Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

9 mar 2019

Es muy difícil ser mujer........................................ Boris Izaguirre..

Se nota el ansia que anida en la prensa por crear parejas heterosexuales.

 

Sergio Ramos, en el estadio Santiago Bernabeu, en Madrid, el pasado martes.
Sergio Ramos, en el estadio Santiago Bernabeu, en Madrid, el pasado martes. REUTERS
 
 
Maribel Yébenes, fundadora del instituto de belleza que lleva su nombre, me invitó a acompañarla a la presentación del Festival de cine de Málaga en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
 Como Yébenes se quedó atrapada en el atasco previo al partido de fútbol del Real Madrid contra el Ajax, me adelanté a ella en el photocalldonde me acribillaron a preguntas sobre las llamadas parejas del invierno: Malú y Albert Rivera, Alba Carrillo y Thibaut Courtois y la nueva ilusión de Tamara Falcó.
 Es lo típico en una alfombra roja, que te preguntan de todo menos de lo que vienes a promocionar.
 Esta vez se me escapó que a Malú apenas la conocimos mientras fue novia de Gonzalo Miró, quizás porque no le interesaba conocer a los amigos de ese novio.
 Ocurre con frecuencia que los amigos de tu ilusión te dan pereza o que a tu electorado le decepciona tu novia. Cuando me tocó hablar de Alba Carrillo, que parece haber disfrutado con su rol de mala oficial de la tele y que puede convertir esta aventura amorosa en el próximo hit del verano, no pude terminar mi respuesta porque alguien gritó: “Que no se meta en el Real Madrid, suficientemente mal estamos como estamos”.
Me quedé un poquito de piedra y Maribel lo notó al llegar. “Con el buen aspecto que tienes, ¿por qué esa cara de triste?”, sugirió con espléndida sonrisa. 
Expliqué que no podía entender un grito tan machista en la semana de la mujer y, además, en el Círculo de Bellas Artes.
 Que a estas alturas culpemos a Carrillo de que el portero del Real Madrid no haga bien su trabajo y falle gol tras gol. Además, solo les hemos visto cenando pizzas, ella con un look de primera dama y él en plan formalito, o sea queriendo emular a Malú y Albert, quizás sin darse cuenta. Pero ese micromachismo permitió que se comentara en la fiesta el mal momento del Real Madrid.
 Algunos se atrevían a decir que no fue una buena idea dejar ir a Zidane y, sobre todo, a Cristiano Ronaldo, una decisión de Florentino Pérez al que nunca le escucharemos ni reconocer ni opinar sobre ese error.

Maribel aconsejó que fuera más cosmético, no tan drástico. “Los hombres hay que saber tratarlos”, advirtió en el restaurante semi vacío donde veríamos riadas de personas inundando las calles antes del final del tristón partido entre el Real Madrid y el Ajax.
 Caras compungidas, sombras moviéndose cabizbajas en la ciudad lluviosa. “La gente se ha marchado para no ver más goles en su portería”, informó el maître.
 Alguien descontento saltó a señalar otro culpable: Sergio Ramos viendo la debacle desde “un palco personalizado y con unas cámaras de Amazon grabándole para un documental mientras todo se iba al garete, la Champions, la liga y la Copa del Rey”.
 Es desafortunado que la grabación de un documental sobre tu figura coincida con una debacle de tu equipo y además que siendo capitán, como lo es Ramos, no juegues.
 Que esté acompañado de su novia y sus hijos no tiene nada que ver, pero en cualquier caso el conjunto se convierte en una viñeta poco divertida.
 
La modelo y tertuliana Alba Carrillo, en Madrid.
La modelo y tertuliana Alba Carrillo, en Madrid.
Con o sin Real Madrid, se nota el ansia que anida en la prensa del corazón por crear nuevas parejas heterosexuales. Esas nuevas parejas que son su combustible. 
El exmarido de doña Letizia, Alonso Guerrero, se casa de nuevo como lo va a hacer el tenista Feliciano López. Espero que no abrumen mucho a Tamara Falcó ni a Sandra Gago, la novia a punto de boda de Feliciano, ex de Alba Carrillo.
 En una reciente entrevista, Gago reiteró que no le importa nada el pasado de Carrillo y su novio, y que su mayor problema ahora es el tamaño: si hacen boda íntima o bodorrio, “porque tenemos muchos amigos”.
 Aquella aparatosa boda de Feliciano con Alba, que ya dejaba entrever cierto carácter compulsivo de la novia, ocupó unas 20 páginas de ¡Hola! y terminó con 2.000 páginas de divorcio.
 Aunque me encanta ir a bodas grandiosas, sugeriría algo más mesurado esta vez.
 Algo menos Victoria’s secret, la célebre marca de ropa íntima femenina que en la semana de la mujer anunció que cerraría más de 50 tiendas.
Al parecer su ideal femenino, un cuerpo delgado, machacadísimo en el gimnasio y muy blanco, ha dejado de representar a mujeres más combativas y de muchos colores. 
Todo cambia.
 

Carmen Maura: “La vida ha sido dura para mí, pero ser actriz es pan comido”

A los 73 años, vuelve al teatro con ‘La golondrina’, un canto contra la homofobia y la represión. 

Tras una larga carrera se declara ermitaña y huye del glamur de su profesión.

Carmen Maura, el pasado miércoles en Madrid. En vídeo, declaraciones de la actriz.

Hay al menos dos Carmen Maura. 
 Una es aquella que se sube cada tarde a un escenario o se la admira en pantalla, la actriz fetiche de directores como Almodóvar y Álex de la Iglesia, la musa de la movida madrileña, toda una estrella en Francia, la que lleva 40 años de carrera y más de 150 películas, que no para de recibir premios, posar para fotógrafos y pisar alfombras rojas.
La otra es la Carmen Maura real, una mujer que busca la soledad y el campo y disfruta como nadie paseando con su perra Rita. “Aquella no soy no, no me reconozco. Yo soy otra. No tenemos nada que ver.
 La auténtica Carmen Maura es bastante poco sociable. Soy capaz de estar en el campo sola durante días y días. A veces pienso que podía haber sido ermitaña. 
Me identifico más con un monje que con esos actores que alardean de su carrera y sus éxitos. Tengo poco que ver con la actriz.
Hoy están aquí las dos mujeres, la intérprete de La golondrina, la función que estrena en Madrid la próxima semana, y la ciudadana cabreada con la situación política y la imagen que se da ahora de España por culpa del procés, asombrada por la falta de libertad creativa –“vamos para atrás, hoy Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón o La ley del deseo no se hubieran podido estrenar”- pero dichosa con las noticias que le llegan de la película Dolor y gloria de Pedro Almodóvar
“Cómo me alegro. Quiero que Pedro sea feliz”, exclama.
 La vida le ha hecho resistente y práctica, positiva hasta el infinito. A sus 73 años, Carmen Maura asegura que el máximo regalo de su vida ha sido el de ser actriz. 
“Ahora sí que puedo decir que hago lo que me da la gana”.
La golondrina supone su vuelta al teatro a lo grande. 
Se la ve feliz y relajada. 
Ella que empezó en este oficio en el teatro, tenía verdaderas ganas de volver a hacer gira, de ir por distintas ciudades y pueblos, haciendo y deshaciendo maletas, pasear las calles por las mañanas y encontrarse y hablar con los distintos vecinos de cada lugar. “Solo estar detrás del escenario listos para salir y escuchar los murmullos de la gente en el patio de butacas, tan diferentes de un sitio a otro, me alegra la tarde”. 
Una tarde que se funde luego con una historia sobrecogedora y valiente como es La golondrina, escrita por Guillem Clua con el dolor y la rabia tras el atentado contra la discoteca gay Pulse de Orlando, en 2016, en el que murieron 50 personas y otras 53 resultaron heridas.
 La función, dirigida por Josep Maria Mestres y en la que Maura está acompañada por Félix Gómez, se representa en el teatro Infanta Isabel de Madrid desde el próximo día 12 hasta el 5 de mayo.
Carmen Maura y Félix Gómez en la presentación de la obra 'La Golondrina', en Madrid. 
Carmen Maura y Félix Gómez en la presentación de la obra 'La Golondrina', en Madrid.
Es esta función, que narra el encuentro de una profesora de canto con un joven que desea mejorar su técnica vocal, un grito contra los silencios y los miedos que rodean la homosexualidad. 
De los protagonistas y de sus familias. “Nunca he soñado con hacer papeles o personajes determinados.
 Pero con esta obra he sentido por primera vez la necesidad de hacerla. 
Por pura responsabilidad, porque sabía que esa profesora de canto que se enfrenta a un dolor enorme tenía que ser una mujer normal y creíble.
 Sentí que ese personaje era para mí ¿Te lo puedes creer?”, interroga asombrada ella misma, a la periodista.
  “Aunque sirviera únicamente para abrir los ojos a dos personas ya merece la pena. 
He visto a tantos chicos y chicas que lo pasan mal, que no se atreven a dar el paso de salir del armario, a confesar su homosexualidad a su familia, que no pueden ir en Navidad con su novio porque su padre no lo sabe.
 No hay tanta tolerancia como nos creemos. 
 Todavía falta mucho por normalizar, sobre todo a nivel familiar. 
La gente sale emocionada de la función y yo feliz de pensar que lo que hago sirve para algo”, añade la actriz, quien todas las tardes, además, se echa un llanto liberador y sanador frente al público.
Directa y desmitificadora siempre, la intérprete de Mujeres al borde un ataque de nervios o La comunidad, asegura no sufrir nada sobre un escenario. 
“Solo cuando me olvido del texto. Pero, en realidad estoy como Pedro por mi casa.
 Me doy cuenta de que se me da bien y, además, si tiene éxito como esta obra qué más se puede pedir. El teatro sin público eso sí que es un sufrimiento”. 
Ha sido la vida la que de verdad le ha dejado arañazos de dolor, como cuando le quitaron sus hijos pequeños, o cuando una pareja le llevó a la ruina. 
“La vida ha sido dura para mí. No se me ha dado bien lo de elegir a mis parejas.
 En cambio, lo de ser actriz ha sido pan comido. Se me da bien desde pequeña.
 Mis ángeles de la guarda para resistir en la vida han sido el sentido práctico, que lo heredado de mi madre, y el oficio maravilloso de la interpretación.
 Nunca he ido por delante en las aspiraciones. Todo me ha llegado mucho antes de habérmelo imaginado”.

 

Una larguísima y exitosa carrera –cuatro Goyas, premio Donostia de San Sebastián y tres galardones de la Academia de Cine Europeo, el último a toda una carrera, entre otros muchos reconocimientos- sin pasar por el quirófano, orgullosa de sus arrugas. “Lo he tenido siempre claro.
 La única cosa que me pensé en un momento, hace ya mucho, fue quitarme tetas, pero me duró un instante.
 Lo de operarse la cara es un cuento de nunca acabar. Es una esclavitud y el resultado muchas veces es francamente negativo. Ahora me ayudan mis arrugas, porque me caen unos papeles tan divinos de viejecitas simpáticas”.
Se confiesa harta del problema que se ha desencadenado con el procés y de la situación política en España, en la que prima la descalificación del contrario. 
“No me gusta ningún político de ahora. Da la impresión de que solo luchan por el poder y su sueldo, sin solucionar ninguno de los problemas que tenemos.
 Voy a votar el próximo 28 de abril, pero todavía no tengo claro a quién”.

Una movilización masiva exhibe en las calles la fuerza del feminismo

Cien años.............................................. Carlos Boyero

Netflix se mete en un follón importante al pretender hacer una serie con 'Cien años de soledad'.

Gabriel García Márquez en 2007 en Santa Marta, Colombia. En vídeo, el tráiler de la serie.
Hay clásicos de la literatura que me deslumbraron cuando era muy joven y que no guardo con siete llaves en el baúl de los recuerdos, sino que vuelvo a ellos cada cierto tiempo.
 Sin miedo a la decepción, con renovado gozo, con fascinación intacta en cualquier época de mi vida. 
Libros como Rojo y negro, Madame Bovary, Moby Dick, La isla del tesoro
 Pero hay otros, celebrados hasta el éxtasis por tantos lectores, incluidas personas a las que respeto y admiro, que siempre me resultaron intragables.
 Intenté despejar mi probable ceguera ante ellos más de una vez. En vano.
 Me ocurrió con Ulises, de James Joyce; El hombre sin atributos, de Robert Musil; Paradiso, de Lezama Lima.
 El problema seguro que es mío, pero no me obsesiona.

No he conocido a nadie que no sienta fascinación absoluta ante Cien años de soledad. 
 Hasta el extremo que acostumbro a cerrar mi impulsiva boca cuando sale el tema para que no me internen en el frenopático.
 Pero me costó mucho proseguir con su lectura, me fatigó ese realismo mágico del que se enamoró hasta el Espíritu Santo, a ratos me resultó muy dura. 
Sin embargo, me ha acompañado íntimamente durante toda la vida la sombría frase final: “Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”. 
Y, como no, adoro otras novelas y relatos de ese prosista excepcional llamado García Márquez , como Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba o la denostada y escasamente vendida Memoria de mis putas tristes. Cosas menores, aseguran los sabios.
Sospecho que Netflix, esa plataforma que lo compra todo, se mete en un follón importante al pretender hacer una serie con Cien años de soledad. 
Será mirada con lupa por millones de adictos, dudosos de que su intocable Biblia pueda ser profanada por algo tan vulgar como la televisión, los hijos de García Márquez, que serán los productores ejecutivos.