Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

10 ago 2019

Serpientes de verano.................................. Boris Izaguirre

Atacar a los Obama es un pasatiempo de la era Trump.

Los Reyes visitan con sus hijas, Leonor y Sofía, la Casa Museo de Son Marroig. 
Los Reyes visitan con sus hijas, Leonor y Sofía, la Casa Museo de Son Marroig.

 

 

Acabo de desayunar con mi buen amigo Alberto Moreno, director de Vanity Fair España y me pregunta mi opinión sobre el supuesto divorcio de Barack y Michelle Obama. “Alberto, ¡lo ha anunciado una publicación sensacionalista llamada Globe, no puede ser veraz!”, respondo, en plan profesional. 
Alberto lo reconoce, señalando el importante nivel de atención que la noticia ha generado.
 “Esta misma semana fue el cumpleaños 58 del expresidente”, le recuerdo. “Una revista sensacionalista puede confundir un divorcio con un regalo de cumpleaños”, insisto.
 Y, de paso, desviar la atención sobre el presidente Trump.
A lo largo del día pienso en ese posible divorcio.
 Sería un bajón, especialmente para el aura del expresidente, que durante dos legislaturas se apoyó ampliamente en la personalidad y el carisma de su esposa, una abogada de prestigio que lo dejó todo para apoyar la carrera presidencial de su marido.
 No solo eso, una vez convertida en la primera dama afroamericana de la historia de su país, Michelle se esforzó en el gimnasio de la Casa Blanca, construyó un huerto y dejó como legado una población posiblemente más conocedora de los peligros de una alimentación insana o sin control.
 No es poca cosa, aparte de engordar su popularidad por su simpatía en la televisión
Antes de Michelle Obama, Estados Unidos era una nación fácilmente reconocible por su creciente población de personas con obesidad.
 Por primera vez en muchos años, ha bajado ese índice de obesidad aunque continúa siendo un país violento.
 Melania Trump, su sucesora, no ofrece ninguna causa social por la que sea recordada, ni tampoco emite señales de querer divorciarse del bravucón de su marido. 
Posiblemente por todas esas cosas, Globe prefiere divorciar a los Obama. Mientras, los Trump alimentan noticias grasientas.
Atacar a los Obama es un pasatiempo de la era Trump. 
Mucho de lo conseguido en sus dos legislaturas ha quedado famélico por la gestión de la nueva administración. Todo menos el afecto entre sus principales protagonistas.
 Es difícil que se divorcien. No hacen más que quererse, ella lo proclamó en la promoción de su libro autobiográfico.
 Y él no deja de recordarlo en cualquiera de sus apariciones. ¿Por qué ese empeño en promover noticias falsas? “Porque alimentan los veranos”, me explica un asistente de producción en un programa matutino.
 “Dicen que ya en Roma se agitaban las llamadas serpientes de verano”, agrega.
Michelle y Barack Obama, en Washington, en 2018. 
Michelle y Barack Obama, en Washington, en 2018.
Tengo la impresión de estar rodeado de serpientes de verano.
 Un verdadero divorcio ha sucedido entre la expresidenta de la comunidad madrileña, Cristina Cifuentes, e Isabel Díaz Ayuso, la futura presidenta.
 Fueron más que compañeras políticas. Podría decirse que Ayuso aprendió mucho tanto de la Comunidad como de la política mientras avanzó sus posiciones en varios gobiernos autonómicos, en especial el periodo de Cifuentes. 
Al saberse abandonada, Cifuentes echó mano de Gandhi, citándolo en sus redes. “No hay que apagar la luz del otro para que brille la nuestra”.
 Muy iluminada. Quizás entre expresidentas, apagar la luz no sea una cosa de aura sino de subidas de la tarifa eléctrica y por eso Ayuso no se da por aludida. 
Ya pagará ella su factura.
 Por su parte, el presidente en funciones, Pedro Sánchez, llegó con retraso a su cita con el Rey en Marivent, a plena luz del día.
 Quizás se lo pensó tras ver el vídeo del posado real en esa misma residencia.
 Por unos instantes, el monarca pierde la cuenta de cómo debe ir colocada su, correctamente alimentada, familia y se enfrenta al carácter de su hija Leonor, que es una adolescente con ideas muy claras y un lenguaje corporal muy explícito, sobre todo ante los posados. 
Deduzco que lo ha heredado de su madre, la Reina, que lleva años corrigiendo la informalidad o la improvisación de los miembros de la familia en este posado estival pero oficialísimo. 
Si observa material de archivo, comprobará cómo Letizia, siempre ojo avizor, avanza por detrás para situarse estratégicamente y así obligar al resto a ver mejor dónde van.
 Seguro que existe alguien en palacio cuyo trabajo es este y la Reina ha tratado de mejorarlo reduciendo el elenco.
 Pareciera que la hijita mayor también le ha pillado el gusto por el reposicionamiento. 
Y habría estado regio que doña Leonor le recriminara al presidente Sánchez su retraso. 
También habría resultado estupendo que le reclamara algo sobre la investidura fallida y así llenarnos el verano de otro extraordinario contenido.
 Más posados y más serpientes de verano.

¿Por qué justo anoche quise leerlo?

No lo sé conocí a Cataño siendo muy jóvenes entonces casi todos, era muy amigo de Carlos Pinto que a la vez lo era mio.
No es ni la 1ª vez que pensando en una persona en la hace tiempo no veo ni leo a la mañana siguiente me entero que se ha muerto. Son Casualidades , siempre me lo dicen, casaluadidades pero son avisos sin pensalo en el momento de que se han muerto.
Resultado de imagen de Jose Carlos Cataño 

Resultado de imagen de Jose Carlos Cataño Resultado de imagen de Jose Carlos Cataño
 

Adios Cataño

Domingo, 21 de julio de 2019

Sus ojos serán bonitos, me parece, porque son pequeños y están hundidos. Las capas de lápiz y brocha negros no lo remedia.
Negra era
 la falda, que mostraba unos muslos tan generosos como insultantes para el calor de julio.
 Por eso, sin embargo, llevaba los pies zambullidos en unas zapatillas abiertas, de plataforma, blancas, creo recordar. 
Rojo madreperla, sin duda, era el color de sus labios y el de sus uñas, así como también era negro en el fleco y en el pelo, que se adivinaba teñido y débil.
Hablaba con voz muy baja y así también se excusó cuando, de las filas traseras, se elevó un vocerío denunciando que no se oía lo que decía. Tampoco es que dijera mucho. 
Quizá por el calor que reinaba en la sala, plena de ayes y abanicos.
Echando una ojeada a su poesía lo entiendo todo.
 Como golpes de puño en la hoja, sin reverberación.
 Sin gracia
. Ha visto que existen las palabras, como el rojo madreperla y el azabache, y las ha dejado caer, así como arroja hacia el frente la mirada sin pestañeo de sus ojos pequeños y atrasados.

Las letras canarias pierden al poeta, narrador y ensayista José Carlos Cataño

José Carlos Cataño, en una imagen de 2017 en Espacio
El poeta, narrador y ensayista canario José Carlos Cataño (La Laguna, 1954 -Barcelona, 2019) siempre destacó por su efectiva difusión de la cultura canaria en el exterior, tanto a través de su obra poética como de las exposiciones, talleres y otras iniciativa que impulsó en Cataluña, Italia y Canarias, con el apoyo de la Generalitat de Cataluña y la Fundación La Caixa.
El escritor, que falleció ayer en Barcelona a los 64 años, comenzó sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, aunque se licenció en Filología Románica en la Universidad de Barcelona, también desarrolló una gran labor ensayística en torno al arte y la poesía que recopiló en su libro Aurora y Exilio, en el que volcó sus textos escritos entre los años 1980 y 2006.
Cuando presentó aquel volumen confesó que era la huella de una escritura poética que no dejó de merodear en torno a la figura interiorizada de la insularidad.
 Aquellos "ejercicios de exilio", como calificó el propio Cataño, fueron recuperados en aquella obra que algunos definieron como la segunda entrega de Escritos (1994).
 Cataño, que vivió algunos periodos Marruecos, Israel y Martinica hasta que regresó a Barcelona en 1977, colaboró de forma habitual con diversas publicaciones internacionales Atlántica Internacional de las Artes, Clarín, Gaceta del FCE, Ínsula y Letras Libres.

Académico honorario


El poeta lagunero, que fue nombrado en 2009 académico honorario de la Academia Canaria de La Lengua, también escribió alguna novela, como El exterminio de la luz, con la que obtuvo en 1974 el Premio de Edición Benito Pérez Armas de Novela.
Ofreció un discurso que tituló La rosa sumergida en el que intentó, "establecer una cartografía espiritual y geográfica de La laguna, mi ciudad de nacimiento.
 A través de la rosa de los vientos trazaré un recorrido por mi infancia y mi juventud.
Mis inicios en la literatura están cartografiados por una serie de puntos de La Laguna.
 Juego con el término de la rosa sumergida, que estando sumergida en mi vida sale otra vez a flote precisamente hoy con mi ingreso en la Real Academia de La Lengua".
Su producción literaria cuenta con títulos como J ules Rock (1973), Disparos en el paraíso (1982), Muerte sin ahí (1986), El cónsul del mar del Norte (1990), A las islas vacías (1997), En tregua (2001), El amor lejano y Desdende (2007).
También hay que señalar su Obra poética (1975-2007), editada por Pretextos, en el que se destaca su fuerza poética, que se "imprime mediante una natividad que es un frotamiento de la lengua en el agua.
De modo que escribir no será plegarse a la ley de un territorio, sino turbarse en el estallido del volcán.
A partir de allí, Cataño trama una poética del archipiélago, a partir de su propia biografía de escritor canario de expresión castellana. Una historia de postergación y colonización sensible al desvío, a su fragilidad, una historia que reagrupa lo aislado limando el espesor continental".
También hay que señalar La vida figurada (2008-2009), publicada por la editorial Renacimiento en 2017, Los que cruzan el mar, con Pre-Textos, El cónsul del mar del Norte (1990), con el que fue finalista del Premio Nacional de Poesía de 1991 y Lugares que fueron tu nombre (2008), entre otros títulos.
Este poeta, narrador y ensayista también fue un buen dibujante, algunas de cuyas obras ilustran sus poesías y otros escritos en los que late el irrenunciable origen canario que defendió.