Monos,
faldas, blusas o pantalones fluidos: las prendas de estilo casual de
Shein crearán el armario cápsula perfecto para tus 'looks working' de
esta temporada.
Es fácil que, cuando llegan el verano y las altas temperaturas,
cundan el pánico y la desesperación frente al armario cada mañana:
apetecen vestidos ligeros, crop tops y pantalones cortos... pero estas
prendas no suelen ser las más oportunas a la hora de vestir para ir a la
oficina.o salir de paseo veraniego.
VESTIDOS Y MONOS
Vestido blanco con botones y volantes
Una opción de lo más recurrente: el siempre idóneo vestido
blanco en versión boho pero elegante.
Este modelo tiene falda mini
(aunque no demasiado) y parte de arriba abotonada, con volantes en los
tirantes y un siempre favorecedor escote cuadrado.
Ideal para combinar
con complementos de color y tanto sandalias como sneakers en los pies.
Disponible en Shein en todas las tallas, de la S a la XL.
Vestido largo con bolsillo
Para los días más calurosos en los que lo único que apetece
es ir fresquito sin nada que se pegue a la piel.
Este vestido largo
confeccionado en rayón y con patrón maxi es perfecto para cualquier
ocasión en los días de verano.
Prueba a combinarlo con sandalias planas o
cuñas de esparto.
Lo puedes encontrar en Shein en seis colores
diferentes desde la talla XS a la XL.
Mono largo de rayas y tirantes
Disponible en tres colores de rayas —rojo, azul y gris—,
este mono permitirá que estés cómoda en la oficina.
Es de algodón y, a
su cuerpo de nido de abeja con finos tirantes, se une un pantalón fluido
y amplio que quedará genial combinado con sandalias planas o también
zapatillas de deporte.
Encuéntralo en Shein en todas las tallas, desde
la XS hasta la L.
Una de las prendas más especiales es este mono que imita el
diseño de una gabardina: cruzado, con cinturón y disponible en tres
colores de plena tendencia —caqui, rosa pastel y marrón—. Es muy
favorecedor tanto por su escote en pico con solapas como por su pantalón
corto pero ancho.
Disponible en Shein en todas las tallas, de la S a la
L, y ahora con un descuento del 50%.
PANTALONES Y FALDAS
Pantalón culotte con botones
Un básico de cualquier armario siempre es un pantalón negro... pero,
en esta ocasión, para ir a la oficina en verano, elegimos un modelo
culotte con vuelo que no se pegue a la piel y sea fresquito y ligero. Esta opción de Shein tiene, además, un plus gracias a su doble
botonadura dorada que elevará cualquier look básico. Disponible en todas
las tallas desde la S hasta la XL.
Falda plisada de lunares
Y en una versión más divertida, un modelo muy similar pero
esta vez estampado con lunares.
En color mostaza y perfecta para
combinar con cualquier parte de arriba de color blanco.
Está a la venta
en la web de Shein en todas las tallas: de la S a la XL.
Top blanco con cuello fruncido
El top blanco es uno de los básicos recurrentes en
cualquier armario cápsula... más aún si es uno de verano y para llevar a
la oficina. Esta opción que propone Shein, sin mangas y con cuello
japonés fruncido resulta perfecta para dar luz y un toque de estilo a
cualquier combinación.
Lo puedes encontrar en su web en todas las tallas
(de la XS a la L).
BLAZERS
Blazer ligera
Para llevar como una sobrecamisa —más fresca y desenfadada—
y abrochar solo si es necesario, este blazer de Shein, disponible en
cuatro colores, es ideal para abrigar tus estilismos cuando en la
oficina abusan del aire acondicionado.
Encuéntrala en todas las tallas,
de la XS a la L.
Blazer con doble botonadura
En los colores tendencia -verde, marrón y turquesa-, este
blazer más amplio y con doble botonadura es ideal para añadir el toque
sobrio y elegante a un look sencillo de, por ejemplo, vaqueros y top.
Con solapa ancha y manga larga que podrás remangar, convertirá cualquier
look en mucho más sofisticado. Encuéntralo en Shein en todas las
tallas, de la S a la L.
Así que vamos a recomendar una serie de novelas negras para rematar la
fiesta para esta recta final. Hay muchas, he leído muchas.
No están
todas las que hay. Tampoco todas las que he leído.
Por el camino se han
quedado, como siempre, varias que no merecen ser recomendadas. Pasen y
lean.
Sin dejar rastro, Haylen Beck (Salamandra Black, traducción de
Patricia Antón de Vez).
Una mujer que decide huir de su marido, de sus
sofisticados maltratos psicológicos, de la miseria en la que vive, y se
lleva con ella a sus dos hijos (Sean y Louise, de once y seis años) en
lo que parece, por poco tiempo, una road movie y que se transforma, con
un ritmo perfecto, en una pesadilla.
El planteamiento de las 100
primeras páginas es impecable: tenemos a las víctimas, los ogros, los
brazos ejecutores y hasta un héroe misterioso.
Lejos de conformarse con
esto, Beck, pseudónimo del autor Stuart Neville, nos adentra en un mundo
de gentuza de primer nivel, abusadores y corruptos.
En la descripción
del caso de maltrato, en el flash back que lo cuenta todo, sentí el
vértigo que experimenté al leer la historia del hundimiento personal de
la protagonista de Tras la caída de Lehane. El personaje de Danny Lee da
al bando de los buenos el peso necesario y hay algunos secundarios
memorables.
Un thriller de primera en el que cada personaje tiene sus
motivaciones. Piensen dos veces antes de juzgar.
El hombre que volvió a la ciudad, George Pelecanos (RBA,
traducción de María Cristina Martín). Pelecanos vuelve a la novela
después de una década en la televisión y el cine. Y es de agradecer. Un
inicio que usa un personaje totalmente lateral para, y eso lo entendemos
pronto, llegar al protagonista de una forma original deja muy claro que
Pelecanos no ha perdido ninguna de sus habilidades.
La historia clásica
del hombre que quiere reformarse pero no se quita de encima la losa de
su pasado criminal adquiere aquí grandes dimensiones.
Es una delicia ver
cómo abre el foco, al estilo Richard Price, cómo te lleva a través de
Michael Hudson - joven criminal que busca la redención a través de los
libros y el trabajo- por la sociedad estadounidense de hoy, qué bien
imbricada está con todo esto una trama criminal que tiene a un abogado y
un expolicía haciendo justicia al precio que sea como grandes
coprotagonistas.
Racismo, clasismo y la epidemia de las drogas en EE UU
son los otros grandes temas que aparecen pero tratados con cuidado, sin
discursos, apelando a un lector inteligente.
Todos los personajes hacen
cosas difíciles de justificar porque Pelecanos busca que el lector no
esté tranquilo con lo que piensa de ellos.
Sabes que todos van a perder,
que el final va a dejarte mal cuerpo, que la vida no es justa.
Pero
eso, amigos, hay que saber contarlo y Pelecanos, bienvenido de vuelta
maestro, lo clava.
Las dos caras de la verdad, Michael Connelly (ADN, traducción
de Javier Guerrero). Es muy complicado, por no decir imposible, elegir
una novela de la amplia producción del maestro Connelly como la mejor.
Diremos entonces solo que esta vigésima entrega de la serie de Harry
Bosch está al nivel de las mejores, que sorprende ver la forma en la que
se encuentra nuestro querido policía a unas alturas a las que otros
hace tiempo que han tirado la toalla o han entrado en la inanidad. Bosch
envejece pero no aburre.
Como si necesitara nuevos retos, Connelly pone
a Bosch ante dos tramas que por sí solas valdrían a cualquiera menos
ambicioso para una novela. Por un lado, revive el caso de Preston
Borders, uno de los míticos de su carrera, que ahora se ha vuelto en su
contra, porque el pasado siempre vuelve. Por otro, Bosch se ve metido en
una trama terrible que va del menudeo de la droga a las grandes mafias
que controlan las nuevas formas en las que se dan las viejas adicciones.
Hay también apariciones estelares (Lucía Soto, Edgar) que harán las
delicias de los fans de la serie.
Sin embargo, si hay alguien que no ha
leído ninguna y empieza por esta se va a sentir en casa, ante un
policial de libro, ante una historia que mantiene a Connelly como
nuestro Balzac.
El cineasta firma un retrato del músico en el que mezcla realidad y ficción para contar una de sus grandes giras.
Bob Dylan en 1975. En vídeo, el tráiler de 'Rolling Thunder Venue'
Ojo, primer spoiler: Bob Dylan no siempre dice la verdad. Segundo: Martin Scorsese tampoco. El propio Dylan lo reconoce en un momento de Rolling Thunder Revue, el documental estrenado este miércoles en Neftlix,
donde Scorsese, el director, cuenta los entresijos de la irrepetible
gira que llevó al músico a recorrer Estados Unidos a mediados de los
setenta con una caravana de artistas de toda condición. “Cuando alguien
lleva una máscara, te dice la verdad. Cuando no la lleva, es poco
probable que la diga”, asegura Dylan frente a la cámara, sin máscara y
con su característica mirada huidiza y su sonrisa pícara. No es verdad que Sharon Stone, estupenda actriz, conociese a Dylan en
mitad de la gira cuando era una adolescente. Ni que le colase en un
concierto con su madre ni le tocase en el camerino al piano Just Like a Woman. Es una forma de Dylan y Scorsese de explicar cómo, a veces, funcionan
las musas en el arte. Todas las fotos de ella y Dylan juntos son
trucadas, como esa declaración del músico diciendo que “era muy guapa
pero muy joven” cuando la conoció.
Tampoco es verdad que el músico asistiese a un concierto de Kiss en
Queens porque la violinista Scarlet Rivera era la novia de uno de la
banda. Es una forma absurda de explicar la inspiración de su peculiar
máscara blanca durante la gira, sacada de una antigua película francesa y
del teatro tradicional japonés. Tampoco el promotor Jim Gianopulos se
hizo cargo de la gira ni existió el congresista Jack Tanner. Ambos
sostienen el relato de que todo aquello fue una vocación artística y no
una comercial o política. Pero la más chocante de las invenciones es
Stefan van Dorp, el supuesto director que contrató Dylan para rodar un
documental de la gira que nunca vio la luz. Realmente, ese material de
este personaje interpretado por un cómico -y que es imprescindible para
entender la riqueza visual de esta cinta de Netflix- forma parte de las
imágenes que el músico captó para su película Renaldo y Clara, un filme que Scorsese nunca menciona en Rolling Thunder Revue.
El esperado documental de Scorsese es una fabulosa mezcla de realidad
y ficción. Las primeras imágenes no son de él, sino de un truco de
magia de una película de Georges Méliès donde un mago hace desaparecer a
una mujer. Scorsese está diciendo que todo lo que sigue será un truco
muy elaborado. De hecho, mucha prensa ya ha caído en las trampas de este
documental casi falso. Pero el trasfondo es realidad. En otoño de 1975, Dylan se
lanzó a una de sus aventuras artísticas más fascinantes. Aquella gira
sirvió para que el autor de Like a Rolling Stone recuperase el
contacto con la carretera, pero de forma diferente al resto de estrellas
del momento, cuando el paisaje estaba dominado por las bandas de
estadios. Dylan montó un grupo itinerante, sin miembros fijos, con
colaboradores esporádicos y sin apenas ensayos y recorrió Estados Unidos
en autobuses improvisando sobre la marcha las actuaciones en pequeños
aforos. La mayoría de los participantes no sabían ni dónde ni cuándo
iban a tocar en conciertos que podían durar cuatro horas y eran baratos
ya entonces: 7,5 dólares. Se bajaban del autobús —conducido por Dylan en varias ocasiones— y se
subían al escenario. Allí podía estar Joan Baez, Roger McGuinn (de los
Byrds), el poeta Allen Gingsberg o gente que se sumaba según la ciudad
como Patti Smith, Joni Mitchell, Ramblin’ Jack Elliot, Robbie Robertson y
Rick Danko de The Band, Arlo Guthrie, Gordon Lightfoot o Richie Havens. Más que una banda de rock, eran un circo. Una tropa que, con un Dylan
al frente con sombrero de flores, pañuelo gitano y la cara pintada de
blanco como un actor del tradicional teatro japonés kabuki, buscaba recuperar el romanticismo del directo, esa llama original de los espectáculos primitivos (los minstrels estadounidenses) donde el truco de magia estaba en la interpretación radical.
Bob Dylan y Allen Ginsberg, en la tumba de Jack Kerouac en Massachusetts, en un instante de 'Rolling Thunder Revue'
“La gira no significó nada. Pasó hace tanto tiempo que ni había
nacido. No recuerdo nada”, confiesa un Dylan actual, cercano a los
ochenta años y sonriendo al principio del documental. Rolling Thunder Revue
es una cinta donde su propio mito está disfrazado bajo el carácter de
una obra documental. Si el espectador no es un conocedor de la obra y
milagros del protagonista, es difícil descubrir que la historia está
llena de trampas; todas, eso sí, en busca de la esencia de una gira que
acabó derivando en una filosofía. “La vida no trata de encontrar nada ni
de encontrarse a sí mismo. Trata de crear, de crearse a sí mismo
constantemente”, concluye Dylan. Ahí está la clave: la creación. La gira Rolling Thunder Revue,
que también se celebra ahora con una enorme caja de 14 discos con
conciertos completos, ensayos y rarezas, fue otra odisea de Dylan en la
búsqueda de una nueva interpretación de sí mismo, sin atender a las
expectativas de nadie. Y Scorsese, a su servicio y siendo un aliado,
obvia hablar de las montañas de cocaína que corrieron en esa gira y de
Sara, la mujer de Dylan, madre de sus hijos y personaje esencial para
entender la energía desgarradora que le movía sobre el escenario. Su
relación llegaba a su fin y Dylan, que le dedicó el disco Desire que estrenó en esa gira, se entregó a su música y a las mujeres que se le cruzaban por el camino. Ya a finales de los sesenta el músico, que se despojó del
calificativo "mesías" como si se quitase de una camisa de fuerza,
confesó: “Solo llevo la máscara de Bob Dylan cuando necesito llevarla”. Al final, después de que Allen Gingsberg invite a los espectadores a
poner atención en "en virtud de su meditación y su belleza" para
alcanzar su "propia eternidad", suena Knockin on Heaven’s Door y
un hombre se pone una máscara en una película antigua. Luego, se ven
todas las fechas de los conciertos de Dylan desde 1975 hasta hoy. Es su
música, esa gira interminable, ese premio Nobel de Literatura siendo un
músico, ese hombre riéndose de su mito, ese judas judío creyendo en
Dios, ese trovador actuando y cantando todavía y por siempre. Es el
comienzo de la Rolling Thunder Revue y la conclusión sin final de dos genios, Dylan y Scorsese, conjurándose al arte, esa bella mentira al servicio de la verdad.
De la
discreción casi absoluta de la hija mayor de Amancio Ortega a la vida de
'celebrity' de la pequeña, especialmente después de su matrimonio con
Carlos Torretta.
Sandra Ortega Mera (izquierda) y Marta Ortega Pérez, las dos hijas del fundador de Inditex.GTRESONLINE
Entre Sandra (50 años) y Marta Ortega (35), las dos hijas de Amancio Ortega, el fundador de Inditex,
existe un abismo. Y no se trata del que se abrió entre la primogénita y
su padre cuando, teniendo ella 16 años, se separó de Rosalía Mera y
ella se posicionó abiertamente del lado de su madre. Las diferencias
entre ambas afectan a su modo de estar y entender la vida.
Poco
se sabe del tipo de relación que mantienen ambas hermanas, un asunto en
el que siguen la misma política de protección de la intimidad que
caracteriza a su padre. Tampoco se conoce si Marta Ortega, fruto del
segundo matrimonio del fundador de Inditex con Flora Pérez, mantiene
algún tipo de trato con Marcos, el hijo mediano del empresario, que está
afectado por una grave parálisis cerebral. Pero solo hay que atender a
los medios de comunicación para detectar las diferencias, cada vez más
evidentes, que existen entre ellas. Sandra Ortega es casi invisible para el gran público. Quienes la conocen aseguran que en este aspecto ha sacado el carácter
discreto de su padre y es menos parecida a su extrovertida madre, que
falleció en agosto de 2013 a causa de un derrame cerebral ocurrido
durante unas vacaciones en Menorca. Existen contadas fotografías de ella
y de la familia que ha formado junto a quien fue su amor de juventud,
Pablo Gómez, con quien tiene tres hijos: Martiño, de 22 años; Antía, de
18, y Uxía, de 14. Se conoce que tiene una casa en una finca en la costa
de Oleiros, frente a A Coruña, que posee otra casa de aldea en As
Fragas do Eume, en la zona norte de la provincia. Que vive de forma
discreta pero no aislada, sino rodeada de un círculo de amigos fieles
que respetan su deseo de privacidad. Que prefiere los coches prácticos a
los lujosos. Y que sus hijos han ido, como lo hizo ella, a institutos
públicos. El mayor de ellos cursa estudios universitarios en Madrid y,
como su madre, no hace ostentación de ser el nieto de uno de los hombres
más ricos del mundo. También es público que Sandra Ortega es la segunda
mujer más rica de España, tras ser desbancada este año del primer
puesto por Sol Daurella, presidenta de Coca Cola European Partners
(CCEP).
Sandra Ortega Mera con su marido, durante el entierro de su madre, Rosalía Mera en Oleiros en agosto de 2013.GtresOnline
Poco más que tenga que ver con sus gustos y su forma de vivir de
puertas adentro. Lo que sí se conoce es que ha sabido manejar la
multimillonaria herencia que le dejó su madre. Sandra controla el 5% de Inditex y de Pharma Mar. Y el buen comportamiento de ambas firmas en bolsa le ha reportado en
los últimos meses unos ingresos extra de casi 500 millones de euros, que
se añaden a una fortuna personal que la revista Forbes ha
cifrado en 6.000 millones de euros. Sandra Ortega recibió de su madre
otros dos legados: la tutela de su hermano Marcos y Paideia Galiza, la
entidad dedicada a labores solidarias que creó Rosalía Mera y en la que
ella sigue trabajando con gran dedicación, porque tener conciencia solidaria ha sido la forma en la que la han educado. El buen olfato paterno para los negocios también se ha dejado ver en el éxito de la sociedad Rosp Corunna, a través de la que ha impulsado su propio imperio inmobiliario.
La entidad, que se constituyó en 2000 y en agosto de 2017 ya poseía más
de 540 millones en activo, lo que suponía un incremento del 24%
respecto a 2015. El perfil de Marta Ortega, a quien muchos consideran la niña bonita de Amancio Ortega, es radicalmente distinto. Tuvo una au pair
británica, estudió en los jesuitas de A Coruña, cursó el bachillerato
en Suiza y la carrera de Empresariales en la European Business School de
Londres. No fue una estudiante brillante, pero sí tenaz. Le gustan los
caballos y participa en concursos hípicos y, con 23 años, se incorporó a
Inditex para ir rotando por distintos departamentos y en diferentes
lugares del mundo, incluso de cara al público en una de las tiendas que
Zara tiene en el barrio londinense de Chelsea. La que está llamada a ser
la heredera de la firma, según los deseos de su padre, hace ya tiempo
que trabaja en la sede de Inditex, en Arteixo, directamente implicada en
el departamento de diseño de moda, donde trabaja con la responsable de
la colección, Beatriz Padín.
Marta
Ortega, junto a Carlos Torreta y unos amigos, en el yate en el que que
ha pasado recientemente unas vacaciones en la Costa Azul Francesa.GtresOnline
Por ella, su padre ha roto en distintas ocasiones su ostracismo y se
presentó en 2000 en la inauguración del centro hípico de Casas Novas, la
instalación deportiva que mandó construir influenciado por el amor a
este deporte de su hija pequeña. Él la acompañó sonriente el día de su primera boda con el jinete Sergio Álvarez Moya,
celebrada en 2012, en la capilla del pazo de Drozo, en Anceis, el mismo
lugar en el que Amancio Ortega se casó con Flora Pérez después de 19
años de relación. Él también recorrió los pasillos de su empresa
aplaudido por sus empleados y emocionado mientras era Marta quien le
guiaba, porque fue ella quien le preparó este homenaje-fiesta sorpresa,
con dj incluido, cuando el empresario cumplió 80 años en 2016. Y por ella volvió a tirar la casa por la ventana este verano cuando Marta Ortega se casó por segunda vez con Carlos Torreta, ligado al mundo de la moda como representante de modelos:
la celebración del enlace contó con las actuaciones musicales de Chris
Martin, vocalista de Coldplay, Nora Jones o Jamie Cullum. El padre estaba feliz, la novia se vistió de PierPaolo Piccioli, director creativo de Valentino,
y no se reparó en gastos para trasladar a algunos invitados en avión
privado. Es frecuente verla, junto a su actual marido, en fiestas de amigos pertenecientes a la jet set
y también es habitual en los desfiles de moda, donde sus estilismos de
Zara han logrado crear tendencia. Antes de su boda se supo que había
adquirido un piso de lujo en el barrio de Salamanca en Madrid. Y esta
misma semana se ha podido ver a la pareja pasando unos días de
vacaciones en la Costa Azul, acompañados por el hijo que Marta tuvo de
su primer matrimonio, y en el lujoso yate que posee el empresario.
La joven tímida y retraída se ha convertido en un icono de moda
y en una mujer de mundo con relaciones de alto nivel. Pero quienes la
conocen afirman que mantiene los amigos de siempre y que en el trabajo
es una más, que no utiliza su privilegiada situación para ocupar puestos
de responsabilidad en la empresa. Aunque sí es consejera de Partler, la sociedad a la que el fundador de Zara traspasó el control del 9,28% de Inditex, según informó Cinco Días, y también es miembro del patronato de la Fundación Amancio Ortega. Dos vidas muy distintas para las herederas de un imperio que cada una afronta a su manera.