equidad y protección de los derechos reproductivos de las mujeres amenazados por “el depredador en jefe” Donald Trump.
A un año de las próximas elecciones, apoya al precandidato demócrata Steve Bullock y, bajo el paraguas del movimiento MeToo, es altavoz de los abusos sufridos por campesinas, en general mujeres de color e inmigrantes.
El pasado viernes Fonda pasó la noche en la cárcel.
La policía la detuvo por cuarta vez en el último mes en una mañana invernal en Washington.
En la celda le prestó su distintiva chaqueta roja a una mujer, aunque luego se la pidió de vuelta para dormir —los agentes le aconsejaron evitar los colchones disponibles—. Al salir del encierro, la activista reconoció que los huesos le dolían.
Ya no es la joven que detenían por protestar contra la guerra de Vietnam.
Ahora ya no tiene por qué pedir perdón.
10 nov 2019
Jimena Coronado, 25 años y 9.125 noches con Sabina
La pareja se casará en 2020 después de que el músico le pidiera matrimonio con un poema el pasado verano.
“¡Jime: llévame al hospital!”. Esta llamada de socorro la ha escuchado Jimena Coronado algunas veces desde que ella y Joaquín Sabina
empezaron a convivir juntos hace más o menos 25 años.
De ahí que el cantante haya confesado en más de una ocasión que se trata de la mujer que le ha salvado en varias ocasiones la vida a lo largo de los últimos años.
Por eso, sin fecha todavía, pero con toda seguridad a lo largo de 2020, cambiará la ruta. Irán al juzgado: habrá boda.
Fue en la fiesta del 50º cumpleaños de Jimena cuando ante los invitados, Sabina, a sus 70 tacos, se arrodilló, le entregó un anillo y le soltó un poema con la más directa de las intenciones.
“Ya sabemos lo ceremonioso que es”, cuenta el editor Chus Visor, uno de los presentes.
Lo había planeado todo con la complicidad de algunos de sus amigos.
Tal como ha revelado el cantante en la televisión: “Doblé la cerviz y en verso…”.
No era la primera vez que lo intentaba Sabina.
Pero, hasta ese día, su compañera le había dado largas. Para no aguar la fiesta —y porque ya tocaba quizás después de 25 años de relación— dijo sí.
Se conocieron en 1994. La historia es más o menos conocida. Jimena acudió a hacerle fotografías para el diario El Comercio, de Perú, donde trabajó.
Esa misma noche quedaron en uno de los bares de la ciudad donde había nacido y vivía ella, hija del expresidente del Banco Central de la Reserva peruana: Pedro Coronado Labó.
imena acudió puntual. Él se retrasó dos o tres horas. Pero se acordaba de su nombre.
Ambos andaban entonces ennoviados. Al romper sus relaciones, volvieron a tomar contacto: “Me envió una carta que tardé cuatro meses en abrir porque estaba en medio de 19 días y 500 noches”, contó el cantante.
Parió una obra maestra del desgarro.
Pero las musas lo recompensaron con una historia feliz. Rompió el sobre, pasaron unos días en México y la historia cuajó hasta hoy. Poco a poco, sus incondicionales fueron sabiendo más, gracias a una de las primeras canciones que le dedicó: Rosa de Lima.
“Prima lejana, lengua de gato, bicarbonato de porcelana, dolor de muelas, pan de centeno hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos.
Prenda de abrigo, ven, vente conmigo...”.
Hasta la fecha, la caótica, perseverante y vibrante vida sentimental de Joaquín Sabina le había dado para una enciclopedia juglar.
Pero sólo había estado casado con Lucía Correa, con quien contrajo matrimonio el 18 de febrero de 1977. Fue, digamos, un trato de conveniencia:
“Yo era un hippie total y me quería suicidar por tener que ir al ejército. Entonces me enteré de una fórmula: si te casabas, podías ir a dormir fuera del cuartel todas las noches.
Inmediatamente llamé a todas las chicas que conocía. Y ella fue la única que me dijo que sí. El matrimonio duró lo que duró la milicia: muy poquito”, ha confesado el músico.
Lo desveló Joan Manuel Serrat esta semana en el programa Teleshow, de la televisión argentina, donde acudió junto al propio Sabina.
Por ahí han comenzado su gira a dúo: No hay dos sin tres, que recalará en enero en España. Quizás Serrat azuzó cierta indiscreción para refrendar públicamente un compromiso que se había dado tan solo entre familia y amigos el pasado verano.
Tuvo además dos hijas con Isabel Oliart, otra de las mujeres importantes en su vida.
Rocío y Carmela se llaman. Nadie más le había colocado hasta la fecha una alianza en el dedo.
Así que desde la revelación de esta semana, la cosa se ha convertido en asunto sensible para el universo de voces con gargantas rotas de sus seguidores. Tanto que Jimena Coronado se ha sorprendido del impacto y van a buscar ya fecha.
Ella huye del foco. No tiene nada que decir al respecto desde Argentina, pero no disimula la gracia que le ha producido el efecto de la noticia bomba.
Desde que conviven juntos, Jimena lleva los asuntos de Sabina de manera minuciosa y eficaz.
Ambos comparten vida con sus siete gatos en plena vorágine de Tirso de Molina, epicentro de Madrid, y una planta casi entera dedicada a sus aficiones bibliófilas.
Pasan sus vacaciones en Rota (Cádiz) entre un club de poetas muy vivos, músicos y amigos.
Todos ellos conscientes y cómplices a la hora de apoyar a Coronado para tratar de ordenar la vida del cantante.
Lo hace con ese toque magistral de quien aplica la suficiente coherencia en la cotidianidad de un barullo. Con unas dotes de sabiduría instintiva y de mujer fuerte.
Virtudes aplicadas a aquellos que huyen de convencionalismos pero necesitan que todo alrededor funcione sin renunciar a la perpetua parcela de caos que el músico exige como prescripción física y mental.
La compañía de Jimena le ha rescatado de sus coqueteos con la vida y la muerte.
Con ella se restableció de un ictus que casi le lleva al otro barrio en 2001, ha combatido sus lapsus, sus malos farios escénicos y sus depresiones. Esta vez, en su caso, quien ha sentado cátedra en el desamor como nadie, parece decidido a llevar lo suyo con Jimena hasta que la muerte los separe.
De ahí que el cantante haya confesado en más de una ocasión que se trata de la mujer que le ha salvado en varias ocasiones la vida a lo largo de los últimos años.
Por eso, sin fecha todavía, pero con toda seguridad a lo largo de 2020, cambiará la ruta. Irán al juzgado: habrá boda.
Fue en la fiesta del 50º cumpleaños de Jimena cuando ante los invitados, Sabina, a sus 70 tacos, se arrodilló, le entregó un anillo y le soltó un poema con la más directa de las intenciones.
“Ya sabemos lo ceremonioso que es”, cuenta el editor Chus Visor, uno de los presentes.
Lo había planeado todo con la complicidad de algunos de sus amigos.
Tal como ha revelado el cantante en la televisión: “Doblé la cerviz y en verso…”.
No era la primera vez que lo intentaba Sabina.
Pero, hasta ese día, su compañera le había dado largas. Para no aguar la fiesta —y porque ya tocaba quizás después de 25 años de relación— dijo sí.
Se conocieron en 1994. La historia es más o menos conocida. Jimena acudió a hacerle fotografías para el diario El Comercio, de Perú, donde trabajó.
Esa misma noche quedaron en uno de los bares de la ciudad donde había nacido y vivía ella, hija del expresidente del Banco Central de la Reserva peruana: Pedro Coronado Labó.
imena acudió puntual. Él se retrasó dos o tres horas. Pero se acordaba de su nombre.
Ambos andaban entonces ennoviados. Al romper sus relaciones, volvieron a tomar contacto: “Me envió una carta que tardé cuatro meses en abrir porque estaba en medio de 19 días y 500 noches”, contó el cantante.
Parió una obra maestra del desgarro.
Pero las musas lo recompensaron con una historia feliz. Rompió el sobre, pasaron unos días en México y la historia cuajó hasta hoy. Poco a poco, sus incondicionales fueron sabiendo más, gracias a una de las primeras canciones que le dedicó: Rosa de Lima.
“Prima lejana, lengua de gato, bicarbonato de porcelana, dolor de muelas, pan de centeno hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos.
Prenda de abrigo, ven, vente conmigo...”.
Hasta la fecha, la caótica, perseverante y vibrante vida sentimental de Joaquín Sabina le había dado para una enciclopedia juglar.
Pero sólo había estado casado con Lucía Correa, con quien contrajo matrimonio el 18 de febrero de 1977. Fue, digamos, un trato de conveniencia:
“Yo era un hippie total y me quería suicidar por tener que ir al ejército. Entonces me enteré de una fórmula: si te casabas, podías ir a dormir fuera del cuartel todas las noches.
Inmediatamente llamé a todas las chicas que conocía. Y ella fue la única que me dijo que sí. El matrimonio duró lo que duró la milicia: muy poquito”, ha confesado el músico.
Lo desveló Joan Manuel Serrat esta semana en el programa Teleshow, de la televisión argentina, donde acudió junto al propio Sabina.
Por ahí han comenzado su gira a dúo: No hay dos sin tres, que recalará en enero en España. Quizás Serrat azuzó cierta indiscreción para refrendar públicamente un compromiso que se había dado tan solo entre familia y amigos el pasado verano.
Tuvo además dos hijas con Isabel Oliart, otra de las mujeres importantes en su vida.
Rocío y Carmela se llaman. Nadie más le había colocado hasta la fecha una alianza en el dedo.
Así que desde la revelación de esta semana, la cosa se ha convertido en asunto sensible para el universo de voces con gargantas rotas de sus seguidores. Tanto que Jimena Coronado se ha sorprendido del impacto y van a buscar ya fecha.
Ella huye del foco. No tiene nada que decir al respecto desde Argentina, pero no disimula la gracia que le ha producido el efecto de la noticia bomba.
Desde que conviven juntos, Jimena lleva los asuntos de Sabina de manera minuciosa y eficaz.
Ambos comparten vida con sus siete gatos en plena vorágine de Tirso de Molina, epicentro de Madrid, y una planta casi entera dedicada a sus aficiones bibliófilas.
Pasan sus vacaciones en Rota (Cádiz) entre un club de poetas muy vivos, músicos y amigos.
Todos ellos conscientes y cómplices a la hora de apoyar a Coronado para tratar de ordenar la vida del cantante.
Lo hace con ese toque magistral de quien aplica la suficiente coherencia en la cotidianidad de un barullo. Con unas dotes de sabiduría instintiva y de mujer fuerte.
Virtudes aplicadas a aquellos que huyen de convencionalismos pero necesitan que todo alrededor funcione sin renunciar a la perpetua parcela de caos que el músico exige como prescripción física y mental.
La compañía de Jimena le ha rescatado de sus coqueteos con la vida y la muerte.
Con ella se restableció de un ictus que casi le lleva al otro barrio en 2001, ha combatido sus lapsus, sus malos farios escénicos y sus depresiones. Esta vez, en su caso, quien ha sentado cátedra en el desamor como nadie, parece decidido a llevar lo suyo con Jimena hasta que la muerte los separe.
Da miedo..............................................Juan José Millás
HAY QUIEN evoluciona hacia su ninot sin conocer siquiera la existencia de las Fallas.
Esta es la fotografía de un hombre real, pero podría ser la de uno de esos muñecos de las famosas fiestas valencianas. Un muñeco indultado y listo para ser envuelto en un plástico de burbujas. Pronto formaría parte del Museo Fallero, al que van a parar cada año los que se libran de la quema.
No necesitaría ningún retoque que exagerara al personaje porque ya él se ha encargado de construir la caricatura en tres dimensiones de sí mismo.
En esa bocaza abierta, que tiene algo de buzón de correos del infierno, se concentra la esencia del personaje más poderoso del mundo.
—Echen aquí sus peticiones —parece gritar—. Escriban en un papel lo que desean, introdúzcanlo en un sobre y déjenlo caer en esta boca con forma de desagüe.
Lucifer espera su llegada en mi ciego intraperitoneal.
La boca es, en efecto, el comienzo del aparato digestivo como los dientes son las terminaciones de la calavera, pero tanto aquella como estos han sido moldeados de tal forma que no se nos ocurre que al besar unos labios estemos besando en realidad un intestino, ni que al tocar los dientes de la persona amada estemos palpando su esqueleto.
Esta es la fotografía de un hombre real, pero podría ser la de uno de esos muñecos de las famosas fiestas valencianas. Un muñeco indultado y listo para ser envuelto en un plástico de burbujas. Pronto formaría parte del Museo Fallero, al que van a parar cada año los que se libran de la quema.
No necesitaría ningún retoque que exagerara al personaje porque ya él se ha encargado de construir la caricatura en tres dimensiones de sí mismo.
En esa bocaza abierta, que tiene algo de buzón de correos del infierno, se concentra la esencia del personaje más poderoso del mundo.
—Echen aquí sus peticiones —parece gritar—. Escriban en un papel lo que desean, introdúzcanlo en un sobre y déjenlo caer en esta boca con forma de desagüe.
Lucifer espera su llegada en mi ciego intraperitoneal.
La boca es, en efecto, el comienzo del aparato digestivo como los dientes son las terminaciones de la calavera, pero tanto aquella como estos han sido moldeados de tal forma que no se nos ocurre que al besar unos labios estemos besando en realidad un intestino, ni que al tocar los dientes de la persona amada estemos palpando su esqueleto.
Tampoco
pensamos en la lengua como en una especie de víbora agazapada en los
penetrales de la boca
. Sobre la boca y sobre los labios, incluso también
sobre la lengua, se ha escrito bastante poesía. Pero intenten ustedes
escribir un soneto sobre la boca, los labios o la lengua del señor de la
imagen. Quizá les saliera uno de terror, porque da miedo.
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