Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

24 ago 2019

Sin perder el norte................................. Boris Izaguirre

Es probable que atravesado el ecuador de agosto, la sed de encanto sea mayor. 

Ese encanto más sosegado, envolvente, no parece estar en el sur, como demuestran Álvaro Morata y Alice Campello.

 

Marta Luisa de Noruega y su pareja, el chamán Durek Verret, en la gala Starlite, en Marbella.
Marta Luisa de Noruega y su pareja, el chamán Durek Verret, en la gala Starlite, en Marbella. EFE

Miley Cyrus o por qué las mujeres difíciles dejaron de pedir perdón

El comunicado de la cantante para defenderse ante las acusaciones de adulterio es recibido con entusiasmo viral.


Miley Cyrus o por qué las mujeres difíciles dejaron de pedir perdón
Cyrus en la fiesta de Vanity Fair post Oscar de 2018. Foto: Getty
“Acepto que la vida que he escogido vivir implique que sea totalmente transparente y abierta con mis fans […] Lo que no puedo aceptar es que se diga que estoy mintiendo y ocultando un delito que no he cometido”.
 Miley Cyrus ha descargado en sus redes un rant antológico a propósito del cruce de acusaciones sobre su divorcio con Liam Hemsworth en el que se declara inocente de las acusaciones de adulterio en su separación.
 Una afirmación totalmente menor a tenor de la verdadera moraleja de su comunicado: he aquí una mujer que da un paso al frente, dispuesta a no pedir por perdón por sus acciones frente a la moral imperante.
Con su texto, Cyrus convierte las supuestas fallas de la mujer ideal en una celebración de las mujer difícil
Lejos de santificarse, la artista reivindica haber “jodido” y engañado a sus relaciones anteriores, haber perdido contratos millonarios y papeles en el cine por fumar marihuana o por publicar fotos donde “chupaba un pastel en forma de pene”, haberse metido rayas en un baño y escribir canciones sobre consumir MDMA, cantar desnuda sobre una bola de demolición o afrontar la probabilidad de que “tenga más desnudos en Internet que cualquier otra mujer de la historia”.
 El post ha sido recibido con el consecuente entusiasmo que reciben este tipo de alegatos en las redes en 2019. La fecha de su publicación no es un detalle sin importancia.

Miley Cyrus o por qué las mujeres difíciles dejaron de pedir perdón

El comunicado de la cantante para defenderse ante las acusaciones de adulterio es recibido con entusiasmo viral. La fecha de publicación no es un detalle sin importancia.

Miley Cyrus o por qué las mujeres difíciles dejaron de pedir perdón
Cyrus en la fiesta de Vanity Fair post Oscar de 2018. Foto: Getty

Monica Lewinsky pensó en suicidarse en 1998 al explotar su escándalo sexual con Bill Clinton y cuando lo de “ser una Monica” se convirtió en insulto para jóvenes de moral distraída.
 En 2003, el ex de Paris Hilton filtró a los medios su vídeo sexual casero: la heredera se encerró y solo bajaba a la calle escondida bajo una capucha y gafas XXL que cubrían su rostro (“No salí de casa en meses, estaba avergonzada”, rememoraría entre lágrimas en el documental The American Meme).
 Cuando en 2007 se filtraron fotos de Vannessa Hudgens desnuda, la estrella de Disney afirmó sentirse “avergonzada” y pidió disculpas a sus fans en un comunicado de arrepentimiento –un portavoz de la factoría remató la jugada aludiendo que esperaban que ella, y no el hacker, “hubiese aprendido la lección”–. También se disculpó Britney Spears cuando envió una nota manuscrita a los medios avergonzándose de haber dado un paraguazo a un fotógrafo que la acosaba en aquel episodio de crisis nerviosa que la convirtió en una broma planetaria.
 Scarlett Johansson, aunque no pidió disculpas, tampoco cargó contra los delincuentes que filtraron su famoso desnudo robado y bromeó con la prensa cuando le preguntaron por el hackeo
Todo cambió cuando un Es mi cuerpo y debería ser mi decisión apareció presidiendo la portada en la edición estadounidense de Vanity Fair en el número de octubre de 2014.
 El punto de inflexión en la cobertura mediática de la vida sexual y privada de las celebrities en la era moderna enterraba la clásica postal de estrellas agarradas a un pañuelo, cabizbajas, disculpándose ante las cámaras por desviarse en su camino.
  El paradigma se transformó cuando Jennifer Lawrence –otro personaje que ha triunfado reivindicándose sin descanso como una mujer salida de la norma–, apareció semidesnuda y poderosa enfrentándose directamente a aquellos que consumieron las fotos íntimas robadas de su móvil.
 Su contraataque a las imágenes robadas que se vieron por todo Internet era para advertirnos de que lo suyo no era “un escándalo” ni mucho menos. 
“Esto es un crimen sexual. Una violación”, dijo en su entrevista reclamando acción legal contra los hackers. 
Lawrence, con la evidente posición privilegiada que otorga ser una actriz oscarizada y millonaria, allanaba el terreno antes del #MeToo y del Time’s Up, pero ayudada por la explosión de la narrativa feminista gracias al repunte activista y la pedagogía labrada en la conversación digital.

“Nunca te di permiso para que vieras mi cuerpo desnudo”, declaró Jennifer Lawrence a ‘Vanity Fair’ en 2014, rompiendo así los ciclos informativos sobre los supuestos “escándalos sexuales” de las estrellas. Foto: Vanity Fair.
La rebelión de las mujeres complicadas es imparable: el consumo de webs femeninas con perspectiva de género se ha expandido en un entorno en el que se ha cancelado el slutshaming para siempre. El mercado abraza la producción ensayística donde se transforma, de forma justa, la antigua percepción de las mujeres difíciles de la historia, desde la versión más pop y glossy de Alana Massey a la revisión de las figuras mitológicas a través de historiadoras como Mary Beard.
 Podcasts como el de Lena Dunham y Alana Bennett, The C Word, ofrecen programas monotemáticos sobre mujeres a las que “la historia se empeñó en llamar locas”.
 La celebración de las mujeres complicadas es un hecho.
“Durante la última década, hemos asistido a un cambio radical que es tan contemporáneo a esta época como poco reconocido: ahora es completamente normal que las mujeres entiendan sus vidas, y las vidas de otras mujeres, en términos feministas“, escribe Jia Tolentino en su ensayo El culto a las mujeres difíciles, recogido en el reciente Trick Mirror (Penguin, 2019).
 Lo que antes era visto como un carácter arriesgado ahora es una baza gracias a décadas de pensamiento feminista amplificado en la esfera digital. “Si alguna vez era estándar llamar loca o cargante a cualquier mujer inmanejable, ‘loca’ y ‘cargante’ ahora son vistos como insultos sexistas”, destaca en un texto que también expone el lado oscuro de esta tendencia. Por cada Miley exponiéndose sin avergonzarse o cada Monica Lewinsky produciendo una serie para redimirse del extremo asedio sexista al que fue expuesta, personajes como Melania Trump gritan ‘machismo’ cuando la prensa interpreta que es ofensiva la chaqueta que dice “A mi no me importa, ¿a ti?” al visitar rodeada de cámaras a niños migrantes separados de sus padres en Texas. 
“Hemos enseñado a gente a la que no le importa nada el feminismo a cómo hacer precisamente esto, cómo analizar a las mujeres y analizar cómo la gente reacciona ante las mujeres, cómo leer e interpretar estos símbolos sin fin”.
Más allá del uso aprovechado por ciertos sectores reaccionarios que se agarran de forma puntual al feminismo mientras atacan y desmerecen al activismo el resto del tiempo, la identificación con las mujeres difíciles seguirá siendo aplaudida y viralizada sin freno (ahí está el éxito virtual de Olvido Hormigos en versión española). La fórmula funciona por pura empatía, porque cuando celebramos las historias de esas famosas, tal y como recuerda Tolentino, “también reclamamos las historias que rodean a mujeres corrientes”.


 

 

 

23 ago 2019

CANARIAS EN LA LEYENDA

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CANARIAS EN LA LEYENDA:
Julio N. Rancel

 
El Océano Tenebroso
La Atlántida
El Jardín de las Hespérides
Los Campos Elíseos
La isla fantasma de San Borondón

La isla fantasma de San Borondón

Las Islas Canarias son siete... y sin embargo, se busca una octava isla. Se trata de la isla fantasma, la isla misteriosa, la isla de San Borondón. San Borondón es la forma canaria de Saint Brendan o Saint Brandan de Clonfert (480-576 d.C.), monje irlandés, protagonista de uno de las leyendas más famosas de la cultura celta: el viaje de San Brendano o Brandano a la Tierra Prometida de los Bienaventurados, las islas de la Felicidad y la Fortuna.
Según el poema irlandés, Brendan era un monje de Tralee, en el condado irlandés de Kerry. Ordenado sacerdote en el año 512 d.C., partió junto con otros 14 monjes en una frágil embarcación que se internó en el Atlántico. La leyenda recoge el relato de sus aventuras, cómo recogieron otros 3 monjes más a lo largo de su viaje, sus encuentros con demonios que vomitaban fuego, con columnas de cristal flotante, con monstruosas criaturas tan grandes como islas.
Brendan y sus compañeros llegaron a una isla, en la que desembarcaron. Estaba llena de árboles y otros tipos de vegetación. 
Celebraron misa, y de pronto la isla comenzó a moverse. Se trataba de una gigantesca criatura marina, sobre cuyo lomo se encontraban los monjes. Después de muchas peripecias, Brendan consiguió regresar a Irlanda.
Muchos se basan en esta leyenda para afirmar que marinos irlandeses debieron alcanzar, posiblemente, las costas de Norteamérica o de Terranova, así como de Islandia y otras islas del Atlántico Norte, en la Alta Edad Media.
Lo cierto es que desde el siglo XV, a lo largo del cual las Islas Canarias son conquistadas, comienzan a oirse los relatos de una octava isla, que a veces se divisaba al oeste de La Palma, El Hierro y La Gomera.
 Cuando los navegantes intentaban aproximarse a ella, y se encontraban a la vista de sus costas, montañas y valles, la isla era envuelta por la bruma y desaparecía completamente.
 Evidentemente, la isla fue rápidamente identificada con la mítica isla-ballena de San Brendan, cuyo nombre se convirtió, en Canarias, en "San Borondón". 
Se creyó a pies juntillas en su existencia, y no faltaron relatos detallados de algún que otro navegante que juraba haber desembarcado en la isla y haberla explorado antes de que volviera a hundirse en el Océano.
 En algún tratado internacional firmado por el Reino de Castilla, haciendo referencia a Canarias, se hablaba de la soberanía castellana sobre *las islas de Canaria descubiertas y por descubrir*; como quien dice, por si acaso... La isla fue llamada "Aprositus", Inaccesible, y en otras versiones de la leyenda recibe el nombre de "Antilia" o "Isla de las Siete Ciudades", ciudades que se suponían fundadas por siete legendarios obispos.
En los archivos del siglo XVIII aparecen investigaciones oficiales realizadas por las autoridades de la Isla del Hierro, en la que declaran decenas de testigos que afirman haber visto la isla encantada desde las cumbres herreñas
. A raíz de ello partió de Santa Cruz de Tenerife una expedición en busca de la isla.
Resulta asombrosa la tenacidad con la que la leyenda ha seguido viva en el folklore popular canario.
 San Borondón sigue siendo una presencia constante en la imaginación popular de las islas, y seguramente no hay isleño de Tenerife, La Palma, La Gomera o El Hierro que no haya oteado alguna vez desde las cumbres de su propia isla, buscando la isla perdida de San Borondón en el horizonte del oeste donde el sol se hunde en el azul cobalto del Atlántico.
"Resuenen tambores guanches
y canten las caracolas,
que la isla misteriosa
se divisa entre las olas;
que San Borondón ya viene
dibujándose en la bruma
como si fuera una reina
con su cortejo de espuma..."
"San Borondón", Cabrera/Santamaría

© Julio N. Rancel

Nuevo comentario en el blog Somos Aire que sigue.....Jose Carlos Cataño

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