Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

25 sept 2019

Plácido Domingo cancela su actuación en Nueva York en medio de las acusaciones de acoso sexual

El tenor se retira del cartel de 'Macbeth' solo un día antes de su estreno en la Metropolitan Opera y anuncia que no volverá a ese teatro, donde ha actuado 51 años seguidos.


 

Plácido Domingo en el Festival de Salzburgo. En vídeo, el tenor se retira del montaje de 'Macbeth' en la ópera de Nueva York. FOTO: EFE | VÍDEO: ATLAS
El tenor español Plácido Domingo comunicó este martes que se retira del montaje de Macbeth que iba a representar hoy miércoles, 25 de septiembre, en la Metropolitan Opera de Nueva York. Domingo, acusado por una veintena de mujeres de acoso sexual, no volverá a actuar en el Met, según confirmó la propia institución.
 La decisión se produce tras las quejas de empleados de la ópera neoyorquina por la presencia del cantante en la temporada.

“Debuté en la Metropolitan Opera a la edad de 27 años y he cantado en este magnífico teatro 51 gloriosos años seguidos”, dijo Domingo en un comunicado enviado a The New York Times, que adelantó la noticia. 
“Aunque rechazo firmemente las acusaciones en mi contra, y me preocupa el ambiente en el que la gente es condenada sin el debido proceso, tras reflexionar creo que mi aparición en esta producción de Macbeth quitaría atención al duro trabajo de mis colegas en el escenario y detrás del telón. 
Como resultado, he pedido ser retirado [del cartel] y doy las gracias a los responsables del Met por aceptar mi petición”. 

En una breve declaración a los medios locales, desde la Met se deja claro que Domingo “acordó retirarse de todas las actuaciones” y lo hace con efecto “inmediato”. "
La Met y Domingo están de acuerdo en que debía apartarse”, reitera el comunicado con el anuncio, sin entrar en más comentarios.
 En su lugar actuará el barítono Zeljko Lucic.
La Orquesta de Philadelphia y la Ópera de San Francisco anunciaron el pasado 13 de agosto la cancelación de sendas actuaciones de Domingo para este otoño, al día siguiente de que la agencia AP publicara una investigación en la que nueve mujeres le acusaban de acoso sexual a lo largo de años en diversas producciones en Estados Unidos. 
El pasado 5 de septiembre, 11 mujeres más acudieron a AP para hacer acusaciones similares.
 De la veintena de mujeres, solo dos han dado su nombre.
En el calendario inmediato de Domingo quedaban dos actuaciones, en la Ópera de Los Ángeles, la institución de la que es director general, y la Met. 
La institución de Nueva York anunció que esperaría a los resultados de la investigación interna de la Ópera de Los Ángeles para tomar una decisión. 
La investigación no ha producido resultados todavía.
El anuncio de Domingo resuelve una situación que, según informa The New York Times, se había vuelto muy tensa en el interior de la Met en los últimos días.
 El diario informa de que la dirección del Met estaba recibiendo cada vez más quejas por el regreso de Domingo al escenario. Concretamente, habla de una reunión el pasado sábado entre miembros de la orquesta y el coro tras un ensayo de vestuario en el que le dijeron al director general de la institución, Peter Gelb, que la presencia de Domingo ponía en duda el compromiso de la Met con la protección de las mujeres en el entorno de trabajo y la prevención del acoso sexual.

Última actuación

En su comunicado, Domingo deja ver que no volverá a actuar en Nueva York. 
“Estoy feliz de que, a la edad de 78 años, he podido cantar el maravilloso papel protagonista de Macbeth en el ensayo de vestuario, lo que considero mi última actuación en el escenario de la Met”, dice el tenor. 
“Estoy agradecido a Dios y al público por lo que me han permitido conseguir aquí en la Metropolitan Opera”.
La ópera de Nueva York aún se está recuperando del escándalo de su director musical, James Levine, de 76 años, despedido también por denuncias sobre su comportamiento sexual durante años.
La primera reacción de Plácido Domingo tras las primeras acusaciones de acoso sexual fue un comunicado en el que no rechazaba los hechos, sino que los calificaba de “inexactos”, y hacía una reflexión sobre cómo algunos comportamientos del pasado hoy se ven con otros ojos.
 La investigación de AP citaba decenas de testimonios que aseguraban que la actitud de Domingo era un secreto a voces en la industria de la ópera.
Mientras, la investigación que inició la Ópera de Los Ángeles por las acusaciones contra su director general aún no ha producido resultados. 
 La institución tampoco se ha pronunciado más allá de decir que se toma las acusaciones “con extrema seriedad” y ha encargado la investigación a una abogada externa especialista en protección de la reputación, Debra Wong Yang. 
La abogada ha enviado un correo electrónico a todos los trabajadores de la institución en el que les anima a ponerse en contacto con ella y garantiza que “no habrá ningún tipo de represalia” para quienes participen “de buena fe”. 
Varias de las acusaciones son sobre hechos que sucedieron en Los Ángeles.
El Teatro Real de Madrid y el Palau de les Arts de Valencia han anunciado su respaldo al cantante y mantienen las actuaciones previstas.
 En el plano artístico, ningún cantante o bailarín en activo ha salido públicamente a hablar contra Domingo.
 Los que lo han hecho, como la soprano Ainhoa Arteta, ha sido para defenderlo.
 La soprano con la que compartía cartel en el Macbeth del Met, Anna Netrebko, escribió en Instagram que estaba feliz de compartir escenario “con el maravilloso Plácido Domingo”.
La situación de Plácido Domingo, de 78 años, el cantante de ópera más conocido del mundo y una de las figuras más importantes de la historia de esta industria, ha dividido al mundo de la ópera a ambos lados del Atlántico.
 Pocos días después de las primeras acusaciones, Domingo actuó en el Festival de Salzburgo, donde fue ovacionado
Después actuó también con éxito en Hungría. 
El compromiso de Nueva York era el primero en su calendario en Estados Unidos.

El Teatro Real de Madrid y el Palau de les Arts de Valencia han anunciado su respaldo al cantante y mantienen las actuaciones previstas. En el plano artístico, ningún cantante o bailarín en activo ha salido públicamente a hablar contra Domingo. 
Los que lo han hecho, como la soprano Ainhoa Arteta, ha sido para defenderlo. 
La soprano con la que compartía cartel en el Macbeth del Met, Anna Netrebko, escribió en Instagram que estaba feliz de compartir escenario “con el maravilloso Plácido Domingo”.

El delirio.................................... Ángel S. Harguindey.

Con la serie japonesa 'Final Life' se aplica a la perfección la definición de esperpento.

 

En vídeo, el tráiler de la serie 'Final Life'.
Si se aplicara la definición de esperpento, "género literario que se caracteriza por la presentación de una realidad deformada y grotesca y la degradación de los valores consagrados a una situación ridícula" al terreno de las series de ficción tendríamos en los 12 capítulos de 30 minutos cada uno de la japonesa Final life (Amazon Prime Video) el ejemplo perfecto.
 
En vídeo, el tráiler de la serie 'Final Life'.


Ryo Kawakubo, inspector adscrito a una unidad especial de la policía de Tokio, tendrá que tratar de resolver los casos difíciles con la inesperada ayuda de un joven, Song Shi-On, que pese a no ser policía posee una serie de cualidades extraordinarias que facilitarán el trabajo. Hasta aquí todo normal. 
Son varias las series en las que el policía protagonista tiene la ayuda de alguien ajeno al cuerpo (Castle o Bones, por ejemplo). 
Lo grotesco surge cuando conocemos las razones de las cualidades extraordinarias del coprotagonista: hijo de un magnate japonés de las altas tecnologías estudiaba Medicina en Estados Unidos. 
 Un taimado compañero de estudios le introduce mediante engaño para ser conejillo de indias de un terrible e inquietante experimento neurológico: le trasplantarán una pequeña porción del cerebro de Albert Einstein para comprobar si el propio asimila positivamente las extraordinarias cualidades del sabio.
 Que alguien posea el cerebro de Einstein es verosímil. 
Hasta no hace mucho el poderío del dólar o del yen les permitía comprar todo lo que quisieran, como ratificaría Sotheby's. 
Cuestión distinta es lo del trasplante que, además, estaba auspiciado por la CIA, maléfica organización que, naturalmente, desea a asesinar al joven Song Shi-On para estudiar el resultado del experimento.
 Ryo Kawakubo y toda la unidad especial tienen ya un doble objetivo: resolver los casos difíciles y salvaguardar a Song.
 Lo dicho, un esperpento audiovisual.

Nicolas Mathieu: “La escritura me permite devolver puñetazos”

El escritor francés ganó el año pasado el Goncourt con ‘Sus hijos después de ellos’, crónica de la decadencia industrial que vendió más de 400.000 ejemplares y lo convirtió en estrella literaria.

 

 
 
 
El escritor francés Nicolas Mathieu.
El escritor francés Nicolas Mathieu. EDITORIAL ALIANZA
Durante años, Nicolas Mathieu (Épinal, Francia, 1978) se levantó a las cinco de la madrugada para poder escribir antes de dirigirse al trabajo. 
De extracción humilde, hijo de un mecánico y una contable, alternó oficios precarios que lo llevaron a sufrir un burnout (trastorno de agotamiento laboral). 
Todo cambió al ganar el Goncourt con su segunda novela, Sus hijos después de ellos, crónica de la decadencia industrial francesa que vendió más de 400.000 ejemplares.
 Eso no impide que siga creyendo que la clase social marca nuestro destino.
 “Casos como el mío no pueden servir de coartada. El determinismo no es una opinión, sino un hecho”, relata desde su casa en Nancy, en el este de Francia, entre cajas que sugieren una mudanza reciente.

PREGUNTA. ¿El Goncourt le ha cambiado la vida?
RESPUESTA. A todos los niveles. En lo económico, tras haber tenido trabajos humillantes para poder seguir escribiendo, por fin me puedo relajar.
 Además, la gente te empieza a escuchar de otra manera.
 Sobre todo, el lector burgués, que tanto cree en las instituciones. Ahora tengo que medir mis palabras. 
Es como pasar de usar una escopeta de feria a una ametralladora. Te preguntas qué hacer con la legitimidad que se te ha adjudicado.
P. ¿El éxito puede dar mala conciencia?
R. Totalmente. Recibí una educación religiosa, así que estoy predispuesto a sentir esa culpa. 
Tengo una sensación de impostura y me da miedo aburguesarme y olvidarme de dónde vengo y de la gente de la que hablo.
P. La novela alterna un relato de iniciación bastante clásico con una dimensión documental y política. ¿De dónde surge esa mezcla?
R. La llevo dentro.
 Cuando uno escribe no lo puede elegir todo a conciencia.
 Siempre digo que uno escribe lo que puede. 
Y lo que yo puedo escribir es esto: un relato muy novelesco, pero corroído por la sociología, por un esfuerzo de restituir la realidad…

P. Ofrece una representación literaria de la clase obrera poco habitual: ni la ennoblece, ni la ridiculiza.
R. Vengo de la novela negra, donde el obrero nunca fue ni un crápula, ni un santo.
 No tengo motivos para idealizar a la clase obrera, la conozco bien. Le encuentro circunstancias atenuantes para casi todo. 
Pero, a la vez, no creo en esa “decencia común” de la que habló Orwell. Todos los grupos sociales pueden ser detestables. 
 Hablo de este porque es el que conozco.
P. En el cuerpo de sus personajes se ven las marcas de la política económica de las últimas décadas, una idea que retoma Édouard Louis en su nuevo libro.
R. Para mí, ese es un elemento central.
 Los cuerpos que describo están atravesados por el deseo, el odio y la ira, pero también por la historia, la economía y la política. 
Mi padre está enfermo.
 Cuando veo su cuerpo, observo los efectos de todos esos factores. Los veo también en las manos de mis tíos y en el cáncer de mi madre. 
Constato que el mundo actúa sobre nuestras células.
P. ¿Por qué se marchó de su región natal y terminó volviendo?

R. Sentía vergüenza de mi familia. Idealizaba a las de mis amigos de la escuela privada, que tenían cuadros en el comedor y parqué en el suelo. 
Como puede ver, esos son los códigos que he reproducido: no vivo entre muebles rústicos y azulejo como mis padres.
 Yo me avergonzaba de mi padre, de lo que pudiera decir o hacer en público. Hoy me avergüenzo de haber sentido vergüenza…
P. ¿Cuándo terminó ese sentimiento?
R. Al descubrir la sociología, entre los 20 y los 25 años. La estructura social, las relaciones de dominación, la forma en la que uno interioriza su posición subalterna. 
Fue como quitarse unas gafas convexas y ponerse otras cóncavas. Un incendio de ira que no se ha extinguido.
P. Es paradójica la fascinación francesa por la burguesía, siendo el país que quiso abolir los privilegios…
R. Pese a estar obsesionados con la revolución, somos una sociedad muy aristocrática. 
Flaubert describió a la perfección ese proceso por el que la burguesía se erige en nueva aristocracia.
 En el fondo, por eso quisieron la revolución: para poder ocupar su lugar. 
Tras el discurso de la igualdad y la meritocracia se encuentra una máquina de reproducción de las desigualdades.
P. ¿Escribe por venganza social?

R. Totalmente. En el origen de mi escritura hay pasiones tristes, como el enfado y la revancha.
 Y no solo respecto a las cuestiones de clase.
 Aspiro a vengarme de lo que nos hace la vida, de lo que la vida ha hecho al cuerpo de mi padre. 
La escritura me permite devolver puñetazos. Al escribir, me siento menos víctima.
P. El libro también describe la transformación ideológica de su región, bastión comunista que hoy se ve tentado por la ultraderecha. ¿Cómo lo explica?
R. Quería que fuera un ruido de fondo, sin juicios morales ni posturas intelectuales. 
Mi explicación es sencilla: el liberalismo. Sin apoyar ni un nanosegundo a la extrema derecha, creo que un comunista que vota al Frente Nacional lo hace porque ha perdido su trabajo y reclama una protección económica e identitaria.

Ferlosio, del Universo a Coria..................... Javier Rodríguez Marcos

Amigos y expertos recuerdan al escritor en su pueblo.

 

Rafael Sánchez Ferlosio, en Coria el 31 de diciembre de 2009.
Rafael Sánchez Ferlosio, en Coria el 31 de diciembre de 2009.
El jueves pasado se dieron cita en el bar Universo, en el barrio madrileño de Prosperidad, Demetria Chamorro, viuda de Rafael Sánchez Ferlosio, y tres de sus amigos:
 los filósofos Tomás Pollán y José Luis Pardo y el escritor Javier Fernández de Castro. 
Se disponían a rehacer el viaje a Coria que el autor de Alfanhuí hizo cientos de veces desde que era niño hasta su muerte el pasado 1 de abril, a los 91 años.
 Aunque había nacido en Roma y vivía a unos pasos del Universo, Ferlosio siempre tuvo devoción por el pueblo cacereño de 12.000 habitantes en el que su padre, Rafael Sánchez Mazas, había heredado de una tía rica varias dehesas y el antiguo palacio del duque de Alba, una enorme construcción del siglo XV con vistas a la vega del río Alagón.
Si en el Universo los cuatro viajeros recordaron el día en que cada uno de ellos conoció al escritor —su mujer le soltó que El Jarama le parecía un “peñazo” para progres, cosa que los puso de acuerdo para siempre—, durante las tres horas de viaje a Extremadura fueron señalando los hitos en los que siempre se fijaba un autor que se fijaba en todo: la casa en la colina que imaginaba como escenario para una película de Bette Davis, la muralla de Galisteo o il piccolo Mortirolo, es decir, la subida hasta la plaza de la catedral coriana.

En esa plaza se levanta, ruinoso, el viejo palacio familiar, vendido la primavera pasada. 
También se asoma a ella la casa en la que Rafael y Demetria se instalaron en los últimos años. 
En esa fachada se descubrió el propio jueves una placa en memoria del premio Cervantes de 2004, que siempre se negó a que cambiaran el nombre actual de la calle —Albaicín— por el suyo. Cuando el Ayuntamiento volvió a intentarlo en mayo, fue su viuda la que insistió en que nada hubiera desagradado más a su marido, que, en cuanto abría la puerta a un recién llegado, se apresuraba a aclararle —“con ojillos de disculpa”— que las iniciales RS que lucen en la aldaba eran las de su bisabuelo. 
“Siempre dedicaba sus libros como Rafael Sánchez”, recordó su amigo Gonzalo Hidalgo Bayal:
 “Anteponía la persona al Ferlosio de la inmortalidad”.
De izquierda a derecha, Gonzalo Hidalgo Bayal, Alfonso Armada, Jesús Domínguez, Javier Fernández de Castro, José Luis Pardo y Tomás Pollán, en Coria (Cáceres) el 19 de septiembre de 2019. 
De izquierda a derecha, Gonzalo Hidalgo Bayal, Alfonso Armada, Jesús Domínguez, Javier Fernández de Castro, José Luis Pardo y Tomás Pollán, en Coria (Cáceres) el 19 de septiembre de 2019. Asociación de Amigos del Castillo de Coria
La expedición madrileña se unió en Coria a Pedro Gutiérrez y Jesús Domínguez —miembros de la Asociación de Amigos del Castillo, promotora del homenaje— y a otro puñado de ferlosianos, entre los que estaban J. Benito Fernández —al que todos se refieren como “el biógrafo” desde que publicó El incógnito (Árdora)—, el periodista Alfonso Armada o el propio Hidalgo Bayal.
 La mesa redonda de “amigos y estudiosos” era el acto central de un programa de tres días en el que también figuran una exposición de fotografías, objetos y manuscritos y un homenaje de los estudiantes de los dos institutos de la localidad, acostumbrados a ver por la calle cada verano a un escritor que siempre se entendió mejor con los niños que con las autoridades.
En el coloquio se analizó al ensayista que renegó de la ficción pero también al narrador oral que en una sobremesa y, con la ayuda de botellas, cuchillos y mendrugos de pan, podía escenificar con todo detalle la batalla de Salamina.
 “Rafael había leído mucho más de lo que decía”, subrayó Tomás Pollán.
 “Filosofía, psicología, lingüística, no digamos historia... ¡Hablaba del siglo VIII por décadas!”.
 Profesor jubilado de filosofía y antropología en la Universidad Autónoma de Madrid e inseparable de Ferlosio durante cuatro décadas, Pollán hizo un emocionante retrato de su amigo, que —esto no lo dijo él— le consultaba cada línea que escribía. Juntos practicaban además uno de sus ejercicios favoritos: la lectura en voz alta.
 “En la cocina de esa casa”, dijo señalando al número 10 de la calle Albaicín, “leí con él y con Demetria muchos de sus textos y varios libros.
 El primer tomo de la Sociología de la religión de Max Weber lo leímos entero”.
Antes tímido que huraño y muy exigente —“especialmente consigo mismo”—, Tomás Pollán definió a Ferlosio como “un observador atento y extrañado”.
 Lo primero le permitía describir cada cosa con exactitud y desarrollar cada idea hasta sus últimas consecuencias.
 Lo segundo, denunciar los lugares comunes en que cuaja el pensamiento acomodaticio:
 “A la pregunta de un periodista podía responder que necesitaba una semana para dar con la respuesta. Nunca hablaba de oídas sino de pensadas. 
 Era lo contrario de ese personaje del que dice Juan de Mairena que había aprendido tantas cosas que no había tenido tiempo de pensar en ellas”. 
Su libro God & Gun nació como respuesta a un artículo de Fernando Savater publicado en 1998.
 El artículo tenía tres folios.
 Las 300 páginas de Ferlosio se publicaron 10 años después.

Un legado de 200.000 páginas manuscritas

Demetria Chamorro, viuda de Rafael Sánchez Ferlosio, en la puerta de su casa de Coria el 19 de septiembre de 2019.
Demetria Chamorro, viuda de Rafael Sánchez Ferlosio, en la puerta de su casa de Coria el 19 de septiembre de 2019. Asociación de Amigos del Castillo de Coria
Para demostrar el nivel de obsesión y exigencia de Rafael Sánchez Ferlosio, Tomás Pollán leyó en Coria parte de un inédito que le regaló su amigo: 95 páginas de pulcra caligrafía que en “La forja de un plumífero” —su famoso texto autobiográfico de 1998— quedaron reducidas a 12 líneas.
 ¿Y de qué trata? De la demolición en toda regla de un pasaje de su primer libro, Industrias y andanzas de Alfanhuí, en el que su propio autor denuncia el “sistema rítmico de balancín” que —insertando adjetivos “como un ornato sin cosa que adornar”— le llevó a incurrir en aquello que más odió siempre: “la bella página”.
Pensar que se trataba de su novela favorita y que la había publicado 47 años antes da una idea del carácter perfeccionista de un escritor que nunca quiso que se hablara en vano y que a su muerte dejó cientos de cuadernos.
 Alrededor de 200.000 páginas manuscritas según la estimación de quien mejor conocía su trabajo: el propio Pollán.
Ferlosio llegó a ver culminada la reunión de sus ensayos en cuatro tomos en edición de Ignacio Echevarría para Debate pero no alcanzó a ver en las librerías el último título del que se ocupó, De algunos animales, una antología de su obra a modo de bestiario aparecido en junio, dos meses después de que falleciera dejando a sus estudiosos trabajo para varias vidas.