El tenista, que se casa el sábado con Mery Perelló, celebró su despedida de soltero el pasado fin de semana.
Rafa Nadal, el pasado día 9.Abraham Caro MarinGetty ImagesRafa Nadal ha enfilado la recta final de su soltería. El próximo sábado el tenista se casa con Mery Perelló
su novia durante los últimos 14 años y el pasado fin de semana ha
celebrado su despedida de soltero en una fiesta rodeado de sus íntimos
amigos en la que el reguetón amenizó la velada. Tanto el Diario de Mallorca como Última Hora
ha desvelado algunos de los detalles de esta fiesta que se celebró en
la discoteca Club Social, un local que posee una exclusiva terraza desde
la que se ve el puerto de Palma y en la que hay una piscina. El tenista
y sus amigos se refugiaron en un reservado. Según testigos, Nadal se
animó a cantar y bailar algunas de las canciones de reguetón que
sonaron. Los amigos del tenista llevaban gafas de sol de plásticos y
numerosos colores. Pero la fiesta comenzó antes con un aperito seguido
de una comida y se alargó hasta la madrugada. A la cita acudieron una
decena de íntimos del tenista. La boda se celebrará en la Fortaleza,
un castillo del siglo XVII que ocupa la península de Punta Avançada y
que se encuentra totalmente blindado a las miradas ajenas. Es un sitio
inaccesible por tierra si no se cuenta con el permiso para entrar, y es
prácticamente imposible tomar fotografías desde el mar. Dentro del
castillo hay seis casas, dos calas privadas y un helipuerto. Es una de
las mansiones más caras de España, con una extensión de 87.000 metros
cuadrados y 1.100 metros de espectaculares jardines. El alquiler cuesta
25.000 euros por día. Los Nadal han reservado tres días ya que pasarán
allí el fin de semana.
Nadal y su novia, Mery Perelló.GTRES
Por expreso deseo de los novios, se ha pedido a todos los invitados
que no lleven móviles. Aunque será una boda día, en las invitaciones se
pide a las señoras que vayan con traje largo. Hay convocados 350
invitados. Entre ellos familiares de Manacor y amigos muy próximos a los
novios. Se esperan tenistas, actores, empresarios y a los reyes Juan
Carlos y Sofía. La presencia de Carles Moyà, de Fernando Verdasco con
Ana Boyer y de Feliciano López con Sandra Gago se da por segura. Del
catering se encargará Macarena de Castro, del restaurante El Jardín de
Alcúdia con estrella Michelín. Ella fue la encargada de la recepción de
los Reyes a la sociedad civil en la Almudaina en 2017. La ceremonia la
oficiará el sacerdote Tomeu Català, de Proyecto Hombre dentro de La
Fortaleza tras haber obtenidos los novios un permiso especial.
Los novios han extremado las medidas de seguridad, por ejemplo, los
empleados de las empresas suministradoras del enlace estám obligados a
firmar contratos de confidencialidad para poder ofrecer sus servicios. No se sabe aún si los novios van a distribuir una imagen del enlace a
los medios de comunicación como hacen otros personajes famosos cuando
contraen matrimonio.
El Papa Benedicto XVI dio en 2011 a Fernando Masaveu
Herrero una de las mayores satisfacciones de su vida. Su Santidad
agradecía el concierto que la Orquesta Sinfónica de Asturias acababa de
interpretar en su honor en el Vaticano. El acto fue patrocinado por la
entidad que preside Masaveu y que lleva el nombre de su tía, la Fundación María Cristina Masaveu
Peterson. Carolina Compostizo, la esposa del principal empresario de
Asturias, visiblemente emocionada, según las crónicas del
acontecimiento, obsequió a Benedicto con una réplica de la Cruz de la
Victoria, emblema del Principado.
La efemérides reúne algunas de las características que Fernando Masaveu aseguró en 2015
que son el pilar de una dinastía empresarial con 169 años de historia: “Tenemos un carácter familiar con un arraigado sentido religioso y
social, basado en el trabajo digno, en la discreción y el rechazo al
dispendio, en el amor al arte y a la música”. Masaveu pronunció estas
palabras en el discurso de recepción de la medalla de oro de Asturias,
un reconocimiento a un grupo industrial familiar que, con un patrimonio
de unos 2.500 millones, según la revista Forbes, es la undécima fortuna de España.
Los Masaveu se dejan ver públicamente con cuentagotas y
resulta muy difícil encontrar fotografías suyas. Una portavoz de la
fundación familiar asegura que Fernando Masaveu “es una persona que
valora mucho la privacidad en su vida personal”. “Su principal afición
es su pasión por el arte”, añaden desde la fundación. Al matrimonio
Masaveu Compostizo se les puede encontrar en veladas culturales, como en
la gala de los premios Princesa de Asturias —Masaveu es patrono de esta
fundación— o en la fiesta del premio al mecenazgo que recibieron en
marzo por parte de la Fundación Callia, institución presidida por la
filántropa Carmen Reviriego. El pasado 2 de octubre, acompañando al rey
Felipe VI, los Masaveu inauguraban la sede de la fundación en Madrid con una impresionante exposición de su colección de arte, 117 obras de 47 pintores del siglo XIX como Goya o Zuloaga.
La saga Masaveu arrancó en 1840 cuando Pedro Masaveu
Rovira emigró de Castellar del Vallès (Barcelona) a Oviedo. El objetivo
era embarcarse hacia Cuba pero un comerciante textil local le contrató. Masaveu Rovira se casó con la hija del propietario, tomó el mando del
negocio y allí empezó la historia de la Corporación Masaveu. El
conglomerado industrial está presente en múltiples mercados, desde el
sector energético a bodegas como la riojana Murua, aunque ha destacado
sobre todo en el sector bancario y en la fabricación de cemento: el
sucesor de Masaveu Rovira, su sobrino Elías Masaveu Rivel, fundó en 1898
Tudela Veguín, la primera cementera de España. La Corporación Masaveu estrenó este 2019 el buque mercante más moderno de España, el Cristina Masaveu,
un carguero cementero que ha supuesto una inversión de 30,5 millones,
según el experto en el mundo naval Juan Carlos Díaz Lorenzo. Cristina
Masaveu fue uno de los personajes más fascinantes de la saga Masaveu.
Hija de la sueca Juj Peterson —fallecida cuando Cristina tenía tan solo 8
años— y de Pedro Masaveu Masaveu, el patriarca que destacó como mecenas
de artistas como el compositor Frederic Mompou. “Cristina Masaveu
estudió piano y se relacionó con escritores, políticos y artistas de
vanguardia que, invitados por su padre, pasaban largas temporadas en el
Palacio de Hevia”, explica la fundación que creó ella en 2005. El
palacio de Hevia, en Asturias, es una casa señorial del siglo XVII y la
casa más emblemática de los Masaveu.
La
exposición 'Pintura española del siglo XX. De Goya al modernismo', con
la que se ha inaugurado este mes la Fundación María Cristina Masaveu.Samuel Sánchez
Cristina Masaveu vivía a caballo entre Madrid, Londres, en la casa
familiar de Castellar del Vallès y finalmente en Ibiza, encandilada por
los nuevos aires de cambio en la isla a finales del franquismo. Con la
muerte de su hermano Pedro, en 1993, se puso al frente del grupo
empresarial junto a su primo, Elias Masaveu, padre de Fernando. Los Masaveu donaron al gobierno de Asturias 400 obras de arte de Pedro
Masaveu Masaveu, en una operación que permitía cumplir con las
obligaciones del impuesto de sucesiones. Los Masaveu Herrero son cinco
hermanos: los tres hombres —Fernando, José y Luis-— llevan las riendas
del grupo; las dos hermanas, Carolina y María, han apostado por una
trayectoria propia de la que poco ha trascendido.
Fernando tiene tres hijos que ya están implicados en los negocios
familiares. Vivir lejos de los focos es casi una obsesión para los
Masaveu, aunque sí se sabe que Fernando Masaveu es un aficionado a la
caza. Los Masaveu han sido también noticia por escándalos relacionados
con el fraude fiscal: Fernando Masaveu apareció en la lista Falciani con
varias cuentas en Suiza. La miembro de la familia que se ha expuesto
más a la atención mediática ha sido Alicia Castro Masaveu,
prima de los Masaveu Herrero y directiva del grupo empresarial: fue 12
años diputada del Partido Popular, teniente de alcalde de Oviedo y
persona de confianza de Francisco Álvarez Cascos.
El cambio climático es algo tan sobrecogedor que llevamos décadas
ignorando las señales. Como bien dice Thunberg, se nos ha acabado el
tiempo.
EN UNA SALA del aeropuerto de Barajas, esperando la salida de un
vuelo, escuché hace unos días una conversación entre un hombre y una
mujer de unos 40 años que estaban sentados a mi lado. Ella decía: “¿Viste a la niña esa?
¡Qué histérica, qué loca, daba miedo!”. Se refería, claro está, a Greta
Thunberg en su intervención ante la ONU. Y añadió: “De verdad, ¡era
como la niña de El exorcista! ¡Y la llevaron en velero hasta
allí! ¡Qué ridiculez y qué mentira!”. Hablaba a voz en grito para que se
enterara todo el mundo, con esa vacua complacencia de los ignorantes
que adoran alardear de su ignorancia. Este es un caso extremo, pero me inquietó aún mucho más la opinión de
una de las personas que más quiero, una amiga extraordinariamente
inteligente, culta y muy prudente, que tras el discurso de Greta me
escribió un mensaje que decía: “Este discurso me suena un poco hueco. Lee pero llora. Demasiado preparado para ser un momento emotivo real. Temo que estemos asistiendo a la creación de un nuevo producto de marketing”. Ya se ha dicho en los medios, pero me parece que hay que repetirlo, porque se ve que el mensaje no cala lo suficiente. Greta tiene asperger,
un síndrome del espectro autista. La gente suele creer que los autistas
no experimentan emociones. Nada más erróneo. Lo que es distinto en
ellos es, digamos, su lenguaje emocional. No saben captar y entender los
sentimientos de los demás, y gestionan los propios dificultosamente. Y
así, pueden parecer fríos como el hielo, o pueden caer en ataques
emocionales aparatosos en donde su aguda desesperación y su sufrimiento
se manifiestan de manera extrema (muchos niños autistas experimentan
estas crisis, para dolor de sus padres). Recomiendo leer Mírame a los ojos, de John Elder Robinson, y, sobre todo, el maravilloso Nacido en un día azul, de Daniel Tammet, dos libros de dos autores que tienen este síndrome y que explican muy bien cómo se sienten.
Precisamente lo que no puede hacer un asperger es fingir, aparentar y mentir, como creía mi amiga. Greta lloró de verdadera y angustiada frustración.
Precisamente lo que no puede hacer un asperger es fingir,
aparentar y mentir, como creía mi amiga. Greta lloró de verdadera y
angustiada frustración. La inteligentísima Thunberg (sin duda es una
superdotada, como sucede con bastante frecuencia con los asperger)
ha debido de estudiarse absolutamente todo sobre el cambio climático,
porque este síndrome también implica un carácter obsesivo. Y el caso es
que, si realmente te atreves a informarte de lo que sucede, la situación
resulta aterradora. Greta no puede entender que, ante la evidencia de
una catástrofe en marcha, la gente no actúe en consecuencia. Ella es de
una coherencia tan absoluta que a las personas mal llamadas normales,
con nuestra moral bastarda y nuestra chapucera manera de vivir, nos
parece inhumana. No la comprendemos y por eso pensamos que está
fingiendo (que es lo que hacemos nosotros). Pero Greta arde de
autenticidad, es un puro aullido de desesperación y de incredulidad ante
nuestra ceguera.
Porque estamos ciegos. El cambio climático es algo tan sobrecogedor,
tan inmenso e inmanejable que llevamos décadas ignorando las señales. La
verdad es que lo entiendo: se trata de un recurso psicológico de
defensa ante la angustia (algo que la mente de Greta, por cierto, no
puede hacer). Pero el problema es que ya no podemos seguir empleando
esta estrategia del avestruz. Como bien dice o más bien grita Thunberg,
se nos ha acabado el tiempo. El colapso ambiental está aquí, se nos echa encima como una avalancha, como demuestra de modo espeluznante El planeta inhóspito: la vida después del calentamiento, de David Wallace-Wells, número uno en la lista de The New York Times. Ya no tenemos más remedio que reaccionar.
En cuanto a lo de “llevarla en velero”, como decía mi chillona vecina
de asiento, resulta que los vuelos de avión contaminan muchísimo: y ahí
estábamos las dos en el aeropuerto. Yo vuelo tanto que debo de haber
ensuciado más el planeta que un cohete de la NASA (me lo tomo en serio e
intentaré reducir sustancialmente); pero Greta, que no participa de
nuestro talante contradictorio y confuso, tenía que ir en velero, por
coherencia y para dar ejemplo. ¿Que parecía la niña de El exorcista? Perdona, querida: me temo que estamos en una película de terror, pero no es esa.
Llevamos años prestando atención y “obedeciendo” a cuantos aseguran
“sentirse ofendidos” por algo. A la larga, esto nos impedirá hacer ni
decir nada.
LEO UNA RESEÑA y una columna de Andrés Ibáñez sobre una novela recientemente publicada aquí, El amigo,
de Sigrid Nunez. Al parecer la autora es, como su protagonista,
profesora de “escritura creativa” en una Universidad, y es probable que
la primera le haya prestado a la segunda sus experiencias reales. Pero
tanto da: al fin y al cabo Fahrenheit 451 de Bradbury era ciencia-ficción en su día y hoy casi resulta una obra costumbrista. Cuenta Ibáñez que cuenta Nunez que sus aspirantes a escritor son antojadizos, maniáticos, mimados… y tremendamente puritanos.
Consideran que los temas sexuales no deben abordarse en absoluto
“porque son ofensivos”. Con este criterio, la mayor parte de la
literatura universal estaría desaparecida. Se niegan a leer a Kafka y a
Melville por ser “autores fracasados” (se entiende que en vida, ya que
son clásicos indiscutibles desde hace muchas décadas), y a ellos sólo
les interesan los de éxito. Rilke les da cien patadas y a Nabokov no lo
quieren ver ni en retrato, porque “era un hombre perverso” y sólo pueden
leer a escritores que sean “modelos de conducta moral” (mejor que se
hubieran matriculado en una escuela de misioneros y no de literatura;
pero ahí no hay dinero, claro). Han decidido que los problemas de los
varones blancos “no interesan”, lo cual, como apunta Ibáñez, proscribe a
Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare… Y a Proust, Flaubert, Pushkin,
Conrad, Henry James, Dickens, Hölderlin, Eliot, Faulkner y Sterne, por
añadir unos cuantos más.
No sé hasta qué punto la novela de Nunez refleja lo que está pasando,
pero suena verosímil, y esta frase que cita Ibáñez es creíble en su
pesimismo: “Ni los estudiantes de las mejores Universidades distinguen una
frase buena de una mala, a nadie en el sector editorial parece ya
importarle cómo hay que escribir, la literatura está muriendo…” Para mí
es exagerada la última afirmación, ya que nunca he creído que alguien
pasado por un taller de escritura pudiera hacer nada de inmenso valor, y
no me he equivocado hasta la fecha —hablo de mi gusto personal, claro
está—. La gran literatura no suele salir de ahí. Pero la cuestión trasciende las letras. Llevamos años prestando atención y “obedeciendo” a cuantos aseguran “sentirse ofendidos”
por algo, como esos alumnos por el sexo, hasta el punto de querer
desterrarlo como asunto o descripción (ya hubo un pasado con gente que
se ofendía por un tobillo femenino al descubierto). Es decir, llevamos
años haciendo caso a la subjetividad de cada cual, algo que, a
la larga, nos impediría hacer ni decir nada. El mundo está plagado de
personas quisquillosas y tiquismiquis, de finísima piel. De este otro caso no me he enterado bien, porque nada me podía interesar
menos, pero al parecer varias cofradías andaluzas han montado en cólera
porque se han publicado o colgado fotos de sus adoradas efigies
mientras eran restauradas, y juzgaban tales imágenes “hirientes”, no me
pregunten por qué. Y ha sucedido lo que sucede siempre en esta época
pusilánime: las fotos se han retirado (lo que a su vez ha “ofendido” a
otros) y las disculpas no se han hecho esperar. También, hace poco, un
político del PP expresó su natural deseo de que los españoles ganaran a
los argentinos en el Mundial de Baloncesto. Con susceptibilidad y
megalomanía, la portavoz de ese partido, Cayetana Álvarez de Toledo,
dio por sentado que el “xenófobo” comentario iba por ella, como si
fuera la única hija de argentina existente en España, y mostrándose a la
altura de la estudiante de la que oí hablar semanas atrás a Christina
Hoff Sommers, feminista clásica que ahora, por rechazar los
despropósitos actuales, debe ir protegida por guardaespaldas a sus
charlas en las Universidades de su país. Contó que una alumna decía
sufrir varias “miniviolaciones” diarias. Al preguntarle qué le había
ocurrido hoy, la respuesta fue: “Un chico me ha dicho que tenía bonitas
piernas”, y otros “ataques” por el estilo.
Cualquiera se puede sentir ofendido,
herido o ultrajado por cualquiera y por cualquier cosa. Porque
respiremos cerca, porque existamos, no digamos por una opinión contraria
y por lo tanto “perturbadora”. Si hacemos caso, si nos tomamos en serio
la subjetividad de cada individuo ególatra, o mojigato, o hipersensible
y frágil, o directamente demente, no sólo morirá la literatura, como
vaticina el personaje de Nunez, sino el cine y todas las artes, la
filosofía y el pensamiento, la discrepancia y el contraste de pareceres,
por supuesto la discusión y la argumentación. Hay políticos y una buena
parte de la población que buscan eso, supongo que se han percatado, y
no debemos dejarlos salirse con la suya si no queremos una vida uniforme
y plana. Entre la ristra de “derechos” infundados y absurdos que muchos
se están sacando de la manga, figura “el derecho a no sentirse
ofendido”, como si los sentimientos fueran objetivables. No lo son, y en
el reino de la susceptibilidad nada es factible. No lo son, y en el reino de la susceptibilidad nada es factible. Es hora
de que ante tantos “vejámenes” y “heridas”, dejemos de asustarnos y
acobardarnos y contestemos alguna vez: “Por favor, absténganse de
tonterías y ridiculeces. Así sólo vamos hacia atrás”.