Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

26 feb 2019

Viggo Mortensen, el héroe discreto unido a España por Ariadna Gil

 

El actor posó por primera vez junto a la actriz española, su pareja desde hace 12 años, en la alfombra roja de los Oscar y junto a ellos su hijo Henry, responsable de que aceptara el papel en 'El señor de los anillos' que le catapultó a la fama.

Viggo Mortensen
Viggo Mortensen flanqueado por su pareja, la actriz española Ariadna Gil y su hijo Henry, a su llegada este domingo a la ceremonia de los Oscar. GTRES

Viggo Mortensen es una mezcla exótica de los países en los que ha vivido, Estados Unidos, Dinamarca, Venezuela, Argentina y España.

 También el producto de los intereses que conforman su personalidad, un tanto alejada del estándar de estrella de Hollywood al uso

 Con 60 años recién cumplidos, tiene claro lo que quiere y lo que no, y entre las cosas que no le interesan están los personajes sencillos y publicitarse continuamente. 

Que es actor lo lleva en el ADN, aunque en su éxito también jugó la insistencia de terceros. 
Porque Mortensen estaba decidido a rechazar el papel de Aragorn, el heredero del trono de Gondor de la trilogía El señor de los anillos que le catapultó a la fama internacional.
 El responsable de que aceptara el papel fue su hijo Henry Blake, que entonces tenía 11 años y no podía entender que su padre rechazase el personaje de uno de los héroes que llenaban sus fantasías juveniles. 
Precisamente Henry, que ya tiene 31 años, le acompañó en la fotografía de la alfombra roja de la ceremonia de los Oscar que se celebró este domingo
 Mortensen estaba flanqueado por Henry y por la actriz española Ariadna Gil, los dos pilares sentimentales de su discreta vida buscada.

Henry Blake forma parte de su presente, porque padre e hijo están muy unidos, pero también de una época pasada, la que Viggo Mortensen vivió junto a Exene Cervenka, fundadora de la banda X, pionera del punk americano, y con quien estuvo casado hasta 1997. Ariadna Gil es su presente, la mujer con quien comparte vida en Madrid y con quien pasea por el barrio de Chueca con una forma de estar tan normal que hasta los paparazi han dejado de hacer guardia a su puerta.
 Lo dijo él mismo en 2015 en una entrevista con El País Semanal: “No les doy mucho alimento, ya no encuentran interesante lo que hago, salir a comprar el pan, al veterinario… 
Es molesto que se entrometan en tu vida, pero si es obvio que no te importa tanto o no haces una performance para ellos, acaban cansándose y te dejan en paz”.
Establecido en esta tranquilidad pasea como un transeúnte más por Madrid, aunque su físico y su fama sigan provocando dramáticos giros de cuello.
 Desde ahí planifica una carrera que le hace viajar de un lado a otro del mundo persiguiendo los proyectos cinematográficos que le interesan (apuesta más por el cine independiente que por los grandes estudios).
 Y desde ahí vive su historia de amor con Ariadna Gil, la actriz española que se cruzó en su camino en 2006 rodando Alatriste y que provocó un giro en la vida de ambos.
 Ella se separó del director y escritor David Trueba, con quien tiene dos hijos, Violeta y Leo. 
Él estableció su residencia en España. Ambos han mostrado su complicidad y la solidez de su relación durante los casi 13 años que han pasado y este domingo se han dejado ver por primera vez juntos en la alfombra roja de los Oscar. 
Ser candidato a Mejor Actor por su interpretación en Green Book, premiada como Mejor Película, merecía el esfuerzo aunque Mortensen no haya regresado a España con la estatuilla.
Ariadna Gil y Viggo Mortensen paseando por Madrid en 2016. Él con una camiseta de su equipo de fútbol.
Ariadna Gil y Viggo Mortensen paseando por Madrid en 2016. Él con una camiseta de su equipo de fútbol. Cordon Press
Tampoco los premios son una prioridad en la vida de este actor al que si le dieran a elegir probablemente preferiría un triunfo rotundo del club de fútbol de sus amores: el club bonaerense San Lorenzo de Almagro, presente ya como una broma en todas sus entrevistas y citas importantes. 
Tampoco faltó en la ceremonia por excelencia del cine y en cuanto vino a cuento, Mortensen abrió su chaqueta mientras posaba en la alfombra roja del Dolby Theatre y mostró el escudo de su equipo bien visible en el chaleco que llevaba debajo de su look de gala.
A su lado, Ariadna Gil le daba la mano orgullosa, vestida con un elegante diseño de la firma española Cortana. 
Sin artificios, como es la vida de la pareja. Y cuando pase el huracán mediático Gil volverá a sus proyectos de teatro y cine, y Mortensen seguirá volcado en la cultura. 
El cine es solo la parte más visible de sus inquietudes. 
Tras el brillo de las películas está su pasión por la pintura, la fotografía y la poesía, tanto en su faceta de escritor como de editor. Y en 2019 llegará su estreno como director y guionista en Falling, un proyecto muy personal que gira en torno a un hombre que debe cuidar de su padre a pesar del abismo ideológico que les separa.

Ariadna Gil y Viggo Mortensen durante la presentación en Madrid de 'Appaloosa', la segunda película en la que coincidieron, en 2008.
Ariadna Gil y Viggo Mortensen durante la presentación en Madrid de 'Appaloosa', la segunda película en la que coincidieron, en 2008. Cordon Press
Precisamente las ideologías han sido el único tropiezo que se ha encontrado Viggo Mortensen en España, porque el pasado año el actor se hizo socio de Òmnium Cultural, la plataforma cívica que se fundó para preservar la cultura catalana y en la última década se ha unido a los movimientos separatistas catalanes. 
Unos afirman que se trata de un gesto de apoyo a su familia política (el padre y hermanos de Ariadna Gil tienen vínculos históricos con la vida cultural y política catalana). 
Otros se decantan más por resaltar el espíritu libre de Mortensen que en el encuentro que tuvo con El País Semanal hace ya más de tres años dejó clara su postura:
 “Me preocupa la calcificación ideológica que desprende el actual discurso político (…) Tanto los periodistas como la gente con sus ordenadores van a lo fácil, buscan puntos de vista con los que retroalimentarse”.
 . Contra eso él afirmó que se vacuna “leyendo de todo. Escucho y leo y busco lo que necesito, pero también tomo pequeñas dosis de eso que no me gusta para enterarme”. Palabra de Viggo.
 

Encierren a X........................................... Juan Diego Quesada

Una madre suplica que su hijo de 43 años con trastorno de personalidad límite y problemas de alcoholismo sea internado en un centro especializado: "Tengo miedo".

Guadalupe y su hijo, en unas vacaciones en Roquetas de Mar, en los años 80, en una foto del álbum familiar.
Guadalupe y su hijo, en unas vacaciones en Roquetas de Mar, en los años 80, en una foto del álbum familiar.
Son los años ochenta. El escenario, un pueblo con mar. 
Los retratos dan fe de unas vacaciones veraniegas, el vestigio de que alguna vez vivieron un tiempo entrañable.
 Pero todo aquello le resulta borroso a Guadalupe.
 No recuerda con nitidez un instante de gozo, una chispa del calor maternal.
 Los problemas le han arrebatado los recuerdos felices de una madre y su hijo.
En un barrio de casitas bajas, en ese Madrid que todavía esconde el pueblo que fue, Guadalupe, viuda desde hace tres años, se hace cargo en solitario de X, de más de 40 años.
 El muchacho, alto y de más de 100 kilos de peso, sufre un trastorno límite de personalidad, una enfermedad caracterizada por la inestabilidad emocional y sentimiento de vacío interno, lo que sumado a un problema de alcoholismo ha convertido la convivencia entre madre e hijo en un infierno.
La única solución, a ojos de Guadalupe, es que alguna institución se haga cargo de él, incluso en contra de su voluntad.
 Los informes de su psiquiatra, sin embargo, lo desaconsejan. “Está bien comprobado la inutilidad de los tratamientos forzosos o involuntarios en esta patología”, se lee en un diagnóstico fechado en junio de 2018, el más reciente.
X fue incapacitado en septiembre de 2010. 
Desde ese año está tutelado por la Agencia Madrileña para la Tutela de Adultos de la Comunidad de Madrid. “Padece un trastorno límite de personalidad con rasgos histriónicos, narcisistas y asociales que cursa con carácter crónico, persistente e irreversible causando su incapacidad para el autogobierno y la administración de sus bienes (...). Son frecuentes las amenazas, gestos o conductas suicidas, ira, que pueden servir para manipular a los demás”, se explica en la sentencia que confirmó el tutelaje.

Al poco tiempo de nacer su hijo, Guadalupe encontró un empleo. Estuvo dedicada a ese oficio hasta que tuvo que dedicar todas sus energías a X, que entraba en la adolescencia.
 Su marido pasaba poco tiempo en casa y dice Guadalupe que no fue plenamente consciente de los problemas del niño hasta que se jubiló.
 Su muerte repentina de un ataque de corazón la dejó a ella sola a cargo de un hijo que para entonces ya se negaba a ir al psiquiatra.
X nunca pudo llevar una vida al uso. 
No acabó los estudios de secundaria. De adulto encontró un breve empleo. Pronto tuvo problemas. 
 Llamaba decenas de veces a compañeros de trabajo, en un comportamiento que los afectados describieron como acoso.

Son frecuentes las visitas de la policía, a quien ella acude cuando no puede controlar más la situación.
 Los agentes le han recomendado que presente una denuncia por violencia doméstica pero lo último que ella quiere es que su hijo acabe en prisión. 
X tiene condenas en firme por acoso e intimidación que atestiguan su comportamiento errático.
 Una condena más daría con él en la cárcel.

Sin trabajo, dando vueltas por la ciudad se obsesionó con la trabajadora de una tienda en 2004.
 Telefoneaba sin parar al negocio. Se hizo pasar por psicólogo para recabar datos personales de la muchacha. Se sucedieron los mensajes intimidatorios, hacia ella y su familia, según se recoge en una sentencia judicial.
 Un auto de alejamiento le prohibía ir al pueblo en el que vivía la chica pero la Guardia Civil lo atrapó allí montado en un taxi. 
Fue condenado a un año de prisión por un delito de coacciones.
A lo largo de los siguientes años acumuló citaciones judiciales por pequeños altercados. En 2009, el asunto se descontroló. Volvió a acosar a una mujer.
 Le mandó correos electrónicos llenos de insultos y amenazas.
El blanco principal de sus amenazas, la empleada de una gran compañía, sufrió una crisis de angustia que desembocó en un trastorno depresivo. 
La persecución alteró su vida hasta el punto de que renunció a su empleo y se marchó de Madrid.
 X fue condenado a un año y cuatro meses de prisión, con la eximente incompleta de alteración psíquica.
La Comunidad de Madrid tiene tutelados a 3.350 mayores de edad, por lo que es la entidad con más adultos a cargo de toda España. Son casos de personas con enfermedad mental, discapacidad intelectual o deterioro cognitivo, según explica Carolina García, directora de la agencia para la tutela de adultos.
 Cuando se le pregunta por el trastorno límite de personalidad, García resalta que se trata de uno de los casos más complicados.
 En general, señala, se encuentran con casos en los que los psiquiatras no recomiendan el internamiento.
Guadalupe, después de todo este periplo, cree que el mejor lugar en el que puede estar X, por sus problemas mentales y de alcoholismo, es un centro donde reciba un tratamiento global, no episódico. “Si tiene que estar por temporadas ingresado, que lo esté.
 Con medicación y terapia adecuada. No pido más. La verdad es que tengo miedo. Es horrible que tu hijo pueda hacerte daño”.

Continuos juicios

“Lo más común es que estas personas acaben en prisión porque suelen ir acumulando pequeñas condenas y, cuando se suman, acaban cumpliéndolas todas a la vez.
 Los jueces no les aplican eximentes porque no son pacientes psicóticos. No cometen grandes delitos, al menos los que están bajo nuestra supervisión, pero sí suelen tener muchos problemas con la justicia”, explica García.
Hasta hace unos años, el trastorno límite de personalidad no se reconocía como enfermedad mental.
 La investigación en Estados Unidos la dio a conocer. José Luis Carrasco, de la clínica Ruber, impulsó su estudio en Madrid. Por la tasa de incidencia en urgencias se sabe que la sufre entre el 2 y el 4% de los pacientes de salud mental. 
“Va muy en relación con el estilo de vida de las sociedades modernas.
 Estos pacientes presentan en muchas ocasiones carencias emocionales desde la infancia. 
Esos desórdenes van provocando dificultad en la construcción del yo y la identidad”, incide Fernando Sánchez Rodríguez, responsable de investigación y formación en las Asociaciones de Trastorno Límite de España (Amai TLP).
X arrastra aún tres procesos judiciales. Hace menos de una semana, el 20 de febrero, protagonizó un episodio violento.
 Por un incidente similar que protagonizó en el pasado, sus tutores decidieron abrir un proceso judicial para tratar de internarlo en la unidad Padre Celedonio del centro asistencial San Juan de Dios, de Palencia. 
El juzgado lo rechazó.
 Lo volvieron a intentar en el centro Casta Arévalo, de Ávila, con idéntico resultado.
 Sin el informe positivo del psiquiatra resultaba inviable.
El miércoles pasado, X salió de casa a primera hora de la mañana para ir a la consulta del psiquiatra. 
Regresó borracho a media tarde, dando portazos y profiriendo insultos. Llegó la policía, que logró calmarlo. Lo trasladaron a un hospital, donde pasó la noche.
Guadalupe escribió al día siguiente por WhatsApp: “Ya le han dado el alta. Estoy esperando a que me asesoren sobre la orden de alejamiento”.
 Se le preguntó por algún recuerdo feliz juntos. Respondió: “Viendo las fotos supongo que algunos momentos habré tenido pero no los recuerdo. Qué fuerte”.


 

25 feb 2019

¿Qué queda del Camelot de los Kennedy?

La muerte de la hermana de Jackie Kennedy pone fin a la generación que creó un mito en torno al expresidente JKF.

John, Caroline y Jackie Kennedy, en Boston.
John, Caroline y Jackie Kennedy, en Boston.

Con el reciente fallecimiento de Lee Radziwill, la hermana pequeña de Jackie Kennedy, se pone fin al último bastión de la generación que dio origen al supuesto Camelot.

 Una de las frases célebres de Enrique Jardiel Poncela, autor español de literatura cómica, reza:

 “Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió”. 

Una semana después de haber sido testigo del asesinato su marido, Jackie Kennedy tuvo la astucia suficiente como para actuar acorde a esa premisa. 

La exprimera dama decidió dar una entrevista exclusiva a Theodore H. White para que se escribiera con tinta azul el legado de John F. Kennedy.

 Más allá de las infidelidades, Jackie quería entregarle al pueblo estadounidense el mito de un mandatario con corona. “Habrá nuevamente grandes presidentes, pero nunca habrá otro Camelot”, le dictó Jackie a White, citando el musical de Broadway que aborda el reino del legendario Rey Arturo. 

La metáfora logró calar en el imaginario de la sociedad de la época, ansiosa por tener un mártir en el Estados Unidos de la guerra de Vietnam y de la lucha por los derechos civiles.

 Hasta el día de hoy prevalece el relato maquillado de los 1.000 días de JFK en la Casa Blanca.

 Finalmente, Jackie era una artista de la diplomacia, miembro de la dinastía política de los Kennedy. 

Las tragedias que han sacudido a la familia de origen irlandés, y el medio siglo transcurrido desde que John se convirtió en el presidente más joven de su país, han acabado con los creadores de la leyenda.

 Pero Camelot continúa siendo un referente, un termómetro presidencial, un punto de comparación.

 La escritora y periodista Tina Brown, autora de un libro sobre la princesa Diana de Gales, sostuvo tras la toma de posesión de Donald Trump: “Cada vez que veía a Trump cruzar el escenario con la familia, pensaba: Dios mío, son como un Camelot Kardashian”.

La hermana de Jacqueline Kennedy, Lee Radziwill, en Nueva York, en 1999.
La hermana de Jacqueline Kennedy, Lee Radziwill, en Nueva York, en 1999.
La herencia política del apellido Kennedy hoy prevalece en solo dos actores: Joseph Kennedy III, quien desde 2013 ha logrado consolidar la permanencia de la cuarta generación en el Congreso desempeñándose como representante del cuarto distrito de Massachusetts. 
El político de 38 años es nieto del exfiscal general de EE UU, Robert F. Kennedy, asesinado en 1968, y sobrino nieto del expresidente.
 La segunda es Caroline Kennedy, la única hija viva del matrimonio entre JFK y Jackie.
 En 2013 el entonces presidente Barack Obama la nombró embajadora en Japón, convirtiéndose en la primera mujer en representar a Washington en el país asiático.
 Caroline fue asesora de Obama en las dos carreras presidenciales del demócrata. 
En enero de 2017 cesó de sus funciones y ahora está centrada en el activismo.
Hace una semana, la única heredera de John y Jackie Kennedy viajó hasta Cúcuta, una ciudad colombiana situada en la frontera con Venezuela, en su calidad de embajadora de buena voluntad del Comité Internacional de Rescate (IRC).
 Caroline se trasladó a la localidad más afectada por el éxodo venezolano, en el apogeo de la crisis humanitaria.
 En su paso por el hogar Divina Providencia repartió alimentos y mantuvo un encuentro con el padre David Caña, encargado de la organización, en el que no se admiteron fotografías. 

El expresidente John F. Kennedy con sus hijos y sobrinos, en Hyannis Port en 1963. 
El expresidente John F. Kennedy con sus hijos y sobrinos, en Hyannis Port en 1963.

La maldición de los Kennedy ha servido de guion para numerosas producciones audiovisuales.

 Netflix estrenó el año pasado la película Chappaquiddick, el escándalo Ted Kennedy. 

 La cinta plasma una vez más lo desdibujado del mito de los Camelot. 

 Después del asesinato de sus hermanos JFK en 1963 y el de Bobby cuando era candidato presidencial en 1968, Ted Kennedy cargó en sus hombros el peso de llevar su apellido hasta el Despacho Oval y cumplir un mandato completo. 

Pero el senador, como relata la película, ve truncado su futuro tras un accidente automovilístico en el que falleció la mujer que lo acompañaba en el coche. 

En 2016 el chileno Pablo Larraín dirigió Jackie, un filme protagonizado por Natalie Portman que retrata puertas adentro a la ex primera dama, principalmente la entrevista con White donde se fraguó Camelot. 

“A la gente le gusta creer en los cuentos de hadas”, explicó al periodista. La historia le ha dado la razón.

Karl Lagerfeld murió de un cáncer de páncreas

Natasha Fraser-Cavassoni, amiga y colaboradora del modisto, desvela la enfermedad que padecía el diseñador y recuerda algunas anécdotas del tiempo que trabajó con él.

El diseñador Karl Lagerfeld para Chanel 2009-2010, en Lido, Venecia. En vídeo, un repaso a la vida del modista.

Karl Lagerfeld murió de cáncer de páncreas. Así lo ha revelado una íntima amiga del icónico diseñador, Natasha Fraser-Cavassoni, que ha publicado una carta en el diario británico Daily Mail.

 Natasha, que trabajó 18 meses en el estudio de Chanel y forjó una amistad de 30 años con el modisto, desvela la enfermedad que padecía desde hace un tiempo el káiser de la moda y que se había mantenido en un absoluto secreto.

 El diseñador falleció el pasado 19 de febrero a los 85 años en París, en el Hospital Americano de Neuilly-sur-Seine, en el que ingresó de urgencia la noche anterior.

“La muerte de Karl Lagerfeld me ha dividido en dos. Mi lado racional se alivia porque ya no tiene dolor, Karl tuvo cáncer de páncreas, pero mi lado emocional no puede soportar la idea de que nunca volveremos a hablar”, comienza Natasha su carta.
 No ha habido confirmación oficial por parte de ninguna de las firmas del modisto - Chanel, Fendi y la suya propia-  del motivo de la fulminante desaparición del creador, cuya ausencia en su último desfile ya extrañó a todos.
Carolina de Mónaco en la incineración de Karl Lagerfeld, en Mont-Valerien, el pasado viernes.
Carolina de Mónaco en la incineración de Karl Lagerfeld, en Mont-Valerien, el pasado viernes. GTRES
En su carta, Natasha destaca el amor incondicional que el diseñador tenía por las mujeres británicas. 
“A menudo se refería a la espontaneidad británica, el ingenio y la originalidad.
 ‘La moda tiene que ser divertida’, decía”, cuenta la escritora. Reafirma la fama que Lagerfeld tenía de trabajador, constante y minucioso y, aunque muestra una faceta amable del modisto como su facilidad para bromear en el estudio de trabajo o su permisibilidad al dejar a sus trabajadores acudir en traje de baño en verano, también habla del temperamento que siempre ha caracterizado al creador.
 Pone de ejemplo cuando Lagerfeld entró en cólera porque Claudia Schiffer no acudió a uno de los espectáculos de Alta Costura en París
o como cuando ella misma había dado detalles del propio diseñador para el libro The Beautiful Fall (2006, de Alicia Drake) y se mosqueó porque reveló su verdadera edad o su rivalidad con Yves Sain Laurent.
“Siempre lo asociaré con los recuerdos más alegres, como volar con él y su equipo de Chanel para ver las decoraciones navideñas en Hamburgo y, al llegar, nos saludó a cada uno de nosotros con una casita de jengibre diferente”, señala la escritora, quien asegura que nunca olvidará la presencia del modisto el día de su boda.
Carlota y Andrea Casiraghi en la incineración de Karl Lagerfeld, en Mont-Valerien, el pasado viernes. 
Carlota y Andrea Casiraghi en la incineración de Karl Lagerfeld, en Mont-Valerien, el pasado viernes. GTRES
El pasado viernes, el mundo de la moda despedía a Lagerfeld en Mont-Valerien, en Nanterre, donde los restos del modisto fueron incinerados por expreso deseo del diseñador.
 El acto estuvo marcado por una ceremonia breve e íntima, y no faltaron importantes rostros de la industria como Anne Wintour o Inés de la Fressange.
 La familia Grimaldi tampoco quiso perder la ocasión de acudir al último homenaje del modisto, concretamente Carolina de Mónaco y dos de sus hijos, Andrea y Carlota Casiraghi, los tres de riguroso negro.
 Ellas vestidas de Chanel como último homenaje a su gran amigo.