Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

9 jun 2019

El milagro Jorge Javier Vázquez

El milagro Jorge Javier Vázquez: cómo el desprecio de las élites lo convirtió en estrella y superviviente.

Diez años después del estreno de 'Sálvame', el espacio televisivo más controvertido del siglo, el presentador no solo mantiene a flote el programa, sino que se ha convertido en la mayor estrella televisiva de España.

El presentador Jorge Javier Vázquez en el plató de 'Supervivientes' (Telecinco), espacio que presenta desde 2011 y ha revitalizado con un estilo tan inimitable como criticado.

El presentador Jorge Javier Vázquez en el plató de 'Supervivientes' (Telecinco), espacio que presenta desde 2011 y ha revitalizado con un estilo tan inimitable como criticado. Foto: Getty Images.
 

Todo el mundo que haya visto un par de reality shows sabe que una de sus máximas es que si te ganas el desprecio de gran parte de tus compañeros, conseguirás enseguida el amor del público y, finalmente, la victoria. 

En 2009 Jorge Javier Vázquez, señor y rey del formato en la actualidad, llevó este axioma hasta el escenario de los premios Ondas en el Liceu de Barcelona. 

Galardonado como mejor presentador por Sálvame –por "renovar con brillantez y sentido del humor un género controvertido”–, muchos de los presentes recibieron al presentador con el ceño fruncido.

 El veterano actor Emilio Gutiérrez Caba, premiado aquel mismo año, se quejó del galardón a Vázquez: “No a todo el mundo se le puede dar un premio así”.

 Ondas en mano, Jorge Javier Vázquez (Barcelona, 1970) se convirtió en ese presentador al que las élites de la comunicación y las artes desprecian y el público adora.  

Sálvame es un espacio anárquico e imprevisible donde es tan posible presenciar escenas inmorales y que no dicen nada bueno de nosotros como sociedad como momentos sublimes que parecen escritos mano a mano por Rafael Azcona y Efthimis Filippou.

 Una vez juntaron a la esposa de un diplomático y a la vedette transexual Cristina Ortiz, alias La Veneno.

 "Ella ha sido mujer de diplomático", le comentó Jorge Javier. "¿Mujer de diplomático?", respondió La Veneno. 

 "Yo he sido mujer de todo el mundo".

 

Ese territorio comanche fue el que Jorge Javier necesitaba para demostrar lo que mejor sabe hacer: enfrentar al lumpen y a la diplomacia y alternar citas de Lorca y de Belén Esteban. 
Hasta ese momento había sido un presentador simpático, rápido y efectivo. 
Pero la cultura del "paso a vídeo" se le quedaba pequeña.
Sálvame llegó y se convirtió en una especie de reunión de antiguas ovejas negras del instituto.
 Tanto Jorge Javier, que parecía acabado tras Aquí hay tomate, como periodistas del corazón que daban tumbos por las cadenas autonómicas, fueron un hallazgo para aquel espacio que descubrió la fórmula de la Coca-Cola el día en que la vedette Sonia Monroy abandonó el plató al grito de “¡me pagáis una mierda!” y la realización, en vez de quedarse en plató, decidió perseguirla por las instalaciones de Telecinco mientras Jorge Javier, micrófono en mano, le preguntaba por qué se iba.
Jorge Javier Vázquez se ha convertido en un especialista en 'reality shows' de famosos por su capacidad para lidiar con distancia e ironía con los personajes de la vida rosa.
Jorge Javier Vázquez se ha convertido en un especialista en 'reality shows' de famosos por su capacidad para lidiar con distancia e ironía con los personajes de la vida rosa. Getty Images
La ruptura de la cuarta pared (o la quinta, o la sexta, hay mucha pared en Telecinco) se aplicaba tanto al programa como al propio Jorge Javier, que se reveló como un conductor inaudito que era capaz de presentar un espacio a la vez que lo analizaba desde fuera, como si el vecino más ácido del bloque se sentase con los vecinos a ver el programa cada tarde y a comentarlo.
 Jorge Javier Vázquez adelantaba por la derecha a los que se querían reír del tipo de televisión que hacía: si humoristas como Ángel Martín o Patricia Conde llevaban años intentando hacer humor de la televisión rosa limitándose a repetir sus mejores (o peores) escenas, tuvo que llegar un filólogo (Jorge Javier es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona) sin prejuicios para demostrar que uno podía reírse del formato y de sus miserias desde el mismo plató.
Corte al año 2014. Jorge Javier se había convertido en estrella de la cadena tras probar que puede presentar con éxito formatos en horario de máxima audiencia como Supervivientes
Y en septiembre de ese año lo llamó el poder en directo para demostrar que aquel presentador que hablaba de frivolidades podía tener más influencia de lo que parecía.
 La secuencia en la que suena su teléfono en directo, lo coge y comienza a hablar con Pedro Sánchez (hoy presidente, entonces secretario general del PSOE) es una de esas que dinamitan todo lo que creíamos saber sobre cómo funciona la televisión.
 
Jorge Javier Vázquez comienza a hablar con monosílabos con el actual presidente del gobierno, al que en principio solo se escucha en un murmullo. 
“Te llamaba porque escuché ayer lo que habías dicho…”, creemos oír, incapaces de entender todas las palabras. 
Jorge Javier acababa de decir en directo en su programa que, debido a que el alcalde de Tordesillas era socialista y no hacía nada por evitar que se celebrase cada año en su localidad el sangriento torneo del Toro de la Vega, pensaba dejar de votar al PSOE.
 Durante casi cinco minutos acudimos al plano fijo del presentador, hablando más bien poco mientras escucha lo que dice un interlocutor al que no podemos entender y apenas escuchar. 
Una escena impensable en un momento en que el espectador parece asolado por un síndrome de déficit de atención que obliga a lanzarle muchos colores, cortes y personas por minuto a los ojos.
 A su manera, si Jorge Javier es un presentador muy especial es porque en un programa donde en general se grita mucho, él maneja como nadie los silencios. 
Y si Sálvame es un programa curioso es porque, pese a tener un decorado con decenas de colorines, su tertuliana más famosa es una que paraliza a la audiencia cada vez que se calla y cierra los ojos. 

Al final de la conversación, Jorge Javier dispara así a Sánchez: “Yo presento Sálvame diario, que yo ahí no te veo para que vengas, pero luego tengo en Sálvame Deluxe un polígrafo que lo hace Conchita. ¿Tú conoces a Conchita?”.
 Risas del público. “No, ¿no? Bueno, ahora que tengo tu teléfono yo ya te llamo y montamos lo que quieras. Sí, este es mi teléfono personal, sí.
 No, yo no te dejaría venir al polígrafo, pero si vienes lo amañamos”.
Cinco años después Jorge Javier y Sálvame se colaron en las memorias del presidente, Manual de resistencia
“Yo tengo amigos”, escribió Sánchez, “y amigos varones, profesionales de reconocido prestigio en sus ámbitos, que ven ese programa”. 
El debate sobre ver o no ver hoy ese programa, que efectivamente a veces tiene un concepto de la moral un poco relajado y no es precisamente un modelo de virtud, ya parece caduco.
 Jorge Javier Vázquez hizo algo muy acertado desde el principio respecto a este debate: restarle importancia: “¿Cuánta gente ve Sálvame?”, se preguntó en una entrevista en EL PAÍS en 2012. “Dos o tres millones de personas.
 ¿Cuánta gente hay en este país? Estamos elevando a la categoría de problema algo que es anécdota”.
 Y añadió: “¿Por qué nos empeñamos en que la televisión tenga que ser un modelo? En mi contrato no pone que yo tenga que ser un modelo para la sociedad”.

Jorge Javier junto a algunos colaboradores de 'Sálvame' en el programa 'Las bodas de Sálvame', una de las muchas ramificaciuones del formato donde se casaba a anónimos en directo.
Jorge Javier junto a algunos colaboradores de 'Sálvame' en el programa 'Las bodas de Sálvame', una de las muchas ramificaciuones del formato donde se casaba a anónimos en directo. Cordon Press
 
Jorge Javier Vázquez es gay, deslenguado, habla de sexo en directo y se moja en política (confesó que iba a votar al PSOE en las generales, a Carmena en el Ayuntamiento Madrid y a Errejón en la presidencia de la Comunidad).
 Un milagro en un país tan lleno de demonios ideológicos como España, donde el posicionamiento es peligrosísimo. Pese a todo eso, y con una mano derecha por la que otros matarían, él encandila a ambos lados del espectro político. Jorge Javier se define de izquierdas, pero ha reconocido que la derecha ve los programas del corazón con muchos menos prejuicios. 
Se le ve tan cómodo alternando con Manuela Carmena como con Jiménez Losantos.
 Tan cómodo entrevistando a Paqui La Coles como a Victoria Abril. 
Cuando el invitado se pone impertinente o intenso, se lo ventila con la misma facilidad ya sea un exconcursante de Gran Hermano VIP o un noble relacionado con la familia real.
 “Eres un maleducado, buenas noches, adiós”, estalló tras dejar con la palabra en la boca a Álvaro de Marichalar en octubre de 2017.
 “Cambiamos de tema. Fuera. No voy a soportar que este tío esté aquí diciendo gilipolleces.
 Ya le hemos dado un cuarto de hora. Ya está, ¡a tomar por saco!”, añadió.
Y como alguien que creció leyendo las revistas del corazón y comenzó su vida laboral trabajando en ellas (en Pronto, por ejemplo), entendió que la vida propia es un ente moldeable y extraño que solo tiene valor cuando se oculta. Por eso en sus espacios, sus entrevistas y su blog personal en una conocida cabecera española de sociedad escupe a bocajarro todo aquello que vive y que, por lo tanto, no verá publicado nunca en una revista o en un confidencial a sus espaldas, ya sean sus infortunios amorosos, sus operaciones de cirugía estética o sus achaques de salud. Actualmente, como si esto fuese el final de un guion clásico con planteamiento, nudo y desenlace, Jorge Javier ha vuelto al trabajo tras sufrir un ictus para ver cómo en el programa de más éxito de su carrera, Supervivientes, se habla de tú a tú todos los jueves con Isabel Pantoja, la que fuese su azote y gran enemiga.
 Quién sabe si dentro de otros diez, y ya convertido en caballero del escenario, compartirá uno con Emilio Gutiérrez Caba.
 

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Brad Pitt retoma una estrecha relación con sus hijos

El actor, que desde finales del pasado año tiene la custodia compartida de los seis hijos que tuvo con Angelina Jolie, disfruta con ellos cocinando y viendo películas en su casa de Los Ángeles.

Brad Pitt, en Venecia, Italia.
Brad Pitt, en Venecia, Italia. GTRES

 

Brad Pitt está disfrutando de su vida como padre soltero. 
A finales del año pasado, el actor recibió la custodia compartida de los seis hijos que comparte con Angelina Jolie, de quien se separó en 2016, y según revela ahora US Weekly, el protagonista de Seven se ha adaptado muy bien a pasar tiempo él solo con los niños, con quien se divierte realizando actividades cotidianas como “cocinar o ver películas”.
 “Él los alienta a perseguir sus sueños”, aseguró una fuente al portal estadounidense.
Según la misma fuente, la estrella de Érase una vez… en Hollywood asiste a terapia y se siente “aliviado de que la crianza y educación de sus hijos vaya tan bien”. 
“Agradece que toda la enemistad con Angelina haya quedado en el pasado.
 Los niños son lo primero y es lo que más le importa: ser padre y compartir su vida con sus hijos”, agrega. 
La pareja tuvo seis hijos: Maddox, de 17 años, Pax, de 15, Zahara, de 14 (todos adoptados por ella y que el actor también adoptó después), Shiloh, de 12 y los mellizos Vivienne y Knox, de 10 años (estos tres últimos, biológicos de ambos).
Brad Pitt y Angelina Jolie en el aeropuerto con sus hijos Pax, Maddox, Vivienne, Zahara , Knox y Shiloh en junio de 2015. rn  
Brad Pitt y Angelina Jolie en el aeropuerto con sus hijos Pax, Maddox, Vivienne, Zahara , Knox y Shiloh en junio de 2015.
Los niños pasan temporadas con su padre, en su casa de Los Ángeles, o con su madre, que siempre que puede los lleva al destino donde le toque trabajar. 
En las últimas semanas, los niños han pasado mucho tiempo en Nuevo México, donde la actriz está grabando en Alburquerque su próxima película, Those Who Wish Me Dead (Aquellos que desean que esté muerta), el nuevo thriller basado en la novela homónima de Michael Koryta.

Tras casi una década de noviazgo y dos años de matrimonio, Brad Pitt, de 55 años, y Angelina Jolie, de 44, anunciaron su separación en septiembre de 2016
La pareja lleva más de dos años y medio tratando de llegar a un acuerdo de divorcio que se complica y alarga por dos cuestiones: la división de sus bienes y la custodia de sus seis hijos en común.
Angelina Jolie con Knox, Vivienne, Pax, Shiloh, Zahara y Maddox, en Nueva York, en febrero. 
Angelina Jolie con Knox, Vivienne, Pax, Shiloh, Zahara y Maddox, en Nueva York, en febrero.

Aunque en abril de 2018 llegaron a un primer acuerdo sobre su divorcio, la cuestión se complicó el pasado julio, cuando un juez obligó a la actriz a que sus hijos mantuvieran una buena relación con su padre.
 Jolie se había quejado de que él no pagaba la pensión, y exigía "el 50% de los gastos de los niños" y una compensación retroactiva. Finalmente, la pareja logró llegar a un inicio de acuerdo de custodia el pasado mes de diciembre
Sin embargo, ahí no acaba todo, porque a la expareja aún les queda repartirse 450 millones de euros.
Además, desde el pasado abril la pareja ya se puede considerar soltera. 
Según documentos judiciales obtenidos por la revista People, un juez decidió que su estado sea el llamado "bifurcation of marital status", es decir, una división del estado matrimonial que hace que, aunque no estén divorciados, se les considere solteros.
 Algo que la actriz ya ha materializado al pedir específicamente a un tribunal recuperar su antiguo nombre y que este deje de tener el apellido Pitt, que se puso cuando se casó con el actor en agosto de 2014, para ser solamente Angelina Jolie.

Que viene Trump................................... Elvira Lindo

El presidente de Estados Unidos utiliza el odio contra la corrección política para animar a sus votantes a seguir siendo racistas y misógino.

Fotograma de la serie 'When they see us'.
Fotograma de la serie 'When they see us'.
No sé si cuando Trump viajaba la semana pasada a Londres había visto la serie, When They See Us, en la que él aparece poco, pero significativamente.
 Dicen que padece problemas de atención, así que no creo que aguantara los cuatro capítulos, pero a sus oídos llegaría el clamor del alboroto. When They See Uscuenta la historia real de cuatro chavales negros y uno hispano, todos rondando los 15 años, a los que se acusó de haber violado brutalmente en Central Park a una joven corredora una noche de abril de 1989.
 Los interrogatorios a los que se sometió a los muchachos fueron tramposos con el fin de entregar cuanto antes a la opinión pública la cabeza de unos culpables.
 Se eludió la prueba del ADN, que no coincidió con el de ninguno de ellos, y se editaron los vídeos de sus declaraciones para construir el relato del crimen.
 La víctima, Trisha Meili, que estuvo varios días en coma, borró de su memoria la agresión y no pudo reconocer el rostro del violador.
Yusef, Raymond, Korey, Antron y Kevin fueron condenados por asalto, robo, violación e intento de asesinato.
 A pesar de que se les ofreció algún acuerdo para rebajar sus penas o para que en su momento pudieran optar a la condicional, los cinco de Central Park defendieron tozudamente su inocencia, con un aplomo asombroso para tan tierna edad. 
 Pasaron la adolescencia y primera juventud en la cárcel. En 2002, un recluso, Matías Reyes, confesó ser el violador de Central Park. La investigación se revisó, se comprobó la coincidencia del ADN y los cinco muchachos fueron exonerados de toda culpa.
 Pero sólo cuando Bill de Blasio asumió la alcaldía de Nueva York se compensó a los jóvenes con 41 millones de dólares, aunque nadie públicamente admitiera responsabilidad alguna.
No deja de sorprender que haya tenido que ser una serie de ficción la que haya hecho reaccionar a una sociedad que, en su momento, con aterradora unanimidad, condenó a los muchachos.
 Donald Trump aparece en unas imágenes de entonces con su aire de galán hortera, célebre por sus discutidas operaciones inmobiliarias, símbolo de ese Nueva York de millonarios en una ciudad sacudida por la miseria, la droga y el crimen.
 Declaró en varios programas que ya estaba bien de concederles ventajas a los negros. 
A veces, confesaba con su verbo simplón, desearía ser negro para disfrutar de tantos privilegios.
 Estas declaraciones fueron acompañadas de páginas enteras compradas en los principales periódicos de la ciudad exigiendo la pena de muerte y una mayor dureza en el trato policial.
 Hoy en día, se lamentaba aquel Trump juvenil, las víctimas están desprotegidas y los asesinos campan a sus anchas.
Intuyo que la referencia insultante que dedicó al alcalde de Nueva York, camino de Inglaterra, al decir que Sadiq Khan, el regidor de Londres, era tan tonto como De Blasio, pero más bajo, algo tuvo que ver con el cabreo provocado por esta serie que trata de sacarle los colores.
 Pero él jamás retrocede. No le importa ser racista, abusivo o misógino. Utiliza el odio contra la corrección política para animar a sus votantes a seguir siendo racistas y misóginos.
 Una estrategia estudiada para arrebatar los servicios de salud pública a las mujeres pobres y a los niños, la legalidad a los inmigrantes y el trato de igualdad a los negros. 
Todo responde a un plan. 
Y viene a Europa, a lo que todavía es Europa, a recoger los frutos del mal que sembró hace tiempo. 
Maldito aquel que lo sienta a su mesa.