Mercadona
ha dado explicaciones tras la retirada de uno de sus helados más
exitosos. Se trata de la gama Mochi, un bizcocho pequeño de arroz con
sabores de mango y coco cuyo interior está relleno de helado. El usuario de Twitter Clavis Vêritâtis (@Keytotruth) le ha preguntado directamente a Mercadona el motivo por el que este año este producto japonés no está en el mercado. La
cadena de alimentación ha respondido a este usuario para dar
explicaciones: “No disponemos de los helados Mochi pues en ocasiones
tenían la textura dura y estamos trabajando en solucionarlo y en
restablecer el servicio lo antes posible”. La nostalgia entre algunos de los clientes ha llegado a tal punto que incluso han abierto una petición en Change.org para que Mercadona vuelva a recuperarlo este verano. De momento, acumula más de 1.000 firmas recogidas.
Mi vida no ha vuelto a ser lo mismo. Soy el triste
ser que deambula todas las semanas la zona de congelados en una búsqueda
sin esperanza.
Yo soy otra víctima más de este enganche estival... ¡¡¡Ayúdame a recuperarlos!!!
Están buenísimos.
Ni textura ni gaitas. Eran perfectos.
Me encantaban los de mango.
Me gustaban mucho tal cual.
A mí nunca me ha salido uno duro.
El diario La Vanguardia ha informado que el clásico MaxiSandwich también ha sido retirado de la venta quedando únicamente en su versión más pequeña. Estos son algunos de los comentarios que hay en Change.org.
La casa que María Teresa Campos tiene en la
urbanización Molino de la Hoz, situada en la localidad madrileña de Las
Rozas y a poco más de 30 kilómetros de Madrid, era ya demasiado grande y
costosa para la periodista. Por eso, desde hace algo más de dos años
intenta venderla. El pasado febrero, Campos sacó a la venta gran parte
del mobiliario y accesorios que decoraban su casa de 2.000 metros
cuadrados y que no tenían espacio en su nuevo hogar, un chalet pareado
de alquiler.
La actriz Emma Stone ha puesto a la venta su
mansión en Beverly Hills, California, por unos 3,5 millones de euros. Stone compró la propiedad en 2012 por 2,22 millones de euros. La
vivienda, de 360 m2, cuenta con cuatro dormitorios, cinco baños,
piscina, jardín, sala de proyecciones y bar, además de otras estancias.
Hace
alrededor de un año, el presentador de televisión Jorge Javier Vázquez
puso a la venta su casa en la lujosa urbanización de La Florida, al
oeste de Madrid, por 3,9 millones de euros. Ahora, ha puesto a la venta
otra vivienda en pleno centro de la capital por 1,15 millones de euros. El piso, de 200 m2, se encuentra pegado al Teatro Real, la Plaza de
Ópera y frente al Palacio Real, con los Jardines de Sabatini al frente.
El
actor Michael Douglas ha puesto a la venta su mansión del siglo XIX en
Mallorca. Después de 30 años como propietario de S'Estaca, una villa de
corte neomudéjar, su vida "ha tomado un nuevo rumbo", por lo que también
ha decidido deshacerse de su casa: "Es hora de dejar que otro la
disfrute", comienza la narración de Douglas en el vídeo promocional que
ha grabado. En vista de que nadie quería pagar los 50 millones de euros
que pedía por ella, la ha bajado a 28,9.Engel & Völkers
El
ático de la presentadora y ahora actriz Terelu Campos ha salido a la
venta por 1,4 millones de euros. El portal inmobiliario Idealista
publicó una treintena de imágenes de la casa de la presentadora, de 570
metros cuadrados, cinco habitaciones y seis baños que está situada en
una urbanización de Pozuelo de Alarcón, en una de las zonas más
exclusivas de Madrid.Idealista
Orlando
Bloom, actor de 'Piratas del Caribe' o 'El señor de los anillos', ha
puesto a la venta su mansión de Los Ángeles (California) por unos 7,8
millones de euros. La villa, ubicada en la carretera de Hillcrest en una
parcela de 4.000 m2, incluye cuatro dormitorios y cuatro baños, además
de un parque y una piscina infinita con vistas a un espectacular
paisaje. Según dicen, la razón de la venta se debe al 'gran paso' que el
actor británico quiere dar con su novia, la cantante Katy Perry, con la
que busca un nuevo hogar ante su futuro matrimonio.
Una de las zonas más bellas y exclusivas de la ciudad.
El emir de Dubái y su sexta esposa se enfrentan desde este martes en los tribunales por la custodia de sus dos hijos.
La princesa Haya de Dubái y su abogada, Fiona Shackleton, a su llegada al juicio, celebrado el 30 de julio en Londres.Mark ThomasCORDON PRESS
El emir de Dubái y la princesa Haya
se enfrentan este martes en el que es el primer asalto de la batalla
por su divorcio, un proceso en el que se dirime la custodia de sus dos
hijos, las condiciones de sus separación y el reparto de un ingente
patrimonio. Todo ello con repercusiones políticas que implican a los
Emiratos Árabes, a Jordania —país de nacimiento de Haya— y al Reino
Unido, donde se dirime el pleito y donde la todavía esposa del emir ha
buscado refugio y la complicidad de la reina Isabel II.
En un movimiento inusual, el jeque Mohamed bin Rashid Al Maktum de Dubái y la princesa Haya de Jordania emitieron hace una semana una declaración conjunta sobre su proceso de divorcio. La pareja se ha decidido a hablar después de un mes de noticias sobre su separación
y confirmó que su próxima disputa legal trata únicamente acerca del
bienestar de sus hijos. Una audiencia de dos días que se celebra en el
Tribunal Superior de Londres este martes y mañana. La declaración, hecha
pública por el tribunal, confirmó que "estos procedimientos se refieren
al bienestar de los dos hijos de su matrimonio y no al divorcio ni a
las finanzas". Dichas finanzas afectarían a su patrimonio, estimado en
más de 4.900 millones de euros. Haya se convirtió en la sexta esposa
de Al Maktum en 2004 y es madre de dos de sus hijos: Jalila, de 11
años, y Zayed, de siete. En total, el jeque tiene 23 hijos de sus
diferentes esposas.
No
hay constancia de que el matrimonio se haya visto hoy las caras. A la
puertas del juzgado solo se ha podido ver a la princesa acompañada de su
abogada, en la que es su primera aparición pública desde que escapó de Dubái a principios de mes. Haya,
de 45 años, ha llegado a los juzgados con un sencillo vestido blanco y
el pelo suelto, agarrando un tasbih (una especie de rosario islámico
entre las manos). A su todavía esposo, de 70, no se le ha visto en los tribunales. Helen Ward y Fiona Shackleton,
las abogadas de la pareja, son quienes les han defendido. Conocidas
como "la gran dama de los divorcios" y "magnolia de acero",
respectivamente, sus apodos dicen mucho sobre la personalidad de dos de
las abogadas de familia británicas más conocidas y solicitadas por
aquellos que pueden permitirse sus costosos servicios. Shackleton
defiende los intereses de la princesa y Ward se hará cargo del proceso
desde el lado el emir.
La princesa Haya, a su llegada al juicio con un rosario islámico o tasbih entre las manos.CORDON PRESS
Una y otra ya saben lo que es llevar procesos mediáticos y millonarios.
Ward se ha encargado de los divorcios de Guy Ritchie
o del de Bernie Ecclestone de su segunda mujer, Slavica.
Y Shackleton
sabe lo que es tratar con la realeza porque gestionó la ruptura del
príncipe Carlos de Inglaterra y Diana Spencer y la del príncipe Andrés y Sarah Ferguson.
Sigue manteniendo una excelente relación con la familia real británica y
se dice que aconseja legalmente a los príncipes Guillermo y Enrique, a
cuya boda asistió como invitada.
También sabe lo que es jugarse en el estrado no solo una separación
sentimental , sino un buen puñado de millones porque ha representado en
sus respectivas rupturas a Paul McCartney, a quien su exmujer Heather
Mills pedía 172 millones de euros que se redujeron a 22, a Madonna o al líder del grupo Oasis, Liam Gallagher.La huida de Haya se produjo nueve meses después de la rocambolesca
huida de la princesa Latifa Bint Mohamed, una de las hijas del emir de
Dubái, el pasado marzo. La mujer tenía entonces 33 años y denunció en un
vídeo que se escapaba de su casa y de su país porque no tenía libertad
para moverse y porque ella y alguna de sus hermanas habían sido víctimas
de malos tratos. Su barco fue interceptado cuando se hallaba en aguas
internacionales, cerca de India, y Latifa fue devuelta a su domicilio.
.
Un
grupo de personas se manifiesta contra el jeque Mohamed bin Rashid Al
Maktum en la puerta del Alto Tribunal de Justicia de Londres, el 30 de
julio de 2019.TOLGA AKMENAFP
El
pensador francés conoció al activista Thierry Voeltzel en 1975, lo
entrevistó en diversas ocasiones y publicó un libro de conversaciones
que ve la luz por primera vez en español.
Michel
Foucault (izquierda), acompañado de Thierry Voeltzel (en el centro) en
el aeropuerto de Teherán, durante una de las dos visitas que ambos
realizaron en 1978 a Irán.Michel Setboun, a través de la editorial La Cebra
Norte de Francia. Verano de 1975. De camino a la casa de vacaciones
familiar, un joven atisba un punto de la autopista donde los coches se
detienen con facilidad. Levanta un cartel y el dedo pulgar, y un
vehículo se para ante él. Un hombre calvo con americana a cuadros y
gafas con montura de acero se sienta al volante. Él se sube y pronto
ambos entablan conversación con facilidad: hablan de viajes, de música,
de lecturas recientes. El joven le cita un ensayo que ha hojeado el día
anterior, y el conductor le devuelve una enorme sonrisa cómplice. Por un
momento piensa que aquel hombre que acaba de recogerle es el autor de
ese libro. Y ya totalmente seguro de su identidad se vuelve hacia él y
le dice: "¿No será usted Michel Foucault?". "Todo ocurrió por puro azar. Foucault era muy popular, pero yo apenas había leído partes de su Pierre Rivière (1973), y ni siquiera tenía idea de su aspecto", recuerda al teléfono Thierry Voeltzel, el autostopista
que aquel día conoció a una de las figuras fundamentales en la
transformación que experimentarían las ciencias sociales en los años
setenta. Voeltzel tiene entonces 20 años, y Foucault roza los 50, pero
la diferencia de edad no evita una estrecha relación. Un poderoso punto en común los une: Voeltzel es un activista que denuncia los abusos en prisiones, hospitales y talleres,
los mismos lugares sobre los que reflexiona un pensador que a fuerza de
practicar un marxismo heterodoxo ha terminado distanciado de los
representantes de una corriente hasta entonces dominante en el panorama
intelectual francés.
Pronto
la fascinación de Foucault por el joven será total. El propio
pensador se lo confiesa a su compañero, Daniel Defert: "Daniel, he
conocido a un chico que no es que tenga veinte años, es que es el chico
de los veinte años". Voeltzel tiene claras las razones de ese asombro:
"Le sorprendió que no había vivido en primera línea Mayo del 68
[entonces tenía 13 años] y, sin embargo, mi pensamiento y mis acciones
políticas, como manifestarse a favor de los inmigrantes o trabajar con
individuos recluidos en prisiones u hospitales, se debían a aquel
periodo". Arrancarán proyectos juntos. El más importante, una serie de
entrevistas que ve la luz en 1978. Foucault no incluye su nombre en el
volumen que recoge esas conversaciones: quiere que el protagonismo sea
para su interlocutor. Para la descripción de su sexualidad libre y sin
etiquetas, su ruptura con una familia disfuncional, su relación con los
psicotrópicos o su lucha por unas condiciones diferentes para reclusos o
enfermos mentales. La obra apenas recibe atención, y durante décadas
solo el biógrafo de Foucault, Didier Eribon, y un pequeño grupo de amigos saben que es él el interlocutor de Voeltzel. En 2014 la editorial Gallimard reedita el volumen. Y revela el nombre
del entrevistador. Voeltzel escribe además entonces un breve apunte,
incluido también en la primera edición en castellano de la obra, que
acaba de publicarse bajo el título Veinte años y después (Ediciones La Cebra, con prólogo y traducción del investigador Alfredo Sánchez Santiago). En él, el activista adelanta los diálogos que siguen, que dan cuenta de
cómo el modelo de activismo político del marxismo entra en declive, y
los jóvenes renuncian a la revolución para en su lugar combatir
desigualdades concretas.
Foucault
y Jean Paul Sartre protestan por el asesinato de Pierre Overney, un
trabajador de Renault que murió en 1972 a manos de un agente de
seguridad mientras repartía panfletos políticos.Getty
La situación de los homosexuales, de las mujeres, de los inmigrantes,
de los reclusos, de los individuos internados en manicomios... Mayo del
68 dio la palabra a estos colectivos, y diez años después, sus
denuncias ya forman parte del debate público. "El lema yankee del Peace and love
(Paz y amor) y el consumo de cannabis y LSD tuvieron su correpondencia
política en una nueva forma de denuncia social más local", comenta
Miguel Morey, catedrático de Filosofía en la Universidad de Barcelona e
introductor en España de la obra de Foucault.
Relación con la situación actual
El libro se publica en castellano en un momento en el que Morey cree
que en España se respira "un aire de familiaridad con las movilizaciones
pos 68". El profesor se refiere a las mareas feministas, a los jóvenes
que denuncian el colapso climático global y a "los brotes ciudadanos"
que surgen en los puertos para recibir a buques de ONG con migrantes a
bordo. "Veo, como entonces, espontaneidad y una mezcla de dolor
absoluto, afán festivo y conciencia de la desigualdad existente". Para Julián Sauquillo, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, el
"éxito" del modelo de denuncia sectorial que inauguró Mayo del 68 y del
que Foucault es representante depende hoy de su convivencia con las
formas tradicionales de combatir la desigualdad. "La
crítica de la vida cotidiana no puede olvidar la explotación, la
precariedad laboral o el paro juvenil", señala Sauquillo. Un análisis
que comparte la filósofa argentina Luciana Cadahia: "El modelo
político de Foucault no articula las diversas denuncias sociales. No es
práctico a menos que configure un nuevo sujeto político que permita
combatir la desigualdad inherente al sistema capitalista". Voeltzel recuerda en el texto que escribió en 2014 cómo un largo viaje
de dos años por Australia le distanció de Foucault. A su vuelta, este ya
se encontraba gravemente enfermo de sida, aunque aún se frecuentarían
hasta su muerte en 1984, a los 58 años. Voeltzel tuvo tiempo de hablarle
del oficio que entonces descubrió y al que aún hoy se dedica: la
restauración de muebles. "Supongo que se alegraba de ver que hacía
aquello para lo que tenía algo de talento: vivir". Mayo del 68.