Su hija Caroline quiere deshacerse de la mansión de la isla de Martha’s Vineyard, por la que pide 57 millones.
Jackie Kennedy, en un retrato de los años 60Michael Ochs ArchivesGetty ImagesLa granja de la cancela roja vuelve a abrir sus puertas, que estaban
prácticamente cerradas desde 1994. Red Gate Farm, la finca y casa que
compró y construyó Jacqueline Kennedy Onassis, sale a la venta. Así lo ha dado a conocer su hija, Caroline Kennedy,
que ha realizado un vídeo para explicar los motivos por los que la
propiedad ha salido a la venta y por nada menos que 65 millones de
dólares (57,3 millones de euros). La
ex primera dama de Estados Unidos compró la finca en 1979 por 1,1
millones de dólares del momento, cuando era simplemente una granja de
ovejas y su única construcción era una cabaña de cazadores. Lo hizo
tratando de construirse su propio refugio "y protegiendo el lugar de su
potencial desarrollo", según cuenta la Vineyard Gazette, la publicación local de la isla, que la califica como "una propiedad ecológicamente singular".
Desde niña, Jackie era una apasionada del mar y siempre quiso vivir cerca de él. Por eso, cuando ya era viuda y trabajaba como editora en Nueva York se decidió por esta propiedad, entonces casi vacía. El prestigioso arquitecto Hugh Newell Jacobson le construyó una casa
de dos plantas y 600 metros cuadrados con cinco dormitorios, tres
chimeneas, cinco baños, cuatro habitaciones de invitados, dos garajes,
casa para el guardés, embarcadero, piscina y pista de tenis que estuvo acabada en 1981. Los jardines fueron creados por Bunny Mellon, que ya había diseñado el jardín de rosas dela Casa Blanca cuando ella la ocupaba. Ella
decidió cómo dar forma a los interiores de forma minuciosa, y dio
indicaciones precisas al servicio de todos los detalles e incluso de
donde tenían que colocarse las flores frescas.
La piscina de la casa de Jackie Kennedy Onassis en Martha's Vineyard.CHRISTIE'S REAL ESTATE
Jackie se hizo con la finca cuatro años después de la muerte de su
último marido, el magnate griego de las navieras Aristoteles Onassis. Pero ya conocía la zona de su primera matrimonio con el expresidente
Kennedy, cuya familia tenía una residencia en Hyannis Port, en las
costas de Massachussets, frente a la isla. "Mi madre se enamoró de
Martha's Vineyard", explica Caroline Kennedy en ese vídeo. "Le encantaba explorar el cabo, navegar por Nantucket con mi padre y
participar de las actividades familiares de Hyannis Port. Pero cuando mi
hermano y yo crecimos, quería un sitio para ella misma". Fue entonces
cuando decidió hacerse con el lugar, de 1,2 kilómetros cuadrados, dos estanques y dunas que llevaban hasta la playa. Como cuenta Caroline, a su madre "le encantaban las paredes de piedra
vieja, la garza azul que vivía en el estanque de las dunas, colocar
cestas para langostas en Menemsha Pond, las leyendas del lugar,
construir una casa en el árbol para sus nietos". Pero ella misma
confiesa: "Ahora esos nietos ya han crecido y ha llegado el momento de
seguir el ejemplo de mi madre y crear nuestros propios mundos. Esperamos
que otra familia atesore este lugar como lo hemos hecho nosotros. Todavía es el lugar más bello de la tierra". De ahí que, ya en 2005,
reorganizaran la propiedad y, en 2013, decidieran ceder parte del
terreno a una sociedad de conservación de la isla. Y por eso ahora han
decidido sacar la casa a la venta a través de la casa Christie's. Vista de Red Gate Farm, la casa de Jackie Kennedy Onassis.CHRISTIE'S REAL ESTATE Las playas de Massachussets y la propia Martha's Vineyard tienen un
sabor agridulce para los Kennedy. Frente a las costas de esa pequeña
isla del estado de Massachussets murieron John John Kennedy —el hijo de
JFK y Jackie— en julio de 1999,
tras sufrir un accidente con una avioneta en la que pilotaba él y en la
que viaja con su esposa Carolyn Bessette y su Lauren. De ahí que, como
afirme Caroline Kennedy, "nuestra familia siempre volverá a Martha's Vineyard, pero es momento de descubrir nuevos puertos".
Según el citado diario, las autoridades de Dubái habrían solicitado, a
través de canales privados, la intervención en esta disputa del
Gobierno de Theresa May, para que Haya volviera a los Emiratos Árabes
Unidos (EAU, federación a la que pertenece Dubai). El ministerio de
Exteriores británico ha calificado el caso como un asunto privado sobre
el que no ha querido pronunciarse. La embajada de los EAU en Londres ha negado haber participado en
ningún tipo de conversación oficial relacionada con la presunta
presencia de la princesa en el Reino Unido. "El Gobierno de los EAU no
tiene intención de hacer comentario alguno sobre asuntos relativos a la
vida privada de particulares. Respecto a la posibilidad de que
hubiéramos elevado este asunto a las autoridades alemanas o británicas,
la respuesta es no", ha dicho un portavoz de la embajada.
La aparente huida de la princesa Haya se conoció después de
que se notara su ausencia, la semana pasada, en las carreras de Ascot,
donde su marido y ella son habituales desde 2004.
Educada en colegios
privados del Reino Unido y en la Universidad de Oxford, donde se graduó
en Políticas, Filosofía y Económicas, es una amazona conocida en los
circuitos ecuestres, formó parte del Comité Olímpico Internacional y ha
sido embajadora de buena voluntad para el Programa Mundial de Alimentos
de Naciones Unidas.
Las primeras informaciones apuntaban a la posibilidad de que Haya
hubiera volado directamente a Alemania, donde residió cuando era
soltera, y que habría solicitado asilo en ese país. Radhia Stirling,
directora de la ONG Detained in Dubai (Retenidas en Dubái) fue la
primera en hacer pública esta versión. "Ya sabemos que la princesa Latifa, la hija del emir de Dubái, huyó de los EAU
en busca de asilo y acusó a su padre de abusos innombrables. Ahora, al
parecer, la princesa Haya, esposa de Mohamed Bind Rashid Al-Maktoum,
también habría huido del país y solicitado refugio en Alemania", ha
dicho. La huida de Haya se produce nueve meses después de la rocambolesca
huida de la princesa Latifa Bint Mohamed, una de las hijas del emir de
Dubái, el pasado marzo. La mujer tenía entonces 33 años y denunció en un
vídeo que se escapaba de su casa y de su país porque no tenía libertad
para moverse y porque ella y alguna de sus hermanas habían sido víctimas
de malos tratos. Su barco fue interceptado cuando se hallaba en aguas
internacionales, cerca de India, y Latifa fue devuelta a su domicilio. La princesa Haya posee una casa valorada en 95 millones de euros en
Londres, cerca del Palacio de Kensington. Conoció a su esposo en Jerez
de la Frontera durante los Juegos Ecuestres mundiales, en 2002. Se
casaron dos años más tarde, unidos sobre todo por su pasión compartida
por los caballos. De hecho, cuando su cuadra se vio envuelta en un
escándalo hace unos años, Mohamed le encargó la investigación a su mujer.
Se lamentaba Juan José Millás el otro día en una hermosa columna
de que escribimos mucho sobre tele pero casi nada sobre radio, “porque
la radio es metafísica allá donde solo interesa la física”. Otra
explicación menos elegante tiene que ver con el pudor: la tele es
pública, pero la radio es privada. Por eso es más fácil escribir en los
periódicos sobre la primera.
Cuando
escribo sobre la tele me llevo la escritura a cualquier terreno e hilar
un discurso sobre la actualidad que puede debatirse con esa distancia
con la que se manejan los asuntos públicos. Esos que, en el fondo, no van con nosotros, sino con abstracciones
lejanas como el gobierno, el país o el fin del mundo. Cuando escribo
sobre la radio, en cambio, siento que escribo sobre mí, y creo que muy
poca gente es capaz de escribir sobre la radio sin desnudarse un poco,
porque los locutores no son para nosotros tribunos ni figuras públicas,
sino voces de las que nos enamoramos y con las que mantenemos relaciones
a veces tórridas, complicadas y vergonzosas.
Por eso no entiendo que, acomplejada por la televisión, la radio
renuncie a ese superpoder de electrificar la intimidad del oyente. Los
estudios, que antes eran covachas con una mesa, unos micros y unos
individuos pálidos que exprimían sin apenas recursos todas las
posibilidades expresivas de sus aparatos fonadores, se han convertido en
platós con cámaras y escenografías luminosas y pirotécnicas que
propician un ambiente mucho más dado a la predicación que a la
confidencia, y si algo me han enseñado mis maestros, los que me han
dejado boicotearles los guiones en directo y hacer todo tipo de
gamberradas -Toni Garrido, Juan Carlos Ortega y Carlos Alsina-, es que
la radio vive en ese segundo registro, que no se deja teorizar ni
comprender del todo. El que solo se escucha.
El
director manifestó su intención de filmar la novela, obra cumbre de
Vargas Llosa.
“Existía para nosotros un realismo mágico reconocible en
su cine”, recuerda el Nobel
Un fotograma de la película de Luis Buñuel 'Los olvidados' (1950). En vídeo, tráiler de la película.
Cuando Mario Vargas Llosa comenzó a tientas La ciudad y los perros
en una mesa solitaria del bar El Jute, lo hizo consciente de que
necesitaba una estructura marcada por su fe en Sartre, su admiración
hacia Faulkner y una disciplina flaubertiana. Así lo explicó en su
prólogo de 1997 a lo que considera la edición definitiva de una de las
obras cumbre del premio Nobel. Pero de lo que quizás no fue tan
consciente en aquella taberna madrileña cercana al parque del Retiro era
de que también echaría mano de la influencia de Luis Buñuel para
construir atmósferas y personajes. El cineasta, en cambio, sí debió reconocer algún aliento propio al
leerla. Y con el tiempo, Vargas Llosa también: “Es posible”, admitía en
una entrevista publicada en la revista francesa Positif en 1989. “Se trata de una película que me ha gustado enormemente. Los universos son muy semejantes. El Jaibo, personaje de Los olvidados,
bien podría haber sido El Jaguar de mi novela”. El cruce entre director
y escritor habría llegado a más de haber prosperado el deseo del
primero adaptar al cine La ciudad y los perros. Durante algún tiempo fue
su intención y así se lo confiaron Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco al autor hispano-peruano, según explica Vargas Llosa a EL PAÍS. Escritor y cineasta se conocieron, fugazmente, en París. “Solo lo vi
una vez en mi vida”, asegura el nobel. “Acompañé a quien era mi jefe
entonces en Radio Francia Internacional, Jean Camp, a un hotel donde
Buñuel siempre se hospedaba, cerca de Montparnasse. Debía ser el año
1964 o 1965. Recuerdo que se estaba despidiendo de forma muy efusiva de
Rafael Alberti. Él conocía a Jean, era hijo de un hispanista”. También
recuerda que Buñuel se mostró muy amable. “No vi en ningún momento a
aquel artista que rompía sistemáticamente las convenciones y las normas,
se mostró muy cariñoso con nosotros. Me impresionó su cordialidad”,
añade Vargas Llosa en conversación telefónica. “Contó anécdotas muy
divertidas, como que en sus películas procuraba meter a algún personaje
que decía estar dispuesto a ceder en cualquier cosa menos en una. Y esa
una representaba todo”. La ciudad y los perros había sido publicada por Seix Barral
en 1963 y había recibido el premio Biblioteca Breve en Barcelona un año
antes. Aunque don Luis entonces no dio señales de haberla leído. “No me
comentó nada”, afirma el autor. “Pero años después, Carlos Fuentes me
dijo que quería llevarla al cine”. De nuevo, el escritor mexicano
establecía un puente del maestro con autores del boom literario latinoamericano. Se lo reveló en una carta que data de 1964 y está en su archivo de Princeton, tal como indica Xavi Ayén en su libro Aquellos años del boom: “Buñuel está enloquecido con La ciudad y los perros, aunque para
llevarla al cine le ve problemas de censura casi insuperables”. Ese aprecio era un viaje de ida y vuelta: “Todos éramos grandes
admiradores de su cine”, dice Vargas Llosa. “En mi caso, sobre todo de
la época mexicana. Lo que filmaba en muchos casos durante aquel periodo
eran melodramas, pero siempre se las arreglaba para meter en ellos algo
inusitado, fantástico con lo que los hacía trascender y los convertía en
obras de arte. Existía para nosotros un realismo mágico reconocible en
Buñuel, sin duda, que deja huella en nuestras novelas. Es un nexo
fantástico y poco explorado”, añade. Javier Herrera, experto
en el trabajo del cineasta, sí lo ha estudiado. No tanto con Vargas
Llosa, sino con otros autores que Buñuel quiso adaptar.
“La principal
referencia viene casi siempre a través de Carlos Fuentes”, explica
Herrera.
Fueron grandes amigos y lo estudió a fondo, de lo cual da
prueba en libros de memorias como Diana o la cazadora solitaria y en obras recuperadas recientemente como La balsa de la medusa, estudio monográfico de Fuentes sobre su cine, descubierto por Herrera y publicado en la Colección Obra Fundamental de la Fundación Banco Santander en 2018..
Algunas frustraciones
A través de Fuentes, el director muestra interés por rodar obras de
Julio Cortázar y José Donoso. La atracción era mutua. Buñuel fue siempre
un cineasta puro, inventor de vías absolutamente nuevas. Pero para eso
bebía tanto de la literatura como de la pintura y, sobre todo, de su
propio mundo interior, plagado de fantasmas y señales del inconsciente. Su surrealismo sembrado en la vanguardia europea conectó con el mundo
que en la segunda parte del siglo XX espoleó a los autores
latinoamericanos del boom y se dio en llamar realismo mágico. Pero fue un interés plagado de frustraciones. Cuando García Márquez no se había consagrado por el éxito de Cien años de soledad
y aún se buscaba la vida como articulista y guionista de cine en
México, soñó con verse adaptado por el maestro y le entregó un guion
titulado Es tan fácil que hasta los hombres pueden. Buñuel apenas le prestó atención. Sí mostró más interés, en cambio, por Aura, de Fuentes o por Las ménades, cuento de Cortázar publicado en el volumen Final de juego. Para el autor argentino, aquello fue un chute de moral: “Nunca creí que
tendría la suerte de poder escribirle personalmente para decirle lo que
su cine ha significado para los argentinos de mi generación que alguna
vez se acercaron en su juventud a la maravilla pura de La edad de oro y
sintieron que no todo estaba perdido mientras hubiera poetas como usted,
rebeldes como usted”, le escribe Cortázar en una carta que está en el
legado de la Filmoteca Española y Herrera ha rescatado junto a otros
documentos en su libro Buñuel y su archivo: “Por todo eso, usted es una
de las pocas razones por la que estoy contento de haber vivido en este
tiempo. Se lo digo así, sin vueltas, porque sé que usted me va a
comprender”. También Donoso anduvo en tratos por La ciudad sin límites,
novela que finalmente llevaría al cine Arturo Ripstein, como homenaje a
la primera intención de su maestro. Todo ello representa las pruebas
documentales de un parentesco artístico cuya riqueza abarca mundos en
apariencia alejados, pero ciertamente cercanos.
La obsesión por Juan Rulfo
Entre las pruebas que marcan la relación de Luis Buñuel con el Boom
latinoamericano no sólo hay evidencia de las directas, también de las
fronterizas.
A la lista de Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Julio
Cortázar, José Donoso y Mario Vargas Llosa, puros representantes del
movimiento literario, se une otra de sus influencias más marcadas: Juan
Rulfo.
Según Javier Herrera, estudioso de Buñuel, el maestro valoró
meterse en su obra Pedro Páramo.
“Existe en su archivo un
ejemplar acotado y subrayado como para sacar de él un guion”, asegura
Herrera. Nada más conectado al mundo del cineasta que el rumor de los
muertos que tiñe todo el libro del autor mexicano.
Una obra reconocida
por García Márquez como inspiración determinante en sus atmósferas y
escrituras.
El misterio callado de la literatura de Rulfo se
multiplicaba con la rica imaginería que exploró también como fotógrafo.
Sólo pensar en la fuerza que Buñuel hubiese impreso a ese universo con
imágenes en movimiento multiplica las frustraciones. No sólo de ambos
creadores, sobre todo de quienes podíamos haber disfrutado de ellas como
espectadores.