En octubre de 2014, la actriz estadounidense
acaparó titulares de todo el mundo por su sorprendente cambio de imagen.
Su rostro lucía irreconocible: apareció más delgada, con menos arrugas,
con los ojos algo menos achinados y sin rastro de su característico
rostro más bien redondo.
Dos años después de esto, la intérprete
escribió una carta publicada en el 'Huffington Post' en la que criticaba
lo ocurrido. “No es que le importe a nadie, pero decidí cambiar mi cara
y operarme los ojos. Este hecho no es relevante para nadie, pero que la
mera posibilidad fuera discutida por los periodistas serios y se
convirtiera en tema de conversación generalizada es una desconcertante
ilustración de la confusión entre noticias/entretenimiento y la fijación
social por lo físico”, escribió en su carta, titulada 'Lo podemos hacer
mejor'.
Expertos en belleza han asegurado que Zellweger
habría achicado sus mejillas y retocado su nariz, además de realizarse
un estiramiento en los párpados y aplicarse bótox en su ahora lisa
frente.
Renée Zellweger alcanzó su mayor éxito
interpretando a Bridget Jones en la película 'El diario de Bridget
Jones' (en la imagen). Un personaje que la ha obligado a cambiar de
aspecto y de peso en cada una de sus entregas. Para la primera película
tuvo que engordar 13 kilos y aprender el acento británico.
Después de terminar de rodar el 'El diario de
Bridget Jones', la actriz lucía más delgada. Sin embargo, su rostro
seguía siendo el mismo.
Los cambios nunca fueron problema para la
actriz. Además de sus retoques físicos también ha llevado la melena
rubia, negra, larga y corta, según la ocasión lo requiriese.
Muchos son los que esperan con ganas la
aparición en las alfombras rojas de la ganadora del Oscar en 2004 por su
papel en 'Cold Mountain' para observar con detalle si su rostro ha
sufrido alguna nueva transformación.
Con el paso del tiempo y las operaciones, su
rostro ha dejado de ser tan expresivo como en el de esta imagen, de
2001, donde se ve a una Renée Zellweger delgada y tonificada. Ahora, sus
ojos azules y pequeños son más redondos y sus pómulos ya no están tan
marcados como antes.
El
periodista más querido por las señoras del PP de toda la vida confiesa
defectos de candidato novato y reconoce sufrir mono severo del oficio.
Entrevista al candidato del PP por Málaga.ULY MARTÍN / EPV
Hablamos hace días, en el Paleolítico de la precampaña. Montesinos (Málaga, 33 años), periodista estrella de Libertad Digital, acababa de ser designado por Casado como número 1 por Málaga y era el fichaje más exótico del nuevo PP sin complejos.
Pero eso fue antes de que se unieran especímenes como Miguel Abellán,
Juan José Cortés, Adolfo Suárez Illana y Edurne Uriarte, a la
biodiversidad de los populares. Nos vimos en Génova, 13, la sede donde
tantas guardias se ha chupado el entrevistado como reportero de sus
nuevos jefes políticos. El candidato se estaba “empollando Málaga”, dado
que, desde que a los 18 años vino a estudiar Periodismo a Madrid, solo
iba a su tierra en vacaciones. Su madre le ha vuelto a poner cama en
casa mientras el chico encuentra piso. Estará contenta. “A días”,
responde el hijo pródigo en una segunda llamada para actualizar datos y
sensaciones. En la concentración del PP, Ciudadanos y Vox en Colón, donde estaba trabajando como periodista, le llamaban “presidente” y le pedían selfis. ¿Le pasa mucho? Me ha pasado alguna vez, pero no se lo digas al presidente nacional, no sea que me riña. ¿Por qué se ha pasado al otro lado del micrófono? ¿Tanto le necesitaba España? No lo sé. Quien no tenía ninguna necesidad era yo, pero creí que era
el momento de dar el paso. España está en un momento decisivo y de lo
que hay necesidad es de que la gente se implique en política. Humildemente, voy a intentar hacerlo bien. Seguro que la señora Carolina España, a la que desplazó como número 1 por Málaga, no le necesitaba tanto. Lo primero que hice fue llamarla y decirle que me ponía a su
disposición y que iba a necesitar su ayuda. Desde el primer momento no
hay acto al que no me acompañe y me susurre al oído. Le estoy muy
agradecido. Empezó siendo exótica, pero al lado de la del torero Abellán,su candidatura es ahora superconvencional. Sigo siendo exótico, no me quites eso. Y estoy encantado, porque
defiendo un PP transversal y abierto donde quepamos Abellán, Suárez,
Juan José Cortés, Álvarez de Toledo, Uriarte, ... Todos. Pasado el ecuador del novato: ¿qué es lo peor de hacer campaña? No me gustan los mítines. No me gustaban como periodista, ni ahora
como candidato. Me gustan los debates, las entrevistas, el diálogo y no
el monólogo. Donde esté un paseo electoral hablando y escuchando a la
gente, que se quite un mitin.
Aparte de “guapo” y “presidente”, ¿qué le dice la gente? Que sea yo. Que no cambie. ¿El hábito hace al monje 'pepero'? Lo digo por su flequillazo, sus coderas y sus chalecos acolchados. Yo he usado ese chaleco toda la vida. La mayoría de mis amigos,
aunque espero que ahora se lo piensen mejor, votan a la izquierda, y
muchos también lo llevan. ¿Tiene 'mono' de periodista?
Los periodistas de información política somos un poco yonquis de
esto, sí.
Devoro información política, me encanta escribir y leer a mis
compañeros. Se me siguen yendo los pies al corralito de la prensa cuando llego a
los actos. Estoy haciendo un canutazo para la prensa y me dan ganas de
hacerme a mí mismo la pregunta. ¿La fácil o la buena? La buena, la difícil, la que nos gusta hacer a los periodistas. A ver si va a destapar algún secreto de su casay le echan. Lo primero que les dije a mis compañeros de partido es que no me
contaran mucho, porque corrían el riesgo de que lo filtrara a mis
compañeros, muchos de los cuales son, además mis amigos. A estos les he
dicho que me avisen si derrapo, que me den lo que me tengan que dar. Algún toque ya ha habido. Y a Casado, ¿le dice que está desnudo como al rey del cuento? Casado sabe que si algo no me gusta, se lo voy a decir. Cuando me
hizo el ofrecimiento, era plenamente consciente de que yo he publicado
cosas y líos internos del PP, como que había un cisma y una brecha
brutales. Me pidió que tuviéramos una interlocución fluida y sincera, y
se mantiene. Evidentemente que sí, pero se lo diré en privado, claro. ¿Dónde pasará la noche electoral?
La pasaré en la sede de Málaga, y compareceré a valorar los resultados, sean los que sean. Responderé a todos y daré la cara. ¿Ha comprado palomitas para ver los debates electorales? Hemos pedido pizzas y refrescos para verlos con los jóvenes del
partido en Málaga. Y estoy seguro de que caerá alguna cerveza para
celebrar el triunfo de Casado, porque va a arrasar de calle. Vale, sueñe húmedo: gana el PP. ¿Se pide ser ministro portavoz? Por ahora, dejémoslo en diputado por Málaga.
La camisa
de Steve McQueen, la cazadora de John Lennon, los pantalones de Debbie
Harry. Los iconos rebeldes de la moda ‘denim’ resucitan en nombre de la
sostenibilidad.
Paul Newman, con camisa y pantalón vaquero sobre un Cadillac en el rodaje de 'Hud, el más salvaje entre mil' en Texas en 1963.
Mara VivatGetty Images
La primavera del descontento ecológico se tiñe de azul índigo. Mientras los libros de estilo de la temporada conminan a vestir vaqueros como nunca (Balenciaga, Balmain, Dior, Celine e incluso la última colección de Karl Lagerfeld para Chanel
lo ponderan en todas sus posibilidades y hasta por encima de ellas),
Naciones Unidas volvía a alertar sobre las desastrosas consecuencias,
medioambientales pero también sociales y económicas, de su producción a
finales del pasado marzo. “Para confeccionar un solo par de jeans
son necesarios alrededor de 7.500 litros de agua, el equivalente a lo
que una persona puede beber en siete años”, refiere el último informe de
la Conferencia de Comercio y Desarrollo del organismo, que considera la
industria de la moda la segunda más contaminante del planeta. En el proceso de teñido y lavado de la que es la prenda más vestida
de la que haya noticia (1.000 millones de tejanos salen al año de las
factorías textiles) está el quid de la cuestión. Y ya no es solo el
ingente gasto energético y de agua, sino esa media tonelada de
microfibras derivadas de su producción que acaba invariablemente en el
mar. De ahí el actual compromiso entre los principales agentes que
dominan el territorio vaquero —un mercado que, en 2025, alcanzará un
valor de casi 10.000 millones de euros— por responder a la demanda
social de sostenibilidad.
La durabilidad del producto vaquero de moda es, en ese sentido, el
mantra que repiten las marcas más concienciadas, en sintonía con la muy
en boga tendencia del upcycling, esto es, el reciclaje creativo de las prendas.
Un recurso por el que unos blue jeans pueden vivir para siempre, o casi.
Wrangler
dio buena cuenta de él durante la pasada semana de la moda londinense,
en la que presentó su colaboración con la diseñadora de origen ucraniano
Natasha Zinko: una colección cápsula que incluye cazadoras y pantalones
de silueta sobretallada confeccionados a partir de viejas piezas de la
marca.
Steve McQueen en una imagen del libro.
“Repara, reutiliza y recicla. Pásaselos a alguien que quieras para
que continúe la historia”, proclama Roian Atwood, director de
sostenibilidad de Wrangler. Y sentencia: “Los iconos nunca mueren”. Atwood es el fichaje estrella de VF Corporation, el grupo textil
estadounidense que también posee Lee, para su cruzada medioambiental
desde que se uniera a la ONG global The Sustainabilty Consortium, en
2015. Los programas de reducción de lavado y química limpia y el
desarrollo de innovaciones ecológicas como el teñido por espuma son
algunos de sus logros. Pero ahora toca pulsar también la fibra
emocional/sentimental. “La autenticidad nunca había sido tan importante
como hoy, especialmente en estos tiempos de consumo acelerado y ropa
desechable”, expone Sean Gormley, director creativo de Wrangler,
interpelando al imaginario colectivo vaquero. “Nosotros tenemos una
historia fantástica que ya dura más de 70 años y la fuerza de nuestros
archivos se refleja en un producto que ama todo el mundo”.
El británico no se anda precisamente con rodeos a la hora de reclamar
el legado de la marca, en la que ejerce de jefe de diseño desde 2014. No en vano, Wrangler puede presumir de ser la genuina etiqueta vaquera,
concebida por y para los cowboys. El origen del denim
es en realidad de extracción minera y californiana. Por resistencia y
durabilidad, pronto pasó a formar parte del uniforme de trabajo obrero. Pero no fue hasta 1947, con la aparición de aquel pantalón marcado con
la referencia 11MWZ, cuando su uso se popularizó entre los ganaderos del
medio Oeste estadounidense. Confeccionado en Greensboro, Carolina del Norte,
las características del modelo propuesto por Wrangler, con sus remaches
romos para no dañar las sillas de montar, sus costuras planas que
garantizaban cabalgar con comodidad, sus bolsillos más profundos para
mayor seguridad de las pertenencias y sus siete trabillas para el
cinturón lo convirtieron en el favorito de jinetes y profesionales del
lazo. De ahí a que saltara a las pantallas de cine y los escenarios del
naciente rock and roll, apenas fue necesario un trote.
En el proceso de teñido y lavado de la que es la prenda más vestida
de la que haya noticia (1.000 millones de tejanos salen al año de las
factorías textiles) está el quid de la cuestión. Y ya no es solo el
ingente gasto energético y de agua, sino esa media tonelada de
microfibras derivadas de su producción que acaba invariablemente en el
mar. De ahí el actual compromiso entre los principales agentes que
dominan el territorio vaquero —un mercado que, en 2025, alcanzará un
valor de casi 10.000 millones de euros— por responder a la demanda
social de sostenibilidad. La durabilidad del producto vaquero de moda es, en ese sentido, el
mantra que repiten las marcas más concienciadas, en sintonía con la muy
en boga tendencia del upcycling, esto es, el reciclaje creativo de las prendas. Un recurso por el que unos blue jeans pueden vivir para siempre, o casi. Wrangler
dio buena cuenta de él durante la pasada semana de la moda londinense,
en la que presentó su colaboración con la diseñadora de origen ucraniano
Natasha Zinko: una colección cápsula que incluye cazadoras y pantalones
de silueta sobretallada confeccionados a partir de viejas piezas de la
marca.
Steve McQueen en una imagen del libro.
Debbie Harry, vocalista del grupo Blondie, en 1978.Richard YoungRex/ShutterstockCon la camisa 27MW a juego con su pantalón, Steve McQueen hizo de la marca un clásico instantáneo en 1952. El ejemplo del actor, luego proclamado rey del cool por esa elegancia/actitud natural con la que se enfrentaba a la moda, contagiaría a otras estrellas del calibre de Paul Newman, Montgomery Clift o Robert Redford. En la década de los sesenta, la contracultura juvenil terminó de hacerlos suyos vía ídolos musicales como John Lennon y Mick Jagger. Y a finales de los setenta, Debbie Harry, cantante de Blondie,
dio por zanjada una conquista femenina que, a decir verdad, siempre fue
pareja a la masculina. Para el caso, todos mimbres suficientes para
forjar una leyenda que Wrangler vuelve a invocar, eso sí, con un actual y
contundente giro sostenible.
El teatro y
los libros son su pasión, compró el teatro Reina Victoria de Madrid y
sigue triunfando como presentador. A partir de esta semana se estrena en
'Supervivientes'.
El presentador y productor Carlos SoberaCordon PressNació en Baracaldo (Vizcaya) y estudió Derecho, pero desde hace años
es uno de los nuestros. De esos que se pasean por nuestros hogares como
si fueran el suyo aunque ni siquiera nos conozcan; de los que si nos lo
encontráramos por la calle nos extrañaría que no nos saludara después de
lo mucho que nos vemos. El matiz es que Carlos Sobera
de verdad no sabe quiénes somos aunque lleve años colándose en nuestras
vidas con su imagen sonriente y su arqueo de ceja desde la pantalla del
televisor. La última vez volvió a sorprender a los espectadores que pudieran estar inquietos por la ausencia de Jorge Javier Vázquez al frente de la nueva edición de Supervivientes que comienza el día 25 de abril. Sobera que ejerce de Celestino de lujo en First Dates y de sabueso en Volverte a ver
para facilitar encuentros lacrimógenos entre padres e hijos, novios
arrepentidos o admiradores en busca de su estrella, hará triplete y
presentará una gala coloquio en Cuatro sobre el programa de
supervivencia que se emite en Telecinco, con el bombazo de que Isabel
Pantoja será una de las concursantes que participará en el reality. La noticia la comunicó él mismo en su cuenta de Instagram con un
vídeo promocional y un texto tan sencillo como explícito: “He sentido la
llamada”. La llamada de Paolo Vasile, el consejero delegado de Mediaset,
de quien depende el contrato de cadena que el presentador tiene con la
empresa de comunicación. Un contrato que le garantiza un fijo millonario
anual pero que también supone que debe estar disponible para los
proyectos que su empresa considere idóneos para él.
Sobera se une de esta forma a un triplete ganador, ya que Mediaset echa la casa por la ventana y dedicará al formato de Supervivientes –girando alrededor de la órbita de Isabel Pantoja– a cuatro de sus presentadores estrella: Jorge Javier Vázquez, que vuelve tras el ictus
que le ha mantenido alejado de la pantalla durante algo más de un mes,
Lara Álvarez y Jordi González. Lo que hará Sobera en este espacio de
debate semanal aún no se sabe, pero lo que es seguro es que mantendrá su
marca de serie: ese tono irónico, entre cercano y distante que tan
popular le ha hecho entre los espectadores de televisión.
Carlos Sobera y su esposa Patricia Santamarina.Cordon Press
Pero el baracaldés, al que muchos creen bilbaíno porque fue allí
donde estudió y comenzó su andadura profesional, es ante todo un
prototipo de hombre inquieto y polifacético. Se licenció en Derecho por
la Universidad de Deusto y fue profesor de Publicidad de la Universidad
del País Vasco entre 1987 y 1997. En paralelo sus inquietudes teatrales
le llevaron a crear en 1980 el grupo La Espuela durante su etapa de
estudiante y a fundar el Aula de Teatro de la Universidad cuando ejerció
como profesor. Y en televisión debutó en 1994 como guionista en un
programa de la televisión autonómica vasca. El gusanillo de la actuación estaba ahí y probó como presentador, como actor junto a Imanol Arias en la película Rigor Mortis y luego en series como Al salir de clase o Quítate tú para ponerme yo,
las dos en Telecinco. Aunque esta etapa quede lejos en la memoria,
muchos asiduos a la pequeña pantalla le recordarán en el concurso que la
catapultó definitivamente a la fama ¿Quiere ser millonario?,
donde las preguntas que le hacía al concursante que se atrevía a probar
con el formato eran casi tan esperadas como los gestos inconfundibles
que inmortalizó Carlos Sobera mientras esperaba
las respuestas. En la televisión ha encontrado una buena y estable
fuente de ingresos pero su amor por los libros y por el teatro, le han
hecho embarcarse en diferentes aventuras empresariales con desiguales
resultados. En la actualidad mantiene activas dos productoras: Producciones Cinco y Acción y Arequipa Producciones. En marzo de 2016 su pasión teatral le llevó a comprar un teatro, el
Reina Victoria de Madrid, a un paso de la célebre Puerta del Sol. “Llevo
mucho tiempo produciendo teatro. Tenía ganas de tener un teatro y poder
programar. Y también de poder sacar mis funciones en mi propio
escaparate”, dijo entonces a Vanitatis. Poco después de dos años hacía negocio vendiéndolo a Pescaderías Coruñesas en una operación que se escrituró en 9,4 millones de euros,
según las liquidaciones del Registro de la Propiedad, cuando él lo
había comprado por algo menos de siete millones de euros. El acuerdo
incluye que el presentador continúa encargándose de la programación del
teatro con su productora, cuyas oficinas se encuentran dentro del mismo
edificio. En lo que respecta a la parte más personal de su vida, Carlos Sobera
lleva unido desde hace quince años a Patricia Santamarina, que es
abogada. Ella forma parte de Arequipa Producciones y tiene con el
presentador una hija, Natalia, que según su padre parece que se inclina
como él por el mundo del espectáculo a pesar de ser todavía pequeña. Para ambos es su segundo matrimonio. Sobera estuvo casado con Elena
Casado y Patricia Santamarina con Rody Aragón, que formó parte de los
Payasos de la Tele. Junto a él Santamarina tuvo otra hija, Arianna, que
en la actualidad tiene 21 años y a quien Sobera considera otra más de
sus vástagos, ya que la conoció cuando solo tenía solo cinco años.
Precisamente la pasada semana el presentador desveló durante una entrevista en la cadena de televisión en la que trabaja que su mujer había sufrido un derrame cerebral en febrero
y que tuvo que estar hospitalizada durante tres semanas. “Los primero
días fueron preocupantes”, dijo Sobera, “pero afortunadamente está
estupendamente”
Las más románticas y menos lucrativas le llevaron a crear dos
empresas —4 Elementos Editorial y Librería Huatulco— ambas dedicadas a
la venta de libros y material de papelería. Ninguna de ellas fue bien,
como tampoco llegaron a buen fin Bonsai Producciones, con la que quería
entrar en el mundo del entretenimiento infantil, ni Hirucamp
Espectáculos SL, que creó junto a Pedro Larrañaga y otros socios para intentar hacerse con la gestión del Teatro Campos de Bilbao, un objetivo que finalmente desdeñaron. Patricia Santamarina fue dada de alta, aunque los facultativos que la
trataron el el hospital Ramón y Cajal de Madrid continúan manteniendo
bajo vigilancia el cavernona (malformación vascular) que provocó el
derrame.