Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

26 may 2019

La suerte de las feas...................................... Elvira Lindo

Ahora la fealdad en España se ha transversalizado.

El número uno de la lista al Parlamento Europeo de Vox, Jorge Buxadé, junto a Santiago Abascal y Rocío Monasterio en la plaza Villa de París, en Madrid.
El número uno de la lista al Parlamento Europeo de Vox, Jorge Buxadé, junto a Santiago Abascal y Rocío Monasterio en la plaza Villa de París, en Madrid. EFE
El pasado 8 de marzo será recordado porque salieron a manifestarse a las calles españolas casi un millón de mujeres feas.
 El número de hombres fue más numeroso este año.
 Ellos no han visto ligado jamás su grado de belleza a una ideología o a un activismo.
 Que yo sepa, nadie ha informado sobre el grado de fealdad de los huelguistas de los astilleros, de la minería o la de los activistas por los derechos civiles.
 Pero algo ocurre con el movimiento feminista, algo prodigioso, sucede que cuando los hombres caminan junto a las mujeres en las manifestaciones se obra el milagro y la fealdad se les contagia. 
No son tan feos como las mujeres, pero van camino de lograrlo. Mientras tanta fea se recrea en su suerte, las pobres guapas esperan atemorizadas en sus casas a que se retire esta marabunta. 
En el principio de los tiempos, las feas eran escasas.
El número de hombres fue más numeroso este año. Ellos no han visto ligado jamás su grado de belleza a una ideología o a un activismo.
 Que yo sepa, nadie ha informado sobre el grado de fealdad de los huelguistas de los astilleros, de la minería o la de los activistas por los derechos civiles. Pero algo ocurre con el movimiento feminista, algo prodigioso, sucede que cuando los hombres caminan junto a las mujeres en las manifestaciones se obra el milagro y la fealdad se les contagia. No son tan feos como las mujeres, pero van camino de lograrlo. Mientras tanta fea se recrea en su suerte, las pobres guapas esperan atemorizadas en sus casas a que se retire esta marabunta. En el principio de los tiempos, las feas eran escasas. De Mary Wollstonecraft a Adrienne Rich, pasando por Virginia Woolf o nuestra Clara Campoamor, las feas navegaron a contracorriente, de tal forma que las guapas podían caminar a sus anchas por las calles para deleite de unos hombres que, guapos o no, les dedicaban piropos retrecheros más encendidos o menos según lo merecieran. En cuanto a las feas, que salían en pequeños grupos a pedir el derecho al voto o a decidir sobre su sistema reproductivo, era fácil caracterizarlas: si perdían el tiempo con esas cosas era porque necesitaban un polvo y no encontraban a nadie que se lo echase. Ese es el meollo del asunto, el argumento que con tanta precisión refleja la Cenicienta:
 la historia de una madrastra y unas hermanastras feministas (por tanto, más feas que Picio), que, celosas de la belleza de su hijastra-hermanastra, la tienen convertida en fregona.
 Con estos oídos que se ha de comer la tierra yo he escuchado a algunos hombres reírse por la paradoja que suponía el que reclamaran el aborto mujeres feas y, para colmo, mayores, que ya no están en edad de procrear.
 Pero ahora la fealdad en España se ha transversalizado y hay feas de toda edad y condición.
 No me extraña que las mujeres guapas anden temerosas y los hombres cabreados: esto es una invasión. 
En el Gobierno de Sánchez había más feas que hombres, y lleva camino el líder socialista de reeditar, como se dice ahora, esta aberración estética. Una fea preside el Congreso

Proliferan las candidatas feas a estas elecciones municipales y autonómicas.

 Para colmo, el Princesa de Asturias de las Letras se le ha concedido a una fea entre las feas, Siri Hustvedt.

 Con lo guapo que es el marido. Antaño, las feas sufrían, como tenía que ser, y tristes soportaban su condición, pero con tantísima fea quitándose la careta (como Diana la de V) el adjetivo se ha convertido en una especie de salvoconducto. Si saludas a una mujer, sea de la edad que fuere, diciéndole, “hola, fea”, y ella te responde, “más fea serás tú”, sabes que se ha creado un vínculo transgeneracional indestructible. 

Y ya no te cuento si tu pareja te saluda con un, “hola, feílla”. Eso es amor, quien lo escuchó, lo sabe.

 Imaginen por un momento a un grupo de feas subidas a un andamio y pasando por debajo a Jorge Buxade, candidato a las europeas por Vox.

 Lo que encartaría sería que le cantaran aquella copla de Jorge Sepúlveda: “Cuando me miras, moreno / de adentro del alma un grito se escapa / para decirte muy fuerte / ¡Guapo, guapo y guapo!”. A cada cual, lo suyo.

Un asunto de millonarios ......................... Juan José Millás



Un asunto de millonarios

Pequeños gestos........................................Rosa Montero

Expresas es una revista hecha por las internas de la cárcel de Picassent que se ha convertido en una herramienta potenciadora de la autoestima




TENGO ENTRE mis manos una revista preciosa.
 Es cuadrada, bastante gruesa, con un diseño moderno y un papel estupendo.
 Dentro hay, entre otras cosas, poemas, chistes, recetas de cocina, pequeños relatos, entrevistas, un genial trabajo sobre la lengua caló con un glosario de palabras (¿sabían que “fardar” es caló y significa “vestir bien”?) y un reportaje-testimonio sobre las madres que cumplen condena en un centro penitenciario y que viven entre rejas con sus bebés hasta que estos alcanzan los tres años:
 ¿Es bueno llamar casa a la cárcel delante de los niños? ¿Cómo ir explicándoles dónde están a medida que crecen?
 ¿Es posible preparar a los pequeños y prepararse una misma para el desgarro de la separación cuando se van?
 Es un texto conmovedor y fascinante, como otros que se recogen en estas páginas.
 La revista se llama Expresas y está hecha por las internas del centro penitenciario de ­Picassent, en Valencia.
Desde fuera solemos tener una visión descuidada y lejana de lo que es una cárcel. Incluso si acudes de visita (he dado charlas en media docena de centros penitenciarios) eres incapaz de ver más allá de la primera ojeada.
 Impresiona el ruido de los cerrojos restallando a la espalda a medida que cruzas los diversos controles, pero aún vas protegida y envuelta en la burbuja de tu libertad y del pleno dominio de ti misma, así que no te parece tan difícil de soportar.
 Sin embargo, mis amigos abogados me cuentan de la extrema dureza de la cárcel.
 Del quebranto que supone no ser dueño de tu tiempo ni de tu vida. Esta revista es un pellizco de normalidad dentro de la desolada anormalidad de estar prisionera. 
Es un poderoso remedio contra la humillación.

Siempre he admirado a esas personas que no sólo sienten un vago deseo de mejorar el mundo, como nos sucede a la mayoría, sino que además deciden hacerlo.
 Gente que tiene una idea y, sobre todo, la formidable voluntad de ponerse en marcha.
 Qué generosos son en tiempo y energía.Sesenta reclusas acudieron a la presentación de los talleres periodísticos y, al final, 15 internas hicieron la revista por completo. 
Decidieron absolutamente todo, incluso el elocuente título de Expresas.
 La revista salió el 8 de marzo y está en versión digital, pero también se imprimieron unos cuantos ejemplares, objetos preciosos para las presas, que carecen de acceso a Internet:
 “La revista tenía que salir en papel para salvar la brecha digital con sus familias y para poder ser un puente entre el interior y el exterior”, explica Pilar. “Quería que ellas pudieran entregar la publicación en mano a sus hijos y decirles: 
‘Esto es lo que yo soy capaz de crear. Esta sí soy yo”. La escritura como salvación, la comunicación como herramienta potenciadora de la autoestima. En un reportaje publicado en elsaltodiario.com, Eva, una de las redactoras de Expresas, decía: “Es una experiencia nueva que te demuestra a ti misma lo que eres capaz de hacer. Como nunca te han dicho cómo hacerlo (…), lo tienes ahí, pero es una parte que tienes dormida. Y cuando se despierta es un monstruo que crece y crece ¡para bien!”.
 Las mujeres son sólo un 8% de la población reclusa en España y los recursos para su reinserción son por consiguiente menores que los de los hombres.
 El proyecto Impresas cuenta con el apoyo de la Universidad de Valencia, pero ha sido muy difícil conseguir financiación para sacar este primer número.
 Ahora están buscando fondos para una segunda edición, lo cual implica llamar a mil puertas, porque la sociedad no es lo que se dice muy receptiva ante las necesidades de los presos: vivimos de espaldas a ellos.
 De nuevo palabras de Eva expresando lo que sintió al ver por primera vez el borrador:
 “Por la noche no podía dormir, se me revolvía el estómago de pensar que lo habíamos hecho, que lo habíamos logrado. 
Estábamos todas como en un sueño”. Pequeños gestos que pueden cambiar vidas y que, en mitad de la desesperanza, logran despertar al monstruo bueno.  



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Presenciar el pasado..........................................Javier Marías.

Somos la primera gente en la historia con la capacidad y el privilegio de ver la vida de hace décadas, de asomarnos a mundos caducados a través del cine.


Presenciar el pasado

COMO TANTOS OTROS cambios para mal, creo que este se produjo con la llegada del obtuso siglo XXI, o quizá poco antes. Las televisiones tenían la grata costumbre de emitir películas clásicas o simplemente antiguas, muchas de ellas en blanco y negro.
 El odio a esta combinación llevó, durante una temporada, a la bárbara práctica de “colorear” Casablanca, Con faldas y a lo loco y puede que hasta Psicosis
 La cosa no prosperó, por fortuna, pero muchos de los que apreciamos la maravillosa fotografía en blanco y negro nos vimos obligados a veces a quitar por completo el color de nuestros televisores, a fin de ver esas películas como habían sido concebidas y rodadas, y no convertidas en grotescos cromos.
 Hubo DVDs que hubieron de anunciar, en sus carátulas, “en glorioso blanco y negro”, para que los cinéfilos estuviéramos tranquilos cuando los comprábamos.
 Lo cierto es que ese cine desapareció de golpe de las programaciones, y así se perdió un importante factor de la educación de la gente. 
El resultado es que, como en otros ámbitos (el literario, el musical, el artístico), contamos ya con varias generaciones de analfabetos.

Mis amigos cineastas Tano Díaz Yanes y Jaime Chávarri, o mi hermano el crítico Miguel Marías, me han contado cómo, en los cursos que daban a estudiantes, se encontraban con que para muchos de éstos el cine empezaba con El Padrino.
 Esa creencia fue de corta vida, porque poco después también ese clásico pasó a ser una “antigualla” y los jóvenes creían que se iniciaba todo con Tarantino
Me imagino que hoy Pulp Fiction les parecerá antediluviana y no sé dónde situarán el nacimiento de ese arte.
 Los hay cultos, claro, pero muchos no han oído hablar de Ciudadano Kane ni de La regla del juego ni de La noche del cazador, de Amanecer ni de Metrópolis (que encima son mudas), de Perdición ni de El hombre que mató a Liberty Valance ni de Sed de mal, por no salirnos del desterrado blanco y negro.
 Pero este desdén hacia el pasado, que está a la orden del día en todos los campos con el fin de crear ciudadanos no ya ignorantes, sino mentalmente lisiados e intelectualmente indigentes, no trae consigo tan sólo una pobre cultura general y cinematográfica en particular.  

Si algo me asombra es lo siguiente: somos la primera gente en la historia con la capacidad y el privilegio de ver y oír el pasado, un pasado que ya es lejano si pensamos que este año cumplen ochenta, por ejemplo, Lo que el viento se llevó y La diligencia.
 Hasta ahora la humanidad disponía de cuadros estáticos, crónicas, luego fotografías, y por supuesto novelas para hacerse una idea aproximada de cómo habían sido las personas de otros siglos y de cómo se vivía en ellos. 
Pero no podíamos verlas en movimiento, ni desde luego oír sus voces y saber cómo hablaban. 
Es decir, no podíamos asistir a los tiempos pasados, no podíamos presenciarlos.
 Ahora tenemos la inmensa suerte de ver la vida de hace décadas, de asomarnos a mundos no lejanísimos, pero que están ya caducados. 
No es que el material documental abunde (aunque más de lo que parece), pero cada vez que me surgen en una pantalla imágenes “reales”, siento una absoluta fascinación y una curiosidad ilimitada. Hoy mismo, en el telediario, he visto un fugaz plano de una calle de Barcelona hacia 1920
. El motivo de que lo insertaran era la inauguración del Automobile en esa ciudad.
 Se veían coches de caballos, burros y mulas, unos cuantos automóviles en coexistencia con ellos, bicis que giraban veloz y ágilmente y, en medio de la calzada, transeúntes que esquivaban con naturalidad y pericia a la cámara:
 ésta, probablemente, viajaba a bordo de un tranvía, que era de lo que se apartaban.
 Las ganas de ver más, de que ese plano se prolongara, de seguir contemplando el espectáculo callejero de un día cualquiera de hace un siglo, se me han hecho irresistibles.
 Como no me considero raro, sino común y corriente, me pregunto cómo es que tantísima gente no siente esa curiosidad, esa fascinación, y da la espalda a “lo antiguo”.
 Claro que las películas son ficciones, pero en ellas, hasta en las no “realistas” y endulzadas, se observa cómo era la vida en los años treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta.
 Cómo se vestían y se comportaban las personas, cómo se trataban y hablaban (aunque los diálogos sean siempre una estilización del habla, incluidos los “naturalistas”), qué aspecto tenían las ciudades y los pueblos; cuáles eran sus tribulaciones, cómo se organizaban, qué dificultades e ilusiones tenían, cuáles eran sus reglas y sus modales, cuál era la pasta de la que estaba hecha la mayoría.
 Los autollamados “millennials” (no recuerdo una generación tan ridículamente orgullosa de haber nacido en unas fechas tan azarosas como el resto de fechas) juzgan que cuanto los antecedió es “atrasado”, despreciable y erróneo, y carecen de interés por ello. 
Un síntoma más de ignorancia: la historia nunca progresa linealmente, y hay épocas remotas mucho más avanzadas, inteligentes, modernas y libres que la actual, cada día más puritana, autoritaria, boba y amedrentada.
 Otros mundos existieron, y contamos con el privilegio de visitarlos.
 Es más, cada vez que vemos una película clásica, ahí están y existen de nuevo.