Carteles de Rosa Luxemburgo y Lenin en una manifestación en Berlín contra la guerra de Vietnam, el 18 de febrero de 1968.Rogge/ ullstein bildGetty Images
Antimilitarista,
defensora de la democracia en el seno de la revolución, está
considerada como la dirigente marxista más importante de la historia.
Se
cumple un siglo de su asesinato, pero su vasta producción teórica sigue
viva.
Debía ser muy especial fue la única mujer que se escribía con LENIN.
Si van a Berlín no dejen de pasar por la calle donde vivía.
No creo que Lenin contara con la opinión de su esposa Kruskaya....
En el hotel Eden de Berlín, el soldado Runge le destroza el cráneo y
la cara a culatazos; otro militar, también al servicio del capitán
Pabst, la remata de un tiro en la nuca. Atan su cadáver a unos sacos con
piedras para que pese y no flote, y es arrojado a uno de los canales
del río Spree, cerca del puente Cornelio. No aparecerá hasta dos semanas
después. El Gobierno del socialdemócrata Friedrich Ebert acababa así
con la vida de Rosa Luxemburgo (RL),
la más importante dirigente marxista de la historia, antigua militante
del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), la líder más
significativa de la Liga Espartaquista y fundadora del Partido Comunista
de Alemania. Unos minutos antes, los mismos personajes habían asesinado al
principal compañero de RL en su larga marcha. Karl Liebknecht, el único
parlamentario que en primera instancia (año 1914) votó en el Reichstag
(Parlamento) en contra de los créditos de guerra para financiar la
presencia de Alemania en la Primera Guerra Mundial, iba a ser trasladado
a la cárcel desde el mismo hotel, pero antes de abandonar el local
donde había sido interrogado le dan dos culatazos que lo dejan aturdido y
se desmaya; arrastrado hasta un automóvil, es trasladado al Tiergarten,
el gran parque berlinés, donde es rematado a sangre fría con disparos de pistola
y abandonado en el suelo hasta que alguien lo encuentra. “Intento de
fuga”, dirá la nota oficial; la de Luxemburgo rezará: “Linchada por las
masas”.
Era la noche del 15 de enero de 1919.
Este martes se cumplirá el
centenario de la detención y asesinato de los principales líderes de la Liga Espartaquista e iconos históricos de la revolución alemana de 1918-1919,
que estalla inmediatamente después de que el Ejército germano fuese
derrotado y humillado en la Gran Guerra.
RL había pasado los cuatro años
largos de la guerra en prisión, después de que en un mitin, en
Fráncfort, hubiera pedido a los soldados, con su arrolladora oratoria,
que se negasen a combatir, hermanos contra hermanos, y a los
trabajadores de su país, que iniciasen una huelga general que se debía
contagiar a los trabajadores de los otros países en el bando contrario,
para que todos confluyesen bajo la misma bandera más allá de las
patrias.
Sale de la cárcel a principios de noviembre de 1918 y se une a la
oleada revolucionaria que inunda las calles de las principales ciudades
y, sobre todo, de Berlín.
Dos años antes, en otro mitin, el 1 de mayo de
1916, en medio de la conflagración, Liebknecht finaliza su arenga al
grito de “¡Abajo la guerra, abajo el Gobierno!”. También es detenido y
pasa en prisión dos años y medio. Sale el 23 de octubre de 1918.
A partir de ese momento, a los dos dirigentes espartaquistas les
quedaban apenas dos meses de vida, y dedican sus fuerzas a publicar un
periódico (La Bandera Roja) y a fundar el Partido Comunista de
Alemania (KPD). Se convierten en objeto del desprecio y del odio de sus
antiguos compañeros de la socialdemocracia, que gobernaban en Alemania
desde unas semanas antes. Odio mortal. El historiador Sebastian Haffner (La revolución alemana de 1918-1919;
Historia Inédita) escribe que el asesinato de RL y de Liebknecht se
planeó, como tarde, a principios de diciembre de 1918 y se ejecutó de
forma sistemática. Aparecieron carteles en los postes de las calles que
decían: “¡Obreros, ciudadanos! ¡A la patria se le acerca el final!
¡Salvadla! Se encuentra amenazada y no desde fuera, sino desde el
interior, por la Liga Espartaquista. ¡Matad a sus líderes! ¡Matad a
Liebknecht! ¡Entonces tendréis paz, trabajo y pan!”. Firmado: “Los
soldados del frente”. A pesar de las generalizadas amenazas, ninguno de
los dos abandonó Berlín ni llevaba guardaespaldas; simplemente cambiaban
de domicilio.
¿Quiénes fueron los autores intelectuales del asesinato?
El
protagonista material fue el capitán Pabst (quien décadas más tarde, en
1962, protegido por la prescripción del delito, habló abiertamente de lo
sucedido) y su escuadrón de la muerte, pero —según el historiador
Haffner— no actuaron como simples ejecutores que obedecían con
indiferencia una orden, sino como autores voluntarios y convencidos de
lo que hacían.
La prensa burguesa y socialdemócrata difundió sin pudor sucesivas
incitaciones al asesinato, mientras que los responsables
socialdemócratas —Ebert, Noske, Scheidemann…— miraban hacia otro lado y
permanecían callados. Cuando RL y Liebknecht salen de la cárcel, los frentes alemanes de
la guerra se van desmoronando y se extiende la desmoralización en las
trincheras. El káiser Guillermo II se refugia en Holanda. El mismo día
en que RL es liberada, el socialdemócrata Scheidemann proclama la república alemana
desde un balcón del Reichstag. Ebert ocupa la presidencia, forma un
Consejo de Ministros socialdemócratas moderados y pide al pueblo que
abandone las calles y vuelva a la normalidad. El ala mayoritaria del SPD
quería la república y las libertades, mientras que los espartaquistas
pretendían la revolución proletaria, como indican las proclamas: “Ha
pasado la hora de los manifiestos varios, de las resoluciones platónicas
y las palabras tonantes. Para la Internacional ha sonado la hora de la
acción”. Ambas facciones, reformistas y revolucionarios, lucharán
encarnizadamente en las calles de Berlín, a veces edificio por edificio. El Gobierno de Ebert confía la represión de los insurrectos al
socialdemócrata moderado Noske, que organiza una fuerza militar en la
que permite la integración de los oficiales del antiguo Ejército
monárquico. El 13 de enero había sido sofocada la insurrección
espartaquista. Dos días después, acaban violentamente con la vida de sus
principales líderes.
Retrato de Rosa Luxemburgo.Rosa Luxemburg Stiftung
RL no llegó a cumplir los 50 años.
Nacida en la Polonia rusa en el
año 1871 en el seno de una familia judía, pronto se dio cuenta de que la
lucha por su ideario marxista sería muy reducida si se quedaba en su
país y que para tener influencia debía traspasar la frontera de
Alemania, donde existía el Partido Socialdemócrata (SPD) más fuerte del
mundo.
Para ser ciudadana alemana legal, firmó un matrimonio de
conveniencia con un socialista alemán, lo que le dio derecho a la
nacionalidad de ese país.
A partir de ese momento, Alemania fue su
principal campo de acción.
En el seno de la socialdemocracia y de la
Segunda Internacional, aunó teoría (multitud de artículos y libros muy
importantes) y praxis (intervención en congresos, debates con muchos de
los popes del marxismo —su amigo Franz Mehring la definió como “la mejor
cabeza después de Marx”—, clases en la escuela de formación del
partido…).
En cambio, no tenía dotes organizativas.
Su presencia física era una
mezcla de fuerza y de ternura, de decisión y de prudencia, dicen sus
biógrafos.
Un dirigente judío la describe del siguiente modo: “Rosa era
pequeña, con una cabeza grande y rasgos típicamente judíos, con una gran
nariz, un andar difícil, a veces irregular debido a una ligera cojera.
La primera impresión era poco favorable, pero bastaba pasar un momento
con ella para comprobar qué vida y qué energía había en esa mujer, qué
gran inteligencia poseía, cuál era su nivel intelectual”.
De su vasta producción teórica destacan los temas que forman parte de
su legado y que constituyen lo que, una vez muerta Rosa, se denominó
“luxemburguismo”, una escuela marxista de características propias: su
pacifismo, su lucha contra el revisionismo y la defensa de la democracia
en el seno de la revolución . Sus posiciones, a veces intransigentes, le
hicieron polemizar con las figuras más relevantes del socialismo marxista, como Lenin, Trotski, Bernstein, Kautsky…
Reivindicándose del mejor marxismo (aunque también polemizó con algunas de las ideas del Marx economista en el libro La acumulación de capital),
argumentó en favor del internacionalismo como forma de pensar y de
vivir. El Manifiesto comunista terminaba con la célebre fórmula de
“¡Proletarios de todos los países, uníos!”, y RL y Liebknecht la
hicieron suya relacionándola con la Gran Guerra. Los partidos
socialdemócratas habían defendido tradicionalmente que en caso de
conflicto bélico entre potencias capitalistas, los trabajadores se
negarían a combatir y llamarían a la huelga general (la “huelga de
masas” en la terminología luxemburguista). Pero en el momento decisivo,
el SPD, el partido más grande y más influyente de la Segunda
Internacional (más de un millón de afiliados), votó a favor de los
empréstitos de guerra, y el resto de los partidos socialistas siguió sus
pasos. Cada uno de ellos se puso detrás de sus Gobiernos. Prevaleció la
patria sobre la clase social.
Ya a principios del siglo XX, en un congreso de la Internacional en
París, RL presentó una ponencia de convicciones profundamente
antimilitaristas, las que mantendría hasta el final de sus días.
En ella se defendía que los ataques armados entre potencias
imperialistas devendrían en formidables coyunturas revolucionarias. Diecisiete años después, la revolución bolchevique fue un testimonio
irrefutable de esta tesis. RL recomendaba no solo una crítica abierta al
imperialismo, sino que se preparase a las masas con vistas a aprovechar
las crisis internacionales y las eventuales crisis nacionales generadas
por aquellas para asaltar el poder. Consideraba imprescindible
intensificar la acción de todos los partidos socialistas contra el
militarismo.
Siete años después, en otro congreso de la Internacional, RL presenta
una enmienda firmada conjuntamente con Lenin y Mártov (que luego sería
el líder menchevique) que sostiene que, si existe la amenaza de que la
guerra estalle, es obligación de la clase trabajadora y de los
representantes parlamentarios, con la ayuda de la Internacional como
poder coordinador, hacer todos los esfuerzos por evitar los
enfrentamientos violentos; en el caso de que a pesar de ello se
multiplicase el conflicto armado, era su obligación intervenir a fin de
ponerle fin enseguida y aprovechar la crisis creada por la guerra para
agitar los estratos más profundos del pueblo para “precipitar la caída
de la dominación capitalista”. Estas palabras suponían una llamada a la
insurrección, que fue lo que hicieron los espartaquistas en 1919, con la
participación de RL. Esa Rosa Luxemburgo, asesinada por los soldados prusianos, más que
posiblemente con la complicidad activa o pasiva de sus antiguos
compañeros socialdemócratas, fue despedida en su entierro por su amiga
Clara Zetkin (otra espartaquista) con las siguientes palabras: “En Rosa
Luxemburgo, la idea socialista fue una pasión dominante y poderosa del
corazón y del cerebro; una pasión verdaderamente creativa que ardía
incesantemente. (…) Rosa fue la afilada espada, la llama viviente de la
revolución”.
El actor
ha logrado la admiración de De Niro y Pacino, a quienes veneraba de
joven, y junto a Penélope Cruz ha obtenido el mayor de su éxitos: dos
hijos.
Penélope Cruz y Javier Bardem en el Festival de Cannes, el pasado mayo.Tony BarsonFilmMagic
Decidió ser actor hace 35 años mientras veía a Robert de Niro en Toro salvaje
y luego comenzó a estudiar con devoción los trabajos de Al Pacino. Hoy,
De Niro y Pacino se cuentan entre sus múltiples admiradores. Ese
detalle retrata, mejor que casi nada, lo lejos que ha llegado Javier
Bardem.
El hijo de Pilar Bardem se acerca a los 50 años –los cumple el 1 de
marzo– en un momento muy luminoso. Desde hace tiempo es aclamado como
uno de los grandes y algunos de los cineastas que él más respeta lo han
dirigido o aspiran a hacerlo. Pero es su vida con Penélope Cruz y sus
dos hijos lo que, cada día, le da las mayores alegrías. Hay varios Javier Bardem dentro de Javier Bardem –el actor, el amigo,
el hijo, el hermano, el marido, el padre, el ciudadano comprometido–,
pero todos se parecen, en su profundo sentido de la lealtad a sus
raíces, a sus valores y a la gente decisiva. Las palabras de agradecimiento la noche del Oscar por Noes país para viejos
no tuvieron desperdicio: “Mamá, esto es para ti, para tus abuelos, para
tus padres, Rafael y Matilde, para los cómicos de España, que han
traído como tú, la dignidad y el orgullo a nuestro oficio. Esto es para
España y para todos vosotros”. Pilar Bardem, sentada en la gala a su
lado, le miraba en estado de máxima felicidad. Había transmitido a sus
hijos su amor por la profesión pero, también, las enormes zozobras
asociadas a ella. Pilar las pasó canutas para sacar adelante a los suyos
y el Oscar de Javier representaba mucho más que un premio de
campanillas. La complicidad con su madre conoció un episodio muy
gracioso cuando era un niño. Un día Javier, obsesionado con la idea de
que el mundo se acababa, insinuó que lo que más sentiría si eso sucedía
es que él moriría sin haber hecho el amor. Su madre le tranquilizó al
decirle que, si veían venir la catástrofe, ella misma se prestaría a
cumplir su deseo.
El ejemplo de su madre, una roja de solera, le dejó una rabia natural
hacia las injusticias y abusos y un rotundo sentido de la solidaridad
con los más débiles, concretado en su implicación con ONG ( Médicos sin Fronteras, Open Arms) o la producción de documentales (Invisibles, Hijos de las nubes).
Parece que, en los últimos años, ha remitido algo la furia hacia “Los
Bardem” de la España más cafre y reaccionaria.
No hay que subestimar la
capacidad de los miserables para disparar su bilis a la mínima de cambio
–sobre todo, camuflados en el anonimato que garantizan las redes
sociales-,
Las películas que estrenó en 2018 –Loving Pablo de Fernando León de Aranoa, Todos lo saben
de Asghar Farhadi– sintetizan ciertas cosas: sus ganas de trabajar con
Penélope, el deseo de combinar directores españoles y extranjeros que le
inspiren confianza y las casi infinitas variantes de su talento, que le
permiten bordar personajes poderosos, muy marcados –Pablo Escobar– y
otros tan vulnerables y tiernos como el Paco de Todos lo saben. Por este último, particularmente apreciado, es candidato a todos los
premios del cine español. Ahora rueda, entre Almería y Londres, una
película dirigida por Sally Potter con Salma Hayek –íntima de Penélope–
como compañera de reparto. Yo lo conocí en La Bardencilla cuando había que reservar con tres meses de antelación y allí con más amigos los vimos muy cercanos él tenía otra novia, estaba su hermano y su madre Pilar...fue muy agradable. pero da la impresión de que, entre la inmensa mayoría, se ha impuesto
la evidencia de que gente como Javier Bardem o Penélope Cruz es la que
hace que España brille en el mundo por algo decente.
Cuando no rueda, su día a día es bastante plácido: casa, familia,
deporte, cine, música y amigos, que desatan su lado más gamberro y
divertido. En su núcleo duro de amistades se encuentran compañeros del
colegio y de su época de jugador de rugby –con 16 años fue internacional
juvenil– y otros que ha encontrado en la profesión, como Luis Tosar, Juan Diego Botto, Eduard Fernández, Fernando León o Juan Carlos Vellido.
Aunque no trabaje, acude casi a diario al estudio de interpretación
de Juan Carlos Corazza, su maestro, con el que le encanta explorar sus
recursos y límites como actor. Su afán por no dejar de crecer le lleva a
querer redescubrirse continuamente y a imponerse desafíos que le
exciten. Uno de los próximos, si todo sale bien, será interpretar a Hernán Cortés
en la serie producida por Amazon y Steven Spielberg que él mismo ha
impulsado a partir de una idea de su hermano, el actor y escritor Carlos
Bardem.
Su historia con Penélope es caso aparte y tiene forma de cuento inverosímil, con final demasiado feliz. Hace 28 años, en 1991, se conocen en Jamón, jamón,
la película de Bigas Luna que les lanzó. Luego, durante años, apenas se
ven, pero siempre preguntan el uno por el otro a las amistades comunes. En 2007 Woody Allen los vuelve a reunir en Vicky Cristina Barcelona(Un Peñazo) y estalla el amor entre ellos, tanto tiempo agazapado. En 2008 Javier y en 2009 Penélope, se
convierten en el primer español y la primera española que logran un
Oscar de interpretación. En 2010 se casan y luego tienen dos hijos que
dan el gran vuelco a su vida. En los días de Jamón, jamón, Bigas Luna dijo: “Penélope y Javier acabarán juntos y serán dos de los mejores actores del mundo”. Lo clavó. Todos lo saben.
Vincent FournierVincent Fournier lleva más de una década fotografiando prácticamente
todo lo que tenga que ver con la conquista del cosmos.Como Daniel Marín. Desde el Centro
de Entrenamiento Yuri Gagarin, en Rusia, hasta las naves donde la NASA
desarrolla la lanzadera con la que pretende enviar humanos a Marte,
propone un viaje gráfico por el espacio, pero sin salir de la Tierra,
para este año en que la agencia estadounidense celebra su 60º
aniversario. Me gustaría irme a Marte, sin retorno, claro .Morir en el espacio....
Dentro de 50 años, cuando hayamos colonizado Marte, o dentro de 500,
cuando pongamos nuestra bota en Alpha Centauri, la NASA será recordada
por los historiadores como las carabelas de Colón, o tal vez incluso
como el primer Homo erectus que salió de África para
aventurarse en las tierras incógnitas de medio planeta. Por el momento,
la agencia espacial estadounidense ha cumplido 60 años en buena forma, y
ha escrito una gesta de ingenios, descalabros y paradojas que habría
seducido a los dramaturgos griegos. Vincent Fournier, el fotógrafo que
viste de arte estas páginas, ha dedicado lo mejor de su tiempo y su
talento a narrarlo gráficamente. Lo que sigue es una forma primitiva de
contar lo mismo. La primera paradoja sobre la NASA es que los soviéticos llegaron
antes. No solo fueron los primeros en lanzar un satélite artificial (el Sputnik 1, en 1957), sino también en poner al primer ser humano en órbita, Yuri Gagarin, tres años después. En cuanto el Sputnik 1
empezó a dar vueltas a la Tierra, el líder soviético en la época,
Nikita Jruschov, comenzó a vender aquello como una prueba de la
superioridad del comunismo y de la indiscutible preponderancia
científico-técnica de la Unión Soviética. Aquello tuvo seguramente un
efecto anabolizante en la otra potencia de la Guerra Fría, porque solo
un año después el presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, fundó
la Administración Nacional para la Aeronáutica y el Espacio (NASA, en
sus siglas inglesas). Fue su sucesor en la Casa Blanca, John Kennedy, quien se tomó en
serio esa competición por el dominio del espacio exterior. Y eso ocurrió
en 1961, justo después de que Gagarin completara con éxito su vuelo de
ida y vuelta a la órbita terrestre, y de que Jruschov volviera a las
andadas del alardeo y el autobombo. Kennedy pidió a sus asesores:
“Encontrad un programa espacial que prometa unos resultados
espectaculares y en el que podamos ganar”. Para variar, le faltó añadir.
Los asesores identificaron enseguida el proyecto perfecto para
satisfacer a su jefe: poner personas en la Luna. Kennedy no pudo llegar a verlo, pero las misiones Apollo lograron su
sueño en 1969, cuando el astronauta Neil Armstrong plantó la bota en
nuestro satélite y, en célebre expresión, dio aquel “pequeño paso para
un hombre, pero un gran paso para la humanidad”. Este fue sin duda el
clímax de la exploración espacial, por más que, desde el ángulo de la
ciencia y la ingeniería, lo mejor estuviera aún por llegar. Y uno de los
ejemplos es el telescopio espacial Hubble, también de la NASA, lanzado en 1990 y aún hoy en servicio tras un par de reparaciones en órbita. En una de ellas se inspira la soberbia película Gravity, de Alfonso Cuarón, con Sandra Bullock y George Clooney.
La razón para mandar un telescopio al espacio es que los instrumentos
terrestres trabajan lastrados por la distorsión que imprime la
atmósfera a la luz que nos llega de los cuerpos celestes. Allí arriba, a
600 kilómetros de altitud, ese problema queda eliminado, y gracias a
ello la resolución del Hubble es 10 veces mayor que la del
mayor telescopio terrestre y detecta objetos con un brillo 50 veces
menor. De ahí las asombrosas imágenes, que ya son un icono de nuestro
tiempo, de las nebulosas planetarias y las más lejanas galaxias que
hayamos visto nunca, tan lejanas que son una ventana al pasado remoto
del cosmos. Los descubrimientos de esta obra maestra de la ingeniería
civil han revolucionado por completo la astronomía. Esto es aún más
hipnotizante que la llegada de Armstrong a la Luna, aunque también algo
más difícil de transmitir al público.
Lo que, bien mirado, nos conduce a una segunda paradoja, porque
Eisenhower, pese a su pasado militar, nunca creyó en esas bravatas del
Kremlin y rechazó explícitamente entrar en una carrera espacial con los
rusos. Pese a la incertidumbre persistente de muchos intelectuales y casi
todos los políticos —¿no deberíamos resolver los problemas de la Tierra
antes de gastar recursos en mandar cohetes por ahí?—, hoy caben pocas
dudas sobre la capacidad de aplicación práctica de la carrera espacial. Los satélites, y en particular los situados en la órbita geoestacionaria
(a 36.000 kilómetros de altitud, donde el satélite permanece siempre
sobre el mismo punto de la Tierra), son un fundamento clave de las
comunicaciones en que se basa nuestro mundo. Otro enjambre de 24
satélites es la base del sistema de posicionamiento global (GPS, en sus
siglas inglesas) desarrollado por el Departamento de Defensa
estadounidense, pero puesto al servicio del planeta por la
Administración de Bill Clinton. Estas cosas ya no solo dependen de los
Gobiernos, sino también de empresas privadas. Johannes Kepler, Julio Verne, Isaac Asimov, Ray Bradbury, Arthur
Clarke y Stanley Kubrick dedicaron buena parte de su talento a
enseñarnos a viajar por el espacio. La realidad les viene dando la
razón. Acabaremos allí. Texto de Javier Sampedro
El fotógrafo francés Vincent Fournier ha dedicado un decenio
(2007-2017) a documentar gráficamente la conquista del Espacio. Los
observatorios astronómicos y centros espaciales más importantes del
mundo le abrieron sus puertas. Los recuerdos de los programas Apollo y
Sputnick así como los secretos de las futuras misiones a Marte quedaron
libres ante su objetivo. Fournier fotografió localizaciones y proyectos
confidenciales con una cuidada estética personal. Componiendo escenas
que le permitieron revivir sus sueños de niño, su propia aventura
espacial. El libro Space Utopia editado por Noeve & Rizzoli
narra, en 115 imágenes, la historia de la carrera espacial desde sus
inicios en 1960 hasta el proyecto de lanzadera SLS de la NASA que se
espera que vaya al Planeta Rojo en los próximos 20 años. El proyecto de
Fournier se presentará en el MET museum New York el próximo 19 de enero y
servirá de homenaje al 50 aniversario de la llegada del hombre a la
Luna que se conmemora en julio de este año.
Por Carmen Guri Yo mandaría a Casado, a Rivera a Vox a Torra al simplón ese de Puigdemont, alguno de Podemos que metieron la pata cuando el lio de Catalunya. Jejejejejee
Lady Gaga, durante el estreno de 'Ha nacido una estrella' en el Festival de Cine de Toronto, el pasado septiembre.Valerie MaconAFP / Getty ImagesEs una estrella con mayúsculas. Ha logrado todo en el mundo de la música. Ahora su reto es el Oscar como mejor actriz
AUNQUE LOS padres de Lady Gaga le pusieron al nacer el nombre de
Stefani Joanne Angelina Germanotta, bien podría llamarse María
Magdalena. Hablar con ella es enfrentarse a un glamuroso paño de
lágrimas. Icono de la música, la moda y la cultura popular de nuestro
tiempo, vaya vestida de Armani o Valentino, bajo la coraza sofisticada
de esta ganadora de seis premios Grammy hay una mirada de emoción. Y han puesto a Lady Gaga en las quinielas para los Oscar. “¿Te
imaginas? Lo rodamos en 42 días, y algo así como su llanto me habría
puesto en un aprieto tremendo retrasándolo todo”, explica Cooper. “Ella
no solo es una actriz increíble. Tiene sus emociones a flor de piel, y
eso es lo que uno busca a la hora de trabajar”.
“No es solo una actriz increíble, tiene sus emociones a flor de piel”, dice Bradley Cooper
Bradley Cooper no solo es su fan número uno. Se ha convertido en el
profesional de la industria que ha llevado a Lady Gaga hasta la gran
pantalla. Y Hollywood le ha abierto las puertas. Su nombre corre entre
los académicos con vistas a la gala de los Oscar del próximo 24 de
febrero. “Los premios no acaban con tus inseguridades, pero son un
momento de alegría y a la vez de humildad”, dijo esta neoyorquina de 32
años hace unos meses, a su paso por el Festival de Cine de Toronto
(Canadá).
Su salto de la música al cine no deja de brindarle éxitos. Y en
consonancia, lleva meses sin parar de llorar. Hasta Bradley Cooper,
renacido como realizador, productor, guionista y compañero de reparto de
Lady Gaga en Ha nacido una estrella, sonríe cuando recuerda
los pucheros que se gasta su amiga. Menos mal, dice durante un encuentro
en Los Ángeles (California, EE UU), que las lágrimas caen ahora y no lo
hicieron durante el rodaje de una de las películas que han seducido a
la crítica esta temporada. Su Oscar se presiente desde que Ha nacido una estrella
—cuarta interpretación de un clásico por el que han pasado Janet Gaynor,
Judy Garland y Barbra Streisand— se estrenó el año pasado en el
Festival de Venecia en mitad de una tormenta que no pudo acallar el
estruendo de aplausos. “Bradley dirá lo que sea, pero para mí fue una
señal divina”, asegura Lady Gaga. “Imagínate si hubiera llovido en la
alfombra roja con el traje que llevaba. ¡Habría parecido la gallina
Caponata! El cielo se portó bien con nosotros. Nos dio otra muestra de
humildad”.
Esa palabra, “humildad”, es la última que alguien asociaría a Lady
Gaga. Atesora más de 77 millones de seguidores en Twitter y una fortuna
de 280 millones de euros. Su amigo Elton John es el que mejor define a
esta cantante reconvertida en actriz. “Es como mi hija bastarda”. El
falso parentesco al que se refiere el cantante, que pidió a Lady Gaga
convertirse en madrina de sus dos hijos, está centrado en el gusto por
la sed de triunfo y el amor por la farándula.
AUNQUE LOS padres de Lady Gaga le pusieron al nacer el nombre de
Stefani Joanne Angelina Germanotta, bien podría llamarse María
Magdalena. Hablar con ella es enfrentarse a un glamuroso paño de
lágrimas. Icono de la música, la moda y la cultura popular de nuestro
tiempo, vaya vestida de Armani o Valentino, bajo la coraza sofisticada
de esta ganadora de seis premios Grammy hay una mirada de emoción.
Su salto de la música al cine no deja de brindarle éxitos. Y en
consonancia, lleva meses sin parar de llorar. Hasta Bradley Cooper,
renacido como realizador, productor, guionista y compañero de reparto de
Lady Gaga en Ha nacido una estrella, sonríe cuando recuerda
los pucheros que se gasta su amiga. Menos mal, dice durante un encuentro
en Los Ángeles (California, EE UU), que las lágrimas caen ahora y no lo
hicieron durante el rodaje de una de las películas que han seducido a
la crítica esta temporada. Y han puesto a Lady Gaga en las quinielas
para los Oscar. “¿Te imaginas? Lo rodamos en 42 días, y algo así como su
llanto me habría puesto en un aprieto tremendo retrasándolo todo”,
explica Cooper. “Ella no solo es una actriz increíble. Tiene sus
emociones a flor de piel, y eso es lo que uno busca a la hora de
trabajar”.
“No es solo una actriz increíble, tiene sus emociones a flor de piel”, dice Bradley Cooper
Bradley Cooper no solo es su fan número uno. Se ha convertido en el
profesional de la industria que ha llevado a Lady Gaga hasta la gran
pantalla. Y Hollywood le ha abierto las puertas. Su nombre corre entre
los académicos con vistas a la gala de los Oscar del próximo 24 de
febrero. “Los premios no acaban con tus inseguridades, pero son un
momento de alegría y a la vez de humildad”, dijo esta neoyorquina de 32
años hace unos meses, a su paso por el Festival de Cine de Toronto
(Canadá). Su Oscar se presiente desde que Ha nacido una estrella
—cuarta interpretación de un clásico por el que han pasado Janet
Gaynor, Judy Garland y Barbra Streisand— se estrenó el año pasado en el
Festival de Venecia en mitad de una tormenta que no pudo acallar el
estruendo de aplausos. “Bradley dirá lo que sea, pero para mí fue una
señal divina”, asegura Lady Gaga. “Imagínate si hubiera llovido en la
alfombra roja con el traje que llevaba. ¡Habría parecido la gallina
Caponata! El cielo se portó bien con nosotros. Nos dio otra muestra de
humildad”.
Esa palabra, “humildad”, es la última que alguien asociaría a Lady
Gaga. Atesora más de 77 millones de seguidores en Twitter y una fortuna
de 280 millones de euros. Su amigo Elton John es el que mejor define a
esta cantante reconvertida en actriz. “Es como mi hija bastarda”. El
falso parentesco al que se refiere el cantante, que pidió a Lady Gaga
convertirse en madrina de sus dos hijos, está centrado en el gusto por
la sed de triunfo y el amor por la farándula.
Steve GranitzWirelmage / Getty Images
“Lo primero que pensé cuando coincidí por primera vez con ella fue: ‘¡Dios nos pille confesados!”, recuerda Danny Trejo, el actor
estadounidense de ascendencia mexicana. Fue en el rodaje de Machete Kills,
al que la estrella acudió para contemplarlo. “No pude ser más idiota”,
rectifica Trejo. “Ella me demostró que no hay que creer todo lo que se
lee. Es alguien increíble, más profesional que nadie, una pequeña gran
actriz que encima se cocina su propia comida”. La colección de cazuelas
de Lady Gaga está hoy en casa de Trejo. Tuvimos que rodar una escena de prueba y hacer varios test, pero al final nos dieron luz verde. Y fuimos adelante”. El estudio tenía poco que perder con el filme de debut de Bradley
Cooper como director. El presupuesto, 31 millones de euros, es bajo para
Hollywood. Pero la historia del cine está llena de oportunidades
musicales fallidas. Desde Bowie hasta Taylor Swift, Britney Spears,
Rihanna, Eminem o Madonna. Eso sí, Lady Gaga se desmarca de sus
predecesores esbozando un discurso sobre cómo se preparó para ser actriz
antes que cantante. “Lo que pasó es que la música me aceptó primero”. Cuenta que estudió interpretación en el Instituto Lee Strasberg, “una
derivación del método Stanislavski”. Y que cada uno de sus vídeos, de
sus conciertos y sus interpretaciones en público tiene mucho de
actuación. “Yo la llamo Lady”, dice la actriz Chlöe Sevigny, que trabajó
con ella en la serie American Horror Story. “Es una figura
icónica y puedes ver en sus vídeos musicales y sobre el escenario que se
trata de alguien que controla, que sabe dónde están las luces y la
cámara”.
Lady Gaga con Bradley Cooper, en un fotograma de la película 'Ha nacido una estrella'.Clay EnosWarner Bros / Everett Collection
La aludida tampoco niega la dicotomía entre ambas disciplinas.
“Cuando canto libero una vibración que siento por todo el cuerpo. Todo
en mí reverbera antes de dar salida a lo que llevo dentro.
Cuando actúo,
lo veo todo tan grande en la pantalla y desciendo hasta tal punto en mi
interior… Es un lugar tan profundo que da miedo. Nada que ver con la
adrenalina de un concierto.
“Me gusta cocinar”, dice ella. Segunda generación de sicilianos y
venecianos, heredera de las mejores tradiciones culinarias italianas,
asegura que la conexión con
La aludida tampoco niega la dicotomía entre ambas disciplinas.
“Cuando canto libero una vibración que siento por todo el cuerpo.
Todo
en mí reverbera antes de dar salida a lo que llevo dentro.
Cuando actúo,
lo veo todo tan grande en la pantalla y desciendo hasta tal punto en mi
interior… Es un lugar tan profundo que da miedo. Nada que ver con la
adrenalina de un concierto. fue inmediata frente a un
plato de pasta del día anterior. Cooper asiente. “Fue así, como ella lo
cuenta. En cinco minutos supe que tenía que ser la protagonista de Ha nacido una estrella. ¿Te puedes creer que no la conocía? Pero escuché su versión de La vie en rose
y me quedé prendado. Luego vi sus ojos. Supe que los dos teníamos
herencia italiana. Fue mágico. La cosa se complicó cuando hablé con
Warner Bros. Tuvimos que rodar una escena de prueba y hacer varios test,
pero al final nos dieron luz verde. No puedo estar más agradecida por contar con un compañero de viaje
como Bradley Cooper para guiarme en ese proceso”. Y se vuelve a secar
las lágrimas. Barbra Streisand interpretó el mismo papel hace más de cuatro
décadas. Y considera a Lady Gaga como una estrella, pero sobre todo en
el campo de la música. “Tiene un verdadero don, un gran talento. Es, en
resumen, una gran cantante”. El veterano John Travolta, otro actor y
cantante, admirador de las dos divas, asegura que propició el encuentro
entre ambas en la casa de Streisand. “Me encantó ser el pegamento que
unió a esas dos grandes intérpretes para que se profesaran su
admiración. Hasta proporcioné el chef y la cena”.
Ante la pérdida de peso específico de muchas de las nuevas estrellas de
Hollywood, la meca del cine parece abrir sus brazos al poder de
fascinación que despierta alguien como Lady Gaga en el escenario. Ha ido
enamorando a los gerifaltes de la industria. El realizador Ryan Murphy
fue quien le dio la oportunidad de trabajar en la serie American Horror Story.
“Pertenece a la antigua escuela. Me recuerda en su estilo a una Barbara
Stanwyck. Y su piel refleja la luz como la de Marilyn Monroe. Eso
además de ser la persona con más talento de todo el planeta”. El
Sindicato de Actores ya se ha apresurado a seleccionar su trabajo en Ha nacido una estrella
entre los mejores del año. “Haga lo que haga, tiene un gran talento”,
dice el cineasta Robert Rodriguez. “Es alguien capaz de decir lo mismo
una y otra vez y sonar con tal convicción que parece la primera ocasión:
eso es ser buena”, recalcó el actor Jonah Hill ante el ataque de
quienes proclamaron la “afectación” de la estrella a la hora de
promocionar la película.La próxima gala de los Oscar será la tercera en la vida de Lady Gaga. En
2015 fue la primera, cuando Scarlett Johansson la presentó como “única e
inigualable” antes de que cantara una memorable versión del tema
principal de Sonrisas y lágrimas. Su segunda aparición estelar en la alfombra roja fue como candidata a la mejor canción por Til It Happens To You, del documental The Hunting Ground. Las dos veces salió del teatro sin premio, y las dos veces acabó
vomitado de lo nerviosa que se puso en el coche camino a la ceremonia. Ella, siempre melodramática, dice que es algo que le pasa con
frecuencia. Temas como Shallow, Always Remember Us This Way y I’ll Never Love Again, que ha coescrito e interpreta en Ha nacido una estrella,
suenan ya como candidatos a los Grammy y a los Globos de Oro. Las dos
versiones previas de esta película también defendieron el Oscar por
canciones como The Man That Got Away (1954) y Evergreen (1976), que interpretaron Judy Garland y Barbra Streisand, respectivamente. El crítico de cine británico Robbie Collins ha recordado en The Daily Telegraph
que para cualquier cantante seguir los pasos de Judy Garland en su
primera película sería una pesadilla. “Pero Gaga está a la altura”.
“La ambición es como el oxígeno que aviva el fuego, la única manera de seguir adelante”
Lady Gaga nunca ha escondido su ambición. “Es como el oxígeno que
aviva el fuego. Sin ambición al principio de mi carrera nunca habría
llegado donde estoy. El rechazo es continuo y tienes que estar motivada
para seguir adelante”. Contó con el apoyo de su familia, que la recuerda
como un prodigio musical que aprendió a tocar el piano con cuatro años. “Y si no quería practicar una hora, la otra opción era quedarme sentada
dos delante del instrumento sin hacer nada. En mi casa eran algo
estrictos. Mi padre me ponía con seis años Thunder Road, de Bruce Springsteen, mientras dábamos vueltas bailando con lágrimas en los ojos escuchando la canción. Crecí amando lo mismo la música que el cine. Por eso es un honor
haber participado en esta película. Siempre he creído que un artista
puede cambiar de medio. Y que eso provoca una explosión de talento. Lo
que no me acabo de creer es que sea mi caso”.
Fuera del entorno familiar su vida se fue complicando. Hija de inmigrantes italianos en Estados Unidos, su look
era muy diferente al de sus compañeras de clase. Ya fuera en el
Convento del Sagrado Corazón, una escuela privada de Manhattan donde
estudió piano, o en la Escuela de las Artes Tisch. “Mis facciones no
tenían nada que ver con las de las jóvenes rubias de ojos azules y
rostros simétricos que tenía por compañeras. Solo cuando crecí aprendí a
apreciar mis rasgos, mi herencia”. Más adelante también tuvo que
escuchar sugerencias indeseables, como la de aquel ejecutivo
discográfico que le sugirió que se hiciera una rinoplastia antes de
sacar al mercado su primer álbum. O que abusaran de ella. “Empecé en la
música a los 19 años. Ante la pérdida de peso específico de muchas de las nuevas estrellas de
Hollywood, la meca del cine parece abrir sus brazos al poder de
fascinación que despierta alguien como Lady Gaga en el escenario. Ha ido
enamorando a los gerifaltes de la industria. El realizador Ryan Murphy
fue quien le dio la oportunidad de trabajar en la serie American Horror Story.
“Pertenece a la antigua escuela. Me recuerda en su estilo a una Barbara
Stanwyck. Y su piel refleja la luz como la de Marilyn Monroe. Eso
además de ser la persona con más talento de todo el planeta”. El
Sindicato de Actores ya se ha apresurado a seleccionar su trabajo en Ha nacido una estrella
entre los mejores del año. “Haga lo que haga, tiene un gran talento”,
dice el cineasta Robert Rodriguez. “Es alguien capaz de decir lo mismo
una y otra vez y sonar con tal convicción que parece la primera ocasión:
eso es ser buena”, recalcó el actor Jonah Hill ante el ataque de
quienes proclamaron la “afectación” de la estrella a la hora de
promocionar la película. La próxima gala de los Oscar será la tercera en la vida de Lady Gaga. En
2015 fue la primera, cuando Scarlett Johansson la presentó como “única e
inigualable” antes de que cantara una memorable versión del tema
principal de Sonrisas y lágrimas. Su segunda aparición estelar en la alfombra roja fue como candidata a la mejor canción por Til It Happens To You, del documental The Hunting Ground. Las dos veces salió del teatro sin premio, y las dos veces acabó
vomitado de lo nerviosa que se puso en el coche camino a la ceremonia. Ella, siempre melodramática, dice que es algo que le pasa con
frecuencia. Temas como Shallow, Always Remember Us This Way y I’ll Never Love Again, que ha coescrito e interpreta en Ha nacido una estrella,
suenan ya como candidatos a los Grammy y a los Globos de Oro. Las dos
versiones previas de esta película también defendieron el Oscar por
canciones como The Man That Got Away (1954) y Evergreen
(1976), que interpretaron Judy Garland y Barbra Streisand,
respectivamente. El crítico de cine británico Robbie Collins ha
recordado en The Daily Telegraph que para cualquier cantante seguir los pasos de Judy Garland en su primera película sería una pesadilla. “Pero Gaga está a la altura”. Lady Gaga nunca ha escondido su ambición. “Es como el oxígeno que aviva
el fuego. Sin ambición al principio de mi carrera nunca habría llegado
donde estoy. El rechazo es continuo y tienes que estar motivada para
seguir adelante”. Contó con el apoyo de su familia, que la recuerda como
un prodigio musical que aprendió a tocar el piano con cuatro años. “Y
si no quería practicar una hora, la otra opción era quedarme sentada dos
delante del instrumento sin hacer nada. En mi casa eran algo estrictos.
Mi padre me ponía con seis años Thunder Road, de Bruce
Springsteen, mientras dábamos vueltas bailando con lágrimas en los ojos
escuchando la canción. Crecí amando lo mismo la música que el cine. Por
eso es un honor haber participado en esta película. Siempre he creído
que un artista puede cambiar de medio. Y que eso provoca una explosión
de talento. Lo que no me acabo de creer es que sea mi caso”.Fuera del entorno familiar su vida se fue complicando. Hija de inmigrantes italianos en Estados Unidos, su look
era muy diferente al de sus compañeras de clase. Ya fuera en el
Convento del Sagrado Corazón, una escuela privada de Manhattan donde
estudió piano, o en la Escuela de las Artes Tisch. “Mis facciones no
tenían nada que ver con las de las jóvenes rubias de ojos azules y
rostros simétricos que tenía por compañeras. Solo cuando crecí aprendí a
apreciar mis rasgos, mi herencia”. Más adelante también tuvo que
escuchar sugerencias indeseables, como la de aquel ejecutivo
discográfico que le sugirió que se hiciera una rinoplastia antes de
sacar al mercado su primer álbum. O que abusaran de ella. “Empecé en la
música a los 19 años. Los abusos eran la norma y no la excepción cuando
pisabas un estudio de grabación”, dijo recientemente en una entrevista a
The Hollywood Reporter.
Por eso siente su propia carrera como una vocación no solo artística,
sino también humanitaria. Una forma de dar voz a quienes no la tienen. “Es muy consciente de su papel, de la plataforma que tiene y de cómo los
jóvenes —las chicas en particular— se fijan en ella. Sabe el poder y la
influencia con la que cuenta y quiere ser generosa con ello”, dice
Chris Moukarbel, autor del documental Gaga: Five Foot Two. “Esa
es parte de mi atracción hacia ella, que yo también soy uno de los
raros. Y me atrae la luz que emana alguien como yo que además triunfa a
la hora de hacer el bien”. Su activismo en el colectivo LGBT o desde su
organización Born This Way contra el abuso llevan ya mucho camino andado
cuando ya queda poco para saber si Hollywood termina de encumbrarla.
“Es lo que me hace sentir que todo ha merecido la pena. Los altos y los
bajos. Los errores, las caídas y los triunfos me han dado una carrera
desde la que ayudar a más gente en el mundo”.