Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

13 jun 2019

Porno duro............................................ Luz Sánchez-Mellado ..

Algo estamos haciendo mal, o algo no estamos haciendo para, en pleno XXI, tener esas bombas en el cuarto de los niños.

Hemos de poner contrapesos de realidad y cordura en el uso temprano del móvil.
Hemos de poner contrapesos de realidad y cordura en el uso temprano del móvil. EFE
De cría rebuscaba en la basura. No por hambre del buche, sino del espíritu.
 Con un solo sueldo y cuatro bocas en casa, para mis padres todo lo que no fuera comida y libros era capricho.
 Así que, para la lectora omnívora que fui antes de que las pantallas me arrasaran las neuronas, las revistas y tebeos que tiraban otros eran pura ambrosía.
 Un día, tendría 12 ó 13 años, me explotó entre el botín una bomba atómica.
 Era un folleto para adultos, o sea, un imán para mis ojos.
 Pero no un Interviú, ni un Lib, ni un Playboy, con el surtido de pubis, tetas y culos que tenía tan vistos.
 Era una revista X con fotos hiperrealistas de penes, ortos y vulvas interaccionando en primerísimo plano que me provocaron arcadas y me dejaron trastornada varios días con sus noches. 
Una era niña, no tonta. Antes de eso, la lectura de alguna novela de las del salón, a las que nos dejaban barra libre, me había provocado turbación y deseo.
 Pero aquellas imágenes ofendieron mi inocencia y pervirtieron mi idea del sexo más que un millón de palabras. No sé si me explico.

Aquí y ahora, uno de cada cuatro menores de 13 años ve porno y lo tiene como referencia para iniciarse en el sexo. Lo que ven y lo que hacen a solas lo imagino. 

Nada nuevo bajo la capa de ozono. 

Lo peor es que no hayamos aprendido nada. 

En mi familia no se hablaba de cintura para abajo, hasta el punto de que tuve que aprender a ponerme tampones a escondidas. 

Nadie, tampoco, ni en casa ni en el cole, me habló de la ternura, el goce y el misterio del sexo. Pero eso fue el siglo pasado. 

Algo hacemos mal o no hacemos en este para tener tamañas bombas en el móvil de los críos y no poner contrapesos en la familia ni en la escuela. 

Por eso me repugna tanto el pataleo de esos políticos que acusan a quienes intentan educar sexualmente a los niños de adoctrinarles, pervertirles y animarles a masturbarse. 

Algo que jamás hizo falta, por cierto.

12 jun 2019

La complicidad incondicional del rey Juan Carlos y la infanta Elena

El monarca emérito se apoya cada vez más en su hija mayor con quien comparte horas de ocio y viajes, alejado de amistades del pasado.

El rey Juan Carlos, con su hija Elena, el domingo en París.
El rey Juan Carlos, con su hija Elena, el domingo en París. GTRES

 Desde que don Juan Carlos dejó el trono y sus problemas de movilidad se han ido enquistando, la compañía de su hija mayor es cada vez más frecuente.

 El rey emérito viaja pero menos, sigue teniendo amigos por todo el mundo pero ya no les ve tanto como antes, sobre todo a sus amigas.

 A sus 81 años, el padre de Felipe VI se está teniendo que adaptar a una vida diferente por su edad y salud, más aún desde que ha decidido retirarse de la vida oficial.

Elena de Borbón se lleva muy bien con su madre, doña Sofía, pero siempre ha estado más cerca de su padre y, lo más importante, ha sido el eslabón que ha mantenido unida la familia en difíciles momentos, como el estallido del caso Nóos que provocó la exclusión de su hermana Cristina de las actividades del palacio de La Zarzuela.
 Elena ha sido quien ha intermediado para que don Juan Carlos retome la relación con su hija menor.
 El primer gesto de don Juan Carlos fue acudir al 50º cumpleaños de Iñaki Urdangarin semanas antes de entrar en la prisión de Brieva para cumplir una condena de seis años y tres meses.
 Luego comenzó a recibir en Madrid visitas de Cristina, hasta que hace dos meses él mismo viajó a Hannover para presenciar un partido de balonmano en el que jugaba su nieto Pablo.
 En esa ocasión también estuvo a su lado la infanta Elena y la reina Sofía.

Gracias a su hija mayor los reyes eméritos también se relacionan con más cordialidad que en el pasado.
 Siguen haciendo vidas separadas, pero cuando coinciden no hay tanta tensión.
 A doña Sofía le gusta que don Juan Carlos busque la compañía de la infanta Elena y no de otras amistades del pasado.
La vida actual de la infanta Elena, que ahora es solo familia del Rey, transcurre más tranquila que nunca.
 Reside en una casa amplia en el barrio del Niño Jesús de Madrid, muy próxima al parque de El Retiro.
 Continúa trabajando como directora de Proyecto Sociales y Culturales en la Fundación Mapfre, con un sueldo que se dijo rozaba los 200.000 euros anuales y nadie ha desmentido en estos años, y de vez en cuando su hermano sigue contando con ella  para actos puntuales que son remunerados a la pieza, porque su estatus actual no cuenta con asignación fija.
 Sigue ligada al mundo de la hípica aunque ya no monta tanto como antes. 
Ahora va a clases de labores —punto y costura—. Que se haya sabido, no ha vuelto a tener una pareja conocida, pero Elena, cumplidos los 55 años, parece liberada de las tensiones del pasado. Eso sí, su relación con su exmarido Jaime de Marichalar es inexistente, tanto que ni tan siquiera han podido planear juntos la puesta de largo de su hija Victoria, que se celebrará la semana próxima.
Elena ha concedido muy pocas entrevistas. 
La última, al cumplir los 50
En ella se definió así: “Soy espontánea, valoro mucho la familia y los amigos, procuro vivir con intensidad lo que hago.
 Tengo sentido del humor y lo valoro en los demás”. 

 

Joan Crawford, ¿madre monstruosa o víctima de una hija cruel?

Aparece en España 'Queridísima mamá', las memorias de la hija de la estrella en las que desgrana los maltratos y las humillaciones recibidas.

 




Joan Crawford y su hija Christina, en julio de 1947 en su casa.
Joan Crawford y su hija Christina, en julio de 1947 en su casa. Keystone / Getty Images
El 10 de mayo de 1977, a las diez de la mañana en Nueva York, falleció Joan Crawford. 
 "La superestrella ha muerto. Ahora se abrirá la puerta y todos los fans desfilarán agitando sus promesas de lealtad firmadas con un 'Dios te bendiga, Joan'. 
Lloré, pero no de tristeza, sino de cólera". 
Este es uno de los párrafos iniciales de Queridísima mamá, las memorias de Christina Crawford, la hija mayor de la protagonista de Johnny Guitar, un libro rebosante de amargura, dolor, venganza y miserias que se editó por primera vez en 1978 y fue adaptado en 1981 al cine con el título homónimo en una vergonzosa película protagonizada por Faye Dunaway.
  En España las memorias nunca habían visto la luz hasta ahora, que las publica Notorious Ediciones traduciendo la versión de 2017.
 Desde que murió su madre, Christina Crawford ha sacado partido de su volumen: en el vigésimo aniversario de la edición escribió cien páginas más y eliminó otras cincuenta del libro original.
 En 2017 añadió fotos de su álbum y un prólogo en el que asegura: "La violencia familiar es generacional, un comportamiento aprendido. [...] Solo la voluntad bien informada de las personas puede revertir realmente dicho comportamiento. Esa es la razón principal por la que he mantenido a Queridísima mamá en constante publicación durante cuarenta años".
Si en su momento el libro levantó una polvareda tremenda, con los años las respuestas familiares y la serie Feud, que ahondaba en su tormentosa relación con Bette Davis, han resucitado para varias generaciones el nombre de Joan Crawford, estrella que trabajó sin parar de 1925 a 1970, y que en sus últimos años se convirtió en la mejor publicista de Pepsi-Cola, al casarse —fue su tercer marido— con Alfred Steele, el presidente del consejo de administración de la marca de refrescos. 
Crawford adoptó cuatro hijos a lo largo de su vida (hubo un quinto que fue reclamado por su madre y por tanto devuelto): 
Christina, Christopher, y las gemelas Cindy y Cathy.
 En su testamento Crawford desheredó a los dos mayores: a Christopher no lo veía desde que él cumplió 15 años y algunos amigos aseguraban que Christina ya había empezado a escribir sus memorias en vida de Joan, y que esta, tras leer algunas páginas, decidió eliminarla de la herencia.

Joan Crawford, en un fotograma de 'Amor en venta'.
Joan Crawford, en un fotograma de 'Amor en venta'.
Christina no se llamó siempre así
. Al inicio de su vida como niña adoptada recibió el nombre de Joan Crawford jr. 
Su madre se dio cuenta pronto del peso del nombre y se lo cambió por Christina.
 Al año de vida del bebé, en 1940, madre e hija cruzaron de costa a costa Estados Unidos para pasar varias semanas en Miami.
 Cuatro décadas más tarde, Christina descubrió que su progenitora "tenía conexiones con el hampa desde su adolescencia", y que así conoció a una leyenda de la mafia judía, Meyer Lansky, que facilitó la adopción de Christina en el Estado de Nevada, ya que en California existían leyes que no permitían que mujeres solteras adoptaran niños.
La autora habla de años de maltrato psicológico y golpes con objetos, encadena episodio tras episodio de broncas por rehusar comer algún alimento (durante una semana se niega a acabar un filete, y desayuno, comida y cena la carne sale del frigorífico para que el servicio la ponga en la mesa ante Christina) 
y redacta los recuerdos de sus legendarios cumpleaños, cuando Joan Crawford montaba en su casa "auténticos espectáculos circenses" a los que acudían los hijos de las estrellas y los prebostes de Hollywood.
 En las fotos de aquellas jornadas aparecían retratados "niños pequeños sin asomo de sonrisas en sus caras", críos a los que Christina, además, no conocía.


Queridísima mamá es una lista desenfrenada de quejas y desdichas en 450 páginas en los que la califica hasta de ninfómana.
 A Crawford le obsesionaba la limpieza, y Christina encadena historias sobre aquellos momentos volcánicos en los que la actriz dejaba salir "su frustración, ansiedad o completa locura, que le hacían reunir a toda criatura capaz que tuviera a mano para obligarla a prestar servicio".
 La autora también subraya que no solo ella sufrió aquellos desmanes.
 La estrella, nacida como Lucille Fay LeSueur en San Antonio (Texas), creció junto a su madre y su hermano Hal, luchando por salir adelante con muy poco dinero.
 Décadas después Crawford contaría que su padrastro abusó de ella durante varios años desde que ella cumplió los 11.
 "El tío Hal y la abuela...A menudo, he pensado que se les hizo pagar un precio terrible por aquellos primeros años de pobreza que compartieron con mamá.
 Creo que solo representaban dolor para ella y creo que se avergonzaba de ellos", plasma Christina. El libro acaba con una ceremonia en homenaje a Crawford organizada por George Cukor, cuando su hija ya sabe que tanto ella como su hermano han sido desheredados "por las razones que ellos muy bien conocen" (así consta en el testamento), un acto al que acude todo Hollywood, incluido un joven llamado Steven Spielberg que había dirigido siete años antes en televisión a la estrella.
 Hasta para él Christina reserva una colleja verbal.


En Queridísima mamá Christina no ahorra en detalles morbosos, incluso salvajes.
 Delante del cadáver embalsamado de su madre, le dice —o así lo escribe—: "Sé que en realidad ya no estás aquí conmigo, madre... Solo quiero decirte que te amo, que te perdono [...]. Dios nos ha liberado, mami querida. Vete en paz". 
Y a partir de ahí inicia el viaje a los infiernos que, insiste, fue su existencia.
Joan Crawford, a la derecha, en 'Alma en suplicio'. 
Joan Crawford, a la derecha, en 'Alma en suplicio'.
¿Cuánto de verdad hay en esas memorias?
 Tras su publicación comenzó una guerra en el mundo del cine y en la familia Crawford.
 La estrella poseía un carácter endiablado, necesario probablemente para sobrevivir en el Hollywood de la época, en el que ganó el Oscar por Alma en suplicio y obtuvo otras dos candidaturas por Amor que mata y Miedo súbito. 
 Esa fortaleza y ferocidad alimentaron su personaje en ¿Qué fue de Baby Jane?, donde encaró a otra gran leyenda, Bette Davis.
 Aquel enfrentamiento alimentó regueros de tinta y medio siglo después, pasó a la televisión en la serie Feud.
Crawford, en '¿Qué fue de Baby Jane?'. 
Crawford, en '¿Qué fue de Baby Jane?'.
Sin embargo, el resto de las biografías de Crawford —como Not the Girl Next Door: Joan Crawford: A Personal Biography, de Charlotte Chandler— no se creen todas las historias de Christina. Empezando por sus dos hermanas pequeñas, que hablan de una "madre estricta pero cariñosa".
 Lo mismo aseguraron exmaridos, secretarios, personal de servicio y otras estrellas amigas.
 En cambio, su hermano Christopher apoyó el libro, y actrices como Helen Hayes, June Allyson o Betty Hutton confirmaron algunos de los abusos de los que fueron testigos.
 Su compañera en Alma en suplicio Eve Arden contaba que Crawford era "una buena mujer", hasta que el alcoholismo y su trastorno bipolar alteraban su comportamiento. 
Fuera lo que fuese, aún hoy, a sus 79 años, Christina Crawford vive dolida por sus años como hija de una de las leyendas de Hollywood.


 

México acusa a Carolina Herrera de apropiación cultural por su colección más reciente

La Secretaría de Cultura exige en una carta a la diseñadora venezolana una explicación por el uso de diseños de pueblos originarios.

Vestidos de Carolina Herrera inspirados en el sarape de Saltillo.

 

El joven diseñador Wes Gordon lleva un año trabajando como director creativo de Carolina Herrera, la modista venezolana que es un icono de las pasarelas. 
Resort 2020 es la reciente colección de la pareja creativa y está inspirada en la “alegría de vivir” de América Latina.
 Vogue la ha descrito como “juvenil, fresca y fiel a las raíces de la marca”. A esto puede sumarse también “polémica”. 
Algunos vestidos de temporada han generado molestias en el Gobierno de México
El Ejecutivo de izquierdas de Andrés Manuel López Obrador ha acusado a Herrera y Gordon de apropiación cultural al haber incorporado en sus prendas diseños y elementos identitarios de los pueblos originarios locales.

La secretaria [ministra] de Cultura del país, Alejandra Frausto, envió este lunes una carta de reclamación a ambos diseñadores. Frausto asegura en ella que algunos de los patrones utilizados en la colección forman parte de la cosmovisión de pueblos de regiones específicas de México.
 El Gobierno ha pedido a Herrera que explique “públicamente” los fundamentos que llevaron a la casa de modas a usar elementos culturales cuyo “origen está plenamente fundamentado”.
 Además, solicita a la modista que aclare si las comunidades portadoras de estas vestimentas se van a beneficiar de las ventas de la colección.
Una de las prendas, por ejemplo, es un largo vestido blanco que tiene bordados animales de colores brillantes que se entrelazan con flores y ramas.
 “El bordado proviene de la comunidad de Tenango de Doria (Hidalgo); en estos bordados se encuentra la historia misma de la comunidad y cada elemento tiene un significado personal, familiar y comunitario”, dice la ministra en el documento al que ha tenido acceso EL PAÍS.
Otros dos casos citados en la protesta de Frausto se refieren al uso de bordados florales sobre una tela oscura como los que se hacen en la región del istmo de Tehuantepec, en Oaxaca.
 Y la incorporación, en otros dos vestidos, del famoso sarape de Saltillo (Coahuila). “En la historia de este sarape encontramos el recorrido del pueblo de Tlaxcala para la fundación del norte del país”, explica la funcionaria del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) a la diseñadora afincada en Nueva York desde 1980.
Frausto cree que las prendas que el señor Gordon ha ideado para la casa Herrera pueden insertarse en un debate mundial sobre los derechos culturales de los indígenas.
 “Se trata de un principio de consideración ética que… nos obliga a hacer un llamado de atención y poner en la mesa un tema impostergable…: promover la inclusión y hacer visibles a los invisibles”, indica la carta, con fecha de 10 de junio. 
Este periódico intentó sin éxito contactar con la oficina de Carolina Herrera en Nueva York para conocer la reacción tras la carta.
Ya decía yo que Carolina ya no es la Carolina Herrera de mis sueños , ahora toca esperar que nos vista como a Frida Khalo cejijunta y con bigote.....no no Carolina no es ya Carolina que las dependientas ganan menos de lo que cuesta un vestido suyo o un bolso......no no y menos ir de mejicana linda y bonita... 

proyecto para una ley de salvaguardia de los conocimientos, cultura e identidad de los pueblos indígenas y afromexicanos. La norma pretende derogar algunas leyes vigentes de derecho de autor para impedir que los diseñadores utilicen este tipo de ilustraciones sin el consentimiento de los pueblos.
“Es una ley muy grande que da la titularidad de estos elementos a las culturas originales”, explica a este diario la senadora Susana Harp, de Oaxaca, presidenta de la comisión de Cultura y autora de la norma, que será trabajada durante dos meses más junto a otros instrumentos legales. 
“El mercado debe entender que no se trata de dos bolitas arriba o dos bolitas abajo. Estos diseños son imágenes de su cosmovisión. Las comunidades piden respeto, no piden dinero. Quieren que los diseñadores se acerquen a ellos y pidan permiso”, agrega la legisladora. 
Uno de los apartados de esta ley indica que los pueblos originarios podrán firmar, o no, convenios con los diseñadores que pretendan utilizar sus diseños.
Harp indica que también existen ejemplos de buenas prácticas del trabajo con artesanos locales. 
Entre ellas Roche Bobois, una mueblería francesa de alta gama, que hizo una colección basada en arte huichol. Por cada pieza vendida, los indígenas obtienen un ingreso.
 La mexicana Carla Fernández también se ha convertido en un referente con sus colecciones influenciadas en la riqueza textil de los pueblos originarios.
 Una riqueza que Carolina Herrera tendrá que explicar al Gobierno mexicano.