Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

27 may 2019

‘Chernobyl’, regreso a la mayor catástrofe nuclear de la historia

Una miniserie coproducida por HBO y Sky cuenta una historia de mentiras, desinformación y héroes anónimos.

 

  • Tráiler de Chernobyl.
    26 de abril de 1986. 1.27 de la madrugada.
     A esa hora explotó el reactor número 4 de la central de Chernóbil, en la antigua unión Soviética --hoy, Ucrania--. El accidente desencadenó la mayor catástrofe nuclear de la historia, cuyas consecuencias todavía perviven.
     En esa memoria aún oscura de lo que sucedió bucea Chernobyl, una mezcla entre documental y serie basada en hechos reales.
     La producción, de cinco capítulos y que ya se ha estrenado en España (HBO), relata el siniestro, la lucha por sobrevivir y tratar de salvar a la población de miles de héroes anónimos; pero también el afán de las autoridades de la Unión Soviética de esconder al mundo y a sus propios ciudadanos su actuación, de disfrazar la oceánica catástrofe.
     “¿Cuánto cuestan las mentiras? 
    No es que vayamos a confundirlas con verdades, el peligro es oír tantas que ya no reconozcamos la verdad”.
    Y la verdad a esa pregunta lapidaria con la que se inicia Chernobyl es que el accidente estuvo rodeado de ocultación, desorganización, mentiras.
     De propaganda.
     Y en una era como la actual, en la que la desinformación y las noticias falsas llegan amplificadas a la ciudadanía provocando la ruptura de las sociedades, el siniestro que ha cumplido ya más de tres décadas en aquella central nuclear soviética deja un mensaje y un legado importantísimos.
    "Lo que ha pasado es algo desconocido.
     Es otro miedo.
     No se oye, no se ve, no huele, no tiene color; en cambio nosotros cambiamos física y psíquicamente.
     Se altera la fórmula de la sangre, varía el código genético, cambia el paisaje", narra uno de los supervivientes en Voces de Chernóbil, el relato sobre el sufrimiento que siguió a la catástrofe que hace la Nobel de Literatura Svetlana Alexievich.
    La estructura del reactor cuatro de Chernóbil ardió durante 10 días. 
     Estas partículas invisibles contaminaron 142.000 kilómetros cuadrados.
     Desde el norte de Ucrania, el sur de Bielorrusia y la rusa Briansk.
     La lluvia radiactiva llegó todavía más lejos.

     
    Tráiler de Chernobyl.

    Las autoridades soviéticas intentaron minimizar durante años las consecuencias para la vida y la salud que desencadenó la catástrofe.
     Los médicos tenían prohibido poner en los expedientes sanitarios de sus pacientes cualquier cosa que sonara a radiación; y mucho menos dejar constancia de ello en los partes de defunción, como denunciaron después activistas y expertos.
    En el año 2000, en su primer informe sobre el accidente, el Comité Científico sobre los Efectos de la Radiación Nuclear de la ONU reportó 30 muertos.
     Todos ellos policías, operarios, ingenieros o bomberos, que perdieron la vida como consecuencia más o menos directa de la explosión. Cinco años después, otro informe elaborado por expertos de la ONU, la Organización Mundial de la Salud y la de la Energía Atómica apuntaron habían muerto 4.000 personas.
     Y que con mucha probabilidad morirían otras 5.000 años después, como consecuencia de enfermedades relacionadas con la radiación.
     También constataron que esa radiación había viajado muy lejos.

    “Cumplíamos tareas específicamente en la zona de exclusión. Cubríamos los edificios con plomo.
     Lavábamos el polvo y el fango radiactivo, hacíamos de todo”, explicaba al canal local Iskitin en 2016 Víktor Vasiliev, uno de aquellos liquidadores. Pasó 27 días como operario en la zona de exclusión.
    “La serie quiere dar voz a esas personas que fueron enviadas allí para lidiar con la catástrofe la que queríamos hacer escuchar.
     Hay que honrar su sacrificio”, explica el sueco Jonah Renck. “Es una historia increíble sobre la perseverancia y el sistema de mentiras oficiales para ocultar la verdad. Algo tremendamente relevante en día. 
    Una guerra contra la verdad que vemos en muchos Estados”, apunta el director de la miniserie, protagonizada por Emily Watson, Jared Harris y Stellan Skarsgard
    36 horas después del accidente, se evacuó Prípiat, la ciudad más cercana a la central. Llegaron 1.200 autobuses del Ejército y se llevaron a las casi 50.000 personas que vivían en aquella población que nació precisamente para albergar a los trabajadores de Chernóbil y sus familias.
     Una urbe que fue el orgullo de desarrollismo soviético. Les dijeron que era solo por tres días.
     Hoy, Prípiat es un escenario postapocalíptico visitado únicamente por expertos y por algunos turistas --en grupos y bajo la supervisión de un guía oficial-- a quienes les seduce el llamado turismo de catástrofes
     Y después de Prípiat, las autoridades vaciaron otras localidades cercanas a la central en Ucrania y Bielorrusia. Muchos miles perdieron sus hogares, sus trabajos.

    Años después, se ha podido vislumbrar que lo que la propaganda soviética vendía como un engranaje ejemplar y perfectamente engrasado estaba en realidad plagado de fallos.
     Y que el proyecto de la central nuclear de Chernóbil resultó fallido casi desde el principio. 
    Los políticos no tenían conocimientos técnicos para actuar.
     Y los científicos que sí los tenían temían alzar la voz por miedo a represalias.
     Había antecedentes de los que no se aprendió. En 1957, un reactor soviético tuvo un accidente y emitió contaminación radiactiva. 
    En 1982, se produjo otro siniestro en Chernóbil, en el reactor número uno. Sucesos que fueron, por supuesto, encubiertos.
    La URSS tenía un programa de defensa civil para reaccionar en caso de guerra atómica que debía funcionar también en caso de catástrofe nuclear.
     No lo hizo. Y eso podía dañar, y mucho, también su imagen como superpotencia, hacerla más débil ante un posible ataque.
     Las medidas para solventar el accidente y evacuar a la población fueron improvisadas sobre la marcha y funcionaron de manera absolutamente descoordinada. Y la URSS ---en pleno proceso de liberalización política pero también en crisis— no deseaba en absoluto mostrar nada de eso al mundo.
     Un detalle revelado por el diario ruso Izvestia en 1986, meses después de la catástrofe, da el ejemplo perfecto de aquello: el servicio sanitario-epidemiológico encargado de las centrales atómicas no tenía contacto con el que operaba en la central de Chernóbil, y era responsable del estado de la atmósfera, el agua y el suelo en el territorio de la central.
    Revisar las noticias soviéticas de aquella época es toda una lección de propaganda y desinformación. 
    La URSS tardó días en anunciar al mundo el accidente. Habló por primera vez oficialmente sobre el suceso el 28 de abril de 1986.
     Un día después de que los países nórdicos dieran la voz de alarma tras detectar niveles altos y anormales de radiactividad en su territorio.

    Muchos de esos afectados, como refleja la miniserie creada por Craig Mazin (conocido por comedias como Resacón en Las Vegas) y dirigida por Jonah Renck, están entre los llamados “liquidadores”. 
     Hombres y mujeres que trabajaron en la primera línea del desastre para tratar de apagar el fuego; mineros que excavaron bajo el núcleo para bombear nitrógeno líquido y así enfriar el combustible nuclear; soldados que –en cronometrados turnos de cinco minutos— se esforzaron por lanzar al interior del reactor dañado los cascotes que produjo la explosión; obreros y expertos que construyeron un sarcófago para evitar que la radiación siguiera saliendo.
     Miles de personas que absorbieron, en unos minutos, cantidades extremas de radiación mientras las autoridades soviéticas trataban de lidiar con el problema.
    La URSS tenía un programa de defensa civil para reaccionar en caso de guerra atómica que debía funcionar también en caso de catástrofe nuclear. No lo hizo. 
    Y eso podía dañar, y mucho, también su imagen como superpotencia, hacerla más débil ante un posible ataque. Las medidas para solventar el accidente y evacuar a la población fueron improvisadas sobre la marcha y funcionaron de manera absolutamente descoordinada. Y la URSS ---en pleno proceso de liberalización política pero también en crisis— no deseaba en absoluto mostrar nada de eso al mundo.
     Un detalle revelado por el diario ruso Izvestia en 1986, meses después de la catástrofe, da el ejemplo perfecto de aquello: el servicio sanitario-epidemiológico encargado de las centrales atómicas no tenía contacto con el que operaba en la central de Chernóbil, y era responsable del estado de la atmósfera, el agua y el suelo en el territorio de la central.
    Revisar las noticias soviéticas de aquella época es toda una lección de propaganda y desinformación. La URSS tardó días en anunciar al mundo el accidente.
     Habló por primera vez oficialmente sobre el suceso el 28 de abril de 1986.
     Un día después de que los países nórdicos dieran la voz de alarma tras detectar niveles altos y anormales de radiactividad en su territorio. 
    Y lo hizo así. “Se toman medidas para eliminar las consecuencias de la avería. Las víctimas reciben ayuda. Se ha creado una comisión gubernamental”.
     Cinco líneas telegráficas en una nota de la agencia oficial soviética Tass leída en el noticiario nocturno de la televisión.
    Y las informaciones, emitidas con cuentagotas, siguieron igual durante semanas.
     El 30 de abril de 1986, en otro intento más de tapar el problema y tranquilizar al mundo, el gobierno soviético desmintió que miles de personas hubieran perecido en el accidente de la central. 
    El 11 de mayo afirmó que el peligro de catástrofe en Chernóbil había desaparecido.
    El 4 de junio de 1986, por primera vez, el diario oficial Pravda reconocía altos niveles de contaminación fuera del perímetro de 30 kilómetros alrededor de la central de Chernóbil, lo que obligó a evacuar a miles de habitantes de la vecina República de Bielorrusia que, con los años, se ha visto que sufrió proporcionalmente la peor parte en la catástrofe.
    Las consecuencias económicas del accidente también fueron terribles para las arcas soviéticas, ya devastadas.
     Se clausuró la zona, se abandonaron los campos de cultivo, se cerraron las fábricas.
     Hubo que construir nuevas viviendas y pagar indemnizaciones. Para algunos, el desastre de Chernóbil aceleró el derrumbe de la URSS, que se desmoronó en 1991.

Pablo de Grecia y Marie-Chantal Miller, la realeza en la era de Instagram

El príncipe y su familia ofrecen en la red social un acceso inusitado a su vida de altos vuelos. 

Su posición de príncipes sin reino les permite vivir entre dos mundos: el de la aristocracia y el de las celebridades.

Pablo de Grecia y su esposa, la princesa Marie-Chantal, en una fiesta en Nueva York en 2018.
Pablo de Grecia y su esposa, la princesa Marie-Chantal, en una fiesta en Nueva York en 2018. GtresOnline

 

La sentencia del tribunal de Miami pone a Arantxa Sánchez Vicario contra las cuerdas

La jueza del condado de Miami Dade que dirime su divorcio de Josep Santacana acusa a la tenista de actuar de "mala fe" y de acudir a la Justicia "con las manos sucias".

 

El proceso de divorcio de Arantxa Sánchez Vicario y Josep Santacana se complica enormemente para la tenista. 
La jueza que lleva el caso en el tribunal número 11 del condado de Miami Dade ha redactado un documento implacable para la deportista en el que acepta la versión de los hechos de Santacana y emite duros alegados contra la tenista española.
 La jueza María Espinosa Dennis es la autora de este escrito, que según la información de El Confidencial, acusa a Arantxa Sánchez Vicario de actuar de "mala fe" y de ir a los tribunales "con las manos sucias".
La primera novedad que desvela dicho documento se remonta al inicio del conflicto y señala que en diciembre de 2017, Arantxa Sánchez Vicario aprovechó que Santacana estaba ingresado en el hospital, a causa de un problema no determinado, para abandonar el domicilio conyugal con los hijos de ambos y marcharse a casa de su hermano Emilio que vive en Naples, localidad del sudoeste de Florida.
 La deportista tomó esta decisión sin avisar a su todavía marido, quién según establece la sentencia tuvo que presentar con carácter de urgencia una solicitud para recoger a sus hijos y también una "demanda simple de divorcio", todo ello con el fin de saber dónde se encontraban sus hijos.
 Unos hechos que según el escrito, Arantxa Sánchez Vicario reconoció ante el tribunal.

Después de estos hechos y de que Santacana volviera a tener a los hijos del matrimonio, retiró la demanda de divorcio de Estados Unidos y la interpuso en España, y la sentencia reconoce la competencia de un juzgado español para llevar el caso.

 Este hecho también motiva que el tribunal de Miami se sorprenda de que conociendo esta acción ella presente después demanda de divorcio en Miami y que en ningún momento mencione que el matrimonio tiene capitulaciones matrimoniales en España a las que da valor jurídico. 

"La esposa no ha mencionado las capitulaciones españolas en su demanda de divorcio aquí y actúa de mala fe fundamentalmente como si ni siquiera existieran y trata de obtener una distribución equitativa y una medida de compensación general comunes a muchos procesos de divorcio".

Arantxa Sánchez Vicario y Josep Santacana, en una imagen de archivo. rn  
Arantxa Sánchez Vicario y Josep Santacana, en una imagen de archivo.
Aún resulta más contundente otra frase de la sentencia: "El tribunal entiende que la esposa llega a la corte con las manos sucias". 
Unos términos que hacen referencia directa a que presenta una demanda simple de divorcio sin comunicar que entre la pareja existían acuerdos antes y después de su matrimonio, y que pretende con esta acción reclamar un reparto equitativo contra los bienes privativos de Santacana para "saldar sus propias infracciones tributarias".
 El escrito también dice que "el tribunal no la encuentra un testigo creíble y su testimonio entra en conflicto a veces con otras evidencias del caso". 
Por esto y más considera que el testimonio de la tenista "no tiene gran valor (...) porque ha sido contrario e inconsistente en ocasiones con las pruebas".

 

La sentencia del tribunal de Miami pone a Arantxa Sánchez Vicario contra las cuerdas

Iker Casillas se rompe ante el homenaje del Oporto tras su infarto

El portero, que seguía el partido de su equipo desde las gradas, rompió a llorar cuando su compañero Tiquinho Soares celebró su gol en la final de Copa de Portugal mostrando una camiseta con el nombre del futbolista español.

Iker Casillas, en la final de la Copa de Portugal, el sábado. I

 

Iker Casillas no pudo contener las lágrimas este sábado en el partido de su equipo, el Oporto FC, contra el Sporting de Lisboa en la final de la Copa de Portugal.
 El portero español continúa recuperándose del infarto de miocardio que sufrió el pasado 1 de mayo y está también pendiente de la evolución de su esposa, Sara Carbonero, quien se sometió recientemente a una operación de un cáncer de ovario
 A pesar de ello acudió, en una escapada relámpago a presenciar el encuentro de su equipo desde las gradas y vestido con la equipación de calle del Oporto FC.
 Allí fue donde le sorprendió el bonito homenaje de parte de todos sus compañeros con el que no puedo evitar emocionarse en estos momentos tan delicados por los que está pasando.

Ocurrió justo cuando el brasileño Tiquinho Soares metió el gol que abrió el marcador y sacó una camiseta del portero español, quien agradeció el gesto con lágrimas en los ojos, como recogen los vídeos que muchos aficionados publicaron en las redes sociales. Pese a que finalmente fue el Sporting quien se proclamó este sábado campeón de la Copa de Portugal al vencer en la tanda de penaltis al Oporto, el homenaje a Casillas fue celebrado por toda la afición al completo, que por unos instantes dejó a un lado la rivalidad y rompió en aplausos.


Iker Casillas no pudo contener las lágrimas este sábado en el partido de su equipo, el Oporto FC, contra el Sporting de Lisboa en la final de la Copa de Portugal.
 El portero español continúa recuperándose del infarto de miocardio que sufrió el pasado 1 de mayo y está también pendiente de la evolución de su esposa, Sara Carbonero, quien se sometió recientemente a una operación de un cáncer de ovario



No hay duda de que Casillas no está pasando por su mejor momento. El pasado 1 de mayo el portero español dio un gran susto a todos tras sufrir un infarto del que fue operado con éxito en el CUF Porto Hospital, donde fue ingresado de urgencia tras sentir unas molestias durante el entrenamiento.
 Aunque como él mismo ha explicado se recupera bien y está tranquilo, los médicos le han desaconsejado colocarse de nuevo bajo los palos de la portería, por lo que el futuro y el destino de Casillas está en el aire
Tres semanas después de su convalecencia, el guardameta celebraba su 38 cumpleaños con una sensación agridulce. “Esta vez, no ha sido un gran cumpleaños”, escribía en su cuenta de Instagram, para después mostrar un ápice de alegría:
 "¡Tengo que estar feliz, feliz porque desde hace 20 días uno sigue estando aquí con vosotros! Los 37 se fueron... ¡menos mal! Qué nos traerán los 38... por ahora, verlos".
Sin embargo, solo unos días después, el de Móstoles sufría otro varapalo: su esposa, Sara Carbonero, de 35 años, era operada de un cáncer de ovario. 
Era la propia periodista deportiva quien daba la noticia en sus redes sociales, donde explicaba que aunque tenía unos meses duros de lucha, se había pillado “muy a tiempo”.
A excepción de esta visita exprés a Lisboa para seguir la final de su equipo, Casillas no se ha separado en ningún momento del lado de Carbonero, que continúa ingresada en el Hospital Ruber Internacional de Madrid, donde recibe la visita constante de sus familiares y amigos.
Tras el tsunami de emociones vivido en solo 20 días, la pareja debe planificar su vida. Casillas quiere seguir ligado al fútbol pero el tratamiento de su esposa, que tiene a sus médicos en Madrid, probablemente le lleve a decidir regresar a España.
 La pareja sigue teniendo su casa en la urbanización madrileña de La Finca, en Pozuelo de Alarcón, donde puede instalarse con sus hijos Martín y Lucas, de cinco y dos años, respectivamente.