Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

18 jun 2019

La Universidad de Alicante borra en Internet el nombre del secretario del juicio contra Miguel Hernández

El campus, tras la petición de un familiar, elimina de dos artículos digitales el nombre del alférez que participó en el consejo de guerra que condenó a muerte al poeta.

 
Reproducción del retrato que Buero Vallejo hizo a Miguel Hernández, en un mural en Orihuela (Alicante) en memoria del poeta. En vídeo, Hernández recita la 'Canción del esposo soldado'.
En una decisión inédita y que podría trastocar el ejercicio en España de la profesión de historiador, la Universidad de Alicante (UA) ha accedido a la petición del hijo de un alférez del Ejército franquista que ejerció de secretario judicial en uno de los consejos militares que condenaron a muerte a Miguel Hernández. 
 El familiar de Antonio Luis Baena Tocón solicitó a la UA que “se proceda a acordar la eliminación de los datos personales” de su padre, que aparecen en varios artículos de Internet escritos por Juan Antonio Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española de esa misma institución.

Reproducción del retrato que Buero Vallejo hizo a Miguel Hernández, en un mural en Orihuela (Alicante) en memoria del poeta. En vídeo, Hernández recita la 'Canción del esposo soldado'.
En una decisión inédita y que podría trastocar el ejercicio en España de la profesión de historiador, la Universidad de Alicante (UA) ha accedido a la petición del hijo de un alférez del Ejército franquista que ejerció de secretario judicial en uno de los consejos militares que condenaron a muerte a Miguel Hernández. 
 El familiar de Antonio Luis Baena Tocón solicitó a la UA que “se proceda a acordar la eliminación de los datos personales” de su padre, que aparecen en varios artículos de Internet escritos por Juan Antonio Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española de esa misma institución.
Amparándose en la ley de protección de datos personales y del reglamento europeo, el solicitante anuncia una reclamación a la Agencia Española de Protección de Datos y el inicio de un procedimiento judicial en caso contrario.
La UA ha estimado la petición y ha eliminado (desindexado) el nombre completo de Baena Tocón, que participó en uno de los consejos de guerra que acabaron condenando al poeta —la pena fue conmutada posteriormente por 30 años de cárcel—, que, sin embargo, murió dos años después, a los 31, de tuberculosis en el reformatorio para adultos de Alicante en 1942.
 El hijo de Baena Tocón explicó anoche por correo electrónico a este diario las razones que le han llevado a la reclamación: “He constatado falsedades respecto a cómo era su forma de ser y actuar, de cómo fue su vida... Lo presentan como verdugo y fue una víctima más”.
La UA deja solo las iniciales en uno de los textos alojados en su web.
 La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, también vinculada al centro, ha hecho lo mismo con otro de los artículos de Ríos Carratalá, experto en memoria histórica y autor de varios libros, entre ellos, Nos vemos en Chicote. Imágenes del cinismo y el silencio en la cultura franquista (Renacimiento), en el que habla de Baena, entre otros personajes.
La resolución argumenta lo siguiente: “Una vez realizada la ponderación considerando la licitud de la investigación científica, el interés de la publicación difundida, y en la medida que Antonio Luis Baena Tocón no alcanza la consideración de figura pública [sic], se interpreta que debe garantizarse la protección de supresión y el derecho al olvido digital del afectado”. 
La resolución está firmada por el gerente de la UA, Rafael Pla.

Decisión cautelar

La institución incidió este lunes en que se trata de una decisión cautelar y provisional, adoptada a partir del informe de la delegación de Protección de Datos y que una comisión tomará una determinación definitiva.
Desde que el pasado viernes se dio a conocer esta resolución son numerosos los estudiosos de Literatura e Historia que han manifestado en redes sociales sus dudas y su temor ante una decisión que abre un debate sobre los límites de la investigación y de la libertad de expresión. 
Ríos Carratalá, sin embargo, declinó este lunes manifestarse y trasladó las explicaciones a su abogado.
 Sí se explica el catedrático en un escrito incorporado a la resolución de la UA.
 Allí argumenta que, como catedrático e investigador, “analiza la participación de quienes formaron parte de aquellos tribunales” y señala que los datos aportados no afectan a la vida privada del afectado y son relevantes “para conocer las actividades del Juzgado Especial de Prensa durante el periodo 1939-1943”.

Intervención de Miguel Hernández en la emisora del 5º Regimiento, el 4 de diciembre de 1936.
Intervención de Miguel Hernández en la emisora del 5º Regimiento, el 4 de diciembre de 1936.
El catedrático añade que “la información expuesta fue facilitada por los archivos militares de Madrid y Segovia” y que “no fueron utilizados ninguno de los datos relativos a la vida privada y a la intimidad que no resultan relevantes para la información pública o la investigación histórica”.
 E incide en que “provisionalmente y hasta la resolución de este procedimiento” él mismo ha utilizado las iniciales del afectado, si bien subraya que los datos de “D. Antonio Luis Baena Tocón facilitados en los artículos son conocidos públicamente desde 1990, cuando el afectado estaba vivo, gracias a distintas publicaciones académicas que nunca fueron objeto de reclamaciones o querellas”.

Son numerosos los documentos que aparecen en Internet cuando se teclea en un buscador el nombre del que fuera secretario judicial e interventor del Ayuntamiento de Córdoba nombrado en 1966, como se informa en una publicación de la época.
 En uno de ellos, Ríos Carratalá escribe: “(...) el alférez Baena Tocón, que tanto podría haber contado a los especialistas en la biografía de Miguel Hernández, realizaba durante la posguerra una labor esencial a las órdenes del juez instructor: el expurgo, vaciado y/o desaparición de los fondos de la prensa republicana depositados en la Hemeroteca Municipal de Madrid.
 Su objetivo era la búsqueda de ‘delitos’, que agravaba con comentarios cuyas consecuencias podían ser una condena a muerte”.
Ríos Carratalá remitió sus declaraciones a su abogado, José Luis Romero.
 Este explicó: “De momento, se sigue la vía administrativa y se ha presentado un recurso de alzada al rector.
 En función de su respuesta, decidiremos si vamos al contencioso-administrativo”.
 El letrado considera que “por encima de todo, hay una lesión al derecho fundamental de libertad de expresión en términos de la investigación histórica”.
 Considera que si había un tribunal en un juicio sumarísimo, el secretario judicial es una figura pública y, por tanto, figura con nombres y apellidos, como sucede ahora con los letrados de la administración de justicia (antiguos secretarios judiciales).

Dos reputados historiadores como Isabel Burdiel y José Álvarez Junco se muestran muy cautos porque no conocen el caso. 
Álvarez Junco no ve clara la argumentación de la UA relativa a que el afectado no alcanzó “la consideración de figura pública”. “Eso no es problema.
 Es una cuestión más jurídica, aunque puede atentar contra el derecho a la libertad de expresión. 
Y en caso de duda, yo apuesto por la libertad de expresión.
 Era una causa pública y como militar puede que al afectado le obligaran a ser secretario judicial... 
En fin, de ser así no podríamos hablar de nombres ni ejecuciones; siempre habrá un nieto que entiende que no se le puede mencionar. En principio, me parece un poco escandaloso”.
Burdiel, por su parte, sostiene que “las dos partes pueden tener razón.
 Como decía Isaiah Berlin, son verdades opuestas que son verdad”. “Habría que ceñirse a lo que diga un juez”, añade, al tiempo que señala que la problemática atañe más a los historiadores del siglo XX que a los del XIX, como ella.

“Mi padre, como todo el mundo, tuvo sus fallos y sus virtudes”

José F. Baena, hijo del que fuera secretario judicial en el juicio a Miguel Hernández, contestó este lunes por la noche por correo electrónico a las preguntas de este periódico.
 El motivo que le ha llevado a demandar el derecho de supresión de datos es que su padre, “como todo el mundo, tuvo sus fallos y sus virtudes”, pero ha visto “reescrita” su vida. 
“Lo presentan como verdugo y fue una víctima más.
 Para colmo, víctima del bando republicano (a pesar de que fue donde tuvo más amigos) y víctima del bando nacional...”, señala. “Me vi desbordado por las publicaciones y lo puse en manos de mi abogado. 
Estoy descubriendo muchos aspectos que mi padre nunca dio a conocer”, y añade: 
 “Ahora lo valoro mucho más, estoy convencido de que merece que alguien enderece los renglones que alguien se ha empeñado en torcer...”
Preguntado por qué no había actuado con anterioridad, José F. Baena que se define como un hombre corriente que no es investigador ni político, asegura que no tenía “constancia de las publicaciones y sus difusiones hasta muy recientemente, solo unos pocos meses”.
 “De alguna de esas publicaciones o difusiones he tenido constancia tan solo hace unos días, cuando una hija me enseña lo que dicen de su abuelo (a quien conoció muy bien) por Internet o cuando algún amigo cordobés me comenta lo que alguien que tiene mucho que callar, dijo en la prensa cordobesa sobre él”, comenta.
José F. Baena señala que ha esperado algunos meses para investigar por todo tipo de archivos y en diferentes ciudades. 
“En mi casa no se habló jamás de la guerra.
 En mi familia hicieron daño los dos bandos enfrentados y ahora, uno de ellos, está haciendo su panfletario político a costa de...”, explica el hijo de Antonio Luis Baena Tocón, que murió en 1998 sin enterarse de lo que se contaba sobre él.
El catedrático de Literatura Juan Antonio Ríos Carratalá defiende en su escrito a la Universidad de Alicante que ha solicitado “en reiteradas ocasiones” a José F. Baena que concretara los datos personales de su padre insertos en los enlaces de Internet”.

 

 

Momento insólito en 'Espejo Público'

(Antena 3): Susanna Griso abandona el programa en pleno directo.


Susanna Griso ha protagonizado este martes un momento insólito en el programa que presenta en Antena 3, Espejo Público.
La periodista ha abandonado el espacio en plena emisión y se ha montado en un coche para ir a donar sangre.
Griso cumplía así con el reto que le propuso Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, que inició una cadena para aumentar las donaciones.
La periodista ha explicado que el dirigente ‘popular’ inició los retos en una campaña de verano, cuando aumentan los accidentes de tráfico y los hospitales se quedan sin reservas de sangre.
“Juanma Moreno nos retó a Antonio de la Torre y a una servidora y yo empiezo a retar a dos personas más”, ha explicado Griso, que ha mostrado a las cámaras cómo donaba. 
 
Griso retó a su compañera Sandra Golpe, presentadora de las noticias de Antena 3, que de inmediato aceptó el desafío. 
“Ahí estamos, Susanna, recogiendo el guante. Me ha pillado de sorpresa totalmente. No me imaginaba, ni de lejos, que me fuera a decir eso. 
Si tú me dices ven, por supuesto que lo haré”, respondió la periodista.
Griso también retó a Manu Sánchez, presentador de los deportes de Antena 3, que aceptó la propuesta.
 “Yo también os quiero. No sabéis lo que habéis hecho, tengo tensión de bata blanca. Estoy viendo a Susanna y ya me estoy poniendo malo. A pesar de todo, acepto el reto”, dijo. 
Pueden donar de sangre las personas entre 18 y 65 años que pesen más de 50 kilos y gocen de buena salud.
 Antes de donar, un médico le examinará para determinar si puede hacerlo. De este modo, donar no implica riesgo para su salud. En este proceso está incluido un pequeño análisis de sangre para descartar una posible anemia.
 Una donación de sangre dura 15 minutos; 15 minutos que pueden salvar una vida.
Tras donar sangre, Griso ha vuelto al plató y ha continuado presentando Espejo Público con normalidad.

 

17 jun 2019

Por qué la pregunta más importante sobre el Caso Alcàsser nunca se ha llegado a contestar

Hablar hasta la saciedad de los hechos escabrosos impide pensar el verdadero problema de fondo. 

La estudiosa vasca Nerea Barjola da con claves que nadie más ha analizado.

Por qué la pregunta más importante sobre el Caso Alcàsser nunca se ha llegado a contestar
Pepe Navarro.
El caso Alcàsser sigue siendo, treinta años después, un asunto de estado con enorme importancia política, pero no porque, como se señalara en su día y sin pruebas, detrás del crimen estuviesen figuras públicas relevantes, sino porque su tratamiento informativo fue un acontecimiento enormemente trascendente para todo el país, pero sobre todo para las mujeres.
Esto último es lo que quería probar la investigadora Nerea Barjola cuando empezó a escribir su tésis doctoral, hoy convertida en libro, Microfísica sexista del poder. El caso Alcàsser y la construcción del terror sexual (Traficantes de Sueños/ Virus Editorial, 2018). 
En este volumen, Barjola defiende que el tratamiento informativo que se da a noticias como la del asesinato de Toñi, Miriam y Desirée es, fundamentalmente, una narrativa construida como “un aviso aleccionador que castiga de forma cruda la conducta femenina”.
Esta clase de “avisos aleccionadores” no son excepcionales. 
Barjola cuenta que se repiten periódicamente y suelen presentarse en épocas en las que los derechos femeninos gozan de especial buena salud. 
La autora defiende que, por ejemplo, el relato de aquel desalmado apodado Jack el Destripador responde a esta finalidad “divulgativa”.
 El Londres de finales de siglo fue un momento histórico en que las mujeres de clase media comenzaron a hablar públicamente sobre el peligro sexual y la pasión, un acto, sin duda, transgresor para una sociedad caracterizada por el decoro, las buenas costumbres y la represión sexual.
 Jack el Destripador, cuya identidad nunca se llegó a conocer, solo asesinaba a prostitutas y eso contenía un claro mensaje simbólico: morir estranguladas era lo que podría ocurrir a las mujeres si trasgredían las normas.
 Esto no lo dice solo Barjola. 
Antes lo afirmó la historiadora Judith Walkowitz, quien estudió el caso en profundidad en La Ciudad de las Pasiones Terribles.
El aviso aleccionador de Alcàsser llegó, según esta investigadora, en un momento en el que las españolas habían conseguido, tras casi dos décadas de democracia, conquistar el espacio laboral, acceder al aborto y al divorcio, disfrutar de una nueva libertad sexual y hacer escuchar sus opiniones. 
 El caso de Miriam, Toñi y Desirée convirtió el autostop en una metáfora represora: tomar el espacio publico, moverse y traspasar la frontera de la noche, trasladarse de un lugar a otro con la misma libertad que los hombres es una licencia que tiene sus consecuencias.

La narrativa del terror sexual: la historia interminable
Pero con Alcàsser no se acabó la narrativa del terror sexual en España, por supuesto. 
La periodista Noemí López Trujillo hacía recuento el año pasado en un artículo titulado Una caperucita en cada generación: “Tras el caso de las niñas de Alcàsser en 1992, está el de Rocío Wanninkhof que sale de noche para ir a la feria y desaparece en 1999. 
Tenía 19 años y su crimen acaba relacionado con el de Sonia Carabantes, una joven de 17 años que desaparece en 2003 cuando regresaba a casa de noche. 
Ese año, Sandra Palo, de 22 años, desaparece también cuando volvía a casa tras salir a tomar algo.
 En enero de 2009, Marta del Castillo, de 17 años, salió a dar una vuelta y nunca más regresó. 
En agosto de 2016, Diana Quer, de 18 años, desaparece cuando volvía a su domicilio tras salir de fiesta.
 En diciembre de 2018, Laura Luelmo, de 26 años, desaparece al ir a correr como hacía habitualmente”.

Alcàsser no es un hecho aislado. Y sin embargo, treinta años después, se sigue tratando como un “suceso”.
¿Cuál es la diferencia entre un suceso y una noticia? Las noticias se pueden clasificar bajo alguna de las secciones que forman parte de un medio de comunicación –internacional, nacional, política, economía, deportes– porque la información que contienen forma parte de un sistema ordenado. 
El suceso, sin embargo, se considera un hecho casual en el que las pulsiones más bajas del ser humano generan una tragedia para la que no existe otra explicación que la sinrazón.
 Hablar de sinrazón y no de violencia de género es “la forma de desactivar el problema políticamente. 
La manera de no ponerle la etiqueta terrorismo patriarcal”, asegura Barjola.
 De esa manera, la violencia machista, como problema de Estado, no aparece por ninguna parte.

“Me niego a seguir nombrando las desapariciones sistemáticas de mujeres como algo meramente definitorio o descriptivo. 
La ecuación es muy simple: las mujeres no desaparecen, son obligadas a desaparecer. 
 Hay que resignificar el crimen sexual de Alcàsser y debemos hablar de una desaparición forzada. 
El término desaparición forzada es un concepto jurídico que viene siendo utilizado para designar las atrocidades cometidas en regímenes autoritarios. 
A mi entender es un término perfectamente extrapolable para definir los secuestros, asesinatos y torturas que sistemáticamente sufren las mujeres”, dice la autora.

Treinta años después de Alcàsser existe un consenso generalizado en torno a que el tratamiento mediático del caso fue vergonzoso. 

El acercamiento morboso a los hechos, la publicación de toda clase de detalles escabrosos contenidos en las autopsias, la permanente insinuación de que “si hubiesen tomado más precauciones” las chicas podrían haber corrido otra suerte y la terrible exposición de los miembros de la familia de las víctimas al escrutinio público causan estupor vistos con perspectiva.

Alcàsser se contó mal porque las víctimas, una vez más, eran analizadas hasta la saciedad como posibles “responsables” de su propia desgracia: desde cómo iban vestidas hasta quién era la más guapa de las tres fueron hechos relevantes para los medios de aquella época
. Las famosas intervenciones de Nieves Herrero y los desmanes del programa de Pepe Navarro están presentes de forma constante en el libro de Barjola, pero el ejemplo extremo de la retórica del “castigo” se materializa en un párrafo del libro que Fernando Martínez Láinez escribió sobre el caso en 1993:
 “Ellas pudieron haber caminado un poco más, les faltaba poco para llegar a la discoteca y sin embargo por no seguir andando otros diez minutos eligieron ponerse en manos de la suerte.
 Es una tendencia de las víctimas al mínimo esfuerzo (acortar por un descampado, fiarse de un desconocido, hacer autoestop, menospreciar la nocturnidad) es lo que favorece la acción de los asesinos”.

Los medios de comunicación de línea editorial más progresista y las cadenas públicas han incorporado en los últimos tiempos protocolos para el correcto tratamiento de estas informaciones. 
Por ejemplo, las directrices para los profesionales de RTVE a este respecto son las siguientes: 1. Evitar modelos de mujer que lesionen su dignidad; 2. Respetar la identidad y el dolor de la víctima; 3. Identificar al agresor; 4. No confundir el morbo e interés social; 5. Extremar la precaución en el uso de fuentes y datos; 6. Vigilar el uso de testimonios cercanos al agresor o a la víctima; 8. Controlar el uso de adjetivos y de tópicos; 9. Evitar el efecto narcotizante
10. Dar información útil para las víctimas.

Por qué la pregunta más importante sobre el Caso Alcàsser nunca se ha llegado a contestar

Hablar hasta la saciedad de los hechos escabrosos impide pensar el verdadero problema de fondo. La estudiosa vasca Nerea Barjola da con claves que nadie más ha analizado.

Por qué la pregunta más importante sobre el Caso Alcàsser nunca se ha llegado a contestar
Pepe Navarro.

Alcàsser sigue ocurriendo todos los días
Pero, ¿realmente se tratan mejor ahora este tipo de noticias en los medios? “Ha habido un avance en la idea de que existe un machismo estructural, pero el esquema de Alcàsser se reproduce constantemente. 
Muchos medios de comunicación siguen construyendo el relato poniendo la responsabilidad sobre las mujeres”.
 Hace solo unos meses un medio de prestigio titulaba así un caso de violencia de género: La asesinada en Vinaròs fue descuartizada y enterrada por vestir ropa demasiado corta.

 Una semanas después su novio confesó ser el autor del crimen.
Barjola recuerda este otro titular reciente:
 Una mujer pierde una oreja en una salvaje agresión sexual en la Rambla.
 No la perdió: se la cortó un hombre que la había violado.
Por otro lado, la autora critica que los asesinatos de mujeres aparecen muchas veces en los medios dentro de categorías frívolas o que carecen de relevancia política.
 “Si no se etiqueta como violencia machista es porque no se quiere profundizar en la etiqueta”.
El tratamiento informativo de Alcàsser fue determinante para la educación sentimental y sexual de varias generaciones. Conmocionó al país.
Pero sobre todo, conmocionó a las mujeres. 
Y para demostrarlo, entre otras cosas, Nerea Barjola entrevistó a decenas que rondaban la misma edad de las víctimas cuando el asesinato se convirtió en un espectáculo mediático. 
Algunas de las entrevistadas pertenecían al entorno de Miriam, Toñi y Desirée, aunque la autora haya mezclado estas voces con el resto de participantes precisamente para no generar morbo.
Las conclusiones tras escuchar sus testimonios son estas: todas las entrevistadas recuerdan con especial nitidez la brutalidad de los detalles forenses del Caso Alcàsser. 
La mayoría admite que después de la tragedia empezó a reflexionar sobre su forma de vestir y de estar en el mundo.
 Para casi todas, el caso fue la primera gran narrativa sobre el peligro sexual que recuerdan: se materializó ante ellas el “hombre malo”, encarnado en Antonio Anglés, que podía aparecer en cualquier lado en cualquier momento.
 La mayoría cuenta que los espacios que en otro momento habían transitado con libertad, empezaron a ser zonas potencialmente peligrosas. 
Todas coinciden en que antes del incidente hacer autoestop era una práctica de lo más habitual y que a partir de aquello empezaron a sentirse culpables por hacerlo y a cambiar sus conductas. 
La mayoría señala que el crimen reforzó la protección de los progenitores hacia las hijas y se ahondó, paradójicamente, en el rol de hombre como protector. 
Ahora tenían que volver a casa acompañadas de algún chico.

Es decir: la narración de Alcàsser cumplió a la perfección su función aleccionadora.
En Microfísica sexista del poder. El caso Alcasser y la construcción del terror sexual, Nerea Barjola recupera una anécdota protagonizada por la primera ministra de Israel, Golda Meir (que a su vez ella leyó en un artículo de Lucía Argos de 1993), que da algunas pistas sobre qué significa exactamente eso de “resignificar” esta clase de crímenes.
Meir asistió a una reunión de su Gobierno en la que sus colegas varones proponían un toque de queda a partir de las diez de la noche, ante el incremento de violaciones que registraba entonces el país. Pensativa durante algunos minutos,
 Golda se les encaró: “Pero, ¿quién viola a quién?”. 
“Los hombres a las mujeres”, le respondieron con naturalidad. Así que ella propuso con naturalidad:
 “Pues entonces, que se decrete toque de queda sólo para los hombres a partir de las diez”.


Nueve artículos que leer después de ver ‘El caso Alcásser’

Reportajes y entrevistas de la hemeroteca de EL PAÍS que amplían claves abordadas en el documental de Netflix.

7 de noviembre de 1996. Fernando García, padre de Míriam, en la casa donde presuntamente fueron violadas y asesinadas. En vídeo el trailer de 'El caso Alcàsser'.
Una nueva serie documental de Netflix ha reabierto uno de los universos más turbios en la historia reciente de España:
 El caso Alcàsser, sobre el asesinato de tres chicas valencianas en 1992, examina la obsesión nacional que provocó aquel crimen y la investigación, repleta de giros de guion, que cuestionó casi a diario en prime time.
 EL PAÍS siguió de cerca los momentos clave de la historia, del hallazgo de los cadáveres de las niñas en enero 1993 al frenesí que envolvió el juicio en 1997. 
Aquí puede leer varios de esos artículos y reportajes que dan color, voz y detalles a ese universo más allá de lo que se ve en la serie.

Crimen de Alcàsser: el espanto y el espectáculo del talión

25 años después del homicidio, Jesús Duva, uno de los periodistas de EL PAÍS que más de cerca siguió lo siguió, recuerda lo que vio y sintió en aquel pueblo y en los frustrantes años que vendrían después:
 “¡Que los maten!', rugió una multitud en medio de la noche, mientras las campanas tocaban a muerto.
 '¡Que me los dejen a mí', vociferó un hombre con ganas de hacerse notar. '¡Les pegaría cinco tiros!', chilló un niño que aparentaba poco más de ocho años".

Alcásser clama justicia tras el hallazgo de las tres niñas asesinadas

La noticia de portada de EL PAÍS del 28 de enero de 1993: "Un apicultor fue quien dio la voz de alarma.
 A última hora de la mañana, y en un lugar de difícil acceso a unos 50 kilómetros de Valencia y 12 de Tous, observó una mano y un trozo de brazo descarnados que asomaban por encima de la tierra"

Balcones con crespón negro

Un retrato de Alcásser en los días de luto oficial por las niñas: "Un árbol seco'.
 Con estas palabras describía ayer Encarna, una peluquera de 34 años casada y con hijos, el estado de ánimo del pueblo. 'Es como si los colores hubiesen desaparecido.
 Todo se ve en blanco y negro', añadió. Una imagen que suscribía desde la puerta de su casa, Amparo, de 47 años: 'Estamos todos enfermos, apenas comemos.
 La angustia está acabando con nuestras fuerzas".

Espanto y talión

El editorial de EL PAÍS del 29 de enero de 1993: "La captura y puesta a disposición de la justicia de los autores es la respuesta de una sociedad civilizada a tales atrocidades.
 La utilización del dolor de otros niños, compañeros de las víctimas, para convertir el drama en espectáculo resulta indecente"

La caza del culpable

En los días siguientes al descubrimiento de las víctimas enterradas, el pueblo estaba abatido, agotado y, como cuenta este reportaje, ansioso por ponerle un punto final al trauma.
 En aquel momento, aquello solo significaba una cosa . 
 "En Alcàsser, la aparición de tres cadáveres ha cambiado el sentido de las palabras; por justicia se entiende venganza, y por sentencia, muerte". 

"Soy su padre, pero si él es culpable de esa salvajada, merece la horca"

Cuando se supo que Antonio Anglés era el principal sospechoso del crimen, EL PAÍS vistió la casa en la que vivía la familia:
 "Viven en un piso sucio y destartalado, lleno de escombros, falto de mobiliario, con varias literas derrengadas en un salón presidido por una televisión.
 La habitación que habitualmente ocupaba el fugitivo
 Antonio está compuesta de un camastro maloliente y una mesilla en la que sólo hay cuatro revistas pornográficas, un libro de la sexóloga Elena Ochoa y 50 recortes de revista con anuncios de lencería femenina"

Antonio Anglés, ni entre los vivos ni entre los muertos

Habían pasado 20 años del crimen y la pieza fundamental seguía sin resolverse: 
"Lo único que esperan la policía y la Guardia Civil es que un día alguien detenga a este sujeto en cualquier rincón del mundo, que le tome las huellas y que, al cotejarlas con las de los fichados por Interpol, descubra que es el peor criminal de la historia reciente de España"

El 'caso Alcàsser' se hace eterno en la Red

En 2007, diez años después del juicio, EL PAÍS subraya que la televisión no es el único medio obsesionado por el caso Alcàsser. "Si alguien busca 'Antonio Anglés' en Google le aparecen 1.670.000 referencias. Si busca 'Miguel Ricart', 964.000. La mayoría de ellas no corresponden a noticias de prensa o similares, sino a elucubraciones textuales llevadas a cabo por usuarios de la red en las que se defienden la existencia de conjuras que, ocasionalmente, hasta se enlazan con el atentado del 11-M"

Los grandes misterios no resueltos del crimen de Alcàsser

"¿Cómo pudieron subir hasta la casa derruida cinco personas -tres de las cuales oponían cierta resistencia- en un Opel Corsa? 
El día del hallazgo, sólo los todoterrenos de la Guardia Civil pudieron acceder al lugar.  
¿Por qué Miguel Ricart- siendo responsable de un crimen tan brutal- apareció en la casa de Anglés, ya rodeada de guardias civiles, para regalarle una bolsa de mandarinas y se dejó coger sin resistencia? 
¿Cómo Ricart y Anglés, a las ocho de la tarde de un día de noviembre, pudieron pasar con tres niñas secuestradas por delante de un cuartel de la Guardia Civil, la calle más concurrida del pueblo y una discoteca llena de estudiantes sin ser advertidos?"