Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

24 jul 2019

Blade Runner Monólogo Roy [subtítulos en español]

El ático de Terelu Campos, a la venta por 1,4 millones

Un aspecto de la urbanización en la que se encuentra la casa de la presentadora en Pozuelo de Alarcón (Madrud) que se vende por 1,4 millones. Un aspecto de la urbanización en la que se encuentra la casa de la presentadora en Pozuelo de Alarcón (Madrud) que se vende por 1,4 millones.

Uno de los seis baños con que cuenta la casa de Terelu Campos. Uno de los seis baños con que cuenta la casa de Terelu Campos.


Los baños de la casa disponen de una moderna decoración. Los baños de la casa disponen de una moderna decoración. Los baños de la casa disponen de una moderna decoración.



Una imagen del salón comedor que tiene 70 metros cuadrados. Una imagen del salón comedor que tiene 70 metros cuadrados.

  • La cocina office con isla en el centro. 
    La cocina office con isla en el centro. IDEALISTA


  • La casa cuenta con cuatro dormitorios, uno de ellos estilo 'suite', además del de servicio.
    6La casa cuenta con cuatro dormitorios, uno de ellos estilo 'suite', además del de servicio. IDEALISTA
     
     
    Una de las habitaciones de la zona de servicio. Una de las habitaciones de la zona de servicio. 
     
     
     
    • El dormitorio principal de la casa de la presentadora.
      El dormitorio principal de la casa de la presentadora. IDEALISTA

    • La isla de la cocina de la casa de Campos que cuenta hasta con una Termomix. 
      La isla de la cocina de la casa de Campos que cuenta hasta con una Termomix.
       
       
       
      Una de las librerias de la casa que ejerce función de separador. Una de las librerias de la casa que ejerce función de separado 
     
    • Una imagen de la piscina comunitaria de la urbanización. 
      Una imagen de la piscina comunitaria de la urbanización.  
       
       
      • El salón de la casa que cuenta con una gran terraza. La orientación es sur y la calefacción individual de Gas natural.
        El salón de la casa que cuenta con una gran terraza. La orientación es sur y la calefacción individual de Gas natural. IDEALISTA
       
      • Otro aspecto de la casa de Campos compró por menos de 500.000 euros y pone a la venta por 1,4 millones.
        Otro aspecto de la casa de Campos compró por menos de 500.000 euros y pone a la venta por 1,4 millones.

Diccionario de desvelos de Javier Marías

  • El escritor repasa algunos de los conceptos sobre los que reflexiona en sus columnas, que reúne en el libro ‘Cuando la sociedad es el tirano’.

    Javier Marías, en su casa de Madrid en 2016.
    Javier Marías, en su casa de Madrid en 2016.
    Dice Javier Marías, de 67 años, que no sabe muy bien por qué, pero quiere seguir escribiendo.
     En el caso de los artículos que publica todos los domingos en El País Semanal, lo tiene un poco más claro: “Supongo que es, en parte, por cierto optimismo de pensar que en algo sirven a algunas personas que lo leen, que quizá les hace mella o les hace pensar”.
     Ahora, a punto de llegar a los 800, ha reunido algunos de los más recientes —los impresos entre el 5 de febrero de 2017 y el 27 de enero de 2019— en un libro titulado como uno de ellos: Cuando la sociedad es el tirano (Alfaguara).
     Lo que sigue son las reflexiones del escritor sobre algunos conceptos escogidos por este diario de entre los que con más frecuencia reflexiona en sus columnas.
     Opinión pública. “Si entendemos por opinión publica lo que dicen las redes, me parece un elemento preocupante.
     No tengo ni siquiera ordenador ni me asomo a las redes, pero da la impresión de que está sobredimensionado. 
    Y creo que, mientras eso no cambie un poco, lo que se llama a veces opinión pública está convirtiéndose, incluso, como dice el título de mi libro, en algo tiránico. 
    Parece que hay cada vez mayor intolerancia hacia la mera disidencia, hacia las opiniones que simplemente no gustan.
     Yo me he encontrado con casos un poco demasiado sorprendentes, en los cuales uno ha expresado una opinión o un gusto sobre cuestiones literarias o de teatro que ha hecho montar en cólera, aparentemente, a una legión de personas, que a lo mejor no son tal legión”.
    Pensamiento único. “Parece haber una tendencia, no a un pensamiento único, sino a varios pensamientos únicos, si vale la paradoja.
     Pero, de nuevo, da la impresión de que cada vez hay más gente que no consiente que haya un pensamiento distinto.
     Tengo a veces la sensación de que se está creando o se ha creado ya una nueva religión laica, tan intolerante como pudo ser en nuestro país la religión católica. 
    Parece que hay una serie de nuevos dogmas inamovibles y que cualquier persona que los cuestione o los matice, incluso, o intente razonar sobre ellos es objeto de exclusión o, incluso, de linchamiento mediático”.
    Feminismo. “Dicho a secas, me parece una cosa estupenda, que siempre he apoyado y siempre me ha parecido necesario favorecer. 
    Lo que pasa es que ahora hay un feminismo llamado de cuarta ola que creo que está exagerando todo de una manera un poco delirante, y haciendo hincapié en cosas que me parecen muy peligrosas porque tocan, por ejemplo, la justicia.
     Esa idea de que hay que creer siempre a las mujeres. 
    Se ha argüido —si se puede utilizar la palabra argüir para eso— que normalmente en una violación no hay testigos, que es muy difícil probarla. 
    De pronto ha habido esta especie de inversión de la carga de la prueba que es justamente lo que sucedía en la dictadura franquista, sobre todo en los primeros años. 
    Mire usted, las mujeres mienten unas, otras no, exactamente igual que los hombres, que unos mienten y otros no.
     La idea de que no haga falta ni siquiera juicio es exactamente la misma idea que la del linchamiento”.
    El oficio de escribir. “Hace unas semanas se celebró un congreso en la Universidad de Oxford sobre mis cosas al que no asistí porque me parecía más elegante. 
    Pero me pidieron que escribiera un texto, una especie de carta a los participantes. 
    Explicaba que una cosa es por qué empieza uno a escribir, otra cosa es por qué sigue escribiendo y otra por qué sigo escribiendo ahora. 
    A veces me lo pregunto y descubro con sorpresa y horror que, cuanto más escribo, tengo la sensación de que menos sé hacerlo.
     Y, ¿por qué lo sigo haciendo? No lo sé muy bien. 
    Terminaba diciendo en esa especie de carta, que a veces tengo la sensación de que me parezco cada vez más al título de un artículo muy antiguo que hice sobre un actor que era:
     El hombre que parecía no querer nada. 
    Y hago hincapié en la palabra parecía; evidentemente, algo quiero si sigo escribiendo.
     Pero quiero escribir, simplemente, más, supongo, todavía quiero escribir más.
     Y por esa misma razón creo que titulé ese texto: Por no bajar la persiana todavía”.
    Donald Trump. En Trump hay un problema y es que es una figura tan de brocha gorda, tan de chafarrinón, que nos impide tomárnoslo verdaderamente en serio, parece menos peligroso de lo que probablemente es. 
    Yo creo que es muy peligroso.
     Pero no ocurre solamente con Trump. ¿Qué le está pasando a la gente para que les parezca bien Salvini, Orban, Duterte en Filipinas, Bolsonaro en Brasil, etcétera?
     No pretendo tener razón, pero personalmente los veo muy peligrosos y muy dañinos para la democracia”.


    La memoria de los que ya no están. “Si una persona ha sido importante en mi vida durante tiempo, durante suficientes años, el hecho de que no esté, de que yo no lo vea más, de saber que no le voy a volver a ver no me impide seguir contando con él. No puedo evitarlo.
     Por ejemplo, han pasado casi 25 años, creo, de la muerte de Juan Benet, que era muy buen amigo y también, se podría decir, un maestro para mí, y todavía a veces tengo el impulso, al ver un libro en un catálogo, en una librería de viejo, de decir: ‘Ay, esto para Juan que le va a hacer ilusión”.
    Humor e ironía. “Eso se está acabando.
     La ironía se entiende cada vez menos, la gente cada vez lee más al pie de la letra, literalmente.
     Lo que uno dice irónicamente lo leen tal cual.
     Y, en cuanto al humor, cada día está, me temo, más perseguido. No se puede hacer una broma sobre nada, cualquier broma es ofensiva”.
    El siglo XXI. “Lo que llevamos de siglo XXI, en conjunto, me está resultando un poco decepcionante.
     En un artículo dije sin embargo que, dentro de todo, si lo comparamos con los primeros 20 años del siglo XX, por ejemplo, en que hubo una guerra mundial espantosa, o del XIX, con todas las guerras napoleónicas, pues vamos bien. 
    Pero en otros aspectos me está resultando un siglo tonto, muy tonto, muy tiquismiquis, demasiado delicado en cierto sentido y lleno de tontuna y antipatía, intolerancia”.

     Optimismo. “Siento que el panorama de esta especie de diccionario o léxico o lo que sea no es muy optimista. 

    Pero en el fondo creo que soy optimista, porque si no lo fuera no me molestaría en seguir opinando, porque uno intenta, dentro de sus modestos medios —porque al fin y al cabo un artículo de prensa poco puede hacer— mejorar lo que uno cree que puede ser mejorado.

     Si no creyera que eso fuera factible, ¿para qué me iba a molestar?”.

     

23 jul 2019

Retratos de la relación turbulenta entre Warhol y Basquiat

warhol basquiat 
Jean-Michel Basquiat abraza a Andy Warhol en el Rockefeller Center de Nueva York, donde habían acudido a una fiesta, la noche del 19 de septiembre de 1985.
PAIGE Y yo estamos peleando. 
Ella seguía con sus indagaciones sobre Jean-Michel. Y dijo: ‘¿Ya estás empezando de nuevo tu rollo gay con Jean-Michel? 
Le respondí: ‘Escucha, no me iría a la cama con él porque es tan mugriento que no puedo imaginar que alguien pueda hacerlo. 
Tú eres la que tuvo un rollo con una persona sucia y desaseada”. Pocas semanas antes de morir, este pasaje de sus Diarios fechado el 11 de enero de 1987 es la última referencia que Andy Warhol dejó escrita sobre Jean-Michel Basquiat.
 De los tres protagonistas de la escena, solo Paige Powell sigue viva. Su voz suena ajada, pero lúcida, al otro lado del teléfono desde un rincón de Portland, al noroeste de Estados Unidos. 
Todavía regresa esporádicamente a Nueva York, donde convivió con estos dos monstruos del arte contemporáneo estadounidense de la segunda mitad del siglo XX.
 “Andy y yo siempre estábamos bromeando. No hay que tomarse al pie de la letra ni en un sentido trágico aquella conversación reproducida en sus Diarios.
 Esa era nuestra forma de hablarnos”.
Fotógrafa, marchante de arte y luminaria de los años ochenta en la Gran Manzana, Paige Powell es memoria viva de aquel tiempo.
 Y un formidable testigo de la compleja relación entre Warhol y Basquiat. 
Con este último, al que recuerda “extremadamente romántico”, mantuvo un turbulento e intermitente noviazgo entre 1982 y 1985.
 Y vendió buena parte de sus primeros lienzos. “Lo que hubo entre Jean-Michel y Andy no fue algo romántico, sino simbiótico”, recuerda Paige Po­well. 
“Pintaron obras juntos, compartieron estudio y viajes ocasionales.
 Pero no fueron amantes ni nada parecido.
 Simplemente se necesitaban el uno al otro. Jean-Michel era hipnótico, poético, enérgico, extremo e impulsivo. 
Andy era divertido pero formal, poético pero desde ángulos muy distintos.
 Jean-Michel idolatraba a Andy. Y Andy siempre estaba en busca de algo nuevo y enérgico”.


Lo encontró el 4 de octubre de 1982. Aquel lunes, el galerista Bruno Bischofberger llevó a Basquiat a la guarida de Warhol en el 860 de Broadway. 
Allí posó junto al lobo del pop art para una foto poniendo cara de querer comerse el mundo.
 Iba vestido como un dandi salvaje. Camisa mal abrochada y corbata torcida bajo la americana arrugada. 
Magníficas rastas en el cabello afro. 
El hijo de Gerard, un contable haitiano, y Matilda, de origen portorriqueño y confinada en un sanatorio mental, solo tenía entonces 21 años y el aspecto de un Rimbaud negro que vagaba por las calles de Nueva York cuando el rap era la banda sonora de la ciudad, y el grafiti, su huella en los muros y vagones de metro.
 Los destellos de aquel arte callejero alumbraron a Samo, el pseudónimo de Basquiat durante su época de grafitero lírico que nació de la expresión SAMe Old shit, la misma mierda de siempre.
 Warhol mostró en aquella primera foto juntos una cara de desconcierto que quizá obedeciera a su incontrolable enamoramiento de todo talento que se cruzaba en su camino. 
Tenía 54 años, y así lo dejó escrito en sus Diarios: “Es el muchacho que usaba el nombre de Samo cuando solía sentarse en el paseo de Greenwich Village a pintar camisetas (…). Era justo uno de esos chicos que me volvió loco. (…) Entonces, dispuse un almuerzo para ellos y tomé una polaroid
Él se fue a casa y en dos horas regresó con una pintura, todavía húmeda, de él y yo juntos. 
Solo alcanzar la calle Christie debe de tomar una hora. Me dijo que lo había pintado su asistente”.
Keith Haring, Andy Warhol y Jean Michel en el estudio de Warhol en el 860 de Broadway, el 23 de abril de 1984. 
Keith Haring, Andy Warhol y Jean Michel en el estudio de Warhol en el 860 de Broadway, el 23 de abril de 1984.
La instantánea de aquel primer encuentro entre ambos es una de las muchas que ahora ven la luz gracias al empeño de Michael Dayton Hermann.
 Artista de 43 años y director de licencias en The Andy Warhol Foundation, ha sido el encargado de recopilar las fotografías sobre Basquiat que permanecían en su mayoría inéditas entre los 130.000 negativos y 3.600 hojas de contacto del archivo gráfico de Warhol.
 La fundación que gestiona su legado donó este acervo en 2014 al Cantor Arts Center de la Universidad de Stanford para su análisis académico y la creación de una base de datos online que permita la consulta de este material. 
El escaneado de los negativos regresó a manos de Dayton Hermann a finales de 2016.
 Y a partir de entonces se dedicó a ensamblar con su ayudante las imágenes sobre Basquiat con los pasajes relacionados de los Diarios de Warhol.
 Las fechas marcadas en las hojas de contacto sirvieron de guía para hilar las escenas en blanco y negro con las descripciones de los textos, dando forma a lo que Dayton Hermann define como “piezas de una novela gráfica” sobre la relación entre ambos artistas. 
El resultado se ha convertido en el libro Warhol on Basquiat (Taschen), al que pertenecen las imágenes que ilustran estas páginas.  
“Son, ante todo, escenas de una época de Nueva York que nos abren la puerta a la convivencia de Warhol con las celebridades de aquel tiempo y que a la vez humanizan al personaje”, sintetiza Dayton Hermann. 
“De los 130.000 negativos, una pequeña proporción está dedicada a la figura de Basquiat.
 Pero él es sin duda el más retratado.
 Estas imágenes nos permiten contemplar la intimidad entre ellos de manera cruda y enternecedora”. 
Basquiat pintando de rodillas en su estudio
. O fumando un canuto mientras cierra un bolsón de hierba. Amaneciendo desnudo en la habitación de un hotel en Washing­ton. 
Haciendo pesas. Posando para Warhol con un taparrabos. Pinchando vinilos en su fiesta de cumpleaños. 
Junto a Madonna, fugaz romance. 
Con Grace Jones, Keith Haring y Fela Kuti.
 Y con el todo Nueva York más hedonista y creativo del momento. 
Fiestas en el Area y el Palladium.
 Cenas en Mr. Chow. Los vinos más caros de la carta del restaurante. 
Su desaforado consumo de drogas y las tendencias suicidas. 
Las conversaciones telefónicas entre ambos de madrugada. La avidez sexual —­tan opuesta a Warhol— y su debilidad por las camareras.
 Son solo algunos de los universos paralelos que evocan estas fotografías de Warhol al fundirse con sus Diarios
Martes 11 de octubre de 1983:
 “Jean-Michel está intentando ser famoso muy rápido. Y si funciona, lo conseguirá”. Miércoles 11 de enero de 1984: “Jean-Michel llamó de nuevo desde Hawái. Le dije que se cortase la oreja.
 Probablemente lo hará”. Martes 29 de mayo de 1984: “Pintamos una obra africana juntos de 10 metros de largo. Él es mejor que yo”. 
Domingo 7 de octubre de 1984: “Jean-Michel es tan complicado, nunca sabes de qué humor estará, en qué punto se encuentra.
 Se vuelve realmente paranoico y dice: ‘Me estás utilizando, solo me estás utilizando’. 
Y entonces se siente culpable por su paranoia”. Viernes 21 de junio de 1985:
 “Llamé a Jean-Michel, pero no me ha devuelto la llamada. Imagino que está distanciándose lentamente. 
Solía telefonearme todo el tiempo dondequiera que estuviese”. 
Una noche de septiembre tras aquel verano de 1985, Basquiat recogió a Warhol en una limusina que los llevó a una fiesta en el Rockefeller Center.
 Aunque llevaban un tiempo empezando a desdibujarse mutuamente, hay una imagen de los dos tomada aquella noche llena de ternura y simbolismo. 
Pegado a la espalda de Warhol, Basquiat lo abraza cruzando las manos por delante de su cintura.
 Tan juntos y tan distantes.
 Uno, con el cabello afro alborotado, las pupilas dilatadas por los paraísos artificiales y la mirada perdida en un sueño caleidoscópico de colores primarios.
 El otro, con la sempiterna peluca plateada y la misma cara de estar siempre alucinando sin necesidad de narcóticos. Todo se jodió horas más tarde. 
Al llegar al Odeon, Warhol pidió un periódico y le trajeron un ejemplar de The New York Times que se publicaba la mañana siguiente.
 En las páginas interiores, una crónica sobre la exposición que ambos habían inaugurado días antes en la galería de Tony Shafrazi afirmaba que Basquiat era la “mascota” de Warhol. 
El pintor y cineasta Julian Schnabel abordó aquel episodio en su película Basquiat (1996).
 Al teléfono desde Long Island (Nueva York), Schnabel recuerda por qué rodó el filme. 
“Jean-Michel siempre quiso saber lo que yo pensaba sobre su trabajo.
 Nunca se lo dije”. Respecto a la publicación del artículo en 1985 que llamó a Basquiat mascota del mundo del arte, Schnabel rememora: 
“Aquello hirió la amistad entre ambos por un tiempo, pero se querían el uno al otro y así fue hasta el final de sus vidas”. 
Los dos, durante una sesión de entrenamiento en la guarida de Warhol en el 860 de Broadway (Nueva York) en el verano de 1983.
Los dos, durante una sesión de entrenamiento en la guarida de Warhol en el 860 de Broadway (Nueva York) en el verano de 1983.
 
Jean Michel Basquiat pinta la obra 'Sin nombre' en el estudio de Andy Warhol en Broadway. el 16 de abril de 1984.
Jean Michel Basquiat pinta la obra 'Sin nombre' en el estudio de Andy Warhol en Broadway. el 16 de abril de 1984.