Las cartas
completas del revolucionario ofrecen un relato autobiográfico en el que
lo personal se mezcla con lo político. El volumen, publicado en Cuba,
incluye inéditos.
El Che Guevara, visto por Sciammarella.
Entre las cartas de despedida que escribió el Che Guevara
llama la atención una enviada a sus hijos meses antes de morir, cuando
se encontraba en la selva boliviana tratando de encender la llama de un
foco guerrillero. El texto va encabezado con “Desde algún lugar de
Bolivia, 1966”, y en su último párrafo le dice al más pequeño: “Tatico,
tú crece y hazte hombre que después veremos qué se hace. Si hay
imperialismo todavía salimos a pelearlo, si eso se acaba, tú, Camilo y
yo podemos irnos de vacaciones a la luna”. Es el cierre de Epistolario de un tiempo. Cartas 1947-1967,
volumen recién publicado en Cuba que agrupa y clasifica 350 páginas de
cartas personales y políticas desde que termina sus estudios de Segunda
Enseñanza y marcha a descubrir las Américas en motocicleta, hasta las
últimas palabras desde Bolivia dedicadas a sus padres, sus hijos y su
esposa, Aleida March, a quien confiesa en su carta final: “Hay días en
que la morriña avanza incontenible y se posesiona de mí. En Navidad y
Año Nuevo, sobre todo, no sabes cómo extraño tus lágrimas rituales, bajo
un cielo de estrellas nuevas que me recordaba lo poco que le he sacado a
la vida en el orden personal…”
Es el cierre de Epistolario de un tiempo. Cartas 1947-1967,
volumen recién publicado en Cuba que agrupa y clasifica 350 páginas de
cartas personales y políticas desde que termina sus estudios de Segunda
Enseñanza y marcha a descubrir las Américas en motocicleta, hasta las
últimas palabras desde Bolivia dedicadas a sus padres, sus hijos y su
esposa, Aleida March, a quien confiesa en su carta final: “Hay días en
que la morriña avanza incontenible y se posesiona de mí. En Navidad y
Año Nuevo, sobre todo, no sabes cómo extraño tus lágrimas rituales, bajo
un cielo de estrellas nuevas que me recordaba lo poco que le he sacado a
la vida en el orden personal…”. Se trata de una exhaustiva y reveladora selección que incluye unas
pocas cartas desconocidas y muchas conocidas pero que hasta ahora no
habían sido publicado juntas, y ahí reside uno de los valores de esta
compilación: permite apreciar el crecimiento personal, intelectual y
político de Guevara y comprobar su evolución, acercarse a su trayectoria
como estadista y descubrir aspectos poco conocidos de su vida, como el
de sus relaciones familiares y con los amigos.
Desde el punto de vista histórico, Epistolario de un tiempo
es además un documento importante para aquellos a los que les interese
la historia de los primeros años de la revolución, pues está lleno de
referencias a sucesos y hechos concretos en los que Guevara participó
como actor principal y que marcarían el futuro de Cuba. El libro se ordena cronológicamente en torno a cuatro grandes
bloques: cartas de juventud (1947-1956), que incluye la correspondencia
enviada desde la pequeña ciudad de Villa María, adonde se fue a trabajar
a los 19 años, y durante sus viajes por Argentina y América Latina;
cartas desde la lucha (1956-1959), generadas en la guerrilla de la
Sierra Maestra y durante la invasión que protagonizó junto a Camilo
Cienfuegos a la zona central de Cuba, que culminó con la toma de la
ciudad de Santa Clara y el triunfo de la revolución;
cartas como dirigente político (1959-1965), etapa en la que ocupa
diferentes puestos de responsabilidad en el Gobierno, incluidos los de
ministro de Industria y presidente del Banco Nacional, cuando participa
en los grandes debates económicos y políticos del país, en muchas
ocasiones asumiendo una posición crítica; y cartas desde la solidaridad y
el internacionalismo (1965-1967), que comprende, entre otros, los fracasados episodios guerrilleros del Congo y de Bolivia, cuando escribe sus famosos diarios de campaña.
Una de las misivas, de la que hasta ahora solo se conocían algunos fragmentos publicados como prólogo del libro Apuntes críticos a la economía política (2006), es sin duda la gran carta de Epistolario,
hasta el extremo de que algunos expertos en la obra guevariana aseguran
que marca un antes y un después. Se trata de la segunda carta de
despedida que escribió el Che a Fidel
antes de partir hacia la guerrilla en el Congo. La primera es
ampliamente conocida -"Otras tierras del mundo reclaman el concurso de
mis modestos esfuerzos…"-, pues fue leída por Castro el día en que se
creó el Partido Comunista de Cuba y se eligió su primer Comité Central,
el 3 de octubre de 1965. La segunda despedida, que ahora se publica
íntegramente, está fechada el 26 de marzo de ese mismo año y es un
crítico y riguroso análisis de los males políticos y económicos de la
revolución, con especial énfasis en los que en ese momento afectaban al
funcionamiento del Partido Comunista, el Gobierno y el Estado..
El Che Guevara, visto por Sciammarella.
Entre las cartas de despedida que escribió el Che Guevara
llama la atención una enviada a sus hijos meses antes de morir, cuando
se encontraba en la selva boliviana tratando de encender la llama de un
foco guerrillero. El texto va encabezado con “Desde algún lugar de
Bolivia, 1966”, y en su último párrafo le dice al más pequeño: “Tatico,
tú crece y hazte hombre que después veremos qué se hace. Si hay
imperialismo todavía salimos a pelearlo, si eso se acaba, tú, Camilo y
yo podemos irnos de vacaciones a la luna”.
Es el cierre de Epistolario de un tiempo. Cartas 1947-1967,
volumen recién publicado en Cuba que agrupa y clasifica 350 páginas de
cartas personales y políticas desde que termina sus estudios de Segunda
Enseñanza y marcha a descubrir las Américas en motocicleta, hasta las
últimas palabras desde Bolivia dedicadas a sus padres, sus hijos y su
esposa, Aleida March, a quien confiesa en su carta final: “Hay días en
que la morriña avanza incontenible y se posesiona de mí. En Navidad y
Año Nuevo, sobre todo, no sabes cómo extraño tus lágrimas rituales, bajo
un cielo de estrellas nuevas que me recordaba lo poco que le he sacado a
la vida en el orden personal…”.
Se trata de una exhaustiva y reveladora selección que incluye unas
pocas cartas desconocidas y muchas conocidas pero que hasta ahora no
habían sido publicado juntas, y ahí reside uno de los valores de esta
compilación: permite apreciar el crecimiento personal, intelectual y
político de Guevara y comprobar su evolución, acercarse a su trayectoria
como estadista y descubrir aspectos poco conocidos de su vida, como el
de sus relaciones familiares y con los amigos.
Desde el punto de vista histórico, Epistolario de un tiempo
es además un documento importante para aquellos a los que les interese
la historia de los primeros años de la revolución, pues está lleno de
referencias a sucesos y hechos concretos en los que Guevara participó
como actor principal y que marcarían el futuro de Cuba.
El libro se ordena cronológicamente en torno a cuatro grandes
bloques: cartas de juventud (1947-1956), que incluye la correspondencia
enviada desde la pequeña ciudad de Villa María, adonde se fue a trabajar
a los 19 años, y durante sus viajes por Argentina y América Latina;
cartas desde la lucha (1956-1959), generadas en la guerrilla de la
Sierra Maestra y durante la invasión que protagonizó junto a Camilo
Cienfuegos a la zona central de Cuba, que culminó con la toma de la
ciudad de Santa Clara y el triunfo de la revolución;
cartas como dirigente político (1959-1965), etapa en la que ocupa
diferentes puestos de responsabilidad en el Gobierno, incluidos los de
ministro de Industria y presidente del Banco Nacional, cuando participa
en los grandes debates económicos y políticos del país, en muchas
ocasiones asumiendo una posición crítica; y cartas desde la solidaridad y
el internacionalismo (1965-1967), que comprende, entre otros, los fracasados episodios guerrilleros del Congo y de Bolivia, cuando escribe sus famosos diarios de campaña.
Una de las misivas, de la que hasta ahora solo se conocían algunos fragmentos publicados como prólogo del libro Apuntes críticos a la economía política (2006), es sin duda la gran carta de Epistolario,
hasta el extremo de que algunos expertos en la obra guevariana aseguran
que marca un antes y un después. Se trata de la segunda carta de
despedida que escribió el Che a Fidel
antes de partir hacia la guerrilla en el Congo. La primera es
ampliamente conocida -"Otras tierras del mundo reclaman el concurso de
mis modestos esfuerzos…"-, pues fue leída por Castro el día en que se
creó el Partido Comunista de Cuba y se eligió su primer Comité Central,
el 3 de octubre de 1965. La segunda despedida, que ahora se publica
íntegramente, está fechada el 26 de marzo de ese mismo año y es un
crítico y riguroso análisis de los males políticos y económicos de la
revolución, con especial énfasis en los que en ese momento afectaban al
funcionamiento del Partido Comunista, el Gobierno y el Estado.
Facsímil de una carta enviada por el Che a sus hijos en 1965.
"Creo que hemos cometido muchos errores de tipo económico", dice el
Che a Castro. "El primero de ellos, el más importante, es la
improvisación con que hemos llevado adelante nuestras ideas que ha dado
por resultado una política de bandazos. Improvisación y subjetivismo,
diría yo. De tal manera que se daban metas que conllevaban crecimientos
imposibles…", expone en su larguísimo texto, en el que, señala, trata
"de hacer una crítica constructiva, por si puede servir para mejorar
algunos problemas que continúan siendo graves". Las observaciones del
Che son demoledoras y traslucen no poco desánimo. "Tengo cierta
sensación de que esto es un poco de pérdida de tiempo para todos, porque
tengo copias de otros escritos anteriores de un tono parecido y
realmente poco ha cambiado desde entonces y nada de lo fundamental",
dice, aclarando al líder: "Son críticas que hago amparado en la vieja
amistad y en el aprecio, admiración y lealtad sin límites que te
profeso".
En el mismo tono, pero con más ironía, se expresa en la carta que
envía al dirigente histórico Armando Hart en 1965, cuando acababa de ser
nombrado secretario de organización del Partido Comunista de Cuba. Tras
el fracaso de la guerrilla del Congo, el Che se encuentra en Tanzania
esperando entrar clandestinamente a Bolivia. "En este largo período de
vacaciones le metí la nariz a la filosofía, cosa que hace tiempo pensaba
hacer. Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay nada
publicado, si excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el
inconveniente de no dejarte pensar, ya que el partido lo hizo por ti y
tú solo debes digerir", escribe. A Guevara le dan alergia los esquemas
de los manuales de la URSS, y propone a Hart hacer un programa de
estudios de filosofía nuevo para Cuba: "Hice un plan de estudio para mí
que, creo, puede ser analizado y mejorado mucho para constituir la base
de una verdadera escuela de pensamiento; ya hemos hecho mucho, pero
algún día tendremos también que pensar".
Primera página de una misiva a Fidel Castro de ese mismo año.OCEAN PRESS
Disamis Arcia Muñoz, compiladora del epistolario junto a María del
Carmen Ariet García, del Centro de Estudios Che Guevara, señala que
tanto en esta como en otras cartas se pone de manifiesto su estilo
directo y sincero al plantear sus críticas, pero como "un ejercicio
honesto de discusión revolucionaria, dentro de un objetivo que es común
pese a las diferencias que se manifiestan".
Cuando escribes un ensayo o un discurso, prestas atención al
lenguaje, a la puntuación, pero en una carta personal no te preocupas
por esas cosas, eres tú quién habla y tu voz es auténtica, por eso este
libro, opina Arcia, ofrece la posibilidad de un acercamiento diferente
al pensamiento del Che.
Epistolario de un tiempo es la última entrega del Proyecto
Editorial Che Guevara, que comenzó en el año 2000 y lleva más de 20
títulos publicados, la mayoría por la editorial Ocean Sur. En España
estos libros han circulado muy poco, casi siempre en ediciones no
autorizadas y por editoriales minúsculas, pero según la agente literaria
Paula Canal, de Indent Agency -que representa a Ocean Press en lengua
española- este nuevo volumen ha despertado interés editorial y podría
publicarse. "El Che es un personaje que aún conserva un gran capital
simbólico en todo el mundo, que representa unos valores universales que
trascienden la revolución cubana. Estas cartas son un retrato del Che
desde varios ángulos de su vida privada y de su vida pública y política,
y muestra muchos aspectos sorprendentes de un individuo complejo: el
líder político, el guerrillero, el hijo, el padre, el amante, el
filósofo, el poeta. Algunas son tremendamente ingeniosas y, en
ocasiones, mordazmente sarcásticas, mientras que otras escritas a amigos
y familiares son profundamente cariñosas y hasta nostálgicas". Como la
última que mandó a sus padres antes de caer en Bolivia:
"Queridos viejos: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de
Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo. Hace de esto casi
diez años, les escribí otra carta de despedida… Puede ser que esta sea la definitiva. No lo busco pero está dentro del cálculo lógico de probabilidades. Si es así, va un último abrazo".
Un total de 20 mujeres acusan a Plácido Domingo de acoso sexual después de que la agencia Associated Press (AP) publicara
este jueves 11 testimonios más que detallan el supuesto comportamiento
abusivo del tenor español. Los casos se refieren a producciones en
Estados Unidos. Solo una de ellas, una cantante llamada Angela Turner
Wilson, da su nombre. El resto permanecen en el anonimato porque siguen
trabajando en el mundo de la música clásica y temen represalias, asegura
la agencia. Domingo rechazó la “campaña de AP para denigrarle” a través
de una portavoz.
Plácido Domingo, este agosto en Hungría.EFE
Según
la información los 11 testimonios son de mujeres que decidieron contar
su historia después de ver las explicaciones de Domingo cuando el pasado 13 de agosto se publicó una primera investigación
en la que nueve mujeres le acusaban por primera vez de acoso sexual. Solo una de aquellas mujeres daba su nombre, la mezzosoprano retirada
Patricia Wulf. Domingo dijo entonces que los relatos de esas mujeres
eran “inexactos tal como se presentaban” y razonaba que ciertos
comportamientos del pasado se juzgan hoy con otras reglas y valores. La información de este jueves recoge también relatos de trabajadores no
directamente acosados por Domingo, pero que atestiguan un patrón de
comportamiento del tenor. Varios empleados de la Ópera de Los Ángeles
(LA Opera), de la que Domingo es el director general, aseguran sin dar
sus nombres que la conducta del cantante era “conocida por todos” y que
los gestores de la institución lo sabían. La compañía ha encargado una investigación interna tras las primeras informaciones.
La cantante Angela Turner Wilson relata que compartió cartel con Domingo durante la representación de la ópera Le Cid
en la temporada 1999-2000 de la Ópera de Washington. Ella tenía 28 años
y Domingo, 59. “Sabía que para mí era el comienzo de cosas grandes”,
dice sobre la oportunidad que representaba.
Una tarde antes de la representación, relata Wilson, Domingo y ella
se estaban maquillando juntos en el camerino cuando él se levantó y le
puso las manos sobre los hombros. Después, bajó las manos y le agarró
los pechos por debajo del sostén. “Dolió”, dice la mujer citada por AP.
“No fue suave. Me manoseó con fuerza”. La mujer dice que Domingo se
marchó y ella se quedó atónita y humillada. Wilson tiene hoy 48 años y
es profesora de canto en Dallas (Texas).
La agencia asegura que una decena más de mujeres como Wilson le han
contado encuentros similares con Plácido Domingo, de 78 años. Estos
relatos incluyen tocamientos no consentidos, peticiones insistentes de
citas a solas, llamadas nocturnas e intentos de besarlas en los labios.
El tenor respondió a las nuevas acusaciones a través de una portavoz.
“La campaña continuada de AP para denigrar a Plácido Domingo no solo es
equivocada sino también inmoral. Estas nuevas acusaciones están
plagadas de inconsistencias y, como en la primera historia, son en
muchos sentidos simplemente incorrectas”, dice la portavoz Nancy
Seltzer. “Debido a la investigación en marcha, no vamos a comentar en
detalle, pero rechazamos enérgicamente la imagen engañosa que AP está
intentando dar del señor Domingo”. La historia cita también a Melinda McLain, que era coordinadora de
producción en la Ópera de Los Ángeles en su temporada inaugural de
1986-1987. También trabajó con Domingo en la Houston Grand Opera. McLain
dice en el artículo que ella hacía un esfuerzo por no poner al tenor a
ensayar en una habitación a solas con mujeres cantantes jóvenes, incluso
si él lo pedía. También intentaba asignarle siempre asistentes de
vestuario masculinos. “Montábamos estrategias elaboradas para mantenerlo alejado de ciertas
cantantes”, dice McLain. “Yo nunca mandaba a ninguna mujer a su
camerino”. Otra estrategia era invitar a la esposa de Domingo, Marta, a
las fiestas de la producción. Si su esposa estaba presente, “se
comportaba”, dice la mujer.
AP asegura haber hablado con varias personas que trabajaban en el
departamento de vestuario de LA Opera y que dicen que su comportamiento
era “conocido por todos” y que la institución lo sabe desde hace años. Aunque las acusaciones se remontan a años atrás, una empleada asegura
que sus colegas intentaban evitar asignar a mujeres a las pruebas con
Domingo incluso en la temporada 2016-2017. “Mi jefe directo me dijo que evitaban mandar ningún tipo de mujeres
atractivas jóvenes a los preparativos con él debido a su
comportamiento”, dice un empleado que solicita permanecer en el
anonimato porque sigue trabajando en la industria. El empleado afirma
que Domingo era conocido por “acercarse demasiado, abrazar, besar, tocar
y mostrar afecto físicamente”. La Ópera de Los Ángeles anunció poco después de las primeras
informaciones sobre Domingo que abriría una investigación. La lleva a
cabo la abogada local Debra Wong Yang. Hasta el momento, la institución
no ha avanzado ningún detalle sobre el alcance, la duración o el método
de la investigación.
El actor,
que vuelve este verano con la nueva película de Tarantino, vive una
paradoja esquizofrénica: a pesar de ser guapo, rico y famoso, no es
feliz.
Brad
Pitt, a su llegada al prestreno de 'Érase una vez... en Hollywood' en
la última edición del Festival de Cannes, en mayo de 2019.Foto: Getty
En una entrevista para Rolling Stone
de 1994 Brad Pitt aseguraba, mientras vaciaba jarras de cerveza sin
parar, que no quería que la gente supiera nada de él: “No quiero que me
conozcan. Yo no sé nada sobre mis actores favoritos, de otro modo se
convertirían en celebridades”. Su plan ha salido regular. En estos
últimos 25 años, Shania Twain se ha reído del tamaño de su pene en una
canción (That don't impress memuch)
tras publicarse unas fotos de Pitt desnudo con su entonces prometida
Gwyneth Paltrow; su primer hijo con Angelina Jolie fue apodado “el bebé
más esperado desde Jesucristo” y durante el parto de sus gemelos los
paparazi alquilaron la planta superior del hospital para deslizarse por
la fachada. Hasta el propio Pitt ha llegado a confesar
que le gustaría “dar de hostias a Brad Pitt”. Es un hombre cansado de
sí mismo pero, para su desgracia, el mundo nunca parece tener suficiente
de Brad Pitt. Tanto sus escaramuzas sentimentales como profesionales
(la última película llega el 15 de agosto, Érase una vez... en Hollywood, donde él y Leonardo DiCaprio están dirigidos por Quentin Tarantino) son seguidas con pasión.
Durante un rodaje Pitt tuvo un ataque de pánico.
Uno de los operarios se le acercó y le dijo: “Levanta la cabeza, deja
de quejarte, eres el puto Brad Pitt; ya me gustaría a mí ser el puto
Brad Pitt”
Chris
Schudy era el mejor amigo de Brad Pitt (Oklahoma, Estados Unidos, 1963)
en el instituto. Cuando le llevó a casa para cenar, su madre le preguntó: "¿De dónde has sacado a este dios romano?”. Pitt ya era una estrella en
Springfield (Misuri) antes de montarse en su Datsun con 325 dólares en
el bolsillo, a solo un trabajo de redacción para licenciarse en
periodismo, y conducir durante 23 horas hasta Hollywood. Los Simpson viven en Springfield porque es el pueblo más común en
Estados Unidos (existen 69 localidades con ese nombre) y, por tanto,
describe un lugar genérico donde nunca ocurre nada.
En una entrevista para Rolling Stone
de 1994 Brad Pitt aseguraba, mientras vaciaba jarras de cerveza sin
parar, que no quería que la gente supiera nada de él:
Chris
Schudy era el mejor amigo de Brad Pitt (Oklahoma, Estados Unidos, 1963)
en el instituto. Cuando le llevó a casa para cenar, su madre le preguntó:
"¿De dónde has sacado a este dios romano?”. Pitt ya era una estrella en
Springfield (Misuri) antes de montarse en su Datsun con 325 dólares en
el bolsillo, a solo un trabajo de redacción para licenciarse en
periodismo, y conducir durante 23 horas hasta Hollywood. Los Simpson
viven en Springfield porque es el pueblo más común en Estados Unidos
(existen 69 localidades con ese nombre) y, por tanto, describe un lugar
genérico donde nunca ocurre nada. Pero en Springfield, Misuri, ocurrió Brad Pitt: el canon de la belleza masculina de los noventa. Le bastaron 10 minutos en Thelma y Louise
(1991) para decretar que el hombre perfecto ahora debía tener cara de
adolescente, cuerpo de deportista de élite y, por primera vez en la
historia, predisposición a dejarse cosificar. Por la calle las mujeres le paraban no para pedirle un autógrafo sino un beso.
Los diez minutos de Brad Pitt en 'Thelma y Louise' es la mayor cosificación de un hombre que vería el espectador en los noventa.
Hollywood puso la maquinaria en marcha (y él obedeció explotando el tic
de humedecerse los labios en cada contraplano): si la belleza de Helena
de Troya hundió mil barcos, la de Pitt llevaría a perder la cabeza a
toda la que se enamorase de él.
En el caso de Seven, literalmente.
Juliette Lewis en Kalifornia; Julia Ormond en Leyendas de pasión
(donde Pitt se iba de la película tres veces solo para poder volver a
caballo y con el pelo al viento cada vez más lustroso que la anterior);
Antonio Banderas en Entrevista con el vampiro; Claire Forlani en ¿Conoces a Joe Black?; Helena Bonham-Carter en El club de la lucha, y, según la prensa sensacionalista, Jennifer Aniston en la vida real pagaban caro enamorarse de Pitt.
Y como le ocurría a Geena Davis en Thelma y Louise
cuando Pitt le robaba todo el dinero que tenía, el público se quedaba
con la sensación de que había merecido completamente la pena.
“Me muero de ganas de caminar hacia el altar, ponerme el anillo y besar a la novia”, aseguraba el actor
en 1997 ante su compromiso con Gwyneth Paltrow, quien en los rodajes
bebía de una taza con la cara de su novio, “porque solo voy a hacerlo
una vez en la vida”.
El romanticismo tradicional de Pitt chocaba con la
imagen que el público se había formado de él, pero su existencia está
plagada de contradicciones: un galán que solo es feliz tirado en el sofá
en pijama fumando porros (Paltrow tenía que arrastrarle a un
restaurante una vez a la semana); una estrella que se queja de que le quitaron todas las escenas interesantes en Entrevista con el vampiro para que solo Tom Cruise se luciese (cuando le preguntaban por Cruise, Pitt evadía la respuesta asegurando que “Antonio Banderas es un tipo genial”) y una cara bonita con las inquietudes de un actor de carácter.
r de carácter.
1994.
El 'grunge' había llegado a Hollywood. Esta es una de las primeras
portadas de las miles que ha protagonizado el actor. Para 'Rolling
Stone'.
Durante uno de sus rodajes en los noventa, Pitt tuvo un ataque de
pánico. Uno de los operarios se le acercó y le dijo: “Levanta la cabeza,
deja de quejarte, eres el puto Brad Pitt; ya me gustaría a mí ser el
puto Brad Pitt”. “Necesitaba escuchar eso”, recuerda hoy el actor en una entrevista para Esquire,
“aquel día brillé gracias a eso”. Si Brad Pitt (el hombre) odia a Brad
Pitt (la estrella) es porque su estatus de celebridad lleva años
impidiéndole ser feliz. Por eso hay cierto sadismo en su rebeldía contra su propia imagen pública. Para preparar Doce monos (1996) se encerró en una habitación a chocarse contra las paredes; en Seven
(1995) exigió por contrato que la cabeza se quedara "en la caja” ante
la insistencia del estudio de cambiar el final a uno más heroico; en El club de la lucha se quitó los empastes de sus dientes delanteros, y en Snatch. Cerdos y diamantes
se inventó un acento ininteligible de gitano irlandés que hubo que
subtitular. No es casualidad que en todas esas películas le destrozasen
la cara a puñetazos. “Me pasé los noventa tratando de esconderme y me volví loco huyendo de
la cacofonía de la fama. Me ponía enfermo estar tirado en el sofá con un
porro, me sentía patético”, ha admitido.
“Intentaba encontrar personajes con vidas interesantes, pero yo no era
capaz de vivir una vida interesante. Creo que mi matrimonio tuvo algo
que ver”. Esta confesión, además de obligarle a emitir una disculpa
pública hacia Jennifer Aniston (a quien conoció en una cita a ciegas
gestionada por su agente), sugiere que Pitt está tan obsesionado con
proteger su intimidad como ansioso de contarle sus miserias a cualquiera
que quiera escucharlas. “Siempre he estado en guerra conmigo mismo,
para bien o para mal, en mi cabeza hay una discusión constante”, reconoce,
añadiendo que en varios periodos se ha sentido “absolutamente cansado”
de sí mismo. Y entonces la película más intrascendente de su carrera, Sr. y sra. Smith
(2005), le cambió la vida: aquí la chica no perdía la cabeza por Brad
Pitt, sino que quería poner la de él en una bandeja de plata.
Brad Pitt y Angelina Jolie en el estreno de 'Malditos bastardos' en el Festival de Cannes en 2009. Se separaron en 2016.Foto: Getty
El triángulo Aniston-Pitt-Jolie generó una nueva dimensión de fama:
Brangelina, la unión de dos estrellas en condiciones escandalosas,
colisionó en una supernova mediática. Brad Pitt, a diferencia de otras
estrellas adúlteras como Ingrid Bergman o Liz Taylor, no tenía dónde
esconderse y, un mes después de su divorcio de Aniston, le pillaron de
vacaciones con Jolie en una playa de Kenia. A los cuatro meses Jolie
estaba embarazada del hijo de ambos, Shiloh. Tres años después de
conocerse Pitt era el patriarca de una prole de seis hijos, tres
biológicos y tres adoptados por Jolie y posteriormente por él. “En nuestra casa hay un barullo constante, ya sean risas, gritos,
lloros o golpes. Me encanta. Me encanta. Me encanta. Odio cuando no
están. Es agradable pasar un día en un hotel y leer el periódico, pero
enseguida echo de menos esa cacofonía de la vida”, explicaba el actor. Sin embargo, uno de sus directores, Andrew Dominick, describió la mansión del matrimonio como “un lugar donde te colocas nada más entrar por la puerta”. En una entrevista,
tras recordar entre risas que el día que conoció a Quentin Tarantino
vaciaron cinco botellas de vino, Pitt se bebía otras dos mientras
bromeaba que no debería porque sus hijos “estarán en casa preguntándose
dónde está papá”.
"No recuerdo un día desde que salí de la
universidad en el que no haya bebido o me haya fumado un porro o algo.
Algo. Y me doy cuenta de que son pacificadores, que estoy huyendo de mis
sentimientos"
La involucración emocional del público en este romance, dividida en
los bandos “equipo Aniston” y “equipo Jolie”, dejó a Pitt como un pelele
que se dejaba llevar pero que, al menos, gracias a su nueva esposa
había encontrado por fin un sentido a su vida colaborando con causas
benéficas. Entonces su carrera voló a unas alturas inéditas en Hollywood
al protagonizar siete películas nominadas al Oscar en ocho años y
producir tres que lo ganaron: Infiltrados (2006), 12 años de esclavitud (2013) y Moonlight (2016). Pero Pitt vio la victoria de esta última en casa de un amigo porque no quería que su reciente divorcio acaparase la atención. (Quién iba a decirle que Warren Beatty y Faye Dunaway ya se iban a encargar de distraer la atención de los espectadores).
La separación de Pitt y Jolie pareció sacada, al igual que su unión, de un culebrón. Un jet
privado. Un altercado entre un padre y su hijo (Maddox, que entonces
tenía 15 años). Una mujer que coge a toda su prole e interpone la
demanda de divorcio nada más aterrizar. Adele les dedicó un concierto,
Internet se llenó de gifs de Jennifer Aniston sonriendo y la
aerolínea Norwegian Airlines lanzó la campaña “¡Brad está soltero!” para
promocionar vuelos a Los Ángeles. Pero lo que para el mundo parecía una
atracción de feria, para Pitt era un reencuentro con sus demonios y,
una vez más, así quiso contárselo a un periodista.
Seis meses después de la separación, aún luchando con Jolie por la custodia compartida que Jolie le negaba, Pitt concedió una entrevista
sobre su propia depresión. De entre todas las casas que ha comprado en
su vida (un rancho en Misuri de 242 hectáreas, una mansión en Nueva
Orleans, un castillo en el sur de Francia, un apartamento en Nueva York,
un piso de 600 metros cuadrados en Berlín), Pitt se refugió en su
residencia de Hollywood Hills. En el sótano, donde Jimi Hendrix compuso May this be love,
Pitt había pasado su matrimonio con Jolie fumando marihuana durante
días enteros. Ahora el actor explicaba que cada mañana hacía un fuego
mientras disfrutaba del proceso de preparar té matcha y cada noche hacía
otro fuego porque era lo único que le hacía “sentir que había vida” en
esa casa. Entremedias, pasaba las horas moldeando arcilla y escuchando a
Frank Ocean, que es la música que ha acompañado a todos los divorciados del planeta en la última década.
Brad
Pitt y Leonardo DiCaprio durante la presentación de 'Érase una vez...
en Hollywood', película de Tarantino que protagonizan, en la pasada
edición del Festival de Cannes.Foto: Getty
“No recuerdo un día desde que salí de la universidad en el que no
haya bebido o me haya fumado un porro o algo. Algo. Y me doy cuenta de
que son pacificadores, que estoy huyendo de mis sentimientos. Lo dejé
todo excepto la bebida cuando comencé mi familia, pero en el último año
estaba bebiendo demasiado” confesaba. “Hace unos meses tenía pesadillas y
cuando despertaba de ellas me preguntaba: '¿Qué puedo aprender de
esto?'. Y pararon. Ahora tengo momentos de alegría, pero me despierto y
solo han sido un sueño. Entonces me deprimo”. Los retratos que
acompañaban la entrevista mostraban a Pitt en tres parques nacionales de
Estados Unidos, situándole en una metáfora de su propia existencia: un
símbolo estadounidense, creado por la naturaleza y expuesto durante
décadas para que el público lo observe. La semana pasada Pitt fue noticia porque una web expuso que
llevaba una semana sin cambiarse de ropa. También protagonizó titulares
cuando prohibió que los organizadores del “orgullo hetero” de Boston
utilizasen su cara como emblema: puede que le resulte imposible
controlar del todo lo que los demás hacen con su imagen, pero no por
ello va a dejar de intentarlo. Quizá sea un comienzo para empezar a
controlar todo lo demás.
Su escena
sin camiseta en 'Érase una vez en... Hollywood' recuerda a la que lo
hizo famoso en 'Thelma y Louise'. Pero ¿cómo ha conseguido el actor
mantener así su figura con 55 años?.
A la izquierda Brad Pitt en 'Thelma y Louise', con 28 años. A la derecha, Pitt en 'Érase una vez en Hollywood', con 55.
Mira que eres guapo!!!! Que bonito eres!!!!
Primero fue un ídolo juvenil, después el gran sex symbol de los noventa y posteriormente el actor de carácter más atractivo de la industria. Ahora, Brad Pitt
(Shawnee, Oklahoma, 1963) es el último gran epítome de la belleza
eterna. No solo por sus recientes apariciones en la alfombra roja de
Venecia que atraen todavía más miradas que los grandes vestidos de alta
costura de sus compañeras femeninas, sino por su papel en la exitosa Érase una vez en... Hollywood
(dirigida por Quentin Tarantino). Concretamente en una escena cuya
condición de clásico instantáneo ya ha sido confirmada con la prueba
definitiva: el GIF del momento ya circula en Internet.
"Un factor importante es el ejercicio diario sin cargas excesivas y
compensado, aunque me figuro que para películas como esta donde va a
tener escenas sin camiseta hará un entrenamiento específico para ganar
definición"
(Marco García, entrenador personal)
Se trata de esa secuencia en la que Pitt se sube al tejado de la casa de Leonardo DiCaprio
para arreglar su antena y, como el sol calienta y el calor aprieta, se
quita la camiseta. Es obvio que no es un gesto gratuito. En primer
lugar, porque no es un torso cualquiera, sino el de Brad Pitt, uno de
los más envidiados del cine contemporáneo. En segundo lugar, porque
conociendo el amor de Tarantino por el subtexto cinéfilo y las
referencias internas, no está de más recordar que Pitt se convirtió en
una celebridad, precisamente, por quitarse la camiseta en Thelma y Louise
(Ridley Scott, 1991) 28 años antes, en una escena ya clásica en la que
hace el amor alocadamente con Thelma (interpretada por Geena Davis) y
después le enseña a atracar un banco con un secador a modo de pistola. Por supuesto, los usuarios de diferentes redes sociales no han esperado a
comparar ambas estampas. Lo más llamativo no es que habiendo pasado
casi 30 años entre ambas el torso de Brad Pitt no haya envejecido, sino
que con 55 años parezca, si acaso, todavía más firme y musculoso. "En
Brad Pitt influyen varios factores que ayudan a que tenga ese aspecto
tan poco usual en un hombre de su edad", explica a ICON Marco García, entrenador personal del centro deportivo municipal San Antón (Madrid). "Lo primero es el factor genético. Lo segundo es que ha abandonado
el alcohol con todos los beneficios que eso conlleva, tanto internos
como externos, como el estado de la piel. Lo tercero es el ejercicio
diario sin cargas excesivas y compensado, aunque me figuro que para
películas como esta donde va a tener escenas sin camiseta hará un
entrenamiento específico para ganar definición". Es curioso que un actor que ha querido alejarse tanto de una imagen de sex symbol
que parecía pesarle como una losa se preste sin problemas a que su
envidiable físico sea el protagonista de muchas de sus películas. En El club de la lucha
(David Fincher, 1999), su cuerpo fibrado se hizo tan célebre que se
convirtió casi en un estándar para los gimnasios: “Quiero estar como
Brad Pitt en El club de la lucha”. Nada sencillo: según supimos
años después, Brad se quedó para ese papel con un cinco por ciento de
grasa corporal. El cuerpo sano y musculoso suele tener, de media, un
doce por ciento. Y en Troya (Wolfgang Petersen, 2004) sus
fornidos brazos fueron casi actores secundarios por la expectación que
levantaron tras su estreno.
Mucho antes de Chris Hemsworth y 'Thor', Brad Pitt ya sentó cátedra sobre lo que son unos brazos fornidos en 'Troya' (2004).
No es el único actor que esta semana ha causado impresión por un
desnudo parcial impactante a una edad en la que otros ya aceptan que la
barriga y las lorzas son inevitables. Este fin de semana un tráiler de
la serie de HBO The Young Popemostraba a Jude Law,
con 46 años, luciendo a la perfección un bañador Speedo blanco en la
playa. "Es evidente que tener dinero da acceso a cuidados físicos y
estéticos", remata García, "pero hay que recordar que hacer ejercicio
diario es gratis para todos y al final lo que más cuesta es levantarse
del sofá. Sea el caso que sea, tener 55 años y lucir así de bien tiene
un enorme mérito".