Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

22 oct 2019

Retrato doble de la mujer artista............................... Estrella de Diego...

Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, grandes maestras del 1600 italiano, protagonizan una exposición cruzada en el Museo del Prado.

 Es la segunda muestra protagonizada por creadoras en sus 200 años de historia

Desde la izquierda, 'La partida de ajedrez' (1555), 'Retrato de familia' (1558) y 'Bianca Ponzoni' (1577), de Anguissola.
Desde la izquierda, 'La partida de ajedrez' (1555), 'Retrato de familia' (1558) y 'Bianca Ponzoni' (1577), de Anguissola. EL PAÍS
Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana tienen poco de recién llegadas a la historiografía del arte, aunque su prolongada ausencia del canon occidental haya invitado a pensar lo contrario. 
El Museo del Prado se sumó ayer a las instituciones internacionales que en los últimos años están llenando el vacío de mujeres artistas con la presentación de una exposición contundente de las dos pintoras del 1600 italiano (hasta el 2 de febrero).
 No son las primeras grandes maestras que han llenado las salas del museo. 
Más allá de la monográfica de Clara Peeters, en 2016, ya en 1985 unos cuadros excepcionales de Artemisia Gentileschi resplandecieron en la exposición Pintura napolitana. De Caravaggio a Giordano.

Hoy las cosas han cambiado y los préstamos de las artistas están muy disputados entre los museos internacionales. También en esta ocasión la iniciativa ha despertado una enorme curiosidad, a juzgar por la sala a rebosar, ayer, durante la presentación de la exposición por parte de la comisaria, Leticia Ruiz.

 Y puede que sea por las razones equivocadas —las mujeres son ahora trending topic—, aunque eso sea en el fondo irrelevante: lo importante es que las grandes maestras se expongan y se conozcan como la calidad de sus trabajos merecen.



Desde que Ann Sutherland Harris y Linda Nochlin hicieran en Los Angeles County Museum la primera gran exposición de mujeres artistas a mediados de la década de 1970, Mujeres artistas 1550-1950, ambas han ocupado páginas y libros completos; reflexiones y muestras monográficas.
 Ya nadie pondría en tela de juicio que Anguissola (Cremona, 1535-Palermo, 1625) y Fontana (Bolonia, 1552-Roma, 1614) son dos referentes del arte occidental, capaces de sostener la comparación con cualquiera de sus contemporáneos. 
Ambas fueron además artistas reconocidas en su momento: en la corte de Felipe II en el caso de Anguissola, hija de una conocida familia de Cremona, y entre los sofisticados círculos boloñeses en el de Fontana, quien pronto mostró sus aspiraciones profesionales. Pese a todo, en su caso, como en el de otras mujeres artistas, el relato excluyente las ha ido borrando de la narrativa, hasta hacerlas desaparecer casi por completo.
A estas dos mujeres separadas por veinte años les une, además, un acercamiento novedoso hacia la educación de las damas entre las clases intelectuales de entonces: las jóvenes debían recibir una instrucción esmerada en las artes y las letras, pues, como dijera Castiglione en Il cortigiano (1528), las cosas que pueden entender los hombres las pueden entender las mujeres también.
 Esta respuesta de reafirmación personal, tan extendida entre las señoras de la época, podría justificar los numerosos autorretratos de ambas que se exponen en el Prado y en los cuales se representan pintando o tocando la espineta, como perfectas damas del Renacimiento.
Aquí se encuentra una de las primeras contradicciones de las muchas que plantea a cada paso el papel de las artistas. 
Si por un lado, los autorretratos en diferentes actividades subrayan el orgullo de una formación cuidada, por el otro, desactivan la idea misma de profesionalidad: no son únicamente pintoras. 
No hay nada que temer.
En esta ocasión se ha optado por exponerlas juntas y tal vez es posible hacerlo solo por las enormes diferencias entre ambas, por sus estilos a ratos divergentes, incluso por sus vidas, condicionadas por sus lugares de procedencia y sus circunstancias familiares.
 Y su diferencia de estilos no es, desde luego, un asunto menor cuando se habla de mujeres artistas: durante mucho tiempo se han incluido todas en un gran cajón de afinidades por el simple hecho de ser mujeres. 
Parecía que las mujeres han pintado como mujeres sin más, aunque nadie haya sabido explicar muy bien en qué consisten las afinidades básicas, aparte de menos oportunidades de formación —las mujeres no podían compartir taller con otros chicos— y los clásicos obstáculos de los que hablaba la escritora australiana Germaine Greer.
Pese a todo, cabe preguntarse por las razones de la transformación de un proyecto individual de partida, dedicado solo a Sofonisba Anguissola, a otro en el que comparte protagonismo con otra mujer, como si las mujeres necesitaran siempre muletas de otros nombres, otros hombres, otras mujeres incluso.
 ¿No es posible hacer una exposición de una mujer sola, como se hace de Goya, El Greco o Picasso?
Sin duda, esas sospechas provienen de esa deformación profesional que me mantiene alerta siempre que se exponen mujeres artistas.
 Ya pasó con la estupenda muestra de Clara Peeters que, sin que nadie entendiera por qué, acababa con el cuadro de un artista muy conocido pero colocado allí sin mucho sentido.
Sin embargo, viendo las modulaciones de la brillante muestra, comisariada por Leticia Ruiz, teniendo sobre todo la ocasión de ver juntos tantos retratos de dos pintoras casi antitéticas —Anguissola la contenida y poco prolífica; 
Lavinia productiva y dúctil, a veces casi simbolista—, comparando las expresiones de las hermanitas jugando al ajedrez de Anguissola con las del arreglo de novia de Fontana, queda claro que es un privilegio ver el relato que cuentan estas dos mujeres artistas cuya desaparición impuso la historia.


 

21 oct 2019

Las fotos de la boda de Rafa Nadal y Mery Perelló

El tenista y su esposa distribuyen imágenes de su enlace 24 horas después de protagonizar una ceremonia blindada.

boda rafa nadal 
Rafa Nadal y Mery Perelló, este sábado, en un momento de la celebración de su enlace.

 

20 oct 2019

K-pop: los dramas que la gloria esconde................ Jaime Santirso

El supuesto suicidio de la cantante Sulli ha reabierto el debate sobre la enorme presión a la que la industria somete a sus estrellas y los tabúes que rodean a la salud mental y el suicidio en Corea del Sur.

De izquierda a derecha: Kim Jong-hyun, Sulli y Seo Min-Woo.
De izquierda a derecha: Kim Jong-hyun, Sulli y Seo Min-Woo.
Hace dos años, el suicidio de la estrella de K-pop Jonghyun, de 27 años, causó en enorme impacto en Corea del Sur
 El día de su funeral, sus compañeros del grupo SHINnee cargaron con el féretro ante la atenta mirada de muchos otros rostros conocidos del mundo del espectáculo. 
Sulli, amiga del fallecido, estaba allí. 
En la tarde de este lunes, su representante encontró el cuerpo de la cantante y actriz de 25 años en su casa de Seúl. 
Aunque se desconocen las circunstancias de su muerte, la hipótesis oficial apunta a que también ella se habría quitado la vida
 Su fallecimiento ha reabierto el debate respecto a la enorme presión a la que la industria somete a sus estrellas, así como el tabú que rodea la salud mental y el suicidio en el país asiático.

El K-pop se ha convertido en uno de los símbolos de Corea del Sur. Lo que surgió como un nuevo género se ha expandido hasta cubrir la música comercial por completo, en un proceso que no tiene nada de espontáneo: todo lo que rodea a sus pegadizas melodías es resultado de una cuidadosa construcción, empezando por los artistas que las cantan
 El método por el que las grandes productoras preparan a sus talentos es conocido como “la granja de ídolos”. 
Aquellos jóvenes seleccionados en los castigs dedican entre tres y cinco años –en algunos casos hasta diez– a un exigente programa de formación en el que su tiempo se reparte entre el ejercicio físico, la práctica de coreografías, la técnica vocal y el estudio de idiomas.
A lo largo de este adiestramiento, cada detalle de las futuras estrellas se pule por medio de dieta, vestimenta o cirugía
 Los escasos elegidos que logren debutar sobre un escenario deberán firmar un contrato que les otorgará a las productoras un control casi absoluto sobre su vida personal. 
Una de las cláusulas más comunes establece, por ejemplo, que los artistas deben permanecer solteros.
 El propio Jonghyun lo sufrió en sus carnes: el descubrimiento de su idilio con otra celebridad provocó la reacción airada de sus seguidores.
Onew, Taemin, Jonghyun, Minho y Key de la banda coreana SHINee. 
Onew, Taemin, Jonghyun, Minho y Key de la banda coreana SHINee.
El nombre real de Sulli era Choi Jin-ri. 
En 2009 saltó a la fama al incorporarse al grupo F(x), un quinteto femenino gestionado por SM Entertainment. 
En opinión de Saeji, la artista “era alguien que no quería ver su expresión personal restringida; no era una activista, solo hablaba por ella misma, pero lo que decía conectaba con las mujeres surcoreanas”.
 Sulli, con más de seis millones de seguidores en Instagram, fue una de las pocas celebridades que se posicionó a favor del aborto tras su ilegalización en abril de este año. 
También abanderó el movimiento no bra –defendiendo la libertad de las mujeres a no vestir sujetador– y habló en público acerca de sus problemas de salud mental.


“Una vez que han debutado, los cantantes pierden cualquier oportunidad de tener una vida normal. 
El escrutinio es enorme y todo lo que hacen tiene un gran impacto, por eso deben ser perfectos, no solo de cara a ellos mismos, sino también por sus compañeros de grupo y su empresa”, explica CedarBough T. Saeji, profesora de idiomas y culturas orientales en la Universidad de Indiana.
 “Esta presión, sumada a la aparición constante en todo tipo de plataformas sin ningún espacio para la expresión individual, puede resultar muy complicado de soportar para alguien como Sulli”.

El fallecimiento de Sulli ha devuelto a la memoria colectiva el suicidio de Jonghyun.
 En su nota de despedida, el cantante dejó escrito: “Estoy roto por dentro.
 La tristeza que me ha estado devorando lentamente finalmente me ha tragado entero. No he podido superarlo”.
 Su caso hace hincapié en las repercusiones que este sistema tiene en la salud mental de los artistas.
 Pero abordar esta cuestión es complicado: “Existe un profundo estigma alrededor de la salud mental en Corea del Sur”, apunta Saeji. “A eso se suma el hecho de que sea una sociedad de vergüenza más que de culpa: la manera de lidiar con ella es contenerla en uno mismo, es una manera de tomar responsabilidad”.
Quizá por eso, el suicidio es un gran problema social. 
Ningún otro país de la OCDE –la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico– tiene una tasa superior a la de Corea del Sur: casi 3 personas de cada 1.000 fallecen de su propia mano, según datos de la institución.
 O lo que es lo mismo: la cuarta causa de muerte entre la población general, la primera entre los jóvenes de 10 a 30 años.

 

Francis Ford Coppola: “Marvel se queda con todos los recursos”

El director estadounidense, ganador del premio Lumière de 2019, tilda de 'despreciable' el cine de superhéroes y carga contra el auge del populismo en el mundo.

 
Francis Ford Coppola momentos antes de recoger el galardón del Festival Lumiére el 18 de octubre de 2019.
Francis Ford Coppola momentos antes de recoger el galardón del Festival Lumiére el 18 de octubre de 2019. Getty
Los cineastas del llamado Nuevo Hollywood cargan contra una industria que, sometida a un nuevo sistema de producción, ha dejado de tratarlos como vacas sagradas.
 Pocos días después de que Martin Scorsese despertase una polémica al afirmar que las películas Marvel “no son cine”, otro mítico director, Francis Ford Coppola, lanzó un mensaje similar durante su paso por el Festival Lumière de Lyon.
 “Marvel se parece más a un parque de atracciones que al cine”, señaló hoy sábado durante un encuentro con la prensa. 
“Cuando Scorsese dice que no es cine, tiene razón.
 Uno espera un aprendizaje y una inspiración de una película, y no creo que obtengas eso con Marvel, porque hace películas sin riesgo. Para mí, hacer cine sin riesgo es como tener un bebé sin sexo”, bromeó Coppola. 
“En realidad, Marty fue amable. No dijo que era despreciable, que es lo que estoy diciendo yo”.

El director pasó por la ciudad donde los hermanos Lumière inventaron el cine para recoger el gran premio de este festival de cine clásico, un galardón que en los últimos años han recibido personalidades como Clint Eastwood, Quentin Tarantino, Catherine Deneuve o Pedro Almodóvar. 
Coppola recogió el galardón el viernes por la noche de manos del director Bong Joon-ho, ganador de la última Palma de Oro en Cannes con Parásitos.
 En su intervención el coreano señaló al autor de El padrino como su principal inspiración.  

 

Su paso por el festival, donde Coppola ha protagonizado una retrospectiva completa y varios encuentros con el público, ha sido también la excusa para hacer balance de su carrera, donde ha habido tantos éxitos como fracasos.
 “Cuando terminas una película, [los estudios] te comunican si creen que será bien o mal recibida.
 Que te digan lo segundo es como que te anuncien que tu bebé tiene un problema en el corazón”, relató el director.
 “Aceptas hacer lo necesario para curarla, como acortarla o quitarle lo que pueda molestar. 
Pero, con el tiempo, ese bebé se hace mayor y le van bastante bien las cosas. 
 Entonces te dices que no tendrías que haber hecho esas concesiones…”, reflexionó.

Coppola dijo no tener el talento de algunos de sus colegas. 
“Hay cineastas, como Polanski o Spielberg, que disponen de un talento innato, como esos niños que dibujan o bailan bien desde pequeños.
 Y luego están los que no tienen el mismo don pero trabajan duro, reescribiendo sin cesar y mejorando un 1% cada versión del guion. Ese es el tipo de talento que tengo yo: imaginación, entusiasmo y, tal vez, visión de futuro”, dijo.
El director también dio algunos detalles sobre su próxima película, Megalopolis, proyecto largamente acariciado que por fin podría convertirse en realidad. 
“Será mi película más ambiciosa, más que Apocalypse Now”, avanzó. 
También sería la más cara. 
“El problema es que, para hacer una película de ese nivel, tengo que competir con el cine de Marvel.
 El prototipo de Marvel se queda con todos los recursos existentes”, insistió Coppola.
 Su próxima película hablará de “un hombre visionario que se enfrenta a otro aferrado a las tradiciones del pasado” y condensará tanto una gran historia de amor —“No he rodado ninguna y quiero hacerlo antes de marcharme”, dijo—, como la descripción de una sociedad utópica, basada “en la inteligencia, la creatividad y la amistad”.
 El director empezó a filmar la en 2001 –“La segunda unidad está terminada desde hace 20 años”, reveló–, pero tuvo que suspender el rodaje tras los atentados del 11-S.
 “Era imposible hablar de una utopía en tiempos de terrorismo”, apuntó Coppola. 
 Preguntado por la tempestad política que atraviesa su país, el director criticó la ola de populismo que sacude todo el mundo. “Nos dividimos en grupos cada vez más pequeños y señalamos a los demás diciendo que ellos son el problema, ya sean inmigrantes o lo que sean”, denunció. Coppola también hizo alusión a la actual situación en Europa, en lo que pareció una referencia velada a hechos como el Brexit o la crisis catalana. 
“Los países grandes quieren dividirse en países más pequeños. No soy un experto, pero me pregunto qué ganó Checoslovaquia al separarse en dos Estados.
 Cuando vas a cualquier ciudad china es cinco veces más grande que Europa… 
Debemos preservar la diversidad cultural para no vivir en un mundo que sea homogéneo, pero veo muchas tendencias que se oponen a lo que, en realidad, tendríamos que estar haciendo”, señaló Coppola. 
“La buena noticia es que no existe el infierno.
 La otra noticia es que esto es el paraíso. Y, si no nos sentimos en el cielo, es que algo estamos haciendo mal”.