Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

7 jul 2019

Los tropiezos de Máxima de Holanda

La reina aseguró en 2007 que no había encontrado la identidad holandesa, en 2016 tuvo que quitarse un abrigo con aplicaciones asociadas con esvásticas y esta semana ha saludado al polémico Bin Salmán.

Máxima de Holanda, el pasado día 2.
Máxima de Holanda, el pasado día 2. GTRES

 

 

Brianda y Jacobo Fitz-James, los nietos artistas de la duquesa de Alba

Nacieron rodeados de arte y ahora viven de él sin dar la espalda a las nuevas tecnologías.

Brianda y Jacobo Fitz James Stuart, en la galeria Espacio Valverde.
Brianda y Jacobo Fitz James Stuart, en la galeria Espacio Valverde.

 A Brianda Fitz-James le nace un coral rojo en la cabeza cuando se sumerge en un mar de dudas.

 A veces se ve rara a sí misma, con cola, cuernos, garras y alas de dragón.

 Cuando quiere dejarse llevar se monta en un cisne blanco que nada en un lago. 

Son algunas de las imágenes entre naíf y surreales que se pueden ver en su nuevo libro de ilustraciones Mi universo re-creativo, que publica la editorial Lunwerg y cuyos originales se exponen en la galería de su hermano, Jacobo Fitz James, llamada Espacio Valverde, escondida al fondo del patio de un vetusto edificio en el madrileño barrio de Malasaña.

 “En principio quería hacer algo más pop, un homenaje a mis referencias artísticas, cinematográficas, etc, pero al final me salió algo más intimista”, explica la autora, centrada ahora más en su faceta de ilustradora que en otras como las de diseñadora o dj ocasional.

Ahí, en la galería, reciben los dos hermanos.

 Son altos, graciosos aunque algo reservados, tienen una elegancia natural quizás fruto de su genética aristocrática: son nietos de Cayetana Fitz James Stuart, la que fue duquesa de Alba. 

La vena cultural y artística le debe venir de sus padres: Eugenia Fernández de Castro y Jacobo Siruela, fundador de la editorial del mismo nombre y actualmente responsable, junto con Inka Martí, de la editorial Atalanta, para amantes de las filosofías antiguas, las literaturas fantásticas, los secretos, los sueños y el esoterismo más culto.

“Desde pequeños hacíamos cosas creativas, pintábamos, nos llevaban a museos, el arte siempre nos ha rodeado de alguna manera”, dice Brianda, quien, además, asegura haber heredado también ese gusto por lo mágico, como se aprecia en su obra: “Siempre creo que todo me sucede por alguna razón", cuenta. Al final lo de la cultura se normaliza: 
“Es como mis hijos, que están acostumbrados a gatear por la galería desde pequeños: para ellos hacer cuadros o esculturas es algo tan normal como hacer torreznos”, bromea Jacobo.
De su infancia también recuerdan los animales, vivir rodeados de pelos, de hasta ocho gatos de angora, cuatro tortugas, dos perros, conejos y hasta una paloma. 
“Estaba malita y pasó con nosotros algún tiempo”, dice Brianda: a su madre le encantan los animales. 
“En nuestra familia estaban por encima en la jerarquía los animales que los niños”, relata el galerista, “lo que, por cierto, me parece muy saludable”.

 

Brianda y Jacobo Fitz James Stuart, en la galería espacio Valverde. 
Brianda y Jacobo Fitz James Stuart, en la galería espacio Valverde.
Jacobo capitanea la galería desde hace más de diez años. “No salvamos el mundo, pero al menos tratamos de conseguir que un grupo de personas, nuestros artistas, logren vivir de su trabajo”, explica. 
Y aunque siempre sean tiempos difíciles para este sector, hiperpoblado y competitivo, lo que no le gusta son esos discursos que animan perennemente a apoyar el arte:
 “Es un discurso victimista, como si el arte fuera un niño mutante al que hay que ayudar; en realidad habría que decir: ‘venid y uníos a esta fiesta’.
 Porque, además, esa es la realidad, una fiesta”.

Brianda nació en 1984 y Jacobo en 1981 así que quizás podríamos definirles como millennials, aunque no esté claro cuáles son las fronteras exactas de esta generación. 
“Lo que somos seguro es una generación bisagra entre el mundo anterior a esta revolución tecnológica y el actual”, explica Jacobo, que estuvo muy interesado por la cosa tecnológica en sus orígenes, en el Internet primitivo, cuando tuvo un blog de mucho éxito. Ahora no lo está tanto: 
“Tuve una etapa de rechazo total, un poco comeflores, y ahora me siento como un vejete dentro de una cosa tan nueva como las redes, es ridículo”, bromea. “Lo bueno de nuestra generación”, añade su hermana, “es que hemos podido conocer ambos mundos”.
 Brianda, de hecho, utiliza su Instagram (más de 46.000 seguidores) para hacer promoción de su trabajo artístico, con notable éxito: así recibe parte de sus encargos laborales.
 Ha llegado a colaborar con firmas como Gucci.
“Me preocupa estar demasiado enganchada a la tecnología, pero al final es parte del trabajo: esa ea la contrariedad”, explica. 
“Yo creo que pronto va a haber fuertes problemas de salud mental y salud pública con el asunto de la tecnología, porque va por delante y todavía no hemos sabido regular nuestro comportamiento cívico”, opina Jacobo, “pero estoy seguro de que en unas décadas estará muy mal visto mirar el móvil en público”.
 Lo que le importa a Jacobo, más que el futuro tecnológico, son sus dos hijos, de siete y cuatro años. “Eso lo focaliza todo”.

El feminismo que nació con Simone de Beauvoir

¿Dónde está la raíz de la desigualdad entre hombres y mujeres? El radical punto de partida de 'El segundo sexo' mantiene plena vigencia 70 años después de su aparición.

 

Simone de Beauvoir, en París en 1945.  
Simone de Beauvoir, en París en 1945. ALBUM

Los reyes de la selva.........................................Juan José Millás..............

Los reyes de la selva
ESTOS LEONES NO saben que son funcionarios. 
No lo saben, quiero decir, con sujeto, verbo y predicado, que es como lo sabemos nosotros. Pero quizá lo sienten. Fíjense, si no, en esa mirada perfectamente burocrática con la que observan el paso de los coches en el Safari, unas instalaciones “naturales” que se levantan a 40 kilómetros de Madrid, en la localidad de Aldea del Fresno.
 Hay hastío en esa actitud.
 Hay muchas horas de oficina. Están ahí para distraer a la gente, para asustar a los niños, que provocan a los animales golpeando las ventanillas de los automóviles al objeto de que se muevan. 
Pero son ya muchos trienios, mucho cansancio acumulado. Si queréis espectáculo, parecen decir, idos al circo.

Juan José Millás
Tan hartos están de su trabajo que uno diría que han acudido a la oficina sin ducharse, sin peinarse, sin adecentarse lo más mínimo. Tienen el pelaje triste, sin vida, mortecino, pese a haber en el mercado veterinario tan buenos productos cosméticos para dar volumen a la melena e hidratar la piel.
 Estamos ante un macho y una hembra que, a base de hacérselo sin muchas ganas en el cuarto de las fotocopias, han tenido un hijo que aparece detrás del león, ya con maneras de que la gente le carga. Las actividades de cara al público exigen una exposición excesiva. Agotan, en fin, sobre todo cuando el público es maleducado.
—¿Los atiendes tú o los atiendo yo? —parece preguntar la hembra al macho.
—Que los atienda su madre —da la impresión de responderle el macho.

Y así, en medio de ese paisaje de imitación, transcurre la vida de los reyes de la selva. Pobres.