El tratado sobre la crueldad y el amor de Carlota Casiraghi
Una tiene sangre azul y el otro es hijo de inmigrantes italianos.
Ella es nieta de Grace Kelly y octava en la línea de sucesión monegasca, mientras que él ejerce de filósofo, especialista en Gramsci y Jankélévitch.
Ella es un personaje de papel cuché, cuando él oficia como crítico en Libération, el diario que fundó Sartre.
Su pasión compartida por el pensamiento los llevó a fundar, en 2015, los Encuentros Filosóficos de Mónaco. Bajo ese paraguas, este dúo improbable pilota varias actividades: un coloquio anual que reúne a los mayores intelectuales del planeta, un premio al mejor libro filosófico del año y un programa educativo de iniciación a esta opaca disciplina en todas las escuelas del Principado. “No aspiramos a que alumnos de primaria resuelvan cuestiones que han preocupado a los pensadores durante 25 siglos.
El objetivo es que, cuando sean mayores, la filosofía no les resulte ajena”, afirma Casiraghi, en blusa y deportivas, durante una tarde veraniega en París.
Por una vez, la heredera monegasca no ha venido a hablar de su vida privada, sino de su primer ensayo filosófico, Archipiélago de pasiones (Libros del Zorzal), a punto de llegar a las librerías españolas.
