Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

10 nov 2019

Da miedo..............................................Juan José Millás

Juan José Millás
 
 
HAY QUIEN evoluciona hacia su ninot sin conocer siquiera la existencia de las Fallas.
 Esta es la fotografía de un hombre real, pero podría ser la de uno de esos muñecos de las famosas fiestas valencianas. Un muñeco indultado y listo para ser envuelto en un plástico de burbujas. Pronto formaría parte del Museo Fallero, al que van a parar cada año los que se libran de la quema.
 No necesitaría ningún retoque que exagerara al personaje porque ya él se ha encargado de construir la caricatura en tres dimensiones de sí mismo. 
En esa bocaza abierta, que tiene algo de buzón de correos del infierno, se concentra la esencia del personaje más poderoso del mundo.
—Echen aquí sus peticiones —parece gritar—. Escriban en un papel lo que desean, introdúzcanlo en un sobre y déjenlo caer en esta boca con forma de desagüe.
 Lucifer espera su llegada en mi ciego intraperitoneal.
La boca es, en efecto, el comienzo del aparato digestivo como los dientes son las terminaciones de la calavera, pero tanto aquella como estos han sido moldeados de tal forma que no se nos ocurre que al besar unos labios estemos besando en realidad un intestino, ni que al tocar los dientes de la persona amada estemos palpando su esqueleto.
 Tampoco pensamos en la lengua como en una especie de víbora agazapada en los penetrales de la boca
. Sobre la boca y sobre los labios, incluso también sobre la lengua, se ha escrito bastante poesía. Pero intenten ustedes escribir un soneto sobre la boca, los labios o la lengua del señor de la imagen. Quizá les saliera uno de terror, porque da miedo. 
 
 Da miedo  

Toda esa sangre.....................................................Rosa Montero



Buenísimas personas.........................................Javier Marías

Trump, Johnson, Salvini, Erdogan, Bolsonaro… Lo peor y más contradictorio es que ninguno de ellos tomó el poder por la fuerza, sino que fueron elegidos.

Buenísimas personas



SÍ, ES CURIOSO: basta con hablar del presente en pretérito indefinido o imperfecto, como si ya hubiera pasado y fuera historia, para ver con más nitidez nuestras imbecilidades, nuestra irracionalidad y nuestras abrumadoras contradicciones.
 Hace dos semanas terminé diciendo que las gentes de 2019 solían ser inclementes y sin embargo se creían todas buenísimas personas. Se lo creían al mismo tiempo que ensalzaban y votaban a individuos inequívocamente antipáticos, ruines, rastreros y que exhibían como un gran mérito su falta de compasión. 
Los estadounidenses eligieron como Presidente a un sujeto así, que añadía, a su inmoralidad connatural, ser un patán que jamás leía.
 Su elección se debió, en parte, a una extraña reacción contra las personas ilustradas, contra los expertos en algo y también contra los intelectuales, como si en América se hubiera producido una repentina “maoización” (hay que recordar que en los inicios de la revolución de Mao se ejecutó a muchos chinos solamente por llevar gafas, lo cual los hacía sospechosos de leer). 

Todos ellos fueron englobados en un término que se convirtió en uno de los mayores insultos de la segunda década del siglo XXI: “élites”, con su correspondiente adjetivo “elitistas”. 
Cualquiera que hubiera estudiado en serio, que hubiera adquirido conocimientos útiles (para salvar vidas o la Tierra, daba lo mismo), cualquiera que pensara más allá de los simplistas y cómodos lugares comunes de la época, se vio anatematizado como “élite”. Así que mucha gente decidió que era mejor ser gobernada por tontos y locos, eso sí, megalómanos, autoritarios y antidemocráticos todos.
 No sólo se hizo con el poder un ignorante como Trump, sino que alguien con saberes fingió no tenerlos, o quizá abjuró de ellos, para ser aclamado en Gran Bretaña.
 Ese país astuto, pragmático, civilizado, encumbró a Boris Johnson cuando éste se “trumpificó”, empezó a comportarse como un chulo majadero, a hablar como un fantoche y a prometer con malos modos conducir a su nación a la ruina.
 Entonces, insospechadamente, fue vitoreado. 
Italia hizo algo parecido, sólo que los saberes de Salvini eran mucho más dudosos.
Los que poseyera, en todo caso, los abandonó, y se dedicó a pasearse por su península sembrando el odio con la camisa abierta y una cruz bailándole en el seboso pecho (a veces manoseaba un rosario), a colgar en las redes vídeos de sus relaciones semisexuales y a lanzar diatribas contra los muertos de hambre del planeta.
 La grosería deliberada y el ánimo despiadado causaban furor entre sus compatriotas, que lo idolatraban, y a la vez, como he dicho, se creían buenísimas personas. 
 Ignoro lo que se creían los turcos (me pillan lejos), pero votaban una y otra vez a un tiranuelo llamado Erdogan que detenía, encarcelaba y quizá torturaba a millares, y que en 2019 inició una repugnante ofensiva contra los kurdos, con el beneplácito de Trump. 
Esos kurdos acababan de ayudar decisivamente al mundo (y por lo tanto a Trump) a desmantelar el Daesh, una de las organizaciones más crueles de la historia y una amenaza gravísima para todos, árabes y no árabes.
 Con ese beneplácito, los Estados Unidos de hoy pasaron a engrosar la lista de países traicioneros, infames y desagradecidos, esos de los que cualquiera deberá apartarse para no sufrir su veneno, como enemigo o como aliado.  
Las excelentes personas votaron en el Brasil a otro sujeto zafio e inmisericorde, Bolsonaro, que tenía a gala despreciar a los negros, a las mujeres y a los homosexuales, así como deforestar la Amazonia. 
También era un cristiano fanático, lo cual no le impedía recomendar a la población que se armara hasta los dientes.
 Muy cristianos eran asimismo (de boquilla al menos) los gobernantes de Hungría y Polonia, Orbán y Kaczynski, pero se comportaban exactamente igual que Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua y Putin en Rusia, anulando las libertades, la independencia de la justicia y emitiendo leyes antidemocráticas. Claro que Maduro, Ortega y Putin además daban órdenes para la desaparición de disidentes. 
En las Filipinas mandaba un homicida confeso (se jactaba de haberse cargado a dos o tres hombres) apellidado Duterte.
 Una vez al mando, ya no tuvo que mancharse: le bastó con dar carta blanca a sus policías para matar sin detención, juicio ni zarandajas latosas no sólo a los narcotraficantes, sino a los drogadictos. 
Lo peor y más contradictorio es que ninguno de estos cabestros (salvo Ortega en su día) tomó el poder por la fuerza, sino que fueron elegidos por quienes se consideraban buenísimas personas, justas, rectas, “correctas”, compasivas y plagadas de virtudes. 
Y se consideraban, sobre todo, grandes patriotas, lo mismo que los independentistas catalanes, los post-etarras vascos y los dirigentes profranquistas de Vox. 
En aquella época fue asombroso que los mastuerzos más manifiestamente dañinos para sus respectivos conciudadanos fueran adorados por éstos. 
Huelga decir que no fue, ni de lejos, la primera vez en la historia que tuvo lugar tan espantoso fenómeno. 
Pero la gente de 2019 no solía acordarse de nada.
Quizá otro domingo retornaré al costumbrismo de estos tiempos, que, con ser temible, da menos miedo.



9 nov 2019

Trap en la Casa Morada

Encuentro similitudes entre Santiago Abascal y Sofía Suescun, la nueva estrella de Telecinco.

De izquierda a derecha, los candidatos a la presidencia del Gobierno: Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Santiago Abascal (Vox), Pablo Iglesias (Unidas Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos)
De izquierda a derecha, los candidatos a la presidencia del Gobierno: Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Santiago Abascal (Vox), Pablo Iglesias (Unidas Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos)

 

Yo voy a votar mañana y espero que usted también. 
Siempre recuerdo que en las elecciones que Hugo Chávez ganó en 1998, la abstención superó el 60%.
 Desde ese año, la revolución bolivariana estruja en Venezuela. Y sostengo que fue esa altísima abstención la responsable. Por eso, voto. 
Y pienso que en España, donde me nacionalicé en 1999, estamos viviendo un, quizás agotador, proceso de elecciones que espero sea para mantener y mejorar la democracia. 
Eso lo tengo clarísimo. Y también porque a mi colegio electoral de Madrid acuden a votar las Hermanitas de los ancianos desamparados que viven cerca de mi casa. 
Me fascina coincidir con ellas en el camino que media entre nuestros hogares y las urnas.
 Andy Warhol contó en sus diarios que unas monjas le reconocían y le preguntaban por sus películas.
 A mí también me reconocen estas monjitas y me preguntan por otros personajes de la televisión, que ellas creen que son amigos.
No hay que olvidar la influencia de la televisión. 
Así como mucha gente de mi quinta compara a los cinco candidatos con Los Cinco chiquillos que inventó Enid Blyton y que fueron como nuestros Harry Potter en los setenta, encuentro similitudes entre Santiago Abascal, el líder de Vox y Sofía Suescun, la nueva estrella de Telecinco.
 Es probable que se muevan en un terreno ideológicamente próximo pero, además, comparten esa cualidad infrecuente de volverse fenómenos televisivos porque captan la atención aprovechando todas esas herramientas que la televisión adora. Y fagocita.
 Demagogia, discurso agresivo y reaccionario, perfectamente oculto tras un rostro estupendo o dicho en una voz que no se altera
. Si hubiera intervenido en el debate propondría como tema que una de las cosas que une, que engancha a toda España (que en el debate no paraban de nombrar e invocar), es tener algo o alguien que amas al mismo tiempo que detestas.
Es una de esas debilidades que hacen a España diferente.
 Quien lo domina, tiene un poder que convoca y repele mientras crea adicción. Muchos de esos personajes crecen y conquistan territorio, pero muchas veces terminan por evaporarse. O transformarse.
 Hace unos años, Aída Nízar era esa villana que no podías dejar de contemplar. 
Mientras, Belén Esteban supo convertirse en princesa del pueblo. Y hasta yo mismo abandoné el striptease para ser juez de la lista de los mejor vestidos de Vanity Fair
. Otro tipo de elecciones donde, aparte de votar, me gustaría postularme.
Sofía Suescun, en el plató de 'Gran Hermano VIP', en Madrid, el pasado 24 de octubre.  
Sofía Suescun, en el plató de 'Gran Hermano VIP', en Madrid, el pasado 24 de octubre. gtresonline
Una eterna candidata de esas listas, Marie Chantal Miller, la millonaria esposa de Pablo de Grecia, publicará un libro de autoayuda sobre algo que le preocupa: los buenos modales.
 El primer capítulo debería considerar no la forma, sino la función de esas buenas maneras.
 ¿Distanciarse? ¿Poner una barrera? Prefiero la educación a secas, es suficiente.
 He visto, en Caracas y aquí, a gente supereducada escudarse tras los modales para trufar su discurso de opiniones clasistas, evitar el reconocimiento de la violencia de género, de homofobia o de rechazo al diferente como demostró el candidato de Vox en el debate. 
E igual que recuerdo la abstención que aupó a Chávez, también recuerdo que Marie Chantal Miller escribió un tuit durante aquel rifirrafe de las reinas de España en Mallorca, declarando que Letizia “había mostrado sus verdaderos colores”. En mi manera de ver el mundo, que comparto con mis vecinas monjitas, la que enseñó educadamente la patita y la garrita fue Marie Chantal, la nueva gurú de las buenas maneras. 
Pero el hábito no hace al monje, ni a la monja. 

La curiosidad puede ser maleducada, pero es lo que celebré de mi sobrina Claudia que acudió al cumpleaños de una joven amiga suya celebrado en la Casa Morada, un centro social de Unidas Podemos. Sus padres no lo han celebrado nada porque son antichavistas y creen que esa casa fue construida con ayuda bolivariana.
 Una operación inmobiliaria menor entre los cientos de edificios comprados por el dinero venezolano en Madrid. 
Interrogué a mi sobrina sobre ese tipo de fiesta en esa casa que llaman “la casa de todos”. 
“Tío”, me explicó, “solo hubo discrepancias en torno a la música”. “Oh, vaya, ¿querían poner la Internacional?”. “Noooo”, se rió ella con muy buenos modales. 
 “Mientras unos preferíamos poner electrónica y disco, otros querían trap y reguetón”. Me quedé de piedra. ¡Techno versus reguetón en la Casa Morada! Esa es otra de las cuestiones que justifican que mañana, educadamente, vayamos a votar.