Torremolinos en los años sesenta; actualmente tiene 20.000 plazas hoteleras.EFEDe La Manga del Mar Menor a Torremolinos y Comillas, los destinos de
toda la vida esconden sorpresas que merece la pena recuperar. Descubrimos por qué los enclaves del Spain is different con los
que este país se convirtió en potencia turística siguen teniendo su
punto.
La playa de Burriana, la más grande de Nerja, con el chiringuito Ayo, un lugar emblemático de 'Verano azul', al fondo.GARCÍA-SANTOS
El eterno Verano azul de Nerja — “¡Chanquete ha muerto!, ¡Chanquete ha muerto!”. Pancho se desgañita mientras corre al encuentro del resto de la pandilla de Verano azul,
que le espera en la Caleta de Maro, en Nerja. La muerte del viejo
pescador es la escena cumbre de esta serie que marcó a la generación
EGB. El episodio, que se emitió en 1982, concentró a toda España frente
el televisor, en una especie de luto colectivo que dejó huella en la
memoria sentimental de un país en pleno cambio. Nerja,
entonces, representaba el anhelo vacacional de una clase media que
luchaba por sacudirse la sombra gris del franquismo. Casi 40 años
después, esta localidad malagueña sigue siendo uno de los grandes iconos
del turismo familiar. “El espíritu de Verano azul sigue muy
presente. Ese ambiente de pueblo pequeño, de calitas y de chiringuitos,
es lo que la gente respira cuando viene aquí”, explica Miguel Joven, que encarnaba en la serie a Tito, el benjamín del
grupo y el único nacido en Nerja. Con los años, Joven se ha convertido
en el mejor embajador de un municipio en el que el paseo marítimo lleva el nombre de Antonio Mercero y en breve se va a levantar una estatua en homenaje a Antonio Ferrandis. “En 2011, coincidiendo con el 30º aniversario de la serie, organicé una
ruta por los lugares más emblemáticos, muchos de los cuales siguen
igual: La Dorada, el Balcón de Europa, la taberna de Frasco, la lechería
de Pancho…”. El éxito le desbordó y tuvo que prolongar las visitas
cinco veranos más. Los turistas le paran por la calle para hacerse
selfis en un revival nostálgico sin fin. “Muy pocas cosas duran 40 años, pero Verano azul va para 40, y para otros 30 más”. Una de las terrazas del jardín del hotel Can Bordoy, en Palma de Mallorca.L STUDIOLujo vintage en Palma
— Gente sofisticada y con una cuenta corriente desahogada. Eso es lo que busca atraer Can Bordoy, el nuevo hotel de gran lujo
inaugurado a finales de 2018 en el casco histórico de Palma. Concebido
como una residencia privada victoriana, el establecimiento “rompe con la
rigidez y la formalidad de un cinco estrellas convencional”, explica
Giovanni Battista, su director general. Aquí el desayuno se sirve a
cualquier hora, no hay prisa por dejar la habitación el último día y no
existe la clásica recepción de hotel. A cambio, tres mayordomos —Joan,
Clementina y Alexandra— “están a tu disposición las 24 horas del día”,
hasta el punto de que hacen de despertadores humanos: “Por la mañana
entran en tu habitación y, mientras te desperezas, te llenan la bañera y
te preparan la ropa”. Lujo vintage dirigido a aquellos que
necesitan una dosis extra de mimos y atención: “Hay huéspedes a los que
saludamos con abrazos porque ellos mismos lo piden. Tres o cuatro noches
con nosotros y ya es como si fuéramos tu familia”. Pero aquí el cariño no se regala. Cada una de las 21 suites que alberga
este imponente palacete, que antes fue un colegio de monjas, no bajan de
los 400 euros la noche, llegando a rozar los 700 las más exclusivas. Quizá por eso, desde su apertura nunca han estado ocupadas más de 12 o
13 al mismo tiempo. Cuando se remodeló el edificio, se decidió volver a
abrir las grietas que afectaban a la fachada para dotar a este hotel boutique del “romanticismo decadente de sus inicios”.
'Pîntxos' en la barra del bar Gran Sol, en Hondarribia.Álex Iturralde
Hondarribia, el ombligo de la gastronomía vasca
— Pocos pueblos del norte de España pueden presumir de concentrar en
tan pocos metros cuadrados una oferta gastronómica como la de Hondarribia. Tradicional retiro de la burguesía madrileña que huye de la canícula,
esta villa amurallada de casas blasonadas oferta multitud de
restaurantes y tabernas de pintxos.Dos sobresalen sobre el resto: La Hermandad de Pescadores y el bar Gran Sol. Al frente del primero están Iñaki Bergés y su mujer, Maite Martínez,
que tomaron las riendas de este templo de la cocina vasca en 2010.
Bergés aprendió el oficio de cocinero en alta mar. “Con 14 años tomó el
mando de los fogones y sus compañeros ya no le dejaban hacer otra cosa”,
recuerda su mujer. Su plato estrella es la sopa de pescado. “Tampoco
tiene secretos, es la que hacían toda la vida nuestras madres”, explica
Maite. A diario, también cuando aprieta el calor, preparan entre 40 y 50
litros. Y nunca sobra nada, aseguran. El caldo, cuyo ingrediente
principal es la merluza del Cantábrico, es el banderín de enganche para
las riadas de japoneses que acuden regularmente a probarla. En el bar
Gran Sol, en cambio, son sibaritas del pintxo, “la
quintaesencia de lo vasco”, según David Barrado, al frente de una barra
donde se despachan cada jornada 4.000 muestras de esta codiciada cocina
en miniatura. “Y todos se comen, está estudiado”. La chef Mika Pop
aporta la materia gris necesaria para que estos exquisitos bocados
rebosen sofisticación y originalidad, como el cerdo en tres texturas
envuelto en tinta de chipirón. El Capricho, proyectado por Antoni Gaudí en Comillas (Cantabria).Joana Kruse (Alamy)Comillas, un pueblo con pedigrí convertido en plató de cine
— Un novio despechado al que acaban de dejar plantado el día de su
boda vuelve al lugar donde veraneaba de niño para intentar reconquistar a
su amor platónico. Así arranca Primos (2011), la taquillera película de Daniel Sánchez Arévalo filmada íntegramente en Comillas,
bastión del veraneo aristocrático en Cantabria. “Cada vez que hay un
rodaje y buscan figurantes acuden todos los comillanos”, relata con
orgullo la alcaldesa, María Teresa Noceda. La Ruta del Cine que organiza su Ayuntamiento hace paradas en 10 rincones inmortalizados por directores como Narciso Ibáñez Serrador, Juan Antonio Bardem, Mario Camus
y, más recientemente, Carlos Therón, Miguel Martí o el propio Sánchez
Arévalo. Pero la ficción del cine no ha alterado la realidad sociológica
de Comillas, que sigue siendo uno de los destinos preferidos de la alta
alcurnia, una foto fija sin apenas cambios en generaciones. Aunque en los últimos tiempos, explica la regidora, esa vieja
aristocracia se ha visto eclipsada por “la llegada de grandes
empresarios del Ibex 35”. La gran concentración de poder y dinero no
impide que en sus calles empedradas cuajen sitios sencillos como La
Gilda, un gastrobar situado en una casa solariega frente al palacio de
Sobrellano. Al frente del negocio, inaugurado en 2018, está la bilbaína
Pilar Corral, que aplica en sus recetas lo aprendido en Nueva York, donde se formó como cocinera. En su original propuesta sobresalen el po’boy
de vieras y langostinos, “un sándwich típico de Nueva Orleans que
solían comer los trabajadores”, y las rabas de calamar con mayonesa
picantona, “las mejores de la zona”. Todo a precios comedidos, aunque
quizá esto no sea lo más importante en Comillas.
Meditación y yoga en Lanzarote.CALIMA SURF
Lanzarote, yoga y surf en tierras volcánicas
— Más allá de la omnipresente huella artística de César Manrique,
Lanzarote es un paraíso volcánico que tardó en ser descubierto por el
turismo de masas. No abandonó su marginalidad hasta los ochenta, gracias
a la pujanza de los nórdicos, sobre todo daneses, convirtiéndose en uno
de los destinos alternativos favoritos para europeos y españoles. También es una meca del surf, que se practica con denuedo en las playas
del norte, cuyas arenas blancas se extienden en un suave manto que
recubre los sedimentos volcánicos y las rocas del fondo.Famara es un majestuoso arenal
de seis kilómetros azotado recurrentemente por los vientos alisios,
circunstancia que convierte a este lugar en el ideal para cabalgar olas
en sus aguas prístinas. Por algo le llaman la Hawái de Europa. En el
pueblo de La Caleta hay establecidas varias escuelas de surf. Una de las decanas es Calima,
puesta en pie por los hermanos Cruz —Michael y Deborah— en 1996. Abierta todo el año, ahora también imparte yoga. “Te ayuda a mejorar tu
equilibrio, reduce el riesgo de lesiones y calma la ansiedad”, explica
Deborah. La mayoría de los que llaman a su puerta (1.500 alumnos al año)
buscan adquirir los rudimentos básicos para no caerse de la tabla, pero
muchos acaban rendidos a la meditación. Dos horas diarias de surf y una
buena ración de espiritualidad también les hace estrechar lazos. “Al
verano siguiente vuelven como parejas, algunas incluso con niños”. Muy
cerca de allí, a pie de playa, está el restaurante El Risco, que elabora “una comida de kilómetro cero con guiños a otras latitudes”, explica Marcos Rodríguez, uno de sus tres socios. Al entrar, un enorme mural de Manrique preside el comedor, “un homenaje a
los pescadores de La Graciosa”, islote del archipiélago Chinijo, la
mayor reserva marina de Europa, que luce descomunal desde su terraza.
Julian StratenschulteAPMARGARITA VISTA a través de gotas de lluvia sobre una brizna de hierba
en Laatzen, al norte de Alemania”. Esa es toda la información que
acompaña la fotografía. Laatzen es un municipio de 41.000 habitantes
situado cerca de la ciudad de Hannover (Alemania). Su descripción ocupa
exactamente cinco líneas en Wikipedia. No consta en Internet otra
información acerca de él, salvo las habituales ofertas de las páginas
webs de hoteles. Cabe decir, pues, que la localidad ha saltado a la
prensa internacional gracias a esta imagen, que es como un haiku visual. Se ignora el tipo de lente que utilizó su autor, pero ha logrado una
fotografía de premio.
Ullstein Bild Getty ImagesDORIS DAY representó
la ilusión óptica de una América feliz y confiada. Vivía en un país en
el que hasta los perros viajaban en Cadillac. No recuerdo que en sus
películas salieran hombres negros o mujeres negras, a menos que
trabajaran de criados o criadas, pero sí que, en diciembre de 1955, el
mismo año de la foto, Rosa Parks acabaría en la cárcel por ocupar en el autobús el asiento de un blanco.
—Estaba cansada —me parece que le dijo al juez. No se refería al cansancio normal de una jornada de trabajo, sino al
de décadas de violencia por parte de la mayoría blanca. Significa que la
realidad y el cine no siempre se encuentran en la misma onda. La mascota de Day se sentaba donde le daba la gana. Ahí la tienen,
recibiendo el cariño de las multitudes. Observen la dentadura de la
actriz, la perfección de los bucles y las ondas de su cabello, el número
exacto de los dedos de su mano derecha, sus cejas, sus ojos, sus dos
fosas nasales. No le falta ni le sobra nada. El guiso está en su punto. Su Qué será, será,
por otra parte, jamás sonó a incertidumbre existencial. Se trataba de
una pregunta retórica, pues dábamos por supuesto que todo iría bien,
incluso que iría mejor. Le fue bien al perrito, le fue bien a ella, les
fue bien a sus productores y a la marca de automóviles. Murió ayer, como el que dice, a los 97 años,
quizá un poco harta de su complicidad con el espejismo colectivo que
llegó a representar. Tal vez unos segundos antes de extinguirse, al
venirle a la memoria todos aquellos momentos que habían colmado su
existencia, se dijo: ¡Qué descanso!
La desinformación es una nueva y muy eficaz arma política. O tomamos
conciencia del peligro, o seremos los más tontos de la historia humana.
LA NEUROCIENCIA
nos está permitiendo conocer cada vez mejor el previsible y, por
consiguiente, manipulable funcionamiento de nuestro cerebro, y las redes
sociales están utilizando malévolamente ese conocimiento igual que el
fusil utiliza la bala: con la intención criminal de reventarnos la
cabeza desde lejos.
Aunque el cerebro humano es un órgano de complejidad maravillosa, los
neurocientíficos han descubierto que la función más o menos consciente,
aquello que llamamos pomposamente “yo” (¡qué importantes somos para
nosotros mismos!), no supone más que una porción minúscula dentro de la
actividad general: “El yo es un polizonte en un trasatlántico”, dice David Eagleman. Y esa pizca de “yo” escoge, por economía de funcionamiento, atajos de
pensamiento que pueden tener resultados catastróficos. Por ejemplo,
está demostrado que escuchar la misma afirmación más de tres o cuatro
veces nos hace a todos más proclives a creerla, aunque se trate de la
mentira más idiota.
O sea: cuanto más repitas una falsedad, más se extiende y se hinca en
el pensamiento colectivo, como un virus. La mentira es una especie de
gripe mental.
Esa enfermedad viral, esa pandemia, está llegando a niveles jamás
alcanzados antes. Hace tres semanas, la ONG AVAAZ publicó un interesante
informe sobre las fake news y la manipulación informativa de la extrema derecha. Antes de las elecciones corrieron por Europa venenosos bulos: que Notre Dame será reconstruida
con un minarete musulmán, o que pandillas de emigrantes están atacando a
la policía. Todo falso, por supuesto, pero astutamente dirigido al
centro de los miedos de la gente, porque nuestro cerebro también está
programado para recordar la información negativa antes que la positiva:
según AVAAZ, las mentiras basadas en el miedo se propagan hasta seis
veces más rápidamente que las noticias reales. Un horror, porque las
noticias falsas difundidas en Facebook pueden llegar a ser vistas por
mil millones de personas al día. La desinformación es una nueva y muy eficaz arma política, y AVAAZ
señala expresamente a Rusia y a sus millones de cuentas falsas. RT, el
canal de propaganda estatal rusa, tiene más de 2.700 millones de visitas
en YouTube. Y, para peor, nadie es inmune. No te salva la experiencia (hay
estudios que demuestran que los mayores de 65 años difunden siete veces
más bulos que los más jóvenes), y tampoco el nivel cultural o la
inteligencia. Al contrario: todos somos proclives a creer aquello que
confirma nuestros prejuicios, y los más cultos, una vez infectados por
una mentira, tienden a estar mucho más seguros de ella y de su propio
criterio. Hay un tipo de inteligencia, muy extendida, que desdeña el
detalle y se fija, por economía, en el conjunto. En una investigación de
la Universidad de Southern California preguntaron a los alumnos:
“¿Cuántos animales llevó Moisés en el Arca?”, y sólo un 12% contestaron
correctamente: ninguno. Era el Arca de Noé, no de Moisés (lo cuenta
David Robson en su libro The Intelligence Trap). Y este tipo de mente cree con más facilidad en las fake news.
El paroxismo electoral que acabamos de vivir en España nos ha dejado
numerosos ejemplos de mentiras. Me pasmaron, por su completa falsedad,
los bulos contra el PACMA: dijeron que eran antiabortistas y antifeministas, y hasta, en el colmo del disparate, que iban a votar a VOX,
cuando precisamente VOX es su mayor enemigo e intentó que los jueces
prohibieran la campaña de PACMA. Los animalistas sacaron un vídeo
desmintiendo todo, pero sirvió de poco. ¿Cómo podemos defendernos de
estas malignas manipulaciones? Es difícil, muy difícil; en las pasadas
elecciones, la empresa de seguridad Protect Global lanzó una campaña
para desmentir los bulos contra los emigrantes por medio de datos (como,
por ejemplo, que sólo el 16% de los robos en España son cometidos por
extranjeros). Una gran iniciativa, pero insuficiente, porque la
desinformación es tan contagiosa como el ébola. O tomamos conciencia del
peligro, desarrollamos planes nacionales contra la mentira organizada y
empezamos a educar a los niños en el pensamiento crítico, o seremos los
borregos más tontos de la historia humana, camino del matadero y
balando mentiras todos a una.