HUequitos de Sol: ¿Qué será, sera?: Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida. ¿Sufre más el que espera siempre que aquel que nunca esperó..........Pablo Neruda
http://youtu.be/4tFFPPW72BM
http://youtu.be/4tFFPPW72BM
Hay muchas cosas buenas que salen gratis.
Pasear por la mañana temprano, cuando el sol es tierno, tímido como la brisa que coquetea con las hojas de los árboles.
Caminar de madrugada por calles tan llenas de gente como en los
mediodías del invierno, para asombrarse de la euforia silenciosa de las
parejas que se besan en los bancos, o apoyadas en los pilares de las
plazas porticadas.
Los que viven cerca del mar lo tienen fácil, pero también es una fiesta
meter en una tartera la comida prevista para consumir en casa,
despacharla sobre una manta, en la hierba de algún parque, y tumbarse
después a la sombra.
Asistir a los conciertos de las bandas que suelen
tocar en quioscos de parques y plazas mayores los domingos por la
mañana.
Y frecuentar las bibliotecas públicas, mientras duren.
Hay muchas cosas buenas que salen muy baratas.
Una botella de vino para beberla despacio, en casa, al atardecer y entre amigos.
Un buen libro de bolsillo, que proporciona una emoción que dura más que el vino y cuesta casi lo mismo.
Un cine de verano, el lugar ideal para hacer manitas.
Una ración de
ensaladilla rusa y dos cañas, en la terraza de un bar cualquiera, antes o
después del cine de verano.
Enamorarse es un milagro todavía más
barato, tan caro que, sin embargo, no se puede fabricar.
El verano es el tiempo de la felicidad.
Apúrenlo y no piensen en el
invierno que nos espera.
Porque nuestros abuelos lo tuvieron muchísimo
peor que nosotros y si no hubieran vivido, si no hubieran sabido
disfrutar de la vida, si no se hubieran enamorado en tiempos atroces,
nosotros no estaríamos aquí.
Si existe una cosa que sabemos hacer bien los españoles es ser pobres.
Lo hemos sido casi siempre, pero eso no nos ha hecho más desgraciados,
ni más tristes que los demás.
Recuérdenlo y sean felices, porque la
felicidad también es una forma de resistir.
Casi sin querer, contemplando este manto de nubes, sueño con poder
encontrarte jugando, saltando, escondiéndote y riendo a carcajadas.
Me pides la pelota azul que acabas de tirar y no logras alcanzar.
- Pásala mamá, ¿no la ves ahí detrás? Tira fuerte…¡Mía, ya es mía!
Me preguntas qué habrá de cena hoy.
- Otra vez crema de espinacas, ¡qué rollo!
Me inundas con tu verborrea menuda.
- ¿Cuándo me leerás mi cuento, después del paseo o antes de dormirme? Mejor me cuentas dos, ¿vale?
Cierro los ojos y van pasando los minutos. Y los días. Y los años.
No
me canso de imaginarte feliz, lleno de vida.
Inventando excusas para
no quedarte el sábado en casa estudiando; haciendo planes para irte
este verano a Londres a trabajar de camarero en un pub de Camden;
presentándome a tu nueva amiga: no pongas esa cara mamá, Laura es mi
compañera de prácticas de Microbiología, nada más.
La luz del sol cada vez es más intensa, volamos hacia el oeste. Porqué
no consigo ver pájaros desde esta altura…ni pelícanos, ni cigüeñas, ni
gaviotas.
Tan solo el mar azul profundo que lo cubre todo.
Y un océano
espectacular de nimbos inmensos, toneladas ligeras de algodón empapado
en agua condensada.
Te recuerdo siempre y te invento feliz, sonriendo, cantando.
Estoy tranquila.
Ya he aprendido a no dejarle ni un hueco a la tristeza.
Suena John Fogerty…Who’ll stop the rain?
“Les recordamos señores viajeros que en breves minutos tomaremos tierra
en el aeropuerto internacional de Miami.
Les rogamos que como medida
de seguridad y para evitar interferencias desconecten todos sus
dispositivos electrónicos.”