33 personas han sido detenidas y cerca de un centenar recibieron atención sanitaria durante los disturbios. No sé si ellos podrán vivir sin nosotros pero nosotros sin ello en estos momentos si.
Por desgaste ideológico , por provocaciones, por secuestro en Aereopuertos, trenes y carreteras, aislados están esos muchachos porque casi todos son jóvenes encapuchados cara cubirta y manos con guantes. Les da Torra orden de atacar y hacer daño físico y luego tiene que dar orden a Mossos y Policia Nacional para que carguen contra los que mandó atacar y sale con cara de tonto, sonriendo como diciendo La que estamos armando.
Los Independentistas deberían volver a ser juzgados por avivar la violencia. Periodistas con cascos como si fuera una guerra la que están cubriendo.
Varios
encapuchados, durante los altercados del miércoles por la noche en la
Gran Via de Barcelona. En vídeo, imágenes de los disturbios.VÍDEO: ATLAS | FOTO: ALBERT GARCIAQue alegres están por quemar coches a cara cubierta.Ay Catalunya que te espera, más desastres? y si les ponen otra vez el 155? es lo que buscan? Los martires lo son por luchar contra una causa perdida pero no por violencia gratuta. Así nadie querra ser Independiente de nada.Sino ser odiados por muchos.
Barcelona volvió a vivir este miércoles una noche de disturbios y graves incidentes que, pasada la medianoche, incluían la quema de una decena de coches o el lanzamiento de ácido y de cócteles molotov contra los mossos
y de cohetes pirotécnicos contra un helicóptero policial. Hasta 45
fuegos ardían, según el Ayuntamiento, en el centro de la capital
catalana, convertido por segundo día consecutivo en un campo de batalla. Había menos jóvenes enfrentándose a los agentes, pero lo hacían de una
forma más contundente. Al menos 33 detenidos y cerca de un centenar de
asistidos por los servicios médicos, entre ellos una treintena de
agentes, fue el saldo de más de cinco horas de violencia, según los
datos remitidos en la mañana de este jueves.
El tercer día de protestas
dejó de nuevo el olor a barbacoa por todo el centro de la ciudad. Grupos de jóvenes, tapados con capuchas algunos y otros a cara
descubierta, iban cruzando contenedores y prendiéndoles fuego. La escena
del martes se repetía, aunque con una variante: no eran tantos, pero
actuaron con más violencia contra la policía, hasta el punto de hacerlos
retroceder. Los incidentes comenzaron pasadas las nueve de la noche. Grupos de
jóvenes lanzaron botellas, latas y otros objetos a los agentes de los
Mossos que custodiaban la sede del Departamento de Interior, convertido
en el blanco inicial de la violenta protesta. Los altercados se
produjeron tras la concentración convocada por los Comités de Defensa de
la República (CDR) en la confluencia de la Gran Via con la calle de
Marina, en el corazón de la ciudad. La manifestación reunió a unas
22.000 personas, según la Guardia Urbana, que en principio desfilaron de
forma pacífica. Los altercados se desataron cuando algunos de los
concentrados se desplazaron hasta la sede de Interior, en la confluencia
del paseo de Sant Joan y Diputaciò. En ese punto, algunos de los
manifestantes zarandearon las vallas que resguardaban las inmediaciones
de Interior. Empezaron entonces los lanzamientos de papel higiénico y los
gritos que pedían la dimisión del consejero, Miquel Buch. El ambiente
se fue tensando y partir de ahí los mossos utilizaron sus
furgonetas para presionar y desplazar a los manifestantes hasta la plaza
de Tetuán y a otros puntos del entorno de esa parte del Eixample
barcelonés. Simultáneamente, se iniciaron los lanzamientos, las cargas y los
incendios en una imagen muy parecida a la de la noche del martes cerca
de la Delegación del Gobierno. Parte de los contenedores ardieron en la
calle de Casp con Nàpols. Muy cerca, donde las llamas alcanzaron un
local con viviendas en la parte superior, se vivieron algunos momentos
de angustia.
Los manifestantes lanzan papel higiénico al aire.Albert Garcia
En Roger de Flor, un padre bajó con su bebé en brazos, gritando, al
ver que las llamas se colaban por la fachada de su edificio.
Los bares y
los hoteles de esa zona bajaron persianas y cerraron las puertas con
gente resguardada en el interior, viendo las carreras por la calle.
En
ese lugar, se produjeron varios heridos, y al menos una joven recibió un
pelotazo en la cabeza. “No sé muy bien cómo ha sido”, decía sentada en un banco, mientras era atendida por los servicios sanitarios.
El fuego serpenteaba las calles de esa parte del Eixample y el humo
se respiraba en buena parte de ella. Jaume Collboni, primer teniente de
alcalde del Ayuntamiento, cifró en más de 50 los fuegos que se
produjeron en esa zona.
Muy cerca, las llamas de varios contenedores que ardían alcanzaron a
una decena de coches que estaban estacionados y una motocicleta. Los
vehículos ardieron cerca de una gasolinera que fue custodiada por
agentes de la policía. Un grupo de personas desmontó un andamio de un
edificio con la fachada en obras y lo utilizó para montar barricadas y
prenderles fuego.
Fuentes de la policía autonómica destacaron que en un momento de los
disturbios se habían producido lanzamientos de cohetes pirotécnicos
contra uno de los helicópteros que sobrevolaba la zona. También
explicaron que los agentes fueron blanco del lanzamiento de piedras de
grandes dimensiones y de ácido contra una de las líneas policiales. Los altercados alcanzaron la Gran Via de Barcelona con tanta
contundencia que agentes de los Mossos se vieron obligados a retroceder
al filo de la medianoche. El repliegue de los agentes fue saludado con
vítores por parte de los jóvenes que decidieron dar por terminada, en
ese momento, la batalla. Para cambiar de lugar, porque varios grupos
empezaron a desplazarse hacia la parte norte del Passeig de Sant Joan
con Diagonal.
Otros fueron hacia el paseo de Gràcia que, de nuevo, se convirtió en
escenario de disturbios muy parecidos a los del martes. En ese punto y
en las calles cercanas a la Delegación del Gobierno —en Roger de Llùria
con Mallorca— más de 200 personas encendieron fuegos e intentaron
acercarse de nuevo a la sede oficial, la meta que no lograron el día
anterior. Más contenedores ardieron en esas calles. Varias furgonetas de la policía cargaron e intentaron hacerles
frente. Pero lejos de arredrarse, los manifestantes corrieron contra un
grupo de agentes que se quedó solo en la vía. La policía les dispersó
disparando pelotas de goma, hasta lograr resguardarse de nuevo en la
calle de Mallorca. La tensión se mascaba entre los agentes, rodeados de
hogueras. Las carreras de unos y otros se prolongaron durante más de una hora,
pero ya de otra forma: con grupos más pequeños que “mareaban” a los
agentes que utilizaron sus furgonetas para obligarles a desplazarse de
un lugar a otro y evitar, sobre todo, que alcanzaran su meta: las vallas
y el dispositivo policial que protegía la Delegación del Gobierno. Eran
pequeños focos de barricadas, pero que mantenían los disturbios cada
vez más difuminados en el centro de la ciudad. Al filo de la una de la
madrugada, no serían más de dos centenares repartidos en diferentes
grupos. Mientras, en la sede de la Consejería de Interior, los responsables
de los dos cuerpos policiales que trabajaron conjuntamente, desde la
ventana, hacían algo parecido a una supervisión de los destrozos que se
veían en la calle. En Madrid, la Policía Nacional detuvo a cuatro jóvenes, incluido un
menor, tras una concentración en la Puerta del Sol en solidaridad con
los líderes del procés. Se les acusa de desórdenes públicos y atentado contra agentes de la autoridad.
Cuando
pienso en mis viejos añoro lo que nos perdimos sus hijos y sus nietos
más que lo que se perdieron ellos. Nunca estamos contentos.
Pixabay Mis padres nos hicieron a sus hijos la putada de morirse pronto y
rápido. Él, a los 67 recién cumplidos, tras seis meses uncido a una
bombona de oxígeno por una fibrosis que le redujo los pulmones a
esparto. Ella, a un mes de cumplir los 71, al año de que un cáncer
empezara a devorarla justo por donde nos ovuló a los cuatro. En tales
trances los hermanos no tuvimos ni que pensar en cómo cuidar hasta la
muerte a quienes se desvivieron por cuidarnos. La enfermedad los quitó
de enmedio antes de que fuera preciso. No tuvimos que limpiarles las
heces, ni velarles el sueño, ni darles de comer a cucharilla como nos
dieron ellos de niños. A cambio, cuando se fueron, se me secó el corazón
como los bronquios de él y los ovarios de ella. El dolor me hizo egoísta, insensible, mezquina. Los 67 años de mi
padre y los 70 de mi madre se convirtieron en mi vara de medir la edad a
la que era justo o injusto morirse. Creía, aunque no lo decía, que un
padre o madre que falleciera más tarde ya había vivido más que los míos,
así que ya podían los suyos conformarse con su suerte. Daba asco, ya
digo.
Ha
pasado tiempo y los padres de mis amigos que aún viven van para abajo. Escucho a sus hijos hablar de sus cuitas. De rehipotecar el piso para
pagar la residencia. De que estos horarios de mierda no nos dejan ni
cuidar de nuestros mayores. De roces entre hermanos por quién apechuga
más o menos. De la angustia de ver derrumbarse los pilares de tu vida,
de que no te reconozca quien eligió tu nombre, de ver a los soles de tu
infancia mutar en la sombra de lo que fueron. Hay quien no lo dice pero
piensa que, al morirse tan pronto y rápido, más que una putada, mis
padres nos hicieron el último favor de sus vidas. No les culpo. El dolor
te hace egoísta. A mí la primera. Porque cuando pienso en mis viejos
añoro lo que nos perdimos sus hijos y sus nietos más que lo que se
perdieron ellos. Nunca estamos contentos.
Los doce acusados por el juicio del
'procés' ya tienen sentencia: el Tribunal Supremo ha decidido
condenarles por un delito de sedición, malversación y desobediencia.
Oriol junqueras, durante el juicio del 'procés' (EFE)
Los doce acusados por el 'procés' independentista catalán ya tienen sentencia, una condena que llega tras cuatro meses de juicio ante el Tribunal Supremo, liderado por el juez Manuel Marchena, y casi dos años de prisión para nueve de los acusados, incluido Oriol Junqueras,
el exconsejero de Economía y Hacienda de la Generalitat, que se
enfrentaba a una condena de entre 12 y 74 años de cárcel por un delito
de rebelión agravada con malversaciíon de caudales públicos.
Mientras que la Fiscalía acusaba a casi todos los procesados, con la excepción de Meritxell Borràs, Carles Mundó y Santi Vila, de un delito de rebelión, en algunos casos agravada con penas de cárcel que variaban desde los 16 a los 25 años, la Abogacía del Estado les responsabilizaba de un delito de sedición, a la contra del criterio de la Fiscalía. Finalmente, los jueces se han decantado por imputar a los miembros del Govern sólo en relación al delito de sedición,
ya que no hubo violencia de forma organizada, tal y como apuntó este
sábado, 12 de octubre, El Confidencial de acuerdo con informaciones
obtenidas de fuentes jurídicas. La filtración del fallo del juicio por
la que se supo que los siete magistrados del Tribunal Supremo
descartaban de forma unánime el delito de rebelión defendido por la
Fiscalía provocó el estallido de las primeras protestas en Cataluña
en contra de la sentencia y disgustó a Manuel Marchena, presidente de
la Sala Segunda de lo Penal del TS, que señaló que la sentencia no
estaba lista hasta la firma de todos los magistrados.
Diferencias entre sedición y rebelión
Según explica el Código
Penal en su artículo 544, a un reo se le considera culpable de un
delito de sedición cuando se alza “pública y tumultuariamente” con el
objetivo de “impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la
aplicación de las Leyes”. Este delito contra el orden público
tipificado en el Código Penal tiene en cuenta a todos aquellos
imputados cuya actividad delictiva no se corresponda con el delito de
rebelión y que pudieran también haber entorpecido “a cualquier
autoridad, corporación oficial o funcionario público el legítimo
ejercicio de sus funciones, cumplimiento de sus acuerdos, o de las
resoluciones administrativas o judiciales”. Las penas de cárcel
estimadas para los acusados de sedición varían de los ocho a los diez
años para aquellos que “hubieren inducido, sostenido o dirigido la
sedición o aparecieren en ella como sus principales autores”, es decir,
aquellos considerados como principales autores del delito, y de hasta 15
años de prisión para aquellas personas “constituidas en autoridad” que,
en el caso del juicio del ‘procés’, hace referencia a que la mayoría de los acusados ocupaban un cargo público dentro de la Generalitat de Cataluña. Además de las penas de cárcel, los imputados también tendrán que hacer frente al mismo cómputo de años de inhabilitación. Los jueces han desestimado la acusación de rebelión,
con penas más graves de prisión de hasta 25 años de prisión para los
“rebeldes” que “hayan promovido o sostengan” la operación, ya que este
delito supone que los reos se alcen “violenta y públicamente”,
según el Código Penal, para distintos fines que, en el caso del proceso
judicial del ‘procès’, se ajustaba al quinto punto que contempla el
artículo 472: “Declarar la independencia de una parte del territorio
nacional”. Otros supuestos que recoge el delito de rebelión atañen
a la modificación, derogación o suspensión de la Constitución sin pasar
por los cauces oficiales, “el impedimento de elecciones” de forma
violenta o “la sustracción del cualquier clase de fuerza armada a la obediencia del Gobierno”. Se contempla una pena máxima de 30 años de prisión
para los casos en que se esgriman armas o exista “combate entre la
fuerza de su mando y los sectores leales a la autoridad legítima, o la
rebelión hubiese causado estragos en propiedades de titularidad pública o
privada, cortado las comunicaciones telegráficas, telefónicas, por
ondas, ferroviarias o de otra clase”.
El Supremo desnuda la estafa del 1-O y el "engaño" del Govern a los catalanes
Ni
siquiera la cúpula de la Generalitat creía entonces que el ejercicio del
derecho de autodeterminación era una posibilidad real. Solo lo empleó
como un truco de ilusionismo
Dos
personas participan en un acto organizado por Òmnium Cultural ante el
Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en protesta por la sentencia
del 'procés'.
Todo fue una farsa. La sentencia
que el independentismo iba a convertir en su caballo de batalla, la que
debía demostrar la represión del Estado frente al ejercicio del derecho
de autodeterminación, al final ha servido para quitar la careta al
Govern que en 2017, hace ahora dos años justos, protagonizó los hechos
que le han costado 13 años de prisión a Oriol Junqueras.
Ni siquiera la cúpula de la Generalitat creía entonces que ejercer ese
derecho era algo real.
Solo lo emplearon como un truco de ilusionismo
(ahora lo ves, ahora no lo ves) para engañar a una parte de la población
catalana.
Todo fue una farsa. La sentencia
que el independentismo iba a convertir en su caballo de batalla, la que
debía demostrar la represión del Estado frente al ejercicio del derecho
de autodeterminación, al final ha servido para quitar la careta al
Govern que en 2017, hace ahora dos años justos, protagonizó los hechos
que le han costado 13 años de prisión a Oriol Junqueras. Ni siquiera la cúpula de la Generalitat creía entonces que ejercer ese
derecho era algo real. Solo lo emplearon como un truco de ilusionismo
(ahora lo ves, ahora no lo ves) para engañar a una parte de la población
catalana. La condena,
sin embargo, no se impone por esta estafa masiva. No se pena la
mentira. Se castigan todas las acciones ilegales que desplegaron los
ahora ya condenados para amparar este trampantojo inmenso que la
resolución va describiendo con toda una ristra de sinónimos. Desde quimera hasta señuelo.
Era todo de mentirijillas, sí. Pero para vestir la mentira se
ejecutaron actos delictivos que, en opinión unánime del tribunal,
equivalen a un delito de sedición
combinado con otro de malversación. Se impulsaron movilizaciones, se
armó un lego legislativo con vocación constituyente y se dio por bueno
el enfrentamiento de la población contra el Estado.
La sentencia
entera está cuajada de frases casi literarias sobre este hecho.
"Eran
conscientes, en fin, de que la ruptura con el Estado exige algo más que
la obstinada repetición de consignas dirigidas a una parte de la
ciudadanía que confía ingenuamente en el liderazgo de sus representantes
políticos y en su capacidad para conducirles a un nuevo Estado que solo
existe en el imaginario de sus promotores", indica por ejemplo.
Y hubo violencia.
Lo que esgrimían entonces Junqueras, Rull, Turull, Forn, Forcadell,
Bassa, Sànchez y Cuixart sí era un arma, resuelven los jueces. Pero no
la que podía parecer. La violencia, el clima, la fuerza se empleaba
desde arriba no para forzar la independencia, objetivo que nunca fue
real, sino para apretar las tuercas del Estado presidido entonces por Mariano Rajoy. La
resolución, que roza los 500 folios, da por probada la existencia de
hechos violentos a lo largo del proceso de secesión. Se detiene tanto en
el 20 de septiembre como en el 1 de octubre. Respecto a lo sucedido ante la Consellería de Economía,
asegura que se trató de una movilización multitudinaria "puesta al
servicio" de la finalidad de los acusados. "Se trataba de movilizaciones
que desbordaron los límites constitucionales del ejercicio de los
derechos de reunión y manifestación y que crearon el ambiente coactivo e
intimidatorio necesario", dice.
Telecinco, el programa Sálvame y el reportero José Antonio León han sido condenados por "especular" con la salud de María José Campanario, esposa del torero Jesulín de Ubrique.
Según un comunicado emitido por el área de derecho al honor de AVERUM
Abogados, que representa a Campanario, esta será indemnizada con 8.000
euros por los "daños morales causados". Según la nota, durante el juicio
se debatió sobre el conflicto entre los derechos fundamentales de
libertad de información y el derecho de intimidad personal y familiar. Campanario
interpuso una demanda contra el reportero José Antonio León y la cadena
de televisión como consecuencia de las especulaciones que se efectuaron
sobre su estado de salud, aduciendo que la noticia no revestía interés
general para la ciudadanía y, además, carecía de veracidad.
El Juzgado de Primera Instancia nº2 de Arcos de la Frontera así lo
entendió y condena a los codemandados a indemnizar a María José
Campanario con la cantidad de 8.000 euros, manifestando que, en esta
ocasión, "la publicidad de la sentencia no era necesaria en la medida en
que los temas de salud son de carácter íntimo y, por tanto,
contravendría los intereses de la propia afectada, sin que ninguna de
las partes haya recurrido tal resolució".
Jesulín de Ubrique en la plaza y su esposa en el tendido.GTRES
Hace escasos días la sentencia de la Audiencia Provincial de Cádiz
condenaba también a Telecinco y la periodista María Patiño por una
intromisión en el honor y la intimidad de María José Campanario.
La
mujer de Jesulín de Ubrique demandó a la presentadora y a la cadena de
televisión por unas declaraciones de Patiño en el programa Sálvame Deluxe
en las que se afirmaba que Campanario "había cogido por el cuello a su
suegra".
El juicio sobre este caso se celebró en abril de 2017 en el
juzgado de Primera Instancia número 2 de Arcos de la Frontera (Cádiz).
La sentencia fue recurrida y, ahora, la Audiencia Provincial de Cádiz ha
dictado sentencia firme.
El fallo aclara que ninguna de las partes
acusadas pudo probar la veracidad de las declaraciones que hizo la
presentadora.
La condena establece que María Patiño y la cadena de televisión deben
indemnizar a María José Campanario con 6.000 euros y, además, deben
hacer pública la sentencia en el programa Sábado Deluxe, que fue donde se emitieron las declaraciones que motivaron la demanda.