Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

19 may 2019

El ‘boom’ del ‘K-beauty’: 15 productos para cuidar la piel con cosmética coreana

Seleccionamos mascarillas, limpiadores, exfoliantes y otros cosméticos en la web de Lookfantastic.

 

Los productos de belleza coreanos y su estética se han popularizado en todo el mundo.
Los productos de belleza coreanos y su estética se han popularizado en todo el mundo. Unsplash

Melancolía o chulería............................. Elvira Lindo

Los ciudadanos deberíamos reaccionar ante estos bravucones poseedores de una única razón, la suya.

 

Ximo Puig, Mónica Oltra y Rubén Martínez Dalmau escenifican los primeros acuerdos para formar Gobierno en la Comunidad Valenciana.
Ximo Puig, Mónica Oltra y Rubén Martínez Dalmau escenifican los primeros acuerdos para formar Gobierno en la Comunidad Valenciana.
Dicen que no conoces bien a tu hermano hasta que no llega el momento de repartirse una herencia, ni a tu pareja si no te ves en la situación de acordar un divorcio. 
Todos los dichos populares se me antojan deprimentes por la idea miserable que muestran del ser humano.
 Pero admitamos que si existen es porque reflejan situaciones recurrentes. 
 Este de las herencias y los divorcios lo leí en un reportaje del Expresso portugués sobre el bullying entre hermanos.
 ¿Hay que admitir que cualquier amor puede degradarse, sea filial o sentimental, cuando se trata de ceder algo para alcanzar un punto de acuerdo?
 Escuché hace bastantes años al magistrado Martín Pallín afirmar que las organizaciones vecinales debían evitar que los conflictos entre vecinos acabaran en un juzgado.
 Esta idea, escuchada en mis años de formación, se me viene a la mente cada vez que observo cómo esa incapacidad emerge en la vida pública y sacude nuestra convivencia.
Estos días pasados en Suecia he comprobado cómo su concepto de democracia, en el que por sistema cualquier decisión se discute, ha surgido en la conversación en varias ocasiones.
 Muchas veces en comparación con la estéril vehemencia española. El que pierde, en una democracia activa, no es el que se sale con la suya, sino el primero que tira la toalla y se levanta de la mesa.
 El ejercicio tenaz del consenso es pesado, todas las decisiones resultan lentas, y requieren de la santa paciencia de los interlocutores que asumen que hasta las infraestructuras requieren años de debate.
 Concebir que no se trata de ganar sino de estrechar las manos del adversario al final de un proceso requiere un compromiso ético. Tienen alguna línea roja, desde luego: la extrema derecha, por ejemplo, está excluida de cualquier acuerdo.
 Y eso es algo que se deja claro antes y después de unas elecciones.
Me pregunto qué es entonces lo que ocurre en España y qué quieren decir algunos cuando se declaran a sí mismos europeístas. En los últimos tiempos, lo que muestra nuestra clase política, dispersa en partidos que habrán de llegar a grandes o puntuales acuerdos si no quieren convertir el país en un disparate, es una especie de empeño ciego y egoísta en frustrar el curso de cualquier entendimiento.
 Mala pedagogía para el pueblo. Genera desapego en los ciudadanos, que vemos cómo solo prevalecen los intereses partidistas.
 Y es que hasta para hacer una buena oposición, desde la derecha, la izquierda o el activismo, debe haber un Gobierno.

Contamos, además, con una tozuda nostalgia de aquella primera etapa de la democracia, que algunos definen con insistencia como más sólida que la de ahora, con políticos más instruidos e instituciones más respetadas.
 ¿No será que quienes sostienen esa imagen idealizada del pasado reciente se han hecho mayores y no quieren recordar los vergonzosos episodios que cada época contiene?
 ¿No hay en esa melancolía una falta de generosidad y una actitud autoindulgente?
En este presente que vivimos la negociación permanente va a ser la norma, y ay de aquel que no lo entienda. 
Los ciudadanos deberíamos reaccionar ante estos bravucones poseedores de una única razón, la suya. 
 Es la cerrazón de los perezosos, de los arrogantes, de los que viven del lío. ¿A qué Europa se refieren cuando hablan de Europa?
 La composición política europea es hoy trabajosa, pero resulta ineludible considerar un deber moral no levantarse de la mesa.
 Ser chulo debería dejar de ser en España, de una vez por todas, una cualidad.

Mejor, de un poema ............................... Juan José Millás


Juan José Millás LA FOTO DEL AGUJERO negro, en general, decepcionó.
—Era más interesante escuchar lo que te contaban de él —decía un parroquiano, mientras atendía a la noticia por la tele del bar.
Yo leía mi propio periódico en cuya primera página se veía el anillo de gases en las proximidades del cráter
El tema (o el asunto, no sé) ocupó las primeras páginas de la prensa. Había costado un trabajo inmenso obtener la imagen de esta singularidad situada a 55 millones de años luz de la Tierra.
 Tuvieron que ponerse de acuerdo los responsables de decenas de teles­copios repartidos a lo largo y ancho del mundo.
 Todo el dinero empleado fue engullido por esa boca sin labios que absorbe cuanto se sitúa en sus proximidades, incluida la luz, como un desa­güe cósmico.
 Cuando hablamos de los agujeros negros siempre mencionamos la rareza de que sean capaces de tragarse la luz y continuar siendo oscuros. Cuando hablamos de los agujeros negros siempre mencionamos la rareza de que sean capaces de tragarse la luz y continuar siendo oscuros. Si uno pudiera tragarse con una pajita el resplandor de una luciérnaga atrapada en una botella de cristal, se iluminarían su tráquea y su estómago y la fosforescencia descendería por ambos intestinos hasta alcanzar el recto, ese agujero también negro, de carácter orgánico, que tanto se parece a las extravagancias del universo. —Me gusta más oír hablar de los agujeros negros que verlos —insistió el parroquiano mencionado más arriba—. ¿Sabes cómo se llaman los bordes del anillo?
—Ni idea —respondió su interlocutor.
—Horizonte de sucesos, no te lo pierdas, horizonte de sucesos.
—Parece el título de una novela.
 Mejor, de un poema, pensé yo.

Dinosaurios y otros bichos..............................Rosa Montero..

La izquierda se ha atomizado en hasta ocho candidaturas en muchos municipios de la Comunidad de Madrid. ¿Puede haber un suicidio más claro?
BROTAN POLITÓLOGOS por doquier cual setas en un húmedo noviembre, y frente a tanta sapiencia creo que yo entiendo cada vez menos de política. 
Por ejemplo, aún no he acabado de digerir que Ciudadanos, un partido que se proclamaba de centro liberal, se transmutara en un abrir y cerrar de ojos en una formación que me parece intolerante y retrógrada.
 Y que el Partido Popular, que en ciertas épocas quiso ocupar el centro derecha, se pusiera a disputar contra los ultras, con enconado ahínco, el reñido título de la agrupación más facha del país.
Pero lo peor no son estas derivas.
 Porque podría haber sucedido que tanto Ciudadanos como el PP hubieran visto la luz camino de Damasco y hubieran comprendido que su verdadera vocación pasaba por ahí, por la radicalización reaccionaria. 
Pero no: por lo visto todo era fingimiento, pura estrategia.


O eso se deduce de sus actitudes: cuando los barones del PP se pusieron a despotricar contra el giro a la derecha del partido, achacando la pérdida de votos a esa táctica, Casado, que llevaba semanas sosteniendo carcundias con transida emoción, de pronto dejó de ajuntarse con Vox y empezó a tacharles de extrema derecha. En cuanto a Ciudadanos, ha sido el sector centrista el que ha admitido que la estrategia de derechizarse funcionó.
 Yo no sé cómo lo ven ustedes, pero a mí estas valoraciones poselectorales me parecen de un cinismo estremecedor.
 Pero, entonces, esas ideas de las que tanto alardeaban, ¿eran suyas o no eran suyas? ¿Creen de verdad en algo o tan sólo apoyan convenientemente “lo que funciona”?
En mi inocencia, es decir, en mi ignorancia, pensaba que los partidos políticos querían llegar al poder para cambiar la sociedad de acuerdo a sus valores. 
Pero ahora comprendo que lo que quieren es cambiar sus valores hasta atinar con los más adecuados para llegar al poder.
 Lo que reforzaría la evidente sospecha de que, más que buscar la grandeza del país, buscan la suya propia.


Probablemente siempre ha habido, en todos los momentos y todos los partidos, una tendencia oculta hacia este oportunismo, este chaqueterismo.
 Pero lo que me deja alucinada es el descaro con que ahora lo hacen.
 Se acabaron las máscaras. “Estas son mis opiniones; si no le gustan, tengo otras”, decía el gran Groucho, que siempre supo más de la vida que el otro Marx.
Con todo, en estas elecciones no veo en los partidos de la izquierda el mismo nivel de oportunismo (no digo que en otros momentos no lo haya habido).
 Ojalá no me esté cegando la esperanza, pero lo cierto es que los veo razonablemente fieles a ellos mismos.
 Fieles incluso a los errores y a la típica estupidez de la izquierda de este país, ese dogmatismo intolerante que hace que votantes y afiliados se sientan, cada uno de ellos, los más puros, los más perfectos defensores de la esencia progresista y, en consecuencia, el látigo de los progres tibios o “pecadores”.
 Como decía Manuel Jabois en un genial artículo, la izquierda exige tal pureza ideológica a sus políticos que más que candidatos habría que presentar diamantes.
Esta necedad hace que la izquierda suela dividirse, que los grupos se enconen unos con otros, que todos se desdeñen entre sí. Cosa que está sucediendo con las próximas elecciones.
 Por ejemplo, la izquierda se ha atomizado en hasta ocho candidaturas en muchos municipios de la Comunidad de Madrid. ¿Puede haber un suicidio más claro, una estupidez mayor? Démonos por muertos: por lo visto la izquierda prefiere que gane la derecha antes que apoyar a un colega impuro. 
Según una encuesta municipal, Manuela Carmena está en su momento más alto de valoración ciudadana.
 Personalmente creo que Más Madrid es la opción más útil. 
 Podemos, que ha tenido la lucidez de no presentar lista contra la alcaldesa, podría hacer otro tanto en la Comunidad y ganarse así el respeto de muchos. 
Y si el PSOE hiciera (milagrosamente) lo mismo, creo que yo recuperaría por completo mi fe en la política.
 Por tiempos de impresión escribo este artículo, ya saben, quince días antes de que se publique.
 Cuando lo estén leyendo nos encontraremos a una semana de las elecciones: ojalá se hayan hecho pactos en la izquierda. Pero no lo creo.
  Me temo que, cuando despertemos, el dinosaurio todavía estará allí.