El
periodista Jan Stocklassa retoma la investigación del novelista sobre el
homicidio de Olof Palme. El libro implica a neonazis suecos y a
servicios secretos sudafricanos.
Stieg Larsson en un vagón del Transiberiano en 1987Per Jarl
Soy Lisbeth Palme, ¿es que no lo ve? Y ese que está ahí es mi marido,
Olof Palme, el primer ministro”, gritaba la mujer del dirigente sueco a
la policía a escasos centímetros del cadáver de su esposo cuatro
minutos después de que un desconocido le disparase una bala de gran calibre en una calle de Estocolmo, el 28 de febrero de 1986. Esta llamada desesperada fue el inicio de una serie de errores y conspiraciones
que dejaron el prestigio de Suecia por los suelos y el caso sin
resolver. Obsesionado con el magnicidio y su conexión con la extrema
derecha sueca, el escritor y periodista Stieg Larsson dedicó parte de
sus energías a trazar una teoría razonable. La complejidad del asunto,
oscuros intereses y su muerte dejaron la labor inconclusa.
Las
mujeres están llamadas a movilizarse en un día marcado por el éxito de
2018 y el riesgo de involución.
EL PAÍS reúne a una veintena de
profesionales de todos los ámbitos para escuchar sus razones.
22
mujeres de múltiples ámbitos se reunieron este jueves a petición de EL
PAÍS en la azotea del Círculo de Bellas Artes, con vistas a la Gran Vía
madrileña en la que se vivió la gran movilización feminista en 2018. De
izquierda a derecha, de pie: Elvira Lindo, escritora; Marta Sanz,
escritora; Christina Rosenvinge, música; Marcela San Martín, empresaria;
Esther Sánchez, ingeniera aeronáutica; Pepa Bueno, periodista; María
Renilla, ingeniera informática; Victoria Molina, agricultora; María
Luisa Blanco, cuidadora; Ana Rosa Quintana, periodista; Juana Hervás,
camionera; Estefanía Cortés, directora de teatro; Irene Castellanos,
estudiante; Mar García- Hernández, científica; Concepción Martín,
gerente de la Complutense de Madrid; Ana Parra, auxiliar de enfermería y
sindicalista de UGT. Debajo: Amaya Valdemoro, baloncestista; Bárbara
Lennie, actriz; Dora Postigo, cantante; María Luisa Balaguer, magistrada
del Tribunal Constitucional; Marta Eguilior, directora de escena de
ópera; y Patricia Puerto, trabajadora de violencia de género.
Fue un día para la historia.
En 2018, millones de mujeres fijaron España
como el epicentro de la protesta feminista con una huelga inédita solo
para ellas. Han pasado 12 meses, dos Gobiernos y un periodo electoral
aguarda a la vuelta de la esquina.
Un marzo en el que los
partidos que en 2018 renegaban de etiquetas, se atribuyen la de
feminista y le quieren poner apellidos.
Día de la Mujer en España, año dos de la huelga. El movimiento feminista dice que hay más de 1.000 motivos. Una veintena de mujeres explican los suyos.
La obra de este formidable creador no será recordada por las películas de sus últimos diez años.
Fotograma de 'Mula'. En el vídeo, Carlos Boyero opina sobre la última película de Clint Eastwood.
Walt Kovalski tenía 78 años, y se movía con cierta soltura excepto
con los resacones, que eran frecuentes, ya que la cerveza y los chupitos
imagino que le servían para anestesiar provisionalmente su vejez y su
soledad. Era gruñón, sarcástico, racista, añorante de una América
extinguida, ferozmente individualista, antiguo combatiente en una guerra
de la que prefería no hablar, enemistado con unos hijos tan buitres
como vulgares, añorante de su difunta esposa. También es más cosas. No
soporta que machaquen y acorralen a los débiles, detesta a los matones,
existe soterrada ternura en él a pesar de su misantropía, es capaz de
una inmolación heroica que permitirá sobrevivir a sus asiáticos y
acosados vecinos. Incluso les dejará su herencia más preciada, un coche
al que ha mimado, del que se sentía orgulloso. Todo esto ocurre en la emocionante Gran Torino. Hubiera sido
una despedida hermosa, a la altura de su legendario creador, un tal
Clint Eastwood, buceador de la oscuridad en películas tan potentes como
amargas, complejo retratista de la violencia, especializado en gente a
la deriva.
MULA Dirección: Clint Eastwood. Intérpretes: Clint Eastwood, Bradley Cooper, Taissa Farmiga, Andy García, Michael Peña, Alison Eastwood. Género: drama. EE UU, 2019. Duración: 116 minutos.
Pero Eastwood siguió legítimamente haciendo cine. Con resultados mediocres, lamentables o desastrosos (¡cómo era 15: 17. Tren a París!) excepto Más allá de la vida. Y haciéndonos sufrir a los que habíamos disfrutado tanto con su excepcional cine, con obras maestras como Bird,
Sin perdón, Los puentes de Madison, Mystic River, Medianoche en el
jardín del bien y del mal, Million Dollar Baby, Un mundo perfecto o Cartas desde Iwo Jima.
Y parece ser que después de Mula no volverá a interpretar.
También es dudoso que a los 88 años la industria o sus fuerzas le
permitan seguir dirigiendo.
Estamos hablando de su testamento.
Es
amable, se deja ver y oír, nada más.
Curiosamente, el guionista es Nick
Schenk, que también firmaba el de Gran Torino. Vuelve a hablar de un anciano en situación angustiosa.
Pero este no está amargado, aunque le persiga el sentido de culpa por
haber descuidado a su familia.
Este horticultor en la ruina es
sociable, disfruta de la gente, incluso de los placeres de la carne,
como el sexo de alquiler que le proporciona su satisfecho jefe.
Su
aspecto plácido, sus infinitos años y la particularidad de no haber
recibido una multa de tráfico en toda su existencia ofrecen un perfil
insólito y modélico como para que los carteles mexicanos de la droga le
contraten para mover la coca en su coche a lo largo de varios estados.
Resulta muy raro, pero cuentan que se inspira en una historia real, como
la del anciano que atracaba bancos en The Old Man & The Gun, que interpretaba Robert Redford.
Existe algún momento divertido en las aventuras de este camello
tardío. Y tiene cierto encanto la relación con su exesposa y con su
nieta. El problema es que de Eastwood siempre esperas mucho más.
Mantiene la energía como actor y en este caso no existe el lado
amenazante y violento en su personaje. Pero está claro que el cine de
este formidable creador no será recordado por lo que ha hecho en los
últimos diez años. En mi caso, aclaro.