Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

11 ago 2019

Quentin Tarantino: “Ya no es fácil ser un provocador”



El cineasta estrena ‘Érase una vez en... Hollywood’, un canto de amor al cine y a la ciudad de su infancia, Los Ángeles, que perdió la inocencia con el asesinato de Sharon Tate.

Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Quentin Tarantino, en una fotografía de promoción de 'Érase una vez en... Hollywood'.
Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Quentin Tarantino, en una fotografía de promoción de 'Érase una vez en... Hollywood'.
A nadie debe extrañarle que Quentin Tarantino encontrara su inspiración para Érase una vez en... Hollywood en el cine. 
A un cinéfilo como él le resonaron en la cabeza las palabras de John Milius en El juez de la horca
 “Las cosas no son como fueron sino como deberían haber sido”, recuerda el realizador con grandes carcajadas. 
Su novena —y como no deja de recordar, la penúltima antes de retirarse— película es una visión muy personal del Los Ángeles que él conoció en su infancia, un Hollywood donde aún no existían barreras entre estrellas y espectadores, en el que estaban aterrizando una nueva hornada de creadores —liderados en ese momento por Francis Ford Coppola, Arthur Penn y Mike Nichols—, un paraíso de libertad que se derrumbó el 9 de agosto de 1969 con el salvaje asesinato de Sharon Tate y sus amigos por parte de La Familia, la secta de Charles Manson. 
  Hace ya medio siglo de aquel crimen con el que también juega Tarantino en su filme, que homenajea a Tate a través del bello retrato, repleto de inocencia y felicidad, que realiza con su interpretación Margot Robbie.

Por eso, ese soplo de nostalgia no atiende tanto a la realidad como a los recuerdos de Tarantino, que aunque nacido en 1963 en Tennessee vive en la ciudad de los sueños desde que tenía tres años. “Érase una vez en... Hollywood es mi especie de Roma [la película de Alfonso Cuarón]. 
Un momento descrito tal y como quedó en mi memoria”, confiesa deleitándose en estos recuerdos. La cadena KHJ en la radio, los paseos por Los Ángeles en un Karmann Ghia contemplando desde el coche las marquesinas de los teatros, los anuncios fluorescentes y el paisaje de barrios como Cielo Drive, en los que vivían las estrellas de entonces.
 Lugares que alimentaron esta fábula en una persona que desde niño absorbe los detalles de todo lo que le rodea. 
"Porque para mí los detalles son muy importantes", advierte.
 Charlar con Tarantino sobre la película que se estrena en España el próximo jueves 15 es hablar con una enciclopedia de cine. 
Desde las películas de Elke Sommer (Más peligrosas que los hombres es el primer filme que recuerda haber visto en un cine) a la obra del realizador filipino Cirio H. Santiago, del que posee una extensa colección de DVD, pasando por la admiración que siente por Chicho Ibáñez Serrador.
 Por eso más que con notas, a sus estrellas las alimentó a base de películas. A Brad Pitt le mostró Billy, el defensor (1971) para encontrar el personaje de Cliff Booth, un doble de acción que ha conocido mejores tiempos. 
“Con Leo [DiCaprio] fue una negociación más larga porque interpreta casi tres personajes diferentes.
 Está Rick Dalton —figura vagamente inspirada en Burt Reynolds, confesó en otra ocasión—, pero también está Caleb, el personaje que interpreta en el episodio piloto de Lancet, o los otros cuatro o cinco papeles en los que le vemos en diversas películas.
 Le enseñé a Edd Byrnes, que hizo de Kookie en 77 Sunset Strip. A Ty Harden.
 A Ralph Meeker, uno de mis actores preferidos. A Pete Duel.
 Fue muy divertido porque Brad y yo tenemos la misma edad, pero Leo no los conocía y pude ver cómo le intrigó”, paladea su subversión.
 No es necesario que sus espectadores lo sepan todo. Que conozcan a Steve McQueen, a la secta de Charles Manson o distingan los detalles ya desaparecidos de una ciudad siempre mutante. 
Tarantino tampoco lo sabe todo.
Por ejemplo, la canción de Los Bravos que utiliza en el filme le era completamente ajena incluso aunque describa su colección de discos como una minitienda sin sección de salsa.
 “Bring A Little Lovin' fue uno de los mayores hallazgos de mi carrera. 
La escuché y me pareció increíble. Cuando la oí por segunda vez supe que la incluiría en la película”, recordó. 
También pensó en rodar en Almería la parte dedicada al spaghetti western, ciudad que siempre quiso conocer para seguir los pasos de otro de sus ídolos, Sergio Leone. 
Al final, se quedó en Los Ángeles, para filmar en restaurantes como Musso & Frank, El Coyote —que no tuvo ni que redecorar— o Casa Vega, donde han celebrado su aparición en Érase una vez en... Hollywood con una margarita que lleva su nombre: The Tarantino.

Sharon Tate, en su apartamento de Londres en octubre de 1965.
Sharon Tate, en su apartamento de Londres en octubre de 1965. Getty Images
Ahora que anuncia que solo le queda una película más, para el realizador el mayor logro de su carrera fue la Palma de Oro que recibió en Cannes hace 25 años con Pulp Fiction
“Sé que es solo un premio. Sin embargo, no hay mayor reconocimiento que ser parte de la lista de directores ganadores en Cannes que... el de estar en el listado de los que nunca lograron la Palma”, se ríe. 
Tarantino también tiene dos Oscars como guionista por Pulp Fiction y Malditos bastardos.
 Y Érase una vez en... Hollywood podría conseguirle más estatuillas. No todo son alabanzas. La película también tiene sus detractores que, como The New Yorker, critican la glorificación machista y racista de años pasados, o Los Angeles Times, descontentos con su excesiva nostalgia. 
“Ya no soy ni joven ni estoy enfadado con el mundo”, adelanta. En mayo en Cannes comenzó a explicar que su vida ha cambiado —incluso ha abandonado su costumbre de ver dos y tres películas diarias— desde que se casó con la cantante israelí Daniella Pick. “Ya no es fácil ser un provocador. 
Tienes que pagar por ello".

Al inicio de su carrera, el cineasta fue un revulsivo, alguien que desde su segunda película, Reservoir Dogs (1992) —de la primera, My Best Friend's Birthday, (1987) solo se pueden ver algunos fragmentos ahondando en los sótanos de YouTube— se convirtió en la voz de toda generación de cinéfilos nacidos al calor del VHS: el mismo Tarantino alimentó su cultura cinematográfica gracias a que trabajó como dependiente de un videoclub, el Video Archives en Manhattan Beach. 
Su estilo, que deglute todo tipo de referencias y géneros, ha creado una ola de seguidores que no han llegado a hacerle sombra.
 Y desde hace tiempo, el cineasta ya avisaba: no se veía a los 60 años localizando exteriores.
 Podría seguir creando, aunque como guionista o escritor de novelas.
Margot Robbie, caracterizada como Sharon Tate en la película.
Margot Robbie, caracterizada como Sharon Tate en la película.


Tarantino ahonda en esta confesión: "Está claro que me pienso más las cosas. Ahora bien, tampoco voy a caer en asumir los valores que te impone la sociedad actual.
 Puedes rechazar lo que hago o quizá puede que te guste, de acuerdo, pero lo que no pienso es cambiar mi obra para adecuarme a la actual corrección política”, afirma con un silencio final. "Y eso es cierto", agrega leyendo su propio silencio.
 "Es cierto que dije que me retiraría al filmar mi décimo filme y lo mantengo. Siento que he hecho el trabajo que quería hacer. Érase una vez en... Hollywood es de algún modo la suma de mi carrera. No lo había planeado así, aunque he descubierto que hay un poquito de todos mis filmes en ella.
 Así que ha llegado el momento de devolver los caballos al corral”.

Tarantino ahonda en esta confesión: "Está claro que me pienso más las cosas. 

Ahora bien, tampoco voy a caer en asumir los valores que te impone la sociedad actual. 

Puedes rechazar lo que hago o quizá puede que te guste, de acuerdo, pero lo que no pienso es cambiar mi obra para adecuarme a la actual corrección política”, afirma con un silencio final. 

"Y eso es cierto", agrega leyendo su propio silencio. "Es cierto que dije que me retiraría al filmar mi décimo filme y lo mantengo. Siento que he hecho el trabajo que quería hacer. Érase una vez en... Hollywood es de algún modo la suma de mi carrera.

 No lo había planeado así, aunque he descubierto que hay un poquito de todos mis filmes en ella. 

Así que ha llegado el momento de devolver los caballos al corral”. 

Los guiños a España de Quentin Tarantino

Cartel de 'Garringo', película de Rafael Romero Marchent de 1969.
Cartel de 'Garringo', película de Rafael Romero Marchent de 1969.
Gregorio Belinchón
Que Quentin Tarantino saque en una de sus películas una canción de Los Bravos Bring a Little Lovin’ se escucha en Érase una vez en... Hollywood— no sorprende a sus seguidores.
 Pero que en un filme de Hollywood sobre Hollywood se mente el nombre del madrileño Rafael Romero Marchent, artesano del spaghetti western de los sesenta y setenta, director de una de las mejores películas del emblemático luchador mexicano Santo, Santo contra el Dr. Muerte (1973), y realizador de series televisivas como Curro Jiménez, es de ultracinefilia galopante.
 En un momento dado, Tarantino envía a su protagonista, Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) a rodar a Almería spaghetti westerns (¿como Clint Eastwood?) y allí colabora con el italiano Sergio Corbucci —nombre fundamental, junto a su admirado Sergio Leone, en el corazón del cineasta estadounidense— y con Romero Marchent. En ese instante, Tarantino exprime su colección de carteles y coloca a su protagonista en algunas de las películas de la época, o juega con los títulos de ellas. 
 En aquellos años, Romero Marchent estaba en plena producción y enlazó títulos como ¿Quién grita venganza? (1968), Garringo (1969) y El Zorro justiciero (1969). Desde luego, en Garringo el personaje de DiCaprio podría haber sustituido a Anthony Steffen como el teniente Garringo, que sale a la caza de un fuera de la ley que se dedica a matar soldados.
Cuando en junio de 2004 el cineasta visitó Madrid para promocionar Kill Bill. Volumen 2, se escapó un rato del hotel en el que atendía a la prensa para curiosear entre los fondos de la librería Ocho y Medio. 
Allí no solo quiso adquirir carteles de las dos películas de Chicho Ibáñez Serrador (La residencia y ¿Quién puede matar a un niño?), sino que preguntó por carteles dibujados por el ilustrador valenciano José Peris Arago, más conocido como Jano, una potencia artística en el mundo del afiche (los programas de mano) y de la cartelería cinematográfica. 
Por cierto, atención a los carteles que aparecen en los decorados en esa ocasión, porque también hay sorpresas.
Varias películas de Tarantino esconden guiños a España.
 Al final de Jackie Brown (1997), la protagonista le cuenta al personaje que encarna Robert Foster su intención de mudarse a España.
 El prestamista le pregunta si a Madrid o a Barcelona y le explica que en el país no se cena hasta medianoche. En Kill Bill. Volumen 1 (2003), uno de sus capítulos toma el nombre de La novia ensangrentada, de Vicente Aranda.
 En el Volumen 2 (2004) suena Tu mirá, de Lole y Manuel. 
Tanto en Death Proof como en Los odiosos ocho ya aparece la referencia a Romero Marchent: en la primera se ve el cartel de El límite del amor (1976); en la segunda el honor recae en su hermano, Joaquín Romero Marchent: su eurowestern Condenado a vivir fue una influencia clara en la trama de la película de Tarantino.
 Dice Noyero, un crítico de Cine que se carga todas las películas, que los jóvenes ya no les interesa el Cine y para los muy cool el cine empieza con Tarantino, no ya con Scorsese ni David Lynch, no digamos Rosellini o Visconti, ni la nouvelle Vague....eso son vacios culturales.
Y no digamos si han visto El Baile de los vampiros Roman Polanski con su entonces mujer Sharon Tate.....en fin el cine es el séptimo Arte desconocido..

Carmena y la foto de carné de los duques de Osuna y sus hijos

La idea era invitar a 10 personajes de distinto y distinguido pedigrí, colarlos en el Prado y dejarlos solos con su obra favorita —de noche y con el museo desierto— y que luego contaran la experiencia. 

La intención final: contrastar esa forma inhabitual de contemplar el arte, solitaria y serena, con el ruido y la furia del tumulto contemporáneo en los museos.

 Unos lloraron, otras se extasiaron, todos disfrutaron.

 Este es el resultado de aquella noche tranquila de Manuela Carmena.

ESTAR UNOS MINUTOS ante el cuadro de los duques de Osuna fue una experiencia muy especial.
 Siempre me llamó la atención este retrato de la familia de Pedro Téllez de Girón, noveno duque de Osuna, y su esposa, María Josefa Alonso Pimentel, junto con sus cuatro hijos.
 Creo que ese óleo me atrajo desde que, siendo niña, visité el Museo del Prado con mi colegio. Esa escena casi parecía una foto de carné de familia numerosa.

Con el correr de los años y por azares del destino me he convertido en una voraz lectora de todo lo que tiene que ver con la duquesa de Osuna. 

Mujer interesantísima y culta, nos dejó en Madrid la joya del palacio y los espléndidos jardines del Capricho, donde a ella se la percibe en todos sus rincones.

Goya supo reflejar su inteligente elegancia en esa mirada profunda de mujer fuerte y decidida, envuelta en el vestido que le ciñe el talle, pero que ella no acompaña de recargo alguno de alhajas.

— Me gustó repasar las figuras del cuadro recordando las cartas de la duquesa, en las que en tantas ocasiones nos cuenta las vivencias cotidianas de sus hijos e hijas: Josefa Manuela, Joaquina, Francisco de Borja y Pedro. Goya consigue retratarlos como los niños que son, con miradas vivas y hasta juguetonas.

 Todos ellos van vestidos como pequeños adultos (durante mucho tiempo, a los niños se les vestía como a los mayores). 


— Los colores del cuadro cierran la experiencia visual que nos ofrece el ensimismamiento. 

Ahí está la vida, la familia, los juguetes, la mascota… Todo reflejado en esa gama cromática de sutil delicadeza del blanco, el verde y los grises plateados. ¡Qué belleza!

 

 

Tontos cultos......................................... Javier Cercas

Para los falsos sabios, la pasión por conocer es frágil y descafeinada, ornamental, porque la conciben como algo separado de la vida.
CONTÉ LA anécdota en esta columna hará un par años, pero ocurrió hace más de diez.
 Por entonces yo preparaba un libro sobre la Transición y fui a visitar a Santiago Carrillo, eterno secretario general del PCE y uno de los arquitectos del cambio de la dictadura a la democracia. Hablamos durante horas mientras el viejo dirigente comunista fumaba un cigarrillo tras otro.
 En cierto momento le pregunté si él también pensaba, como tantos, que Adolfo Suárez había sido un político inculto.
 Carrillo se quedó mirándome; luego dio una calada a su cigarrillo. “¿Dice usted que ha sido profesor universitario?”, me preguntó.
 Un poco perplejo, contesté que sí.
 Carrillo prosiguió: “Entonces habrá conocido usted a muchos tontos cultos, ¿verdad?”. 
Sonreí. Carrillo también sonrió. 
“Pues Suárez era todo lo contrario”, concluyó.
 Lo de los tontos cultos me encantó. 
También encantó a mi amigo Salvador Oliva, que fue profesor universitario, ha traducido la obra ingente de Shakespeare al catalán y vive abrumado por la sospecha de que aquel inglés indescifrable dijo casi todo lo que merece la pena ser dicho.
 Así que se puso a buscar en Shakespeare la expresión “tonto culto”; no tardó en encontrarla.
 Fue en Afanes de amor en vano, que tiene el inconveniente de no ser una de las mejores comedias de su autor y la ventaja de ser un ensayo o precedente de Como gustéis, que sí es de las mejores.
 La expresión aparece en el acto V, escena II. 
 El rey de Navarra y sus amigos han prometido prescindir de los placeres de la mesa y el amor para encerrarse a estudiar, aunque su pasión por el saber es tan postiza que rompen su promesa en cuanto aparece la primera falda, y la princesa de Francia y sus damas se burlan de ellos con estas palabras:
 “Nadie queda atrapado con tanta fuerza / como el ingenioso convertido en tonto. 
Pero la estupidez, cuando nace de la sabiduría, / tiene la autorización de la sabiduría, la ayuda del estudio / y la gracia del ingenio para perdonar al tonto culto”.
 Ahí está nuestro espécimen: en inglés, un learned fool
El pasaje revela  la característica fundamental del tonto culto: se trata de un falso sabio, alguien cuya pasión por conocer es frágil y descafeinada, ornamental, porque la concibe como algo separado de la vida, hecho para vivir menos y no más. 
Esto significa que el tonto culto es mucho más tonto que el tonto ignorante;
 de hecho, se trata del peor tipo de tonto posible, porque es un tonto que no tiene arreglo.
 El tonto inculto, en cambio, sí lo tiene, o puede tenerlo; precisamente para eso está la cultura: para arreglar en lo posible la tontería, para minimizarla.
 Pero el tonto culto ya se cree culto de verdad —no lo es, aunque sólo sea por su idea fraudulenta y tóxica de la cultura—, de manera que carece del único instrumento que hubiera podido ayudarle a dejar de ser tonto.
 Por lo demás, añadiré que la petulancia y la alergia a la ironía constituyen otros rasgos sobresalientes del tonto culto, y que los males que provoca son incontables, sobre todo porque muchos no saben que es un falso sabio y un verdadero tonto y toman sus sandeces por sabiduría, de modo que la proliferación de tontos cultos puede sumir a una civilización rutilante en la barbarie más negra. 
Por eso hay que luchar a brazo partido contra el tonto culto; pero, como dicen la princesa de Francia y sus damas —que son como Suárez según Carrillo: listas de verdad, más listas que el hambre—, sólo hay que sentir compasión por él.
¿Leyó Carrillo a Shakespeare? ¿Leyó a alguien que leyó a Shakespeare, como Molière, que escribe en Las mujeres sabias: “Un tonto culto (un sot savant) es más tonto que un tonto ignorante”? ¿De dónde sacó Carrillo esa expresión? ¿Y de dónde la sacaron Molière y Shakespeare? ¿De algún comediógrafo latino o griego? ¿De Plauto, de Terencio, de Aristófanes?
 Y bien pensado: ¿acaso no son Bouvard y Pécuchet dos grandísimos tontos cultos y la novela de Flaubert la epopeya insuperable del tonto culto? 
Cabe sospechar, sea como sea, que algún presocrático perdido o algún chino de la dinastía Xia ya meditaron sobre el tonto culto.
 Al fin y al cabo, todo indica que esta calamidad es eterna. 
 Que utilidad más tonta ha escrito Javier Cercaa aparte de una lista de nombres útiles en su materia....no la de Javier sino en los que nombra...

10 ago 2019

Verano de reencuentros para Miguel Bosé

El cantante pasa parte de las vacaciones en España con sus hijos y los de Nacho Palau, que crió como propios.

miguel bose
El cantante Miguel Bosé en distintos momentos de su verano.

 

La resolución de este caso excede el interés mediático derivado de la fama de Bosé, ya que en el ambiente jurídico hay expectación por una sentencia que podría marcar el camino para las nuevas realidades familiares que se dan en la sociedad española. 
Hasta el momento la legislación no ofrece soluciones claras cuando se trata de la separación o divorcio de una pareja no convencional que tiene hijos. También puede sentar jurisprudencia sobre familias que optaron hace años por tener hijos utilizando vientres de alquiler.
Palau explicó a EL PAÍS en mayo, en la primera entrevista con un medio informativo tras su separación del cantante, que cuando nacieron los niños de la pareja en EE UU de vientres de alquiler la ley no permitía inscribirlos a nombre de ambos. 
“La maternidad subrogada no es legal en España”, afirmó entonces, y aclaró que pudieron reconocer la filiación que declararon en Estados Unidos, lo que causó cierta polémica.
 La expareja de Bosé recordó que en ese momento tampoco podía realizarse la adopción mutua, lo que sí resulta factible en la actualidad si los implicados se inscriben como pareja de hecho.
Tras el verano Bosé planea regresar a México con sus hijos. Palau se quedará en Chelva (Valencia) con los suyos.
 El reencuentro definitivo depende de una sentencia.