Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

3 ago 2019

Buster Keaton, mucho más que unas risas

Peter Bogdanovich estrena 'El gran Buster', un documental sobre el cómico que aunó control de su físico, maestría en la escritura de los gags y sapiencia con la cámara.

El actor y director Buster Keaton, en una imagen sin datar. En vídeo, tráiler del documental 'El gran Buster'.

"Toda mi vida me he sentido muy feliz cuando, al verme, un espectador le decía a otro: 'Mira a ese pobre diablo". 

En 1960, Buster Keaton (Piqwa, Kansas, 1895 - Los Ángeles, 1966) escribió My Wonderful World of Slapstick, una autobiografía reivindicativa (que se publicó en España con el más prosaico título de Las memorias de Buster Keaton en 1988 por Plot Ediciones) en la que el genio desgranaba los mejores y los peores recuerdos de una carrera a la que en aquel momento le faltaba un arreón final de popularidad: el Oscar de Honor de 1960 y el homenaje del festival de Venecia de 1965. 

"Aquellos días en Italia le animaron, le hicieron recordar lo que había sido y lo que aún podía significar", cuenta por teléfono otro mito cinematográfico, Peter Bogdanovich. 

El cineasta, parte del Nuevo Hollywood de los años setenta, amigo íntimo de Orson Welles y reputado historiador fílmico, ha dirigido El gran Buster, documental que devuelve a las pantallas a partir de hoy el talento que erigió un imperio en la comedia desde un accidente: el porrazo (buster, en inglés).

"Buster caía muy bien", cuenta, con su particular voz grave repleta de socarronería Bogdanovich, para subrayar la habilidad del cómico en las secuencias de mamporros. "Siempre me interesó Keaton, a quien no conocí, pero sí a su viuda y a sus amigos", como Orson Welles.

 "El productor Charles Cohen me preguntó si me apetecía dirigir el documental y acepté.

 Recordé la primera película suya que vi, a los seis años con mi padre —en realidad, era una recopilación de sus cortos en el MoMA y lo que disfruté aquella tarde". 

En El gran Buster, Bogdanovich ilustra primero la vida de la estrella del cine mudo, cuya carrera quedó arrasada no por la llegada del sonoro tenía buena voz sino por su salto a la Metro Goldwyn Mayer, donde perdió el control creativo de sus trabajos.

 Coincidió en el tiempo con el advenimiento del sonido a las salas y eso, junto con su aparición como una de las "figuras de cera" que juegan a las cartas con la protagonista de El crepúsculo de los dioses, impulsó esa falsa leyenda.

"Encontró sin embargo en los años cincuenta otro medio para expresarse y ganar dinero: la televisión", recuerda el cineasta, que divide en tres partes su documental: primero un repaso a la vida de la estrella; después, un análisis de sus trabajos postreros para la pequeña pantalla, que incluyen anuncios y programas de cámara oculta, y la película experimental con Samuel Beckett, y finalmente, un estudio de sus mejores filmes. Recuerda la decena de largos que protagonizó de 1923 a 1928, entre los que hay obras maestras como El maquinista de La General, El colegial, Siete ocasiones que en cambio no le gusta tanto a Bogdanovich o El héroe del río.

  Además, en una decisión discutible, Bogdanovich ha añadido testimonios sobre Keaton de otros actores y cineastas: desde Carl Reiner a Mel Brooks, pasando por Welles, Dick Van Dyke o Quentin Tarantino.

Buster Keaton empezó su carrera, como muchos otros cómicos del cine mudo, en el vodevil.

 Sus padres eran una pareja teatral de éxito. 

"Fue en 1899, antes de haber cumplido cuatro años, cuando me uní oficialmente al número de mis padres", recuerda en sus memorias. Y asumió el rol de La Bayeta Humana. 

"Una de las cosas que descubrí fue que siempre que sonreía o permitía que los espectadores sospecharan lo bien que me lo estaba pasando, parecía que estos no se reían tanto como de costumbre", asegura. 

Aprendió a caer observando a sus progenitores y pronto su padre lo usó como bala humana, 

"bayeta, felpudo, saco de patatas o balón de fútbol", lo que provocó tanta hilaridad entre los espectadores a lo largo de los años como alguna prohibición en distintos Estados de sus actuaciones;

 los legisladores pensaban que aquel niño sufría con el show

Por cierto, el apodo de Buster en realidad se llamaba Joseph Frank se lo puso Houdini, el mago, amigo de los Keaton y que un día, tras verlo caer con seis meses, le recogió y dijo: "¡Caramba, vaya un buster [porrazo]!". 

Si es leyenda o no, la bruma envuelve la historia. 

"Si te fijas", incide Bogdanovich, "los filmes de Keaton todavía hoy hacen reír.

 En los momentos actuales, en los que la comedia está atravesando una crisis de creatividad, Keaton te reconcilia con el género, porque a su habilidad física unió el control total de su rostro y su talento para saber dónde poner la cámara".

 Esa sapiencia fílmica se descubre en cómo le cae la fachada de una casa en El héroe del río o en la avalancha de rocas de Siete ocasiones.

  “Fue un gran director de comedias, un aspecto que me parece fundamental reivindicar. Welles, que le conoció y admiró, me confesó que le consideraba uno de los grandes directores de todos los tiempos”.

Y su cara: "A lo largo de los años han llamado a mi rostro cara de asco, jeta muerta, rostro helado, el gran cara de piedra y, lo crean o no, 'máscara trágica' [...].
 La gente dirá lo que le parezca, pero mi cara ha sido para mí una valiosa marca de fábrica".
  En 1949 el crítico James Agee escribió un famoso artículo en Life en el que analizaba y equiparaba el talento de Keaton, Charles Chaplin y Harold Lloyd. 
"Para Buster fue maravilloso", asegura Bogdanovich.
 Al firmar por MGM, empujado por otras estrellas, Keaton vendió su alma al diablo.
 No le dejaron ni dirigir ni escribir sus filmes hasta ese momento, solía trabajar sin guion y eso acentuó su alcoholismo y le llevó al divorcio. 
"La televisión, su nuevo matrimonio y el reconocimiento europeo postrero le salvaron".
 También su furibunda pasión por el bridge, que en algún momento hasta se convirtió en fuente de ingresos.
¿Hay hoy alguien equiparable a Buster Keaton? “No, por varias razones", responde Bogdanovich: "El color no ayuda a la comedia, sino que distrae al espectador de lo importante: el gag. 
Tampoco nadie aúna tanta sapiencia en la dirección, en control exhaustivo de su físico —actualmente solo John C. Reilly es equiparable en dominio del cuerpo— e inventiva en los gags, como demostró, por ejemplo, en El moderno Sherlock Holmes, cuando rompe la cuarta pared.
 ¿Otro Keaton? Imposible”.

 

El duro final de un gran jurista....................................

 
-

Hemos convivido con un gigante. Y no lo digo ahora: se sabía desde siempre.

Gonzalo Jiménez-Blanco.
Gonzalo Jiménez-Blanco. EL PAÍS
Elaborar algo tan fuerte como el obituario de un hermano (un hermano menor, además: tenía apenas 57 años cuando falleció el pasado 27 de julio) es tarea que sobrepasa las fuerzas de cualquiera. Y, más aún, en las circunstancias del caso.
La vida de cualquier persona consiste, como no hace falta explicar, en un despliegue primero (en los estudios, en el trabajo, a la hora de fundar una familia y desdoblarse —es la palabra de Delibes— mediante la reproducción…) y en un repliegue después: expandirse y encogerse como un acordeón. 
Esto último, replegarse, constituye, como bien explicó Clausewiz al hilo de las operaciones militares, lo más difícil de todo. 
 Pero al menos suele caber el consuelo de haber completado la primera de las dos fases, la de crecer, de suerte que llegada la hora de lo segundo, la inexorable vuelta sobre uno mismo, no se tiene la impresión de haberse dejado nada por el camino.

 La existencia representa, como bien explicó Martin Heidegger, un Sein zum Tode, un ser para (ese zum tan difícil de traducir en la lengua de Cervantes) terminar llegando siempre a la muerte.

En el caso de Gonzalo, en la etapa primera, la del crecimiento, que se extendió hasta los 50 años, la vida no pudo sonreírle más, ni en su cuna (unos padres y unos hermanos que lo han adorado: lo tuvieron siempre en un pedestal), ni en la hora de lo que Goethe llamaba las afinidades electivas (una mujer y tres hijos de primera división: no exagero un ápice) ni, en fin, en lo profesional: abogado del Estado a la primera, jurisconsulto de postín en todos sus desempeños, en España y en Europa, con importante obra escrita y, más relevante que todo eso, anfitrión en su despacho y amigo de Antonio López, nada menos.

 Un grande, verdaderamente. 

Pero si de ordinario el declive va llegando tarde y poco a poco, en su caso sucedió justo lo contrario: vino pronto, a los 50, y de un tirón. 
Con la desgracia añadida de que la agonía se extendió durante mucho tiempo, seis años: si siempre el dolor es un largo viaje, como bien se escribió en La casa encendida, en su caso el lamento resulta particularmente certero.
 Durante esa eternidad se mostró —ahí está lo mejor de todo— más grande todavía. 
Estaba, sí, tocado: inmóvil en su cama y, lo peor de todo, sin capacidad real de salir de la situación, sabiendo que la dolencia era incurable conforme al estado de la ciencia.
 De los especialistas en neurología hay que reconocer que llegaron hasta el límite de sus alcances.
 Luego tomaron el relevo los médicos de Cuidados Paliativos del Hospital Ramón y Cajal, que lo atendieron en las últimas semanas, ya con el implacable calor veraniego de la meseta, y para los que todo reconocimiento es poco.
Pero, aun así de tocado, y muy tocado, no hundido (Fluctuat nec mergitur, como reza el lema de París, la ciudad de la luz). 
Porque casi hasta el final, y con la impagable ayuda de la tecnología (el WhatsApp, el e-mail y demás modernidades), supo y pudo mantenerse intelectualmente activo, trabajando incluso para medios tan exigentes como Ideal y El Confidencial
 Las visitas de los amigos los fines de semana (y, por supuesto, la atención permanente de su madre y de María y sus hijos: lo más importante de todo) y su propio ánimo, que parecía inquebrantable, hicieron que las cosas, dentro de lo dramático, presentaran un punto menos de tragedia. 
Y así se lo reconoció la sociedad: el Ministerio de Justicia, el ICAM e ICADE le dispensaron sus honores. 
Allways strong in the finish, como puede leerse en el epitafio del famoso jockey Arthur Robert Freeman. 
Por volver a Luis Rosales, de Gonzalo no puede decirse que se quedara como una iglesia sin bendecir, que es lo que les sucede a las personas que se marchan sin haber conocido el dolor.
 
  • Nuestro hombre, en suma, se mostró grande en el despliegue pero aún más grande, si cabe, y por lo infrecuente de las circunstancias del caso, en el repliegue, incluyendo el tramo terminal.
     Un repliegue que fue tempranero, y que se tomó un tiempo extenso y verdaderamente durísimo.
    Hemos convivido con un gigante. 
    Y no lo digo ahora: se sabía desde siempre.
    Antonio Jiménez-Blanco Carrillo de Albornoz es catedrático de Derecho Administrativo.

“Traigo heridas de guerra”............................ Jesús Ruiz Mantilla

Isabel Pantoja empieza a adaptarse a la nueva fiebre que ha generado tras su hazaña en 'Supervivientes'.

Un despacho de Telecinco.

 Isabel Pantoja empieza a adaptarse a la nueva fiebre que ha generado tras su hazaña en Supervivientes.

 Posa, mira profundo y sonríe.

 Quien la observa, comprende el más puro significado de la palabra artista. 

Pregunta. A su paso por Supervivientes podemos llamarlo triunfar. ¿Lo nota?

Respuesta.

 Por donde quiera que voy, me tienen como ganadora. Les he dado mucha audiencia.

 Y yo sé que gracias a mí, como me ha dicho la plana mayor de la cadena.

P. ¿Qué tal esas rodillas ensangrentadas?
R. Fatal. Vengo con heridas de guerra.
 Por seis días no estuve en la final, pero me siento ganadora.
 Yo había días que no me imaginaba en un programa. Hablaba, cantaba, me levantaba con las legañas... 
Era yo, como en mi casa.
P. ¿Qué le hacía caer más en la cuenta de que estaba en un reality? ¿Las cámaras o la actitud de fieras de sus competidores? 
R. Me he defendido como una leona. No vuelvo con rencor, pese a los momentos malos y malísimos.

P. Como cuando la acusaron de robar comida. ¿La robó?
R. Ja, ja, ja… Aquello, como dijo Jorge Javier, fue un pirata, que vino y se fue… En cuanto a los demás, tenían sus estrategias.
 Iban a ganar. Yo no. Solo a vivir la experiencia.
P. ¿Qué partes de su pasado le han ayudado a resistir?
R. De mi pasado y de mi presente… Mi familia y luego mi padre y mi marido, a los que cada noche yo les pedía fuerzas para no defraudar.
P. ¿Se le han despertado algunos fantasmas en la isla?
“Llevo 45 años siendo Pantoja y la luz la tengo dentro”
“No estoy preparada todavía para hablar de la cárcel”
R. He perdido muchos miedos.

P. ¿A qué?
R. A la oscuridad, a los animales, a lo desconocido, a dormir a la intemperie, a la soledad… 
Porque aun estando acompañada, me he sentido muy sola.
P. ¿Miedo a la soledad más que cuando se quedó viuda?
R. No.
P. ¿Miedo a la soledad más que cuando entró en la cárcel?
R. Eh…. No.
P. ¿Sintió allí más solidaridad incluso que en la isla?
R. La verdad es que sí.
P. ¿Le dio aquella experiencia nuevas armas para la vida?

R. Yo es que de ese tema, no me gustaría hablar. 
Lo haré en su momento y claramente.
 No estoy preparada todavía. Trato de pasar página. Me falta un centímetro y daré carpetazo.
P. Pero ya pagó su condena.
R. Sí, sin haber hecho nada, que es lo peor. 
En su momento, seguiremos hablando de ese tema tú y yo.
P. ¿Tiene ganas de subirse a un escenario y cantar?
R. En la isla me he hartao de cantar. Porque si no, a ver, qué hacía. Me tenía que evadir.
 A mí me ha faltado en la isla arte. Estoy loca por subirme a un escenario.
P. ¿Le han contado la que se ha ido liando en las redes?
R. Yo no tengo nada de eso, el guasa, el WhatsApp… Y ya.
P. El guasa, me gusta más. En la isla ha sido madraza, pero también hemos visto que le palpitaba el corazón. ¿Quién le hacía tilín?
R. ¿A mí? Nadie.
 Por favor: la virgen del Rocío me libre.
P. ¿Cuando ha vuelto a su casa qué fue lo primero que hizo?
R. Abrazar a mi madre. Darle los besos que no pude en tres meses y seis días. 
Y a toda mi familia.
P. Usted dice mucho cuando calla. ¿Qué es el silencio?
R. Muchas veces no merece la pena hablar por silenciar comentarios. ¿Para qué?
P. Ha resucitado un nuevo fenómeno Pantoja. ¿Está lista para soportarlo?
R. ¿Yo? No sé. Me quedo así como atontá al escuchar eso. Llevo 45 años siendo Pantoja y la luz la tengo dentro. Por eso estoy así, como estoy.
P. Condujo la copla del siglo XX al XXI. ¿Morirá?
R. No pierdo la esperanza de que salga gente nueva, que canten bonito, que sepan caminar, que tengan arte, que huelan bien y se vistan bien, que se abra un telón y no aparezca nadie en camiseta. Lo respeto, pero mejor la bata de cola bien planchada, con sus flores, con su pelo y que diga todo el teatro: ¡Olé! ¡Qué bien hueles! 
Con el arte y la clase, se nace. Así te pongas un mantón que un chándal.

P. ¿Cuál es su fuerza?
R. Pedirle a Dios todas las noches que me deje ver la luz al día siguiente para seguir cuidando de los míos.
 Por no hablar de lo que llevo dentro. Mi alegría es que siento a mi padre dentro de mí. Murió en 1974 y me dejó una familia a mi cargo, con mis hermanos, y hoy son hombres de bien.
 Como mis dos hijos.
 Haberles sacado a todos adelante. Sola.

 

Los galanes del cine envejecen pero sus mujeres no

Algunas de las películas más míticas del cine cuentan con parejas que se llevan más de 10 años de edad, siempre a favor del varón. 

La edad sigue siendo un factor determinante en Hollywood.

 

actrices guapas hollywood
Richard Gere y Julia Roberts, en ?Pretty Woman', 1990. GETTY

Es de sobra conocido que las actrices mayores de 40 años tienen problemas para encontrar papeles, un escollo que no encuentran sus colegas varones.  
Ninguno de los actores mejor pagados de Hollywood tiene menos de 40 años; solo una de las intérpretes mejor pagadas los supera, Jessica Chastain. “La juventud reina”, declaró Junie Hoang cuando demandó a la base de datos cinematográfico Imdb por publicar su edad en su perfil en la red social del cine.
 Aunque perdió el juicio, muchas colegas han secundado ese mensaje para criticar la sequía de papeles que sufren cuando dejan de ser adecuadas para interpretar a “la chica” de la película. 
Hace 10 años, una Faye Dunaway de 67 años puso el grito en el cielo al percibir el injusto trato que recibía en comparación a los hombres de su generación. 
“Me cabrea que piensen que soy demasiado mayor para ser el interés amoroso de tipos como Jack Nicholson o Clint Eastwood. ¿Por qué tengo que interpretar a hermanas y madres mientras ellos, que son más mayores que yo, tienen amantes en pantalla a las que doblan la edad?”.
meryl streep clint eastwood
La pareja protagonista de Los puentes de Madison (1995), Clint Eastwood y Meryl Streep, se lleva 19 años.
 A pesar de ello, su química fue uno de los puntos fuertes para la crítica a la hora de valorar el gran éxito de la película, hasta el punto de que se rumoreó que mantenían una relación en la vida real.
 En 1997 Jack Nicholson (60 años) y Helen Hunt (33) sorprendieron al mundo por la misma razón, su química al retratar una relación tan disfuncional como la de Mejor...imposible, ya que los separaban nada menos que 27 años de edad.
Elizabeth Banks se quejó en 2016 de haber sido rechazada para el papel de Mary Jane en Spiderman porque, con 29 años, la consideraron demasiado mayor para ser la novia (y compañera de instituto) de Tobey Maguire, 16 meses más joven que ella.  
Lo mismo le ocurrió a Olivia Wilde, a la que descartaron para El lobo de Wall Street por ser demasiado mayor para ser la mujer o la amante de Leonardo DiCaprio. 
Ella tenía 29 años ...y él 38, nueve más que ella. También fueron víctimas de esa discriminación Maggie Gyllenhaal, considerada demasiado mayor con 37 años para interpretar a la amante de un hombre de 55, y Jamie Denbo, que se quejó en Twitter de que había sido rechazada para un papel porque, a sus 43 años, los productores consideraban que no podía encarnar a la esposa de un hombre de 57 años.
lo que el viento se llevo
Los actores que encarnaron a la legendaria pareja de Rhett Butler y Escarlata O’Hara en Lo que el viento se llevó (1939), Clark Gable y Vivien Leigh, se llevaban 13 años.
 La película ofrece otro ejemplo de edadismo: los padres de la protagonista, interpretados por Thomas Mitchell y Barbara O’Neil, se llevaban 18 años.
 Casi tres décadas después, ejemplo de los avances en derechos sociales, se estrenó Adivina quién viene esta noche (1967), que mostraba a una de las primeras parejas interraciales del cine.
 Pero la discriminación por edad alcanza incluso a ésta: hay una diferencia de 18 años entre Sidney Poitier y Katharine Houghton, los enamorados que tratan de derribar prejuicios en la película, sin que esto tenga nada que ver en la trama.


Actores cada vez más viejos se emparejan en la ficción con actrices décadas más jóvenes que ellos. Los protagonistas del cine tienen mujeres mucho más jóvenes sin que la diferencia de edad se mencione siquiera en la película, como si fuera lo normal que la mujer de un cincuentón tuviera el aspecto de una veinteañera que podría ser, en realidad, su hija. Es algo que sucede desde que existe el cine.
pretty woman
Dos de las parejas más memorables de la historia del cine, que además pertenecen a épocas radicalmente distanciadas, ofrecen ejemplos de edadismo en la pareja protagonista. 
Humphrey Bogart tenía 41 años cuando protagonizó Casablanca (1942) junto a una Ingrid Bergman de 21 años
.Casi medio sigo después llegó a las salas Pretty Woman (1990), la historia de amor entre un rico empresario y una prostituta que han visto seis de cada diez españoles.
  Una especie de Cenicienta moderna en la que sus protagonistas, Richard Gere y Julia Roberts, se llevaban 18 años de edad.
Incluso sucede en películas que establecen que ambos tienen la misma edad porque son amigos desde la infancia o van a clase juntos, como en Piratas del Caribe: aunque Orlando Bloom solo es ocho años mayor que Keira Knightley, la película hace hincapié en que son amigos de la infancia (con prólogo de la época incluido) y el hecho de que tienen la misma edad es clave para la trama. También le sucede a actrices que interpretan a madres de actores apenas más jóvenes que ellas, como les pasó en Alejandro (2004) a Angelina Jolie y Colin Farrell, que se llevan un año.

mel gibson
Mel Gibson tenía 11 años más que Sophie Marceau, la princesa que seduce en Braveheart (1995), y 16 más que Catherine McCormack, que interpretaba a su supuesta amiga de la infancia.
 En el prólogo de la película, establecen claramente que existe una diferencia de edad… de unos cinco años como máximo.

Esos romances hollywoodienses nada tienen que ver con la vida real, en la que las parejas suelen llevarse entre uno y tres años de media
Pero estamos tan acostumbrados a verlas que muchas resultan sorprendentes. 
Por ejemplo, Emma Stone nunca ha sido pareja de un hombre de su misma edad o más joven ante la cámara; tampoco Scarlett Johansson.
 Jennifer Lawrence solo ha tenido dos amantes de su generación ante las cámaras.
Los galanes del cine envejecen pero sus mujeres no
Hasta cuando las mujeres son cientos, incluso miles de años mayores que su hombre en la ficción, la actriz escogida tiene la mitad de años: Milla Jovovich era El quinto elemento en la película homónima de 1997, literalmente un ser que precede a todo.
 Pero es 21 años más joven que Bruce Willis, el humano del que se enamoraba en la cinta. 
Unos años después asistimos a otro edadismo cinematográfico: Aragorn y Arwen en El Señor de los Anillos (2001) son un humano y una elfa cientos de años mayor que él, pero la actriz Liv Tyler es 18 años más joven que Viggo Mortensen.
 Los elfos se mantienen hermosos y jóvenes más tiempo, pero los interpretan actores como Hugo Weaving (un año más joven que Mortensen) y Cate Blanchett (10 años menor).
Como les sucede a ellas, en las parejas que vienen a continuación, de las más memorables de la historia del cine, había una diferencia de más de 10 años que pasaba desapercibida. 
 Y quedan muchas por mencionar, varias de ellas míticas en la historia del cine, como los protagonistas de Cantando bajo la lluvia (1952), que se llevaban 20 años, los mismos que separaban a Cary Grant y Eva Marie Saint (35) en Con la muerte en los talones (1959); uno más, 21, había entre Audrey Hepburn y Rex Harrison en My fair lady (1964), la misma brecha que existía entre Denzel Washington y Angelina Jolie en El coleccionista de huesos (1999).
 
jennifer lawrence bradley cooper
El emparejamiento de Mark Ruffalo y Scarlett Johansson en Vengadores: la era de Ultrón (2015) no desató comentarios, a pesar de que se llevan 17 años. 
Jennifer Lawrence y Bradley Cooper, que han compartido romance en pantalla dos veces, se llevan 16 años, a pesar de ser de las parejas de ficción más de moda en los últimos años.
 Han estado juntos tanto en la comedia El lado bueno de las cosas (2012) como en la cinta histórica Serena (2014).
 Otro de los ejemplos recientes más notorios del edadismo hollywoodiense se encuentra en Magia a la luz de la luna (2014), una cinta de Woody Allen en la que un escéptico Colin Firth (53) se enamora de la 'médium' Emma Stone (25). 
La enorme diferencia de edad entre ambos, 28 años, no tiene ninguna relevancia en la trama.
La diferencia es aún mayor entre Harrison Ford (55 años) y Anne Heche (29) en Seis días y siete noches (1998); y entre Michael Douglas (54) y Gwyneth Paltrow (26) en Un crimen perfecto (1998). 
Hay ejemplos tan recientes como Birdman (2015), en la que Michael Keaton tiene 17 años más que Amy Ryan, su mujer en la película, y 30 años más que su amante, Andrea Riseborough. 
Ni siquiera los superhéroes se escapan a ello: la pareja titular de Ant-Man y la Avispa (2018), Paul Rudd y Evangeline Lilly, se lleva 11 años. 
La tendencia se mantiene sólida en la era del #MeToo.

star wars
Carrie Fisher era 14 años más joven que Harrison Ford cuando interpretaron a la princesa Leia y Han Solo en La guerra de las galaxias (1977).
 Curiosamente, la primera actriz que se pensó para el papel, Sissy Spacek, se lleva la mitad de años con Ford, que en la vida real se lleva 22 con su tercera esposa, Calista Flockhart.
jurassic park
La pareja protagonista de Jurassic Park (1993), Sam Neill y Laura Dern, se llevan 19 años.
 Es un detalle fiel a los personajes del libro, en el que ella es estudiante de posgrado; sin embargo, en la película son colegas de profesión y su interacción parece la de dos iguales.

BRAD PITT
Brad Pitt se lleva 12 y 13 años respectivamente con sus esposas en la ficción en El árbol de la vida (2011) y Guerra Mundial Z (2013), Jessica Chastain y Mireille Enos.
 En ambos casos, no se hace ni una sola referencia a esta acusada diferencia de edad.