El campus,
tras la petición de un familiar, elimina de dos artículos digitales el
nombre del alférez que participó en el consejo de guerra que condenó a
muerte al poeta.
Reproducción
del retrato que Buero Vallejo hizo a Miguel Hernández, en un mural en
Orihuela (Alicante) en memoria del poeta. En vídeo, Hernández recita la
'Canción del esposo soldado'.PEPE OLIVARES / VIDEO: EPV
En una decisión inédita y que podría trastocar el ejercicio en España de la profesión de historiador, la Universidad de Alicante (UA)
ha accedido a la petición del hijo de un alférez del Ejército
franquista que ejerció de secretario judicial en uno de los consejos
militares que condenaron a muerte a Miguel Hernández. El familiar de Antonio Luis Baena Tocón solicitó a la UA que “se
proceda a acordar la eliminación de los datos personales” de su padre,
que aparecen en varios artículos de Internet escritos por Juan Antonio
Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española de esa misma
institución.
Reproducción
del retrato que Buero Vallejo hizo a Miguel Hernández, en un mural en
Orihuela (Alicante) en memoria del poeta. En vídeo, Hernández recita la
'Canción del esposo soldado'.PEPE OLIVARES / VIDEO: EPV
En una decisión inédita y que podría trastocar el ejercicio en España de la profesión de historiador, la Universidad de Alicante (UA)
ha accedido a la petición del hijo de un alférez del Ejército
franquista que ejerció de secretario judicial en uno de los consejos
militares que condenaron a muerte a Miguel Hernández. El familiar de Antonio Luis Baena Tocón solicitó a la UA que “se
proceda a acordar la eliminación de los datos personales” de su padre,
que aparecen en varios artículos de Internet escritos por Juan Antonio
Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española de esa misma
institución. Amparándose en la ley de protección de datos personales y del reglamento europeo,
el solicitante anuncia una reclamación a la Agencia Española de
Protección de Datos y el inicio de un procedimiento judicial en caso
contrario. La UA ha estimado la petición y ha eliminado (desindexado) el nombre
completo de Baena Tocón, que participó en uno de los consejos de guerra
que acabaron condenando al poeta —la pena fue conmutada posteriormente
por 30 años de cárcel—, que, sin embargo, murió dos años después, a los
31, de tuberculosis en el reformatorio para adultos de Alicante en 1942. El hijo de Baena Tocón explicó anoche por correo electrónico a este
diario las razones que le han llevado a la reclamación: “He constatado
falsedades respecto a cómo era su forma de ser y actuar, de cómo fue su
vida... Lo presentan como verdugo y fue una víctima más”. La UA deja solo las iniciales en uno de los textos alojados
en su web. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, también vinculada
al centro, ha hecho lo mismo con otro de los artículos de Ríos
Carratalá, experto en memoria histórica y autor de varios libros, entre
ellos, Nos vemos en Chicote. Imágenes del cinismo y el silencio en la cultura franquista (Renacimiento), en el que habla de Baena, entre otros personajes. La resolución argumenta lo siguiente: “Una vez realizada la
ponderación considerando la licitud de la investigación científica, el
interés de la publicación difundida, y en la medida que Antonio Luis
Baena Tocón no alcanza la consideración de figura pública [sic], se
interpreta que debe garantizarse la protección de supresión y el derecho
al olvido digital del afectado”. La resolución está firmada por el
gerente de la UA, Rafael Pla.
Decisión cautelar
La institución incidió este lunes en que se trata de una decisión
cautelar y provisional, adoptada a partir del informe de la delegación
de Protección de Datos y que una comisión tomará una determinación
definitiva. Desde que el pasado viernes se dio a conocer esta resolución son
numerosos los estudiosos de Literatura e Historia que han manifestado en
redes sociales sus dudas y su temor ante una decisión que abre un
debate sobre los límites de la investigación y de la libertad de
expresión. Ríos Carratalá, sin embargo, declinó este lunes manifestarse y
trasladó las explicaciones a su abogado. Sí se explica el catedrático
en un escrito incorporado a la resolución de la UA. Allí argumenta que,
como catedrático e investigador, “analiza la participación de quienes
formaron parte de aquellos tribunales” y señala que los datos aportados
no afectan a la vida privada del afectado y son relevantes “para conocer
las actividades del Juzgado Especial de Prensa durante el periodo
1939-1943”.
Intervención de Miguel Hernández en la emisora del 5º Regimiento, el 4 de diciembre de 1936.Familia de Miguel Hernández
El catedrático añade que “la información expuesta fue facilitada por
los archivos militares de Madrid y Segovia” y que “no fueron utilizados
ninguno de los datos relativos a la vida privada y a la intimidad que no
resultan relevantes para la información pública o la investigación
histórica”. E incide en que “provisionalmente y hasta la resolución de
este procedimiento” él mismo ha utilizado las iniciales del afectado, si
bien subraya que los datos de “D. Antonio Luis Baena Tocón facilitados
en los artículos son conocidos públicamente desde 1990, cuando el
afectado estaba vivo, gracias a distintas publicaciones académicas que
nunca fueron objeto de reclamaciones o querellas”.
Son numerosos los documentos que aparecen en Internet cuando se
teclea en un buscador el nombre del que fuera secretario judicial e
interventor del Ayuntamiento de Córdoba nombrado en 1966, como se
informa en una publicación de la época. En uno de ellos, Ríos Carratalá
escribe: “(...) el alférez Baena Tocón, que tanto podría haber contado a
los especialistas en la biografía de Miguel Hernández, realizaba
durante la posguerra una labor esencial a las órdenes del juez
instructor: el expurgo, vaciado y/o desaparición de los fondos de la
prensa republicana depositados en la Hemeroteca Municipal de Madrid. Su
objetivo era la búsqueda de ‘delitos’, que agravaba con comentarios
cuyas consecuencias podían ser una condena a muerte”. Ríos Carratalá
remitió sus declaraciones a su abogado, José Luis Romero. Este explicó:
“De momento, se sigue la vía administrativa y se ha presentado un
recurso de alzada al rector. En función de su respuesta, decidiremos si
vamos al contencioso-administrativo”. El letrado considera que “por
encima de todo, hay una lesión al derecho fundamental de libertad de
expresión en términos de la investigación histórica”. Considera que si
había un tribunal en un juicio sumarísimo, el secretario judicial es una
figura pública y, por tanto, figura con nombres y apellidos, como
sucede ahora con los letrados de la administración de justicia (antiguos
secretarios judiciales).
Dos reputados historiadores como Isabel Burdiel y José Álvarez Junco
se muestran muy cautos porque no conocen el caso. Álvarez Junco no ve
clara la argumentación de la UA relativa a que el afectado no alcanzó
“la consideración de figura pública”. “Eso no es problema. Es una
cuestión más jurídica, aunque puede atentar contra el derecho a la
libertad de expresión. Y en caso de duda, yo apuesto por la libertad de
expresión. Era una causa pública y como militar puede que al afectado le
obligaran a ser secretario judicial... En fin, de ser así no podríamos
hablar de nombres ni ejecuciones; siempre habrá un nieto que entiende
que no se le puede mencionar. En principio, me parece un poco
escandaloso”. Burdiel, por su parte, sostiene que “las dos partes pueden tener
razón. Como decía Isaiah Berlin, son verdades opuestas que son verdad”.
“Habría que ceñirse a lo que diga un juez”, añade, al tiempo que señala
que la problemática atañe más a los historiadores del siglo XX que a los
del XIX, como ella.
“Mi padre, como todo el mundo, tuvo sus fallos y sus virtudes”
José F. Baena, hijo del que fuera secretario judicial en el juicio a
Miguel Hernández, contestó este lunes por la noche por correo
electrónico a las preguntas de este periódico. El motivo que le ha
llevado a demandar el derecho de supresión de datos es que su padre,
“como todo el mundo, tuvo sus fallos y sus virtudes”, pero ha visto
“reescrita” su vida. “Lo presentan como verdugo y fue una víctima más. Para colmo, víctima del bando republicano (a pesar de que fue donde tuvo
más amigos) y víctima del bando nacional...”, señala. “Me vi desbordado
por las publicaciones y lo puse en manos de mi abogado. Estoy
descubriendo muchos aspectos que mi padre nunca dio a conocer”, y añade: “Ahora lo valoro mucho más, estoy convencido de que merece que alguien
enderece los renglones que alguien se ha empeñado en torcer...” Preguntado por qué no había actuado con anterioridad, José F. Baena
que se define como un hombre corriente que no es investigador ni
político, asegura que no tenía “constancia de las publicaciones y sus
difusiones hasta muy recientemente, solo unos pocos meses”. “De alguna
de esas publicaciones o difusiones he tenido constancia tan solo hace
unos días, cuando una hija me enseña lo que dicen de su abuelo (a quien
conoció muy bien) por Internet o cuando algún amigo cordobés me comenta
lo que alguien que tiene mucho que callar, dijo en la prensa cordobesa
sobre él”, comenta. José F. Baena señala que ha esperado algunos meses para investigar
por todo tipo de archivos y en diferentes ciudades. “En mi casa no se
habló jamás de la guerra. En mi familia hicieron daño los dos bandos
enfrentados y ahora, uno de ellos, está haciendo su panfletario político
a costa de...”, explica el hijo de Antonio Luis Baena Tocón, que murió
en 1998 sin enterarse de lo que se contaba sobre él. El catedrático de Literatura Juan Antonio Ríos Carratalá defiende en
su escrito a la Universidad de Alicante que ha solicitado “en reiteradas
ocasiones” a José F. Baena que concretara los datos personales de su
padre insertos en los enlaces de Internet”.
Susanna Griso ha protagonizado este martes un momento insólito en el programa que presenta en Antena 3, Espejo Público. La periodista ha abandonado el espacio en plena emisión y se ha montado en un coche para ir a donar sangre. Griso cumplía así con el reto que le propuso Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, que inició una cadena para aumentar las donaciones. La
periodista ha explicado que el dirigente ‘popular’ inició los retos en
una campaña de verano, cuando aumentan los accidentes de tráfico y los
hospitales se quedan sin reservas de sangre. “Juanma Moreno nos retó a Antonio de la Torre y a una servidora y yo
empiezo a retar a dos personas más”, ha explicado Griso, que ha mostrado
a las cámaras cómo donaba. Griso retó a su compañera Sandra Golpe, presentadora de las noticias de Antena 3,
que de inmediato aceptó el desafío. “Ahí estamos, Susanna, recogiendo
el guante. Me ha pillado de sorpresa totalmente. No me imaginaba, ni de
lejos, que me fuera a decir eso. Si tú me dices ven, por supuesto que lo
haré”, respondió la periodista.
Griso también retó a Manu Sánchez, presentador de los deportes de Antena 3, que
aceptó la propuesta. “Yo también os quiero. No sabéis lo que habéis
hecho, tengo tensión de bata blanca. Estoy viendo a Susanna y ya me
estoy poniendo malo. A pesar de todo, acepto el reto”, dijo. Pueden donar de sangre las personas entre 18 y 65 años
que pesen más de 50 kilos y gocen de buena salud. Antes de donar, un
médico le examinará para determinar si puede hacerlo. De este modo,
donar no implica riesgo para su salud. En este proceso está incluido un
pequeño análisis de sangre para descartar una posible anemia. Una
donación de sangre dura 15 minutos; 15 minutos que pueden salvar una
vida. Tras donar sangre, Griso ha vuelto al plató y ha continuado presentando Espejo Público con normalidad.
El caso Alcàsser sigue
siendo, treinta años después, un asunto de estado con enorme importancia
política, pero no porque, como se señalara en su día y sin pruebas,
detrás del crimen estuviesen figuras públicas relevantes, sino porque su
tratamiento informativo fue un acontecimiento enormemente trascendente
para todo el país, pero sobre todo para las mujeres.
En este volumen,
Barjola defiende que el tratamiento informativo que se da a noticias
como la del asesinato de Toñi, Miriam y Desirée es, fundamentalmente,
una narrativa construida como “un aviso aleccionador que castiga de forma cruda la conducta femenina”.
Esta clase de “avisos aleccionadores” no son
excepcionales.
Barjola cuenta que se repiten periódicamente y suelen
presentarse en épocas en las que los derechos femeninos gozan de
especial buena salud.
La autora defiende que, por ejemplo, el relato de
aquel desalmado apodado Jack el Destripador responde a esta finalidad
“divulgativa”.
El Londres de finales de siglo fue un momento histórico
en que las mujeres de clase media comenzaron a hablar públicamente sobre
el peligro sexual y la pasión, un acto, sin duda, transgresor para una
sociedad caracterizada por el decoro, las buenas costumbres y la
represión sexual.
Jack el Destripador, cuya identidad nunca se llegó a
conocer, solo asesinaba a prostitutas y eso contenía un claro mensaje
simbólico: morir estranguladas era lo que podría ocurrir a las mujeres
si trasgredían las normas.
Esto no lo dice solo Barjola.
Antes lo afirmó
la historiadora Judith Walkowitz, quien estudió el caso en profundidad
en La Ciudad de las Pasiones Terribles.
El aviso aleccionador de Alcàsser llegó, según esta investigadora, en un momento en el que las
españolas habían conseguido, tras casi dos décadas de democracia,
conquistar el espacio laboral, acceder al aborto y al divorcio,
disfrutar de una nueva libertad sexual y hacer escuchar sus opiniones.
El caso de Miriam, Toñi y Desirée convirtió el autostop en una metáfora
represora: tomar el espacio publico, moverse y traspasar la frontera de
la noche, trasladarse de un lugar a otro con la misma libertad que los
hombres es una licencia que tiene sus consecuencias.
La narrativa del terror sexual: la historia interminable
Pero con Alcàsser no se acabó la narrativa del
terror sexual en España, por supuesto.
La periodista Noemí López
Trujillo hacía recuento el año pasado en un artículo titulado Una caperucita en cada generación:
“Tras el caso de las niñas de Alcàsser en 1992, está el de Rocío
Wanninkhof que sale de noche para ir a la feria y desaparece en 1999.
Tenía 19 años y su crimen acaba relacionado con el de Sonia Carabantes,
una joven de 17 años que desaparece en 2003 cuando regresaba a casa de
noche.
Ese año, Sandra Palo, de 22 años, desaparece también cuando
volvía a casa tras salir a tomar algo.
En enero de 2009, Marta del
Castillo, de 17 años, salió a dar una vuelta y nunca más regresó.
En
agosto de 2016, Diana Quer, de 18 años, desaparece cuando volvía a su
domicilio tras salir de fiesta.
En diciembre de 2018, Laura Luelmo, de
26 años, desaparece al ir a correr como hacía habitualmente”.
Alcàsser no es un hecho aislado. Y sin embargo, treinta años después, se sigue tratando como un “suceso”.
¿Cuál es la diferencia entre un suceso y una noticia? Las
noticias se pueden clasificar bajo alguna de las secciones que forman
parte de un medio de comunicación –internacional, nacional, política,
economía, deportes– porque la información que contienen forma parte de
un sistema ordenado.
El suceso, sin embargo, se considera un hecho
casual en el que las pulsiones más bajas del ser humano generan una
tragedia para la que no existe otra explicación que la sinrazón.
Hablar
de sinrazón y no de violencia de género es “la forma de desactivar el
problema políticamente.
La manera de no ponerle la etiqueta terrorismo
patriarcal”, asegura Barjola.
De esa manera, la violencia machista, como problema de Estado, no aparece por ninguna parte.
“Me niego a seguir nombrando las desapariciones
sistemáticas de mujeres como algo meramente definitorio o descriptivo.
La ecuación es muy simple: las mujeres no desaparecen, son obligadas a desaparecer.
Hay que resignificar el crimen sexual de Alcàsser y debemos hablar de
una desaparición forzada.
El término desaparición forzada es un concepto
jurídico que viene siendo utilizado para designar las atrocidades
cometidas en regímenes autoritarios.
A mi entender es un término
perfectamente extrapolable para definir los secuestros, asesinatos y
torturas que sistemáticamente sufren las mujeres”, dice la autora.
Treinta años después de Alcàsser existe un consenso
generalizado en torno a que el tratamiento mediático del caso fue
vergonzoso.
El acercamiento morboso a los hechos, la publicación de toda
clase de detalles escabrosos contenidos en las autopsias, la permanente
insinuación de que “si hubiesen tomado más precauciones” las chicas
podrían haber corrido otra suerte y la terrible exposición de los
miembros de la familia de las víctimas al escrutinio público causan
estupor vistos con perspectiva.
Alcàsser se contó mal porque las víctimas, una vez más, eran
analizadas hasta la saciedad como posibles “responsables” de su propia
desgracia: desde cómo iban vestidas hasta quién era la más guapa de las tres fueron hechos relevantes
para los medios de aquella época . Las famosas intervenciones de Nieves
Herrero y los desmanes del programa de Pepe Navarro están presentes de
forma constante en el libro de Barjola, pero el ejemplo extremo de la
retórica del “castigo” se materializa en un párrafo del libro que
Fernando Martínez Láinez escribió sobre el caso en 1993: “Ellas pudieron
haber caminado un poco más, les faltaba poco para llegar a la discoteca
y sin embargo por no seguir andando otros diez minutos eligieron
ponerse en manos de la suerte. Es una tendencia de las víctimas al
mínimo esfuerzo (acortar por un descampado, fiarse de un desconocido,
hacer autoestop, menospreciar la nocturnidad) es lo que favorece la
acción de los asesinos”.
Los medios de comunicación de línea editorial más progresista y las
cadenas públicas han incorporado en los últimos tiempos protocolos para
el correcto tratamiento de estas informaciones. Por ejemplo, las
directrices para los profesionales de RTVE a este respecto son las
siguientes: 1. Evitar modelos de mujer que lesionen su dignidad; 2.
Respetar la identidad y el dolor de la víctima; 3. Identificar al
agresor; 4. No confundir el morbo e interés social; 5. Extremar la
precaución en el uso de fuentes y datos; 6. Vigilar el uso de
testimonios cercanos al agresor o a la víctima; 8. Controlar el uso de
adjetivos y de tópicos; 9. Evitar el efecto narcotizante; 10. Dar información útil para las víctimas.
Por qué la pregunta más importante sobre el Caso Alcàsser nunca se ha llegado a contestar
Hablar hasta la saciedad
de los hechos escabrosos impide pensar el verdadero problema de fondo.
La estudiosa vasca Nerea Barjola da con claves que nadie más ha
analizado.
Pero, ¿realmente se tratan mejor ahora este tipo de
noticias en los medios? “Ha habido un avance en la idea de que existe un
machismo estructural, pero el esquema de Alcàsser se reproduce
constantemente.
Muchos medios de comunicación siguen construyendo el
relato poniendo la responsabilidad sobre las mujeres”.
Hace solo unos
meses un medio de prestigio titulaba así un caso de violencia de género:
La asesinada en Vinaròs fue descuartizada y enterrada por vestir ropa demasiado corta.
Una semanas después su novio confesó ser el autor del crimen.
Barjola recuerda este otro titular reciente:
Una mujer pierde una oreja en una salvaje agresión sexual en la Rambla.
No la perdió: se la cortó un hombre que la había violado.
Por otro lado, la autora critica que los asesinatos de
mujeres aparecen muchas veces en los medios dentro de categorías
frívolas o que carecen de relevancia política.
“Si no se etiqueta como violencia machista es porque no se quiere profundizar en la etiqueta”.
El tratamiento informativo de Alcàsser fue determinante
para la educación sentimental y sexual de varias generaciones.
Conmocionó al país. Pero sobre todo, conmocionó a las mujeres. Y para
demostrarlo, entre otras cosas, Nerea Barjola entrevistó a decenas que
rondaban la misma edad de las víctimas cuando el asesinato se convirtió
en un espectáculo mediático. Algunas de las entrevistadas pertenecían al entorno de
Miriam, Toñi y Desirée, aunque la autora haya mezclado estas voces con
el resto de participantes precisamente para no generar morbo.
Las conclusiones tras escuchar sus testimonios son estas:
todas las entrevistadas recuerdan con especial nitidez la brutalidad de
los detalles forenses del Caso Alcàsser.
La mayoría admite que después
de la tragedia empezó a reflexionar sobre su forma de vestir y de estar
en el mundo.
Para casi todas, el caso fue la primera gran narrativa sobre el peligro sexual que recuerdan:
se materializó ante ellas el “hombre malo”, encarnado en Antonio
Anglés, que podía aparecer en cualquier lado en cualquier momento.
La
mayoría cuenta que los espacios que en otro momento habían transitado
con libertad, empezaron a ser zonas potencialmente peligrosas.
Todas
coinciden en que antes del incidente hacer autoestop era una práctica de
lo más habitual y que a partir de aquello empezaron a sentirse
culpables por hacerlo y a cambiar sus conductas.
La mayoría señala que
el crimen reforzó la protección de los progenitores hacia las hijas y se
ahondó, paradójicamente, en el rol de hombre como protector.
Ahora tenían que volver a casa acompañadas de algún chico.
Es decir: la narración de Alcàsser cumplió a la perfección su función aleccionadora.
En Microfísica sexista del poder. El caso Alcasser y la construcción del terror sexual, Nerea Barjola recupera una anécdota protagonizada por la primera ministra de Israel, Golda Meir (que a su vez ella leyó en un artículo de Lucía Argos de 1993), que da algunas pistas sobre qué significa exactamente eso de “resignificar” esta clase de crímenes.
Meir asistió a una reunión de su Gobierno en la que sus
colegas varones proponían un toque de queda a partir de las diez de la
noche, ante el incremento de violaciones que registraba entonces el
país. Pensativa durante algunos minutos,
Golda se les encaró: “Pero,
¿quién viola a quién?”.
“Los hombres a las mujeres”, le respondieron con
naturalidad. Así que ella propuso con naturalidad:
“Pues entonces, que
se decrete toque de queda sólo para los hombres a partir de las diez”.
Reportajes y entrevistas de la hemeroteca de EL PAÍS que amplían claves abordadas en el documental de Netflix.
7
de noviembre de 1996. Fernando García, padre de Míriam, en la casa
donde presuntamente fueron violadas y asesinadas. En vídeo el trailer de
'El caso Alcàsser'.CARLES FRANCESCUna nueva serie documental de Netflix ha reabierto uno de los universos más turbios en la historia reciente de España: El caso Alcàsser, sobre el asesinato de tres chicas valencianas en 1992, examina la obsesión nacional que provocó aquel crimen y la investigación, repleta de giros de guion, que cuestionó casi a diario en prime time. EL PAÍS siguió de cerca los momentos clave de la historia, del hallazgo
de los cadáveres de las niñas en enero 1993 al frenesí que envolvió el
juicio en 1997. Aquí puede leer varios de esos artículos y reportajes
que dan color, voz y detalles a ese universo más allá de lo que se ve en
la serie.
25 años después del homicidio, Jesús Duva, uno de los
periodistas de EL PAÍS que más de cerca siguió lo siguió, recuerda lo
que vio y sintió en aquel pueblo y en los frustrantes años que vendrían
después:
“¡Que los maten!',
rugió una multitud en medio de la noche, mientras las campanas tocaban a
muerto.
'¡Que me los dejen a mí', vociferó un hombre con ganas de
hacerse notar. '¡Les pegaría cinco tiros!', chilló un niño que
aparentaba poco más de ocho años".
La noticia de portada de EL PAÍS del 28 de enero de 1993: "Un
apicultor fue quien dio la voz de alarma. A última hora de la mañana, y
en un lugar de difícil acceso a unos 50 kilómetros de Valencia y 12 de
Tous, observó una mano y un trozo de brazo descarnados que asomaban por
encima de la tierra"
Un retrato de Alcásser en los días de luto oficial por las niñas: "Un
árbol seco'. Con estas palabras describía ayer Encarna, una peluquera
de 34 años casada y con hijos, el estado de ánimo del pueblo. 'Es como
si los colores hubiesen desaparecido. Todo se ve en blanco y negro',
añadió. Una imagen que suscribía desde la puerta de su casa, Amparo, de
47 años: 'Estamos todos enfermos, apenas comemos. La angustia está
acabando con nuestras fuerzas".
El editorial de EL PAÍS del 29 de enero de 1993: "La captura y
puesta a disposición de la justicia de los autores es la respuesta de
una sociedad civilizada a tales atrocidades. La utilización del dolor de
otros niños, compañeros de las víctimas, para convertir el drama en
espectáculo resulta indecente"
En los días siguientes al descubrimiento de las víctimas
enterradas, el pueblo estaba abatido, agotado y, como cuenta este
reportaje, ansioso por ponerle un punto final al trauma. En aquel
momento, aquello solo significaba una cosa . "En Alcàsser, la
aparición de tres cadáveres ha cambiado el sentido de las palabras; por
justicia se entiende venganza, y por sentencia, muerte".
Cuando se supo que Antonio Anglés era el principal sospechoso del crimen, EL PAÍS vistió la casa en la que vivía la familia: "Viven
en un piso sucio y destartalado, lleno de escombros, falto de
mobiliario, con varias literas derrengadas en un salón presidido por una
televisión. La habitación que habitualmente ocupaba el fugitivo Antonio
está compuesta de un camastro maloliente y una mesilla en la que sólo
hay cuatro revistas pornográficas, un libro de la sexóloga Elena Ochoa y
50 recortes de revista con anuncios de lencería femenina"
Habían pasado 20 años del crimen y la pieza fundamental seguía sin resolverse: "Lo
único que esperan la policía y la Guardia Civil es que un día alguien
detenga a este sujeto en cualquier rincón del mundo, que le tome las
huellas y que, al cotejarlas con las de los fichados por Interpol,
descubra que es el peor criminal de la historia reciente de España"
En 2007, diez años después del juicio, EL PAÍS subraya que la televisión no es el único medio obsesionado por el caso Alcàsser. "Si
alguien busca 'Antonio Anglés' en Google le aparecen 1.670.000
referencias. Si busca 'Miguel Ricart', 964.000. La mayoría de ellas no
corresponden a noticias de prensa o similares, sino a elucubraciones
textuales llevadas a cabo por usuarios de la red en las que se defienden
la existencia de conjuras que, ocasionalmente, hasta se enlazan con el
atentado del 11-M"
"¿Cómo pudieron subir hasta la
casa derruida cinco personas -tres de las cuales oponían cierta
resistencia- en un Opel Corsa? El día del hallazgo, sólo los
todoterrenos de la Guardia Civil pudieron acceder al lugar. ¿Por
qué Miguel Ricart- siendo responsable de un crimen tan brutal- apareció
en la casa de Anglés, ya rodeada de guardias civiles, para regalarle
una bolsa de mandarinas y se dejó coger sin resistencia? ¿Cómo Ricart y
Anglés, a las ocho de la tarde de un día de noviembre, pudieron pasar
con tres niñas secuestradas por delante de un cuartel de la Guardia
Civil, la calle más concurrida del pueblo y una discoteca llena de
estudiantes sin ser advertidos?"